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2 de julio, balance y perspectivas* La derrota del PRI el pasado 2 de julio marca un momento fundamental de nuestro proceso de transición a la democracia, hecho que es consecuencia de la necesidad de cambio asumida y ratificada en las urnas por la sociedad mexicana y del proceso de deterioro que el PRI experimentó desde finales de los sesenta. Democracia y transición política De poco sirvieron los intentos para cambiar la imagen y la elección abierta que realizó el PRI para la designación de su candidato a la Presidencia de la República en noviembre pasado; su aparato operó pero ya no le alcanzó, no resistió el cambio del siglo, fue incapaz de adaptarse a las nuevas condiciones de competencia política. Sin el PRI como controlador de la vida política nacional, se abre la posibilidad de la consolidación democrática, lo que significa avanzar en la transición de régimen político. Ahora la consolidación de la democratización del sistema político debe culminar en la reforma del Estado y con la reforma electoral para reafirmar la plena autonomía del IFE y garantizar la del Tribunal Federal Electoral, el acceso equitativo de los partidos a los medios de comunicación y el voto de los mexicanos en el extranjero. La democracia que propone el PRD es un proceso que no se limita al triunfo electoral, es una transformación que extenderá los valores democráticos a todos los ámbitos de la sociedad y esto sólo será posible si aprovechamos la derrota del PRI para llevar a cabo una verdadera transición política. Transitar de un presidencialismo sin contrapesos y rector de la vida nacional a uno democrático con un mayor equilibrio de poderes, con una reforma a fondo de las instituciones públicas y la asignación de nuevas y claras funciones a las bases del sistema político. Se trata de una transformación basada en la tolerancia, pluralidad y respeto a la diversidad que hoy caracteriza a la sociedad mexicana. El triunfo de Vicente Fox y del PAN El Partido Acción Nacional logró su triunfo más importante, conquistó la Presidencia de la República y aumentó significativamente su presencia en ambas cámaras del Congreso de la Unión; retuvo la gubernatura en Guanajuato, conquistó la de Morelos y en el Distrito Federal alcanzó el segundo lugar. La votación de Fox empujó hacia arriba la de los candidatos panistas para integrar el Congreso de la Unión y para las gubernaturas. Vicente Fox ganó por la combinación de varios factores como son: el voto antipriista, derivado del agotamiento de ese partido y del régimen que encabezó; por el manejo publicitario y mercadotécnico que hizo de la expectativa del cambio dirigido a los sectores mayoritarios del electorado, principalmente dirigido hacia los jóvenes, por los apoyos y las alianzas que estableció con los factores reales de poder como los empresarios, la iglesia y el gobierno de Estados Unidos. Ganó porque actuó con una estrategia clara desde hace tres años, porque pudo mantenerse en la arena política y sacar provecho de los errores o carencias de sus adversarios. Su victoria por la Presidencia de la República le permite contar con un amplio margen de maniobra, aunque su triunfo no establece una mayoría apabullante. Ni en las votaciones para presidente ni para diputados y senadores alcanza la mayoría absoluta, además de que el PRD retuvo la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal y de que el PRI continuara encabezando la mayoría de los ejecutivos estatales, de los congresos locales y de las alcaldías. En primer término, el triunfo de Vicente Fox sólo representa un relevo en el grupo gobernante y la continuidad del proyecto neoliberal. Desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari eran evidentes las coincidencias entre el programa de Acción Nacional y las iniciativas salinistas. Durante la campaña de Vicente Fox fueron constantes las contradicciones en sus propuestas y compromisos hechos a la medida de sus diversos auditorios, así como elocuente la inestabilidad de su carácter, de las que fuimos testigos a través de los medios de comunicación. Ahora en el poder, intentará dar seguimiento a las reformas neoliberales, o al menos eso es lo que indican sus primeras acciones en las que da muestra de lo que probablemente será su forma de gobernar y de sus prioridades: a) mantendrá sin cambios las líneas de política económica, inclusive con los mismos responsables; b) hablará de los ciudadanos como si fueran clientes o consumidores de servicios a los cuales hay que satisfacer; c) dará continuidad en el uso de la mercadotecnia para legitimarse. En segundo término, además de la continuidad del neoliberalismo, el gobierno de Vicente Fox abre la posibilidad, o al menos así lo suponen algunos actores, de una regresión. No sólo se trata de bajar faldas y subir escotes, cerrar table dance o censurar exposiciones, se trataría de una ofensiva de la ultra derecha para acabar con la educación laica y el regreso de viejos fueros y privilegios. Pese a estos riesgos, hay que reconocer que el gobierno neoliberal y conservador que encabezará Vicente Fox ganó por la voluntad popular expresada en las urnas. No llegó como en otros tiempos y en otros países por un golpe de Estado, por medio del asesinato y la sangre. Ganó porque pudo proyectarse como una opción diferente al PRI y por el uso intensivo de los medios de comunicación y, lo más importante, porque se contaron los votos y la ciudadanía decidió. El PRD, siendo un partido democrático, reconoce la legitimidad de ese triunfo y enfatiza que Vicente Fox no recibió un cheque en blanco para actuar con manga ancha. El PRD debe aprender de esta lección porque a diferencia de 1988, cuando le fue arrebatado el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas por Carlos Salinas de Gortari, y de 1994 cuando el PRI ganó por el voto del miedo, en el 2000 la ciudadanía le dio un valor real a su voto y participación política. Hacia el futuro se abre la posibilidad, como nunca antes, de que el Partido de la Revolución Democrática conquiste el poder por medio de elecciones libres y democráticas. El futuro del PRI a corto y medianos plazos El PRI, fuera del poder, constituye la mayor interrogante de esta nueva etapa de la vida política de México. ¿Se refundará? ¿desaparecerá? ¿languidecerá hasta desaparecer o se derrumbará como un castillo de naipes? ¿sabrá actuar como una oposición constructiva y con futuro o se atrincherará en las resistencia soterrada, el boicot y la desestabilización? Con la derrota del PRI llegó a su fin la etapa del partido de Estado y con este hecho perdió el dudoso privilegio de ser el partido político con más tiempo en el poder. Llegó a su fin la estrategia de cambiar para no cambiar que lo mantuvo en el poder durante todo el siglo XX (...) pero el neoliberalismo se queda y el PRI pierde el poder. Se cambia el instrumento y se modifican las reglas del juego pero se mantiene el mismo proyecto. Esta distinción es importante para los tiempo por venir. El 2 de julio se manifestó la separación entre el Presidente y el PRI, y se hizo evidente también la continuidad de la relación entre el presidente y el neoliberalismo. Es cierto que el presidente tenía la obligación de reconocer el triunfo electoral fuera cual fuera el resultado y eso es parte del avance democrático de nuestro país; pero la sutileza del relevo tal y como lo presenciamos sólo es posible si hablamos de un simple relevo de personalidades y no de cambios de fondo. Parecen confirmarse las hipótesis que señalaban que los impulsores del neoliberalismo realmente contaban con dos candidatos; Francisco Labastida y Vicente Fox, uno montado en el caballo de siempre y el otro, en la mercadotecnia y los medios de comunicación. Por su parte, el PRI enfrenta un severo replanteamiento de sus relaciones con los responsables del gobierno, empezando por el propio Presidente de la República y por los poderes fácticos nacionales e internacionales que siempre lo habían apoyado. Por primera vez en su historia enfrenta el reto de convertirse en un verdadero partido político. El Revolucionario Institucional se moverá en los meses siguientes en la búsqueda de culpables, la desazón, el derrotismo; ajuste de cuentas interno, resistencia soterrada y demandas de una efectiva refundación. El PRI tal y como está ahora, incluso desde fuera del poder, representa una compleja red de complicidades y un aparato basado en el clientelismo y el control político. Favores a cambio de posiciones, sometimiento a cambio de ascenso. A esa forma de relación siempre se ha opuesto el PRD, por ello, en esta nueva etapa nuestro partido no debe empeñarse en atraer priistas a sus filas. Más aún, sería un error estratégico pensar en una eventual alianza entre PRD y PRI para formar un nuevo instituto político para derrotar al PAN en las elecciones y avanzar en la transformación del país. Precisamente contra el PRI y todo lo que representa se manifestó la mayoría de la sociedad mexicana. El desarrollo de la campaña electoral del PRD La campaña por la Presidencia de la República comenzó temprano. Desde 1997 los posibles candidatos de cada una de las tres principales fuerzas políticas apuntaban sus esfuerzos a conformar el mejor escenario posible para iniciar, formalmente, la carrera por la presidencia. El nuevo gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas fue, desde un principio, blanco de una campaña para desprestigiar su labor y esfuerzo por mejorar y cambiar a la capital del país. La estrategia para minar la confianza y minimizar sus logros y avances, estuvo aparejada con su incapacidad para confrontar los embates que se desplegaron desde el gobierno federal, los partidos de oposición en la capital y algunos medios de comunicación contra las acciones de la administración perredista. En este temprano inicio, Vicente Fox contó con el margen amplio que da la falta de obstáculos y confrontaciones, ni el PAN ni el gobierno de Ernesto Zedillo y el PRI tomaron, en un principio, al gobernador de Guanajuato como un serio contendiente, facilitando el lento pero continuo avance que realizaba en sus giras dentro y fuera del país. El PRD logró importantes avances, sobre todo en el terreno electoral, durante la dirección nacional encabezada por Andrés Manuel López Obrador. Más municipios y las primeras gubernaturas se conquistaron en este periodo. Sin embargo, en el terreno de la institucionalidad y el fortalecimiento partidario no se logró establecer una vida política interna plena. Baste decir que al concluir los trabajos de esa dirección nacional, 16 comités ejecutivos estatales se encontraban en una situación irregular, ya sea por término de sus funciones, interinatos, direcciones provisionales o por la franca ausencia de dirección. Esta situación, aunada a la inconsistente elección del 14 de marzo para renovar la dirigencia nacional y su consecuente decisión para anularla, colocaron al partido en una situación de desprestigio y debilidad, justo cuando se necesitaba más unión y fuerza para la definición de nuestro candidato a la presidencia e iniciar el proceso electoral del año 2000. La situación de inmovilidad y falta de iniciativa que el partido tenía propició la temprana adhesión del Partido del Trabajo (PT) a la campaña, lo que nos condujo a una dinámica de alianzas que se encontraba insuficientemente discutida y se volvió mas bien precipitada. Con el término de los esfuerzos para conformar una gran alianza opositora, el PRD cargó con los costos de una alianza de menor envergadura y menos convocatoria, dejando el paso para que el PAN y Fox capitalizaran lo que en un principio fue el punto aglutinador: el cambio. La Alianza con los partidos del Trabajo, de la Sociedad Nacionalista (PSN), Convergencia Democrática y Alianza Social (PAS), resultó ser de poca convocatoria ya que vista en restrospectiva poco aportó al caudal de votos que el PRD y Cárdenas ya tenían como capital político y electoral, resultando mas bien onerosa en espacios, candidaturas y prerrogativas. El esfuerzo por conformar la Alianza por México restó tiempo para definir el rumbo y la estrategia de campaña, nos colocó en un autoconsumo al discutir por varias semanas los documentos básicos, las candidaturas y los gastos de campaña. En este punto faltó capacidad por parte del CEN para salir de esta dinámica y revertir el retraso que las distintas campañas ya traían consigo. En conjunto, la estrategia de campaña del PRD y la Alianza por México fue atropellada e imprecisa. Desde su concepción no fue lo suficientemente discutida y asimilada por la estructura del partido, lo que resultó en una falta de acción conjunta por parte de las direcciones estatales, el CEN, la Alianza por México y el equipo de campaña del candidato presidencial. Las distintas áreas de la campaña adolecieron de la precisión necesaria para lograr el triunfo electoral. Hubo incapacidad para montar una estructura electoral que abarcara la totalidad del territorio nacional; las Brigadas por México tuvieron una aparición tardía y poco coordinada dejando un gran espacio a la improvisación; los problemas para la producción de una propaganda unificada y buena distribución retrasaron no sólo la campaña presidencial, sino también la de los candidatos a diputados y senadores; la falta de acuerdo en un lema único de campaña, Unidos somos Mayoría, Queremos soñar, Cárdenas presidente y por fin Con México a la Victoria, propició que la ciudadanía recibiera un mensaje difuso e irregular; la coordinación entre las campañas estatales, así como la de Jefe de Gobierno y la presidencial, fue escasa e impidió un empuje homogéneo. En varias ocasiones las elecciones internas para elegir a nuestros candidatos federales y estatales trajeron consigo un cúmulo de protestas, inconformidades e incluso arrebatos violentos de grupos e intereses locales, que dejando de lado la institucionalidad y buena imagen del partido, pretendieron hacer rehén al Partido de la Revolución Democrática y a su dirigencia, incluso, llegaron a trascender las instancias partidarias y apelar, para su conveniencia particular, al Tribunal Federal Electoral. Estuvieron también presentes en plena campaña las voces internas que proclamaban la declinación y consecuente adhesión a la candidatura del panista Vicente Fox, provenientes de militantes, simpatizantes, dirigentes y hasta miembros destacados del partido. A pesar de todo, durante el proceso electoral estuvo presente también la capacidad de movilización del partido, el tesón inquebrantable del ingeniero Cárdenas y la generosidad de nuestra militancia que, con su trabajo y participación, contribuyó a que las plazas y urnas se llenaran de esa voz a favor de las mejores causas por México. Del mismo modo, el conocimiento a través de los medios de comunicación de la obra de gobierno del Distrito Federal contribuyó positivamente a fortalecer la imagen de los gobiernos perredistas. Con la primera jornada nacional de propaganda, realizada el 6 de mayo, el fervor de la campaña se hizo presente. El tesón característico de Cuauhtémoc Cárdenas, a pesar de las insuficiencias de la campaña, le llevó a recorrer los pueblos y ciudades del país acercándose a los ciudadanos y dejando ver la naturalidad y autenticidad de su figura moral y política. Los debates que mantuvo en mayo con los demás candidatos, los cierres estatales y los actos multitudinarios en la ciudad de México, contribuyeron a reconocer el acierto del partido y de nuestro candidato presidencial de mantenerse hasta el final de la contienda, lo que de otra manera se hubiese convertido en un derrumbe del apoyo social a la lucha de más de diez años de este gran frente político y social que es el Partido de la Revolución Democrática. El PRD y el futuro de la izquierda Abusar en la victoria es indigno, ese es el egoísmo de los vencedores, pero ser rencoroso en la derrota no sólo es indigno, es mezquino, es la miseria de los perdedores. Por la derrota del PRI hay que alzar la cara por lo que hicimos, por lo que luchamos para que fuera posible y porque nosotros también estamos representados en el triunfo de quien nos derrotó. Es falso suponer que cuando ganamos el electorado es consciente y cuando perdemos es enajenado, engañado, ingenuo o de plano conservador y sus errores costará la perdida de la pluralidad o automáticamente, la perversa continuidad del neoliberalismo. Son falsa las visiones que niegan nuestra derrota, como si no hubiera pasado nada, se refugian en sus trincheras y suponen que el partido puede continuar como hasta ahora; también lo son las cruzadas inquisidoras que buscan el ajuste de cuentas y el rodamiento de cabezas; estas visiones, al final de cuentas, son tan conservadoras y anacrónicas como las que dicen combatir. El PRD experimentó una derrota electoral que solamente compensa su importante triunfo en el Distrito Federal, conservando la Jefatura de Gobierno y la mayoría de las delegaciones. Sin embargo, derrotado el PRI, las iniciativas deben desplegarse hacia otros aspectos de nuestra agenda política. La profundización de la democracia continúa teniendo varias vertientes importantes: el reconocimiento constitucional de la autonomía de los pueblos indios, la instauración de la consulta popular, el plebiscito y el referéndum; la construcción de un auténtico federalismo, la profunda reforma al poder judicial, el fin de la corrupción, la impunidad y la auténtica vigencia de la ley en todo lo largo y lo ancho del país; la ampliación de los espacios de participación ciudadana en las decisiones públicas. No obstante, la consolidación de la democracia tendrá en su vertiente socioeconómica, en la creación de nuevos referentes y en la reforma del Estado sus partes medulares en los próximos años. Entonces, de lo que se trata es de la construcción de un proyecto alternativo al neoliberal y de lograr la representación política de los excluidos del actual modelo de desarrollo. Se dice fácil, pero su traducción en la realidad es enorme y difícil. Empieza demostrando que la globalización neoliberal no es la única globalización posible y viable, en primer lugar porque condena a la miseria al 80% de la población mundial y en segundo, porque establece la depredación del planeta como su forma habitual de proceder. El neoliberalismo es un proyecto global y por lo tanto necesita de una oposición global. El contacto con experiencias de todo el mundo será, entonces, un punto clave de la izquierda en el siglo XXI. Una visión de amplias miras es lo que requiere el PRD, que se nutra de las múltiples experiencias de todas las latitudes pero que piense con cabeza propia, que sea capaz de generar un proyecto de acuerdo a las necesidades, formas y aspiraciones de los mexicanos. De clara vocación cosmopolita, la nueva izquierda mexicana no puede renunciar a dar respuestas concretas a los urgentes problemas nacionales. La izquierda debe crear nuevos referentes, hablamos de hombres y actitudes en los que se vean representados las aspiraciones y esperanzas de los millones de mexicanos que viven en la pobreza y que luchan por la democracia. Si el PRD es identificado como la fuerza política que defiende el empleo, la educación, la salud, la libertad, la soberanía, los derechos de los pueblos indios y los recursos naturales, si podemos imprimir un sello diferente a los gobiernos que encabezamos y podemos administrarlos con justicia y honradez. Si tenemos algo que ofrecerles a los jóvenes y mujeres de este país, si podemos articular un nuevo discurso que nos permita adaptarnos a las condiciones de la competencia democrática y si podemos ser un partido moderno con clara e irrenunciable vocación social y principios, podremos aspirara a la conquista del voto mayoritario de los mexicanos en el corto plazo. Pero ningún proyecto de refundación de la izquierda podrá ser encabezado por el PRD si éste a su vez no se refunda. De una vez por todas, debemos transitar de una coalición de grupos de interés en torno a un líder moral, hacia un partido que sea ciudadano y popular, es decir, de masas compuestas por hombres y mujeres libres. Si el Partido de la Revolución Democrática quiere trascender en el nuevo escenario tendrá que enterrar al partido de cuotas, para convertirse en un partido moderno. El fin del régimen de partido de Estado no puede coincidir con la permanencia de una izquierda política raptada por sus grupos de interés. De lo contrario, el PRD estará condenado al aislamiento o a identificarse con uno de los posibles engendros del PRI. De las prioridades nacionales Hemos señalado claramente nuestras diferencias con el gobierno que encabezará Vicente Fox. No se trata de cuestiones meramente ideológicas, sino de definiciones de fondo que tienen que ver con la concepción y estilos de comprender y ejercer la política. Lo que le interesa al PRD y que tiene que pactar de manera clara y abierta con el nuevo gobierno, con el conjunto de fuerzas políticas y la sociedad, es la transición del Estado Mexicano y las decisiones constitucionales que consoliden la democracia y garanticen el bienestar de la sociedad. Después de la calificación de las elecciones y ante el nuevo escenario nacional, el PRD desde la oposición, debe reiterar su disposición para establecer una relación institucional de pleno respeto con el nuevo gobierno de la República y mantener una actitud propositiva para que el cambio no sea sólo de fachada, sino que profundice en los temas fundamentales de la agenda nacional. En nuestro país, el principal problema continúa siendo la pobreza y el incumplimiento de los derechos sociales más elementales como la educación, la salud y el trabajo. No hay democracia que pueda resistir un déficit social de más de 40 millones de mexicanos en extrema pobreza. Por ello, la agenda de las prioridades nacionales debe incluir las demandas de justicia social y bienestar como son: 1. El cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, enviar al Congreso una iniciativa de ley que garantice los derechos de los pueblos indígenas y el retiro de los efectivos militares a sus cuarteles para lograr un paz justa y digna en Chiapas. 2. Reformas que garanticen la modernización y desarrollo del campo, así como el bienestar de los campesinos y la autosuficiencia alimentaria. 3. Actualizar la legislación laboral, reconociendo los cambios que en el mundo del trabajo imponen los avances tecnológicos, así como preservar y fortalecer la conquista de los trabajadores. 4. Revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otros acuerdos internacionales para garantizar las prioridades nacional y la soberanía. En cuanto a la relación con Estados Unidos tendrá que establecerse generando condiciones de beneficios mutuos. 5. Que Pemex, la industria eléctrica y los sectores estratégicos de la economía continúen siendo propiedad de la nación. Asimismo, se debe procurar su modernización y librarlas de la corrupción que padecen desde hace varios años. 6. Que el programa de gobierno incluya apoyos reales a la pequeña y mediana empresa. 7. Que en el Presupuesto de Egresos para el año 2001 se asignen recursos equivalentes al 8% del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación y se dupliquen los montos correspondientes a salud y vivienda. 8. Que se publiquen las listas negras de los beneficiarios del Fobaproa, de tal modo que sean restituidos los créditos de aquellas empresas que estén en condiciones de hacerlo. Otorgar facilidades de pago a los pequeños deudores, así como fincar responsabilidades respectivas. 9. Garantizar la educación pública gratuita y laica desde el preescolar hasta la universidad, así como contar con apoyos suficientes para garantizarla. 10. Reformar el sistema de salud pública para garantizar que toda la población tenga acceso a atención médica de calidad, principalmente a mujeres, niños y ancianos. 11. Que el gobierno federal defienda enérgicamente los derechos humanos y laborales de los migrantes mexicanos en Estados Unidos. Asimismo, el PRD debe proponer al conjunto de las fuerzas políticas nacionales avanzar en la transición del régimen político sobre la base de una profunda reforma del Estado Mexicano, en donde algunos puntos principales son: 1. Las reformas Constitucionales para eliminar las excesivas y discrecionales facultades del Ejecutivo Federal, que nos permitan pasar de un régimen presidencialista a uno presidencial acotado por las cámaras , con la ratificación del gabinete y nombramiento del Procurador de la República por el Senado. 2. El reconocimiento constitucional de las figuras de la democracia participativa como el plebiscito, el referéndum, la consulta ciudadana y la iniciativa popular. 3. Las reformas constitucionales que fortalezcan el federalismo y se otorguen mayores presupuestos y facultades a los municipios. 4. La reforma a fondo del Poder Judicial que garantice su plena independencia del Ejecutivo, que lo revitalice y permita una adecuada impartición de justicia. 5. La creación del Servicio Civil de Carrera, ya que es indispensable acabar con la corrupción, el clientelismo e improvisación, así como la construcción de una estructura administrativa estable y profesional. 6. Que se culmine el proceso de reforma electoral de modo que se garantice la transparencia en el origen de los recursos desde las precampañas, la plena autonomía del IFE y del Tribunal Electoral, las candidaturas comunes, la equidad en el acceso a los medios de comunicación y el voto de los mexicanos residentes en el extranjero. 7. La realización de una reforma constitucional para reconocer al Distrito Federal como el estado 32 de los Estados Unidos Mexicanos. 8. Las reformas constitucionales necesarias para poner fin al corporativismo, con un sindicalismo moderno y terminar con los sindicatos blancos. Rumbo a la renovación del Partido La necesaria renovación de nuestro partido pasa por cinco aspectos fundamentales y complementarios: la renovación conceptual y programática, la organizativa y estatutaria, la reivindicación ética y la reformulación de nuestra estrategia. Ser de izquierda Durante casi ocho años el PRD nunca de asumió, formalmente, como un partido de izquierda. Desde su formación en 1989 hasta el Quinto Congreso Nacional en 1998 utilizó diversas categorías para definirse o presentarse ante la sociedad. Ahora, ante la nueva coyuntura nacional, la definición ideológica adquiere un nuevo significado y será pieza fundamental en nuestra renovación partidaria. Durante el segundo y tercer congresos nacionales, la discusión y reflexión de los delegados se concentraron de manera especial en el tema organizativo y naturalmente en la definición sobre quienes serían los nuevos dirigentes. Esto fue notable sobre todo en el Segundo Congreso realizado en la Ciudad de México. En el Tercero, de Oaxtepec, no hubo camino en este aspecto, el debate estatutario concentró buena parte de la atención, aunque se resaltó la discusión sobre la línea política a seguir entre gobierno de salvación nacional contra gobierno de transición, naturalmente ésta contaba con bases objetivas y daba cuenta de diversas visiones estratégicas, pero también estaba determinada por una disputa de la hegemonía al interior de nuestro partido. Hasta este momento nuestra definición ideológica hacía abstracción de la geometría y nuestras concepciones fundamentales continuaban englobadas en un programa de tres ejes: democracia, justicia social y soberanía. Pero para los delegados y militantes esto era suficiente, pues el elemento esencialmente aglutinador y motivador de nuestra militancia era la lucha contra el salinato. Paradójicamente, nuestro enemigo principal fue el elemento aglutinador. ¿Cómo afrontar con éxito a Salinas de Gortari? Fue la pregunta toral que condicionaba nuestras reflexiones. Por supuesto que es explicable y, en ese momento, perfectamente justificable, Salinas nos catalogaba como enemigos a los que había que exterminar de la vida nacional. Hay que destacar que nuestro programa y nuestra definición ideológica se establecieron tomando como referente la Constitución de 1917; en las fronteras del llamado Nacionalismo Revolucionario y de la ideología de la Revolución Mexicana. Esta simple definición era suficiente para que el PRD se situara en la izquierda del escenario político nacional. Esto fue así no sólo por la inercia que imponían la correlación de fuerzas nacionales, también estaba determinada por las identidades y orígenes de dos de las afluentes principales que participaron en la conformación del Partido de la Revolución Democrática: la corriente democrática del PRI y la izquierda socialista en toda su amplia gama. La primera, la izquierda del PRD alimentada y sostenida en el cardenismo, el programa más radical de la Revolución y consecuentemente antitético del que impulsaban los neoliberales; y la segunda, alimentada por el socialismo marxista pero igualmente reivindicadora del programa y la acción del cardenismo, especialmente en su contenido social. Por eso, la unidad orgánica de la izquierda priista con la socialista para dar origen al PRD tuvo, naturalmente, razones coyunturales, pero además había condiciones e identidades históricas que se impusieron al sectarismo que, por supuesto, en 1987 y 1989 quiso asomar la nariz. La no definición formal del PRD como partido de izquierda, obviamente, también estuvo influida por la caída del muro de Berlín. Curiosamente, cuando se cae el Muro y se desmorona el mundo socialista, en ese mismo año nace el Partido de la Revolución Democrática que, en una década, se convertiría en el partido de izquierda más grande y fuerte, jamás existente en México. La desaparición del socialismo realmente existente impactó a la izquierda en nuestro país, que vio en la formación del PRD una opción de lucha democrática, aunque estuviese alejada, cuando menos programática e ideológicamente, del socialismo. Así, durante casi diez años, la izquierda socialista asumió el discurso nacional-democrático que enarboló nuestro partido. Fue hasta el Cuarto Congreso Nacional que el PRD "enseñó el alma" y tanto en su Declaración de Principios como en su Estatuto se definió como un partido de izquierda. Lo hicimos de manera singular, pues apareció tan natural que no motivó mayor debate. Nacimos en 1989, en el seno amplio de la izquierda y fuimos "confirmados" en las aguas del Oaxtepec. La democracia, la izquierda y el PRD En nuestro país, la izquierda ha venido transitando, lenta y en ocasiones tortuosamente, desde una cultura antidemocrática firmemente incrustada en sus múltiples organizaciones políticas y sociales y aún, no llegamos a la meta. Hemos experimentado avances significativos pero aparecen con frecuencia signos autoritarios. El PRD, el partido más grande de la izquierda mexicana, surge a partir de una lucha esencialmente democrática, de exigencia de plenitud en el ejercicio de los elementales derechos políticos. Nace para hacer realidad el más elemental de éstos: el respeto al sufragio. En nuestro nombre cargamos la primera razón de nuestra existencia y sin embargo, aún no nos hacemos cargo íntegra y cabalmente de este principio que identifica a nuestro partido. Sobrellevamos aún, en algunas de nuestras concepciones y en aspectos de nuestra práctica, una espesa mezcla, el ingrediente de una cultura autoritaria desprendida de la historia política del país con el aderezo de la tradición antidemocrática de la izquierda socialista y el priismo. Nuestros estatutos y procedimientos de organización son, en el papel, democráticos pero no corresponden en la realidad a la práctica que realizamos. Nuestro discurso busca impulsar la construcción de una sociedad democrática, pero en la práctica interna no es congruente en varios aspectos con lo que postulamos. El PRD como expresión de la nueva izquierda democrática debe asumir que nuestro ascenso al poder político sólo podrá ser resultado de la voluntad expresa y consciente de la mayoría de los ciudadanos. Esto implica convencerlos con la congruencia en nuestras acciones y con la justeza de nuestras razones. La sociedad que busca la izquierda democrática no se agota, evidentemente, en la democracia formal (un hombre, un voto) pero hay que reafirmar, sin embargo, que ésta es indispensable y consustancial a su proyecto político. La izquierda democrática Un partido de izquierda democrático debe ser plural, ser una organización amplia y diversa que refleje la realidad de la sociedad mexicana y que represente los intereses, en primer lugar, de los pobres, pero también de otros sectores que demandan derechos específicos como los ecologistas, comunidades indígenas, empresarios, mujeres, jóvenes, artistas, académicos, empleados, etcétera. Que además sea capaz de articular racional y democráticamente todos estos intereses en un proyecto general de desarrollo nacional. Debe ser un partido que asuma la tolerancia como principio básico y fundamental. La exclusión y discriminación por razones de sexo, raza, condición social, religión, y edad es un comportamiento antitético con el pensamiento de la izquierda. Así, debemos pugnar desde la izquierda democrática por un estado laico y plural, que alienta la libertad de pensamiento y preserva el derecho a disentir. No compartimos no deseamos un Estado con ideología y religión oficial. En ese mismo sentido, concebimos al Estado como necesario procurador de justicia y bienestar social, que sea eficiente para posibilitar que todos puedan ejercer sus derechos colectivos y sociales, además de garantizar el ejercicio de las libertades y garantías individuales. La nueva izquierda democrática de una sociedad injusta, pero asume que junto a los valores de justicia social y libertad, tiene que reconocer la necesidad de la eficiencia, gobernabilidad, responsabilidad y productividad. Debemos ser eficaces, tanto para gobernar como para hacer crítica. El PRD que nació para oponerse a la imposición, que se desarrolló en la más férrea resistencia a la injusticia y autoritarismo, debe dar el paso para ser alternativa de buen gobierno. Debemos ser oposición consecuente estar preparados para ser gobierno eficiente. Por eso, un partido democrático debe estar dispuesto a la alternancia den el ejercicio de gobierno, pues esto refrenda permanentemente la soberanía popular y da vigencia a un sistema democrático. Así como la ciudadanía ejerce su derecho a elegir al gobierno que mejor responda a sus demandas, la izquierda debe asumir que tiene el derecho de cambiarlo. La idea del "gobierno revolucionario" per se y para siempre es ya una concepción añeja y atrasada propia de visiones dogmáticas y autoritarias. Un partido democrático de izquierda asume que su ascenso al gobierno depende de la capacidad que tenga de convencer a los electores de las virtudes y bondades de su propuesta, pero también sabe que su permanencia en el ejercicio del gobierno está determinada por su capacidad y eficiencia para responder a los grandes problemas nacional, en dar respuesta a las demandas más elementales de la gente. Este debe ser el fin último de un ejercicio democrático del poder. En consecuencia la izquierda democrática debe entender que el poder político es sólo un medio que sirve para el cumplimiento y satisfacción de sus objetivos más caros: la justicia, la libertad y el bienestar para todas y todos. La izquierda democrática debe revalorar el quehacer político como una actividad al servicio colectivo. Ese fue y debe ser el sentido de la formación y existencia del Partido de la Revolución Democrática y no debemos permitir que el partido de pervierta convirtiéndose en un espacio para satisfacer las aspiraciones individuales y personales. No es cierto que en el PRD las aspiraciones estrictamente individuales sean legítimas, cuando menos no es así en un partido de izquierda. El PRD no es un partido de filosofía y pensamiento liberal, es un partido de izquierda democrático cuya ideología es el pensamiento social, plural y de bienestar colectivo. En lo inmediato En los meses que restan de este año, el partido debe desplegar tareas y acciones que le permitan avanzar hacia su renovación y a una participación más activa en el nuevo escenario nacional. Entre las tareas principales se encuentran: * La generación de una amplia discusión en todos los niveles del partido e incluir a la sociedad. El PRD debe discutir su situación actual y sus perspectivas de cambio. Se deben poner en práctica varias campañas nacionales de información y discusión rumbo al VI Congreso Nacional. * Atención inmediata a las elecciones de Jalisco, Chiapas, Tabasco y Veracruz. El partido debe rápidamente reposicionarse electoralmente, para ello debe mejorar su efectividad electoral y hacer los ajustes necesarios en la estrategia electoral. En Chiapas y Tabasco tenemos posibilidades importantes de conquistar el triunfo, pero también serán bastiones que los grupos más beligerantes del priismo defiendan a capa y espada. * Preparar la agenda de la próxima Legislatura. Un espacio fundamental para impulsar la nueva etapa del partido tiene que ver con la preparación y organización de nuestros representantes en el Congreso de la Unión. Lo que perdimos en cantidad debemos recuperarlo en iniciativa política y sentido de la oportunidad. Nuestros grupos parlamentarios deben organizarse y preparar las iniciativas de Ley que llevarán al Primer Periodo Ordinario de Sesiones. * Plan de ajuste presupuestal para los próximos cinco meses. Los recursos son pocos y el año próximo serán menos. Razón por la que debemos realizar un plan de ajuste administrativo que permita: a) mejorar la administración de los recursos existentes, b) pagar deudas contraídas durante la campaña y c) actualizar las transferencias de recursos a los estados. * Realización del Sexto Congreso Nacional para refundar a nuestro partido rumbo a las elecciones federales del año 2003.
* Documento presentado por Nueva Izquierda en el Octavo Pleno del Consejo Nacional del PRD. Adecuaciones de Coyuntura por razones de espacio. |
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El IV Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática Considerando 1.- Que el 2 de julio los mexicanos votaron mayoritariamente en contra del régimen de partido de Estado abriendo una nueva fase en la vida política del país; 2.- Que la gran participación ciudadana logró derrotar al partido de la corrupción, la demagogia y la simulación, el mismo que ha sido responsable de las políticas que han empobrecido a la mayoría de los mexicanos; 3.- Que el voto ciudadano expresó el deseo de avanzar en la democratización del país y en una mejoría de los niveles de la población; 4.- Que el próximo Presidente de la República está obligado a responder a los reclamos populares, en especial de los mexicanos más necesitados; 5.- Que estos reclamos son, básicamente: elevar los niveles de empleo y propiciar la recuperación de los salarios mediante incrementos que superen la inflación; aumentar el gasto social para un efectivo combate a la pobreza; ampliar y fortalecer el sistema público de salud; mejorar la calidad de la enseñanza y extenderla a un mayor número de mexicanos manteniendo su carácter laico, gratuito y obligatorio; tomar medidas de apoyo directo a los campesinos en materia de comercialización y financiamiento de los productos agrícolas; defender la industria eléctrica y petrolera; aplicar políticas afirmativas para lograr la equidad entre los géneros; defender el medio ambiente y luchar por un desarrollo sustentable; lograr la paz con justicia y dignidad en Chiapas, y terminar con el control estatal sobre las organizaciones sociales y luchar por su plena democratización. 6.- Que hasta ahora, el próximo presidente ha afirmado que continuará con la política económica aplicada en los últimos sexenios, política que ha empobrecido a millones de mexicanos y concentrado el ingreso en unos cuantos, al mismo tiempo que ha propiciado la violación en los hechos, de los derechos y conquistas del pueblo trabajador. 7.- Que se han anunciado por parte de diversos actores de la vida nacional, incluyendo algunos colaboradores del próximo presidente, sus intenciones de afectar derechos y conquistas de los trabajadores del campo y la ciudad, en materia de relaciones laborales, reparto agrario, salud, educación y estabilidad en el empleo: Resuelve Primero: Convocar a los partidos de izquierda, en especial a los que formaron la Alianza por México, a los dirigentes y militantes de las organizaciones sociales: sindicatos, uniones campesinas, organizaciones del movimiento urbano popular; a los profesores y estudiantes democráticos; a las mujeres, hombres y jóvenes del país, a abrir las mesas de diálogo, foros, seminarios, asambleas populares y todos los espacios de debate y coordinación para: * Someter a crítica y evaluación las políticas del próximo gobierno; * Proponer un programa de reivindicaciones inmediatas en materia de educación, salud, desarrollo social, empleo, salarios y apoyo directo a la economía campesina; * Tomar medidas que sean necesarias en el ámbito político y legislativo para democratizar a las organizaciones sociales, en especial a los sindicatos, y para liberarlas completamente del control estatal; y * Establecer el compromiso de oponerse y evitar cualquier retroceso en las conquistas históricas del pueblo mexicano. Segundo: Resultado de este amplio diálogo, el PRD se compromete a recoger los diversos planteamientos que surjan de estos espacios para normar su política en el Congreso de la Unión y en los acuerdos con los Partidos Políticos, así como para incluirlos en los programas de gobierno en ámbito estatal y municipal. Tercero: El PRD pondrá su empeño para construir una amplia CONVERGENCIA NACIONAL en las que se coordinen los diversos esfuerzos de lucha, la movilización popular y las demandas reivindicativas de los trabajadores de campo y la ciudad, con el objeto de presentar un frente unido que permita avanzar en la construcción de una sociedad justa, equitativa y democrática. Cuarto: Mandata a sus órganos de dirección en el ámbito nacional, estatal y municipal y a todo el Partido a poner su máximo esfuerzo en cumplir estos resolutivos. |
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IV Consejo Nacional del PRD El Consejo Nacional del PRD ha iniciado el balance y discusión del proceso electoral del 2 de julio. En este Consejo se han analizado las implicaciones políticas que para el país y el Partido tienen los resultados electorales, la revisión autocrítica de la campaña del PRD y la Alianza por México; los errores cometido y las insuficiencias mostradas; las consecuencias del triunfo de Vicente Fox y el Partido Acción Nacional y las repercusiones que éste tendrá para el futuro inmediato del país. Como consecuencia de esta discusión se ha hecho un primer análisis de los ejes políticos que guiarán la actuación del Partido en los próximos meses y de las tareas inmediatas que el PRD debe atender. Para que el partido esté en condiciones de enfrentar sus nuevas responsabilidades y con la finalidad de impulsar un amplio proceso de discusión para la reforma que habrá de culminar en el próximo Congreso Nacional, este Consejo Nacional Resuelve 1. Otorgar un voto de confianza a la Presidenta Nacional y al Comité Ejecutivo Nacional. 2. Fortalecer la dirección política y la institucionalidad del Partido para que esté en condiciones de encabezar las tareas en el siguiente periodo, con la incorporación de compañeras y compañeros que enriquezcan la discusión política, participen en tareas específicas y consoliden los vínculos del Partido con diversos sectores de la sociedad. 3. Mandatar al CEN a incorporar de inmediato al Consejo Político Consultivo a intelectuales, líderes sindicales, dirigentes campesinos e indígenas representantes de los movimientos juvenil y de mujeres, universitarios y voces connotadas de los medios de comunicación. 4. El CEN y el Consejo Político Consultivo sesionarán regularmente e integrarán las comisiones necesarias para atender las tareas políticas que este Consejo ha definido, entre las que destacan: a) iniciar los trabajos y contactos necesarios a fin de conformar una amplia alianza social en defensa de la soberanía, para profundizar la democratización del país, impulsar el cambio de régimen político y reorientar el rumbo económico de la nación. b) atender los procesos locales, destacadamente los de Chiapas, Tabasco, Veracruz y Jalisco. c) elaborar la agenda y las líneas políticas de acción para la discusión sobre la reforma del Estado, las iniciativas parlamentarias, la relación con los partidos políticos y con el nuevo gobierno. d) nombrar la comisión para la Reforma del Partido que bajo la conducción de esta dirección fortalecida prepare el VI Congreso Nacional. 5. El nombramiento de los nuevos integrantes del Consejo Político Consultivo y las Comisiones que sean designadas serán ratificados en el próximo pleno del Consejo Nacional. 6. El reconocimiento al esfuerzo del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y a nuestros militantes, por su enorme convicción en el pasado proceso electoral. |
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Anteproyecto de la Agenda Legislativa para el Primer Periodo Ordinario de Sesiones aprobado por el Consejo Nacional del PRD* Los temas propuestos pretenden dar seguimiento a la reforma integral del Estado promovida por el PRD. Se trata de continuar revisando las bases constitucionales de los órganos del Estado en todos los niveles a fin de adecuarlos a las condiciones de pluralidad y participación ciudadana desarrolladas en el país. Estas reformas son consistentes con las características de un sistema de partidos que trabajando en el Congreso, habrá de sustituir al sistema de partido de Estado y el propósito de acotar las facultades del Ejecutivo y obrar un equilibrio de poderes. La nueva constitución de las dos cámaras del Congreso de la Unión en la que ningún partido tendrá mayoría por sí mismo, abre enormes oportunidades para las transformaciones políticas y sociales que México requiere. De cara al país proponemos a todos los partidos políticos la siguiente agenda urgente para el primer periodo ordinario del Congreso. 1.- Aprobación del Plan Nacional de Desarrollo por el Congreso. 2.- Ratificación por el Senado de los siguientes miembros del gabinete: Secretarios de Hacienda, Comercio, Energía, Medio Ambiente, y Relaciones Exteriores. 3.- Posibilidad de someter al Presidente de la República a juicio político. 4.- Dar seguimiento a los juicios políticos pendientes. 5.- Reforma electoral con objeto de reducir el tiempo y gastos de campaña y otorgar el voto a los ciudadanos mexicanos en el extranjero. 6.- Dar cumplimiento a los acuerdos de San Andrés y aprobar la Ley de Derechos y Cultura Indígena. 7.- Autonomía de los órganos de gobierno del Distrito Federal para nombrar el Procurador, al Jefe de la Policía y para decidir sobre los niveles de endeudamiento y preparar la reforma constitucional para crear el estado 32. 8.- Promover las reformas necesarias para la participación ciudadana en el referéndum, plebiscito y consulta popular. 9.- Legislar sobre la distribución de facultades entre el Jefe de gobierno y los jefes delegacionales. 10.- Hacer públicos los créditos que están amparados por el Fobaproa e IPAB. 11.- Garantizar las prioridades en el próximo presupuesto, relativas a los gastos en educación, apoyo al campo, desarrollo social y el aumento general de pensiones y jubilaciones. La agenda relativa a los temas de Reforma Fiscal Integral, de Evaluación de los efectos de los Tratados Comerciales de México y de la Ley de Desarrollo Rural se prepararán en relación con las iniciativas existentes o las que envíe el Ejecutivo. El mismo trato se le dará al órgano Superior de Auditoría y a las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública.
* Durante la discusión y aprobación del presente anteproyecto, diversos consejeros nacionales propusieron incluir diversos temas, éstos serán considerados en la elaboración del proyecto definitivo.
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IV Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática Considerando I. Que no obstante que el PRD fracasó en la búsqueda de la mayoría, el resultado de las elecciones del 2 de julio del 2000 es un paso hacia la creación de un nuevo régimen político nacional, debido a que el partido oficial perdió la Presidencia de la República y no obtuvo mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. II. Que el PRD sigue siendo un partido influyente, de presencia en todas las entidades del país, con fuerza política y capacidad de movilización. III. Que el PRD es un partido de oposición y, al mismo tiempo, de gobierno, pues asume la conducción de las funciones públicas en varias entidades y numerosos municipios, además de su importante presencia en las legislaturas de los estados y en el Congreso de la Unión. IV. Que es una necesidad de la democracia la preservación y desarrollo de la unidad del PRD, así como su relación con otras fuerzas progresistas y democráticas del país. V. Que desde hace tiempo se hace necesaria una reforma del PRD con el propósito de mejorar sus normas internas y lograr el respeto de las mismas, así como cambiar sus prácticas, y que, ahora, también es urgente una profunda modificación de sus principios y su programa conforme a la nueva situación creada a partir de las elecciones del 2 de julio de 2000. VI. Que el PRD requiere definir una nueva línea política que recoja el momento nacional y en la que se definan las pautas principales de su quehacer político. VII. Que es necesario que la reforma del PRD sea producto de la autocrítica, la reflexión y la discusión por parte de sus miembros mediante un movimiento que trascienda sus filas y al que se incorporen quienes puedan dar aportes al mismo, así como sus críticos. VIII. Que la reforma del PRD requiere realizarse mediante resoluciones de los órganos que actualmente estén constituidos y a través de la realización de un congreso nacional ampliamente representativo. Resuelve Primero: Preparar la convocatoria al Sexto Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática, para ser expedida en los términos y plazos estatutarios. El Congreso se llevará a cabo en la primera quincena del mes de marzo de 2001. La Comisión de Reglamentos y Convocatorias del Consejo presentará a este el proyecto respectivo. Segundo: Para la reforma del partido, el CEN y el Consejo Político Consultivo se encargarán de: a) Organizar la discusión del Estatuto, Programa, Declaración de Principios y la línea política, dentro y fuera del partido. b) Preparar, con base en esa discusión, anteproyectos de documentos básicos y de línea política para ser considerados por el Consejo Nacional. c) Organizar, dentro del partido, la discusión de los borradores y los anteproyectos, así como de los proyectos que emita el Consejo Nacional. d) Presentar al Congreso Nacional un informe sobre la discusión y hacer en su caso, propuesta de modificación de los proyectos. e) Proponer al Congreso, previa sanción del Consejo Nacional, el mecanismo para el debate y votación de los proyectos. f) Promover la organización del Sexto Congreso del Partido en las 32 entidades con el propósito de resumir en ellas la discusión de la reforma del partido e incluir las resoluciones de los mismos en el informe que se presente al Congreso Nacional. Los Congresos estatales serán convocados, de conformidad con el Estatuto, por los Consejos correspondientes. g) Editar una publicación periódica en la que se refleje la discusión nacional de la reforma del partido. h) Informar al partido y a la opinión pública el desarrollo de la discusión de los temas de la reforma, así como promover el debate abierto de los mismos. Tercero: En el Pleno del Consejo Nacional donde se apruebe la convocatoria, será integrada una comisión para hacerse cargo de los preparativos técnicos del Congreso Nacional, a efecto de garantizar la realización del mismo. Cuarto: El CEN y el Consejo Político Consultivo para la Reforma del Partido, podrá integrar subcomisiones y grupos de trabajo con miembros de la misma y con invitados. Quinto: El Comité Ejecutivo Nacional brindará la colaboración necesaria, así como los medios materiales y personal de apoyo para el desempeño de sus funciones. Los comités estatales y municipales del partido, colaborarán con la Comisión en el desarrollo de las actividades de discusión dentro del partido. Sexto: Lo no previsto en la presente resolución será oportunamente resuelto por el Consejo Nacional del Partido. |