El texto y el contexto de la reunión de los perredistas

Onel Ortíz Fragoso y Rubí Angélica Chávez Moreno*

El VI Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), realizado entre el 24 y 28 de abril en la ciudad de Zacatecas, fue el evento perredista más importante después de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdiera la presidencia de la República Mexicana, con posterioridad a los primeros 100 días del gobierno de Vicente Fox y justo en el momento en que el gobierno federal iniciaba una campaña para la aplicación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a alimentos, medicinas y libros.

En este contexto, era evidente la movilización de la sociedad civil como resultado de la reciente marcha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a la Ciudad de México, por la defensa de la ley de cultura y derechos indígenas, en medio de la resistencia de los grupos priistas más retrógradas y más decididos a conservar su poder a cualquier precio, como el de Víctor Cervera Pacheco quien inauguró una nueva forma de conflicto político: el preelectoral.

En suma, el PRD realizó su Congreso Nacional en un contexto de efervescencia política caracterizado por la incertidumbre y las expectativas de cambio.

Del VI Congreso Nacional no surgió un nuevo PRD. No fue posible la "refundación", "reestructuración" o "renovación" que habían previsto varias corrientes. Tampoco fue una simulación o un "pacto entre pandillas", como lo calificaron algunos editorialistas. Fue un claro ejemplo de las dificultades y retos que enfrenta el partido político de izquierda más importante del país para cambiar y responder a las nuevas circunstancias políticas, para renovar sus liderazgos y elaborar propuestas que superen las buenas intenciones o los lugares comunes.

Los aspectos más sobresalientes del Congreso se clasifican en dos niveles: una primera revisión de sus nuevos documentos básicos y un análisis de la correlación de fuerzas.

La preparación del debate

En su preparación y en el desarrollo de sus sesiones, el VI Congreso Nacional tuvo diferencias respecto a los cinco congresos anteriores. En esta ocasión los proyectos de discusión se debatieron más sistematicamente por la militancia y dirigencia perredista. Lamentablemente y debido a conflictos presentes en la coyuntura nacional que ocuparon la atención de buena parte de la dirigencia del PRD, a las propias dinámicas de trabajo del partido e inclusive a la estrechez presupuestal, el debate sobre la reforma del PRD no trascendió a la mayoría de la sociedad como se había planeado originalmente.

En realidad el Congreso inició el 25 de marzo en las asambleas municipales, en donde se discutieron (o por lo menos se leyeron) los proyectos de documentos básicos propuestos por el IV Consejo Nacional, los documentos alternativos, las propuestas originadas en los municipios y se eligieron a los mil 756 delegados al Congreso. El debate adquirió forma en las asambleas estatales del 7 y 8 de abril (sólo Oaxaca no realizó asamblea estatal de delegados), donde se perfilaron las enmiendas más importantes votadas en las sesiones plenarias.

Para la Declaración de Principios llegó una propuesta alternativa avalada por varios estados y 51 propuestas de enmiendas y agregados en lo particular; en relación al Programa se registraron 112 enmiendas particulares; en cuanto a la Línea Política, 77 enmiendas y agregados, y en Estatuto, tres proyectos alternativos y 468 propuestas de enmienda y agregados en lo particular.

Para el desarrollo del debate se distribulleron 385 mil ejemplares de la Gaceta del Congreso en ocho números (250 mil (1) ; 30 mil (2); 15 mil (3); dos mil, (4-8) y 80 mil de un encarte especial en La Jornada), se contemplaron miles de vistas a la página electrónica de la Comisión para la Reforma y los documentos que por su propia cuenta distribuyeron los autores y los Comités Estatales y Municipales.

Producto de la elaboración colectiva, la mayor que ha tenido el Partido hasta el momento, los nuevos documentos básicos contienen un conjunto de redundancias y reiteraciones sobre diversos temas, principalmente en el Programa y la Línea Política. Más allá de las cuestiones de redacción y estilo que son fácilmente corregibles, los nuevos documentos tratan de expresar un ánimo de actualización y la búsqueda de respuestas al nuevo escenario político nacional.

Declaración de principios

Tomando como base el proyecto de Declaración de Principios aprobada en el IV Congreso Nacional, se repasa uno a uno sus apartados y se enriquece con nuevos elementos. Se amplían y complementan los correspondientes a identidad, democracia, justicia, igualdad, trabajo, libertad y desarrollo sustentable. Se agregan los apartados del Partido como un instrumento de la sociedad, equidad de género y cooperación y paz mundiales.

En su nueva Declaración de Principios el PRD enfatiza y asume la tradición histórica de lucha del pueblo mexicano por conquistar una nación libre, democrática, justa, igualitaria e independiente, y se propone un ejercicio del poder público basado en la decisión de la ciudadanía y en la organización libre de la sociedad, asumiendo las aspiraciones, intereses y demandas de la ciudadanía, en especial de quienes sufren la explotación, la opresión y la injusticia. Se compromete a establecer una relación abierta, fluida y permanente con las luchas, movimientos y organizaciones sociales, a reconocer sus demandas y objetivos de lucha, a abrirles cauce para que se escuche su voz y a apoyar el ejercicio de su libertad de manifestación y organización democrática.

Plantea que sea a través de las acciones de gobierno y de la participación de la sociedad como se construya una sistema económico, que asegure el continuo mejoramiento del nivel y calidad de vida del pueblo, que permita acabar con toda forma de discriminación y exclusión, en particular la que sufren los pueblos indios de México y las mujeres. El derecho de todos a organizarse libremente para defender sus intereses; acceso a la información y a la cultura y éstas se produzcan y difundan libremente. El PRD se compromete a luchar por liberar al país de toda forma de dominación extranjera que se sustente en la fuerza militar o en el poder económico y político, y se pronuncia por un nuevo orden internacional basado en la paz, el respeto a la soberanía de los países, en la ayuda y la cooperación económica a las naciones más necesitadas, en el intercambio comercial, científico y tecnológico que apunten hacia el desarrollo y el bienestar de todos los países.

Programa

En lo relativo al Programa quedaron claros dos aspectos: a) que sólo a través de una profunda renovación programática el PRD podrá ser un referente político y convertirse en alternativa de gobierno; el Programa, debe ser hoy, una agenda para la reforma del Estado y la transición a la democracia, y b) lo lejos que aún está el PRD de este propósito. A tal grado llega el reconocimiento de esta realidad que el VII Congreso Nacional, proyectado para realizarse en la primera quincena del mes de mayo de 2002, tendrá como objetivo casi único culminar la reforma programática.

Por lo pronto, en Zacatecas se precisaron algunos aspectos finos del debate. La discusión en plenaria se concentró en la introducción, ya que en ésta se caracterizaba el nuevo escenario político; en el capítulo correspondiente a los derechos sociales y colectivos, específicamente en lo referente a los jóvenes; en el tema de la nueva Constitución, donde finalmente la Presidencia del Congreso aceptó la propuesta de enmienda, siempre y cuando el concepto de una nueva constitucionalidad no fuera excluyente de una nueva Carta Magna, y en el carácter que debe asumir el nuevo régimen político: Presidencial o Parlamentario.

El último tema merece un comentario especial. Lo que voto la plenaria fue un bis a bis parlamentarismo-presidencialismo, como si el desarrollo político fuera cuestión de buenos deseos y no una derivación de un proceso social y político. Lo cierto es que los argumentos de ambos lados poco ayudaron a dar claridad en el debate. A favor del sistema presidencial, Jorge Calderón se concentró más en tratar de demostrar la inviabilidad histórica del parlamentarismo en México que en explicar la pertinencia de hacer realidad el consenso que existe en la mayoría de las fuerzas políticas nacionales y de los principales actores políticos: acabar con el presidencialismo; por otra parte, Pablo Gómez rescató al parlamentarismo como una bandera histórica de las fuerzas progresistas y de izquierda, con lo cual orientó el voto de los delegados a favor de este sistema político. Lo que no dijo Pablo Gómez es que tanto los sistemas parlamentarios como los presidenciales tienen sus ángeles y sus demonios, que ninguno de los dos son la panacea y a que la viabilidad de cualquiera de los dos sistemas sólo es posible cuando existe cierto nivel de desarrollo institucional en todos los ámbitos; así como valores y costumbres en la cultura política de un país que legitima y reproduce un sistema político.

El espíritu de las enmiendas realmente no eran en contra del parlamentarismo, sino del escaso y casi insignificante importancia que se le daba en la propuesta del Consejo. A la mitad del numeral 37 se leía: "El sistema político será de carácter parlamentario;." Y no decía más. Realmente el debate debe abordar una cuestión fundamental: ¿Cómo hacer viable el parlamentarismo en México? No se trata únicamente del nivel federal, donde ya las instituciones y la cultura política tienen ya cierto desarrollo, sino de los gobiernos estatales y municipales en donde persisten las prácticas tradicionales del presidencialismo priista. En fin, es un debate que de ninguna manera se cierra con la votación de Zacatecas.

Se incluyeron además adecuaciones como las referentes a una nueva política fiscal integral, un apartado sobre el estudio de las Fuerzas Armadas y sobre el nuevo contexto internacional.

Línea Política

Este texto es bastante extenso para ser un documento de línea política. Realmente combina partes de estrategia con elementos de un programa mínimo. Esto fue así, porque ante imposibilidad de presentar un Programa realmente nuevo, se consideró necesario incluir elementos que aportaran argumentos para la acción. Con este antecedente, es natural que las propuestas de enmiendas se concentraran en la primera mitad del documento; en los capítulos: la lucha democrática antes del 2 de julio; el significado de las elecciones y el PRD; las características del Estado mexicano, el gobierno de Vicente Fox y las líneas de acción política.

La comisión encargada de este tema aceptó e integró la mayoría de enmiendas. Concluida esa labor concentró el debate en el numeral 28, el cual se refería específicamente a la relación del PRD con el gobierno de Vicente Fox. Se propusieron dos agregados, uno proveniente del DF y el otro, con origen en los estados de Aguascalientes, Colima, Jalisco, Sinaloa y Sonora.

El primero consignaba que: "Las diferencias existentes en el ámbito político, económico e ideológico cierran la posibilidad de establecer una alianza o pacto de largo plazo entre el PRD y el gobierno panista encabezado por Vicente Fox.". Mientras que el segundo planteaba que: "Se trata de desplegar una acción múltiple para crear una correlación de fuerzas que evite que la alternancia política derive en un empantanamiento de la transición o, peor aún, que signifique una regresión en la vida del país (...) En este marco el PRD debe impulsar el diálogo con el gobierno de Vicente Fox para buscar todos los acuerdos que se puedan alcanzar en la perspectiva democrática, independientemente de que el propio gobierno tiene objetivos distintos a los del PRD."

Los planteamientos son excluyentes; sin embargo la presidencia de la mesa los voto por separado y las dos ganaron (la primera por menos de 30 votos y la segunda por amplia mayoría) y fueron incluidas en el texto final de línea política. Los defensores de ambas propuestas, Imanol Ordorika y Carlos Imaz por un lado, y Jesús Zambrano por el otro, se declararon ganadores de sus respectivas posiciones. Esta ambigüedad tiene una cuestión de fondo que debe ser discutida con responsabilidad por la dirección del PRD.

Vayamos primero a los consensos, para después ubicar las dimensiones reales de la controversia. Las coincidencias son: que la alianza fundamental y estratégica del PRD es con la sociedad y con los movimientos sociales; que es necesaria la recuperación electoral del partido en los procesos locales y, especialmente, en las elecciones federales intermedias del 2003, como primer paso para disputar la Presidencia de la República y la mayoría en el Congreso de la Unión en el 2006; que en materia de alianzas, algunas veces el PRD se tendrá que aliar con el PAN para vencer actitudes y formas del antiguo régimen priista, y otras, con el PRI para detener las políticas conservadoras de la derecha.

La diferencia está en la relación que debe establecer el PRD con el gobierno de Vicente Fox. Por un lado se propone una estrategia de polarización, la cual consiste en generar un polo de identidad de izquierda que permita la acumulación de fuerza y, desde esa posición de fuerza, poder pactar en condiciones más favorables diversas reformas. Esta posición tiene a su favor el ser la estrategia histórica del PRD y la de varios de sus principales líderes sociales, como Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador; ha sido la única forma de hacer política entre muchos de los dirigentes y militantes del Partido; es la estrategia que ya se saben, la que aprendieron a realizar ante la hostilidad de los gobiernos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y los síntomas de descontento y desilusión que empiezan a aparecer en contra de Vicente Fox.

Los riesgos también son muchos: el caer en el fundamentalismo; el aislamiento político, efectivamente una actitud de esta naturaleza cohesionaría al voto duro perredista, pero nunca rebasaría los seis millones de votos y con esto paulatinamente perdería representatividad. Esta estrategia en el fondo es conservadora y su éxito se basa en el fracaso total del adversario: entre más mal mejor, que al fin y al cabo la historia nos dará la razón.

La otra estrategia es la del cambio gradual y negociado. En donde se pretende ganar la iniciativa en el proceso de cambio político. Ante los antagonismos reconocidos en materia económica y social con el foxismo, de lo que se trata es de avanzar en los temas de consenso en materia de reforma política y convertir este sexenio en un gobierno de transición. Datos revelados en varios estudios de opinión, externos e internos, demuestran la escasa presencia que en estos momentos tiene el PRD en los sectores mayoritarios de la población; así como el desgaste de algunos de sus principales líderes. Para revertir esta tendencia, esta estrategia plantea la incorporación al PRD nuevas formas de hacer política: el uso intensivo de los medios masivos de comunicación, para promover una nueva imagen partidaria; la realización de buenos gobiernos perredistas que constituyan su mejor propaganda electoral, y el establecimiento de pactos con el gobierno federal y las fuerzas políticas nacionales en los temas más importantes de la agenda política.

Los riesgos de esta estrategia también son grandes: la pérdida de identidad de la militancia y la ausencia de rumbo; el aparecer como colaboracionista del gobierno y no como promotores del cambio; la falta de experiencia y de capacidad de muchos de los dirigentes perredistas para aplicar una estrategia de esta naturaleza.

Ambas posiciones convivirán en el PRD y serán motivo de múltiples conflictos. En el discurso prevalecerá la estrategia de la polarización, pero en la realidad el PRD está obligado a buscar acuerdos con otras fuerzas para temas específicos. Incluso los defensores más asiduos de la estrategia oposicionista pactarán, por la sencilla razón de que la diversidad política y social de México en la actualidad hace inviable cualquier tipo de fundamentalismo.

Dos temas quedaron pendientes de desarrollar en la línea política: la cuestión electoral y el ejercicio de gobierno.

Estatuto

Por temas: estructura y organización recibió 128 propuestas de enmiendas; elecciones internas, 77; organismos autónomos, 46; congresos y consultas, 33; membresía, 28; los transitorios, 28; el resto de las enmiendas se registraron le corresponden a estímulos y sanciones, elecciones constitucionales, disposiciones complementarias, educación política y estudio, patrimonio y finanzas, miembros en cargos de elección y propaganda. Lo que es lo mismo, el debate se concentró en los artículos 5, 7, 8, 9, 12 y 13.

En el nuevo Estatuto la mayoría de las funciones específicas se trasladan a los respectivos reglamentos que, próximamente, elaborará el Consejo Nacional. De esta manera, el texto se compacta y se ordenan de manera más clara en los capítulos.

Entre los aspectos que se mantienen destacan los siguientes: el lema del Partido: "Democracia ya, Patria para Todos", los colores del emblema: negro y amarillo; la proporción de género del 70 %-30 %; el Comité Ejecutivo Nacional como la dirección política entre Consejo y Consejo; la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia y el Comité General del Servicio Electoral se mantienen con las mismas funciones, sólo que ahora los integrantes de la primera serán nombrados por el Consejo Nacional.

Entre las innovaciones se encuentran: la edad mínima para ser militante en el Partido es ahora de 15 años. Los órganos de dirección y las listas plurinominales que proponga el Partido deberán tener por lo menos el 20% de candidatos no mayores de 30 años. La nueva organización de los comités de base ahora será por unidad territorial y por actividad; Sólo los comités territoriales se utilizarán para la afiliación para efectos de padrón y elecciones internas. Las carteras de los comités ejecutivos municipales se definirán de acuerdo a las características propias de cada entidad y en ningún caso estos comités podrán integrarse por más de 13 miembros; además se establecen mecanismos de evaluación y cumplimiento de objetivos y metas. A nivel estatal y nacional se crean la comisiones políticas consultivas, propuesta que se deriva de la figura de comités políticos del proyecto del Consejo Nacional. Se crea el órgano de fiscalización del partido; los artículos correspondientes a los estímulos. Se incrementa el presupuesto de formación y educación política al 15% y queda establecido que de las prerrogativas federales ordinarias por lo menos el 40% se traslade a los estados, y que del total de los ingresos ordinarios del PRD en los estados se destine por lo menos la mitad a los comités municipales.

Un comentario

Sobre el VI Congreso Nacional del PRD se generaron dos percepciones: la de los medios de comunicación, en la cual se proyectó un PRD confrontado, con fuertes conflictos entre sus dirigentes y con poca o casi nula discusión de fondo y la de los asistentes a Zacatecas, en donde efectivamente hubo debates fuertes dentro y fuera de las plenarias, donde se realizaron verdaderos esfuerzos por ordenar la discusión y llegar a acuerdos, y en donde la unidad del partido en ningún momento estuvo amenazada.

Más que diferencias estratégicas, lo que existe abiertamente en el PRD es la disputa por la conducción política. Esta circunstancia que es normal en cualquier partido democrático, puede adquirir en estos momentos aspectos negativos, si se confunde a los adversarios internos con los enemigos externos. El hecho de que algunos militantes y incluso el que algunos miembros del Partido organizaran abucheos en contra del senador Jesús Ortega, es un signo que perjudica gravemente al PRD.

El punto no es si se estaba de acuerdo o no con los planteamientos del senador Ortega o su pertenencia a determinada corriente. La cuestión de fondo es que cuando se permite este tipo de manifestaciones se le abre la puerta a la intolerancia. Basta recordar como los "ultras" del CGH, utilizaron sistemáticamente estas prácticas para estigmatizar a otros grupos como moderados, después como perredistas y aliados del Rector, y finalmente como vende huelgas. Primero fueron gritos e insultos, después batallas campales y alambres de púas en el auditorio Che Guevara, para luego expulsarlos de sus escuelas y del CGH. Finalmente, estas prácticas minaron a sus propios promotores y al movimiento hasta reducirlo a lo que actualmente es.

Del Congreso de Zacatecas debe recuperarse principalmente la necesidad de la unidad partidaria y la revisión permanente de nuestros planteamientos. Si el PRD aspira ser no sólo una esperanza, sino una alternativa para la mayoría de la sociedad mexicana, debe ver más allá de los estrechos márgenes de su vida interna y arriesgarse a tener vocación de mayoría.

 

* Los autores se desempeñaron como secretarios técnicos de la Comisión Nacional para la Reforma del Partido y forman parte del personal político del Comité Ejecutivo Nacional del PRD.