Sobre la inundación de Tabasco

Fluvio Ruiz Alarcón* y Angelbert Martínez Gómez**

 

En octubre del presente año, tuvieron lugar en la planicie del estado de Tabasco, donde se encuentra ubicada la ciudad de Vi-llahermosa, su capital, grandes precipitaciones pluviales, principalmente los días 11, 23 y 29. En este último día tuvo lugar la mayor precipitación que se registra en los años recientes, provocando el desbordamiento del río Carrizales-Grijalva que cruza la ciudad de Villahermosa y causando el terrible desastre en esa ciudad del que han dado amplia cobertura diferentes medios de comunicación. La magnitud de la tragedia ha impactado a la ciudadanía del país, la cual ha acudido en apoyo solidario y ha compelido a Felipe Calderón a visitar, a la fecha en que redactamos este texto, por nueve ocasiones a la entidad del sureste.

Ahora bien, la primera reacción a ese desastre fue hacer un intento de construir una explicación multifactorial de las razones que lo produjeron. Entre los elementos que constituyeron la línea argumental oficial destacamos los siguientes:

· La declaración del Lic. Calderón acerca de que las intensas precipitaciones son resultado del cambio climático.

· La destrucción del sistema de vasos reguladores por la construcción en esos sitios de centros comerciales y fraccionamientos.

· La suspensión de la construcción de infraestructura de prevención de inundaciones del plan hidráulico a cargo de la Comisión Nacional del Agua y la CFE, aprobado en el 2003.

· El incremento en los caudales de los ríos Usumacinta y Sierra con los que confluye el río Grijalva que, aunque eso ocurre aguas abajo de Villahermosa, elevan el nivel de descarga al golfo de México, lo que se transmite aguas arriba hasta Villahermosa.

· El desfogue de la presa Peñitas, que se lleva a cabo a través del río Carrizales, debido a una incorrecta operación de los niveles de las presas del complejo hidroeléctrico del río Grijalva, para favorecer la generación eléctrica de los productores privados.

Cada uno de los elementos anteriores requerirá ser profundizado por los analistas y por las instancias creadas para la investigación de ese desastre. De acuerdo con Sálvano Briceño, director de la iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la reducción de desastres naturales; la tragedia de Tabasco pudo prevenirse a bajo costo, mediante el establecimiento de sistemas de alerta temprana, evaluación de riesgos, planes de desalojo, educación a la población vulnerable y planeación del uso de tierra.

Al respecto, los autores de este artículo, vinculados al sector energético, nos circunscribiremos a opinar sobre la incidencia de la operación del complejo hidroeléctrico del río Grijalva.

Ese complejo hidroeléctrico lo forman cuatro grandes hidroeléctricas que, siguiendo el orden del curso del río, son conocidas convencionalmente como “Angostura” de 900 MW, “Chicoasén de 2 mil 400 MW, Malpaso de mil 80 MW y “Peñitas” de 420 MW. Cada una de estas centrales hidroeléctricas, al generar, desfogan el agua turbinada a la siguiente. También pueden desfogar agua sin turbinar a través de vertedores de demasías en caso de alcanzarse niveles peligrosos. Como se aprecia, la última de las presas asociadas a esas centrales es la de “Peñitas” que desfoga al río Carrizales, que cruza la ciudad de Villahermosa. Sin embargo, no todo el desfogue se va por este río, porque dicho desfogue se bifurca en dos ramales: uno que es el conocido como río Carrizales y el otro conocido como río Samaria que se dirige al golfo sin pasar por Villahermosa.

Si una cosa ha dejado claramente al descubierto la inundación de Tabasco es el manejo de la generación hidroeléctrica en función del interés de los generadores privados. Además de existir varias evidencias al respecto, está la confesión de parte en el documento de la CFE denominado “Política de Generación Hidroeléctrica en el Sistema Interconectado Nacional” que, como anexo A, se incluye en el Programa de Obras del Sector Eléctrico 2007-2016. En efecto, en la página A-11, aparece un párrafo en el que se reconoce que existen restricciones para la generación hidroeléctrica con el objeto de asegurar una generación mínima a los generadores privados (Productores Independientes de Energía-PIE) por medio de termoeléctricas.

Independientemente del grado de incidencia de ese manejo en el agravamiento de las inundaciones y aún suponiendo que no haya habido ninguna, es reprobable que el despacho de la generación eléctrica se efectúe subordinándose al interés de los generadores privados, poniendo en riesgo a la población tabasqueña y, por añadidura –dado que la generación hidroeléctrica tiene el más bajo costo variable que otros tipos de generación–, incrementando los costos de operación. Esto repercute en mayores cargos por el suministro del servicio eléctrico, como se reconoce en el mismo párrafo al que se hizo mención.

En cuanto al manejo operativo de las presas y, específicamente, de la presa “Peñitas” persisten serias dudas derivadas de lo siguiente:

La Comisión Federal de Electricidad ha informado que, en el periodo de precipitaciones, se evitó todo desfogue de la presa Malpaso (la inmediatamente anterior) hacia la de “Peñitas” y que ésta únicamente recibió las aportaciones de agua provenientes de los escurrimientos de su propia cuenca, mismos que fueron en tal cantidad que produjeron un nivel de la presa que la puso en riesgo. Admitiendo que así haya sido, la curva de funcionamiento de niveles proporcionada por CFE y que se muestra a continuación, da lugar a las siguientes observaciones (ver gráfica):

 

 

Previo al día 29 de octubre, hubo en dos ocasiones precipitaciones intensas el 11 y 23 de octubre, que elevaron incluso el nivel de la presa por arriba del nivel Namo (nivel de aguas de operación máximo de 87.4 m). En la precipitación del 11 de octubre se turbinó lo suficiente para hacer descender el nivel hasta el de Namino (nivel de aguas mínimo de 85 m); sin embargo, en la precipitación del 23, no se turbinó lo suficiente manteniendo el nivel de la presa en un nivel de 88m, por lo que cuando sobrevino la precipitación del 29 el nivel de la presa subió peligrosamente hasta el nivel de excedencias.

¿Porqué razón no se turbinó lo suficiente después del 23, para bajar el nivel hasta el Namino y aumentar la capacidad de retención de la presa disminuyendo en esa cantidad el desfogue hacia la planicie de Villahermosa? Esto pudo ser determinante para agravar los daños de esa ciudad. Esta es la pregunta de la que debemos conocer la respuesta y verificar que prevaleció el criterio de proporcionar prioritariamente protección a la población.

El Colegio de Ingenieros Civiles, en inserción publicada el 9 de noviembre de 2007, como lo hizo también cuando ocurrió la inundación de 1999, trata de exonerar a los organismos encargados del manejo de las presas y de minimizar el efecto de las descargas a través de “Peñitas”. Se entiende esta actitud del Colegio por el entretejido de intereses que existe. Sin embargo, su intento de encubrimiento es vulnerable por lo siguiente:

En el documento completo, al que hace referencia en la inserción, señala que en el periodo crítico, el volumen aportado por la presa “Peñitas” fue de 600 millones de metros cúbicos que, representa el 3 por ciento, comparados con los 20 mil millones de metros cúbicos contenidos en los 20 mil kilómetros cuadrados que abarca la planicie inundada, que supuestamente se mantuvo con un tirante de agua de un metro de altura durante tres días.

Lo que debe anotarse es que, normalmente, el desfogue de “Peñitas” no se dispersa por la planicie, sino que se conduce por el cauce del río Carrizales y su incremento tiene una contribución significativa en los niveles que alcanza en este cauce, al grado de que puede ser causante del desbordamiento y arrastre de los elementos de contención y, por tanto, de un agravamiento en la inundación que pudo ser evitado.

Por último, y ya en el campo de las propuestas, se alude a la carencia de infraestructura de control de otros ríos que confluyen a la planicie costera de Tabasco para minimizar la responsabilidad del gobierno federal. En este caso, se omite que la CFE canceló en 1980 los proyectos hidroeléctricos sobre el río Tacotalpa-La Sierra de Itzanzum y de Tacotalpa, que ya se encontraban programados en el “Programa de Obras del Sector Eléctrico”. De haberse llevado a cabo estos proyectos, muy probablemente, hubieran evitado los trágicos sucesos de Tabasco o, al menos, disminuido sus alcances. Por el contrario, se han promovido proyectos sin ninguna función de protección a la población y con amplio rechazo social como es el caso del proyecto hidroeléctrico “La Parota”, en el estado de Guerrero. Sin duda, es la oportunidad por inquirir por las razones que condujeron a la cancelación de esos proyectos y de poner en tela de juicio los cambios legislativos y en las políticas públicas que le han ido abriendo cada vez mayores espacios a la inversión privada, particularmente española, en contra de los intereses de la nación.

 

 

* Asesor del Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática en la Cámara de Diputados.

** Asesor de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados.