Mantenemos nuestros principios*

Ifigenia Martínez Hernández**

 

Queridos compañeros y compañeras del partido; amigos y amigas todos:

 

Agradezco la distinción de la directiva del Partido de la Revolución Democrática de darme la oportunidad de dirigir unas palabras en esta sesión solemne que celebra el 18 aniversario de nuestro partido, ocasión para recordar que el PRD se originó a partir de un movimiento de rebeldía que iniciamos en el otoño de 1986, teniendo como propósito la democratización de la actividad política en nuestro país, dominada entonces por un partido hegemónico de Estado. Ese movimiento fue visto con respeto y simpatía por la población y, con la asociación de partidos que formaron el Frente Democrático Nacional, ganó las elecciones de 1988, aunque no nos fue transmitido el poder.

Las consecuencias de ese fraude fueron las de continuar la misma política económica para vender y desmantelar las instituciones del Estado e imponer una política sometida a la globalización, lo que ha resultado en un crecimiento insuficiente de la producción y del empleo, una regresión de los salarios reales, acentuada por la aguda crisis financiera de 1995 y en el fortalecimiento de los poderes fácticos que nos han vuelto a negar el triunfo en 2006 y a imponer un gobierno ajeno a la doctrina de la izquierda social nacionalista y democrática, que postula una economía mixta –es decir pública y de mercado– establecida en la Constitución de 1917, por cuya vigencia y perfeccionamiento luchamos.

Estoy razonablemente orgullosa del papel que ha jugado nuestro partido en la etapa de un mundo globalizado, porque hay discusión y debate y, una vez que se toma una decisión colectiva, se respeta y se lleva adelante. No se puede pedir a nuestros compañeros renunciar al sentido crítico que es consustancial a la izquierda desde su nacimiento en la Revolución Francesa, aquella que proclamó los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, que más de dos siglos después todavía no se cumplen cabalmente.

Una de las críticas más frecuentes a nuestro partido es la de las corrientes que lo integran, que a mí, francamente, no me asustan, pues dada la complejidad de nuestro país por sus diferentes grados de desarrollo y falta de respuesta de los gobiernos neoliberales a los principios de una democracia moderna y productiva, las discrepancias y el debate son positivos, siempre y cuando, respondan a tesis e ideas y no a intereses por lograr posiciones. En este sentido, tenemos que superar las diferencias y exigir congruencia a nuestros representantes ante el Congreso de la Unión, a los gobiernos estatales y a los municipales que hemos ganado en buena lid y que debemos a la confianza de los electores.

Considero que somos un partido congruente, como lo demuestra la enorme cantidad de programas, estudios, revistas, manifiestos y otros documentos que hemos publicado, y no cabe la crítica de que se desconocen nuestras propuestas. Quiero referirme al primer programa del PRD, publicado por el Instituto de Estudios de la Revolución Democrática, en 1993, que contiene los postulados básicos que han normado nuestra filosofía desde entonces:

1. La democratización del Estado y de la sociedad, fundamentada en la soberanía popular, con elecciones libres e imparciales, y en el pluralismo político que ahora tenemos, la reforma del Estado y la nueva constitucionalidad, que no se han podido llevar a cabo, pero que ahora se discuten.

2. Un crecimiento económico con equidad, denunciando al neoliberalismo depredador y dependiente, y fincado en el desarrollo, en el empleo, en la productividad (base indispensable de la moderna competitividad), la planeación y el control de las finanzas públicas, el fomento no inflacionario alrededor de una restructuración productiva sectorial y regional que garantice la suficiencia alimentaria, el bienestar rural, la administración de los hidrocarburos como fundamento de una estrategia energética para el desarrollo, una política de industrialización (en un país desindustrializado por el TLCAN), la investigación científica y el desarrollo tecnológico no errático y limitado a demandas aisladas de nuestras universidades, sino alrededor de los objetivos de un sistema nacional de planeación del desarrollo regional que no existe.

3. Ese programa también contiene un nuevo pacto social para combatir la desigualdad, revalorar el trabajo y recuperar el ingreso de los trabajadores, garantizando la universalidad de los derechos sociales fundamentales, es decir, la educación, salud y seguridad social, y vivienda digna, poniendo énfasis en el derecho a la seguridad y el bienestar de la sociedad rural.

4. Finalmente, en ningún momento el PRD ha sostenido una política aislacionista, sino que hemos participado activamente en los movimientos internacionales hacia un orden internacional justo y democrático, en la relación estrecha y fraternal con los países latinoamericanos, con los miembros de la Internacional Socialista y con los grupos democráticos de América del Norte.

Esa agenda, modificada por los eventos que han marcado el debate político del país, nos preparó para competir en la contienda del 2006 y en la cual, con base en evidencias científicas disponibles, sostenemos que ganamos la elección presidencial.

Aumentamos en forma importante nuestra representación en el Congreso y, desde ahí y con el respaldo de la opinión pública, continuaremos en la lucha por la defensa de la legitimidad de nuestro gobierno, la integridad de la nación y el bienestar del pueblo.

Deseo terminar afirmando que la difícil situación por la que atraviesan la economía y la estabilidad política del país –reconocida por analistas políticos independientes y de la cual da testimonio diario la prensa– encontrará en nuestro partido la misma actitud de lucha por la democracia y por la nación que lo ha caracterizado en sus 18 años de existencia.

 

* Discurso pronunciado el 5 de mayo de 2007 en el 18 aniversario de la fundación del PRD.

** Directora del Instituto Nacional de Formación Política del Partido de la Revolución Democrática.