ALCA: Procesos de integración y regionalización en América*

Fernando Serrano Ramírez**

 

El fracaso de los distintos procesos de integración en el continente americano ha estado determinado por la intención hegemónica de Estados Unidos de siempre encabezar y sacar provecho de los acuerdos firmados con otros, como señala Gregorio Vidal, y expresa “la creciente insatisfacción en los países de la periferia para resolver sus problemas mediante una integración pasiva a la globalización neoliberal”.

Los procesos económicos de la globalización se fundaron sobre la base de acuerdos multilaterales o bilaterales que han estado definiendo las reglas de la producción y el mercado para la mayoría de países del mundo. La Unión Europa constituye el ejemplo más claro de estos esfuerzos de integración económica, pero el único en profundidad y alcance. En los últimos lustros, la dinámica global ha acentuado las diferencias entre integrados y excluidos y la formación de bloques entre países constituyen grandes alianzas económicas, pero también procesos de integración geográfica y de despliegue de estrategias militares.

El dominio económico y político de Estados Unidos ha determinado el sentido de los procesos de integración en el continente americano. Diferencias históricas han profundizado la distancia entre las naciones latinoamericanas, de modo que un acuerdo continental ha sido algo impensable. Los esfuerzos han sido regionales, de acuerdo con objetivos y características específicas de los países que lo suscriben, pero diferencias políticas e históricas influyen en la imposibilidad de procesos de integración más allá de los acuerdos comerciales.

Numerosos ejemplos han nutrido la historia de encuentros y desencuentros entre nuestras naciones. Tal vez, uno de los más significativos sea la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que unificó grandes áreas de las economías de Canadá, Estados Unidos y México y proyectó económicamente la zona como una de las más prósperas y dinámicas. Como contraparte, encontramos otros espacios de integración regionales como el Caricom, la Comunidad Andina o el Mercosur, que expresan la diversidad de necesidades y visiones en Latinoamérica sobre los procesos de integración económica.

El ALCA representa para Estados Unidos un fuerte instrumento de política económica para proteger sus intereses estratégicos nacionales y los de sus corporaciones, al mismo tiempo, haciendo frente a los retos de una economía cada vez más globalizada y la competencia entre bloques económicos. Sus esfuerzos persiguen controlar el acceso y control de nuevos mercados y destinos para sus inversiones y, desde luego, neutralizar los despuntes de iniciativas de países que, en los últimos años, han volteado electoralmente hacia la izquierda.

La imposibilidad de unificar a todo el continente bajo un mismo marco de regulación económica, como lo propone el Área de Libre Comercio de las Américas, no ha sido un obstáculo para que Estados Unidos continué controlando los flujos de inversión o sigan firmando acuerdo bilaterales con algunos países, en una doble estrategia que considera avanzar firmemente en la integración al neoliberalismo e impedir la formación de nuevos bloques que se opongan a la tentación del libre comercio. Esta obra recoge las experiencias de distinguidos investigadores, Arturo Guillén, Ernesto Henry Turner Barragán, Raúl Conde Hernández, Alicia Pérez-Prina Bugatto, Aída Lerman Alperstein, Jonathan Quiroz Santos, Ángel María Casas-Gragea y Victor M. Soria, quienes discuten la dinámica actual de integración económica en nuestro continente, por lo que la lectura de sus trabajos resulta imprescindible en la búsqueda de alternativas al capitalismo neoliberal.

 

* Reseña del libro de Gregorio Vidal: ALCA: Procesos de integración y regionalización en América, UAM-Editorial Porrúa, México, 2006, 263 pp.

** Colaborador de Coyuntura.