México: ¿tiene futuro el sector agropecuario que nos dejan? Javier de J. Aguilar* El sector agropecuario
y agroalimentario mexicano recibe, hoy más que nunca, una fuerte influencia
de la economía de países como Estados Unidos y, en los últimos años, de
China, además de los efectos de sus propias contradicciones. Los déficit gemelos en Estados Unidos Mientras que en 1980 el déficit comercial apenas llegaba a 24 mil millones, en 1987 ya registraba 153 mil millones de dólares; por su parte, el déficit presupuestal crecía de 74 mil millones a 150 mil millones de dólares1 en el mismo lapso de tiempo. No obstante, luego de alcanzar cifras muy elevadas a finales de los años ochenta, ambos se redujeron sustancialmente en el gobierno de Bill Clinton. Sin embargo, desde la llegada de George W. Bush al poder, éstos han vuelto a tomar un desmedido ritmo de crecimiento. Tan sólo bajo la óptica de la balanza de pagos, en 2005, el déficit comercial era de 782 mil millones y, las estimaciones para el 2006, rondan los 857 mil millones de dólares2. Los montos de las importaciones están por arriba de los de las exportaciones y el aumento de las exportaciones de China a Estados Unidos juega aquí un papel muy importante, pues dos tercios del déficit del comercio estadounidense de manufacturas es con países de Asia, del cual la mitad es con China: más de 200 mil millones de dólares. Por su parte, el déficit presupuestal tiene hoy niveles que superan los 340 mil millones de dólares (mmdd)3. Lo anterior supone que EU está obligado a disminuir los dos, sobre todo el primero, haciendo crecer sus exportaciones a los países que tengan menos barreras arancelarias, como aquéllos con los que tiene firmados tratados de libre comercio, por un lado y, por otro, reduciendo las erogaciones del gobierno o aumentando las entradas. Ante este panorama, no esperamos que la tendencia del comercio agroalimentario de México, con un déficit hoy cercano a los 2 mil 500 mdd, se revierta, a menos que el gobierno federal enfrente los intereses de las grandes compañías trasnacionales agroalimentarias, con políticas serias, coherentes y consecuentes, para impulsar una gran campaña que fomente las exportaciones de productos del campo con altos niveles de valor agregado y, al mismo tiempo, diseñe instrumentos de política para reconstruir el mercado interno, entre otras consideraciones. En este marco, como la FAO lo señala, no basta con que las estrategias de la política económica para el campo usen al crecimiento de la productividad del capital y del trabajo en el campo, como la vía para impulsarlo. Nosotros pensamos que se requiere de las políticas que incidan en todas las fases y actividades del proceso, considerado como un todo, a saber: producción-transformación-comercialización-consumo final. El presupuesto público federal para la agricultura en EU Tanto el monto como la distribución de los diferentes rubros del presupuesto público al sector agroalimentario de EU, tienen una influencia considerable sobre las actividades económicas del sector agroalimentario de México. A pesar de que más de la mitad de dicho presupuesto, contrariamente a lo que se creería, va para ayudas alimentarias y a otros rubros de corte social a la población más pobre, su monto total era 20 veces el de México a principio de este decenio. En el año 2006 esta proporción es prácticamente la misma: el de EU asciende a 94 mil 593 mdd, en tanto que el de México equivale a 4 mil 800 mdd4. Tanto los montos del presupuesto, como su orientación, van destinados a mejorar la productividad del capital y del trabajo en el proceso productivo, y hacen lo propio con la comercialización, la transformación y el consumo final, ya sea para su mercado interno o bien y, sobre todo, para el exterior, entre otras variables. Con estos dos antecedentes, el futuro del comercio exterior del sector agropecuario y agroalimentario mexicano, parece, por lo menos hasta ahora, ya decidido, pues no vemos en el escenario mexicano ninguna medida gubernamental que busque otras alternativas de manera integral. El precio del petróleo y el dólar estadounidense El precio de mercado
del petróleo es un elemento que no debemos dejar de lado; varios de los
insumos usados en la producción agrícola, sobre todo la destinada al mercado,
son derivados de él. Nos referimos a los fertilizantes aplicados a los
suelos y a los combustibles de la maquinaria agrícola y a los usados para
transportar los productos del campo. En este marco, los precios del barril
en New York y en Londres estaban por arriba de los 65 dólares a principios
de septiembre 2006, en tanto que la mezcla mexicana se encontraba alrededor
de los 50 dólares. Mercados mundiales: comercio de granos y otros productos alimentarios De acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, se espera una fuerte competencia en los mercados mundiales de granos y otros productos agroalimentarios5. Además de Estados Unidos, Argentina, Australia y Canadá, participantes tradicionales en los mercados globales de granos, Brasil, Rusia, Ucrania y Kazajastán, también harán notar más su presencia, como consecuencia de las fuertes inversiones que están realizando en sus agriculturas. Soya Uno de los fenómenos que resaltan en los mercados globales de granos, es el acentuado crecimiento de las exportaciones de soya que, desde al año 2003, supera de manera muy notoria los volúmenes vendidos de trigo, maíz y cebada. Lo anterior es consecuencia directa de la importancia que está adquiriendo, como fuente de proteínas, en las raciones alimenticias de los animales en confinamiento de las explotaciones tecnificadas en varios países. Aunque la demanda de productos de origen animal, como las carnes, la leche de vaca y el huevo de gallina y otros derivados, es tributaria del crecimiento del consumo de éstos en los países desarrollados y en aquéllos con los que EU tiene acuerdos comerciales, también está condicionada por el desarrollo de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) y la influenza aviar (IA).En particular, estas dos epizootias amenazan con limitar el comercio global de carne de res, de leche de vaca y de carne de pollo, así como de otras aves, como el pato. Por su parte, la industria avícola de México depende de la soya para la producción de pollo y huevo, pero en nuestro país la leguminosa ha desaparecido prácticamente de las áreas de cultivo, en tanto que Brasil pasará de abastecer el 35 por ciento de la demanda global en 2004, al 45 por ciento en el 2014. El segundo país exportador más importante es hoy EU, seguido por, Argentina que, junto con los dos citados anteriormente, comercializarán el 90 por ciento de la oferta global del grano. En lo que se refiere a pasta y aceite de soya, los tres países líderes, citados en orden de importancia, son: Argentina, Brasil y EU. Vale la pena hacer notar que China, Sudáfrica y países del Norte de África y del Oriente Medio, están realizando inversiones para la extracción de aceite y pasta. Debemos hacer notar que de los 26 millones de toneladas, cifra a la crecería el comercio global de soya en los próximos 10 años, un 75 por ciento sería absorbido por China. Sus mil 300 millones de habitantes y el crecimiento del ingreso de la población trabajadora en las ciudades, está demandando cada vez más alimentos como la carne de pollo, carne de res y de cerdo. En México, su producción anual es apenas superior a 25 mil toneladas, a todas luces insuficiente para abastecer a la ganadería mexicana. Trigo En lo que a este cereal se refiere, también se prevén incrementos sustanciales en el comercio global, aunque a ritmos menores que los de la soya. El aumento en la población y en el ingreso medio de algunos países como China, Brasil, México y algunos de África y del Oriente Medio, hacen que el comercio global de este cereal crezca. China destaca nuevamente como un consumidor importante, con adquisiciones en el exterior de más de 8 millones de toneladas en 2004, por arriba de Egipto, inclusive, que era el importador con más peso en los últimos años. El USDA proyecta que el comercio global de trigo llegará a 129 millones de toneladas, incluyendo harina, en el año 2014 y que EU, Australia, la Unión Europea, Canadá y Argentina, cubrirán el 79 por ciento de dicho volumen. En el periodo 1996-2003 este porcentaje ascendía a 82 por ciento; su disminución se debe a la reciente y aún modesta presencia de Ucrania y Kazajastán en los mercados mundiales de este cereal. EU cubrirá, él solo, un 25 por ciento de ese total, en tanto que México, luego de haber obtenido una cosecha récord de más de 5.2 millones de toneladas en 1985, su producción no rebasa los 3 millones, veinte años después. Además, desde hace varios años, tenemos dificultades para planificar una adecuada proporción entre la producción de trigos panificables y para pastas, que se necesitan para cubrir las necesidades del país. Desafortunadamente, nada parece indicarnos que esta tendencia vaya a revertirse en los años que vienen. Maíz El mercado global del maíz, como el de otros granos usados como materia prima para la fabricación de alimentos balanceados, es, ante todo, función de la expansión de la producción ganadera en regiones del mundo donde no hay autosuficiencia, como es el caso de países del norte de África, del Medio Oriente, de Oriente y del Sudeste Asiático. En este marco, aunque China es uno de los primeros productores del mundo de este cereal y realiza exportaciones esporádicamente, las necesidades de sus granjas no le permitirán figurar en el ámbito global como exportador regular importante. Estados Unidos, que ha registrado cosechas récord de alrededor de 300 millones de toneladas en los últimos años, es el primer exportador mundial, seguido por Argentina, que verá subir sus ventas en el exterior de 11 a 15 millones de toneladas en 2014, según los pronósticos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Brasil, que exporta alrededor de 2.5 millones de toneladas, lo hace con maíz no modificado genéticamente y se trata de un nicho de mercado que, en nuestra opinión, podría permanecer en esta cifra, o bien, se observaría una ligera tendencia al crecimiento. China registra un superávit regional en las zonas de cultivo del norte, que, además, son favorecidas por disposiciones fiscales gubernamentales relacionadas con el IVA y con impuestos a la construcción de obras para transportación, por lo que frecuentemente le conviene más exportar el cereal a Corea del Sur y a otros países de la región, antes que enviarlo al sur de su territorio, donde hay déficit de dicho grano. En el caso de México, tenemos dos mercados: el de maíz blanco para tortilla y el de maíz amarillo, materia prima para alimentos del ganado y para la fabricación de almidón y alta fructosa. El primero está ligado al crecimiento de la población, en tanto que el segundo es tributario del crecimiento del ingreso, toda vez que sus derivados son empleados en la elaboración de productos con alto valor agregado. México ha venido importando entre 6 y 8 millones de toneladas anuales de maíz amarillo de Estados Unidos, aunque en los últimos años, alrededor de un 10 por ciento de éstas también incluían a maíz blanco quebrado de ese país6. Según las estimaciones del Departamento de Agricultura de EU, México importaría alrededor de 15 millones de toneladas en el año 2014. Además, lo anterior también supone que la producción avícola en México podría también subir de manera casi exponencial y, exportar, porqué no, a países como China que, con influenza aviar o no en sus granjas, requerirá de cada vez más carne de pollo. Esta industria incrementó su producción de carne en poco más de un millón de toneladas: de alrededor de 1 millón 380 mil toneladas, en 1984, a más de 2 millones 380 mil, en 2004 y, de igual manera, genera hoy 500 mil toneladas más de huevo que en 1984. Para lograr lo anterior, incrementó su uso de granos forrajeros, para la fabricación de las raciones alimenticias de los animales, de 5 a 8 millones de toneladas por año, en ese lapso de tiempo7. En consecuencia, es muy probable que, contrariamente a lo que varios afirman, los dos mercados de maíz tiendan a desarrollarse aún más, aunque nosotros pensamos que el maíz amarillo crecerá a un ritmo más elevado que el de maíz blanco. De hecho, pensamos que la agricultura por contrato podría ser la estrategia a poner en práctica para asegurar el abasto del grano para la industria del almidón y alta fructosa, en tanto que la industria avícola continuaría haciendo uso de ambos, el amarillo de importación y el de producción nacional. No obstante, también creemos que la población consumidora de carne de pollo irá presionando, en los años que vienen, a dicha industria para producir aves más magras, donde el maíz, como fuente de energía, debería ser puesto en tela de juicio por los avicultores del país. Por otra parte, no debemos perder de vista el crecimiento del precio de mercado de este cereal; éste se ve muy influenciado por el aumento de la demanda estadounidense de maíz amarillo para la producción de etanol8. Además, en el caso de México, donde este fenómeno también se hace sentir, la producción esperada en algunas regiones, que es inferior a las previsiones, ha provocado la subida del precio referido, generando presiones inflacionarias en los precios de los alimentos para el ganado, la industria agroalimentaria, como la de refrescos, de dulces, de la panadería y repostería y, de la masa y la tortilla de maíz. El sorgo El sorgo es otro de los granos empleados para la fabricación de alimentos para los animales; puede ser usado como sustituto del maíz amarillo. Aunque los pronósticos apuntan a que, a partir del año 2008, México incrementaría sus importaciones de maíz amarillo estadounidense9, las adquisiciones de sorgo, que tenderían a la baja, continuarán siendo muy importantes. Es probable que México, a pesar de lo anterior, siga importando el 60 por ciento de los volúmenes que se comercializan en los mercados internacionales. Los dos países más importantes en dichos mercados son Estados Unidos y Argentina; en tanto que los dos importadores son México y, en segundo lugar, Japón. El sector agropecuario de China. Generalidades La evolución económica de la agricultura y de la ganadería en China también merece toda nuestra atención. Se trata de un país con mil 300 millones de habitantes, que ocupa algunos de los primeros lugares en la producción de varios productos agropecuarios y que, según el USDA, hoy tiene autosuficiencia alimentaria10. Su dieta básica son los granos, las hortalizas y el pescado, aunque en los últimos años se observa un aumento en el consumo de pollo, carne de cerdo y de res, sobre todo en las ciudades, por lo que con alguna frecuencia requiere de efectuar adquisiciones de granos en los mercados internacionales para las raciones de estos animales en las explotaciones tecnificadas. En ocasiones los volúmenes importados no son nada despreciables, por lo que su sola presencia basta para modificar las tendencias generales de éstos, sobre todo en materia de precios. Por si esto fuera poco y, sin entrar en detalles en la descripción de su portentoso crecimiento en varias ramas industriales, también se da el lujo de exportar varios productos alimentarios. Las recientes exportaciones chinas de algunas hortalizas frescas, como brócoli, cebollín y espárrago, a Japón y Corea del Sur, mercados acaparados tradicionalmente por EU11, están desplazando a este país; por fortuna para los estadounidenses, los chinos aún no exportan masivamente todas las hortalizas congeladas que aquellos países adquieren. Sin embargo y, esto es quizá lo que más nos interesa resaltar es que, si bien es cierto este país nos está desplazando del mercado de Estados Unidos en cuanto a mercancías de exportación elaboradas en las ramas industriales de México12, también aparece, por la talla de su población total, como una maravillosa oportunidad para nosotros en cuanto a su alto consumo de alimentos. Las dos epizootias más recientes en la ganadería mundial: la EEB e IA Sin considerar que hayamos agotado el examen de todos los factores externos que influirían sobre el futuro del agro mexicano, creemos que la evolución que en varios países tenga, tanto la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), como la influenza aviar (IA), serán determinantes del curso que sigan varios mercados. Se trata de los de la carne y leche de vaca, de los del huevo de gallina y de los de la carne de pollo, así como de los de granos y pastas que se usan para la fabricación de las raciones de esos animales en las explotaciones tecnificadas de varios países. Para terminar, pensamos que la elevada cifra de habitantes alcanzada por algunos países, como China e India, así como el elevado nivel de ingreso de la gente en las naciones desarrolladas, serán decisivos de la evolución de algunos productos alimentarios, varios de los cuales se producen y consumen en México. El presupuesto público federal para el campo mexicano Nosotros creemos que los montos, la distribución y la orientación, así como la concepción que existe detrás del presupuesto público para el campo, como política económica, son determinantes para entender lo que hoy tenemos como sector agropecuario en México. De igual manera, creemos que la evolución que tenga dicho presupuesto incidirá de manera importante en el futuro de este sector de la economía nacional. En primer lugar, por los montos que se solicitan, creemos que todos estamos interesados en tener un campo mejor, pero nadie parece estar dispuesto a pagar por esto. Además, todos queremos alimentos y materias primas baratas y de calidad, pero casi nadie está dispuesto a reconocer que, el hecho de adquirirlas en el exterior, genera distorsiones entre los sectores de la economía y contribuye a definir la línea a partir de la cual, varios miles de productores “ya no son necesarios”. El problema central es que a esos que “ya no son necesarios”, tendremos todos los contribuyentes al fisco, que destinarles una parte de nuestros ingresos, cada vez más alta en el presupuesto público federal, para los diferentes rubros de combate a la pobreza. Nos referimos a los consumidores finales, a los industriales que emplean materias primas del sector agropecuario, a los contribuyentes y a los importadores que no pagan impuestos por introducir algunas materias primas al país, que después usaría la industria agroalimentaria establecida en México. Por otra parte, la distribución del presupuesto público para el agro tampoco parecería obedecer a algún criterio económico que respondiera o intentara responder a la problemática que aqueja actualmente al campo. Por ejemplo, si se pensara que es urgente fomentar el crecimiento de la productividad del capital en el proceso productivo, para contribuir a reforzar la competitividad, ¿no sería adecuado aumentar los recursos para el programa Alianza para el Campo y que los productores vayan respondiendo a estímulos de esta naturaleza, por etapas y actividades orientadas a alcanzar metas precisas en cada una? O bien, si se creyera que existen, como lo señalan los productores de manera reiterada en varias regiones, problemas en el proceso de comercialización, podría intentarse darle un carácter integral a los montos orientados a dicho proceso, es decir, con cantidades de recursos públicos que incidan en varias de las actividades de cada una de las etapas que conforman a este último, Esto es, capacitación para tratamiento poscosecha, fondos para almacenamiento, transporte, para empaque y envase y normalización, entre otros. A fin de cuentas, la comercialización no es sólo una simple compra-venta; se trata de un proceso que va desde el campo, a la mesa del consumidor final y que debe ser guiado con instrumentos de política. Por otro lado, nos preocupa el desordenado crecimiento de las 108 cadenas de casi 7 mil tiendas de autoservicio en el país y, sobre todo, la rápida, aplastante, y progresiva participación en el mercado minorista de Wal-Mart que, dicho sea de paso, hoy controla alrededor del 40 por ciento de las ventas al consumidor final de este país. En algunos países, sobre todo europeos, se han diseñado instrumentos de política para, sin salirse del libre mercado, guiar y ordenar la evolución de dichas tiendas. Por ejemplo, y aquí sólo me referiré a un aspecto que tiene que ver con la disponibilidad de capital de las explotaciones rurales que le venden a estas tiendas, ¿no sería pertinente enmarcar, bajo un programa concertado y calendarizado y, dentro de una política pública comercial, una disminución de los plazos en que las tiendas liquiden lo que adquieren de los productores del campo mexicano? Si llegáramos a diseñar un instrumento que los obligue a pagar en plazos cada vez menores a los 60, 90 o 120 días, a que actualmente lo hacen, estaríamos incidiendo directamente sobre el ciclo de rotación del capital en la producción del campo; esto disminuiría quizá la necesidad de más subsidios al campo. Del programa de pagos directos Procampo, que fue instituido en 1993 y que, según se anunció, debe terminar en el años 2008, recordamos que su propósito central era resarcir a los productores mexicanos de los efectos negativos que les generaría la importación de productos del campo de otros países, donde sus gobiernos hubieran entregado subsidios para elaborarlos. Desafortunadamente, con el paso del tiempo, a Procampo se le fueron atribuyendo más y cada vez más funciones y no se previeron mecanismos de política económica que garantizaran una real incidencia en el proceso productivo. Hoy, Procampo es usado para la adquisición de productos que muchas veces no tienen nada que ver con su propósito inicial ni con la producción de granos. Otro problema es que no parece haber resarcido a la gran mayoría de los productores de los efectos negativos generados por las importaciones referidas. En suma, mientras el presupuesto público para el campo no contenga programas donde se señale de manera explícita y consecuente cuál es razón de ser para con los factores de la producción en el campo, a saber, el capital, la fuerza de trabajo y la tierra, su futuro me parece muy poco promisorio. Asimismo, nos llama mucho la atención que en el presupuesto público federal, la proporción destinada al combate a la pobreza y recursos sociales crezcan a un ritmo cada vez mayor que los recursos presupuestarios con fines productivos y comerciales en el campo. No sólo estamos pagando por una política económica y presupuestal negativa para el campo, es decir que casi no genera fuentes de empleo y produce muchos pobres, sino que también tenemos que pagar para ayudarles, con recursos presupuestales para combatir dicha pobreza, ya una vez generada. Los productores del campo mexicano Quizá como un resultado de lo anterior y, luego de decenios en que los diferentes gobiernos han incurrido, en ocasiones, en tratos paternalistas hacia los productores grandes, medianos y pequeños, varios de éstos, por fortuna no todos, han dejado poco a poco de pensar en la mejor manera de combinar la tierra, con el capital, el agua para riego, cuando está disponible, y el trabajo. Algunos se han constituido en gestores, más preocupados por encontrar la manera óptima de captar subsidios de los gobiernos, que en productores-comercializadores de lo que obtienen en las explotaciones. Balanza comercial agroalimentaria México-EU El déficit con Estados Unidos, que ha llegado a ser de más de 3 mil 500 millones de dólares, en materia agroalimentaria en algunos años y, de más de mil 100 mdd, si consideramos sólo los productos agropecuarios, no parece ser el mejor argumento para nosotros los consumidores finales ni para la gran mayoría de los productores del campo mexicano, en la defensa del libre comercio. Nosotros pensamos que deben hacerse todos los esfuerzos para renegociar el TLCAN con Estados Unidos pero, sobre todo, señalando quiénes serían los interlocutores allá y poniendo en orden a los importadores de algunos granos y alimentos procesados en México. Creemos que es urgente la puesta en práctica de medidas serias que fomenten la creación de valor de agregado a los productos del campo. Los productos más importantes que México exporta a EU son: tomate y pimiento frescos y bovinos en pie, para que sean engordados en aquel país. En cuanto a productos más elaborados tenemos a la cerveza y, en segundo lugar, al tequila y mezcal. Del lado de las importaciones, la cosa cambia completamente; somos altamente dependientes en granos para la alimentación de los animales: soya y maíz figuran entre los más relevantes y, ahora, el trigo para la alimentación humana, en tercer término. En cuanto a los productos agroalimentarios, tenemos a la carne de res y la de cerdo, proveniente de Estados Unidos, en cortes y empaquetada, y que se comercializa en México, en su gran mayoría, a través de las tiendas de autoservicio Wal-Mart. Comentarios finales 1) Tenemos déficit en productos del campo y otros alimentos, no únicamente con Estados Unidos, sino también con países pequeños, lo que evidencia la paradoja de la problemática. 2) Algunas de las líneas para hacer frente a la problemática expuesta, podrían estar en producir para el mercado interno, uniendo las cadenas agroalimentarias hoy desarticuladas y construir una estrategia para atacar comercialmente a consumidores mexicanos en los Estados Unidos. 3) Algunos productos alimentarios mexicanos podrían encontrar cabida en China; no debemos olvidar que tiene la población consumidora más grande del planeta y necesita alimentos. 4) El futuro del campo mexicano depende de políticas económicas coherentes, consecuentes, consistentes y nacionalistas que busquen rearticular las cadenas agroalimentarias hoy dejadas en manos de intereses monopsónicos y monopólicos. *
Dr. Ing. Agr. en economía agrícola/Facultad de
Economía-Universidad Nacional Autónoma de México. 1 Cfr. US Department of Commerce, Bureau of the Census, Statistical
Abstract of the US, 1989, 109th Edition, Washington, D.C.,
pp. 303 y 708. 2 Ver: Dick K.Nato and Thomas Lium, 2005, US International Trade:data
and Forecasts, Congressional Research Service, The Library of Congress,
Washington, D.C., pp. 4-9. 3 Cfr. Tom Abate, 2005, San Francisco
Chronicle, 25 de septiembre de 2005. 4 Ver: US Office of Management and Budget (White House website y http://gaceta.diputados.gob.mx). 5 Cfr. Ronald Trostle, Paul Wescott, Edwin Yoling (2005), “Agricultural baseline projections: global agricultural trade, 2005-2014”, USDA, 11 de febrero de 2005, Washington. 6 Ver: Zahniser, S. And Coyle, W. (2004), US-México Corn Trade
During the NAFTA Era: New Twist to an Old Strong, FDS-04-D-01, mayo
de 2004, USDA
ERS, Washington. 7 Cfr. Unión Nacional de Avicultores. 8 Ver periódico Reforma, miércoles 8 de noviembre de 2006, México. 9 Toda vez que en esa fecha desaparecerán los aranceles que, en teoría, se deberían haber cobrado por las importaciones en volúmenes por arriba de la cuota que el TLCAN establecía con tasa cero. 10 Ver: Gale F. and Hansen J. (2003), “China Exports Outpaced Imports
During WTO Year One”, USDA-ERS, Washington, D.C., agosto, p. 1. 11 Sofia Huang (2002), “China Increases of Fresh and Frozen Vegetables
to Japan”, USDA-ERS, Washington, D.C., agosto. 12 Ver: “Los beneficios del TLC se erosionan/China segundo proveedor
de EEUU sin ser su socio comercial”, El Financiero, martes 10 de
enero de 2006, pp. 1 y 8. |