OMC: evaluación de la Ronda de Doha1

Jorge A. Calderón Salazar*

 

Los miembros de la Organización Mundial de Comercio se reunieron en la capital del Emirato de Qatar, Doha, en noviembre de 2001, para resolver las diferencias que había provocado el fracaso de la anterior reunión ministerial en Seattle (1999). Así, dio inicio una nueva ronda de negociaciones que denominaron la “agenda de desarrollo de Doha”. En Doha también comenzó a configurarse un bloque de naciones del Sur y durante la Conferencia de Cancún, que este bloque se consolida a través del Grupo de los 20 (G-20), liderado por Brasil, China e India2.

Las propuestas de las economías industrializadas se orientaron a acelerar el proceso de desregulación comercial, particularmente en el sector agrícola, servicios y propiedad intelectual. Además, las economías del Norte insistieron en discutir los llamados nuevos temas de la Agenda de Singapur. En cambio, desde la Conferencia de Seattle, los países del Sur sostienen que la OMC debe centrarse en la resolución de problemas surgidos a partir de la Ronda Uruguay, pero el Norte presiona para ampliar el mandato de la organización y abarcar nuevas áreas.

Por otro lado, en la reunión ministerial de Doha se convino negociar una serie de aspectos de las normas de la OMC, especialmente los acuerdos antidumping, los subsidios y los acuerdos comerciales regionales (ACR). Estas cuestiones fueron incluidas en la agenda, fundamentalmente, a instancia de los países en desarrollo que querían limitar la capacidad de los países ricos para bloquear sus exportaciones a través de medidas antidumping más que cuestionables3. Cuando una empresa exporta un producto a un precio inferior al precio que suele cobrar en su mercado nacional, las medidas antidumping imponen un gravamen adicional a la importación sobre el producto para acercar su precio al “valor normal” o reparar el daño provocado a la industria nacional del país importador.

Esta ronda de negociaciones4 se desarrolla en medio de ciertas condiciones adversas tales como el poco incremento de los flujos de comercio y el estancamiento de las economías desarrolladas (los rasgos de desaceleración de la economía estadounidense y su déficit comercial; el estancamiento comercial de la Unión Europea en 2002 y la falta de dinamismo económico en Japón). Sin embargo, las economías en transición presenciaron un crecimiento en el comercio de mercancías como consecuencia de la demanda interna y el aumento de los flujos de inversión extranjera directa en sus territorios.

Estamos presenciando una acentuada crisis del sistema multilateral de comercio, que se inició durante la Ronda de Uruguay y que ni la propia creación de la OMC pudo resolver. Estados Unidos está fomentando el fracaso de la negociación multilateral, al igual que otras potencias, al fortalecer sus subsidios. Esto se ve favorecido con la agresiva política de apertura en el continente americano que tienen países como Chile o los países centroamericanos que decidieron negociar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, independientemente de lo que suceda con las negociaciones del área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y lo que derive de la oposición de Brasil o de la omc.

Del 10 al 14 de septiembre del 2003, México albergó una significativa reunión de la OMC en la ciudad de Cancún5, Quintana Roo. Allí se intentó lograr una mayor liberación del comercio internacional, además de reiterar aspectos básicos para la expansión de los flujos mercantiles de bienes y servicios en el mundo. En Cancún debía retomarse la agenda de negociación definida en Doha, pero el consenso estuvo muy lejos de arribar en el propio seno de la OMC, debido a la existencia de al menos dos propósitos divergentes: los de los países encabezados por Estados Unidos y la UE, y sus trasnacionales, y los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, encabezados por la India, Brasil y el G-77. Se continuó por la ruta de las tres últimas conferencias ministeriales, las cuales han fracasado, principalmente, por la insistencia de los gobiernos de los países del Norte y de las empresas transnacionales por incluir en las negociaciones su agenda y la misma arquitectura institucional antidemocrática de esta organización.

En términos reales, más allá de discursos y promesas, en la cumbre de Cancún (y esta postura se repetiría en Hong Kong a fines de 2005), la Unión Europea se negó a realizar reducciones significativas en sus elevados subsidios agrícolas y a dar pasos decisivos en la mejora del acceso a sus mercados y la eliminación de barreras no arancelarias a las exportaciones provenientes de los países en vías de desarrollo.

Un factor de peso para el colapso de la Conferencia de Cancún fue el hecho de que los países del Sur se presentaron mejor organizados (a través de sus propios procesos regionales y nacionales) y preparados para hacer frente a los procesos y los debates de fondo. El intento de los países industrializados por imponer un texto impopular (con argumento de que el colapso de la Conferencia provocaría el derrumbe del sistema de comercio y de la economía mundial) fue frenado por una alianza que representa a más de la mitad de la población mundial, con Brasil, China, India y Sudáfrica a la cabeza. Los objetivos del G-20 son presionar para que se reduzcan de forma importante los subsidios que dan los países ricos a sus agricultores, además de las barreras comerciales, mientras resisten a la presión de abrir sus propios mercados. En Cancún, el G-20 pugnó porque las discusiones en materia agrícola estuvieran basadas en su agenda, en vez del texto presentado por Carlos Pérez del Castillo, presidente del Consejo General de la OMC. También intentaron marginar las propuestas de reforma a las leyes del comercio agrícola que hicieron Estados Unidos y la UE en Doha. Entre las razones del surgimiento de este grupo se encuentran la solidaridad internacional de los países en vías de desarrollo para hacer frente a las demandas de los grandes poderes comerciales de que los países del Sur limiten sus subsidios a los campesinos y disminuyan las barreras a la importación. El significado del G-20 puede resumirse en las declaraciones del canciller de Brasil, Celso Amorim, quien sugiere que el G-20 puede cambiar el equilibrio del poder en las discusiones de la OMC: “Lo que hemos visto en el pasado es que la balanza estaba inclinada en nuestra contra…, pues bien, parece que hay un cambio en la balanza del poder”6.

El resultado ha sido que desde la cumbre de Cancún surgió una nueva relación de fuerzas y se impuso un emergente multilateralismo donde India, China, Brasil, Sudáfrica y otros países se negaron a proseguir en la ruta de mayores concesiones comerciales sin que el Norte asumiera compromisos significativos. Por ello, no es casual que en los últimos tres años se multiplicaron y/o profundizaron los acuerdos comerciales, bilaterales y regionales de diverso tipo, especialmente, entre países de América Latina, África y Asia. En 2005, la mayoría del comercio mundial fue regulado por esta multiplicidad de acuerdos regionales y bilaterales y no por las reglas de la OMC7. Esto tiene muy preocupados a los funcionarios de la Unión Europea y, particularmente, a Pascal Lamy, nuevo director de la OMC. Europa, en recientes foros internacionales, llama a relanzar las negociaciones globales de la OMC8, pero el reclamo del sur es que la UE, con una visión eurocéntrica, se niega a reconocer la nueva relación de fuerzas en el ámbito internacional y no cede en aspectos sustantivos.

Puede afirmarse que antes de Doha las negociaciones habían dejado de lado las cuestiones relacionadas con el desarrollo. El mandato de Doha albergó la esperanza de que se abordaría el desequilibrio que produce el acuerdo sobre agricultura de la OMC, el cual permite a los países ricos conceder un elevado volumen de subsidios, a la vez que trata de imponer recortes en el uso de aranceles tanto a los países pobres como a los ricos. Desafortunadamente, poco se ha progresado en los ámbitos que son de interés para los países en desarrollo, como las barreras no arancelarias, que bloquean las exportaciones a los países del Norte e impiden a los países en desarrollo beneficiarse de la liberalización.

Es más, para conservar su política de competencia desleal, en octubre de 2005, Estados Unidos pidió la renovación de la llamada cláusula de paz, que otorga a ciertos países inmunidad frente a posibles demandas en la OMC por los subsidios agrícolas9. La UE y Estados Unidos podrían enfrentar demandas de los países en desarrollo, debido a que 13 mil millones de dólares de los subsidios que conceden son ilegales. Desde que la cláusula de paz expiró, en enero de 2005, Brasil ha ganado dos casos contra la UE y Estados Unidos por sus ayudas al azúcar y al algodón, respectivamente10.

A pesar de que en Doha se acordó priorizar los temas de desarrollo sobre la Agenda de Singapur, en las reuniones ministeriales de la OMC, los países del Norte han tratado de obtener acceso a los mercados para sus empresas financieras, de telecomunicaciones y demás empresas de servicios, incluidas empresas del ámbito de la sanidad, la educación y el agua, por medio de reformas al Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS, GATS, por sus siglas en inglés)11.

La Declaración de la Sexta Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Hong Kong, del 13 al 18 de diciembre de 2005, incluye promesas para eliminar los subsidios a la exportación, y los pagos equivalentes para finales de 2013, tres años más tarde de lo originalmente acordado en Doha. Sin embargo, en el texto no hay un compromiso firme de recortar los subsidios domésticos que provocan dumping ni se refuerza el control de los pagos permitidos. Tampoco hay ninguna garantía de que los países del Sur vayan a lograr un acceso significativo a los mercados del Norte12. En resumen, se puede aseverar que no hubo acuerdo. Durante esta cumbre ministerial el G-90, una coalición compuesta principalmente por países de África, Asia y Latinoamérica, propuso infructuosamente un borrador alterno sobre servicios, debido a que el texto oficial negaba el derecho soberano de cada país a decidir si autorizaba la apertura o no del sector servicios a la competencia extranjera, incluyendo salud, educación y agua. También rechazaron las propuestas de reducir las tarifas industriales, incluyendo las ramas automotriz, textil y electrónica13. Por otra parte, en las áreas de servicios y acceso a los mercados de productos no agrícolas (NOMA, por sus siglas en inglés) sus resultados no son esperanzadores. El derecho de los países pobres a proteger los sectores básicos e industrias emergentes ha sido cuestionado con perspectivas que puede afectar su derecho al desarrollo14.

Mientras los acuerdos comerciales regionales (ACR) proliferan en el mundo, lo cierto es que las “negociaciones” de la OMC sobre estos acuerdos regionales no han sido más que palabras. Según la OMC, hay unos 170 ACR vigentes. Lo preocupante es que estos acuerdos pueden acabar con los beneficios del sistema multilateral al forzar, por ejemplo, a los países en desarrollo a firmar acuerdos “OMC-plus” que extraen mayores concesiones comerciales, de inversión, servicios y agricultura. Este es precisamente la pretensión de Estados Unidos en su negociación del CAFTA con los países de Centroamérica y del Caribe y su objetivo en la firma del TLC con Colombia, Ecuador y Perú.

Perspectivas15

El 25 de julio de 2006 se dio a conocer el fracaso de las negociaciones de la Ronda de Doha16. Las negociaciones entre los seis grandes actores de la Organización Mundial del Comercio (OMC) –Australia, Brasil, Estados Unidos, India, Japón y la Unión Europea–terminaron en ruptura, sin abrir siquiera la posibilidad de un nuevo encuentro. La disminución de las ayudas internas de los países ricos a sus agricultores y el recorte de las tarifas aduaneras para facilitar las exportaciones, incluidas las de productos industriales fueron los principales escollos de las conversaciones multilaterales. Ante el impasse en que cayó el diálogo entre los 149 países de la OMC, su director general, el francés Pascal Lamy, recomendó “suspender las negociaciones”. Aseveró que tras la realización de la reunión del Grupo de los Seis (G-6), integrado por los países que difieren más entre sí –Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Australia, Brasil y la India–, “puede verse claramente que no será posible terminar la Ronda de Doha a finales de 2006”, porque siguen radicalizados los puntos de vista en torno del acceso a mercados de bienes agrícolas. Pascal Lamy expuso que dar por terminadas las negociaciones, para dejar a los integrantes “reflexionar seriamente”, implica que se detengan todas las reuniones de los grupos de trabajo, y podrían perderse todas las ofertas que están sobre la mesa. En Ginebra, sede de la OMC, el director general aseveró: “no intentaré proponer plazos o una fecha fatal para reactivar las negociaciones”, las conversaciones se darán en cuanto los 149 países consideren que existen las condiciones para reiniciarlas, porque “el balón está ahora en la cancha (de los integrantes)”.

La suspensión de las negociaciones de la Ronda de Doha no va a resolver las causas que impiden un acuerdo en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que garantice el desarrollo a los países más pobres. Estas negociaciones no han llegado todavía a ninguna parte sencillamente porque los países ricos ofrecen un mal acuerdo. Estados Unidos y la Unión Europea se niegan a parar sus prácticas de dumping mientras exigen a los países el desarrollo que abran sus mercados.

El costo de retrasar las negociaciones es enorme. La UE y Estados Unidos tienen libertad para subsidiar a sus mayores productores agrícolas y mantener la exportación de productos a un precio inferior a su costo de producción, mientras los países en desarrollo sufren para garantizar la subsistencia de sus campesinos y acceder a los mercados del norte.

La Unión Europea y Estados Unidos se equivocan gravemente si piensan que la suspensión de las negociaciones en la OMC les dará “carta blanca” en el comercio internacional. La preocupación y el malestar provocado por unas reglas comerciales injustas y las dañinas políticas de Estados Unidos y la Unión Europea, se intensificarán con la ruptura de las negociaciones de esta semana. Los dos bloques económicos también enfrentarán una oposición creciente si tratan de obligar a los países en desarrollo a abrir sus mercados, a través de acuerdos comerciales regionales y bilaterales.

La suspensión indefinida de las negociaciones significa que las oportunidades de alcanzar un acuerdo en el corto plazo son improbables, porque se acerca un periodo de elecciones en algunos países clave y porque el año que viene finaliza la autoridad para negociar acuerdos comerciales que el Congreso de Estados Unidos concedió a su gobierno.

La suspensión de la Ronda de Doha significará que: los países ricos seguirán llevándose el pastel más grande del comercio internacional, podrán mantener sus prácticas de dumping, dejando a los países más pequeños mínimas posibilidades de detenerlos, excepto ante los tribunales y negarán a los países en desarrollo un mejor acceso a los mercados del Norte. La UE y Estados Unidos volverán sus ojos a los acuerdos comerciales bilaterales para abrirse un camino en los mercados de los países en desarrollo y lograr lo que estos países se han negado a conceder en la OMC: acceso ilimitado a los mercados y reglas de propiedad intelectual e inversiones que son dañinas para el desarrollo.

La Ronda de Doha comenzó para corregir las reglas que permitían a los países ricos llevarse el 70 por ciento de los intercambios comerciales, valorados en 20 billones de dólares, mientras los países pobres y en desarrollo, que tienen el 81 por ciento de la población mundial, sólo obtienen el 30 por ciento; de hecho, África sólo recibe el 2.6 por ciento.

Los intereses de los países del Norte han envenenado las negociaciones de Doha. El Congreso de Estados Unidos rechazó dar a sus negociadores la posibilidad de ofrecer reducciones significativas en el apoyo estatal a la agricultura. La UE ha sido también rehén de sus Estados asociados, por ejemplo Francia y España, que rechazaron hacer reducciones significativas a sus aranceles agrarios. En las últimas semanas, Estados Unidos no modificó su posición, pero la UE no es menos responsable por su temprana intransigencia.

La Unión Europea y Estados Unidos han sido incapaces de darse cuenta de que los tiempos han cambiado desde la Ronda de Uruguay, y de que los países en desarrollo son ahora elementos clave en las negociaciones. Los países en desarrollo fueron claros a la hora de decir qué necesitan de la Ronda de Doha. Mostraron una unidad admirable al rechazar que el desarrollo desaparezca de la agenda, cosa que hubiera pasado si hubieran aceptado las ofertas de Bruselas y Washington. Los países en vías de desarrollo esperan que la Unión Europea y Estados Unidos rectifiquen su posición. Independientemente de cuando se restablezcan las negociaciones, los países ricos deben acabar con el dumping –no sólo poniendo fin a los subsidios para la exportación, sino también suprimiendo todos los subsidios que distorsionan el comercio y que hunden los mercados de los países pobres–, especialmente en el sector del algodón. Bruselas y Washington perderán toda su credibilidad si se toman este alto en las negociaciones como una excusa para no reformar sus políticas agrarias. Los países en desarrollo rechazarán volver a la mesa de negociaciones para discutir el recorte de sus aranceles si la UE y EU practican aún esta competencia desleal.

 

* El autor es profesor de la Facultad de Economía, UNAM y director del Instituto de Estudios de la Revolución Democrática (correo electrónico: jcalderon_salazar@hotmail.com).

1 Resumen de la ponencia presentada al I Congreso Nacional de Posgrado en Ciencias Sociales: “Subjetividad, espacio, poderes y saberes en las Ciencias Sociales en un mundo en re(des)estructuración”; 28 de noviembre de 2006, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México.

2 Desde su creación, la OMC se ha visto hegemonizada por los países del G-7. Los demás países se han reunido en bloques como:

a) Grupo Africano (países de la Unión Africana).

b) ACP (Grupo de 77 países de África, el Caribe y el Pacífico que mantienen una relación comercial preferencial con la UE en virtud del antiguo Convenio de Lomé).

c) Amigos de las negociaciones antidumping (Brasil, Chile, Israel, Japón, Corea, Noruega, Suiza, Tailandia y Hong Kong).

d) ASEAN (Asociación de Naciones del Asia Sudoriental conformada por Brunei Darussalam, Camboya, Filipinas, Indonesia, Malasia, Myanmar, Singapur y Tailandia).

e) G-10 (coalición de países que presiona para que se tengan en cuenta las diversas funciones y el carácter especial de la agricultura a la luz de las preocupaciones no comerciales, integrado por Islandia, Israel, Japón, Liechtenstein, Mauricio, Noruega, República de Corea, Suiza y Hong Kong).

f) G-33 (también denominado “Amigos de los productos especiales” en la agricultura, cuyos 42 integrantes son todos países del Sur).

g) G-90 (coalición de países africanos, ACP y menos adelantados).

h) GRULAC (grupo informal de países de América Latina).

i) Grupo de Cairos.

j) G-20 (fue creado con el objetivo de que las negociaciones sobre agricultura en la OMC reflejaran el mandato de Doha y respetaran los intereses de los países subdesarrollados para solucionar los problemas relativos a la reducción de la ayuda interna, mejoramiento substancial en el acceso a mercados, eliminación total de todas las formas de subsidios a la exportación y trato especial y diferenciado. Se trata de una coalición de países conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Chile, China, Egipto, Filipinas, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Sudáfrica, Tailandia, Tanzania, Uruguay, Venezuela. La importancia de este grupo radica en que representa el 60 por ciento de la población mundial, el 70 por ciento de los agricultores del mundo y poco más del 25 por ciento del comercio agrícola global).

Aunque, por lo general, actúan como coalición, tanto Estados Unidos como la UE tratan de usar a Brasil y a India para ayudar a avanzar su agenda respectiva el uno contra el otro. La UE busca puntos en común con Brasil e India para presionar a Estados Unidos sobre la cuestión del apoyo doméstico. Estados Unidos busca a Brasil e India para atacar la modesta oferta de la UE sobre acceso de mercado. Para mayor información puede consultarse Clodoaldo Hugueney, “The G-20: Passing phenomenon or here to stay”, en FES Briefing Paper, Berlin, marzo de 2004.

3 Entre los temas incluidos destacan: Agricultura. Negociaciones globales que incorporan el trato especial y diferenciado para lograr mejoras sustanciales del acceso a los mercados; la eliminación de todas las formas de subvenciones a la exportación, así como la elaboración de nuevas normas sobre todas las medidas relativas a la exportación que tengan efecto equivalente; y reducciones sustanciales de la ayuda interna causante de distorsión del comercio; Servicios. Niveles cada vez más elevados de liberalización, mediante la adopción de compromisos en materia de acceso a los mercados y la elaboración de normas, en particular, en las esferas de interés para las exportaciones de los países del Sur; Productos no agrícolas. Reducir y eliminar los aranceles, incluidas las crestas arancelarias, los aranceles elevados y la progresividad arancelaria, así como los obstáculos no arancelarios; Normas. Aclarar y mejorar las reglas relativas a las medidas antidumping, las subvenciones, las medidas compensatorias y los acuerdos comerciales regionales; Facilitación del comercio. Aclarar y mejorar las normas para agilizar el movimiento, el despacho de aduana y la puesta en circulación de mercancías y a potenciar la asistencia técnica y el apoyo a la creación de capacidad, teniendo en cuenta el trato especial y diferenciado; Comercio y medio ambiente. Aclarar la relación entre las normas de la OMC y las obligaciones comerciales establecidas en los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente y a reducir o, según proceda, eliminar los obstáculos arancelarios y no arancelarios a los bienes y servicios ambientales; Trato especial y diferenciado. Examen de todas las disposiciones sobre trato especial y diferenciado con miras a reforzarlas y hacerlas más precisas, eficaces y operativas.

4 Ver Rosas, María Cristina, “La ronda de Doha: Alcances y límites”, en La OMC y la Ronda de Doha: ¿proteccionismo vs desarrollo?, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), México, 2003, pp. 33-57.

5 Este apartado se fundamenta en la ponencia del representante del ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil en la conferencia internacional: “Retos de la gobernabilidad global. Entre el desacuerdo y la gobernabilidad. El Futuro del la OMC”, convocada por el German Institute for International and Security Affairs y la Friedrich Ebert Stiftung, Berlín, Alemania, entre el 8 y el 11 de marzo de 2006.

6 El Universal, 12 de septiembre de 2003, México.

7 Ben Turok, “WTO. A toy telephone”; Rahul Sen, “Trade policy in South East Asia. FTAs leading the way?”; Heribert Dieter, “Economic disadvantages of parallel regulation spheres”. Ponencias presentadas a la conferencia internacional: “Retos de la gobernabilidad global. Entre el desacuerdo y la gobernabilidad. El Futuro del la OMC”.

8 Este fue uno de los temas centrales de la conferencia internacional antes citada.

9 Oxfam Internacional, “EE.UU. por buscar la inmunidad en la OMC”, 14 de diciembre de 2005.

10 Ibid.

11 EL GATS es fundamentalmente un acuerdo de inversión. Sus disposiciones son complejas, de gran alcance, y establecen un marco regulador que limita las políticas nacionales que son importantes para el desarrollo económico y para garantizar el acceso universal a los servicios básicos. Por ejemplo, los compromisos del AGCS pueden restringir la capacidad de los gobiernos para regular y estatizar empresas de servicios públicos, si la privatización crea problemas, e impedir la consecución de objetivos sociales, como el acceso universal a estos servicios. Con los tres Temas de Singapur fuera de la Agenda de Doha (inversión, compras gubernamentales y competencia), el GATS representa una vía alternativa para los países desarrollados para conseguir algunas nuevas reglas sobre la inversión dentro del marco de servicios. El interés principal de los países desarrollados en las negociaciones de servicios son los compromisos sustanciales que garanticen el derecho de corporaciones multinacionales de establecer una presencia comercial en otro país (estableciendo un nuevo negocio o comprando uno ya existente).

12 Oxfam Internacional, o. c..

13 Oxfam Canada, “Unprecedented show of solidarity by developing countries at trade talks”, 16 de diciembre de 2005.

14 Oxfam Internacional, “Texto de la OMC traiciona las promesas de desarrollo”, 18 de diciembre de 2005.

15 Este apartado fue elaborado con fundamento en la declaración sobre el fracaso de las negociaciones de la Ronda Doha de la OMC elaborado por Oxfam el 26 de julio de 2006 (www.oxfam.org).

16 “Fracasan negociaciones de la Ronda de Doha”. El Financiero, México, 25 de julio de 2006, p. 10 (nota de AP, AFP, Reuters e Ivette Saldaña).