Empleo, ingreso, migración y crecimiento en la administración de Fox: el camino de la pobreza y de la profundización de la desigualdad social Gregorio Vidal* Democracia y economía Desde la segunda semana de julio se intensificó la campaña de publicidad en radio y televisión de la administración Fox. Los comerciales se refieren, entre otros temas, a las nuevas oportunidades creadas por las becas del gobierno para jóvenes que estudian, los créditos para la compra de vivienda, los resultados en atención de la salud por el IMSS, los beneficios del seguro popular, la atención a los adultos mayores. Es común escuchar en la radio la plática en familia sobre las opciones que crean las becas del programa Oportunidades o los créditos para adquirir vivienda. Es una campaña sobre las mejores condiciones económicas creadas en la actual administración para el común de los mexicanos. Son anuncios en los cuales se afirma que se han tomado medidas para hacer posible la educación, la salud y la vivienda para muchos, incluso, para los que en el pasado no tenían oportunidades. Es una autoevaluación positiva del gobierno de Fox. El método para convencer es la publicidad financiada con recursos públicos. Esta propaganda no agrega ningún elemento positivo a las condiciones de vida de la población. Pero también implica un uso discrecional, sin considerar criterios de beneficio público, de los tiempos del Estado en los medios de comunicación. El tema de la propaganda para influir en la ciudadanía es particular-mente delicado en sociedades con una breve experiencia democrática. En el año 2005, considerando el uso de tiempos fiscales, Fox monopolizó 12 mil horas en radio y 4 mil 669 en televisión (Reforma, 20 de noviembre). En 2006, sin existir explicación alguna ni actividades particulares que expliquen un incremento, el tiempo consumido para la propaganda es mucho mayor. En los primeros 9 meses del año utilizó 31 mil 151 horas en radio y 5 mil 600 en TV (Reforma, 20 de noviembre). En el periodo enero-septiembre de 2006, el programa más promocionado, considerando el gasto en la producción de los comerciales, fue Oportunidades, seguido por el Fondo Nacional de Habitación Popular. La idea es convencer por medio de los comerciales que la situación de muchas familias ha mejorado por estos programas, independientemente del resultado que hayan alcanzado, pero también se insiste que todo esto es posible por efecto de la democracia. Es el avance en esta materia lo que se presenta como el mayor logro. El uso de los tiempos fiscales es un tema que debe discutirse y reglamentarse. La publicidad del gobierno debe también estar sujeta a reglas; sin embargo, para los propósitos de este texto hay dos temas relevantes producto de esa campaña publicitaria: a) existe relación entre las condiciones de vida de la población, su mejora y el establecimiento de medidas o políticas por el gobierno para propiciar este avance y la democracia y b) los comerciales se corresponden con la situación que viven muchas familias, informan sobre los avances en materia de disminución de la pobreza y la desigualdad social. Democracia y economía están vinculadas. Me parece que es correcto sostener que la democracia tiene también un contenido económico. La democracia en México, como sucede en el resto de occidente, no excluye a ningún grupo social. No es la democracia de los ciudadanos que deliberan en la plaza pública y toman decisiones sobre los asuntos que les conciernen, mientras los esclavos no cuentan. Desde la época de Atenas hasta el presente, el mundo de los gobernados se ha modificado, incluye a los no propietarios, a los desposeídos o los que no tienen más propiedad que su fuerza de trabajo, a los que laboran la tierra en pequeñas propiedades. No excluye a grupo humano por su sexo, condición socioeconómica o ideas. Por ello, no es posible que el Estado se dedique a proteger exclusivamente los derechos de los propietarios y mucho menos que la democracia se valore únicamente por la protección de la propiedad privada. Los gobernados incluyen a los muchos y los derechos de todos ellos deben ser considerados para sostener que hay democracia. Los de abajo, los trabajadores, las mujeres y hombres del campo, los jóvenes de los barrios populares, los que para vivir buscan empleo, todos ellos demandan que se incluyan en las tareas de gobierno sus intereses: “la protección contra la desocupación y, progresivamente, seguridad social contra las enfermedades, contra la vejez, previsión en favor de la maternidad, vivienda barata, etcétera. De esta manera se ha construido el Estado benefactor, el Estado social, que son sólo un dato de los contenidos económicos de la democracia. El establecimiento y el mantenimiento del Estado benefactor ha sido y es, guste o no guste, la respuesta a una demanda proveniente de abajo, a una petición, en el sentido pleno de la palabra, democrática”(Bobbio, 1986: 28). En México, el poder en público, es decir, el poder democráticamente constituido, debe actuar considerando estas demandas. Los objetivos de la política económica no se agotan controlando la inflación o propiciando un pobre crecimiento económico para así garantizar el pago de la deuda pública y cuantiosos beneficios para un reducido grupo de rentistas. El problema en México es que no se establece un patrón de reproducción de la economía que efectivamente permita reducir aceleradamente la pobreza, disminuir la desigualdad social y geográfica y multiplicar los empleos formales permanentes. El argumento de la reducción del Estado no es válido. Muchos hechos lo refutan, tan solo el peso del gasto público en la economía. Hoy, como hace algunos años y como será en los años siguientes el gasto neto del sector público presupuestario equivale al 23.3 por ciento del PIB. Durante el gobierno de Fox existió una ligera tendencia al aumento. En el año 2001 fue de 22.6 por ciento (Banco de México, 2006:149). Con esta dimensión es claro que el gasto público orienta el funcionamiento general de la economía. Cuando se gasta más en pago de intereses de la deuda pública que en inversión para infraestructura se dan señales sobre el tipo de economía que se esta propiciando. En México, lo característico es una estabilidad macroeconómica con tendencia al estancamiento. En la 82 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y siendo la primera vez en la historia de México que un presidente asiste a esa reunión, Fox sostuvo que el país se había enfilado hacia una democracia moderna, plena; sin embargo, entre los datos de esa democracia moderna no están las mejoras económicas para la mayoría de la población, producto de las medidas de política económica que su gobierno ejecutó. El PIB por habitante decreció 1.5 por ciento en 2001; 0.7 por ciento en 2002; en 2003 no creció; y, en 2004 y 2005 tuvo los raquíticos incrementos de 2.7 y 1.6 por ciento, respectivamente (CEPAL, 2006: 339). En un país caracterizado por la profunda desigualdad –como se expone líneas adelante– este comportamiento del PIB no permite considerar que las necesidades sociales de la mayoría de la población están siendo atendidas. Por ello, los intereses y derechos de los muchos no han sido parte de las tareas de gobierno, por lo que no es posible sostener que estemos enfilados hacia una democracia moderna, plena. Incapacidad para crear empleos permanentes Desde diciembre de 2000 hasta marzo de 2006 no se registra un aumento neto en el número de trabajadores permanentes asegurados en el IMSS. Los trabajadores permanentes asegurados en el IMSS a final de noviembre de 2000 son 11 millones 166 mil 619. El IMSS registra a todos los trabajadores contratados por el sector privado que se puede presumir cuentan con los elementos mínimos de seguridad social. En diciembre de 2000, los trabajadores que tenían esta condición son menos que el mes anterior; en los meses siguientes la cifra disminuye o en su caso es inferior al número alcanzado al inicio de la administración que concluye el 30 de noviembre de 2006. En enero de 2002 había, según los reportes del IMSS, 10 millones 607 mil 245 trabajadores permanentes, una reducción de más de medio millón en el número de trabajadores permanentes. Al final del tercer mes de 2006 los trabajadores permanentes suman 11 millones 140 mil 763, lo que implica 25 mil 856 menos empleos permanentes que al inicio del sexenio de Fox. Por tanto, el aumento se produce en los últimos ocho meses de esta administración. Con cifras al mes de septiembre, los empleos formales permanentes creados durante toda la administración de Fox apenas suman algo más de 250 mil. El total de trabajadores permanentes registrados en el IMSS son 11 millones 421 mil 480, es una cifra menor para un país en el que la población económicamente activa (PEA), según cifras de INEGI, es superior a 44 millones de personas. Estos trabajadores representan el 25.7 por ciento de la PEA. El incremento del número de empleos se produce cuando la economía alcanza el mayor crecimiento de los últimos seis años. Las estimaciones para el año siguiente revelan que es posible que el producto no crezca al mismo ritmo que en 2006, por lo que no existen razones para suponer que, considerando el mismo patrón de reproducción, los empleos formales permanentes pueden seguir creciendo. Si el crecimiento sigue dependiendo de las exportaciones manufactureras, cuyo destino principal es Estados Unidos, no es posible considerar que tendrán un crecimiento de una magnitud que permita crear un número importante de nuevos empleos. Por el contrario, cualquier contracción en el ritmo de aumento de las exportaciones manufactureras puede implicar una reducción en este tipo de empleo. La economía mexicana tiene un patrón de reproducción en el que la PEA tiene un incremento mayor a la creación de empleos formales. Al final de 2000, la PEA es de 40 millones 161 mil 543, para septiembre de 2006 es de 44 millones 388 mil 913 personas, un incremento de mas de 4 millones. Los 250 mil empleos formales permanentes creados es una cifra notoriamente insuficiente. Mayores jornadas de trabajo y crecimiento de la informalidad Para muchos trabajadores, aún cuando mantengan su trabajo formal permanente, las condiciones laborales no necesariamente han mejorado. Un tema son los aumentos en los salarios, pero otro es la duración de la jornada de trabajo. En este último terreno hay dos cambios notables que dan cuenta del avance de la desigualdad y de una estructura productiva cada vez más heterogénea. Por horas de trabajo, los grupos que tienen mayores cambios durante el sexenio de Fox son los que trabajan de 16 a 34 horas y los que laboran más de 48 horas. Con información proporcionada en el sexto informe de gobierno de Fox, se tiene que, en el primer caso, hay un incremento de más de un millón de trabajadores desde finales del año 2000 hasta el segundo trimestre de 2006. En total, para esa fecha hay 4 millones 615 mil personas que trabajan entre 16 y 34 horas. En el otro extremo, los trabajadores con jornadas semanales de más de 48 horas eran, al final de 2001, 4 millones 810 mil, mientras al término del segundo trimestre de 2006 son 7 millones 534 mil, un aumento de 2 millones 724 mil trabajadores. Los que trabajan entre 35 y 48 horas se han reducido en número. En 2000, representan el 59.2 por ciento del total y en 2006 el 48.4 por ciento (Fox, 2006: 242). Los trabajadores con prestaciones sociales al final del segundo trimestre de 2006 suman algo más de 16 millones. Dado que las jornadas deben ser de por lo menos 40 horas a la semana, es posible considerar que la inmensa mayoría de los que trabajan más de cuarenta y ocho horas tienen prestaciones. Ello significa que alrededor del 46 por ciento de las personas que laboran con prestaciones tienen jornadas de más de ocho horas diarias por 6 días a la semana. Además, en el grupo de personas que laboran entre 34 y 48 horas, constituido por 13 millones 300 personas, si tan solo la mitad trabaja más de cuarenta horas y un porcentaje importante cubre los seis días con ocho horas diarias, el resultado es que otro 40 por ciento de los asalariados con prestaciones debe también trabajar más de las 40 horas semanales. En resumen, lo increíble es tener una jornada de trabajo de cuarenta horas a la semana y contar con prestaciones. Es posible que está sea la situación de tan sólo 2 o 2.5 millones de trabajadores. La excepción en el mundo del trabajo es laborar el tiempo reconocido como normal y con prestaciones. Por ello, no es extraño que exista un crecimiento de los trabajadores eventuales. Según los registros del IMSS, al finalizar el año 2000, había registrados en esa institución 1 millón 706 mil 060 trabajadores eventuales. En septiembre de 2006 eran 2 millones 582 mil 327 trabajadores. Tan solo en el año que va de septiembre de 2005 a septiembre de 2006 hay un incremento de algo más de medio millón. Los empleos creados en el sector privado con seguridad social son en su inmensa mayoría eventuales. Ante un cambio en la dinámica económica, sin duda, desaparecerán. Con datos del sexto informe de gobierno, los asalariados sin prestaciones son 9 millones 641 mil a final de 2000. Al final del segundo trimestre de 2006 suman 11 millones 295 mil. En 2000 representan el 38.9 por ciento, de los asalariados y en 2006 el 41.1 por ciento. Entre los trabajadores con prestaciones que laboran en el sector privado crecen los eventuales y en el total de los asalariados aumenta el peso de los que no tienen prestaciones. Hay de múltiples formas un avance de la informalidad. En conclusión, el crecimiento económico de años recientes se acompaña del aumento de trabajadores que laboran en condiciones de informalidad, en actividades con una baja o muy baja productividad. La proliferación de pequeños establecimientos comerciales, de talleres y locales de servicios con dos o tres empleados, de gran cantidad de puestos de ambulantes, de vendedores por comisión y muchas otras actividades con elementos técnicos mínimos es una de las características del patrón de reproducción de la economía que se ha reforzado durante el gobierno de Fox. Las cualidades y calificaciones que demandan estas actividades a los trabajadores son mínimas y ellos mismos pierden capacidades al estar ocupados de esta manera. Por otra parte, involucrando a un reducido grupo de asalariados se implantan unas pocas grandes empresas. Varias de ellas, como sucede en la industria automotriz, producen para el exterior. Se concentran en algunas zonas del país y su relación con el resto de la economía es limitada, cuando no se reduce a salarios y consumo de empaques y energéticos. En conjunto, expresan la forma en que avanza la concentración económica en la producción y la heterogeneidad social (Vidal, 2006). Al funcionar de esta manera la economía, junto al crecimiento de la informalidad hay una tendencia a excluir a la mayoría de la población de los beneficios de la acumulación y del progreso técnico. Este es otro de los indicadores de la profundización de la heterogeneidad social (Furtado, 1984). La tecnología no se difunde en el conjunto del tejido social y, por tanto, no se produce un incremento notable en el nivel de productividad de la economía. Por ello, no sorprende que concentración del ingreso y la profundización de la heterogeneidad social constituyan datos de una tendencia al estancamiento económico. La emigración no se detiene y la pobreza permanece La emigración de años recientes de una parte importante de mexicanos, principalmente hacia Estados Unidos, tiene su origen en causas económicas. Es para muchos un exilio económico que, como todos los exilios, no es una decisión voluntaria. Es un dato más de la situación de pobreza y desigualdad que caracteriza al país. Según el INEGI, durante los años 2000 a 2005, el saldo neto de la migración por año fue de 575 mil personas. La cifra resulta de considerar al total de los emigrados menos aquellos que regresaron o inmigraron al país. La tendencia observada durante el quinquenio es un incremento de la emigración al exterior. En 2000, se estimó una emigración neta de 572 mil personas, mientras en 2005 fue de 581 mil. Es un proceso que está modificando severamente la composición demográfica y, con ello, muchos otros aspectos de la situación social, económica y cultural del país. La emigración neta durante este periodo equivale al 49.6 por ciento del crecimiento total de la población. Resulta característico que los estados de la república con un escaso aumento o con una disminución de la población en los últimos años tengan muchos emigrados a Estados Unidos, son los casos de Michoacán, Zacatecas, Guerrero, Oaxaca, Durango, Morelos y Veracruz; entre los emigrantes hay población rural, lo mismo que urbana y gran parte son jóvenes, pero no exclusivamente hombres. Si en 2006 el saldo neto de la migración internacional es el mismo del año 2005, el resultado durante el sexenio de Fox será de 3 millones 456 mil personas. Como se destacó líneas antes, los emigrados son más, dado el retorno de algunos, una vez que han dejado sus mejores años de trabajo allende el Bravo. Suponiendo que por cada diez que emigran uno regresa, los que han salido del país durante la actual administración suman, al menos, 3 millones 900 mil personas. La dimensión del proceso y su tendencia creciente son un dato contundente al momento de emitir una evaluación sobre el desempeño de la economía en el actual gobierno. La economía de México funciona expulsando a una parte importante de su población y con una casi absoluta incapacidad para crear empleo permanente. Por cada empleo permanente creado desde el inicio del gobierno de Fox y hasta dos meses antes de su término emigraron del país 16 mexicanas o mexicanos. En el año siguiente, los empleos permanentes pueden disminuir, sin embargo los emigrados aumentaran aún cuando se construyan murallas. Muchos de esos mexicanos y mexicanas envían recursos a sus familias. Sin las remesas que reciben una gran cantidad de hogares la situación de pobreza sería más extrema para muchos. En cada año de la administración de Fox las remesas aumentaron, según las estimaciones más recientes, en 2006 México será el país del mundo que recibe más remesas por encima de India. En este año, como sucedió en 2005, la cifra será superior a los 20 mil millones de dólares. En el periodo enero-septiembre, los ingresos por remesas sumaron 17 mil 443 millones de dólares, para un aumento de 18.5 por ciento con relación a la cifra correspondiente al mismo periodo de 2005, cuando los ingresos por remesas familiares fueron superiores al saldo positivo que tuvo la balanza comercial de productos petroleros, como también al flujo de inversión extranjera directa (IED). El aumento en el número de envíos puede deberse en parte al creciente dominio de las transacciones electrónicas y su uso creciente como medio para mandar dinero a México; no obstante, hay un aumento notable que sólo se explica por el mayor número de mexicanos y mexicanas que laboran en Estados Unidos. En el año 1995 se tienen registradas 11.2 millones de transacciones; en 2002, se realizan 29.9 millones de operaciones; en 2005, casi se duplica la cifra del año 2002, consignándose 58.7 millones de operaciones; hasta agosto del año 2006, la cantidad acumulada es de 44 millones de transacciones. Por el contrario, el monto promedio de cada una de las operaciones de transferencia de remesas no aumenta. En 2006, como fue un año antes o en el año 2000 en promedio cada transferencia es de 352 dólares. El impacto de las remesas es diverso, representan una entrada de divisas al país que no tiene, como contraparte, salida alguna. Por su monto, son un elemento notable en el logro de una balanza de pagos positiva para el país. En el año 2005, sin considerar los ingresos por remesas, el déficit de la cuenta corriente aumenta de 5 mil 700 millones de dólares a 26 mil 248 millones. La balanza en su conjunto no tendría un saldo positivo dado que la cuenta de capital arroja un superávit de 13 mil 826 millones de dólares. Con otras cifras, esto mismo sucede en todos los otros años de la administración Fox, salvo en 2002 cuando hay un pequeño superávit de mil millones de dólares. En resumen, sin las remesas existiría una acumulación de un déficit tras otro en las cuentas económicas con el exterior. Los otros componentes de la balanza no alcanzan resultados positivos ni aún con los elevados precios internacionales del petróleo o con los cuantiosos ingresos de IED. La IED demanda salida de divisas por concepto de remisión de utilidades, pago de patentes y marcas y el servicio de los créditos entre compañías, pero también, hay otros impactos macroeconómicos notables. Uno de ellos, puede establecerse a partir de la información contenida en las encuestas nacionales de ingreso-gasto de los hogares (ENIGH). En el año 2000 recibían ingresos de otros países un millón 257 mil 606 hogares. En 2005, el número de hogares aumentó a un millón 531 mil 858; un incrementó superior al cuarto de millón de hogares que se concentra en los hogares de menores ingresos. Para gran parte de los hogares que reciben remesas, es un ingreso importante en el presupuesto total con que cuenta la familia. Las cifras de INEGI no dejan dudas al respecto. El 60 por ciento de los hogares vive con un ingreso promedio diario que va de uno a cinco y medio salarios mínimos. En ese grupo de hogares, los que reciben remesas suman más de un millón cien mil. Para estos hogares las remesas son entre el 38.1 y el 44.8 por ciento de sus ingresos. En 2000 las cifras son menores en todos los casos, con excepción del primer decil. En el 40 por ciento de los hogares restantes, algunos también cuentan con ingresos del exterior, pero en estos casos disminuye el peso de estos recursos, además de que el número de hogares también es menor. Es en los hogares con menores recursos en los que aumenta el peso de los ingresos que provienen del exterior. La situación no se modifica con el crecimiento de la economía en años recientes y tampoco con la ejecución de diversos programas asistenciales por parte del gobierno. Las condiciones de vida de estos hogares están firmemente vinculadas al destino de sus familiares en el norte; sin duda, más de un millón de familias vivirían en situación de pobreza y de pobreza extrema de no contar con los recursos que les envían sus familiares desde Estados Unidos. Cualquier reducción de la pobreza no puede explicarse sin atender a este hecho. La información de la ENIGH (2006) revela que en el año 2005 hay nuevamente un ligero incremento de la pobreza, debido a la mayor pobreza en el campo y a la no reducción de la pobreza urbana. Los programas gubernamentales no logran modificar esta situación. Más grave es que la pobreza no pueda reducirse cuando la economía esta creciendo. Antes se destacó que la economía es incapaz de generar una cantidad significativa de empleos formales en condiciones de crecimiento. Debe también agregarse que crecimiento y reducción de la pobreza no fue una ecuación presente durante la administración Fox. Mientras no se produzcan cambios en la conducción macroeconómica y se realice otra política económica, la situación no se modificara. La desigualdad social es creciente En 2005, con información de la ENIGH (2006), el 30 por ciento de los hogares, con percepciones superiores a los 8 salarios mínimos, concentra el 64 por ciento del ingreso, mientras en el otro extremo, el 37 por ciento de los hogares, que recibe hasta 4 salarios mínimos, obtiene el 12.1 por ciento del ingreso. Además de mantenerse la pobreza, la desigualdad económica y social está presente y, como se expone en las siguientes líneas, no ha disminuido a partir del crecimiento de la economía. En 2005, el 10 por ciento de los hogares con mayores recursos tuvo el 36.5 por ciento del ingreso. Tres años antes, en 2002 el grupo equivalente percibió el 35.6 por ciento del ingreso total. Una ligera variación, pero en el sentido de mayor concentración de la riqueza. El coeficiente de Gini, que es un indicador para medir la concentración del ingreso, es de 0.458, en 2005, y 0.453, en 2002. El pequeño aumento entre esos años expresa una mayor concentración del ingreso, aunque comparando con el año 2000 se advierte una ligera disminución, aún cuando el punto de menor concentración del ingreso se observó en 2002. En 2004, hay un leve aumento en el coeficiente de Gini, como sucede nuevamente en 2005. El crecimiento de la economía no propicia una mejor distribución del ingreso, no obstante que se mantienen los programas asistenciales que buscan reducir las expresiones más graves de la pobreza extrema. Otros datos de las encuestas de ingreso-gasto de los hogares confirman esta relación negativa entre ingreso y crecimiento de la economía: considerando el ingreso por persona, el 10 por ciento que se encuentra en la cúspide de la pirámide concentra, en 2005, el 42 por ciento del ingreso, mientras en 2002 alcanzaba el 40.7 por ciento. Por el contrario, el 50 por ciento de las personas recibe en 2005 el 16.8 por ciento del ingreso, mientras que tres años antes obtuvo el 17 por ciento. Nuevamente, el coeficiente de Gini aumenta. La mejora es al comparar con el año 2000. Dicho en otras palabras: después de superada la recesión de la economía con que inició la administración de Fox, el crecimiento económico, su continuidad y, aun, su aumento no son un medio para disminuir la concentración del ingreso. El hecho plantea un serio problema, dado que las propuestas en materia de política económica que se mantendrán en los años siguientes, así como la dinámica de la economía, no permiten observar cambios importantes. En los hogares que tienen ingresos hasta por cuatro salarios mínimos, que suman 9 millones 675 mil habitantes de los 25 millones 710 mil que reporta INEGI, el ingreso por persona al mes es en promedio de 864 pesos. Ello implica que en esos hogares cada miembro debe vivir con ingresos que en promedio equivalen el 63.7 por ciento de un salario mínimo. En esos hogares, hay un grupo de 750 mil que cuenta con recursos del extranjero que representan el 41 por ciento de su ingreso total. Sin esos recursos no tendrían condiciones de vida Por el contrario, en la punta de la pirámide, en el 10 por ciento de los hogares con mayor ingreso en el país cada uno de sus miembros tiene ingresos que equivalen a 7.5 salarios mínimos. En ese conjunto de hogares hay un reducido grupo con ingresos muy superiores al promedio que se destaca. Con datos menos agregados se apreciaría con mayor fuerza la magnitud de la desigualdad económica y social que caracteriza al actual modelo económico. Como se analizó desde hace decenios, la elevada concentración del ingreso es un hecho que vulnera la capacidad de crecimiento de la economía (Martínez, 1960). La concentración del ingreso se acompaña de un patrón de consumo por parte de un reducido grupo de la población que imita al realizado en los países desarrollados pero que no se corresponde con las condiciones de producción medias que hay en la economía del país (Furtado, 1999). Estos consumos reclaman importaciones que sumadas a las que realizan las empresas que encabezan al sector exportador desarticulan aún más las relaciones entre ramas productivas en México. La proliferación de establecimientos en condiciones técnicas elementales es un complemento del proceso y todo en conjunto da cuenta de una profundización de la heterogeneidad social. Las empresas que explican el aumento de las exportaciones manufactureras son mayoritariamente extranjeras. En el caso de la industria automotriz, las firmas del país son contadas y están en el segmento de autopartes. En la fabricación de equipo y aparatos eléctricos y electrónicos, y en equipo y aparatos para industrias diversas la casi totalidad es maquila. Lo dominante en todos estos sectores son las exportaciones con un alto contenido importado. El espacio del crédito está dominado por empresas extranjeras. En otras actividades hay firmas extranjeras, muchas de las cuales operan en el país a partir de la compra de activos o de una asociación dominante con capitales del país. El avance de las inversiones extranjeras no se corresponde con un proceso semejante de internacionalización de capitales con origen en México. Lo que si aumenta son los grandes inversionistas que son socios de las firmas extranjeras o los que viven de colocaciones financieras (Vidal, 2002); es el mundo de las grandes rentas, incluso de los que manejan sus empresas con criterios de rentistas. Ellos son una expresión de la forma específica que hay en México de la concentración económica; son la otra cara de la moneda de la desigualdad social que crece y la pobreza que permanece. Bibliografía Banco de México (2006), Informe Anual 2005, México. Bobbio, N. (1986), El futuro de la democracia, Fondo
de Cultura Económica, México. CEPAL (2006), Estudio económico de América Latina y el Caribe
2005-2006, Comisión Económica para América Latina, Santiago de Chile. Fox, V. (2006), Sexto Informe de Gobierno, Anexo Estadístico,
Presidencia de la República, México (www.presidencia.gob.mx). Furtado, C. (1984), Cultura e desenvolvimento em época de
crise, Paz e Terra, Rio de Janeiro. Furtado, C. (1999), Teoría y política del desarrollo económico,
Siglo XXI editores, México. INEGI (2006), Encuesta nacional de ingreso gasto de los
hogares 2000-2005, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informática, México. Martínez, I. (1960), La distribución del ingreso y el desarrollo
económico de México, Instituto de Investigaciones Económicas, Escuela
Nacional de Economía, UNAM, México. Vidal, G. (2002), Grandes empresas, economía y poder en
México, Plaza y Valdés, México. Vidal, G (2006), “Heterodoxia
y desarrollo: Elementos para construir una alternativa al subdesarrollo
en tiempos de globalización”, en Girón, A. (coordinadora), Confrontaciones
monetarias: Marxistas y post-keynesianos en América Latina, CLACSO,
Buenos Aires. * Profesor-investigador del Área de Economía Política de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México (gregorio_vidal@yahoo.com.mx). |