La Convención,
Andrés Manuel y sus claves Gabriel Mario Santos Villarreal* Leyendo la Convención Nacional Democrática Con lo que Jesusa
Rodríguez, dueña y maestra del micrófono, llamó bautizo de la Convención
Nacional Democrática y otros nombramos la Venganza de Tláloc, inició una
tremenda tormenta. En 45 minutos vació las cargadas nubes sabatinas que
engañosamente tapaban el sol y refrescaban todo el centro de la Ciudad
de México, pletórico de ríos humanos provenientes de todo el país. Si,
bien, la lluvia descompuso un rato las magníficas bocinas de la Asamblea
Informativa Permanente de la Coalición por el Bien de Todos y retrasó
casi una hora el inicio del acto convocado, también templó los ánimos
para dar inicio a la nueva etapa de la lucha por la democracia y la renovación
profunda de las instituciones públicas. No se trataba de una Convención clásica ni estábamos
en un local cerrado ni éramos 2 o 3 mil convencionistas ni hubo debate.
Estábamos al aire libre alrededor de un millón de personas y despachamos
el orden del día en sólo dos horas y media, votando a mano alzada y ratificando
el compromiso de las masas democráticas con su dirigente y presidente
legítimo. Hay muchas maneras y cosas qué leer de la Convención.
Yo intentaré transmitir la lectura que hice no tanto de los discursos
y textos que ahí escuchamos, sino el mensaje que el gran hecho de la Convención
nos transmitía como si fuera un discurso, mientras transcurrían los pequeños
hechos que, llenos de simbolismos, la aderezaron. Lo que nos decía era que el principal, primer y único
mensaje fue la realización misma de la Convención. En un solo hecho se
condensaron la ratificación de esta forma de lucha, la movilización social
pacífica y la cohesión y fuerza de millones de mexicanos que, más allá
de su dirigente pero con él, venían a ratificar su disposición y compromiso
en la lucha por la democracia: mostraban que ya somos millones los galvanizados
que no se tragan el mensaje de los medios de comunicación y de los conservadores
que nos quieren convencer de que la derecha ganó la presidencia y, menos
aún, que eso es bueno para México. No es la lucha de un candidato solitario,
sino la lucha de un pueblo que se niega a seguir domesticado, que se decide
no sólo a elegir a sus representantes, sino también a participar y a defender
su derecho. Todo ello en el preciso día de la independencia nacional,
horas después de que medio millón de mexicanos celebramos la independencia
en un Zócalo sin Fox y sin ningún conflicto con el ejército mexicano que
acababa de desfilar un poco más temprano. Nuestro diferendo nunca ha sido
con unas fuerzas armadas dedicadas a servir a México, sino con los que
pretenden burlarse de los mexicanos y malbaratar como en remate de saldos
y fin de temporada nuestro petróleo, energía eléctrica, agua y otros recursos
naturales, junto con la economía y la libertad. A las 17 horas en punto salió a escena Dante Delgado,
fundador de Convergencia y ahora senador de la república, y nos hizo saber
que él había sido nombrado maestro de ceremonias y presidente de la Convención
ahí reunida. Se aniquilaron con su sola presencia los rumores de que Convergencia
se salía de la Coalición, reconocía a Felipe Calderón como presidente
y se alineaba con el PAN y el PRI. Apareció también el intérprete para
sordos (para los de capacidades diferentes también son los mensajes). Ya enrumbados en la lucha de símbolos, Elena Poniatowska,
cuatro minutos después de iniciar su discurso, a las 17:09, lanza su respuesta
a la carta que Cuauhtémoc Cárdenas le mandó y publicó el periódico La
Jornada (15 de septiembre de 2006) criticando la estrategia y la propuesta
de Andrés Manuel y la Coalición por el Bien de Todos: “me honró al escribirme
una carta que agradezco, porque oír al otro engrandece y contribuye al
diálogo, pero sigo pensando que la elección fue injusta y fraudulenta
y que hacemos bien el defender nuestra dignidad”. La sola mención del
nombre de Cuauhtémoc desató un griterío de repudio y reclamo por haberse
mantenido al margen de la campaña de la coalición y deslindado de los
que convertimos el 16 de septiembre en la celebración de nuestra conciencia.
De esta manera, quedó claro que lo nodal, lo fundamental en la lucha de
la izquierda en México y, en estos días, lo fundamental más allá de deficiencias
o ausencias de claridad o contundencia programática, más allá de malos
modos o menosprecios, es la lucha contra el fraude electoral y por la
defensa de nuestra dignidad. Sólo así podremos revertir, ahora o más adelante,
la gran ofensa que nos ha hecho la derecha. Rápidamente, Rafael Hernández Estrada nos lee un apretadísimo
informe de los preparativos de la Convención: los más de un millón setecientos
mil delegados, las ponencias ya colocadas en la página electrónica de
la Convención y sus ideas más relevantes, para dar paso a los discursos
de los dirigentes de los tres partidos de la coalición. Leonel Cota, por
el PRD, Alberto Anaya, del PT y Pedro Miguel, de Convergencia, proclaman
que el Frente Amplio Progresista, acordado recién el 14 de septiembre,
se compromete a actuar de manera coordinada con la Convención y en apoyo
a sus acuerdos. Este frente, conformado por los tres partidos mencionados
y sus grupos parlamentarios federales y locales, ayuntamientos y gobiernos
de los estados y al que también serán convocados representantes de organizaciones
campesinas y obreras, de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales,
académicos, analistas e investigadores, actuará “para articular a todos
los ciudadanos y organizaciones políticas y sociales que se expresaron
durante la campaña, así como para recibir nuevas adhesiones, enfrentar
al bloque conservador, al brazo político de la minoría rapaz que tanto
daño ha causado a nuestro país y a un bloque de fuerzas derechistas, a
partir de la alianza abierta y descarada entre el PAN y las cúpulas del
PRI” (AMLO, 16 de septiembre de 2006). Este frente nace “como frente de
coincidencias para abanderar, en el Congreso de la Unión, la plataforma
y el programa de gobierno de la coalición; definir las bases para llevar
adelante la construcción de coaliciones regionales” (Dante Delgado Ranauro,
14 de septiembre de 2006). Esto significa que tendrá dos vertientes de
actuación pública: la de participación coaligada en las elecciones locales
por venir y la de unión de esfuerzos legislativos y de gobierno. De esta
manera, será la vía institucional “por la restauración de la república
democrática y la recuperación del orden constitucional” (Jesús Ortega
Martínez, 14 de septiembre de 2006). Enseguida se presentaron cinco ponencias programáticas
en las que se expusieron conocidos planteamientos de la izquierda y que
el propio Andrés Manuel sostuvo a lo largo de su campaña. Lo revelador
fue que habló Hermelinda Tiburcio Cayetano con un discurso bilingüe, en
maya y en español, manifestando que en la Convención participan muy numerosos
e importantes pueblos, movimientos, organizaciones y grupos indígenas
y que ésta respalda totalmente el cumplimiento de las
Acuerdos de San Andrés. Siguió Martín Esparza del Sindicato Mexicano de
Electricistas, en representación de luchadores sociales, de obreros y
campesinos del movimiento por un proyecto de nación alternativo, proyecto
mínimo no negociable, que anunció la incorporación de sus propuestas al
programa de la Convención. Después, la perredista Malú Micher, en su momento
miembro de la comisión legislativa investigadora de los negocios ilícitos
de los señores Bibriesca, hijos de Marta Sahagún, planteó la lucha contra
la corrupción. Como penúltimo orador nos dirigió la palabra el monero
Rafael Barajas, El Fisgón, para denunciar el aislamiento a que someten
a este movimiento la mayoría de los medios de comunicación y presentar
la propuesta de un sistema democrático de comunicación social. Culminó
el maestro universitario Luis Javier Garrido quien explicó los lineamientos
de la nueva constitución y los pasos que habremos de seguir para conseguirla. No hubo discusión en la plaza. Ni antes. Eso fue una
deficiencia grave, es cierto. Pero sucede que las ponencias, aplaudidas
casi a cada párrafo, eran un condensado de las que recogen de manera general
los cientos de ponencias que, comités estatales y municipales, grupos
de académicos y estudiantes, trabajadores y obreros, dirigentes campesinos,
maestros, feministas, jóvenes, presentaron a la Convención. Los asistentes
ya habían discutido con sus familiares, amigos, compañeros, vecinos y
comités promotores los temas sobre los que se votaría. No fue ni podía
haber sido un debate parapartidario en una plaza pública; imposible con
más de un millón de personas. Tampoco podía pensarse en un diálogo académico
propio de quienes buscan la “verdad científica”, mientras estamos en el
fragor de la batalla de dos proyectos regidos por intereses contrapuestos.
Lo que hubo en el Zócalo capitalino ese día fue las celebración de más
de un millón de ciudadanos, la proclama, la ratificación el ejercicio
de cohesión política más numeroso de la historia del país. Se trataba
de dejar asentado un sentido y un propósito de lucha, de una posición
multitudinaria, humanista, social, de izquierda, por el bienestar social
y la dignidad ciudadana. Fue un primer ejercicio multitudinario de democracia
participativa. Limitado sí, pero no único ni último. Las precisiones, los detalles, los matices, la redacción
pulida quedaron fuera, pero no de manera definitiva. Se anunció que se
organizarán foros y mesas redondas a lo largo y ancho del país, para subsanar
la sana y necesaria discusión, tan propia de la tradición democrática. La falta de discusión, así como las diferencias que aparecieron
a la hora de votar las comisiones revelan que
en la izquierda aún tenemos trabajo importante para mejorar y llevar a
plenitud los métodos democráticos. Ojalá que no se nos olvide que la asignatura
democrática y su reinvento es una tarea permanente y sin final. Ojalá
que las quejas sobre la falta de discusión den a luz, al lado de las iniciativas
oficiales, las libres, populares, de grupos, sindicatos y asociaciones,
para discutir, corregir, enriquecer y pulir la propuesta y el programa
de gobierno del frente. ¡El debate sobre la nueva constitución o su reforma
parcial o paulatina y el proceso constituyente será todo un debate nacional! Por eso, el locutor Eduardo García Barrios pasó directamente
a recoger la votación de doce proyectos de resolución. El pleno de la
Convención Nacional Democrática acordó desconocer al usurpador Felipe
Calderón como presidente de la república; rechazar la república simulada
y declarar la abolición del régimen de corrupción y privilegios; acreditar
el triunfo de Andrés Manuel López Obrador con más 15/17 millones de sufragios,
en las elecciones presidenciales del 2 de julio y, en consecuencia, reconocerlo
como presidente legítimo de México; autorizarlo para que integre un gabinete,
observe un protocolo republicano y recabe fondos propios; y que tome posesión
el próximo 20 de noviembre a las 15:00 horas en la Plaza de la Constitución
de la Ciudad de México. A partir de entonces el movimiento contará con
un presidente legítimo que ganó la votación, aunque no lo reconozcan los
tribunales y la ley; con un presidente legítimo que se niega a ser constreñido
a ser considerado sólo líder de una oposición que cae en las reglas de
juego de quienes niegan el voto popular, manipulan las instituciones y
las leyes y tratan de imponer a un usurpador. Con ese título de “presidente
legítimo” algunos empezamos a decir que a Andrés Manuel ya no era el “El
peje”, sino un robalo en el agua jabonosa de la política mexicana.
Ni lo atraparon con el desafuero ni con el conteo del Instituto Federal
Electoral ni con la resolución del Tribunal Electoral ni el día del informe
presidencial ni en el festejo del grito ni con el asunto del desfile militar
ni en los hechos ni con los nombres ni con los símbolos ni con el cierre
y la manipulación informativa. De la misma forma, se votó a favor de un programa que
se enriquecerá pero que se condensa en cinco grandes puntos: -“Combatir la pobreza y la desigualdad.
Defender los derechos sociales (educación, salud y vivienda), económicos
(trabajo y salario justo), culturales (diversidad y derechos de las minorías)
y políticos de todos los mexicanos, particularmente, de los pueblos indios,
mujeres, personas con capacidades diferentes y de la tercera edad. -“Defender el patrimonio de la nación.
No se permitirá la privatización del petróleo, gas y electricidad; tampoco
de la educación pública, de la salud y de la seguridad social. Se defenderán
los recursos naturales estratégicos como el agua y los bosques, la independencia
y la soberanía de la nación. -“Haremos valer el derecho público a
la información; que los medios de comunicación, públicos y privados, garanticen
espacios a todas las expresiones sociales, culturales y políticas, brinden
información veraz y objetiva, enriquezcan la cultura de los mexicanos
y contribuyan a la democratización del país. -“Rechazamos el Estado patrimonialista
y que el gobierno siga en manos de una minoría; lucharemos contra la corrupción
y la impunidad. Castigo a quienes desde el poder cometen abusos y se enriquezcan. -“Luchar por la renovación profunda
de las instituciones.” Para la operación de todas estas tareas y propuestas
se nombraron tres comisiones: política, de resistencia civil y del Congreso
Constituyente; se decidió realizar un plebiscito para impulsar un proceso
constituyente con el propósito de que las instituciones sean efectivamente
del pueblo y para el pueblo; que la Convención, como asamblea soberana,
celebre reuniones periódicas y que la próxima se lleve a cabo el 21 de
marzo de 2007. Se aprobó un Programa de Acciones de la Resistencia Civil
que incluye seguir portando el moño tricolor, realizar protestas pacíficas
donde se presente el usurpador, no consumir productos y servicios de empresas
que hayan participado en la campaña negra de mentiras y ataques contra
el movimiento democrático. Todo ello a mano alzada. Cuatro notas sobre la votación de las comisiones: Realizar una votación
uno por uno era muy complicado. Además, no había urnas ni dispositivo
similar. A mano alzada se prestaba
a que, quizá en algunos casos, la cuantificación de votos en uno u otro
sentido, no fuera contundente, irrefutable y que algunos pensaran que
nos autocometíamos fraude. Ante votaciones más o menos parejas, el “a
mi me parece que” o el “se me hace que” complican más las cosas. En esos
casos deben implementarse métodos en los que no quepa la menor duda ni
haya espacio para la opinión cuantitativa, sino para la certeza y claridad. El riesgo de presentar
una lista no conocida o discutida previamente con cierta amplitud era
alto. Podían surgir divergencias de opinión, y surgieron varias. A muchos
no les gustó que una compañera apareciera en dos comisiones. Los gritos
y quejas en contra de que fuera incorporado a la segunda comisión Carlos
Imaz Gispert, fueron escuchados por el propio Carlos, quien unos días
después, el jueves 28 de septiembre, presentó su renuncia a formar parte
de la Comisión de Resistencia Civil para no causar ningún división o dar
motivo a que su presencia directiva diera lugar a que fuera criticada
la lucha de la Convención. Seguirá colaborando en otros ámbitos. Al ver su composición,
nueve perredistas en medio de un universo ciudadano de 22 personas, algunos
concluyeron que eso significaba una prueba más del desplazamiento de los
partidos, pero hay que recordar que la CND es ahora sólo uno de los sostenes
del movimiento, el más abierto a la población, y que la mayoría no está
en ningún partido; los otros son los tres partidos afiliados al Frente
Amplio Progresista y los que se sumen a él, así como las autoridades y
legisladores comprometidos con las resoluciones de la CND. En estos dos
últimos ámbitos predominan abrumadoramente los miembros de uno u otro
partido, sobre todo del PRD. Lo que le dio densidad a los 9 kilómetros
y 47 días de Asamblea Informativa Permanente fue la presencia de los partidos,
cada uno según su tamaño y capacidad, sin que eso niegue la rica presencia,
pluralidad, apoyo, aliento y colaboración de la ciudadanía sin partido
que le dio sentido, pluralidad y volumen. Este problema de la elección de las comisiones y de la
discusión, la tensión entre métodos democráticos y necesidades prácticas
derivadas de una asamblea gigantesca me dejó un sentimiento de molestia
y humildad. Aún nos falta. No somos perfectos y creérnoslo nos llevaría
a nunca poder ser democráticos. Necesitamos de todos y las decisiones
colectivas, aunque tarden un poco o mucho en procesarse, siempre son mejores
que las de individuos o grupos reducidos. Debemos reinventar la democracia
a diario, también para cuando es pesado y difícil ejercitarla. Después de las votaciones anteriores, no sin que antes
se advirtiera que “las resoluciones de la Convención Nacional Democrática
son de carácter voluntario, no obligatorio. No se pide incondicionalidad
a nadie. Este movimiento está integrado por ciudadanos libres y concientes”,
Andrés Manuel inició a las 18:56 su discurso en el que planteó que la
tarea es alcanzar una nueva república. Para finalizar, a las 19:25 ratificó su compromiso con
el pueblo repitiendo: “No voy a traicionarlos, no voy a traicionar al
pueblo de México... Reitero mi compromiso con ustedes, con los que nos
dieron su confianza el 2 de julio, con muchos más y, sobre todo, con los
pobres y humillados de nuestra patria”. Cuatro minutos después terminamos la Convención refrendando
nuestras decisiones reapropiándonos con nuestro canto del Himno Nacional
dirigidos por Regina Orozco. Finalizamos, así, una etapa de lucha electoral
y resistencia civil mediante la Asamblea Permanente Informativa, el megaplantón,
que se extendió desde la Fuente de Petróleos en el Paseo de la Reforma
hasta el Zócalo capitalino en la Plaza de la Constitución, centro político
de México. Iniciamos la nueva etapa, también pacífica. Se acabó
la campaña electoral, la Coalición por el Bien de Todos y la Asamblea
Permanente Informativa. En 1988, el oportunismo de algunos y el gobierno
nos deshicieron el Frente Democrático Nacional y tuvimos que crear un
nuevo partido cuyo costo en términos de vidas ascendió a más de 500. Ahora
contamos con tres instrumentos organizativos de lucha: la Convención Nacional
Democrática; el Frente Amplio Progresista que incluye a los tres partidos
de la Coalición por el Bien de Todos, así como el conjunto de gobernadores
estatales, el jefe de gobierno del Distrito Federal y los miembros de
ayuntamientos y legisladores democráticos que, desde sus instituciones
y con ellas, unirán esfuerzos para purificarlas y transformarlas y crear
una nueva república que tendrá, como objetivo superior, promover el bienestar,
la felicidad y la cultura de todos los mexicanos. Se trata de una combinación que ya se ejercitaba desde
mediados del siglo XIX cuando el sufragio universal y las elecciones mismas
se utilizaban como instrumento de propaganda, organización y acceso al
poder, al mismo tiempo que la prensa y los mítines obreros estaban prohibidos.
Esta lucha original e inédita en México es una combinación de formas,
ámbitos y estilos de lucha: de masas y parlamentaria, democrática y pacífica,
en las calles y en las instituciones oficiales, con resistencia y con
la ley en la mano, con pasión y razón, con la movilización social y la
difusión de nuestros planteamientos, ideas y argumentos abriéndose paso
en noticieros y programas de opinión. Algunas claves del liderazgo y el discurso
de Andrés Manuel López Obrador Tres claves para entender el discurso
político de AMLO se encuentran en su reflexión del 16 de septiembre: 1. “No caer en la violencia, evadir
el acoso y mantener nuestro movimiento siempre en el marco de la resistencia
civil pacífica. 2. “No transar, no vendernos, no caer
en el juego de siempre, de la compra de lealtades y conciencias disfrazadas
de negociación. 3. “Tenemos que luchar con la imaginación
y talento para romper el cerco informativo y crear mecanismos alternativos
de comunicación. Tenemos que hacer posible que la verdad se abra paso
y llegue hasta el último rincón de nuestra patria”. Estas nos explican, por ejemplo, por qué se instaló la
Asamblea Permanente Informativa, y por qué no se llevó a la multitud al
Palacio de San Lázaro el 1 de septiembre. Evadimos la represión y la masacre
preparadas, pero con talento y creatividad, con todo y las molestias que
causamos, impedimos el discurso hipócrita y falso de Vicente Fox, al tiempo
que lo obligamos a retirar sus fuerzas armadas de más de 30 colonias que
rodean la sede de los diputados federales. Pero hay otras claves más: 4. Esta lucha es por algo grande, por
la nación misma, no sólo es por las ideas y los proyectos, también es
por los símbolos y los sentimientos: “esta presidencia (la legítima) simboliza
las esperanzas, los esfuerzos y el anhelo de la justicia social del pueblo
de México... La presidencia, en una democracia genuina, es la interpretación
justa y cotidiana de los sentimientos, de los deseos del pueblo, de los
sentimientos, de los deseos de la gente y de la comunidad... Les hablo
con sentimiento y con el corazón. Es un timbre de orgullo, es un honor
representarlos” (AMLO, 16 de septiembre de 2006). El uso del listón tricolor,
sería otro ejemplo de que recuperamos otro símbolo (la bandera nacional)
que es nuestro y no de quienes traicionan a la patria. En realidad, es
una lucha simultánea en varios niveles y ámbitos: propuestas, ideas, símbolos,
ética, argumentos, sentimientos, compromisos, leyes, fuerza y respaldos
políticos. 5. AMLO, al hablar de temas programáticos,
se refiere más a cuestiones concretas que a temas generales, por ejemplo:
No habla de todo el TLC o de cómo deben ser las relaciones internacionales,
pero sí de lo que será la puntilla para el campo mexicano y por tanto
postula: “No aceptamos la cláusula del Tratado de Libre Comercio según
la cual para 2008 quedarán libres las importaciones, la introducción de
maíz y de fríjol del extranjero”. Ello por sí mismo conduciría a la fractura
del TLC y exigiría otro tipo de relación comercial. Sostiene que “no aceptamos
la privatización de la industria eléctrica ni del petróleo en ninguna
de sus modalidades”, aunque no nos de una conferencia sobre la relación
de la propiedad estatal, la privada y la social. 6. Defiende el mando único en la guerra
política. Evita la dispersión, anula desvíos y desgastes prematuros. En
medio del fragor no puede ponerse en duda la dirección del combate. Aducir
deficiencias, reales o ficticias, para negar la lucha principal es desviar
la atención y favorecer al contrincante. Además,
por un lado, representa un peligro la divulgación de nuestra estrategia
y el debate público de cuestiones internas cuando se es acosado por medios
de comunicación que todo lo alteran; por otro, se fortalece la tendencia
a la dirección unipersonal que las mismas masas propician y desean. 7. En el esfuerzo por aglutinar y sumar
fuerzas se arrastran vicios y errores del pasado junto con las virtudes,
los arrepentimientos y la reorientación del camino. Ninguna organización,
frente y movimiento pueden vanagloriarse de pureza inmaculada. En la lucha
por conquistar la democracia y la equidad, es mucho más importante y trascendente
el a dónde vamos que el de dónde venimos. “Los imprescindibles –nos diría
el poeta alemán Bertold Brecht– son los que luchan toda la vida”. Ninguna
lucha política es como debe ser, mucho menos como nos la imaginamos o
deseamos. Lo que importa es el saldo y avance efectivo hacia nuestros
objetivos. En la adversidad, sobrevivir, reagruparse, recomponerse, revertirla,
volver al combate y triunfar. 8. En política no hay amigos. Hay aliados,
por gusto, necesidad, interés o convicción y hay adversarios de igual
manera. Es necesario mantener cerca, supervisar, hacer crecer y cohesionar
a los aliados para vencer a los contrincantes. De esto trata la estrategia
de acumulación de fuerzas, aunque no todas sean idénticas ni igualmente
confiables o sólidas, o de una vez y para siempre. 9. No vamos a esperar otros 33 años
para que una nueva Comisión Nacional de Derechos Humanos u otra Fiscalía
Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado diga lo que
ya sabemos: que tuvimos razón, que se violaron nuestros derechos, que
nos robaron votos e inflaron los de Felipe Calderón, que resulta que sí,
que la intervención del gobierno y el uso faccioso de recursos públicos,
que la propaganda negra y la intromisión ilegal de empresarios nacionales
y extranjeros y caciques sindicales, que la alteración de actas y malas
cuentas, sí incidieron de manera determinante para robarnos el triunfo,
que el IFE y el Trife del 2006 fueron secuestrados para volverlos unas
instituciones piratas, y que un anciano, Vicente Fox, como lo hizo Miguel
de la Madrid respecto al fraude de 1988 confiese que el decidió que había
que darle el triunfo a Calderón “por el bien de la patria”. A diferencia
de entonces, ahora contamos con varios partidos a lo largo y ancho del
país, con autoridades y legisladores y con un gran movimiento popular
que nos sostiene y ha decidido mantenerse de pie. 10. Hay lugar para todos en la lucha:
partidos/frente; Convención Nacional Democrática; puestos públicos. En
el primero y el tercero predominan partidos, en la de en medio se distingue
la “sociedad civil”. En la necesidad de no perder el movimiento por fortalecer
el partido ni de perder el partido por olvidar el movimiento y su objetivo,
el cambio de raíz, debemos cuidar nuestro objetivo, aunque a veces caigamos
temporal y circunstancialmente en contradicciones. Por lo tanto habría que: 1. Tomar en cuenta todas estas claves
en la nueva etapa. Afinarlas y completarlas. 2. Superar errores, deficiencias, defectos,
limitaciones y contradicciones. Colectivizar los análisis y decisiones.
Ahora es el momento del debate desde la base, la autocrítica profunda,
la recomposición orgánica y la recuperación de la ética, los foros y las
mesas redondas, los talleres y los seminarios, los artículos y las ponencias,
las propuestas y los manifiestos. 3. Llevar el movimiento ciudadano, civil
y social a la política y llevar a la política a la lucha por el bienestar
individual, familiar, social y colectivo; por fortalecer al partido, no
prescindir y avasallar al movimiento; por desarrollar al partido, no desperdiciar
las potencialidades, pluralidad y riqueza del movimiento, así como para
llevar al movimiento al triunfo. Finalmente, el partido no es sino un
instrumento institucional del movimiento reconstruir una relación dialéctica
entre los dos. 4. Refundar al partido para esta nueva
etapa, en el marco del Frente Amplio Progresista, insertos en el gran
movimiento de la Convención Nacional Democrática; fundir la lucha por
la democracia y la lucha por una nueva república, con un presidente legítimo
e itinerante; luchar por purificar las instituciones, por la equidad,
el desarrollo y progreso social. Empezar por el partido mismo: rediseñar
la competencia interna por puestos y candidaturas para redirigirla a la
lucha por una patria para todos. Convertir la unidad de acción y la cohesión
internas en una de las características del partido refundado. Así como nunca acabamos de construir otro mundo posible
mejor y un México de bienestar, tampoco acabaremos de refundar, recrear
y mejorar nuestro siempre limitado instrumento partidario, pero debemos
hacerlo y volverlo a hacer, con lo bueno y malo que hay en nosotros, con
nuestro arrimar el hombro, aunque cambiemos poco; con prudencia, sabiduría,
ética, visión de futuro y de triunfo. *
Fundador y militante del Partido de la Revolución Democrática (comentarios:
gabrielmarios@gmail.com). P.D. Este artículo tuvo una primera expresión que se presentó en el seminario, organizado por el Instituto de Estudios de la Revolución Democrática, el 28 de septiembre. Las críticas ahí recibidas hicieron que la versión que aquí se publica mejorara sustancialmente. Ello me anima a pedir más observaciones, críticas y aportes. Sí bien el artículo ya no podrá mejorar, las ideas y la visión de su autor, sí. |