Renovar instituciones: compromiso por el bien del país* Carlos Navarrete Ruiz** Ciudadanas y ciudadanos legisladores, vengo a esta tribuna en nombre de millones de mexicanos agraviados, porque el 2 de julio su voluntad, expresada en las urnas, no fue respetada. Hablo en nombre de senadores y diputados que representamos a las mujeres y hombres que tuvieron la esperanza de transformar a México y lograr la justicia, tanto tiempo negada, a través del sufragio libre y efectivo, en un ambiente de paz y con la garantía de que las instituciones sabrían cumplir su responsabilidad. Hablo en nombre de quienes están convencidos de que es posible consolidar un proyecto alternativo de nación. Un México donde sea realidad la erradicación de la pobreza; dónde todos las niñas y los niños puedan desayunar y asistir a la escuela; donde todas la mujeres sean respetadas y tengan salud y derechos para ellas y sus hijos; donde los hombres y nuestros jóvenes no abandonen a sus familias para buscar trabajo fuera de nuestras fronteras. Un México donde podamos salir a las calles con la seguridad de que los criminales no van a atentar contra nuestro patrimonio y nuestras vidas; donde los funcionarios públicos no se sirvan con altos sueldos y privilegios. Un México donde los adultos mayores cuenten con la tranquilidad de una pensión digna del Estado como reconocimiento a una vida de esfuerzo. Hablo en nombre de aquellos empresarios que mantienen la planta industrial y comercial, a pesar del modelo económico que privilegia los intereses externos y monopólicos y que, pese a los peligros, expresaron su simpatía por nuestro proyecto electoral. En suma, hablo en nombre de los que respaldaron un proyecto alternativo de nación y entregaron su voto a Andrés Manuel López Obrador para que fuera presidente de todos los mexicanos. II Esta legislatura inicia sus sesiones en medio de una crisis política de proporciones mayores. La crisis que hoy vivimos tiene una explicación y un responsable. Quién hace seis años recibió el mandato en las urnas de encabezar la transición a un nuevo régimen democrático terminó haciendo uso de los viejos recursos del poder presidencialista, despótico y autoritario. El ciudadano Vicente Fox Quesada renunció a su responsabilidad de comportarse como jefe del Estado. Si en el viejo régimen el presidente resolvía quién sería su sucesor, él, Fox, utilizó todos los recursos del poder a su alcance para impedir que su principal adversario político fuera elegido presidente de la república. Las pruebas de este comportamiento son evidentes: En complicidad con el presidente de la Suprema Corte de Justicia, instrumentó un proceso penal para inhabilitar al entonces jefe de gobierno del Distrito Federal y sacarlo a la mala de la contienda electoral. El desafuero se consumó y sólo la movilización pacífica de millones de mexicanos impidió el atropello y obligó a dar marcha atrás a este intento autoritario, pero ello no significó desistir de su objetivo. Durante el proceso electoral, el ciudadano presidente actúo facciosamente. No existió un sólo acto público o privado en donde el titular del ejecutivo no denostara al candidato de la Coalición por el Bien de Todos. Se comportó como jefe de campaña del candidato de su partido y no como el presidente de todos los mexicanos. Desvió los programas sociales a fines políticos, destinó miles de millones de pesos a la promoción de su gobierno, llamando a la continuidad, violando así la legislación electoral y su compromiso democrático. El presidente encabezó una coalición de intereses para distorsionar la figura del principal candidato opositor y envenenó el ambiente con una campaña de odio. Calificó a un adversario electoral como un peligro para México, sembró discordia, temor y deseos de revancha en la sociedad. Hay preguntas que se hacen dentro y fuera del país respecto al comportamiento presidencial: ¿Cuánto afectó al proceso electoral la indebida intervención del presidente? ¿Cuánto influyó en el resultado la participación del aparato del Estado y la alianza de intereses convocados por el poder? A pesar de todo lo que hicieron, esto no fue suficiente para desalentar la esperanza de millones de mexicanos y entonces pusieron en marcha el fraude. Que nadie tenga duda. El 2 de julio hubo un fraude electoral para arrebatarle a Andrés Manuel López Obrador el triunfo que le otorgaron los ciudadanos, y el presidente Vicente Fox fue el actor principal. Designaron a consejeros electorales a modo, para que actuaran no como árbitros de la contienda electoral que garantizaran el principio de imparcialidad, sino como cómplices. Consejeras y consejeros electorales: ¡Por el bien del país, para facilitar la recomposición de los órganos electorales, dejen sus cargos! De no hacerlo, deberá actuar el congreso para construir otro Consejo General del Instituto Federal Electoral. Ante un resultado tan competido y la falta de certeza en los órganos electorales surgió la duda fundada. La manipulación del Programa de Resultados Preliminares (PREP), el extraño comportamiento de las tendencias, el sinnúmero de irregularidades en el conteo de votos y la alteración de las actas de escrutinio, así como la violación de los paquetes electorales en los consejos distritales, constituyen las evidencias de la manipulación de los resultados de la elección. Los que ayer se presumían demócratas, los que convocaron a la resistencia civil activa y pacífica, que tomaron instalaciones federales, que marcharon y bloquearon carreteras, que en 1988 constituyeron un gabinete encabezado por Manuel J. Clouthier frente a la ilegitimidad de un presidente espurio, hoy se niegan al elemental recuento de voto por voto y casilla por casilla, para acreditar la certeza de la voluntad ciudadana emitida en las urnas. Los místicos del voto de antes se han convertido en traidores a la democracia y pretenden ejercer el poder sin la legitimidad que otorga el sufragio y sólo con la fuerza del Estado. III Ha llegado a su fin el viejo régimen de las instituciones de la república. Está agotado el sistema político mexicano y desmoronadas las instituciones que duraron tantos años. La primera de éstas, la Presidencia de la República, la institución que Vicente Fox terminó por desacreditar totalmente. Ya no funcionan las reglas del sistema electoral. Ya no es útil para la democracia la forma como se realizan las elecciones. Las alianzas entre el poder económico y el poder mediático para impedir que una fuerza partidaria gane una elección, no pueden prevalecer más. La inequidad, la falta de transparencia, impiden tener certeza en el resultado de la elección, por ello, los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación cuentan con los argumentos suficientes para resolver en consecuencia. Llegó el momento de reformar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, salvo honrosas excepciones, ha quedado atrapada en la red de intereses encabezada por el ejecutivo federal. Esta legislatura está obligada a revisar y reformar la relación entre los poderes de la Unión y su funcionamiento. Los diputados y senadores tenemos que acreditar que somos auténticos representantes del pueblo. Necesitamos garantizar que los ciudadanos puedan decidir a quién eligen y en qué condiciones revocan su mandato. Ahora, desde abajo y con la gente; desde el Congreso de la Unión debemos construir nuevas instituciones o de lo contrario esta crisis no tendrá una salida civilizada e integral, que es la que merecemos todos los mexicanos. Ante la inminente imposición del candidato de la derecha y el agotamiento del viejo régimen, las fuerzas políticas representadas en este congreso tenemos como compromiso la renovación de las instituciones en el marco constitucional. Los representantes del PRD en las cámaras del Congreso de la Unión y en los congresos de las entidades federativas, defenderemos los intereses populares, respaldaremos las acciones de resistencia civil e impulsaremos las iniciativas contenidas en el proyecto alternativo de nación que fue respaldado mayoritariamente en las urnas. IV Lo que inició en el 2000 como una fiesta de la democracia, concluye hoy en el Palacio Legislativo, sitiado por órdenes del presidente. La presencia intimidatoria de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado agrede nuestra casa, que es la casa de la nación. Alrededor de este recinto, prácticamente se han suspendido las garantías individuales, como lo están atestiguando los integrantes de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. El ritual cortesano de la lectura del mensaje político presidencial se convierte hoy en un escenario para la confrontación. El jefe del PAN, que despacha en Los Pinos, pretende engañar a los mexicanos una vez más con su versión de país. El líder del congreso, producto de la imposición, solamente representa a su partido y pretende, con su respuesta al informe, simular un diálogo entre los poderes que no existe. Se nos ha negado, de la peor manera y violando la ley, el derecho de asumir responsabilidades institucionales en la conducción de la Cámara de Diputados y pretenden que recibamos sumisos y callados a quien ha abdicado de su representación de jefe del Estado y nos ha dado trato de enemigos a exterminar, acusándonos de renegados. Por todo esto, no es admisible en la tribuna del Congreso de la Unión la presencia del presidente de la república. Si el titular del ejecutivo federal es incapaz de atender al congreso y lo arremete con su despliegue de fuerza, no merece que se le escuche. El día de hoy, al instalarse la sexagésima legislatura culmina una etapa en la vida política de México y comienza otra. Nosotros sabremos estar a la altura de las circunstancias. ¡Viva México! *
Discurso elaborado por el senador Carlos Navarrete Ruiz para ser leído
en la sesión de instalación de la LX Legislatura del Congreso de la Unión,
el 1 de septiembre de 2006. El senador no pudo pronunciarlo en virtud
de que el Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática
tomó la tribuna en protesta por la ocupación y cerco militar a las instalaciones
de la Cámara de Diputados. ** Senador en
la LX Legislatura. Coordinador del Grupo Parlamentario
del Partido de la Revolución Democrática en la Cámara de Senadores. |