El 2 de julio en la consolidación del pluralismo político

Silvia Gómez Tagle*

 

Introducción

A veces olvidamos para qué sirve la democracia política, en su versión electoral, con lo que se quiere decir que se trata sólo de las reglas para la elección de los gobernantes, y es que hay muchas formas de interpretar el significado de la democracia, por eso quiero empezar por definir la perspectiva desde la que parto para estas reflexiones. Para mi, la democracia puede ser mucho más, porque en realidad se trata de un régimen político que aspira a reconocer el derecho del pueblo de decidir sobre sus intereses, decidir quién lo gobierna y cómo quiere ser gobernado, pero también se trata de devolverle al pueblo los medios para ejercer ese derecho.

Uno de esos medios son las elecciones, no es el único, hay otras formas de participación en las decisiones políticas, a través de organizaciones sociales, de movilizaciones, de mecanismos para intervenir en el gobierno, en cuerpos colegiados, en la opinión pública, pero las elecciones son el método fundamental para sostener un régimen democrático, porque es la única forma en que “el pueblo” puede cambiar al grupo de personas que detentan el poder político, sin recurrir a la violencia. Sin embargo, las elecciones solamente sirven para eso, porque no se pretende que a través de ese método pueda modificarse la concentración de bienes materiales o simbólicos que permiten a algunos grupos o individuos en la sociedad, concentrar el poder real, o sea, la capacidad de tomar decisiones que afectan a los demás.

Aún cuando la democracia política a secas no garantiza la posibilidad de hacer más justa a la sociedad en su conjunto, en general, la aspiración de muchos ciudadanos es de que su votos sirvan para elegir a un partido o a un candidato, que deberá implementar decisiones que los beneficien, sean acciones legislativas o de gobierno. Desde mi punto de vista, así como es limitada la democracia política, la verdad es que sin elecciones las tendencias al autoritarismo son más fuertes y difíciles de combatir.

En México conquistar la democracia política, “electorera” dirían algunos, nos llevó más de veinte años, desde la reforma política de 1979 hasta el año 2000. Cuando en aquel año ganó el candidato de la Alianza por el Cambio eso creímos. Antes de las elecciones presidenciales de 2000 se temía que las nuevas instituciones electorales autónomas (Instituto Federal Electoral y Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal), fruto de la reforma de 1996, sucumbieran ante la lucha de las fuerzas del viejo régimen y las fuerzas del cambio democrático, porque según la mayoría de los mexicanos (que votaron por él) la Alianza por el Cambio, realmente representaba la oportunidad de un cambio.

Vicente Fox Quezada, candidato de la Alianza por el Cambio, ganó las elecciones con un margen de más de seis puntos porcentuales y el resultado fue aceptado sin mayores conflictos por los demás partidos, incluyendo el PRI, que llevaba ya más de 70 años ocupando la Presidencia de la República.

Lo que muchos no advertimos en ese momento fue que, a pesar del cambio de partido en la presidencia, en realidad, los poderes económicos más importantes, los poderosos vecinos del norte, la iglesia católica y muchos grupos más, ya habían llegado a un acuerdo para la alternancia, porque había una gran coincidencia en muchos aspectos de proyecto político entre ambos partidos.

Ahora que hemos vivido tres años de conflictos políticos vinculados a estas elecciones presidenciales, nos percatamos de que la alternancia en la presidencia en el 2000 se dio con tanta facilidad, sin la intervención del presidente Zedillo, en un ambiente de razonable equidad y transparencia electoral, gracias a los pactos previos que finalmente dieron por resultado la continuidad, en muchos aspectos, del gobierno de Vicente Fox.

En cambio, para las elecciones presidenciales de 2006, sin que exista un proyecto económico alternativo totalmente definido, puede afirmarse que existe una visión clara definida respecto de lo que muchos mexicanos rechazan, porque el saldo de más de veinte años de liberalismo ultra ortodoxo, sea con el PAN o con el PRI, ha dejado un saldo de pobreza que afecta ya a más del 60 por ciento de la población.

Por esto, más allá de las reglas para asignar el poder político, puede afirmarse que lo que está en juego en México es un proyecto de país diferente, que ahora encabeza Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como candidato de la Coalición por el Bien de Todos (con el PRD como partido principal).

Esa es la explicación más probable de las tensiones que se han vivido en México desde hace tres años cuando, de hecho, empezaron las campañas electorales, en virtud de que los intereses y los poderes reales que están detrás de los actores políticos van mucho más allá de lo electoral; y también esa es la razón por la que una elección cerrada, donde los dos principales candidatos obtuvieron menos de un punto porcentual de diferencia, genera un margen de incertidumbre suficiente como para afectar el resultado. Esta situación que puede implicar alteraciones intencionales de los resultados o, en el mejor de los casos, simplemente una acumulación de errores que cometieron los más de un millón de ciudadanos, que fungieron como funcionarios de casillas, se ha convertido en un dilema que está poniendo a prueba las instituciones y los procedimientos democráticos que se habían ido consolidando lentamente.

Antecedentes

El gobierno de Vicente Fox representó una continuación de los gobiernos neoliberales del PRI. Se siguió el mismo modelo económico, inclusive con los mismos funcionarios al frente de la política económica, se renovaron los pactos del gobierno con las viejas burocracias sindicales, en particular, con la del magisterio (al frente de la cual está Elba Ester Gordillo); no se pidieron cuentas a los responsables de crímenes políticos ni tampoco a los responsables de fraudes económicos en contra de la nación (como los cometidos a la sombra del Fobaproa) para proteger intereses de grandes empresarios y banqueros. El saldo del sexenio fue mediocre, plagado de errores, contradicciones entre funcionarios del gabinete presidencial y con muy pocos logros realmente atribuibles a la administración Fox. Pero la democracia se fue consolidando y no hubo conflictos electorales, no hubo violencia, se ampliaron las libertades de expresión y la transparencia en el ejercicio de gobierno. Seguramente hay muchas más aspectos que habría que mencionar, pero con esto basta para dar idea de las características generales del periodo.

La presidencia de Fox terminó hace casi tres años cuando el mismo presidente y su esposa (que pretendió ser candidata por el PAN, cosa que el propio partido rechazó) se lanzaron a una campaña política anticipada, en la cual además se emplearon métodos poco respetables. Primero, comenzaron a producirse toda una serie de ataques contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal (Ciudad de México). Estos ataques, provenientes supuestamente de actores aislados, con intereses privados, trataron de implicar a Andrés Manuel López Obrador en negocios sucios vinculados con funcionarios menores de su gobierno (a quienes sí se les probaron delitos y fueron encarcelados) y con actos de gobierno violatorios de los derechos privados. Esta última acusación fue llevada al extremo de acusación penal por violación de una disposición de la Suprema Corte de Justicia, al punto de casi lograr el “desafuero” de López Obrador y su destitución temporal como jefe de gobierno.

Sin embargo, días después, el propio presidente Fox solicitó abandonar ese litigio, en virtud de que no había suficientes pruebas de los delitos en cuestión y, sobre todo, debido a la fuerte presión por la movilización de miles de ciudadanos.

Los candidatos a la presidencia

Desde su triunfo sobre el presidente en “el caso del desafuero”, mas de un año antes, AMLO se había convertido en el “candidato puntero“. Mucha gente, cansada del neoliberalismo y sus consecuencias depositó en este personaje las expectativas de cambio, por lo que ha sido capaz de convocar a sectores mucho más amplios de los que antes había convocado el PRD. En este partido se dio primero un conflicto entre Cuauhtémoc Cárdenas y este nuevo dirigente, porque Cárdenas consideraba que tenía el derecho de ser candidato a la presidencia en cuarta ocasión.

Esta competencia provocó cierto malestar en el partido pero no llegó a desembocar en rupturas, sin embargo, un problema que sí ha afectado al PRD es que, a pesar de haber logrado gobernar en cinco entidades, no ha logrado realmente consolidar su influencia en los estados del norte, centro y occidente del país. Sin embargo, el PRD fue a la contienda electoral en la Coalición por el Bien de Todos, con el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia por la Democracia, Partido Popular Nacional, con los mejores augurios, porque al finalizar 2005 su candidato era el más popular de todos.

En el PRI realmente se vivió la orfandad en que se había quedado en los últimos dos años, cuando empezó la lucha por la presidencia. Antes se habían mantenido unidos y habían guardado las formas, a pesar de las contradicciones entre los grupos, a pesar de la ausencia de un presidente de la república que les pusiera orden. Pero en el momento de perfilar al candidato a la presidencia el orden se descompuso y los conflictos entre Roberto Madrazo (exgobernador de Tabasco), Elba Esther Gordillo (dirigente del magisterio) y Arturo Montiel (gobernador del Estado de México), adquirieron una intensidad nunca antes vista en ese partido, que culminó con la ruptura de muchos dirigentes y, de hecho, canceló sus posibilidades de triunfo. Finalmente, Madrazo se quedó con la candidatura presidencial, pero Gordillo formó un nuevo partido (PNA) y, de hecho, apoyó al candidato del PAN; y Montiel aceptó de mala gana perder la candidatura, porque fue chantajeado por evidencias de negocios particulares hechos con recursos públicos, pero dejó sólo a Madrazo en la campaña electoral. El Partido Revolucionario Institucional fue a las elecciones en alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), en la Alianza por México.

El PAN también atravesó por épocas de turbulencia; primero, porque la esposa de Fox, Martha Sahagún intentó postularse y luego porque fue muy intensa la contienda interna para candidatos a la presidencia, entre Santiago Creel, secretario de Gobernación apoyado por Fox, y Felipe Calderón Hinojosa, de la vieja tradición panista. Finalmente, prevalecieron los métodos democráticos que existen en el partido, limitados pero eficaces, y ganó Felipe Calderón la candidatura en orden y sin conflictos demasiado serios. El PAN fue sólo a las elecciones.

Y surgió el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina, con Patricia Mercado como candidata a la presidencia que, en realidad, resultó de un partido similar que ya había intentado obtener el registro antes, sin éxito.

Las campañas

En esta contienda electoral se enfrentaron nuevas y viejas configuraciones políticas y entraron en juego muchos actores que antes habían mantenido un bajo perfil público, aún cuando tuvieran influencia en los altos niveles de la política, como los empresarios en general y, en particular, los empresarios de los medios, la iglesia católica, los sindicatos, etcétera. La confrontación entre Andrés Manuel López Obrador y la iniciativa privada se recrudeció después del mensaje del CCE de no votar por un cambio de modelo económico, transmitido por TV desde el 17 de junio. (Guerrero Claudia y Benito Jiménez, Enfrenta Spot a AMLO e IP, en Reforma, 27 de junio de 2006). La derecha abandona al PRI y se reagrupa alrededor de la candidatura de Calderón.

El presidente puso a disposición y del candidato de su partido, los recursos económicos, el aparato de gobierno, los tiempos en los medios de comunicación y su discurso cotidiano. Inclusive, recursos ilegales como información obtenida de servicios de inteligencia del gobierno, como grabaciones telefónicas o información de la policía, sirvieron para poner en evidencia y desprestigiar a personajes poderosos del PRI, que podían competir en las contiendas electorales o servir de apoyo a ese partido. Con esos métodos fueron descalificados el gobernador de Puebla (el “gober precioso”) y el caso del candidato a gobernador de Jalisco.

También desarrollo el PAN y el gobierno una estrategia de comunicación en contra de AMLO, la cual logró éxito al disminuir su popularidad, a pesar de que no se le pudo atacar en lo personal de corrupción o de otros “pecados” (como al “gober precioso”). Con la colaboración de los medios, sobre todo de radio y tv se logró crear una imagen, real o artificialmente, de “pérdida de popularidad” y “torpeza” de AMLO.

En el PNA se pedía votar por sus propios candidatos de diputados y senadores, en la presidencia se apoyaba al PAN. En cambio, los otros actores del campo de la izquierda ayudaron a dividir las preferencias, porque Patricia Mercado, con un buen discurso feminista y de izquierda siempre se consideró competidora de AMLO, y el EZLN tampoco manifestó apoyo por AMLO, lo descalificó a él y a su partido y convocó al abstencionismo.

Las instituciones

El Instituto Federal Electoral en esta coyuntura electoral mostró las debilidades de un Consejo General inexperto en procesos electorales, pero, sobre todo, elegido con poco consenso. En 2003, cuando llegó el momento de elegir a un nuevo Consejo General y a su presidente (el consejo está integrado por nueve personas, incluyendo al presidente, elegidas en la Cámara de Diputados), los diputados del PRI y del PAN decidieron solos esos nombramientos, sin tomar en cuenta a los demás partidos, como se había hecho en la ocasión anterior. Esto dejó fuera de la decisión al PRD y a varios partidos menores. Pero lo peor fue que Elba Esther Gordillo, coordinadora de la fracción parlamentaria del PRI en ese momento, en estas elecciones apoyó al candidato del PAN y los consejeros que ella propuso lógicamente le guardan lealtad, lo que a fin de cuentas dejó un Consejo General del IFE totalmente volcado en simpatía por este partido.

Por estos antecedentes se ha cuestionado el carácter de árbitro imparcial, además del desempeño del Consejo General, en el que se mostró indeciso, dejando al tribunal decisiones que debieron tomarse con mayor rapidez porque afectaron las campañas, como la regulación de la publicidad pagada en medios de comunicación. Están prohibidos los anuncios de corporaciones privadas no autorizadas a participar en elecciones como partidos, coaliciones, etcétera.

-Pero al Dr. Simi y las organizaciones de empresarios se les ha permitido una intensa campaña en medios.

-El presidente intervino con insistencia, cosa que el IFE reconoció porque lo amonestó, pero no lo detuvo.

Además, los consejeros carecían de experiencia y no se involucran realmente en supervisar el funcionamiento de la estructura ejecutiva ni las tareas de organización a cargo del Instituto. Poco antes de iniciar el proceso electoral, a fines de 2005, cambiaron varios de los funcionarios clave como la Secretaria General y dos directores ejecutivos: uno, a cargo de asuntos jurídicos y, otro, de la capacitación electoral. Además, había poca coordinación, mala comunicación y competencia entre funcionarios de diversas direcciones, inclusive, todo lo cual dió por resultado un desempeño dudoso.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha tenido los mismos magistrados desde su fundación y solamente hubo un cambio de presidente. Hay una experiencia de resoluciones en relación a muchos conflictos electorales, algunos de importancia como elecciones de varios gobernadores que, incluso, se pueden calificar como avanzadas. En elecciones locales ha intervenido en ocasiones para modificar o anular elecciones locales y sus resoluciones han sido acatadas por todos los partidos. Sin embargo, la elección presidencial es una prueba de fuego, que todavía está en sus manos (hoy 3 de agosto de 2006).

Balance de resultados

Los datos que arrojan los cómputos electorales, a pesar de las dudas que puedan despertar, nos ofrecen un panorama general sobre la posición alcanzada por diversas fuerzas políticas:

-Se advierte una división en la derecha representada por el PRI y el PAN, principalmente, que abre el camino para el crecimiento del la APBT.

-Sin embargo, el triunfo o derrota de AMLO (como quiera que sea el resultado) es insignificante y más bien debe verse como “empate” con Calderón.

-El PAN y el PRI obtuvieron el 65 por ciento de los votos en la presidencial.

-Si se reconoce el triunfo de AMLO sería un presidente muy acotado por un Congreso adverso.

-Lo mismo ocurriría con Calderón, pero hay más coincidencias en programa e intereses entre PAN, PRI y NA ¿Cabe preguntarse que papel jugará Patricia Mercado?

-De todos modos el PRD creció mucho; si consolida esa tendencia en elecciones locales y en las intermedias de 2009, su perspectiva para la presidencia 2012 sería muy positiva.

-El Congreso estará más dividido que antes, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores.

Los datos preliminares de las elecciones presidenciales

Las treinta y dos entidades de la república se dividen en preferencias por candidatos. Este análisis de conglomerados nos permite clasificar las entidades en atención al porcentaje de votación que recibe cada partido para mostrar los escenarios de competitividad, donde se aprecia el papel de los tres partidos o, más bien, del PAN y las otras dos coaliciones, una del PRI y otra del PRD.

 

México: elecciones para presidente, 2006

Por entidad electoral y porcentaje de votación por partido*

Grupo

 

PAN

APM

PBT

NA

ASDC

Casos

PAN 1

Media

46.64

25.95

22.90

1.09

2.68

14

 

Desviación estándar

3.93

4.04

4.18

0.40

0.69

 

PAN 2

Media

60.46

19.30

15.77

0.97

2.60

1

 

Desviación estándar

 

 

 

 

 

 

PRD 3

Media

3.56

38.41

57.16

0.21

0.48

1

 

Desviación estándar

 

 

 

 

 

 

PRD 4

Media

17.67

32.29

46.95

0.80

1.65

4

 

Desviación estándar

1.14

3.53

4.31

0.33

0.39

 

PRD 5

Media

32.76

20.88

41.59

1.15

2.74

12

 

Desviación estándar

3.31

6.13

6.99

0.65

0.71

 

Total

 

 

 

 

 

 

 

nacional

Media

36.90

25.03

33.76

1.04

2.50

32

 

Desviación estándar

12.70

6.49

12.41

0.51

0.81

 

* Analizadas por entidad electoral y clasificadas en cinco grupos en atención a porcentajes de votación por partido.

 

Cómo se mencionó al principio, el norte centro y occidente son simpatizantes de Felipe Calderón del PAN. El PAN tiene una distribución muy uniforme en catorce entidades de la república con un promedio de casi 47 por ciento, y una entidad que es Guanajuato que sobrepasa el 60 por ciento. En estas entidades el PRI queda como fuerza electoral un poco más alta que el PRD, pero no muy distantes una de otra, en cambio sí muy lejos del PAN (las entidades señaladas en el mapa).

 

 

El candidato de la Coalición Por el Bien de Todos también recibió una votación muy alta en Tabasco, en cuatro entidades tuvo más del 46 por ciento en promedio, y el segundo competidor es el la Alianza por México (PRI), y doce entidades donde su votación es ligeramente inferior pero la diferencia está en que el segundo partido es el PAN.

De hecho, hay más entidades en las que la Coalición PBT aventaja en votación al PAN, pero el PAN tiene una presencia más uniforme en todo el país. Y el gran cambio que representa esta elección se advierte en que el PRI y su alianza con el PVEM, que en 2003 ganó la mayoría relativa de los diputados, ahora pasa a tercer lugar.

Cuando los resultados de desagregan en unidades más pequeñas como son las secciones electorales, que tienen entre 500 y mil 500 votantes aproximadamente, los resultados electorales indican otra conformación de las fuerzas políticas, porque se pueden apreciar comunidades, además de los lugares donde se concentran más la fuerzas políticas.

Elecciones para presidente 2006

En las secciones clasificadas por el porcentaje de votos por partido encontramos que emergen 8 mil 79 comunidades que votaron en más del 50 por ciento a favor del PRI, comunidades que se pierden cuando el estudio se realiza al nivel de entidad. Las comunidades con gran concentración de votos por el PRD y ahora Alianza PBT son 12 mil 977 contra 16 mil 787 secciones, donde la concentración a favor del PAN también es muy fuerte. En cambio, hay 7 mil 975 secciones donde la Alianza PBT es fuerte y el segundo partido, con una votación muy alta es el PRI, mientras que el PAN es mayoritario en 18 mil 861 secciones, pero con una competencia fuerte del PRD y un PRI fuerte pero en tercer lugar.

 

México: elecciones para presidente, 2006

Por sección electoral y porcentaje de votación por partido*

Grupo

 

PAN

APM

PBT

NA

ASDC

Casos

PAN 1

Media

38.28

21.50

35.38

1.09

2.87

18861

 

Desviación estándar

6.46

7.38

7.07

1.41

1.75

 

PAN 2

Media

57.22

20.97

17.55

0.99

2.59

16787

 

Desviación estándar

8.96

8.14

6.39

1.13

1.60

 

PRD 3

Media

29.13

50.31

17.46

1.18

1.32

8079

 

Desviación estándar

11.33

12.11

7.56

2.06

2.00

 

PRD 4

Media

12.08

39.50

46.02

0.84

1.03

7975

 

Desviación estándar

7.26

8.54

8.29

1.44

1.11

 

PRD 5

Media

20.06

14.72

60.89

0.84

2.88

12977

 

Desviación estándar

7.74

6.42

9.13

0.95

1.76

 

Total nacional

Media

35.17

25.82

34.94

0.99

2.38

64679

 

Desviación estándar

17.68

14.25

18.01

1.38

1.82

 

* Analizadas por sección electoral y clasificadas en cinco grupos en atención a porcentajes de votación por partidos.

 

A diferencia de lo ocurrido en elecciones anteriores, el avance el PRD y su Coalición en territorios que antes eran bastiones del PRI, le ha dado en la elección presidencial 2006 una presencia nacional más consolidada que la del PAN. No podemos apostar en este momento a que el PRD consolide como partido la fuerza de su actual candidato a la presidencia; sin embargo, en esta elección puede afirmarse que su presencia nacional es mejor que la del PAN, a pesar de que antes había estado ausente en muchas entidades. Los dos nuevos partidos, NA y ASDC, obtuvieron una votación al nivel de sección electoral que fluctúa entre 1 y 3 por ciento, lo cual es muy bajo ya que en total se tienen 64 mil 679 secciones en todo el país, lo cual indica que ni siquiera pueden aspirar a tener una fuerza localizada en unas pocas secciones.

 

México: elecciones para diputados, 2006

Por sección electoral y porcentaje de votación por partido*

Grupo

 

PAN

APM

PBT

NA

ASDC

Casos

PAN 1

Media

53.04

28.09

13.03

3.97

1.61

18329

 

Desviación estándar

8.83

8.97

5.70

2.80

1.34

 

PAN 2

Media

35.34

24.66

32.66

4.63

2.31

14413

 

Desviación estándar

7.07

7.71

6.43

2.85

1.90

 

PRD 3

Media

20.68

55.03

20.78

2.36

0.89

10702

 

Desviación estándar

10.51

9.94

11.32

2.58

1.55

 

PRD 4

Media

33.06

39.01

18.06

7.98

1.59

5298

 

Desviación estándar

6.31

5.06

6.07

6.37

1.95

 

PRD 5

Media

15.64

23.58

54.25

4.02

2.19

15637

 

Desviación estándar

7.77

11.43

9.62

3.09

1.80

 

Total nacional

Media

32.97

31.60

29.14

4.19

1.79

64379

 

Desviación estándar

16.84

14.57

17.80

3.55

1.75

 

* Analizadas por sección electoral y clasificadas en cinco grupos en atención a porcentajes de votación por partidos.

 

La información para diputados por sección es igualmente interesante, dado que en esta elección el PRI muestra su presencia en 10 mil 702 secciones por arriba del 55 por ciento, y otras 5 mil 298 secciones en las que el PRI obtuvo una ventaja pequeña sobre el PAN. Mientras que el PRD es un competidor fuerte en 18 mil 329 secciones en las que el PAN ganó con más de 53 por ciento.

Podemos concluir que en las elecciones de 2006, el pluralismo político se expresó fortaleciendo un sistema de tres partidos, con un voto muy diferenciado entre presidente y diputados (senadores no ha sido analizado aquí), mientras que los partidos nuevos Nueva Alianza y Alternativa Socialdemócrata, en realidad conservarán el registro electoral con el umbral de 2 por ciento, pero tienen pocas perspectivas de éxito en elecciones de mayoría.

Escenarios posibles: desenlace de la elección presidencial

Todo contribuye a configurar un escenario de falta de legitimidad que puede dar paso a la anulación o a un conflicto social que podría prolongarse y en el que pueden plantearse los siguientes escenarios:

-El TEPJF sólo revisa algunas casillas y ratifica el triunfo de Calderón.

-Calderón gobernará como presidente ilegítimo y enfrentará un movimiento permanente en contra.

-El TEPJF entra al análisis de todas las casillas, “voto por voto”, pero ratifica el triunfo de Calderón. Éste adquiere legitimidad y el movimiento de AMLO persiste en condiciones más difíciles.

-El TEPJF entra al análisis de todas las casillas y se cambia el resultado de la elección. AMLO asume la presidencia en condiciones de extrema debilidad por el Congreso adverso, pero con gran legitimidad popular.

-El TEPJF anula la elección, en diciembre la Cámara de Diputados nombraría a un presidente interino, y se convocaría a elecciones en un plazo no mayor a 18 meses. Desde 1928, cuando Obregón fue asesinado antes de asumir la presidencia no se ha vuelto a presentar una situación similar.

-Es muy probable que la derecha se reorganice y gane con un margen más amplio.

-Es menos probable que la izquierda se reagrupe, esa no ha sido la costumbre, basta observar como se han comportado las fuerzas de la izquierda en esta elección, el EZLN y el partido de Patricia Mercado. Inclusive las divisiones en el mismo PRD y las diferencias entre las Redes Ciudadanas y el PRD

¿Esa es la izquierda hoy? Muy probablemente en unos días tendría que reescribir buena parte de este texto, porque habrá indicios sobre el desenlace posible.

 

* La autora es académica de El Colegio de México.