Con AMLO triunfará la democracia

 

México necesita un cambio profundo. Lo requiere en lo social, en lo económico, así como en lo político y lo cultural. Hay un cambio en la conciencia social y construimos una emergente, pero real democracia. Por ello, no debemos aceptar que el régimen foxista intente una regresión histórica como en los tiempos del fraude electoral o pretenda impulsar un golpe de Estado mediático, con la intervención de personajes poderosos, anunciando un ganador a su gusto en un intento de defraudar la voluntad popular.

La enorme participación que ha mostrado la ciudadanía es la base para dejar en el pasado el abuso de autoridad, los procedimientos engañosos y la manipulación, a través del miedo. La organización civil y defensa de los logros alcanzados han hecho que la participación de la sociedad sea la columna vertebral de la legitimidad y de la gobernabilidad en el país.

Desde que la ciudadanía ha tomado en sus manos la elección de sus gobernantes, éstos han mesurado promesas, discursos y expectativas que antes expresaban sin recato. En la actualidad, una parte creciente del electorado observa las campañas en forma crítica y reclama de ellas que sean propositivas y responsables. Estos rasgos son resultado de diversas prácticas políticas como la disidencia y la oposición, pero también es testimonio de la decisión de amplios sectores de la población por construir un país con una palpable pluralidad, una creciente tolerancia y respeto por la diferencia; cualidades que no deben ponerse en riesgo.

En la construcción histórica de instituciones democráticas, el PRD ha contribuido de manera decisiva e irrefutable. Desde su fundación, la vida política nacional, estatal y municipal se ha modificado y se ha creado un nuevo sistema político. El costo ha sido muy alto: la confrontación con el sistema autoritario y corporativo se expresó en reiteradas prácticas represivas y en la violación sistemática de los derechos humanos y las libertades democráticas contra nuestros militantes; no obstante los avances de los gobiernos del PRD demostraron que otro México es posible, que la vida política y económica puede hacerse de otra manera, para el beneficio de la mayoría.

A lo largo de todos estos años fue madurando nuestro proyecto alternativo de nación. Hemos aprendido y lo seguimos haciendo: ganamos espacios y respetamos la voluntad popular. Ese es nuestro signo distintivo y la semilla que sembramos en nuestro devenir histórico.

Frente a la próxima elección presidencial mantenemos nuestras convicciones. Participar para contribuir en la formación de un país más justo, más honorable, más solidario; en una palabra, un país democrático. Una nación que construya con solidez, orgullo y equidad, la oportunidad para su desarrollo, su progreso y la defensa de su particular forma de ser y pensar.

La enorme posibilidad de la victoria es la síntesis de este trayecto histórico. No podemos comprender este momento particular, sino como el resultado del trabajo constante, de la organización social, de la propuesta para beneficiar a la población más necesitada y dotarla de herramientas para la democracia.

En esta coyuntura, donde se define una fase importante de nuestro futuro común, no podemos reducir la participación ciudadana al sólo hecho de votar; nuestra labor está más allá: mantener la convicción de alcanzar un país distinto al que tenemos, más cercano al que queremos y al que necesitamos, eliminar los privilegios de unos cuantos, fomentar la transición a la democracia y no sólo una nueva alternancia en el poder.

La extraordinaria oportunidad de acceder a la Presidencia de la República con Andrés Manuel López Obrador, así como las demás candidaturas al Congreso de la Unión, gubernaturas y los diversos municipios, debe robustecer nuestros objetivos políticos e ideológicos, cualquiera que sea el resultado. Sin duda, el triunfo nos conducirá a nuevas responsabilidades que asumiremos con dignidad. Estaremos atentos a quien o quienes pudieran extraviar nuestros objetivos desde sus nuevos encargos. Aunque la batalla será dura y enfrentaremos grandes obstáculos, la recriminación, la deserción o el abandono de los principios y valores de la izquierda, son actitudes que debemos rechazar. Hoy más que nunca se requiere reforzar nuestra cohesión interna y convicciones.

En el debate del 6 de junio se exhibió la confrontación entre dos proyectos contrapuestos: “uno, el de mantener el modelo económico que reproduce la desigualdad social y, otro, el de plantearse el objetivo de construir un país en que quepamos los muchos y nuestro bienestar proceda de la reproducción de la economía. Es el tiempo de crear una economía con trabajo formal para todos”, como lo sugiere Gregorio Vidal.

Estamos preparados para ganar, al igual que para movilizarnos contra cualquier intento de vulnerar la voluntad ciudadana. Estamos comprometidos con el presente, resultado de años de lucha y compromiso. Nuestro partido como institución y los militantes en lo personal, han asumido las demandas de la población y de quienes quedaron en el camino de la lucha contra el autoritarismo.

La ciudadanía exige un cambio que coadyuve con el desarrollo de las nuevas generaciones y responda por el pasado y el presente: que nos permita construir un futuro satisfactorio para todos, pero sobre todo para los más pobres y menos beneficiados por la modernidad. Tenemos la convicción de haber construido el proyecto que se requiere y estamos orgullosos de nuestro trabajo y convencidos de que México necesita un cambio profundo. Estamos seguros de que ese proyecto lo tenemos nosotros. La alegría está por llegar, ¡sonríe, vamos a ganar el 2 de julio!