Segundo debate por la Presidencia de la República, dos proyectos de cara a la nación Gregorio Vidal*
Durante dos horas en televisión y radio nacional, los ciudadanos pudimos ver y escuchar las propuestas de los cinco candidatos a la Presidencia de la República. El formato acordado no propicia el debate, aún cuando si permite los ataques y descalificaciones. Sin embargo, no es en elemento relevante para evaluar el acto. Era un dato conocido del mismo. Si bien participaron cinco, fue la exposición ante la nación de dos proyectos, de dos opciones. Madrazo aludió a las dos propuestas, buscó separarse de ambas y ofrecer el mítico espacio del centro que la lacerante desigualdad social que caracteriza a México impide establecer. Los discursos de Campa y Mercado tenían destinatarios específicos y su propuesta global fue general o inexistente. El México de Calderón esta dividido entre violentos y no violentos, peligrosos y no peligrosos, defensores y transgresores de la ley. Es el discurso que siembra el miedo con el anhelo de cosechar votos. Consistente con su punto de vista, los problemas de seguridad se resuelven con excelente policía, penas mayores y mano dura contra los delincuentes. La descomposición social, que de diversas formas avanza en el país, no tiene causas socioeconómicas importantes o, por lo menos, no deben considerarse al momento de atacar la delincuencia. En el mundo, los discursos que buscan acabar con la delincuencia a partir del endurecimiento de la ley son típicos de la derecha. En el pasado y en muchos países, son discursos que han criminalizado la pobreza, por lo menos algunos comportamientos asociados a ella. Congruente con su posición, el candidato del PAN, plantea la continuidad en la política y en la estrategia económica. Se insiste en realizar las reformas estructurales e incluso se afirma que alcanzar la seguridad es un elemento relevante para que a México se dirijan más capitales del exterior. La afluencia de capitales será la condición para la creación de empleos y, con ello, el país será un triunfador. Los hechos apoyan una idea como la de Calderón. Durante el gobierno de Fox no existe creación de empleos formales por parte del sector privado, no obstante, el cuantioso ingreso de Inversión Extranjera Directa (IED). Los trabajadores permanentes asegurados en el IMSS en noviembre de 2000 fueron 11 millones 166 mil 619 y, en febrero de 2006, 11 millones 67 mil 193. De 1999 a 2005 entraron al país, en promedio por año, 17 mil 781 millones de dólares como IED. No hay crecimiento económico, pero si aumento de la emigración a Estados Unidos, concentración del ingreso y negocios importantes para un reducido grupo. México es un país en el que el 2 por ciento de la población concentra el 50 por ciento del ingreso y más de tres cuartos de la población vive con cuatro salarios mínimos o menos. Si se ejecutan las reformas estructurales que impulsan el PAN y su candidato Calderón lo que aumentará será la desigualdad social. Con la reforma laboral se busca tener una mayor flexibilidad que permita discutir y objetar algunos de los elementos incorporados en el régimen laboral propios del trabajo formal. Un resultado previsible de establecer esta reforma es el aumento de la precariedad en el mundo del trabajo y, por tanto, una dosis mayor de desigualdad. En el caso de la energía, si prospera la participación del capital privado en petróleo, principalmente del capital extranjero, tan solo se logrará continuar extrayendo el crudo del subsuelo y exportarlo. Precisamente, cuando el hidrocarburo puede mantener altos precios desperdiciándose los ingresos extraordinarios obtenidos, inclusive. Esta política no permite avances en la construcción de la planta industrial en el país para la transformación del petroleo, la eliminación de la importación de gasolinas y el uso amplio y diverso de los derivados. En la electricidad se mantendrán las mejores condiciones para los productores privados que se benefician del régimen de tarifas del sector, como también algunos grandes demandantes. El impulso de una red de generación y distribución de electricidad que apoye en mejores condiciones a la economía y a los hogares no se hace posible. En resumen, no se vincula el desarrollo del sector energético con el desempeño de la economía, de manera que sea un medio para alcanzar tasas mayores de crecimiento del PIB con una ampliación de las cadenas productivas. A diferencia de la derecha, las propuestas de López Obrador parten de reconocer que México es un país caracterizado por la desigualdad social. Un puñado con cuantiosos ingresos en medio de muchos pobres y otros más con recursos que apenas les permiten pasar el día a día. Este país es el resultado de la estrategia y las reformas económicas ejecutadas desde comienzos de los años ochenta. Antes había desigualdad y pobreza, pero la dinámica económica que se construye desde aquellos años sólo permite el desempeño alcanzado en los años posteriores. Para combatir la inseguridad hay que reconocer la desigualdad social y la pobreza y generar medios nuevos para dar empleo a la población. Por ello, debe plantearse como un objetivo de la política económica el rescate del campo que es el rescate de los productores del campo; incluyendo medidas de apoyo y promoción como las que realizan los gobiernos de Canadá y Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea. La realización de inversiones para dotar a las colonias y zonas populares de los servicios públicos. También, es necesario el uso pleno de los recursos energéticos. Para atacar la desigualdad en sus raíces debe construirse un patrón de reproducción de la economía que contenga los medios para que muchos mexicanos mejoren sus ingresos. En la estrategia del PRD-PT-Convergencia, la disminución de la desigualdad es económicamente necesaria. Se plantea la necesidad de construir el Estado del bienestar e incorporarlo a nuestro régimen jurídico; también se establece que los gobiernos pertenecen al pueblo y los mecanismos del referéndum, la revocación del mandato, la iniciativa popular son parte de las democracias consolidadas. En el tema de la democracia ha de procederse con radicalidad y claridad: aspiramos a construir el poder que se ejerce en público. La propuesta de la izquierda debe completarse y hacerse cargo de todas sus consecuencias, no de la defensa de una estabilidad que en realidad oculta la desigualdad social. Es necesario señalar con fuerza y firmeza que en economía, en cuestión de política económica, no existe un solo camino. Las decisiones a tomar siempre afectan a grupos sociales; la disyuntiva es clara: Mantener el modelo económico que reproduce la desigualdad social o plantearse el objetivo de construir uno en que quepamos los muchos y nuestro bienestar proceda de la reproducción de la economía. Es el tiempo de crear una economía con trabajo formal para todos.
* Profesor-investigador del Área de Economía Política de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México (gregorio_vidal@yahoo.com.mx).
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