Democracia y justicia o autoritarismo y más desigualdad 


El país se encuentra hoy en una encrucijada. La posibilidad de un cambio verdadero en la política económica y social radica en la capacidad de la Coalición “Por el bien de todos” para movilizar el próximo 2 de julio a amplios sectores ciudadanos y construir una mayoría electoral que permita reorientar el rumbo de la nación. Para ello, se requiere que los candidatos de la coalición a los distintos puestos de elección popular defiendan el Proyecto Alternativo de Nación y cuestionen, en forma clara y directa, los desastrosos resultados de seis años de gobierno panista, exhibiendo el creciente desempleo; la forzada emigración de millones de compatriotas; la pobreza, marginación y bajos salarios; el acelerado enriquecimiento de una minoría opulenta; la entrega del patrimonio nacional a empresas y corporaciones transnacionales y la política exterior de subordinación a los dictados estratégicos de la administración Bush. Hay que mostrar los datos duros (los de una economía con magro crecimiento que sólo beneficia a transnacionales y grandes corporaciones y no crea puestos de trabajo), los datos sensibles (los de la ingobernabilidad que se vive en diversas regiones como resultado de la represión a movimientos sociales y la creciente inseguridad pública que pone en riesgo la vida y patrimonio de amplios sectores de la población) y criticar el enriquecimiento inexplicable de funcionarios, hijos, parientes y protegidos de importantes personajes de la vida política nacional. Igualmente, deben recordarse las promesas incumplidas y las expectativas creadas con la alternancia en el gobierno. 

La elección del 2000, en la cual se logró despojar al PRI la Presidencia de la República, después de 71 años, fue síntesis de un largo recorrido que emprendió la ciudadanía, el empuje de la izquierda mexicana desde 1968 y la oportunidad de construir condiciones para una verdadera democracia en nuestro país. Fox, como candidato del PAN, prometió crecimiento económico, empleos, diálogo y acuerdos políticos con los adversarios, así como transparencia y honestidad en el manejo de los recursos públicos. La realidad es que no se alcanzó ninguno de los objetivos que tanto atrajeron al electorado en ese momento; por el contrario, la evaluación de su gestión resulta sumamente negativa. 

Las expectativas que generó la idea de un cambio fueron atractivas para el ciudadano. En ese momento, la propuesta política del PRD y de su candidato a la presidencia no tuvo el apoyo de la mayoría del electorado. Sin embargo, en 2006 las cosas han cambiado. Sin entrar al debate sobre la veracidad de algunas encuestas, es innegable que Andrés Manuel López Obrador se ha ganado la confianza de amplios sectores del pueblo mexicano. Consolidar este apoyo y ampliar su base electoral para asegurar el triunfo es tarea prioritaria. Contamos con un proyecto de nación integral y, sobre todo, con resultados tangibles de la política social instrumentada por los gobiernos del PRD. La oportunidad que se nos presenta es inmejorable. La sociedad debe conocer el verdadero rostro: autoritario, corporativo, derechista, excluyente y confesional de la propuesta conservadora encabezada por el Partido Acción Nacional. Debe saber que sólo la Coalición “Por el bien de todos” tiene la capacidad de preservar la independencia y soberanía nacional, fortalecer el caracter laico del Estado, garantizar la vigencia de la Constitución, así como el caracter plural, democrático, representativo y federalista de las instituciones de la república y la vigencia de los derechos sociales y las libertades públicas. 

La lucha por la Presidencia de la República se ubica en su momento más importante, dado que las tendencias electorales se han estrechado como resultado de la campaña mediática auspiciada por el gobierno federal y los grupos monopólicos beneficiarios del modelo neoliberal. La estrategia de ataques y descalificaciones contra AMLO marca un retroceso en la vida política de la nación y en los avances logrados en la construcción de la democracia. Por ello, es necesario tener a la mano las pruebas del fracaso de la gestión de Vicente Fox y mostrar el significado real de su propuesta económica que sólo favorece a los sectores más acaudalados, y exhibir su política excluyente hacia los trabajadores y los ciudadanos organizados. 

En esta fase final del proceso electoral nos encontraremos con un número importante de ciudadanos quienes todavía dudan o tienen reservas sobre cuál es la mejor opción para nuestro país. Es indispensable presentar una propuesta unificada de imagen y programa ante ese electorado, afinar nuestros discursos y exponer ante los indecisos las preocupaciones que nuestro instituto político tiene para con la población. Esto es, mirar por el bien de todos los ciudadanos, empezando por los más desprotegidos, los más pobres del país, haciendo nuestras las demandas que ellos tienen respecto de sus problemáticas cotidianas, familiares y laborales, de seguridad y empleo, pero, sobre todo, asumir el compromiso de construir una nación más equitativa e impulsar una verdadera alternativa de gobierno y desarrollo que beneficie a todos los mexicanos. 

El verdadero cambio no se ubica en promesas de algo que no se hizo cuando se tuvo la oportunidad. El verdadero cambio que requiere nuestro país está en resolver, con independencia, las nuevas problemáticas que la globalización ha impulsado y superar los rezagos que han quedado del pasado. También, se requiere un proyecto de nación que esté a la altura de las circunstancias que vive el mundo, pero sin subordinarnos a las tendencias económicas dominantes. Tenemos la convicción de que otro México es posible y podemos lograrlo. Este es el reto de nuestra generación. 

La hora definitiva está cerca. Nuestro futuro como nación se debate entre el conservadurismo de la derecha, representado por PAN y PRI, y un verdadero cambio, ubicado en una tendencia de centro izquierda, como ya se muestra en varias naciones de América Latina. 

Ya no se trata de comparar. Las políticas neoliberales mostraron ya en el mundo su enorme desastre. Lo único que han producido con claridad es pobreza, drogadicción, violencia, migración y falta de integración nacional, regional y hasta desintegración familiar. La alternativa para nuestro país es la que ya se ha iniciado en Brasil, Chile, España, Italia, entre otros. 

Como la institución política más joven y con el mayor trayecto recorrido de luchas ciudadanas y laborales, el PRD asume con amplia responsabilidad el Proyecto Alternativo de Nación, como la guía para el cambio. Propuesta que reconocemos con todas sus condicionantes culturales, regionales y sectoriales, por lo que asumimos que para avanzar hacia una sociedad más democrática y por el bienestar de todos, primero los pobres.