Desarrollo neoliberal y exclusión campesina* Víctor Suárez Carrera** Agradezco la oportunidad para plantear la situación
y perspectivas del campo mexicano en la Plataforma Electoral del PRD,
en el marco de la disputa por la nación
en 2006. En los años
2002 y 2003, el problema del campo fue colocado en el centro de la agenda
nacional por un conjunto de organizaciones rurales bajo dos lemas: “El
campo no aguanta más” y “Salvemos al campo para salvar a México”. Es en
ese sentido, y recogiendo esta propuesta del movimiento campesino autónomo,
que planteo la necesidad de que el PRD incorpore en su agenda un tema
central, relacionado con un nuevo pacto de la nación con el sector rural.
Este es el
centro de mi planteamiento. Hoy constatamos
el hecho de que el pacto histórico construido entre el Estado mexicano
y la sociedad rural, a raíz de la Revolución Mexicana y plasmado en la
Constitución Mexicana, en su artículo 27 y otras disposiciones, está roto,
ya no existe, ya no funciona. Después
de más de setenta años, hoy el sector rural no tiene cabida en el proyecto
de la nación neoliberal, está excluido económica, social, política y culturalmente.
No hay entonces posibilidad de que con pequeñas –aparentemente importantes–
modificaciones de política hacia el campo, este pacto pueda ser reconstruido
sobre otras bases. Necesitamos un nuevo pacto de la nación con el campo
en la perspectiva de un proyecto alternativo
de nación. El campo
mexicano ha sido parte fundamental para la fundación o refundación de
la república desde la Revolución Mexicana y ha sido parte fundamental
para el desarrollo económico y social de la nación. Sin embargo, a partir
de los años ochenta, se ha determinado explícitamente que el campo ya
no es necesario para el modelo económico ni para el desarrollo social
del país. El campo es un sector excluido, es el sector sobrante, que ni
siquiera es importante para la producción de alimentos, pues éstos se
importarán más baratos de Estados Unidos. Ya no es
importante la producción masiva de alimentos a bajo costo para un desarrollo
industrial, porque ya no hay política ni necesidad de un desarrollo industrial
y tampoco necesidad de contención de salarios con la oferta de bienes
alimentarios de bajo precio; entonces, el campo no es necesario. No obstante,
los recursos en manos de los campesinos es un factor muy importante. Más
de la mitad del territorio nacional está en manos de ejidos, comunidades
y pequeños propietarios, y esos territorios contienen gran riqueza; además
de la capacidad de producción agropecuaria y forestal, tienen gran riqueza
en cuanto a dotación de recursos hídricos, de biodiversidad, de recursos
biogenéticas, recursos escénicos y recursos de territorio, susceptibles
de especulación inmobiliaria. Entonces, hoy los campesinos son sobrantes
y también estorban, porque están obstaculizando la apropiación privada
de esos recursos patrimoniales, que hoy tienen un valor aún mayor que
el propio resultado de la producción agrícola. Diversos
hechos constatan este punto de la exclusión que para mí es la parte más
importante. En los últimos
25 años de políticas neoliberales hacia el campo, el sector agropecuario
ha crecido a tasas de 1.2 por ciento promedio anual. Con el Tratado de
Libre Comercio (1994), que se suponía iba a promover el desarrollo económico
del sector y del país, el promedio de crecimiento del sector fue de 1.8
por ciento en 11 años. El promedio en el sexenio
de Fox es
de 1.6 por ciento. Esto demuestra
que el sector agrícola está desconectado del resto de la economía, pues
el promedio neoliberal de las tasas de crecimiento ha estado entre el
2.2 y 2.3 por ciento en estos 22 años, y en el sexenio de Fox, la
economía creció 2.6 por ciento. Si consideramos
el índice de crecimiento demográfico, el sector agropecuario ha estado
estancado en los últimos 23 años, de modo que el sector agropecuario no
es importante en términos económicos. La falacia
de que el crecimiento del comercio exterior iba a ser motor del crecimiento
económico y del bienestar se confirma también en el sector agropecuario.
No obstante que en los últimos diez años el crecimiento del comercio exterior
agropecuario ha sido del orden del siete por ciento promedio anual, esto
no ha sido un factor que haya impulsado o dinamizado
al sector agropecuario. Ha habido
años en que el crecimiento de la economía ha llegado a 6.8 y el sector
agropecuario 0.2, como en 1997. En 1998 la economía crece 4.9 y el sector
agropecuario 0.8; en 2000, la economía crece 6.6 y el sector agropecuario
0.6. En el primer semestre de 2005 la economía crece 2.8 y el sector agropecuario
decrece 2.4 por ciento, es decir, no es necesario el sector agropecuario,
incluso puede ser visto como un obstáculo al modelo económico neoliberal. La producción
está estancada, la producción de alimentos hoy es la misma que a principios
de los ochenta. La caída de los precios de los productos agrícolas ha
sido de entre 40 y 70 por ciento en el periodo de vigencia del TLC. El
sector agropecuario reporta saldos negativos en su balanza comercial y es responsable del 40 por ciento del déficit
en la balanza comercial total del país. Las exportaciones
agroalimentarias representan únicamente el tres o cinco por ciento del
total de las exportaciones del país y el valor de las exportaciones agrícolas
no representa más del 15 por ciento del valor de toda la producción agrícola.
Sin embargo, todas las políticas gubernamentales están orientadas a fomentar
y a apoyar a ese pequeño sector vinculado a las agroexportaciones, representado
por unas cuantas unidades de producción, unas cuantas regiones agrícolas
del país y unas cuantas empresas agroexportadoras, dejando y dando la
espalda al resto de las unidades, regiones y productores
vinculados al mercado interno. Algo sobresaliente
es que la dependencia alimentaria y la inseguridad alimentaria del país
ha crecido. En 1982, 15 por ciento de los alimentos provenían del exterior;
en 1994, 20 por ciento; entre 2004 y 2005, el 40 por ciento de los alimentos
provienen del exterior. Para el
2008, año 15 del Tratado de Libre Comercio, en donde terminará de liberalizarse
todo el sector agroalimentario, esperamos que esta cifra de dependencia
se ubique por encima del 50 por
ciento. En los 11
años del Tratado de Libre Comercio hemos importado alrededor de 100 mil
millones dólares en alimentos. Esto, evidentemente, no sólo representa
un problema de disponibilidad de divisas, sino lo que ha representado
en fuga de empleos y en estancamiento de la economía regional. En estos
años se han perdido dos millones de empleos en el sector rural, predomina
el rentismo en zonas de riego y buen temporal y la migración
rural. ¿Cuál es
el contexto de los próximos años? El 1 de enero de 2008 inicia la liberalización
total, en el marco del TLC, a la importación de maíz, frijol, edulcorantes,
incluyendo azúcar de caña y alta fructuosa de maíz, y leche en polvo.
En caso de que AMLO gane, solamente se tendrían 13 meses para actuar,
en la seguridad de que el gobierno del presidente Fox firmó un acuerdo
que no va a cumplir respecto a revisar el Tratado de Libre Comercio y
su apartado agropecuario para excluir el maíz blanco y el frijol. El PRD
no puede dejar de percibir esta situación. Un hecho
fundamental es el voto verde. En el campo aún prevalecen los mecanismos
de control político del viejo régimen, a partir de los gobernadores, presidentes
municipales, legisladores federales y locales, caciques, la CNC y otros
organismos de control vinculados al PRI. Si el PRD no es capaz de hacer
una propuesta interesante para ese sector, diferente a la propuesta de
la CNC y del PRI y que haga una diferenciación de las prácticas clientelares
y corporativas, no creo que podamos enfrentar este
hecho político importante. Otro hecho
que es espantoso es la utilización masiva de recursos públicos y programas
asistenciales para el control político. Tenemos programas como Oportunidades,
el Seguro Popular y Procampo que reporta dinero directo e individualizado
al sector rural y que son una posibilidad de control político. La economía
mexicana no crece y la economía estadounidense no lo hará en los próximos
años o lo hará muy moderadamente y las restricciones a la migración aumentarán
significativamente, tanto por razones de seguridad interna en Estados
Unidos como por xenofobia. Además, tenemos en los próximos años la perspectiva
de impactos crecientes de fenómenos naturales derivados del cambio climático
global, lo que provocará sequías e inundaciones sin precedentes en Estados
Unidos y México, que podrán afectar la producción y la disponibilidad
de alimentos. Necesitamos
un nuevo pacto de la nación con el sector rural y una nueva política hacia
el campo, en el marco de un proyecto alternativo de nación. Existe la
necesidad de un nuevo pacto, no de ajustes o cambios secundarios, en el
contexto actual de modelo de dependencia, exclusión y deterioro ambiental.
Por supuesto, no queremos plantear el regreso al pasado, sino un nuevo
pacto nacional con el sector rural, una nueva estrategia y una nueva relación
campo-ciudad sobre los siguientes
ejes: Primero,
revalorizar el papel de la agricultura y, en particular, de las agriculturas
campesinas e indígenas y reconocer sus derechos y capacidad de desarrollo
productivo y social en el marco de un nuevo proyecto nacional; segundo,
soberanía alimentaria y derecho a la alimentación; tercero, esto me parece
algo que el PRD tiene que visualizar, el reconocimiento al carácter multifuncional
de la agricultura y de la gestión de los territorios rurales. De cara
a la situación actual de la nación, su conformación más urbana, cierto
requerimiento para el desarrollo industrial y de servicios, tiene que
reconocerse que el sector agrícola es mucho más que la producción de alimentos
o de mercancías para los mercados mundiales. Tiene funciones múltiples
no solamente para producir alimentos suficientes y sanos, porque hoy las
importaciones no sólo son de productos de desecho y de alto daño a la
salud; también tiene una alta capacidad de producción de bienes y servicios
ambientales, de manejo de los recursos, agua para las ciudades, para el
desarrollo industrial y de servicios, el cuidado del manejo de los recursos
biogenéticos, la biodiversidad y el mantenimiento de un valor fundamental
para la nación, que es la base material de supervivencia de culturas campesinas
e indígenas, que dan y deben dar identidad a esta nación como un país
multicultural y multiétnico. Sin una agricultura fuerte y sin un respeto
a los territorios rurales y a su población no estaremos construyendo un
nuevo proyecto de nación. Algo fundamental
que tiene que ofrecer el PRD y plantear claramente es el reconocimiento
al principio de paridad a la población rural, en cuanto a calidad de vida
respecto a la población urbana. Es algo central, que tiene que ser eje
de la política de izquierda del PRD para el campo mexicano. Reconocer
que no por el hecho de vivir en el campo se tiene que estar condenado
a vivir una vida indigna y que la única manera de tener acceso a vida
digna es migrar a las ciudades. Tiene que haber perspectiva de vida digna
para los más de 30 millones de mexicanos que viven en el campo, dedicándose
a actividades del campo en un enfoque multifuncional y en un enfoque de
nueva relación campo-ciudad. Es muy importante
que el PRD plantee un enfoque productivo para el combate de la pobreza
rural. En coherencia con lo anterior, el PRD debe de ser crítico a los
enfoques asistencialistas de combate a la pobreza rural. Esto no quiere
decir que no tenga que recurrir a programas compensatorios, pero deben
ser complementarios y secundarios respecto a la estrategia principal que
debe ser la salida productiva al combate
a la pobreza
rural. El PRD debe
reivindicar fuertemente el tema ambiental y sustentable en la agricultura
y en el manejo de los recursos naturales. Cambiar el paradigma productivista,
devastador y depredador de la agricultura, tal como se nos ha impuesto
por el modelo centrista y las
políticas neoliberales. Debe reconstruirse
e impulsarse la rentabilidad, competitividad y articulación de las redes
de valor agropecuarias, forestales y pesqueras, prioritariamente en el
mercado interno. Finalmente,
el PRD debe de comprometerse con un nuevo pacto que considere la ciudadanía
plena y la democracia en el medio rural. Si hay déficit de democracia
en este país está en el campo, porque, incluso, el PRD no está comprometido
coherentemente con la democratización de la vida rural, pues también se
ve a los pobladores rurales como lo ha visto el viejo régimen priista
y ahora también los panistas, como un elemento de control político, control
clientelar, control corporativo y del uso de recursos públicos, que es
importante para ganar elecciones, pero no se les reconoce ciudadanía plena
y la necesidad de emancipación a partir del reconocimiento de sus derechos
y de ver a la gente como sujetos y no como objetos. El PRD tiene
que deslindarse del clientelismo y del corporativismo. Si es que vamos
a cambiar a la nación, tenemos que cambiar esas prácticas y, en contraposición,
apoyar y fomentar el asociacionismo autónomo y autogestivo, productivo
y social, en el nivel local, en redes regionales, estatales y nacionales,
y promover una nueva relación del PRD con las organizaciones rurales,
con autonomía y respeto a la pluralidad, diciendo no al clientelismo y
al corporativismo como en
el viejo régimen. En lo inmediato,
el PRD debería de estar planteando cuestiones muy concretas, como ya las
está planteando en su campaña Andrés Manuel López
Obrador: -Exclusión del maíz blanco y frijol del proceso de
liberalización total del TLC. -Programa especial y de largo plazo para la soberanía
y seguridad alimentaria y nutricional. El PRD debe comprometerse a eliminar
la desnutrición infantil entre 2006
y 2012. -Una Ley de Planeación para la Soberanía y Seguridad
Alimentaria. No podemos seguir en la lógica de la soberanía del mercado
y de la pérdida de la rectoría del Estado. Se requiere la creación del
Consejo Nacional para la Seguridad Alimentaria y Nutricional. El PRD debe
decidir ya que instrumentos de apoyo fundamentales terminarán en 2007,
en razón de la vigencia del TLC, pero aún hay mucha incertidumbre. Hoy
el PRD debería de estar decidiendo que algunos programas clave, como el
Procampo, extenderá su vigencia hasta 2008 o 2012, para dar un piso de
seguridad. No vamos a ilusionarnos en que las negociaciones agrícolas
de la OMC, Estados Unidos va a eliminar sus subsidios que distorsionan
el comercio promoviendo el dumping. Debemos
pensar en hacer programas importantes de sostenimiento al ingreso de los
productores por la vía de la comercialización, como el programa de ingreso-objetivo,
que hoy son programas gubernamentales, que se van a elevar a rango de
ley y que también se extenderán al año 2012. Es preciso
generar una reingeniería de las instituciones del sector rural, incluyendo
una descentralización efectiva hacia las entidades federales y municipios.
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