Alternativas para la seguridad social en México*

Odilia Ulloa Padilla**

En los últimos años, se ha puesto muy de moda el tema de la seguridad social, particularmente, el tema de las pensiones. A continuación presentaré algunos elementos de lo que podría ser una ruta o un camino alternativo para intentar resolver el problema de la seguridad social en salud y en pensiones.

En primer lugar, la seguridad social nació diseñada o ligada –así pasó en México, en América Latina y en Europa– al derecho del trabajo, por lo tanto, no es un derecho ciudadano, no es un derecho universal. Su financiamiento depende, entonces del nivel del empleo, del nivel de los salarios y, en muchos de los sistemas, del nivel de las transferencias fiscales. Estas transferencias públicas –que pueden operar bajo modelos tripartitas y bipartitas– actúan y han actuado siempre como se diseñaron en el siglo pasado, como subsidios a los costos de la producción privada.

Segundo. Es preciso preguntarse, ¿el crecimiento económico determina la seguridad social, esto es, la cobertura y el nivel de los beneficios o la seguridad social determina el nivel de crecimiento económico?

Para los núcleos duros de Hacienda, en 1995, la seguridad social determinaría el crecimiento económico, básicamente, los salarios y los mercados financiero y de capital. Por esa razón, se reformó estructuralmente el sistema de seguridad social más grande del país, modificando, básicamente, el sistema de pensiones y el financiamiento de los servicios de prestaciones médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social.

¿Cuáles fueron los supuestos que sostenían esta reforma? Primero, avanzar –se dijo– junto al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional hacia sistemas de salud y de pensiones autofinanciables y dignos. Segundo, ampliar la cobertura de la seguridad social. Tercero, crecimiento, expansión y desarrollo en el mercado financiero y de capitales impulsado,  básicamente, a partir de la reforma de pensiones.

En los diagnósticos elaborados por la Secretaría de Hacienda para el Seguro Social y, recientemente, para el ISSSTE, se decía que el sistema de financiamiento de los diversos sistemas estatales están atrasados por un problema de la transición demográfica y epidemiológica del país. Esta transición demográfica y epidemiológica afecta el financiamiento de los fondos de pensiones y de salud, que precisarían de transferencias fiscales crecientes para solventar los déficit observados .

En el caso de pensiones, la nueva Ley del Seguro Social (1995), sustituyó el sistema anterior de reparto por un nuevo sistema basado en cuentas individuales y administrado de manera privada. Se señalaba que a partir de este sistema se lograría uno nuevo, autofinanciable.

¿Cuáles fueron los resultados? Algunos de ellos no están cuantificados aún. La reforma supuso que el gobierno federal asumiera lo que se llama las pensiones en curso de pago. De julio de 1997 a la fecha, esas pensiones en curso de pago han supuesto más de 400 mil millones de pesos para alrededor de dos millones de pensionados o jubilados del Instituto Mexicano del Seguro Social.

La reforma ha estado entre 30 y 40 por ciento por encima del costo fiscal que se estimó en 1995 y ha pasado así con todas las reformas en Chile, Argentina y en América Latina. Los primeros cálculos de esta reforma han estado muy por encima del costo fiscal que se estimó.

Diversos estudios, de la propia CONSAR, la Auditoría Superior de la Federación y la Facultad de Ciencias de la UNAM, entre otros, señalan que bajo el nuevo sistema de cuenta individual las tasas de reemplazo, esto es, el porcentaje que representa la pensión del último salario representará entre el 20 y el 30 por ciento del último salario.

Por ejemplo, el caso de un trabajador que cotiza con cinco salarios mínimos a una cuenta individual, cotizando 25 años ininterrumpidos, sin considerar que hubiera interrupciones en su trabajo y en las aportaciones en la cuenta individual, estaría obteniendo alrededor del 20 o 30 por ciento de su último salario como pensión.

Hay otro asunto. Lo de que nos dirigimos hacia un sistema autofinanciable es un supuesto que se cae desde un principio, porque las reformas en todos estos países y en México han supuesto en estos modelos de capitalización una nueva transferencia, un nuevo subsidio, en este caso a los mercados de trabajo financiero, a través de la famosa pensión mínima garantizada. Esto es, los trabajadores que no alcancen a financiarse, después de cumplir requisitos más rígidos en términos de edades y semanas de cotización, tendrían derecho a una pensión; y si su saldo no es suficiente, el gobierno federal complementa ese saldo para garantizar una pensión mínima garantizada. Este es un costo del nuevo sistema. Los estudios arrojan que alrededor de 62 por ciento de los actuales afiliados, más de 12 millones, precisarán de esa transferencia fiscal para sus pensiones mínimas garantizadas.

Señalaba en un principio que la seguridad social no es un derecho ciudadano, no es un derecho universal, pues está ligado a un empleo formal, asalariado. La reforma en este caso, tanto en salud como en pensiones, planteaba ampliar la cobertura, estableciendo incentivos a las empresas.

La reforma implicó disminuir la aportación de los patrones, en el caso de la seguridad social para salud, en 33 por ciento. El supuesto era que la disminución de este impuesto para las empresas sobre la nómina implicaría una ampliación del nivel de empleo, pero esto no ha ocurrido, o sea, no ha habido una relación directa porque finalmente el nivel de empleo depende de muchas otras variables. También se dijo que el nuevo sistema de capitalización individual incentivaría la afiliación de los trabajadores, porque tendrían derechos claros de propiedad al ser propietarios de una cuenta individual, pueden darle seguimiento y, con cargo a esa cuenta, comparar sus rentas vitalicias en el mercado.

Lo cierto es que actualmente hay 36 millones de afiliados a las Afores, pero, de ellos, únicamente 12 millones son cuentas activas, el resto son cuentas inactivas y eso nos habla también de las características del mercado de trabajo. El asunto es que con esta reforma se favorecía la expansión y el crecimiento del mercado financiero de capitales y, al trasladar los fondos de pensión de los trabajadores al mercado financiero (más de 500 mil millones de pesos solamente en pensiones, sin considerar vivienda), cerca del 8 por ciento del Producto Interno Bruto, esta reforma implicaría un crecimiento del ahorro interno y, por tanto, el país dejaría de depender o dependería menos del ahorro externo.

Lo cierto es que el nuevo sistema de pensiones de capitalización individual administrado hoy por las Afores y por nuevas compañías de seguros, hoy nuevos intermediarios financieros, han recibido la transferencia de estos fondos de pensión. No obstante que entre el 82 y el 85 por ciento de esos recursos que, desde julio de 1997 a la fecha, están disponibles y creciendo a una velocidad muy rápida, pero colocados en deuda de gobierno, en Cetes, Bondes. ¿En qué está empleando esa nueva deuda el gobierno? Básicamente, en gasto corriente; de hecho, está incumpliéndose la ley, porque la ley que es parte de este nuevo sistema, la de los sistemas de ahorro para el retiro, señala que la intención es también dirigir estos fondos de pensión hacia el desarrollo productivo, hacia la generación de empleos y el desarrollo local. El sistema en México tiene ocho años, en Chile 25 años y no está cumpliendo con eso; no tiene un destino productivo, no está invirtiéndose en activos físicos, es papel, es deuda que se está transfiriendo hacia adelante.

Por otro lado, hay una contradicción que no se resuelve: la velocidad con la que crecen o que se acumulan los fondos de pensión y que tiende a bajar la tasa de interés. Esto supone saturación, porque hay más recursos prestables en el sistema financiero. El resultado será una tasa de interés más baja y saldos más bajos en las cuentas individuales, y, por tanto, saldos más bajos para contratar mejores pensiones.

Por otro lado, también se piensa en el supuesto de que hay que depender menos del mercado externo y de la deuda externa, pues, finalmente, las leyes se han reformado para permitir invertir hasta el 20 por ciento de estos fondos  de pensiones en el extranjero.

En menos de ocho años, las Afores han obtenido ganancias por más de 70 mil millones de pesos y hoy, en promedio, están descontando o están cobrando comisiones de alrededor de 21 por ciento sobre lo que ingresa a la cuenta.

El problema de la seguridad social es mucho más amplio y una reforma precisa de un pacto como en el tema fiscal. Un pacto regido por un principio muy simple, el de la pirinola, donde “todos ponen”, donde cada quien asuma su responsabilidad en el rescate de la seguridad social. El panorama de la seguridad social en México es muy heterogéneo, desigual, inequitativo y ese es un asunto que no estábamos viendo y que es necesario atender, a partir de que pongamos de pies una discusión que está de cabeza.

¿Qué problemas enfrenta la seguridad social en México? De universalidad, de equidad, tanto en montos de las pensiones y de los beneficios que se otorgan en los diferentes sistemas en pensiones y de salud, como en los requisitos de calificación. No son los mismos requisitos los que se piden a los ministros de la Suprema Corte de Justicia que los que tiene que observar un trabajador asalariado y afiliado al Seguro Social. Existe desigualdad tanto en las prestaciones como en los requisitos que hay que observar para tener derecho al beneficio.

En el caso de la universalidad tenemos, evidentemente, un problema de financiamiento. En el último trimestre de 2004 se estimaba que en México carecían de seguridad social el 43.4 por ciento de la población total, el 65.8 de la PEA y el 43.6 de los salariados.

En el caso de los adultos mayores, para 2002, 5.5 millones se encontró desprotegido (CONAPO). Mientras, en 2004, únicamente dos de cada diez adultos mayores tuvo acceso a una pensión del IMSS o del ISSSTE, sin contar con que dichas pensiones no son suficientes para cubrir las necesidades  básicas.

Sobre el asunto de la equidad, existen casos extremos, debido a la variedad de sistemas de contratación y de condiciones generales de trabajo, dispersos y discrecionales; los trabajadores del IMSS, alrededor de 2.5 millones, perciben una pensión anual promedio de 22 mil pesos. El ISSSTE, cuenta con 533 mil jubilados y pensionados; la pensión promedio mensual es de 67 mil pesos. En el otro extremo, los cuatro ex presidentes tienen una nómina, con datos del Presupuesto de Egresos 2005, de 45 millones de pesos que incluye no solamente el ingreso para su vejez, sino hasta personal a su servicio  de  por  vida.

“No debe de haber pensión sin necesidad, ni necesidad sin pensión”. Este es un principio que debe quedar establecido en la plataforma del partido.

Están los ministros de la Suprema Corte, los magistrados y jueces federales que, a través de un acuerdo, continúan extendiendo sus beneficios con pensiones complementarias. Los ministros, jueces y magistrados, adicionalmente a la pensión que como servidores públicos les corresponde por parte del ISSSTE, cuyo tope máximo no rebasa diez salarios mínimos, recibirán complementos. Mariano Azuela recibirá cuatro millones de pesos con todo y prestaciones como remodelación de su casa, entre otros.

Por tanto, tenemos que mirar integralmente, sí hay un problema de desigualdad; sin embargo, no podemos ir tampoco sistema por sistema, se requiere un pacto donde cada quien asuma  su  propia  responsabilidad.

En el caso de las pensiones, ¿hacia dónde podemos ir? Estamos proponiendo, como lo hacen la OIT y la CEPAL, un sistema de pensiones solidario, equitativo, que garantice la cobertura de toda la población y el principio de: “ninguna necesidad sin pensión y ninguna pensión sin necesidad”.

Bajo el principio de: “todos ponen” para la distribución de costos y fortalecimiento del sistema, impulsar un esquema multipolar para los sistemas de contribución, definido para garantizar su viabilidad o un financiamiento más sano; que los recursos hacia estos sistemas no compitan con las necesidades de financiamiento  en  educación  y  en  salud.

En el caso de pensiones, dada su problemática debe construirse un sistema mixto y multipolar que nos lleve, por una parte, a conservar el sistema de reparto, por sus efectos redistributivos, con los ajustes sociales, técnicos y jurídicos necesarios, y por otro, que se ordene, fortalezca y transforme el pilar de capitalización individual que, por lo demás, ya está en  la  ley.

Proponemos una reforma fundamental, responsable, gradual, progresiva y socialmente justa. Esto es, para los sistemas contributivos avanzar hacia un sistema dual. Un sistema dual que tendría que ver el tema de la pensión no contributiva, que dista mucho del tema de generalizar un beneficio, con una pensión para todos los adultos mayores, porque no necesariamente es equitativo, tenemos que ver el costo de las transferencias de establecer un programa de este tipo a nivel nacional y los efectos que tiene en la equidad. Una pensión de este tipo, para más de tres millones de adultos que hoy están en condiciones de vejez, tendría que llegar a la gente que está en condiciones de pobreza y que, en principio, no cuenta ya con una pensión contributiva. Probablemente, después y si la economía va mejor podrían extenderse los beneficios  a  esos  sectores.

Terminaré con un planteamiento básicamente político. Para todas estas medidas que estamos pensando se requiere: fortalecer el componente colectivo y redistributivo de las pensiones de los trabajadores del sector público; hacer la evaluación de la reforma de 1995; diseñar un esquema de distribución de carga donde todos participen: los gobiernos locales, el gobierno federal, y que en un primer momento funcione como una caja de compensaciones, mientras se buscan soluciones para los regímenes de pensiones  en  los  estados.

Conclusiones

Fortalecer los sistemas de seguridad social en México requiere de acuerdos que permitan: elaborar diagnósticos compartidos por todos los actores involucrados en los que se basen los consensos necesarios; realizar auditorías para identificar el destino de los recursos y la responsabilidad del Estado en el rescate de la seguridad social y, dar viabilidad a las instituciones bajo un horizonte de largo plazo recuperando principios como la  solidaridad   y  la  equidad.

Para ello, Estado y sociedad en su conjunto deben avanzar hacia un acuerdo para el rescate de la seguridad social. En este acuerdo en el que “Todos ponen”, corresponde al Estado dar señales para avanzar, es muy importante asignar los recursos necesarios para rescatar los servicios médicos. Los trabajadores no van a admitir cotizar más de 28, 30 y hasta 35 años, si no hay una correspondencia desde el gobierno federal para garantizar   sus   recursos.

Debe tenerse en mente que todas las reformas exitosas a los sistemas de seguridad social han sido precedidas por amplios acuerdos políticos y económicos de carácter estatal. La viabilidad de las reformas precisan del respaldo de un Estado fiscalmente fuerte, por lo que la reforma a la seguridad social debe estar vinculada a la reforma fiscal y a la reforma económica.

* Ponencia presentada en el foro temático “Desarrollo sustentable, crecimiento, empleo y política laboral”, dentro del programa “Hacia un proyecto de nación rumbo al 2006. Debate de la Plataforma Electoral”, organizado por la Comisión para elaborar la Plataforma Electoral 2006 del PRD, realizado el 11 de septiembre de 2005 en Acapulco, Gro.
** La autora es pasante de la maestría en Economía, con especialidad en política económica, de la Facultad de Economía de la UNAM. Ha participado como asesora en la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados, en la LVII y LVIII Legislatura, y actualmente como Secretaria Técnica de la misma comisión.