Desarrollo sustentable y humano* Beatriz Mojica Morga**
Pensando en la orientación que deberían tener las
políticas económicas de este país en el largo plazo, como joven, sueño
con un país en el que no tengamos que migrar del campo a las ciudades
ni de las ciudades al extranjero, porque es muy triste ver que de quienes
estudian en el extranjero sólo un tercio regresan a México. Por un lado,
migran los campesinos y los sectores de la población más pobres, pero
también quienes cuentan con una formación de alto nivel, por tanto, están
escapándose de nuestro país todas las capacidades productivas que, además,
son factor principal de competitividad mundial. Soñamos
también con un equilibrio macroeconómico que se refleje en nuestros bolsillos,
que no sea un crecimiento sólo en cifras, sino que también nosotros lo
podamos disfrutar; quiero un país en el que no tengamos que viajar dos
días o un día para recorrer 50 kilómetros, como ocurre en muchos municipios
del país, y eso tiene que ver con la infraestructura. Es muy importante
la inversión en infraestructura, pero en un país en el que las comunicaciones
no sólo sean mejores carreteras, sino el total acceso a nuevas tecnologías.
Esto es muy importante para la competitividad. Quiero un
México con rumbo, con un crecimiento económico fuerte, pero dentro de
una estrategia de desarrollo que ponga en el centro de la discusión a
la gente, porque las políticas económicas no pueden continuar como hasta
ahora; para conseguir el crecimiento con equidad, es necesario abrir las
puertas a la gente, hacerlas parte y motor del cambio. ¿Qué significa
poner a la gente en el centro de desarrollo? Desde una visión de gobierno
de izquierda, que los individuos no estén supeditados a las políticas
de crecimiento económico, sino que, por el contrario, las políticas de
crecimiento económico sean acordes con las necesidades de los individuos. Necesitamos
una política macroeconómica activa que asegure un crecimiento económico
fuerte, durable y respetuoso del medio ambiente; que no sólo garantice
la estabilidad del crecimiento, sino también los empleos. Para la población
joven es muy importante este asunto del empleo, porque implica también
la posibilidad de elevar nuestros niveles de vida. Desde los años ochenta,
en México se han implantado políticas de ajuste estructural: adelgazamiento
del Estado, privatizaciones y apertura económica. Quienes las implantaron
creyeron que le iban a dar otra dimensión de competitividad económica
a México y se dejó de lado la inversión en otros sectores, en el campo,
en la microeconomía, en los asuntos que afectan a la población más pobre
del país. El Estado dejó de invertir en obra pública y se desentendió
de sus obligaciones sociales. Durante
todos esos años se ha puesto más atención a la eficiencia del gasto público
y al mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos que a aumentar los
niveles de vida de la mayoría de la población, causa principal de la brecha
cada vez más grande entre ricos y pobres. Los últimos 25 años de ajuste
estructural no han dado los resultados esperados. Un gobierno
de izquierda debe contar con políticas públicas bien definidas que incidan
en la consolidación del crecimiento sostenido en el tiempo, porque si
no es así, no podremos plantearnos despegar nunca, siempre estamos en
lo inmediato. Tenemos que diseñar políticas públicas de más largo plazo. El crecimiento
económico es una condición necesaria, pero no es suficiente para disminuir
la pobreza. Existe un círculo vicioso entre el objetivo de aumentar la
potencialidad de la gente, la educación, la salud, de tal manera que aumente
la productividad y enlazarla con el crecimiento económico. Tenemos que
buscar un equilibrio entre el desarrollo social y el desarrollo económico.
Tiene que pensarse en políticas públicas de desarrollo económico y social
que sean complementarias, donde el énfasis esté en desarrollar las capacidades
de la gente. No podemos
continuar pensando únicamente en el crecimiento económico sin pensar en
las políticas públicas agrarias, de bienestar social, de salud, de educación,
el uso de las nuevas tecnologías. Estamos en un mundo que se desarrolla
muy rápidamente y es importante que la gente tenga acceso a las nuevas
tecnologías, de manera que podamos ser competitivos ante la apertura.
Se trata de disminuir la brecha entre ricos y pobres, porque de eso depende
en gran medida la productividad de las y los mexicanos. Cuando no
se pone a los individuos menos favorecidos, por no decir los pobres, en
el centro del desarrollo económico, éste puede desvirtuarse por las siguientes
razones: puede estar orientado hacia los gastos de inversión y de consumo
que no tocan directamente a los pobres, al menos en el corto plazo. Los
beneficios del crecimiento son captados, usualmente, por la categoría
poblacional más rica, cuando no existen mecanismos de redistribución;
sobre todo, si no se hacen políticas económicas de creación de empleo,
no veo por dónde podamos atender estas necesidades, tampoco cuando no
se da lugar a una mejora en los ingresos para los hogares rurales y urbanos;
entonces, se desvirtúa el crecimiento económico. ¿Qué tendríamos
que hacer para pensar también en un crecimiento que sea favorable a los
pobres? Impulsar
políticas públicas de fortalecimiento del sector agrícola y de las microempresas,
así como de los sectores pobres urbanos, porque es ahí donde concentramos
a nuestra población más pobre y donde se registran nuestros mayores índices
de migración. Invertir
en infraestructura, situar el crecimiento en actividades donde se necesita
una mano de obra extensiva e invertir en mejorar las condiciones de vida
de la gente; está comprobado que en sociedades más igualitarias en cuestiones
de ingreso, riqueza y capital humano, existe más confianza y es más fácil
transformar el crecimiento económico en disminución de la pobreza. No
se trata de generar más pobres, tenemos que crear condiciones para que
aumenten las condiciones igualitarias en las que vivimos. Las políticas
macroeconómicas que buscan estabilidad deben ser favorables también al
crecimiento y a la reducción de pobreza e invertir en infraestructura. Aumentar
el gasto público, aquí en la mesa ya lo explicaron muy bien, pero tiene
que ver con esto, en que vayamos a la par de la gente. El crecimiento
económico sólo reduce la pobreza si se traduce en un aumento y redistribución
del gasto público, de tal manera que llegue a la gente más necesitada. Estamos
insertos en la globalización y los márgenes de acción que tendrá el gobierno
de izquierda –el que puede instaurarse en 2006– en el ámbito macroeconómico
serán más reducidos de lo imaginado. Sin embargo, tenemos que avanzar
en la orientación del gasto público como motor del desarrollo; a la vez,
podríamos avanzar en mejoras en la calidad de análisis del gasto y definir
perspectivas de mediano plazo o largo plazo para la confección de presupuestos
multianuales. Debe aumentar
la capacidad de control y evaluación sobre el ejercicio y reformar la
administración. De nada nos sirve hacer presupuestos cada vez mas altos
en infraestructura o en recursos hidráulicos si, en el momento de ejercer
los recursos, hay unas reglas de operación tan complicadas que no es posible
y entonces vamos acarreando rezagos. Otro punto
fundamental para el desarrollo sostenible en nuestro país son las políticas
públicas de equidad, es decir, que consideren la inclusión de las mujeres,
los jóvenes, los indígenas, como sus prioridades. Activar políticas públicas
hacia estos sectores nos permitirá tener una sociedad más igualitaria
y con mayor competitividad, pues estos sectores tienen todo un potencial
multiplicador de la productividad que, dadas las discriminaciones e inequidades
de que son objeto, no pueden ser aprovechadas de
mejor manera en nuestro
país. José Luis
Calva afirma, acertadamente, que sólo aprovechamos el 50 por ciento de
las capacidades del país, y esto se relaciona con que no existen políticas
públicas transversales, de tal manera que las mujeres y los jóvenes, un
sector muy productivo, puedan acceder al mercado de trabajo en mejores
condiciones, lo que se refleja en salarios mucho menores para ellos. Los países
que están creciendo, como China e India, están invirtiendo en educación,
y nosotros no estamos invirtiendo en los jóvenes. Un nuevo gobierno de
izquierda tiene que poner atención en este asunto e invertir en los jóvenes;
no sólo en educación y en salud. El Estado tiene que invertir en garantizar
el acceso de estas nuevas generaciones a las nuevas tecnologías, de tal
manera que estén al día y a la par de cualquier país del mundo. Dentro del
desarrollo económico es muy importante alcanzar el equilibrio entre el
crecimiento económico y el desarrollo sustentable. De discutirse el papel
de las nuevas tecnologías y el acceso que debe tener la población a ellas. Otro asunto
sería el del buen gobierno; tenemos que avanzar hacia mecanismos que ayuden
a que la administración sea más eficaz, no sólo eficiente o que ahorre
dinero, sino que aplique los recursos a donde tienen que aplicarse. Estas son
cuestiones en las que tenemos que trabajar como estrategias de largo plazo
y, sobre todo, blindadas de asuntos electorales. Tenemos que seguir trabajando
para hacer que nuestro proyecto de izquierda sea viable, sobre todo, que
ponga en el asunto y en la discusión a la gente, y esto tiene mucho que
ver con que podamos avanzar en políticas públicas de empleo y en verdaderos
cambios estructurales. Es muy importante
considerar como cambio estructural el asunto de la educación y la salud,
porque este país necesita hacer cambios en todos los sistemas que tienen
que ver con el desarrollo de las capacidades de la población.
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