Un compromiso decidido con el medio ambiente*

Octavio Adolfo Klimek Alzaraz**

 

Este documento es una propuesta de algunas de las posibles acciones que un nuevo gobierno de izquierda en México debería impulsar como políticas públicas en materia de medio ambiente y recursos naturales.

La plataforma electoral del PRD puede orientarse a generar un modelo de desarrollo que pase de la retórica a la acción en lo relativo al desarrollo para buscar el tránsito hacia la sustentabilidad. El desarrollo podrá ser sustentable cuando aproveche en forma racional y sostenible los recursos naturales y preserve el medio ambiente, tomando en cuenta no sólo el interés de la actual generación, sino el de las futuras generaciones.

Hacer compatible ecología y desarrollo es el reto para un nuevo estilo de hacer política y gobernar. La gran responsabilidad de un futuro gobierno del PRD en México es lograr que la calidad de vida de la ciudadanía y el desarrollo económico no se obtengan a costa del deterioro del medio ambiente y de la discriminación y exclusión social.

Hasta ahora, el tema ambiental se encuentra subordinado a la política y a la economía. Ante este hecho, un conjunto amplio y diverso de organizaciones, activistas y académicos confluyen en torno a palabras como medio ambiente y ecología. Ausentes o poco creíbles, los partidos y sus políticos, los organismos no gubernamentales y académicos han ocupado los espacios como interlocutores de la sociedad ante los dueños del capital publico y privado, sus temas van desde lo ambiental, los derechos humanos, la equidad de genero y la lucha contra el actual modelo de globalización, por citar algunos, es decir, se ocupan de aquello que debería ser la preocupación de la política. Por ello, se considera que estos temas o retos deben entrar realmente en la política, con un nuevo discurso y activismo que hable de estos valores prioritarios.

Si se pretende resolver de fondo problemas ambientales, debe profundizarse sobre sus causas estructurales que son, normalmente, productos de decisiones políticas y económicas equivocadas en diferentes momentos del tiempo y el espacio. Estos problemas surgen uno tras otro, con un efecto de deterioro al ambiente. Lo común y normal, es que se asuman únicamente como problemas ambientales, que deben resolverse solo como tales, sin profundizar en las causas.

Las ciudadanas y los ciudadanos deben tener la capacidad y energía para cambiar políticas, hacer propuestas y actuar cuando haga falta. La misma globalización también enseña que ya no es suficiente “pensar globalmente y actuar localmente”. Se debe pensar y actuar localmente y también pensar y actuar globalmente. Dejar actitudes de “no hay nada que hacer”. Los ciudadanos de esta sociedad deben convencerse de que se pueden cambiar las cosas. Lo que se necesita es carácter, firmeza, voluntad y perseverancia.

El objetivo es cuestionar y transformar el actual orden social dominante, el modelo político y económico desde una nueva lógica ecológica, que va de la mano con los movimientos a favor de la libertad, justicia, igualdad y solidaridad. Finalmente, nada está separado y quien los quiera separados, los quiere divididos.

El pensamiento ambiental de la izquierda entiende que los cambios en las estructuras políticas y económicas sólo llegarán una vez que se haya ganado la batalla por los corazones y las mentes. Donde se comprenda que a los seres humanos se les permitirá vivir en el planeta Tierra, sólo si se trata a toda la naturaleza con compasión e inteligencia.

El pensamiento ambiental de la izquierda está unido por principios y valores relacionados con la ecología, la sustentabilidad, la justicia social, la democracia participativa, el pacifismo y los derechos humanos. Se trata de recoger las ideas, críticas y protestas de ciudadanas y ciudadanos, fortalecer sus actividades y unificar y desarrollar sus conceptos y visiones sobre estos principios y valores.

El pensamiento ambiental de izquierda es por principio fundamental ecológico. Se apoya en el conocimiento, en la ciencia de la ecología, que dice que todo lo que vive es relación; pero hay una ética de esa relación, un equilibrio, de dar y tomar, sin excesos. Aldous Huxley decía que “ésta es la regla de la naturaleza y, trasladada de los hechos a la moral, debería ser la regla entre las personas”. No hagas lo que no te gustaría que te hicieran (Dobson, 1999).

La ecología es una dimensión inseparable de la modernización de la sociedad. Con la ampliación ecológica del pacto social se tiene que enfrentar a la política tradicional de olvidar el futuro, la política de izquierda es de responsabilidad por las generaciones de hoy y las futuras.

La política ambiental de izquierda como eje de una política integradora de la sociedad ha ganado con la sustentabilidad un concepto fundamental. Sustentabilidad significa la unión futura del desarrollo ecológico, social y económico. Por ello, es un asunto central de la izquierda el mantenimiento de las bases naturales de la vida en la Tierra, que están en peligro debido al deterioro ambiental y la depredación de los recursos naturales. Este mantenimiento no es un retorno a otros tiempos pasados, sino la búsqueda para que el modelo actual de sociedad se transforme en sustentable.

Ante los límites biológicos y físicos del planeta, el crecimiento económico es autodestructivo, a menos que incorpore totalmente las energías renovables, la agricultura sustentable, la conservación del agua, el uso sostenido de los sistemas vivos. Es importante promocionar medios de vida sustentable, social y ambientalmente: primero, una actividad que provea un ingreso o medios de subsistencia dignos; facilite la integración social y una vida con sentido; segundo, una actividad que conserve el ambiente y, si es posible, lo regenere.

La producción y el consumo deben ser organizados de tal forma que las oportunidades de vida de hoy no destruyan las de mañana. La ciencia de la ecología en su vertiente aplicada requiere una política económica y técnica sustentable. Lograr la sustentabilidad no es ninguna meta solamente nacional, requiere de cooperación internacional. Sólo cuando se logré el cambio hacia la sustentabilidad en todo el mundo, podrá tenerse la capacidad de asegurar para el futuro la vida humana en el planeta. Sustentabilidad requiere también el desarrollo de estilos de vida, tener mayor cuidado y atención ante las bases de la vida. El estilo de vida ecológica lleva implícito el crecimiento en la calidad de vida para todos. Sustentabilidad significa calidad de vida para hoy y mañana.

 

Retos de la política ambiental

La responsabilidad de cuidar la diversidad biológica de México es enorme. Es el país con más tipos de ecosistemas en todo Latinoamérica. Se estima que aproximadamente de cada diez especies que existen en el mundo una se encuentra en México. Junto con Brasil, Colombia, Indonesia, México se encuentra dentro de los países con mayor riqueza de especies.

Sin embargo, se sabe que se está perdiendo rápidamente diversidad biológica y se reducen los recursos genéticos por efecto del deterioro de los ecosistemas, en especial, la deforestación por cambio de uso del suelo que provoca perdida de espacios de vida de las principales especies de flora y fauna silvestre y la consecuente erosión del suelo.

Al respecto, conforme al Inventario Nacional Forestal (2000), se estima que de los 200 millones de hectáreas de territorio nacional, alrededor de 124 millones de hectáreas son forestales. Se reporta que 55 millones de hectáreas son matorrales y arbustos de zonas áridas y semiáridas. Se calcula, que la superficie forestal arbolada es de aproximadamente 64 millones de hectáreas: 29.8 millones de hectáreas cubiertas por bosques y selvas primarias y 34 millones con vegetación secundaria.

Lamentablemente, las tasas de deforestación colocan a México como uno de los primeros países en el mundo en materia de destrucción de los recursos naturales. Se debe señalar que hay múltiples estimaciones sobre la deforestación, una cifra conservadora es la de más de 600 mil hectáreas anuales deforestadas.

La desertificación en México es un tema preocupante. Sus principales causas han sido la deforestación, el sobrepastoreo y el cambio de uso de suelo. Se trata del proceso de degradación de las tierras en áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas provocada por cambios en el clima y las actividades humanas. Este proceso se acompaña por la reducción del potencial productivo de la tierra, de adelgazamiento de la cubierta vegetal y el agotamiento del agua superficial y subterránea.

Conforme a los datos del Inventario Nacional de Suelos 2002 de la SEMARNAT, en México, 99.5 millones de hectáreas son susceptibles de desertificarse –más de la mitad del país–, de las cuales el 59 por ciento ya se encontraba degradado en 1999. De la superficie total desertificada, 47.5 por ciento se asocia al efecto de la erosión hídrica y 39 por ciento a la erosión eólica.

La situación del agua en México también es grave. El deterioro de los ecosistemas hidrológicos del país es evidente. Es una realidad que las principales cuencas de México han sido deforestadas, alterándose sus ciclos hidrológicos. Al mismo tiempo, muchos de los ríos y cuerpos de agua se encuentran contaminados. Agréguese, los cambios en el clima global, que son cada día otras realidades evidentes, con mayor recurrencia de catástrofes naturales y la gran vulnerabilidad de los asentamientos humanos del país.

Un ejemplo de la gravedad de la situación, son los datos oficiales de la Semarnat sobre la disponibilidad del agua para México. Debido al crecimiento de la población en el país ha disminuido la disponibilidad de agua; si se toma en cuenta que en 1920 la disponibilidad promedio era de 31 mil m3/habitante/año, mientras que en 1950 disminuyó hasta 18 mil m3/habitante/año y para 1970 se redujo por debajo de los 10 mil m3/habitante/año.

El censo poblacional realizado en 2000 mostró que el número de habitantes con acceso al servicio de agua alcanzó 97.5 millones, mientras que el volúmen de agua por habitante en ese año fue de 4.8 mil m3; de seguir esta tendencia, se estima que para el año 2020, dicha disponibilidad de agua llegará a 3.7 mil m3/habitante/año, es decir, en 100 años habrá disminuido la disponibilidad por habitante más de 8 veces por año.

El informe México 2004: Objetivos de Desarrollo del Milenio, realizado por el ejecutivo federal señala que: Con relación a la cobertura de agua potable persisten rezagos en las zonas rurales donde la cobertura apenas llega al 70.5 por ciento (en contraste con el 95.8 por ciento de las zonas urbanas). Caso similar presenta la cobertura de alcantarillado y drenaje donde la cobertura es mucho mayor en las zonas urbanas que en las rurales (90.55 por ciento contra 38.35 por ciento). Es importante señalar que en 2000, de la población que contaba con alcantarillado, 80 por ciento estaba conectado a la red pública, 15 por ciento a fosa séptica y el resto a otras formas como desagües a barrancas, grietas y cuerpos de agua. Obvio decir, que –en su mayor parte– el agua residual conectada a la red no es tratada, con la consiguiente contaminación de nuestros ríos y cuerpos de agua.

Estos datos dan una conclusión inmediata: los servicios del agua potable, alcantarillado y saneamiento en el país son totalmente inadecuados. Con ello, toda la sociedad es afectada; sin embargo, son las familias pobres quienes padecen las mayores consecuencias de la falta adecuada de infraestructura y servicios de agua potable, drenaje y saneamiento.

El informe GEO México 2004 señala que el 35 por ciento de la carga de enfermedades en el país tienen un origen ambiental. Problemas de urgente atención con efectos en la salud pública son la contaminación de las aguas superficiales por descargas de aguas domesticas, industriales y uso inadecuado de productos químicos, así como el nulo e inadecuado manejo de los residuos sólidos.

Agréguese que los problemas ambientales afectan de forma más grave a los ciudadanos más desfavorecidos y, por lo tanto, acentúan la desigualdad. Pobreza y exclusión social unidas al deterioro ambiental.

Existe una relación sólida entre migración, pobreza y el efecto del deterioro ambiental. Como consecuencia del deterioro ambiental, la población marginada es la que más sufre, ya que su pobreza se agrava, su situación sanitaria y alimentaria se deteriora y la seguridad de los alimentos se debilita, pero, además, al verse obligados a buscar otros medios de subsistencia, los conflictos y la migración en masa invaden los centros urbanos y se extienden a otros países. Recuérdese que cada año, entre 700 mil y 900 mil ciudadanos mexicanos abandonan sus hogares y sus campos secos para buscar un medio de vida como inmigrantes en Estados Unidos.

En México, el deterioro ambiental ha alcanzado niveles sin precedentes. La actual estrategia de desarrollo ha implicado la utilización irracional de los recursos naturales que se agotan o se consumen a un ritmo mayor que el de su capacidad de regeneración, empobreciéndose la base de recursos sobre los que se fundamenta la actividad económica.

La actual pérdida de capital natural tiene costos inaceptables e imposibles de sufragar para el país. El Banco de México estima que únicamente por reducción directa en la rentabilidad, la degradación de los recursos naturales provoca pérdidas del orden de los 40 mil millones de pesos anuales, mientras que el costo agregado, incluyendo el agotamiento de recursos, es del orden de 10.6 por ciento del PIB, de acuerdo con los cálculos del Producto Interno Neto Ecológico formulado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática.

La actual problemática ambiental no es un asunto meramente local; es un hecho que la sociedad mexicana se enfrenta a problemas ambientales globales: el cambio climático y sus efectos sobre la agricultura, los usos del suelo y el agotamiento de los recursos hídricos. Qué mayor razón y justificación para abordar integralmente el tema de desarrollo humano y ambiente.

A la par del papel histórico asumido por el país como proveedor de materias primas, que lo ha llevado a la explotación irracional de sus recursos naturales, no se ha formado suficiente conciencia en la población ni en sus dirigentes acerca del manejo racional y sostenido de esos recursos.

En México no se ha logrado orientar el uso del territorio en sus diferentes escalas, para proporcionar una visión del manejo presente y futuro de país. Existe una creciente no sostenibilidad del modelo predominante de ordenación del territorio y de ciudad (usos ineficientes del suelo, agua y energía).

Actualmente, lo que se hace es tratar de modificar los ecosistemas al modo de los requerimientos de la inversión y no que la inversión se adecue a las condiciones del ecosistema donde se pretende realizar; todo bajo el supuesto de la prioridad de la inversión económica. Este tema, debe ser prioridad de un nuevo gobierno del PRD.

En general, puede señalarse que bajo el actual modelo de desarrollo, las actividades productivas industriales, agropecuarias, forestales, comerciales y turísticas, han generado diversos impactos negativos a la naturaleza del país, los intentos de desarrollo económico y social no han estado en armonía con un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y de los ecosistemas, pues se han cometido todo tipo de abusos y presiones contra la naturaleza, como consecuencia de estrategias públicas negativas y ausentes de una adecuada planeación, de la que también se excluyó a la sociedad.

En México, el tema ambiental y de los recursos naturales ha sido una materia más de discursos retóricos. El tema de la corresponsabilidad ambiental entre los diversos actores sociales no se ha comprendido en forma suficiente en la sociedad mexicana. Es más fácil señalar a otro que reconocer que cada ciudadano tiene una responsabilidad con relación al deterioro ambiental. Obviamente, habría que diferenciar entre aquellos que deterioran poco y aquellos que son verdaderos destructores del medio ambiente y los recursos naturales.

Romper la opacidad de la información ambiental es un reto. Se trata de generar un verdadero derecho a tener información ambiental de calidad para toda la sociedad e impulsar una verdadera cultura ecológica de responsabilidad con las generaciones futuras.

Se observa una enorme dispersión de esfuerzos en las diferentes instituciones públicas de los tres órdenes de gobierno que tratan de atender diversos aspectos del tema ambiental y los recursos naturales. Normalmente, el ciudadano no alcanza a identificar quién es el responsable de atender su asunto. Peor aún, cuando hay ineficiencia es común que las diversas instituciones relacionadas con lo ambiental traten de evadir la atención de la problemática planteada, turnándola a otra institución por incompetencia, ya que el marco legal y los procesos de federalización de la gestión ambiental han sido lentos.

Es importante comentar que el tema ambiental es similar al tema de la salud. Nadie en su sano juicio se trata con un mal médico o busca una mala instalación médica. Se trata de buscar –dentro de las posibilidades– siempre lo mejor, médicos, medicinas, instalaciones, análisis de laboratorio. Se apuesta siempre a prevenir que la salud de las personas no se deteriore.

Se debe pensar igual para atender los problemas de la naturaleza y de los ecosistemas, casi siempre frágiles; no se puede permitir que su atención se deje en manos de charlatanes o ignorantes. Se requiere gente preparada y especialistas con mucha experiencia en los múltiples y diversos asuntos ambientales; por supuesto, deberán contar con suficientes recursos materiales y financieros para atender el problema ambiental que se requiera.

Sin embargo, el presupuesto ambiental en los tres órdenes de gobierno es escaso, las instituciones ambientales en general carecen del suficiente personal técnico especializado –los salarios son pésimos– y equipamiento para atender la complejidad de los problemas ambientales. Esto se refleja, por ejemplo, en que los ciudadanos que demandan algún tipo de atención con relación a la gestión ambiental y de los recursos naturales, recorren un sinnúmero de oficinas, confundidos muchas veces ante la complejidad burocrática, generalmente cansados y gastados, después de un largo camino para llegar a las oficinas en las capitales de los estados o en la Ciudad de México.

 

Una nueva política ambiental y de los recursos naturales

La importancia del tema ambiental para el presente y futuro de México debe ser comprendida y respetada por quienes son votados en puestos de elección popular. Se necesita que se atienda seriamente el tema ambiental, darle un valor similar a los temas económicos y sociales; de no ser así seguirán dejándose crecer los problemas ambientales.

En especial, es necesario que en el próximo gobierno federal se comprenda que los problemas del medio ambiente y los recursos naturales se extienden a todos los ámbitos de la vida y el trabajo y que el tema debe ser considerado desde el inicio de la nueva administración en todos los ámbitos de las políticas públicas; por ejemplo, en las políticas públicas para el desarrollo urbano o rural. El nuevo gobierno debe hacer énfasis en el carácter transversal del cuidado del medio ambiente y los recursos naturales.

Es urgente un cambio de rumbo en las políticas públicas, sobre todo cuando se asimile por parte de todos los actores sociales –en especial los responsables del nuevo gobierno– que un medio ambiente no contaminado y el aprovechamiento racional y sostenido de los recursos naturales son la condición indispensable de un desarrollo económico y social estable a largo plazo para México.

En ese sentido, las diversas dependencias, en consulta con la sociedad, deben trabajar colectivamente en una estrategia nacional de sostenibilidad, que defina temas prioritarios, indicadores de medición, metas a corto, mediano y largo plazo. Lo que resulte de esta estrategia tendrá que cumplirse por parte de las dependencias públicas.

México es un país que por su riqueza biológica y cultural es de enorme interés a nivel internacional. Actualmente, existe la posibilidad de utilizar un sinnúmero de experiencias y recursos internacionales, así como el apoyo de diversos gobiernos de otros países e instituciones internacionales para generar mecanismos de cooperación en el ámbito de la gestión ambiental y de los recursos naturales para México. No hay que desaprovecharlos. Estas experiencias son valiosas; en especial, debe valorarse el modelo para impulsar la gestión forestal y de aguas.

En ese sentido, debe estudiarse con gran detenimiento el tema de la ordenación territorial. Imaginar el día en que un inversionista presente un proyecto ante una autoridad y se le responda de inmediato, sin necesidad de estudio de impacto ambiental; aprobar que pueda realizar su actividad en un determinado parque industrial o zona turística, pues ahí tendrá facilidades con el mínimo impacto ambiental. Entonces, verdaderamente habría seguridad –de la que hoy se carece– en la inversión económica.

Se requiere generar un esquema diferente al actual, en el sentido de la planeación de las políticas públicas, incluyendo un compromiso real con el tema ambiental, si se quieren hacer las cosas mejor y de diferente forma, marcando la diferencia con los gobiernos tradicionales de México.

Decir que existe un instrumento para resolver la complejidad de lo ambiental en México sería falso, se necesitan aplicar diversos instrumentos. Por un lado, se requiere una institución pública ambiental y de los recursos naturales, que tenga capacidad de aplicar disposiciones y prohibiciones legales, así sean los más rigurosos estándares ambientales. Donde nadie ni el propio gobierno, a través de sus dependencias relacionadas con la obra pública o el crecimiento económico, pretendan simular el cumplimiento de la normatividad y la ley.

No se trata de hacer más difícil y burocrático el ejercicio de la obra pública. Se trata de tener un sentido de la planeación, donde todo se haga con previsión y no como hoy en día se hace atropelladamente, con poca transparencia y valoración del posible deterioro ambiental.

Es importante que el nuevo gobierno federal impulse frente a la sociedad un nuevo rostro de la administración ambiental y los recursos naturales, una sola ventana de atención para tantas dependencias relacionadas con el tema.

Esto implica, también, una revisión a detalle del quehacer de la Semarnat y sus dependencias sectorizadas como la Profepa, Conafor, CNA, Conanp, INE, e Imta en el país. Se debe impulsar un nuevo marco de cooperación y confianza entre los diversos actores de la sociedad y estas dependencias.

En el tema de la gestión ambiental y los recursos naturales, el gobierno federal debe proporcionar todo su apoyo y respeto a los gobiernos estatales y municipales. Se requiere generar consensos políticos entre autoridades municipales, estatales y federales. Para ello, tendrá que hacerse una revisión concertada de la agenda ambiental federal con las entidades y municipios del país, con toda la intención que los posibles procesos de transferencia de atribuciones ambientales se den en el más breve plazo posible.

En estas acciones, por la complejidad geográfica y cultural de México, se requieren, al mismo tiempo, formas de atención diversas en materia ambiental; Baja California Sur tiene problemas muy diferentes comparado con regiones como la del Valle de México, Chiapas o Guerrero, es decir, se necesita una presencia institucional constante en materia ambiental en cada región del país y hacer toda una reingeniería de las instituciones públicas relacionadas con lo ambiental, lo que implica una verdadera desconcentración de las propias dependencias federales a las regiones del país, así como el uso de las nuevas tecnologías de la información.

El nuevo modelo de institución ambiental y de los recursos naturales no sólo tiene que contar con instrumentos para aplicar disposiciones legales, sino también instrumentos técnicos. Al mismo tiempo, hay que comprender que en un nuevo modelo de gestión ambiental nacional se requiere estar preparado para atender los nuevos problemas ambientales, que no son tan evidentes como los tradicionales de contaminación de ríos o la deforestación.

Algunos problemas son hoy más complejos, su evolución es aparentemente más lenta, por ejemplo, los relacionados con el cambio climático y la energía, los de la ecotoxicología y los relacionados con la bioseguridad de organismos genéticamente modificados. Aquí, hay que impulsar nuevos instrumentos con visión de futuro y de manera preventiva, que impliquen promover cambios en los actuales modelos de producción y consumo en el país.

Adicionalmente a los tradicionales instrumentos legales y técnicos, una tarea urgente de la nueva institución pública ambiental es generar nuevos enfoques de trabajo: desde promover incentivos económicos, impulsar –a través de la cooperación– autocompromisos con los inversionistas privados, empresas sociales y diversos actores sociales, así como el fortalecimiento de otros instrumentos como la investigación sobre el medio ambiente y los recursos naturales o la información sobre temas del medio ambiente y la educación ambiental.

 

Un gobierno de izquierda en México para la sustentabilidad

Uno de los temas que siempre están en discusión se relaciona con los asuntos que debe impulsar un gobierno para transitar hacia el desarrollo sustentable. Seguramente existen muchas ideas, visiones y proyectos al respecto. Tratando de contribuir, retomamos algunos aspectos que no son nuevos ni son todos, pretendiendo impulsar una discusión de agenda y programa básico que se debe asumir para la sustentabilidad.

A continuación se identifican y enumeran algunos de los principios y/o criterios más relevantes de un gobierno de izquierda para la sustentabilidad:

1) La responsabilidad política del avance hacia un desarrollo más sustentable será siempre asumida al máximo nivel de gobierno. Dicho avance debe ser verdaderamente evaluable por el legislativo, de forma sistemática, con el desarrollo de los indicadores pertinentes.

2) En la planeación del desarrollo se deberá hacer efectiva la incorporación de la política ambiental. La falta de una efectiva planeación ambiental ha propiciado que se haya sido meramente reactivo en lo inmediato ante los múltiples y diversos problemas ambientales y que no se conduzca o dirija la gestión ambiental. Para una verdadera planeación hacia el desarrollo sustentable, los procesos ambientales deben conducirse con visión de largo plazo. Debe existir, por tanto, un requerimiento de sustentabilidad en la definición de los planes, programas y proyectos de todas las áreas de la administración pública, que garantice la atención de los grandes retos ambientales del país (cambio climático, biodiversidad, agua, bosques).

3) Se reorientará el gasto público y la tributación para incentivar la modernización ecológica de las instituciones públicas y privadas y garantizar la adecuada conservación y restauración del patrimonio natural.

4) Se deberá impulsar –prioritariamente en las áreas de alta conflictividad ambiental, económica y social– el ordenamiento del territorio con un enfoque preferentemente de cuencas y municipios, que busque integrar los ordenamientos ecológicos territoriales, los planes directores de desarrollo urbano y otros instrumentos sectoriales similares. Con el ordenamiento territorial se buscará corregir de manera preventiva los usos de los ecosistemas de acuerdo con su vocación ecológica y productiva.

5) En forma integrada y armónica con los ordenamientos territoriales, el gobierno debe garantizar la protección y restauración de áreas naturales, para que se conserven muestras representativas de la biodiversidad presente en los tres órdenes de división territorial: país, estados y municipios. La superficie representativa deberá ser como mínimo de un 10 por ciento del territorio, impulsando acciones que, adicionalmente, las hagan compatibles con el desarrollo económico y social de las comunidades y ciudadanos que habitan en dichas áreas naturales protegidas.

6) Existen grandes carencias en la generación de conocimientos sobre los recursos naturales y medio ambiente. Por ello, se aumentarán las inversiones materiales y humanas en los programas de investigación y desarrollo dedicados a la ecología y ciencias ambientales, en especial en temas relacionados con los recursos naturales, contaminación, ordenamiento del territorio, ahorro y uso eficiente de agua y energía, entre otros temas.

7) Se propiciará una mayor responsabilidad ciudadana, mediante el máximo consenso social, para garantizar su participación de manera responsable en la conservación de los recursos naturales y su aprovechamiento racional y sostenible. Para ello, se fortalecerá la educación y la comunicación ambiental, así como los cauces efectivos de consulta y participación.

8) Debe existir el compromiso de implantar una nueva política de agua, impulsando el enfoque de la gestión integral por cuencas hídricas, el conocimiento riguroso de los usos y de la calidad del agua, que garantice más eficiencia, más justicia social y mayor protección de sus valores ecológicos y culturales, descartando la construcción de grandes embalses y trasvases, alcanzando el equilibrio en cuencas hídricas superficiales y subterráneas deficitarias en el mediano plazo y estableciendo el objetivo –en el corto plazo– de la total depuración de todas las aguas residuales de los municipios que superen los 5 mil habitantes.

9) Se apoyará la agricultura y la ganadería ecológica, de forma que en un periodo de plazo breve se logré alcanzar como mínimo el 10 por ciento de la producción total. En ese mismo sentido, se promoverá el desarrollo del manejo forestal comunitario, buscando que, en el mismo periodo, un mínimo de 50 por ciento de las autorizaciones de aprovechamiento forestal sean certificadas como bosques con un buen manejo forestal. Igualmente, se impulsará la práctica de pesca y acuacultura con criterios estrictos de sostenibilidad ambiental y justicia social, fortaleciendo la organización cooperativa.

10) Una de las pruebas de la falta de sustentabilidad del actual modelo económico depredador de recursos naturales es el cambio climático. En principio, se requiere disminuir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero en el planeta. Para ello, se demanda un cambio de modelo energético. Deberán priorizarse las energías renovables para el abastecimiento de electricidad con una perspectiva de protección del clima y al medio ambiente. Se trata de desarrollar y aplicar un programa para fomentar las energías renovables hasta cubrir un porcentaje significativo de la demanda de energía primaria en los próximos años.

11) Deberá adecuarse el costo del transporte al costo real para la sociedad, haciendo pagar más a los ambientalmente más nocivos y socialmente menos útiles (auto privado y avión), fomentando medios de transporte colectivos y el uso de la bicicleta. Se integrarán criterios de movilidad sostenible y de seguridad en la planificación de las infraestructuras y de los servicios del transporte, frenando la tendencia a la excesiva concentración de la población en determinadas áreas, reduciendo la necesidad de desplazamientos, promoviendo el retorno del ferrocarril para el transporte de personas y de mercancías en el país.

12) Deberán impulsarse políticas para la reducción la cantidad y peligrosidad de los residuos sólidos, fomentando el reuso, reutilización y reciclaje de éstos. Para ello, se fomentará el desarrollo de sistemas de producción limpia en procesos industriales, productos y servicios a partir, entre otras, de la política de compras y de contrataciones de la administración pública.

13) Se deberá promover la cultura ecológica en la sociedad y sus ciudadanos, siendo ejemplo en la promoción del comercio justo, el etiquetado social y ecológico y el consumo responsable.

 

Conclusión

Es necesario que el pensamiento ambiental de izquierda se desarrolle, sea escuchado y aplicado más allá de la retórica. Se debe aplicar en la realidad la consideración integral de los aspectos económicos, sociales y ambientales para lograr el desarrollo sostenible. Desde el PRD se debe contribuir a derribar la falsa imagen que contrapone el compromiso ambiental con el progreso económico y social. Por ello, es indispensable impulsar la inclusión con esta concepción global de la vida y de las relaciones del hombre y la naturaleza en el nuevo proyecto de nación. Desde ahora, se invita a participar activamente a quienes coincidan en el objetivo de transitar en México hacia una democracia más social y una sociedad más democrática, ecológica y reconciliada con su entorno.

 

Bibliografía

Comisión Económica para Europa (1999), Convención sobre el acceso a la información, la participación del público en la toma de decisiones y el acceso a la justicia en asuntos ambientales, ECE/CEP/INFORMAL/1999/1.

Dobson, A. (1999), Pensamiento verde. Una antología, Editorial Trotta, España.

Fundación Heinrich Böll (2003), Memo para Johanneburgo: Equidad en un mundo frágil. Memorandum para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, Segunda edición en español (www.joburgmemo.org).

Martínez Alier, Joan (2001), “Justicia ambiental, sustentabilidad y valoración”, en Ecología Política, No. 21, Fuhem-Icaria, España, pp. 103-134.

 

* Ponencia presentada en el foro temático: “Medio ambiente”, realizado el 15 de octubre de 2005, en La Paz, BCS, organizado por la Comisión para Elaborar la Plataforma Electoral 2006 del PRD.

** Asesor del Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática en la Cámara de Diputados.