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Reforma fiscal:
la lógica del presupuesto Heriberto López Ortiz* El tema del presupuesto es eminentemente
político, más que técnico-económico. Es el caso concreto del proceso de
aprobación de la Ley de Ingresos y del Presupuesto Egresos de la Federación
en nuestro país. Para 2006, el ejecutivo propone
ingresos y gastos por 1,881,200.4 millones de
pesos (mdp). En términos absolutos, respecto de 2005, esta cifra
representa un aumento de 62,759 mdp, pero en
términos reales significa un descenso de 0.24 por ciento, es decir, habrá
menor gasto que en el presente año. De esta manera, la presente administración
da continuidad a la política económica neoliberal de los últimos sexenios:
contraccionista y descapitalizadora. El paradigma implícito en los criterios generales de política económica1 Para 2006, el ejecutivo ha presentado
los Criterios Generales de Política Económica en los que sustenta su propuesta
de ingresos y egresos. Los indicadores y metas fundamentales
de su política son: un crecimiento del PIB de 3.6 por ciento, alcanzar
una inflación del 3 por ciento, una tasa real de interés promedio (Cetes a 28 días) de 6.1 por ciento y un superávit de 0.2 por
ciento del PIB. La argumentación gubernamental que
soporta estos números afirma que: * “No obstante que en los últimos
dos años la economía mexicana ha registrado un crecimiento promedio de
4 por ciento en un ambiente de estabilidad de precios y bajas tasas de
interés, resulta clara la necesidad de acelerar el ritmo de expansión
y continuar reduciendo la sincronía que existe entre nuestra economía
y la de Estados Unidos …” * “Los países que han logrado un
crecimiento sostenido son aquellos que han llevado a cabo reformas profundas
en los ámbitos financiero, laboral y fiscal y que han disminuido la sobrerregulación de la actividad económica, combatiendo los
monopolios y abierto a la competencia sectores clave de la economía como
los de energía y telecomunicaciones.” * “La conducción de las finanzas
públicas en 2006 se caracterizará por la disciplina y la responsabilidad,
ya que sólo de esta manera la política fiscal podrá contribuir a la consolidación
de la estabilidad macroeconómica y financiera, así como a reducir la vulnerabilidad
de la economía nacional ante cambios en las condiciones del ámbito internacional.” Como puede verse, para los diseñadores
de la política económica que elaboran el presupuesto, las categorías de
“estabilidad de precios”, “bajas tasas de interés”, “profundas reformas
financieras”, “desrregulación de los mercados”,
“finanzas públicas responsables y con disciplina”, “estabilidad macroeconómica
y financiera” son fundamentales y definen las políticas económica, financiera
y presupuestal. Esos diseñadores, funcionarios de
la SHCP, actúan dentro del marco de un enfoque o paradigma económico,
político e ideológico “monetarista-financierista”;
privilegian categorías, variables, parámetros y mercados monetarios y
financieros. En su visión, las variables y los
mercados reales, aquellos relativos a bienes, se ajustan a los monetarios-financieros.
El equilibrio en estos mercados es prioritario pues asegurará el equilibrio
de los mercados de bienes y garantizará el crecimiento de toda la economía,
siempre que se les deje operar libremente. De ahí que para ellos es fundamental
alcanzar una baja inflación, un tipo de cambio estable, un mínimo déficit
fiscal o un superávit, inclusive. Únicamente variables monetarias-financieras.
¿Por qué? Bajo el paradigma monetarista-financierista la inflación es, esencialmente, un fenómeno
monetario determinado por la oferta de dinero y no, como según plantean
otras teorías económicas, un fenómeno estructural que tiene estrecha relación
con la capacidad de producción de una economía frente a los niveles de
demanda efectiva. De manera que bastaría con controlar la cantidad de
dinero en circulación en la economía sin necesidad de ocuparse de la producción
ya que está se ajustará automáticamente de acuerdo con la estructura y
nivel general de los precios. Igualmente, para ellos el tipo de
cambio es un precio cualquiera –otro fenómeno monetario– que debe dejarse
al libre juego del mercado de divisas, no importando que ante una variación
pronunciada en el tipo de cambio la economía se ajuste reduciendo los
niveles de producción. Asimismo, las finanzas públicas
deben ser, según ellos, “responsables”, lo cual quiere decir que deben
estar en equilibrio, que haya déficit fiscal cero o, aún mejor, que haya
superávit fiscal. En la visión monetarista-financierista, si el gobierno gasta más de los ingresos que
obtiene –si hay déficit– este faltante deberá ser cubierto por alguna
de las dos formas siguientes o por una combinación de ellas: a) Una mayor emisión de dinero por
parte del Banco Central, lo cual tiene efectos inflacionarios –y para
ellos la inflación es indeseable por definición. b) Una mayor participación del gobierno
en los mercados crediticios –monetarios– con el fin de obtener créditos
para cancelar el déficit, pero tal participación tiene dos efectos: i) Reduce los montos de recursos
monetarios-financieros disponibles en el mercado de créditos a los que
podría acceder el sector privado si no los demandara el gobierno, con
lo cual se distraen recursos para la inversión productiva que podría efectuar
dicho sector privado; de esta forma, hay una distorsión en el mercado
de crédito causada por el gobierno y su déficit. ii) Además de la distorsión señalada,
la participación del gobierno en el mercado de créditos incrementa la
demanda por ellos y eso hace subir la tasa de interés, lo que encarece
los recursos para todos, sector privado y gobierno. Como veremos, lo anterior no necesariamente
es así. El gasto Por otra parte, en la asignación
de los recursos hay prioridades políticas y de intereses económicos específicos
que determinan la estructura del presupuesto de egresos. Los funcionarios federales han sostenido
que existen obligaciones de gasto ineludibles, dado que están dictadas por compromisos legales y legislativos. Es el caso del servicio de la deuda
pública, tanto interna como externa; el pago de Pidiregas,
que es otra forma de endeudamiento; los rescates bancario y carretero;
los compromisos derivados de la privatización de las pensiones del IMSS.
Y es cierto, en estos casos existen mandatos legislativos o contratos. Por ejemplo, para 2006 están comprometidos
por concepto de servicio de la deuda pública el 9.7 por ciento del gasto
neto total y el 2 por ciento del mismo por Apoyos a Ahorradores y Deudores
de la Banca. De esta forma, para el gobierno, el 12 por ciento del gasto
es inamovible. Si a ello se suman los compromisos,
esos sí inviolables, por concepto de salarios, honorarios y prestaciones
de los servidores públicos, por actividades de mantenimiento y otros,
entonces, queda una cantidad muy reducida de recursos que pueden ser negociables
y reasignables por los legisladores y el ejecutivo
para fines diversos. El análisis y aprobación del presupuesto Muchos legisladores, quizás la mayoría
de ellos, concuerdan con el paradigma monetarista-financierista,
ya sea de manera explícita o implícita, consciente o inconsciente. Debido a una suerte de inercia ideológica
prevaleciente en el Congreso de la Unión –de la cual efectivamente es
difícil desprenderse– las fuerzas de izquierda o, al menos, algunos legisladores
de izquierda, analizan y aprueban el presupuesto de ingresos y egresos
dentro del marco del paradigma económico, político e ideológico monetarista-financierista
propuesto por los funcionarios del ejecutivo. De manera que debaten y
aprueban cambios cuantitativos del presupuesto sin lograr romper con el
paradigma prevaleciente. No cuestionan el esquema; y peor aún, con tal
actuación los legisladores de izquierda inconscientemente refuerzan ese
paradigma que parecerían o dicen combatir. El paradigma monetarista financierista no es exacto Si los supuestos teórico-económicos
del monetarismo fueran exactos y se cumplieran en todo momento, sus conclusiones
lo mismo que sus recomendaciones de política económica, resultarían irrebatibles.
No obstante, ello no es así. Sus supuestos no se cumplen al cien por ciento. La inflación no es únicamente un
fenómeno monetario, también influyen en ella factores de desequilibrio
en la estructura productiva del país que provocan el aumento continuo
de precios. De ahí que tratar de controlarla empleando únicamente políticas
monetarias tiene más el efecto de contraer la economía que el de alcanzar
bajas tasas de crecimiento de los precios, como ha sido el caso de México
en los últimos años. Respecto del equilibrio fiscal,
aunque finalmente el gobierno federal ha aceptado para 2006 un déficit
cero en lugar del superávit inicial que propuso, su visión fundamental
de no tener un déficit se ha impuesto en la negociación con el legislativo;
la mayoría de los legisladores han aceptado la idea de no tener un déficit
fiscal. Es cierto que no debe haber un déficit
inmanejable, pero sí es posible y deseable que haya uno como medio de
financiamiento público adicional. El problema es, en realidad, definir
en qué se gastarán esos recursos adicionales. Como ejemplo, el conjunto de los
países de la OCDE han tenido en los años recientes un déficit presupuestal
promedio de más de 3 por ciento, y éste puede variar sin provocar problemas
financieros graves; en lo individual, Francia, Alemania y Gran Bretaña
tienen déficit mayores al 2 por ciento sin que ello les provoque problemas,
pero al mismo tiempo les permite alcanzar tasas de crecimiento de su PIB
aceptables. Por lo demás, el déficit no sólo
puede financiarse mediante mayor emisión monetaria o un mayor uso del
crédito por parte del gobierno; también, se podría financiar mediante
un incremento en las tasas impositivas a causantes altos ingresos, sólo
que esto implica una decisión política. La participación del gobierno tomando
créditos en los mercados financieros internos no necesariamente reduce
los recursos que toma prestados el sector privado. Nada garantiza que
el sector privado absorba en préstamo el total de los recursos crediticios
disponibles en el mercado; este sector toma la decisión de usar dichos
recursos en función de sus expectativas de ganancias. Por lo tanto, aunque
el gobierno absorbiera muchos fondos crediticios, si el sector privado
no tiene interés en hacer lo mismo esta participación gubernamental no
representa ningún problema. En el caso opuesto, aunque el gobierno
decidiera no demandar créditos, si las expectativas del sector privado
son de mínimas o nulas ganancias no tomará créditos y los recursos financieros
disponibles quedarán ociosos. Algunos rasgos del gasto Lo anterior explica que el presupuesto
para ramos administrativos tan importantes como los de Sagarpa, Comunicaciones y Transportes, Economía, Reforma Agraria
y Semarnat muestren reducciones reales del 25.32,
47.11, 7.45, 43.03 y 33.01 por ciento, respectivamente, o que el presupuesto
asignado originalmente a Pemex se reduzca en
5.56 por ciento, todo lo cual da muestras claras de cuáles son las verdaderas
prioridades de esta administración que, por otro lado, incrementan las
asignaciones para Deuda Pública, Adefas y Apoyo
a Ahorradores y Deudores de la Banca en 11.96, 106.16, y 12.21 por ciento,
respectivamente. Conclusión De las asignaciones y cifras propuestas
por el ejecutivo para el gasto del próximo año, combinadas con las consideraciones
hechas sobre el paradigma monetarista-financierista,
puede entenderse que la política fiscal actual en nuestro país beneficia
en primer lugar y, muy especialmente, a los agentes económicos dominantes
nacionales y extranjeros del sector financiero mexicano. No se fomentan los sectores estratégicos
de la agricultura, la infraestructura de comunicaciones, la industria
manufacturera ni la industria energética. Se garantiza, en cambio, el
servicio de una deuda externa que nunca se reduce significativamente,
y los apoyos para los rescates bancario y otros. En consecuencia, no puede haber
un mayor crecimiento de la economía ni suficiente creación de empleos
productivos bien remunerados. El mercado interno continuará deprimido
en tanto que el actual esquema de política presupuestal no sea alterado.
Ningún esquema alternativo de política económica funcionará mientras mantenga
lo básico del actual. * Asesor
del Grupo Parlamentario del PRD en la Cámara de Diputados, LIX Legislatura. 1 Los
datos incluidos fueron presentados por el ejecutivo en los Criterios Generales
de Política Económica, la Ley de Ingresos 2006 y el Proyecto de Presupuesto
de Egresos 2006. Al momento de escribir el artículo no han sido publicados
en el Diario Oficial de la Federación, por lo que las cifras aún
pueden variar; sin embargo, la argumentación central no se altera con
posibles nuevas cifras. |