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Una política
alternativa para la gestión del agua* Félix Hernández Gamundi** El agua es uno de los recursos que
mantiene relación con todos los sectores de la actividad económica, política
y social de cualquier país. Estamos muy acostumbrados a escuchar acerca
del carácter estratégico de la energía, y muy poco, hasta tiempos recientes,
del carácter estratégico del agua y esto es muy grave. Es un tema muy
nuevo sobre la mesa de discusión e incluida recientemente en la rimbombantemente
llamada “agenda” nacional; por desgracia, en el sector del agua tenemos
problemas que son muy viejos, que se conocen desde hace muchos años, pero
que se han atendido poco. Quiero insistir solamente en el
desequilibrio que hay en la disponibilidad de agua en el país. No discutiré
el problema de disponibilidad: sobre si es mucha o poca. Yo considero
que como país tenemos recursos hídricos suficientes. Para que esto se
vuelva una realidad tenemos que resolver dos cosas: primeramente, acostumbrarnos
a tratar el agua como un recurso efectivamente estratégico indispensable
para la vida, pero también como un recurso que tiene un valor económico. Nótese el nivel del desequilibrio.
Se conocen las dificultades para el abastecimiento de agua en la península
de Baja California; sin embargo, esta entidad no es la zona más desprotegida
en cuanto a disponibilidad per cápita, esto
es, disponibilidad natural media per capita anual. La zona más desprotegida en el país
es la Cuenca del Valle de México, donde se cuenta con una disponibilidad
de 182 metros cúbicos per cápita al año, contra
4 mil 800 m3 como disponibilidad media en el país, o mil 336
m3 en el caso de la península. Frente a eso, tenemos situaciones
como la de la frontera sur (específicamente la franja fronteriza) que
cuenta con cinco veces la disponibilidad media nacional. Dentro de un panorama general de
cómo se usa el agua, el 83 por ciento aproximadamente se destina al sector
agrícola; el resto se divide entre el sector industrial y el servicio
público urbano, dentro del cual está el consumo doméstico. Otro problema es el de la contaminación
del agua. El sector agrícola genera más del 94 por ciento de la materia
orgánica contaminante del agua en toda clase de cuerpos, específicamente,
en las zonas de riego. En las áreas urbanas, la eficiencia
con la que empleamos el agua anda entre 30 y 40 por ciento, y es una evaluación
más o menos generosa, reconociéndose, además, que en las redes públicas
de distribución de agua se pierde un 35 por ciento del total, en promedio.
Hay algunas ciudades del país donde las pérdidas son del 28 o 30 por ciento,
pero hay lugares donde las pérdidas en la red andan arriba del 60 por
ciento, es decir que de cada 100 litros que se extraen de una fuente de
cualquier naturaleza: superficial, subterránea, río, lago, laguna o lo
que sea, de cada 100 litros que se ponen en la red, 60 se pierden en algunos
casos. Hace 10 años se conoció el caso crítico de la ciudad de León que
perdía, estoy hablando de 1992 que hicimos un estudio allí, el 72 por
ciento del agua que llegaba a la red la ciudad, y había quienes decían
y se consolaban: “Bueno, pues está recargándose el acuífero”, lo cual
no pasa de ser eso: un consuelo. En las zonas de riego, el problema
es el mismo, la eficiencia en el consumo se sitúa entre el 25 y 35 por
ciento del total. ¿A qué se debe esto? La mayor parte de las redes de
distribución dentro de los distritos de riego son canales de tierra; entonces,
hay pérdida por infiltración y aquí se recurre de nueva cuenta al mismo
argumento que, incluso, en las estadísticas se llama recarga inducida,
pero esa pérdida tiene que ver con los problemas de costos de producción
de los alimentos. Si se le extrae en el lugar mediante un pozo, existe
un costo, hay un consumo de energía, cuando la ponemos sobre el canal
y se desperdicia estamos tirando la energía, también el dinero y esto
eleva los costos de producción. Tampoco se toma en cuenta el problema
que estamos generando en las zonas de donde se extrajo el agua, y esa
es otra dificultad. Aunado a eso, tenemos que la mayor
parte de nuestros distritos y unidades de riego operan con tecnologías
que eran modernas o fueron modernas hace 100 años, es decir, cuando comenzó
a desarrollarse masivamente la irrigación en México, allá por los años
veinte del siglo pasado. Entonces fue un aporte modernizador muy importante,
pero hoy son métodos completamente anticuados. Este asunto nos lleva a un patrón
de abasto y de consumo de agua exagerado, generalizado en todos los sectores
de uso. De manera general, en las zonas de riego, si nos decidiéramos
a utilizar el agua aprovechando las tecnologías disponibles, podríamos
regar 1.6 veces la superficie de riego disponible actualmente en el país;
en el caso del agua potable, podríamos atender al doble de la población
actualmente atendida, por lo menos. De ese nivel es el desperdicio. Además, existe un proceso de degradación
de los recursos, de sobrexplotación de acuíferos
y de contaminación de cuerpos de agua, principalmente. Especial atención
requiere el problema de la contaminación. En México no tratamos más del
15 por ciento de las aguas residuales producidas. Esto es un asunto sumamente
grave, pues quiere decir que la mayoría de las aguas usadas se regresan
a los diferentes cuerpos de agua sin tratamiento, sin saneamiento. Hay problemas de deforestación,
de erosión de los suelos, baja productividad del campo e incapacidad del
país para generar fuentes de empleo suficientes para la población. Esto
incrementa el grado de presión de la demanda contra la disponibilidad,
es decir, que la demanda en el Valle de México es superior a la disponibilidad
de agua, y la península de Baja California, junto con el Valle de México,
son las dos zonas del país donde hay mayor presión sobre la disponibilidad
de agua. Para atender esta problemática (según
datos del gobierno federal), se requieren 2 mil 400 millones de dólares
anuales para inversión en el sector durante los próximos 25 años; únicamente
para mantener la situación actual, no para mejorar, sólo para que la situación
actual no empeore. La cifra puede parecer alta, lo que vale la pena resaltar
es que los niveles actuales de inversión pública en el sector equivalen,
más o menos, a una tercera parte de la inversión anual promedio de hace
25 o 30 años, o sea, se ha reducido la inversión a una tercera parte,
en el mejor de los casos. Buscando nuevas fuentes de inversión,
pues desde la visión gubernamental no hay recursos públicos suficientes,
hace un par de años se promovió una nueva Ley de Aguas Nacionales con
el propósito de estimular la “inversión privada” y atraer recursos; una
nueva ley encaminada a promover la privatización y a suprimir el carácter
público del agua como un recurso estratégico. Supuestamente, se descentraliza
la gestión del agua y se crean organismos regionales de cuenca. Los organismos
regionales de cuenca fueron el punto de partida de Margaret
Thatcher en el Reino Unido para pasar de un
organismo de cuenca a órganos regionales y de órganos regionales pasar
a empresas regionales, que luego fueron llevadas a la bolsa y que, a partir
de ahí, fueron privatizadas. De ahí salieron 13 grandes empresas transnacionales
con origen en el Reino Unido, cada una correspondiente a una cuenca del
Reino Unido y que son las firmas que hoy acechan al mundo entero. En México
y en América Latina las tenemos, la más grande de ellas se llama Thames
Water. Esta empresa atiende a la ciudad
de Londres y toda su área conurbada; lo que
antes fue la organización regional del Thames
River, es, actualmente, como si fuera la empresa o el organismo
regional que atendiera el Valle de México, es decir, la zona más poblada
del Reino Unido. Cuando fue convertida en una empresa privada fue comprada
la empresa RWE-Energy, una transnacional alemana,
y este es el punto. Para el caso de Inglaterra significó
la pérdida absoluta de soberanía sobre el control de las aguas de su región
más importante (Londres y zona conurbada). El
abastecimiento de agua es ahora propiedad de una empresa alemana, y en
los títulos de concesión se reconoce a estas empresas como dueñas no sólo
del servicio y la infraestructura para el agua, sino dueñas de las fuentes,
eso quiere decir que son dueñas del acuífero, del río, del lago. En Chile se ha seguido también el
esquema inglés, concesionando primero el servicio
municipal. Después, dijeron que no se podría lograr un manejo integral
si la concesión no incluía la fuente y entonces le agregaron el río. Con
el mismo argumento de integralidad, ahora le
están agregando la zona de mar donde descarga el río correspondiente,
es decir, que la concesionaria chilena de Thames
Water ha ido de menos a más. Hoy, ellos determinan
lo que se hace en la zona marítima de la desembocadura del Bio
bio y de cada uno de los ríos de Chile. Este es el enfoque general de la
Ley del Aguas aunque nos lo aderezan con una idea que llaman “la nueva
cultura del agua”. En los términos de la nueva Ley de Aguas Nacionales
esta idea de la nueva cultura del agua lo único que persigue es promover
un hábito de pago, lo cual no es malo; el problema es que a eso se restrinja
la nueva cultura del agua cuando tendría que implicar el tratamiento y
todo lo anterior. Como una propuesta alternativa,
debe discutirse, la recuperación del carácter público del agua, devolver
la propiedad del agua a la sociedad, a la nación. Dentro del sector primario tenemos
seis y medio millones de hectáreas de riego en el país, de las cuales,
en realidad, se riegan tres millones; hay tres y medio millones que no
se están regando, cuya infraestructura no está aprovechándose, y es aquí
donde la nueva ley abre la posibilidad de que se privaticen las fuentes
de agua. El Reglamento de la Ley Nacional
de Aguas considera la creción de los llamados
Bancos de Agua, donde se podrán comercializar derechos de agua. Un distrito
de riego funciona a partir de una concesión que se traduce en derechos
para extraer agua; ahora podrá venderse en un Banco de Agua y cualquiera
podrá comprar esos derechos. En mi opinión, esa es la vía para
restituir un latifundismo de nuevo tipo, donde la tierra no es lo que
importa, sino el agua. Hasta antes de la reforma de 1992 de Carlos Salinas
a la Ley Agraria, la propiedad del agua estaba vinculada con la propiedad
de la tierra en el caso del campo; la reforma los separó y esta nueva
Ley de Aguas Nacionales posibilita que ahora el agua se ponga en el mercado. Lo absurdo es que con los niveles
de inversión que propone el gobierno de riego del país para los próximos
25 años, se requerirían 59 años para rehabilitar seis millones de hectáreas
que existen hoy en el país. Una propuesta política de izquierda
tiene que promover una reforma integral del campo, modificar las actuales
estructuras de propiedad, de producción y considerar esquemas colectivos
de explotación de la tierra –pues no hay otra manera de resolver los rezagos
existentes– y vincularlos con procesos de desarrollo agroindustrial que
integren toda la línea de producción y de comercialización en el campo.
Habría que hablar en detalle y esto es posible. Hay que recuperar mucho de la experiencia
ancestral y modernizarla, usarla como plataforma de lanzamiento, y eso
tiene que ver con la recuperación de las zonas forestales y la protección
de las llamadas zonas de conservación, que son las áreas de captación
de agua y recarga de los acuíferos. En las ciudades debe conservarse
el carácter público de los organismos municipales de agua, que tienen
que ser tratados como empresas paramunicipales
donde sea posible promover formas de cooperativismo autosustentable.
Lo fundamental es fortalecer al municipio, que es la unidad donde puede
darse de mejor manera la defensa del agua. Finalmente, estas propuestas deben
conducirnos a un nuevo marco jurídico e institucional, conservando cuatro
principios básicos: 1. El agua es un bien social indispensable
para la vida, además de un bien económico de propiedad pública. 2. Impulsar la gestión integral
de los recursos naturales: agua, suelo y bosques. 3. Asegurar la sustentabilidad. 4. Garantizar la potestad social
sobre la gestión del agua. Considero que una propuesta de esta
naturaleza tendría que permitir salvar al sector de manera integral; aunque
pienso que la aplicación de una política así es posible solamente desde
la izquierda. Los esquemas que hoy vemos son el resultado de muchos años
de una política equivocada. Muchos capitanes de la empresa que hoy nos
vienen con soluciones mágicas son los que nos han llevado a la situación
que hoy estamos padeciendo, por tanto, no tenemos por qué creerles. * Ponencia
presentada en el foro temático: “Medio ambiente”, realizado el 15 de octubre
de 2005, en La Paz, BCS, organizado por la Comisión para Elaborar la Plataforma
Electoral 2006 del PRD. ** Director Ejecutivo
de la Federación Mexicana de Ingeniería Sanitaria y Ciencias Ambientales,
A. C. |