Planificación agroalimentaria y población

Edgardo J. Valencia Fontes*

 

La alimentación constituye un factor estratégico en el desarrollo nacional. La ingesta alimentaria y nutricional por debajo de las recomendaciones trae como consecuencia diversos niveles de desnutrición, reflejados, generalmente, en los estratos de población con menores ingresos y, dentro de ellos, en los grupos vulnerables, es decir, población infantil y madres gestantes y lactantes.

En países como México, la desnutrición se ha convertido en un fenómeno endémico, pasando de generación en generación. Existe un proceso de encadenamiento entre la desnutrición de la madre gestante y el lactante, que ostenta al nacimiento, peso y talla por debajo del promedio y se les suministra una alimentación deficiente que, a su vez, provoca insuficiencias en su desarrollo. Si éstas se dan en el periodo de entre 0 y 3 años de vida, provocan daños de carácter irreversible.

La influencia directa que tiene el consumo alimentario y nutricional en el desarrollo de la sociedad, le otorga a la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional un carácter estratégico, razón por la que deben considerarse como un elemento sustantivo del concepto de seguridad nacional.

Dada la situación actual de dependencia de los mercados externos para el abasto de los productos alimentarios básicos y estratégicos, y en virtud del carácter vital de la alimentación, el Estado mexicano está obligado a enfrentar la solución de este problema a partir de la clara identificación de políticas de Estado, que sean puestas en práctica en una perspectiva de largo plazo, donde uno de los objetivos estratégicos, sea erradicar la desnutrición.

Para darle cauce a las acciones encaminadas a lo anterior, se requiere de una visión prospectiva, puesta en práctiva mediante la operación de un esquema de planeación, programación y presupuestación, donde se definan y autoricen recursos públicos en el mediano plazo, que vayan expresándose en presupuestos anuales y que, a su vez, estén justificados por programas operativos anuales.

La visión prospectiva debe darse en función de la clara definición de los alcances de la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, es decir, estableciendo qué cultivos y productos son aquellos donde la soberanía alimentaria se expresa y cuál es el tipo de manejo deseado por parte del país con relación a estos productos, por ejemplo, ¿en qué consisten las decisiones soberanas en materia alimentaria?

Si este concepto básico se entiende como la capacidad de la nación para decidir sobre la cantidad y calidad de productos alimentarios requeridos para satisfacer, cuando menos, el consumo básico de la población, será necesario disponer de manera planificada de los elementos estratégicos para lograrlo.

Lo anterior implica la planificación prospectiva de recursos naturales (con una visión hacia la sustentabilidad): tierra, agua, agroquímicos, además de tecnología, organización para la producción y apoyos financieros gubernamentales para la integración productiva y exitoso acceso al mercado para todos los insumos estratégicos que resulten en los procesos de capitalización de los productores rurales.

El concepto de seguridad alimentaria y nutricional, entendido como la garantía por parte del Estado para que la población tenga acceso a los bienes alimentarios básicos y estratégicos, conlleva un conjunto de elementos asociados: la disponibilidad en calidad y cantidad de estos bienes alimentarios en el mercado y la capacidad adquisitiva de la población para obtenerlos, en los extremos del espectro; en todo caso, la política de Estado para estos efectos diseñada, debe contener los elementos suficientes para conducir hacia el equilibrio entre oferta y demanda alimentaria.

El logro de la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, se concibe fundamentalmente con base en la producción nacional, sin que esto implique la idea de la autarquía en materia alimentaria; en todo caso, teniendo en consideración las capacidades físicas para producir y las potencialidades tecnológicas, deberán establecerse rangos de producción para cada uno de los alimentos considerados como estratégicos.

Este rango podrá situar la producción entre el volúmen requerido para la autosuficiencia plena y porcentajes menores de producción con relación al total requerido.

Las capacidades físicas finitas del país para producir la ingesta alimentaria y nutricional requerida por la población, obligan al establecimiento de prioridades para efectos de la definición de las metas de producción agroalimentaria.

Para definir las prioridades se requiere de una clara identificación de criterios. Los requerimientos alimentarios y nutricionales de la población aparecen como la premisa básica para darle concreción al concepto de soberanía y seguridad alimentaria y nutricional. El método con mayor grado de aceptación para cuantificarlos, es el asociado al cálculo de la Canasta de Consumo Actual –CCA–, que identifica en términos percápita, el consumo promedio ponderado de un conjunto de alimentos habituales en el consumo alimentario de la población. La CCA permite conocer los volúmenes de alimentos consumidos por la población y la cantidad de nutrientes que ellos aportan. Al confrontar los datos anteriores contra las recomendaciones nutricionales de los diversos organismos nacionales e internacionales especializados en la materia (INNCMSZ y la FAO, entre otros) puede conocerse el grado de desnutrición promedio de la población nacional.

Cálculos con mayor especificidad llevan a la identificación de la población con mayor vulnerabilidad, es decir, con grados mayores de desnutrición, entre los que habría que destacar a los infantes y mujeres lactantes y gestantes.

El diagnóstico obtenido a partir de los datos ofrecidos por la CCA, es susceptible de confrontarlo con los parámetros de una Canasta Básica Recomendable, con el fin de estimar la brecha existente entre el consumo alimentario y nutricional actual de la población y el consumo alimentario y nutricional recomendado.

La brecha alimentaria y nutricional expresa la magnitud del esfuerzo adicional por realizarse en términos de la producción y abasto de un conjunto de alimentos que habitualmente son consumidos por la población. De estos, hay un subconjunto que tiene una destacada relevancia en la aportación de los macronutrientes más importantes, por ejemplo, aporte de calorías y proteínas que, de acuerdo a las recomendaciones nutricionales, son aquellos que el organismo debe priorizar para su consumo, tanto de origen vegetal como de origen animal (éstos en general coinciden con los “granos básicos” y los cárnicos tradicionales).

Los alimentos que aportan los nutrientes más importantes, entre ellos l<%-2>os micronutrientes y los aminoácidos esenciales, deben incluirse en la dieta recomendada, en particular, en aquella población con mayor grado de desnutrición.<%0> Programas emergentes para el abasto de alimentos complementados con estos nutrientes pueden ayudar a disminuir la brecha nutricional de los grupos con mayor vulnerabilidad en un plazo menor.

Los elementos anteriores deben constituir el criterio inicial para la determinación de las metas agroalimentarias, en particular, de los productos básicos y estratégicos, de manera priorizada, en función de las necesidades alimentarias y nutricionales de la población.

Otros criterios que tendrían que combinarse para el establecimiento de metas son: la frontera agrícola, la vocación productiva de las regiones, los precios, los apoyos gubernamentales para los insumos estratégicos, la organización para la producción, la sustentabilidad, la tecnología actual y potencial, la capacitación y adiestramiento, entre otros.

En síntesis, México necesita que el Estado mexicano, en cumplimiento a sus obligaciones primarias, establezca una política basada en los conceptos de soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, que con una visión prospectiva y de forma planificada ofrezca soluciones a los graves problemas de subconsumo alimentario y nutricional e impulse un sano desarrollo de su población.

 

La coyuntura actual y el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2006

Si bien es cierto que la visión prospectiva debe plasmarse en un plan con un horizonte temporal amplio y que esto implica la realización de numerosos estudios y la formulación de diversos escenarios, lo que tomaría entre dos y tres años, es también cierto que existe un diagnóstico suficientemente conocido que, en caso de así desearlo, permite orientar acciones dirigidas por el camino que conduce hacia la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional de México; en este sentido el Presupuesto de Egresos de la Federación, constituye un poderoso instrumento, en el que, a través de sus partidas presupuestales, deberían reflejarse las decisiones que pretendan hacer transitar al país por el camino referido.

Para acercarnos a la orientación que, en la coyuntura actual, deberían tener los recursos públicos es pertinente esbozar los elementos de diagnóstico más importantes. En el ámbito rural del país, se identifican problemas de relevancia nacional:

* Una innecesaria, absurda y creciente dependencia agroalimentaria.

* Un descenso significativo de la productividad debido, principalmente, al atraso tecnológico que afecta a la sociedad en su conjunto, pero, sobre todo, a la parte rural, donde los productores con menores ingresos sufren las mayores consecuencias.

* Drástica reducción de la competitividad y rentabilidad, derivada de la disminución de la productividad, como consecuencia del rezago tecnológico.

* Sensible reducción del empleo, el ingreso y el consumo de la mayor parte de la población rural.

* Presencia de desnutrición en grandes segmentos de la población rural e inclusive en la urbana.

* Creciente pérdida de recursos productivos y la apropiación de los mismos por parte de empresas transnacionales.

* Incremento alarmante del deterioro ambiental, con los efectos negativos que se traducen en deterioro de las bases naturales de la producción y en la salud de la población.

* Persistencia de flujos migratorios campo-ciudad, incluyendo de manera alarmante la migración hacia el extranjero.

 

El papel del Estado

El Estado mexicano tiene diversos mandatos Constitucionales (Art. 25 primero, segundo y tercer párrafos; Art. 26, en su primer párrafo; Art. 27, fracción XX y Art. 74 fracción IV), así como diversas disposiciones en leyes secundarias y en tratados internacionales que le imponen la obligación de revertir de manera definitiva la situación reflejada en el diagnóstico actual.

Por lo anterior, el Estado mexicano, a través del Poder Ejecutivo, debe diseñar y operar de manera inmediata las acciones conducentes para el logro de los principales mandatos constitucionales en el menor plazo posible y definir el camino correcto en la perspectiva del largo plazo para resolver de manera integral la problemática señalada.

Ante la presentación del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2006 (PPEF 2006), por parte del Poder Ejecutivo a la Cámara de Diputados, y teniendo en cuenta sus atribuciones constitucionales para revisarlo, modificarlo y aprobarlo en su caso, fue ocasión propicia para, con fundamento en los preceptos constitucionales, reorientar el presupuesto, para garantizar la soberanía y seguridad alimentaría y nutricional nacionales.

En efecto, la reorientación del gasto en el ámbito del desarrollo rural y del medio ambiente, en el marco de referencia del Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable (PEC), se sugiere, tiene como principal sustento el concepto de la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional. El logro de este objetivo estratégico tiene que proyectarse necesariamente en el largo plazo, dada la dimensión de los problemas y los volúmenes de recursos de todo tipo que es necesario movilizar para su solución, ante su escasez relativa en la actualidad.

Se impone la necesidad de insertar un planteamiento de reorientación del gasto del PPEF 2006, en el marco de los esquemas programático-presupuestales en vigor para el Poder Ejecutivo, con acciones cuya orientación articule mecanismos que tengan efectos en el mediano y largo plazos. Asimismo, es necesario garantizar la viabilidad legal de las propuestas.

Teniendo en consideración las circunstancias referidas, los criterios básicos para la reasignación de fondos presupuestales serían los siguientes:

I. Fortalecer la asignación de recursos a los programas que impulsan la producción de los “productos básicos y estratégicos” consignados en el Art. 179 de la Ley de Desarrollo Rural Sustentable: maíz, caña de azúcar, frijol, trigo, arroz, sorgo, café, huevo, leche, carne de bovinos, porcinos, aves y pescado.

II. Dar preferencia en la asignación de los apoyos, dentro del universo de estos productores, a aquellos con menores recursos y, particularmente, a los que se localizan en las zonas de alta y muy alta marginalidad. Para ellos, es necesario establecer líneas de acción que, a partir de ofrecer mayores apoyos a estos productores, reduzcan de manera progresiva las asimetrías existentes en la sociedad rural.

III. Dar mayores apoyos presupuestales a los programas que amplíen y consoliden la infraestructura económica básica para la producción, poniendo mayor atención en las zonas donde los atrasos relativos son mayores (caminos, obras de infraestructura hidráulica, represas, canales, cortinas corta-vientos, mejoramiento de suelos, información de precios).

IV. Dar prioridad presupuestal a los programas dirigidos a la ampliación y consolidación de la infraestructura social, en particular, en las zonas de mayor atraso relativo (hospitales, escuelas, centros de salud, unidades de apoyo para la construcción y remodelación de vivienda, centros de capacitación y adiestramiento agropecuario-pesquero, unidades de abasto alimenticio, talleres para la confección de ropa, entre otros).

V. Dar atención presupuestal prioritaria a los programas orientados al cuidado y protección del medio ambiente, desde el ámbito productivo-económico y desde la perspectiva de los requerimientos básicos para la vida (uso adecuado de agro-químicos, programas de producción orgánica, cuidado del agua, evitar prácticas de contaminación de los recursos básicos: agua, suelo, aire).

VI. Poner especial cuidado en los apoyos a la capitalización individual de los productores, ya sea por la vía de las organizaciones de productores o, bien, en términos individuales, buscando atemperar las asimetrías existentes en la sociedad rural, por lo que habrán de priorizarse los apoyos a los productores con mayores carencias. Se pondrá mayor énfasis en los programas que propicien la ampliación de los activos fijos para la producción, así como a aquellos que apoyen la capitalización de los productores, debiendo encontrarse el adecuado equilibrio entre ambos conceptos.

VII. Dar apoyos presupuestales adecuados y suficientes para impulsar la investigación y la innovación tecnológica, cuidando que la participación de los productores sea pertinente en los circuitos de investigación, validación y propagación.

VIII. Garantizar recursos para la capacitación y asistencia técnica permanente, tanto en términos técnico productivos, como en materia de administración, comercialización, preparación de proyectos productivos, documentación soporte para las solicitudes de crédito, etcétera, con una clara orientación hacia la formación y consolidación de organizaciones para la producción.

IX. Impulsar programas que determinen con la mayor precisión posible la población objetivo con mayores carencias, estableciendo metas claras de desempeño que se expresen en unidades medibles que permitan apreciar el avance en el logro de las metas, deberán tener apoyos prioritarios.

X: Los programas orientados a la integración de las cadenas productivas, articulando procesos desde la producción primaria hasta el consumo deberán tener una asignación prioritaria de recursos; especial atención deberá ponerse en la etapa de agro-industrialización, con el fin de que la producción primaria se vincule con la venta final del producto, permitiendo que el productor pueda retener una porción sustantiva del valor agregado y pueda capitalizarse nuevamente.

XI. Dentro de esta lógica de articulación del sector, incluyendo el transporte y el almacenamiento, los mecanismos de apoyo, tales como la pignoración y el crédito, constituyen elementos de gran importancia, debido a que con oportunidad pueden proporcionar al productor recursos frescos para financiarse en la adquisición de bienes de consumo familiar o para consolidar la estructura productiva.

XII. Los programas con mayor apoyo presupuestal deberán impulsar de manera clara el empleo productivo que, efectivamente, genere ingresos suficientes a los productores, permitiéndoles mejorar su nivel de consumo y, en general, sus condiciones de vida.

XIII. En adición a los programas anteriores, es preciso financiar programas de apoyo alimentario y nutricional que auxilien a los estratos de la población con mayores carencias, poniendo mayor atención en los grupos vulnerables, tales como mujeres gestantes y lactantes y, de manera particular, a los niños entre 1 y 5 años de edad. A estos programas deberá acompañarse elementos de orientación nutricional que orienten a la población sobre hábitos de consumo que coadyuven a la solución en el menor tiempo de la desnutrición.

Al momento de escribir estas líneas el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación se ha convertido en el Presupuesto de Egresos de la Federación que, si bien ha sido modificado, la cuantía ha sido insignificante, la orientación del gasto prácticamente no ha sido tocada y se ha autorizado un presupuesto con “déficit cero”, es decir, de equilibrio en relación con los ingresos.

No es el propósito de esta reflexión hacer una revisión del gasto público en materia de desarrollo rural y medio ambiente, sabemos que ha ido en franco descenso; sin embargo, es de mayor relevancia referirme a la estructura del mismo, pues los elementos de diagnóstico ofrecidos al principio son, en buena medida, el resultado de esta orientación del gasto.

El análisis del más reciente Informe del Resultado de la Revisión y Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2003, realizado por la Auditoría Superior de la Federación, en lo concerniente al Sector Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, refleja que el programa ganadero (Progan), un programa estratégico para el desarrollo rural, no identificó adecuadamente la población objetivo, debido a que no contaba con el diagnóstico sobre la ganadería bovina extensiva en México. Eso no le permitió determinar la superficie objeto del programa ni el número de vientres sujetos de apoyo, considerando la condición de la cobertura vegetal en las tierras de pastoreo. Por tanto, su aplicación estuvo sujeta a la demanda de apoyos de los productores.

Del monto total de subsidios distribuidos por el Progan (mil millones de pesos), a los productores de bajos ingresos localizados en zonas marginadas, que constituyen el 40 por ciento del universo atendido, les fue entregado el 15.3 por ciento, mientras que a los productores de mayores ingresos, que integran el 19.9 por ciento del conjunto beneficiado, se les otorgó el 51 por ciento del total de los subsidios directos del programa. Los estados menos favorecidos fueron Oaxaca y Guerrero, porque los productores no acreditaros la legal posesión de sus tierras.

El ejemplo anterior se consigna con la idea de dar sustento inicial a la tesis de que la SAGARPA, contribuye a profundizar las diferencias en la distribución del ingreso en el campo, favoreciendo a los productores con mayores recursos. Con el Procampo, uno de los programas que maneja los mayores volúmenes de fondos sucede algo semejante: son los productores altamente capitalizados del noroeste y del noreste del país donde se concentran los mayores subsidios. Sinaloa, por concepto de apoyos al maíz, obtiene alrededor del 20 por ciento del total de los subsidios del programa.

La soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional, como parte constitutiva del concepto de seguridad nacional y dentro de un esquema de principios donde la soberanía nacional sea considerada esencial, deben de expresarse en el reconocimiento del derecho constitucional a la alimentación y a la nutrición, además de impulsar leyes reglamentarias que definan los objetivos estratégicos de largo aliento en esta materia. Es preciso un sistema de planificación que considere la visión prospectiva, articulado con un sistema de programas de largo, mediano y corto plazo, bajo la idea de la planificación continua, que se exprese en programas operativos anuales actualizables que tengan garantizados los recursos presupuestales que les den sustentabilidad.

Adicionalmente, las leyes en cuestión, deberán definir con claridad los programas de apoyo gubernamental para el logro de los objetivos y metas que conduzcan a la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional.

El reto es grande y se mide teniendo en cuenta el problema de desnutrición del país, el grado de dependencia del extranjero en el abasto de alimentos básicos y estratégicos y, en general, con las asimetrías hacia el interior de la sociedad rural y de ésta con la sociedad urbana.

Si, bien, es cierto que las dificultades para remontar los problemas señalados son de gran magnitud, también lo es que existen las capacidades nacionales de toda naturaleza para superarlas; es cuestión de voluntades, el diseño y práctica de una política de Estado identificarán cómo y cuándo se podrá lograr. Ya hay camino recorrido, no se empezaría de cero; sin embargo, se requiere el consenso de los actores que influyen de manera decisiva en el rumbo del país.

 

* Doctor en Ciencias Económicas y asesor del Área de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del GPPRD en la Cámara de Diputados.