Presupuesto 2006: última oportunidad del foxismo

Cutberto Ledezma Chávez*

 

Si bien el Presupuesto para 2006 no es el último que instrumenta la actual administración panista, es evidente que la propuesta de gasto para 2007 –que presentará el ejecutivo federal– deberá contener algunas de las orientaciones de quien resulte vencedor en los comicios presidenciales de julio próximo; por consiguiente debe considerarse el actual presupuesto como el último esfuerzo del gobierno del “cambio” que no supo, no quiso o no pudo utilizar el más importante instrumento de gasto para imprimirle dinamismo a la economía y resolver los acuciantes problemas sociales que deberían haberse atendido.

El Presupuesto de Egresos es uno de los documentos jurídicos más importantes para la vida económica del país. A través de él se asignan recursos para los programas y proyectos de los poderes de la federación, de los estados y de los municipios. Los recursos que se ejercen representan poco más de una quinta parte del Producto Interno Bruto del país; por tanto, el cómo, cuándo y dónde se ejerce el presupuesto reviste gran trascendencia.

El no haber tenido la capacidad política para haber consensuado una verdadera reforma integral de la hacienda pública, tuvo por consecuencia que persista la baja recaudación tributaria, impidiendo alcanzar los niveles adecuados de gasto para cubrir las necesidades de la población y de la inversión en infraestructura, por lo cual, para el ejercicio fiscal de 2006, el presupuesto será como todos los del gobierno foxista, nuevamente austero.

No obstante el carácter restrictivo del proyecto, la Cámara de Diputados consideró que el presupuesto debería enfocarse fundamentalmente a impactar en tres grandes temas:

La creación de infraestructura productiva. El país requiere de obra pública que mejore las condiciones de vida de la población, carreteras que comuniquen poblaciones; más y mejores escuelas que permitan elevar el nivel educativo de los niños y jóvenes; hospitales equipados, así como la creación de infraestructura hidráulica y energética, entre otras.

La canalización de recursos al desarrollo social. Como función esencial del Estado mexicano y en cumplimiento del mandato constitucional corresponde al gobierno federal para diseñar políticas públicas eficientes la distribución de la riqueza nacional, enfocándose en combatir no solo la pobreza extrema y la marginación, sino las causas que la originan.

El fortalecimiento de las entidades federativas. El Sistema de distribución de competencias fiscales en nuestro país, todavía obedece a una estructura centralista que monopoliza las principales fuentes de recaudación en el gobierno federal. Si bien es cierto, en los últimos años se han hecho esfuerzos importantes de descentralización, éstos continúan siendo insuficientes, por lo cual la canalización de recursos a través del Presupuesto de Egresos se convierte en la herramienta principal del federalismo hacendario. Su fortalecimiento, pensamos, tendrá que surgir de los acuerdos tomados en una necesaria Segunda Convención Nacional Hacendaria.

El Congreso de la Unión realizó cambios al proyecto de Ley de Ingresos que envió el presidente Fox, incrementando el monto de los ingresos a recaudar en 92 mil 300 millones de pesos, al pasar de un billón 881 mil 200.4 millones de pesos a un billón 973 mil 500; entre los cambios realizados destaca la estimación del precio del barril de petróleo que pasó de 31.5 a 36.5 dólares y de otros ingresos tributarios.

La Cámara de Diputados aprobó –la madrugada del 16 de noviembre de 2005– una cifra de Gasto Neto Total de 1,973,500,000,000 de pesos que correspondían con los ingresos aprobados; sin embargo, en el Diario Oficial de la Federación (22 de diciembre), el ejecutivo federal publicó el Decreto de Presupuesto de Egresos para el año 2006 por el equivalente a un Gasto Neto Total de 2,000,072,400,000 de pesos.

Derivado de la discusión y análisis de la propuesta presentada por el ejecutivo, la Cámara de Diputados aprobó “reasignaciones de gasto por más de 89 mil millones de pesos”.

Entre los principales cambios al proyecto de decreto se encuentran: el diseño de un artículo específico con el objeto de atravesar el Decreto y crear candados que permitan un efectivo control parlamentario del uso y aplicación de los recursos. En dicho artículo se prohíbe que las dependencias y entidades se identifiquen en el ejercicio de sus funciones con los partidos políticos o candidatos y que los apoyen con recursos públicos federales.

Se modificaron diversos artículos con objeto de transparentar los padrones de beneficiarios de los programas sociales; de obligar a la Secretaría de Hacienda a que tome en consideración la opinión de las entidades federativas para el diseño de las reglas de operación de los programas sociales y los criterios oficiales para la distribución de los subsidios.

Por otro lado, se impone la obligación de las dependencias y entidades de la administración pública de informar lo referente a donativos, subsidios, cancelaciones, modificaciones, cambios de partida, y todo lo relacionado con la aplicación de los programas sociales.

Una de las modificaciones más significativas al proyecto de presupuesto introdujo obligaciones a cargo de las dependencias y entidades gestoras de programas financiados con recursos públicos federales, para presentar periódicamente informes a las comisiones de la Cámara y a la Auditoría Superior de la Federación sobre el cumplimiento de los objetivos de sus programas y sobre las erogaciones realizadas.

Se introdujo la obligación de reasignar el monto total de las sanciones económicas que aplique el IFE a los partidos al gasto en ciencia y tecnología (Ramo 38). En segundo lugar, se especificó expresamente que el objeto de reasignación serán las sanciones que se paguen o descuenten durante 2006, independientemente de que hubiera sido impuesta por una resolución aprobada en ejercicios anteriores.

Se suprime la posibilidad de que los poderes legislativo y judicial, organismos públicos federales, dependencias y entidades autoricen la celebración de contratos multianuales de obra pública, adquisiciones, arrendamientos y servicios.

Para el presente ejercicio fiscal, se establece como meta el equilibrio público presupuestario. El ejecutivo federal podrá no sujetarse a lo anterior como consecuencia de una emergencia de carácter nacional, tal como un desastre natural, informando de ello a la Cámara, y sujetándose al monto de endeudamiento neto aprobado en la Ley de Ingresos de la Federación.

El gasto se distribuye en tres grandes ramos, sujetos a control presupuestario directo:

Ramos autónomos. Para los Poderes Legislativo y Judicial, así como para los organismos públicos autónomos, el monto de gasto programable aprobado fue de 42 mil 938 milones 768,715 pesos, menor a la propuesta del ejecutivo en 7 mil 153.2 millones de pesos, afectando al Poder Legislativo con 850 millones de pesos. La Cámara de Senadores resintió la mayor rebaja por 727 millones de pesos; el Poder Judicial que disminuyó en 5 mil 152 millones, y parte correspondió al Consejo de la Judicatura Federal por 4 mil 403 millones de pesos; finalmente, el IFE vio mermado su presupuesto en mil 29 millones de pesos.

Ramos administrativos. En los ramos correspondientes a la Presidencia de la República; a la Procuraduría General de la República; a los tribunales administrativos, así como al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, se aprobó un monto de gasto programable por 460 mil 598 millones 214,658 pesos y es superior en 53 mil millones de pesos a la propuesta del ejecutivo, siendo los ramos beneficiados Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación por 13 mil 541.4 millones de pesos; Comunicaciones y Transportes por 13 mil 560 millones; Educación Pública por 12 mil 102 millones; Salud por 3 mil 237 millones; Reforma Agraria por mil 566.8 millones; Medio Ambiente y Recursos Naturales por 4 mil 335 millones; Seguridad Pública por 513 millones y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por 980 millones de pesos.

Ramos generales. Para los ramos que no corresponden al gasto directo de las dependencias, aunque su ejercicio esté a cargo de éstas; el monto total aprobado de gasto programable y no programable alcanzó la cifra de 1,032,831,514,096 pesos y es superior en 14.8 mil millones de pesos a la propuesta del ejecutivo, siendo los ramos beneficiados, Provisiones Salariales y Económicas por 4 mil 750 millones; Previsiones y Aportaciones para los Sistemas de Educación Básica, Normal y Tecnológica por 4 mil 322 millones; Aportaciones para las Entidades Federativas y Municipios por 3 mil 66 millones; y la reasignación de 22 mil 500 millones al Programa de Apoyos para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas, que había omitido el ejecutivo federal y que la Cámara por tercera ocasión incorpora.

Dentro del gasto no programable en Ramos Generales, encontramos un incremento en las Participaciones a Entidades Federativas y Municipios por 7 mil 938.1 millones, una disminución de mil 500 millones en el monto canalizado al pago de intereses de la deuda pública, para quedar en 182 mil 042.6 millones y una disminución en el monto de los Adefas por mil 632.2 millones para quedar en 13 mil 876.8 millones de pesos.

Entidades sujetas a control presupuestario directo. Bajo este concepto quedan incluidos el ISSSTE, IMSS, CFE, PEMEX y Luz y Fuerza del Centro. El monto aprobado alcanzó la cifra de 637,634,788,286 pesos y es superior en 32.3 mil millones de pesos a la propuesta del ejecutivo. El Gasto Programable se situó en la cifra de 594 mil 882 millones 34 pesos y el Gasto No Programable en 42 mil 751 millones de pesos.

Las empresas beneficiadas con el incremento de gasto fueron la Comisión Federal de Electricidad con 6 mil 104.7 millones y el Instituto Mexicano del Seguro Social con 26 mil millones según el Decreto de Presupuesto publicado en el Diario Oficial; esta ampliación ha resultado en una controversia que no ha sido explicada del todo razonablemente ante la opinión pública.

 

Reflexiones finales

El presupuesto de 2006 representa el epílogo de la administración foxista, aunque no es sino la continuación de las políticas de estabilización que emprendieron las cuatro últimas administraciones federales, basadas en la premisa del Estado mínimo, del laisseiz faire, laisseiz passer. Este paradigma fondomonetarista en vez de la preocupación por el empleo y desarrollo nacional, hace la apología del crecimiento hacia fuera, colocando como virtudes supremas la eficiencia y la competitividad, y el papel protagónico del mercado, como una suerte de panacea para la solución de todos los males pasados y presentes que nos aquejan como país.

En nuestro caso, a través de diferentes formas y métodos los gobiernos mexicanos (a partir de los años ochenta del siglo pasado) adoptaron las tesis del neoliberalismo concentrándose en el combate a la inflación, el equilibrio presupuestal, tipo de cambio flexible y ser consistente con los objetivos macroeconómicos, descartar el proteccionismo y sustituirlo por la plena apertura al intercambio internacional, así como la desregulación de la economía como vía de promover la competencia.

El principal problema de la política económica actual ha sido la falta de crecimiento de la economía: en dos decenios, de 1983 a 2003, el crecimiento del PIB promedio anual fue de 2.2 por ciento, pero si consideramos el aumento de la población, el producto per cápita creció en apenas 0.3 por ciento, es decir, la política económica aplicada en los últimos veinte años no ha mejorado la distribución del ingreso ni ha contribuido al progreso del país.

En el contexto del posible arribo de un gobierno democrático y progresista, la nueva política económica, si bien procurará controlar la inflación y el déficit presupuestal, deberá impulsar el crecimiento y la generación de empleo, conteniendo el pesimismo en la inversión productiva, debido a continuidad en la aplicación de políticas de estabilización. Para ello será necesario ser mucho más prudentes con la aplicación de la política fiscal como instrumento de ajuste; en particular, cualquier reducción del déficit fiscal debe hacerse con la reducción del gasto corriente y no de la inversión pública como ha ocurrido con los cuatro últimos presupuestos federales.

PRESUPUESTO DE EGRESOS DE LA FEDERACIÓN PARA 2006

  

RAMOS AUTÓNOMOS

 

 

 

42,938,768,715

Gasto Programable

 

 

 

 

 

01

Poder Legislativo

6,914,776,651

 

 

     Cámara de Senadores

1,924,172,135

 

 

     Cámara de Diputados

4,268,728,117

 

 

     Auditoría Superior de la Federación

721,876,399

 

03

Poder Judicial

23,389,312,933

 

 

     Suprema Corte de Justicia de la Nación

2,939,116,874

 

 

     Consejo de la Judicatura Federal

19,403,761,708

 

 

     Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación

1,046,434,351

 

22

Instituto Federal Electoral

11,892,136,021

 

35

Comisión Nacional de los Derechos Humanos

742,543,110

B: RAMOS ADMINISTRATIVOS

460,598,214,658

Gasto Programable

 

 

 

 

 

02

Presidencia de la República

1,621,913,200

 

04

Gobernación

4,737,913,800

 

05

Relaciones Exteriores

4,510,938,847

 

06

Hacienda y Crédito Público

27,211,945,700

 

07

Defensa Nacional

26,031,900,900

 

08

Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación

51,020,685,834

 

09

Comunicaciones y Transportes

33,687,158,400

 

10

Economía

7,618,589,800

 

11

Educación Pública

137,590,432,701

 

12

Salud

42,355,506,035

 

13

Marina

9,163,510,800

 

14

Trabajo y Previsión Social

3,262,139,500

 

15

Reforma Agraria

4,435,598,900

 

16

Medio Ambiente y Recursos Naturales

21,342,823,466

 

17

Procuraduría General de la República

9,550,581,000

 

18

Energía

27,324,373,075

 

20

Desarrollo Social

26,572,781,800

 

21

Turismo

1,227,327,000

 

27

Función Pública

1,412,397,100

 

31

Tribunales Agrarios

575,132,100

 

32

Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa

1,136,510,100

 

36

Seguridad Pública

9,274,400,000

 

37

Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal

74,407,000

 

38

Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología

8,859,247,600

C: RAMOS GENERALES

 

 

 

1,032,831,514,096