Cumplir es mi fuerza*

 

Amigas y amigos:

 

Me da mucho gusto estar con ustedes. Hace un momento nos registramos, nos inscribimos para representar a las fuerzas democráticas de México, para lograr una verdadera transformación.

Este es un momento importante, es la culminación de una etapa y el inicio de otra. Como ustedes estaban coreando: ¡sí se pudo!, ¡sí se pudo!

¡Sí se pudo!. Por ustedes estamos aquí, porque querían descalificarnos, querían hacernos a un lado con lo del desafuero y no pudieron, porque el pueblo es mucha pieza.

Aquí estamos y vamos a seguir estando.

Sí se pudo en esta primera etapa y se va a poder en la que viene. Vamos a ganar la Presidencia de la República.

Amigas y amigos:

Vamos a la campaña con el objetivo superior de sacar a México del estancamiento económico, de la crisis de bienestar social y del atraso político.

Vamos a la campaña no sólo para ganar la Presidencia de la República, sino para transformar al país.

Vamos a la campaña para seguir construyendo un movimiento ciudadano, amplio, plural e incluyente que permita una renovación tajante y una verdadera purificación de la vida pública.

Buscamos la Presidencia para establecer, con el impulso de la gente y de manera democrática, una nueva economía, una nueva convivencia social, una nueva legalidad y una nueva forma de hacer política.

Es indispensable, por eso, cambiar la actual política económica. No por razones ideológicas, sino por sentido común, por juicio práctico: no es posible seguir manteniendo el mismo modelo que, una y otra vez, ha fracasado y ha llevado al país a la quiebra.

La política neoliberal en los últimos cuatro gobiernos federales no ha funcionado: la economía ha permanecido estancada; el salario mínimo es menor, en términos reales, en un 62 por ciento, al de 1982; es evidente el deterioro en el nivel de vida de las clases medias y se ha cancelado el futuro a millones de mexicanos pobres. Por si fuera poco, ya vendieron la mayor parte de los bienes nacionales y, durante este periodo, la deuda pública pasó de 80 mil millones de dólares a 273 mil millones, es decir, se triplicó.

La prueba más contundente del fracaso de la actual política económica es la falta de empleos. Por eso, millones de mexicanos han tenido que migrar al extranjero. Nada más en lo que va del gobierno de Vicente Fox, han abandonado el país, por necesidad, más de 2 millones de trabajadores.

En suma: durante los últimos 23 años se canceló la posibilidad de movilidad social. Antes de la política neoliberal era menos difícil progresar en México; mucha gente podía abrirse caminos mediante el trabajo y la educación. Ahora, por desgracia, la emigración se ha convertido en una de las pocas opciones para salir adelante.

Es doloroso ver cómo miles de mexicanos se juegan la vida tratando de cruzar la frontera norte y llegar a los Estados Unidos. Al mismo tiempo, es indignante ver cómo el presidente Fox –por estar empeñado en mantener la misma política económica que sólo beneficia a las élites del poder– no tiene la autoridad moral ni política para enfrentar la ignominia de un muro fronterizo ni para protestar por la muerte de migrantes y el destierro, por necesidad, de miles y miles de compatriotas.

El fracaso de la política económica es el fracaso de la política migratoria del presidente Fox.

De ahí que nuestro principal compromiso, al llegar a la Presidencia de la República, será reactivar la economía para generar los empleos que demanda la población. El objetivo es que nadie tenga que abandonar el país y a su familia para conseguir trabajo y vivir con dignidad.

Se trata de encender de nuevo la llama de la esperanza.

Se trata de dar a cada niño, a cada joven, a cada anciano, a cada mujer y a cada hombre, nuevas, importantes y poderosas razones para vivir, para soñar y para triunfar en este generoso y fraterno país.

Esta visión de futuro no sólo es parte de la imaginación y de los buenos deseos. Estoy absolutamente convencido de que si hay un buen gobierno –honesto y responsable–, se podrán utilizar de manera eficaz y en forma racional nuestros recursos naturales. Y lo más importante: se podrá desatar la creatividad, el talento y la laboriosidad innata de nuestro pueblo.

Aseguro a ustedes que no nos faltará visión ni iniciativa.

El nuevo gobierno pondrá en marcha programas para sacar al campo del abandono en el que se encuentra. Sembraremos un millón de hectáreas de árboles maderables en los estados del sureste, con el fin de crear empleos y frenar la degradación ecológica.

Impulsaremos la industrialización del país, utilizando al sector energético como palanca del desarrollo. De manera concreta, reitero el compromiso de bajar el precio de la energía eléctrica, del gas y de las gasolinas. Vamos a otorgar créditos baratos a la pequeña y mediana empresa.

Construiremos la infraestructura y la obra pública que requiere el país y, con ello, se crearán muchos empleos. En específico, en el próximo sexenio habremos de realizar las obras para el tren bala de la Ciudad de México a la frontera norte; el corredor transítsmico y los puertos comerciales de Salina Cruz y Coatzacoalcos; un aeropuerto internacional en Tizayuca, Hidalgo; nuevas carreteras en el sur del país y un millón de viviendas por año.

El gran propósito que tendrá el nuevo gobierno será hacer realidad el Estado de Bienestar. Estamos conscientes de que, mientras se echa a andar la economía y comienzan a obtenerse resultados y, dada la situación de pobreza en que viven millones de mexicanos, es impostergable garantizar satisfactores básicos a la población.

Por eso, desde el primer día, nuestro gobierno hará valer el derecho universal a la pensión alimentaria para los adultos mayores del país; se otorgarán becas a personas con discapacidad y a madres solteras y se hará efectivo el derecho a la salud, a través de la atención médica y medicamentos gratuitos.

Daremos prioridad a la educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles escolares. El compromiso es que nadie se quede sin oportunidad de estudiar y que no importe la condición económica o social de la familia.

Apoyaremos la investigación científica, la creación artística y fortaleceremos valores y tradiciones culturales.

Para recuperar la esperanza es indispensable recobrar la tranquilidad y la seguridad pública. Estoy consciente de que no basta con impulsar el desarrollo social; hay que desterrar, al mismo tiempo, la corrupción en los cuerpos policiacos; trabajar de manera coordinada en todos los niveles de gobierno y actuar con inteligencia, profesionalismo, firmeza y perseverancia.

Y algo que es fundamental para enfrentar al crimen organizado: no permitir que se asocie la delincuencia con la autoridad y no proteger a una banda y castigar a otra, sino aplicar la ley por parejo.

Vamos a fortalecer a las instituciones, empezando por dar respetabilidad a la Presidencia de la República.

Nos apoyaremos en las fuerzas armadas para la defensa de la soberanía y de la seguridad nacional. Esta institución fundamental del Estado mexicano tendrá, mediante las reformas constitucionales correspondientes, mayores facultades para combatir al crimen organizado y al narcotráfico. Pero nunca más el ejército será usado para reprimir al pueblo de México.

Se mantendrá inalterable el sistema federal y habrá respeto a la autonomía del Congreso de la Unión y del Poder Judicial. En política exterior nos ceñiremos a lo establecido en la Constitución General de la República: nos guiaremos por los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias.

De manera puntual expreso que mantendremos una política exterior mesurada, nada protagónica. Llevaremos a la práctica el criterio de que la mejor política exterior es la política interior. No vamos a ser candil de la calle y oscuridad de la casa.

En fin, habrá una nueva forma de hacer política, sin prepotencia ni corrupción; habrá un gobierno republicano, austero, sobrio, honesto, visionario, realista, capaz, cumplidor, decidido y sensible a los sentimientos del pueblo.

Quiero también decirles que estoy acostumbrado a cumplir mis compromisos. Cumplir es mi fuerza.

Amigas y amigos:

La campaña que iniciaremos el próximo día 19 –en Metlatónoc, Guerrero– la haremos desde abajo y entre todos, con la gente. Estamos convencidos de que sólo con la participación consciente y la movilización ciudadana, saldremos adelante.

Sólo así podremos vencer al dinero, a la mercadotecnia y a las trampas que, seguramente, seguirán prevaleciendo, con el apoyo del pueblo, como lo hicimos cuando el desafuero. ¡Sí se puede!

Este 2006, más que un año electoral, será un año de definiciones. No sólo está en juego la Presidencia de la República sino el proyecto de nación que elegirán los mexicanos.

Y es claro que, aun cuando existen varios candidatos, sólo hay dos proyectos, distintos y contrapuestos: uno, el que representan por igual el PRI y el PAN, es decir, la continuidad de la actual política. El otro, es el nuestro, el Proyecto Alternativo de Nación que significa un cambio verdadero porque, como es obvio, no estamos dispuestos a recorrer los mismos caminos trillados de siempre.

Esto lo he venido expresando con transparencia y de manera sincera. Sé que nuestros adversarios apostarán a fomentar el miedo a una renovación tajante y dirán hasta la vulgaridad que representamos un “grave riesgo” para la estabilidad política.

Ante ello, nos atenemos al buen juicio y a la madurez de la gente. Si algo verdaderamente ha cambiado en los últimos tiempos, es la mentalidad de los mexicanos. Las estructuras de control y manipulación son las mismas, pero la gente está mejor informada, más avispada y más consciente de la realidad.

Además, amigas y amigos, el país ya no está para simulaciones o medias tintas. La disyuntiva es clara: transformamos a México o se perpetuarán la corrupción y los privilegios con todas sus secuelas y calamidades: desempleo, inseguridad, pobreza, migración y la cancelación del futuro para la mayoría.

Vamos a convencer y a persuadir de que, por el bien de todos, debemos transformar al país. Por el bien de todos debemos transformar al país. Por el bien de todos, primero los pobres.

Seguiremos diciendo que es posible lograr una sociedad mejor, por el camino de la concordia. En México –y eso es lo que estamos ofreciendo– habrá justicia, dentro de la libertad y el respeto. Nunca recurriremos a la fuerza: siempre a la razón y al derecho.

Ni nuestros más tenaces adversarios deben preocuparse. No es mi fuerte la venganza. Lo único extraordinario que va a suceder, a partir del primero de diciembre de este año, es que cambiarán las reglas, se terminarán los privilegios y en México habrá patria y futuro para todos.

Muchísimas gracias amigas y amigos.

 

* Palabras de Andrés Manuel López Obrador al registrarse ante el Instituto Federal Electoral como candidato a la Presidencia de la República por la coalición “Por el bien de todos”, México, Distrito Federal, 8 de enero de 2006.