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Inicia campaña
por la transformación social* Amigas y amigos: Agradezco la generosa presencia
de todos ustedes. Hoy, como en otras ocasiones, nos
congregamos en esta histórica plaza para tratar asuntos de interés público
y tomar acuerdos. Desde principios de agosto, inicié
un recorrido por el país como precandidato a la Presidencia de la República. Durante este tiempo, visité los
31 estados y las 16 delegaciones del Distrito Federal; las 300 cabeceras
electorales federales; celebramos 325 mítines y nos reunimos con más de
un millón de personas. La gira implicó intensas jornadas
y transitar a lo largo de 55 mil 646 kilómetros de carretera para llegar
a pueblos y ciudades de todas las regiones de México. Decidimos hacer la precampaña a
ras de tierra, no sólo porque no tenemos dinero o porque no podríamos,
en congruencia, rentar aviones o helicópteros privados, como lo hicieron
otros precandidatos, sino fundamentalmente porque queríamos reconocer
la realidad de cerca, desde abajo y con la gente. Gracias a ello ahora tenemos una
visión mucho más clara de lo que sucede en la república. ¿Qué hemos visto y qué constatamos? Vimos mucha pobreza y olvido por
todas partes; pero más en el sur, en el sureste y alrededor de las grandes
ciudades. Pudimos confirmar de nuevo los desniveles
que existen entre las diversas regiones del país; a diferencia del norte
y del centro, en el sur el atraso se advierte en casi todo. Las carreteras
principales de Guerrero, Oaxaca y Chiapas están en pésimas condiciones
y son muchas las comunidades aisladas, donde sólo se puede llegar por
brechas, a pie o a caballo. Palpamos los contrastes que hay
en lugares donde se nota, de manera ofensiva, la opulencia y la pobreza. Vimos, con tristeza e indignación,
cómo millones de familias de Chimalhuacán, Valle
de Chalco y Ecatepec
viven marginadas, mientras la llamada “clase política” del Estado de México
se regodea en el derroche y la corrupción. Vimos también cómo la gente está
emigrando de casi todos los estados de la República. Hay un verdadero
éxodo: miles de mexicanos, día a día, se ven en la necesidad de abandonar
a sus familias y a sus pueblos para ir a trabajar a Estados Unidos, arriesgándolo
todo, en busca de algo que mitigue su hambre y su pobreza. Antes, la migración se daba en el
centro y en el norte del país. Ahora parten de los estados del sureste
donde, paradójicamente, hay buenas tierras para la producción agropecuaria,
potencial pesquero, agua, bosques, petróleo, gas y muchos otros recursos
naturales. De Veracruz, por ejemplo, en los últimos 10 años, han salido
a trabajar y vivir a ciudades fronterizas y a Estados Unidos, más de un
millón de personas. Es obvio que esta triste realidad
tiene que ver con el estancamiento económico, con la ruina de las actividades
productivas y con la falta de empleo. Esta es una de las pruebas más contundentes
de que no funciona la política económica que se viene aplicando desde
hace más de dos décadas. Los tecnócratas no han servido, ni siquiera,
para echar a andar la economía. En el recorrido por el país, advertimos
que sólo ha habido crecimiento económico en ciudades fronterizas o en
los centros turísticos; estos sitios, que son como islas rodeadas de abandono,
tienen un relativo auge económico y oportunidades de empleos, aunque sean
mal pagados. Pero allí mismo, sus habitantes enfrentan carencias de servicios
públicos y padecen una creciente inseguridad. Vimos, por ejemplo, cómo
en Tijuana o en Ciudad Juárez la mitad de las calles no tienen pavimento
ni drenaje; la mayoría de la gente vive hacinada en cuartos o en precarias
viviendas. Lo mismo ocurre en los centros vacacionales de playa, donde
se siguen levantando hoteles de gran turismo, mientras en las colonias
donde habitan los trabajadores, se carece hasta de lo más indispensable. En el resto del país, con excepción
de algunas ciudades, ni siquiera hay crecimiento ni empleo: reina la pobreza
y el abandono. Hay millones de niños desnutridos, enfermos y sin porvenir.
En casi todo México el pueblo clama por trabajo y mejores ingresos: hay
20 millones de mexicanos, madres o padres de familia, que sobreviven con
25 pesos diarios. También pudimos ver de cerca lo
dañina que ha sido la privatización “disfrazada” en materia educativa,
sobre todo, en el nivel medio superior y universitario. Los tecnócratas
han puesto la educación en el mercado, como si se tratara de una mercancía
que sólo pueden adquirir quienes tienen con qué pagarla. Por desgracia, han avanzado en su
afán de convertir a la educación en un privilegio: miles de jóvenes, año
con año, son rechazados por falta de espacios en instituciones públicas.
A muchos de estos jóvenes, que no pueden pagar una colegiatura, sólo les
queda como opción el desempleo, la economía informal, la migración o el
camino de las conductas antisociales. Por fortuna, no sólo vimos estas
desgracias. También volvimos a comprobar la
fortaleza cultural de nuestro país. Allí está todavía el México profundo;
las comunidades y los diferentes grupos indígenas, con su organización
social, sus valores, lenguas, tradiciones y costumbres. Allí está la cultura
que ha resistido a todos los embates y calamidades que ha padecido el
país. Allí están los pueblos y su historia, la belleza de los paisajes,
los recursos naturales pero, sobre todo, allí está el carácter emprendedor
de los habitantes del norte; la mística de trabajo de los campesinos y
obreros del centro y sur del país; el ingenio, la imaginación y el talento
de nuestros profesionales, investigadores y artistas. Allí está la grandeza
de los mexicanos que empujan con la fuerza de su esperanza hacia la construcción
de un mejor futuro. Allí está el México del futuro. En todos los actos públicos de ésta
precampaña, llamé a formar y a levantar un movimiento amplio, plural e
incluyente para lograr un cambio verdadero. Expliqué que no se trata nada
más de llegar a la presidencia y de sentarme en la silla presidencial,
sino de llevar a cabo, con el impulso de la gente, una renovación tajante,
una verdadera purificación de la vida pública, para remover las estructuras
caducas de poder que han impedido a México y a su pueblo salir adelante. Dije muchas veces que el país ya
no aguanta más cambios cosméticos; que se requiere un cambio de fondo.
Y eso sólo se puede lograr con la participación activa, consciente y comprometida
de todos nosotros. La convocatoria que estoy haciendo
incluye a todos. Sé que contamos con el apoyo de los militantes de mi
partido, el Partido de la Revolución Democrática. Y ahora, con el apoyo
de los partidos del Trabajo y Convergencia. Pero eso, aunque es muy importante,
no es suficiente para la gran tarea de transformación progresista que
tenemos por delante. Las circunstancias exigen la unidad de todos; de
mujeres y hombres de buena voluntad. Por eso, también se han venido construyendo
las Redes Ciudadanas, donde participan quienes no tienen militancia partidista.
Inclusive, he venido diciendo que debemos convencer a militantes del PRI
y del PAN, de las bases, de abajo, porque con ellos no tenemos diferencias
de fondo. Ellos están igual de amolados y esperanzados, como la mayoría
de nuestro pueblo. Las diferencias las tenemos con los dirigentes de esos
partidos y con sus verdaderos jefes, los que se creen amos y señores de
México, y que se les va a acabar. He venido recogiendo, además, los
sentimientos de la gente y sus propuestas para la elaboración definitiva
de nuestro Proyecto Alternativo de Nación. Pienso y reafirmo que necesitamos
sentar las bases de una nueva convivencia social, más humana e igualitaria;
es indispensable una nueva economía y una nueva forma de hacer política.
En suma: un nuevo Estado, un Estado social y democrático de Derecho. Tiene que haber patria para todos.
Tiene que haber futuro para todos. Tiene que haber de nuevo movilidad
social. Tiene que haber para los más necesitados y para la mayoría de
nuestro pueblo la oportunidad de ascender mediante el trabajo y la educación
en la escala social. Tenemos que establecer en México
un verdadero Estado de Bienestar para garantizar a todos, de manera efectiva,
el derecho al trabajo, la alimentación, la educación, la salud y la vivienda
y, al mismo tiempo, debemos garantizar el derecho a disentir, la libertad
de expresión y de credo y el reconocimiento de la diversidad. Vamos a
establecer en México la justicia en la libertad y el respeto. Tenemos que empezar a pagar la deuda
histórica que tenemos con los pueblos indígenas de México. Tiene que cambiar la política económica,
porque la actual sólo está dirigida, destinada, a mantener y a acrecentar
los privilegios de unos cuantos, sin importar el destino del país y, mucho
menos, los reclamos de todo un pueblo que se ahoga en la injusticia y
en la pobreza. Hay que mantener el control de la
inflación y del déficit fiscal, pero con crecimiento y empleo y aquí aprovecho
para aclarar que van a tener participación en la nueva política económica
todos los sectores productivos. Nosotros no tenemos diferencias, lo quiero
dejar muy claro, que se oiga bien y que oiga lejos, no tenemos diferencias
con los hombres y las mujeres que, de conformidad con la ley, logran un
patrimonio. No tenemos diferencias con los empresarios, los que invierten
y generan empleos merecen protección, merecen apoyo. Nuestras diferencias
las tenemos, para que nadie se confunda, con los saqueadores y traficantes
de influencias, con los que aprovechan los cargos públicos para hacerse
inmensamente ricos. No tenemos nosotros diferencias con los empresarios,
tenemos diferencias con los corruptos. Que quede muy claro. Hay que sacar al campo del abandono
en que se encuentra: apoyar a los productores como lo hacen todos los
gobiernos responsables en el mundo. Urge impulsar a las pequeñas y medianas
empresas y echar a andar un programa para la creación de empleos estimulando,
entre otras cosas, a la industria de la construcción, para hacer la infraestructura
y la obra pública que demanda el país. Vamos a bajar los precios de la
luz, del gas y de las gasolinas. Sí se puede. Lo vamos a hacer para proteger
a consumidores y para fomentar la industrialización del país: los actuales
costos de estos productos son de los más altos en el mundo. Modernizaremos
al sector energético, y vuelvo a reiterar, sin privatizar la industria
eléctrica ni el petróleo, en ninguna de sus modalidades. Vamos a demostrar
que las empresas estratégicas, ya limpias de corrupción y bien administradas,
serán rentables y un gran negocio del cual podrán sacar provecho no sólo
unos cuantos, sino todos los mexicanos. Garantizaremos la tranquilidad y
la seguridad pública. El combate a la delincuencia, lo he dicho muchas
veces, es mucho más que un asunto de policías y ladrones. La solución
de fondo –la más eficaz y probablemente la menos cara- pasa por combatir
el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores
y la ausencia de alternativas. Hay que hacer a un lado ese pensamiento
de derecha que quiere resolver el problema de inseguridad y de violencia
nada más con policías y con cárceles y con amenazas de mano dura y con
leyes más severas. No, para que haya tranquilidad y seguridad pública
se necesita que haya trabajo, que haya educación y que haya bienestar.
Eso es lo primero. Estoy consciente que no basta con
impulsar el desarrollo social; hay que desterrar la corrupción en los
cuerpos policiacos, trabajar coordinadamente en todos los niveles
de gobierno y actuar con inteligencia, profesionalismo, firmeza y perseverancia. Y algo que es fundamental para enfrentar
al crimen organizado: No permitir que se asocien la delincuencia con la
autoridad y se tiene que castigar por parejo, el gobierno que voy a representar
no va a proteger a una banda y va a castigar a otra, vamos a aplicar la
ley por parejo, para que haya seguridad y tranquilidad en nuestro país. Dejaremos de lado la política tradicional,
ésa donde todos los intereses cuentan, menos el interés del pueblo. Vamos a cambiar la forma de hacer
política; en nuestro equipo de trabajo no tendrán cabida los políticos
de siempre: prepotentes, fantoches, mediocres y ladrones se van a ir muy
lejos. Nos inspiraremos en lo mejor de nuestra historia nacional; seguiremos
el ejemplo de ese gran presidente Benito Juárez y de los liberales de
la Reforma. Vamos a obtener fondos para el desarrollo
y eso también lo quiero dejar bien claro, porque nuestros adversarios
se preguntan de dónde van a salir los recursos, aquí está la respuesta,
vamos a obtener fondos para el desarrollo combatiendo la corrupción y
haciendo un gobierno austero y republicano. Tenemos todos que estar muy conscientes,
tenemos que tener en nuestro país, de manera muy particular, como principal
lección de civismo que nada ha dañado más a México que la deshonestidad
de los gobernantes, eso es lo que ha dado al traste con todo, esa es la
causa principal de la desigualdad social y de la desigualdad económica,
la pobreza no es por la fatalidad o por el destino, la pobreza es por
el mal gobierno y por la corrupción que ha imperado en nuestro país. Por
eso tenemos que cortar de tajo con la corrupción. La corrupción no sólo hay que combatirla
por razones de índole moral, sino porque es mucho el dinero que se va
por el caño de la corrupción y todos esos recursos deben utilizarse para
echar a andar la economía, para generar empleos, para que haya bienestar. Vamos también a ahorrar, desde el
primer año, 100 mil millones de pesos, vamos a ahorrar esa cantidad para
impulsar el desarrollo del país, tomaremos varias medidas para lograr
ese propósito, bajo el principio de que no puede haber un gobierno rico
con pueblo pobre. Vamos a seguir el ejemplo de Juárez que decía que el
funcionario tenía que aprender a vivir en la justa medianía. Vamos a terminar
con muchos privilegios que hay en todos los niveles de gobierno. Vamos
por ejemplo, entre muchas otras decisiones que se van a tomar, a reducir
los salarios de los altos funcionarios públicos, empezando por el sueldo
del Presidente de la República, yo voy a ganar la mitad de lo que gana
actualmente Vicente Fox y no van a haber prestaciones
para otros gastos, no va a haber para ropa ni para protocolo ni para ceremonial.
No voy a vivir en Los Pinos. Los Pinos van a pasar a formar parte del
Bosque de Chapultepec. Yo voy a vivir y a despachar
aquí, en el Palacio Nacional, donde vivió, despachó y murió Benito Juárez.
Aquí vamos a atender los asuntos de la república. Vamos a quitar las pensiones millonarias
a los expresidentes de México, no es justo que
Salinas esté recibiendo 180 mil pesos mensuales y que además tenga bajo
sus órdenes, bajo su mando, a un general del ejército y a oficiales y
a soldados. Tampoco van a haber viáticos ni va a haber servicio médico
especial para expresidentes, y no sólo es Salinas, no va a haber tampoco
pensión millonaria para Ernesto Zedillo, ni
para Miguel de la Madrid, ni para Luis Echeverría ni para Fox
cuando deje la presidencia. Eso se acabó, ni para Andrés Manuel, después
del 2012. Terminaremos con todos los privilegios
de la alta burocracia; reduciremos los viajes al extranjero, en el entendido
de que la mejor política exterior es la política interior. Si hacemos bien nuestro trabajo,
si hay en México desarrollo y unidad nacional, nos respetarán afuera.
Mantendremos una postura internacional coherente y digna, sin vanos protagonismos,
evitando siempre ser “candil de la calle y oscuridad en la casa”. Amigas y amigos: El lema de nuestra campaña, que
habrá de iniciar el 19 de enero de 2006, será “Por el bien de todos, primero
los pobres”. Y este lema es un principio fundamental, no lo vamos a imponer
al llegar al gobierno, no vamos a aplicar este criterio a la fuerza, vamos
a convencer, vamos a persuadir a todos que eso es lo que más nos conviene,
tenemos que darle la mano al que se quedó atrás para que se empareje y
empecemos a caminar todos juntos. No vamos a lograr que haya tranquilidad,
que haya seguridad pública, que haya progreso en México en un mar, en
un océano de desigualdad. Tenemos que convencer a todos de que eso es
lo mejor, no sólo por razones humanitarias, que ya con eso sería más que
suficiente, que nos sintiéramos bien todos, por estar bien con el prójimo,
bien con nuestra conciencia, bien con nosotros mismo, por estar bien con
los demás, sino más bien un asunto humanitario o de índole moral, se tiene
que entender que la paz es fruto de la justicia y que sólo así podremos
sacar adelante a nuestro país, sobre la base de la justicia. Comenzaré la campaña en Metlatónoc, en la montaña de Guerrero, una de las regiones
más pobres del país. Tengan la absoluta seguridad de
que voy a seguir actuando con responsabilidad y no voy a traicionar a
quienes me han dado su confianza. No les voy a fallar. No voy a cambiar
mi forma de pensar ni mi manera de ser. Sabré estar a la altura de las
circunstancias. Les voy a representar como ustedes lo merecen, con mucha
dignidad, con mucho decoro, con mucha decisión, con mucho valor. Pero
también, con toda sinceridad, les digo: ésta no es tarea, como es obvio,
de un solo hombre. Necesitamos la participación de todas y de todos. Tenemos que hacer en este acto público
el compromiso de luchar, todos juntos, para triunfar en el 2006. Es cosa
de emplearnos a fondo, de convencer a vecinos, amigos, familiares y compañeros
de trabajo. La propuesta es hacer la campaña
desde abajo y con la gente. La idea es que cada uno de nosotros sea el
principal promotor del cambio verdadero. Que cada mujer y cada hombre
convencido corra la voz; elabore volantes y los
distribuya; haga sus propias cartulinas, mantas, banderas, pinte las bardas
que sean necesarias, coloque en su domicilio, su auto, su centro de trabajo
la propaganda. Tenemos que desatar la creatividad y el ingenio de los
mexicanos, como sucedió durante el movimiento contra el desafuero. Ya
vimos que sí se puede. Nuestra campaña no se limitará a
la publicidad o a la mercadotecnia, porque no se trata de meter un producto
al mercado sino de postular y trasmitir ideas para la transformación del
país. Además, las campañas que se sustentan
únicamente en la publicidad requieren de mucho dinero y nosotros no tenemos.
Tampoco estamos dispuestos a conseguirlo a cambio de subordinar principios
y decisiones futuras a grupos de intereses creados. No quiero llegar a toda costa, no
quiero llegar dejando trozos de dignidad en el camino, no quiero llegar
para pagar facturas a prepotentes o potentados, no quiero llegar atado
de pies y manos a la Presidencia de la República. Vamos a llegar a la Presidencia
de la República para actuar como siempre lo hemos hecho: con absoluta
libertad y poniendo por delante el interés general. El único compromiso
es con el pueblo de México, es con la gente, es con ustedes. Por eso, les pregunto: ¿Están dispuestos y preparados para
que juntos hagamos la campaña? ¿Nos comprometemos a promover el
voto y a defenderlo casilla por casilla? ¿Vamos a trabajar desde ahora, hasta
el 2 de julio de 2006, para ganar la Presidencia de la República y la
mayoría en el Congreso? ¡Sí se puede, con el impulso de
la gente, rescatar al país! ¡Les vamos a ganar a los dueños
del PRIAN! ¡Sí podemos ganarle, con el apoyo
de la gente, al hampa de la política! ¡Sí podemos construir un futuro
mejor! ¡México y su pueblo merecen un mejor
destino! ¡Vamos a rescatar a México! Como
decía Juárez: como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda. Muchas gracias. *
Palabras de Andrés Manuel López Obrador al rendir protesta como candidato
del PRD a la Presidencia de la República, en el Zócalo de la Ciudad de
México, Distrito Federal, sábado, 10 de diciembre de 2005. |