El agua: recurso estratégico*

Adolfo Castillo Mendívil**

 

El agua es siempre susceptible al dominio de la política. Ocurre que no se le da su justo valor a los problemas de acceso a ésta ni a cuidar su cantidad y calidad, lo que provoca que su valor poco a poco vaya siendo más elevado, hasta convertirse en un recurso estratégico para el desarrollo; igual o más que el petróleo y otros recursos no renovables.

A medida que se incrementa la población, aumenta el consumo del agua dulce y se degrada su calidad. Afirman los estudiosos, que para el año 2015 un tercio de la población mundial no tendrá agua potable.

Describiendo de manera resumida el ciclo hidrológico, se dice que éste no tiene principio ni fin; sin embargo, comienza en los océanos, que como lo aprendimos desde la primaria, cubren las dos terceras partes de la Tierra. La evaporación del agua de los océanos, propiciada principalmente por los rayos solares, se eleva para formar las nubes; estas se condensan y el agua vuelve a caer en forma de lluvia, nieve o granizo. Una parte de la que cae se evapora en el suelo y las plantas, otra escurre por la superficie formando los ríos y otra penetra en el suelo formando los almacenamientos subterráneos que conocemos como acuíferos.

De esta forma, el agua va desde los océanos a la atmósfera y luego regresa a los mares ya sea por la superficie o por debajo del suelo y, así, pareciera que se trata de un recurso renovable, pero cuando en alguna región no se cuenta con la disponibilidad suficiente para la vida, el agua debe considerarse como un recurso no renovable.

Se pudiera pensar que es uno de los recursos más abundantes de la Tierra; sin embargo, apenas un 3 por ciento del total existente en el mundo es agua dulce y, de ésta, un 2 por ciento se encuentra en los casquetes polares en forma de hielo, por lo que únicamente el 1 por ciento del agua del planeta puede ser aprovechada para satisfacer las necesidades de la humanidad, encontrándose en su mayor parte en el subsuelo y en cantidades menores en lagos, ríos y otros cuerpos de aguas superficiales.

El agua es un derecho humano y social básico. A quien no cuente con 80 litros diarios mínimos de agua, se le esta vulnerando el derecho a la vida; cuando esto sucede, generalmente, su principal causa es la escasez y el alto costo para su accesibilidad. Cada día es mayor la marginalidad humana ante este recurso.

Es difícil establecer generalizaciones acerca del agua, pero sabemos que es un recurso estratégico de supervivencia, de industrialización, desarrollo económico y social, seguridad alimentaría, paz, materia prima y recurso turístico.

El agua está vinculada con la pobreza: 45 millones de personas en latinoamérica no tienen agua potable; con el cambio climático: efecto invernadero, deshielo y avance del agua salada tierra adentro; con la seguridad: conflictos de todo tipo, incluyendo los bélicos, se van a dar por el control de las fuentes, el agua como instrumento militar, como instrumento político, como instrumento del terrorismo y como instrumento de desarrollo.

En Baja California Sur, uno de los estados del país con menos disponibilidad de agua dulce, más del 90 por ciento del total disponible para todos los usos es de origen subterráneo y un bajo porcentaje se encuentra de manera superficial.

Los acuíferos principales de Baja California Sur se encuentran sobrexplotados, con las consecuentes repercusiones en la degradación de su calidad y, lo que es mas preocupante, el agotamiento de los mantos acuíferos, de tal manera que en las principales ciudades y polos de desarrollo de la entidad, el crecimiento poblacional ha sido tal que ya no se cuenta con agua suficiente para satisfacer la necesidades de sus habitantes; tal es el caso de Los Cabos y la Paz, donde el agua de sus mantos acuíferos se utiliza mayormente en el uso público urbano y Santo Domingo, Los Planes, Vizcaíno y Mulegé, donde el agua se utiliza mayormente en la actividad agrícola. A este escenario de insuficiente disponibilidad de agua, se agrega también la zona de Todos Santos, Santa Rosalía, El Carrizal y otros.

Esta condición de baja disponibilidad que desde hace algún tiempo viene presentándose en Baja California Sur es causa de factores tales como el fuerte crecimiento poblacional, aunado a la falta de cuidado y buen uso del agua.

En similares condiciones de escasez se encuentran gran parte de los estados de la República Mexicana, principalmente los del norte, donde las lluvias son de menor cuantía y donde habita un alto porcentaje de la población del país, por lo que en ellos, la falta de agua para el abastecimiento poblacional y todos los demás usos es más acentuada. Esa poca disponibilidad se ve también en algunas regiones del centro del país, como en el Distrito Federal, a pesar de tener un mejor régimen de lluvias que en la parte norte del país.

La actividad agrícola es la más alta consumidora de agua en nuestro país, pero es también la menos productiva por metro cúbico de agua consumido. En algunas regiones de México, esta actividad del sector primario, continúa practicándose casi por tradición o porque sencillamente no hay o no se han creado las condiciones propicias para que se desarrollen otras actividades que produzcan más con relación al agua consumida, como lo son: el turismo, la pesca, la ganadería intensiva, la propia agricultura, pero altamente tecnificada, entre otras.

En México, el agua dulce es un bien nacional y debe ser protegida a través de un marco jurídico adecuado. La legislación sobre el agua resulta ser primordial para ayudar a resolver la problemática de nuestro país; sin embargo, la actual en parte no se apega a la realidad que vive el pueblo mexicano como usuario ni a la realidad de la institución encargada de administrar las aguas nacionales; por ejemplo: la Ley de Aguas Nacionales vigente, en su artículo 119 fracción VII, califica como falta el hecho de no instalar, no conservar, no reparar o no sustituir, los dispositivos necesarios para el registro o medición de la cantidad y calidad de las aguas y, en su artículo 120, establece que por esta falta el usuario deberá cubrir una sanción que va de 5 mil a 20 mil salarios mínimos.

Dicho de otra manera. El usuario que no cuente con un medidor en su toma de agua sería sancionado actualmente con una multa que va de los 210 mil a 840 mil pesos, aproximadamente. Esto es algo exagerado si consideramos que una gran parte de los usuarios, sobre todo, los pozos agrícolas y de abrevadero, no cuentan con su aparato de medición.

De lo anterior, surgen dos cuestiones:

¿A quién y a cuántos de los usuarios se les va aplicar esta sanción y que capacidad tiene la institución, autoridad en el agua, ya sea de personal suficiente y capacitado o ya sea de recursos presupuestales, para iniciar todos los procedimientos legales que culminen en el pago de estas multas? ¿Cuántos de los usuarios a los que se les apliquen multas podrán pagar tan altas cantidades de pesos, sin que se provoque un problema de tipo social? Pareciera entonces que saldría más caro el remedio que la enfermedad.

Este ejemplo que podríamos llamar una incongruencia o laguna en la legislación vigente sobre las aguas nacionales, hace que la ley en algunos de sus artículos sea letra muerta, porque las disposiciones ahí están escritas y bien establecidas, pero o se aplican así como están, bajo la premisa de que pueda provocarse un problema social o de plano, deben estudiarse más y modificarse bajo un análisis realista, sin que el resultado deje de ser lo razonablemente enérgico para hacer cumplir la ley.

Por otra parte, una importante fuente alterna de abastecimiento lo constituyen las aguas residuales, debidamente tratadas, evitando causar problemas de insalubridad y contaminación de otros cuerpos de aguas claras. No obstante, en México se da tratamiento a un muy bajo porcentaje de las aguas residuales generadas por todos los centros de población, por lo que la mayor parte de estas no es aprovechable y generalmente se descargan y contaminan cuencas de ríos o el entorno marino.

La discusión profunda del tema debe considerar las siguientes propuestas:

1. Cambio de uso del agua hacia las actividades más productivas y para el uso público urbano.

2. Análisis de la legislación sobre el agua para hacerla congruente con la realidad de los usuarios y de las instituciones.

3. Reforzamiento razonado de las instituciones gubernamentales responsables de la administración y suministro del agua.

4. Tratamiento de todas las aguas residuales que se generen para, sin contaminar, usarlas en el riego agrícola, riego de campos de golf y de áreas verdes.

5. Uso eficiente del agua en todas las actividades productivas.

6. Reducción, y hasta llegar a eliminar, las fugas en sistemas de abastecimiento poblacional.

7. Establecer una efectiva cultura del agua empezando desde los niveles de preescolar, para que se use de manera racional.

8. Desalinización de aguas marinas, principalmente para la actividad turística.

Las soluciones a la problemática del agua van siendo cada vez más complicadas y costosas y deben estudiarse para imponerse de acuerdo a las condiciones particulares de cada región de México. Mucho se dice que el agua es vida, pero también hay que decir que el agua es muerte, cuando se contamina, cuando inunda, cuando arrasa y, muy especialmente, cuando falta.

 

* Ponencia presentada en el foro temático: “Medio ambiente”, realizado el 15 de octubre de 2005, en La Paz, BCS, organizado por la Comisión para Elaborar la Plataforma Electoral 2006 del PRD.

** Consultor independiente en diseño, gestión e ingeniería en materia de aguas nacionales.