|
La aventura (anti)electoral del EZLN Fernando Belaunzarán Méndez* Tras cuatro años de letargo, apenas roto con comunicados variopintos esporádicos que recordaban su permanente resistencia y compromiso con "las causas justas" de toda la humanidad, aunque no sin algún sobresalto, como cuando pretendió ser el mediador del conflicto vasco o le dio por descalificar con insultos al juez Baltasar Garzón, el subcomandante Marcos reapareció promoviendo a nombre del EZLN una iniciativa política y organizativa que coincide en tiempo y espacio con la elección federal del próximo año, lo que no obsta para que el vocero rebelde insista en aclarar reiterativamente que no buscan incidir en la contienda electoral. Poco antes, había manifestado su desacuerdo con el desafuero del entonces Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, escrito una novela "a cuatro manos" con Paco Ignacio Taibo II y acordado un partido con el Inter de Milán que, por desgracia, tuvo que posponerse para mejores tiempos, en virtud de las definiciones políticas que, entiendo, tomaron las comunidades zapatistas. Fue el paso abrupto de la frivolidad romántica al activismo sospechoso, de que no pueden eludirse las siguientes preguntas: ¿Por qué ahora? ¿Qué repercusiones tendrá la otra campaña en el proceso electoral? ¿En verdad es indiferente a dichas repercusiones y su estrategia es auténticamente autista? Y si no es así, ¿qué es lo que en realidad pretende? Recordemos cómo surge el nuevo planteamiento zapatista. Al igual que sus demás iniciativas, ésta, la contenida en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, fue preparada mediáticamente. A mediados de junio de 2005, Marcos aseguró los titulares de la prensa escrita y de los medios electrónicos al dirigir una crítica rabiosa a AMLO, al que llamo "espejo de Carlos Salinas de Gortari", y acusó a los intelectuales que lo apoyan de proporcionar el "calido aliento al huevo de la serpiente que hoy anida en el gobierno de la Ciudad de México"1. Para darnos cuenta de la gravedad de la acusación, basta recordar que esa imagen ovípara fue la usada por Ingmar Bergman para darle nombre a su clásica película sobre el ambiente social y cultural que favoreció el crecimiento del nazismo y el encumbramiento de Hitler en Alemania. Un día después, Marcos decretó la "alerta roja" en sus comunidades para llamar a consulta a sus tropas y bases de apoyo; afirmó que el EZLN estaba preparado para sobrevivir "aún sin nuestra dirigencia" y cerró los Caracoles y las oficinas de las Juntas de Buen Gobierno2. Como era de esperarse, comenzó a especularse en la opinión pública acerca de un eventual reinicio de hostilidades bélicas, por lo que las mentes benevolentes, que nunca faltan, exculparon al Sup de sus exabruptos alegando que se había tratado de un deslinde necesario para que el futuro candidato no pagara los costos del "voto del miedo" que tanto benefició al PRI en 1994. A los tres días nos enteramos de que tanta alarma se debía a la realización de una consulta entre sus miembros para saber si dejaban de ser una organización con reivindicaciones fundamentalmente indígenas y si podían juntar sus ancestrales agravios con los de los múltiples agraviados de este país que desborda injusticia, y organizarse para "construir otra cosa", "lo que falta"3. Con ello, ya no había benevolencia que alcanzara y se disiparon las dudas. El EZLN decidió involucrarse en la lucha civil por el poder del Estado –aunque siga insistiendo en que no busca el poder– y, por tanto, las acusaciones al PRD y a su seguro candidato presidencial responden a que se les ve como adversarios en el marco de una estrategia antisistémica. Marcos hizo marketing para vender su iniciativa y enfilarse contra quien considera que amenaza su proyecto político; no obstante –o quizás sea por eso mismo–, que se trate de la opción que tiene más cerca. En realidad, al descentrar la causa indígena, el cambio es un retorno, el regreso al origen, el quitarse la camisa fuerza de esa causa irresuelta. En la Primera Declaración de la Selva Lacandona, los zapatistas llaman al derrocamiento del régimen y se sublevan el día de la entrada en vigor del TLC; la cuestión indígena como problema era accesoria. Fue el gran consenso social acerca de la deuda histórica que se tenía con los pueblos indios, el apoyo internacional por esa reivindicación y la identificación que tuvieron con muchas comunidades indígenas del país lo que hizo que tomaran esa bandera como la fundamental de su lucha. El naufragio de la ley indígena y los fracasos organizativos sufridos, desde la Convención Nacional Democrática hasta el Frente Zapatista, han bloqueado su inserción en la batalla política nacional como una fuerza determinante. El riesgo del que habló Marcos cuando comunicó su consulta –y que, como vimos, resultó que no tenía nada que ver con lo militar– parece referirse precisamente al desplazamiento de la causa justa e irreprochable que los ha llevado a ser símbolos mundiales, y en su lugar poner cuestiones más polémicas y menos defendibles, sobre todo, ahora que la izquierda política tiene amplias posibilidades de ganar la elección presidencial y, por tanto, que su intención de antagonizar con ella pudiera leerse como esquirolaje, tal como, de hecho, ha sucedido. Por eso es que con tanto ahínco ha colocado en sus discursos al PRD en el mismo saco junto al PRI y al PAN, del lado de los otros, y ha insistido en que no pertenece a la izquierda. Por lo mismo, ha enfilado sus baterías contra quien aparece como el más viable candidato presidencial de ese partido y lo descalifica llamándolo del "centro" y defensor del mismo sistema injusto. Para exorcizar la amenaza del costo moral por servir al eventual retorno del PRI tiene que sostener que no hay diferencias entre los participantes, que todos son lo mismo, que nada se pierde si triunfa Madrazo en lugar de Creel, Calderón o López Obrador. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona anuncia el nuevo intento zapatista para construir una organización civil y política que incida en el rumbo del país sin comprometer su lugar como referente mundial de resistencia frente al neoliberalismo global. A diferencia de sus anteriores experiencias, en esta van a formar parte de la organización, es decir, no serán simples padrinos o convocantes, como lo fueron en los casos de la Convención Nacional Democrática o el Frente Zapatista de Liberación Nacional. El posicionamiento político de esa agrupación ya está prefigurado: una izquierda de conciencia que lucha contra el sistema en su conjunto desde fuera, pero mediante la vía civil, pacífica y legal. Su apuesta es organizar a grupos, sectores y ciudadanos descontentos con la protodemocracia mexicana y hacerlo de manera distanciada y antagónica de la otra izquierda, el PRD4. El PRD y el EZLN son dos izquierdas diferentes, pero que, sin embargo, han compartido base social, así como distintas demandas y causas. Gran parte de las miles de personas que se movilizaron en enero de 1994 y en febrero de 1995 contra la guerra eran las mismas que acompañaron a Cuauhtémoc Cárdenas en sus campañas. No deja de ser sintomático que en los puestos de souvenires perredistas también se vendan los del subcomandante Marcos. Es natural, además, que este personaje emblemático, seductor del lenguaje, concite simpatías entre jóvenes y no tan jóvenes de izquierda por lo que representa, por lo que dice y por cómo lo dice. La lucha por la justicia –que define el ser de izquierda– y por un mundo diferente en el que ésta se haga presente es una causa romántica que Marcos ha sabido utilizar para proyectar la causa indígena y su persona, nacional e internacionalmente. Para miles de perredistas no hay contradicción alguna entre esa condición y apoyar a los zapatistas. Sin embargo, los medios planteados por ambas agrupaciones son diferentes y el éxito de la vía antisistémica del Ejército Zapatista de Liberación Nacional requiere del fracaso de la "ilusión electoral". Por eso, Marcos siempre ha forzado la definición organizativa y no debe extrañar que afirme la incompatibilidad de ambas izquierdas. Recordemos su oposición a la doble militancia cuando se fundó el Frente Zapatista de Liberación Nacional. El enfrentamiento podría resultar sano si es que llega a servir para discutir objetivos, experiencias, caminos, límites y posibilidades de la lucha social y electoral, así como los puntos de encuentro, de complementariedad y de separación entre ambos polos, pero esa discusión sólo tendrá lugar si un tercer actor irrumpe, si la opinión pública afín a la izquierda la impone. Mientras eso sucede, Marcos quiere y trabaja por la derrota electoral del PRD, aunque está por verse que pueda lograrlo. La alternativa a la política sectaria del zapatismo no puede ser ocultar las diferencias. El PRD busca llegar al poder por la vía electoral y ejercerlo en un régimen democrático que, si bien, no se agota en la democracia representativa tampoco la niega. Para ganar una elección y luego para gobernar se requiere dialogar, negociar, acordar con los diferentes, con los que piensan parcial o completamente distinto a uno; se debe conceder para construir mayorías. Dentro de esas reglas y márgenes se intenta cambiar la realidad social que se considera injusta, lo que hace que las transformaciones no se puedan dar ni con la profundidad ni con la premura que se requieren. La democracia occidental es un camino sólido y benéfico, pero tortuoso. La definición básica del PRD es que ése es su camino. Es una izquierda que pretende ser poder. Por su parte, el EZLN es una izquierda que no está dispuesta a hacer concesiones. Su palabra sirve para denunciar la injusticia y brutalidad de un sistema opresor que padece la mayor parte de humanidad, que resulta inaceptable y al que considera no puede combatírsele eficazmente desde dentro. Su discurso es profundamente moral y su denuncia no admite soluciones parciales o diferidas; desprecian toda forma de gradualismo y no aceptan vías alternas. Los cambios que se han dado en el último decenio no les dicen nada y la democracia que proponen es "de abajo hacia arriba". Los zapatistas están para señalar, para evidenciar, para satanizar a todo lo que se desvía, para hacer escarnio por todo lo que no se ha logrado y decir quienes son los responsables. Son la izquierda vuelta conciencia. Ahora bien, ambas funciones de esas dos izquierdas pueden y deben complementarse. El poder sin conciencia cae en el pragmatismo inescrupuloso y la conciencia sin poder en purismo estéril que promueve fundamentalismos. La democracia electoral debe complementarse con la participación ciudadana y la construcción de micropoderes sociales, lo que no es incompatible con la disputa por el macropoder del Estado. Se puede transformar de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, al mismo tiempo. Después de todo, acabar con los absolutos es una actitud democrática y de izquierda. El problema no sólo son los desplantes sectarios, las acusaciones fáciles y la tendencia irreprimible hacia el linchamiento moral del vocero zapatista, sino que en su propuesta responde a una estrategia embozada que requiere obstruir cualquier acercamiento político, social o programático. Con las descalificaciones, insultos y amenazas al PRD y a su candidato presidencial, Marcos pretende tender una cortina de humo alrededor de la estrategia política del EZLN. Ahora resulta que su reaparición, ofensiva mediática y próxima gira nacional está motivada, únicamente, por la venganza y el ajuste de cuentas contra quienes –dice– los traicionaron e incluso asesinaron y torturaron en dos municipios chiapanecos. Me imagino que supone que eso puede ser percibido como una justificación moral a su pretensión de hacer una gira de anticampaña que dificulte el triunfo del PRD y que, por lo mismo, favorezca al PRI. Resulta más plausible encontrar detrás de la aparente visceralidad del subcomandante una apuesta política que no se atreve a confesar, porque resultaría la confirmación de la insólita andanada de críticas que intelectuales, editorialistas y caricaturistas prestigiados le recetaron como respuesta a sus excesos declarativos. Aquí no puede haber ingenuidad. Una campaña, aunque se llame "otra", en pleno proceso electoral, por supuesto que incide en él y Marcos sabe, como todos, que su éxito implica beneficiar electoralmente al PRI –incluso, sin contar con la afinidad ideológica que tiene el zapatismo con sectores properredistas, la abstención, en sí, beneficia al priismo por su voto duro más extenso y consolidado5. Esto no quiere decir que haya llegado a un acuerdo con Salinas u otro personero de ese partido o que tal despropósito demuestre la supuesta mano negra detrás del movimiento zapatista. Lo que sucede es que, seguramente, quiere posicionarse como el adversario de un sistema en descomposición encabezado por el crimen, el cinismo y la regresión. Para quien busca una solución rupturista por fuera de las instituciones es difícil encontrar un mejor adversario para legitimar su lucha que Roberto Madrazo Pintado, la inmejorable encarnación de la política podrida. En ese sentido, Marcos pretende hacer que la molestia social por la decepción foxista y por el extendido desprestigio que la política y los políticos tienen en la sociedad se encauce por fuera y en contra de las instituciones. El eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador significa la esperanza de enormes capas de la población para cambiar el sistema injusto y corrupto que padecemos desde dentro, mediante el voto ciudadano, el ejercicio diferente de la función pública y la implementación de otra política económica y social. El vocero de los zapatistas entiende que el triunfo electoral de la izquierda le daría un tanque de oxigeno a un sistema que él quisiera ver destruido y no en vías de reconstrucción. Lo que quiere es enfrentarse a un régimen sin legitimidad y sin más sostén que el de las fuerzas represivas del Estado, preámbulo, en tiempos recientes, de sacudidas que pueden transformar la estructura jurídico-política estatal y renovar a la clase política, como sucedió en Venezuela, Argentina y Ecuador, entre otros países. Se trataría, pues, de una estrategia maximalista que sin miramientos pone en la ruleta las conquistas democráticas, las condiciones de vida y las libertades de los mexicanos en aras de crear las condiciones para una hipotética insurrección cívica que tenga a los zapatistas, independientemente del discurso que enarbolan sobre su desprecio por la lucha por el poder, como vieja vanguardia leninista que se plantea "abrirle los ojos" a una sociedad seducida por "un político de centro". Sólo así puede entenderse que, en este momento histórico, el EZLN haya decidido "hacer pedazos" al PRD y a su candidato presidencial6. Los cuestionamientos a los demás partidos y al sistema en su conjunto, como ya vimos, no tienen mayor repercusión en la intención de los votantes. Ahora bien, el costo que Marcos está pagando por sus ataques, aun manteniéndolos en el plano de la revancha por reales o supuestos agravios, es alto. La autoridad moral y el aura de dirigente inmaculado que se ha empeñado en construir en estos años ha sido abiertamente cuestionada por muchos de sus tradicionales aliados. El señalamiento de que está jugando el papel de esquirol del priismo lo han hecho matizar algunas de sus aseveraciones sin que varíe su definición política esencial y con notorias recaídas; llama a risa que diga ahora que los que participen en la "otra campaña" están en libertad de votar en la elección del 2006 por el partido y candidato de su preferencia cuando se la pasa un día sí y otro también estigmatizándolos. Voten si quieren: por los bribones, traidores, etcétera, etcétera. Marcos está cometiendo el error recurrente de Fox: subestimar a la gente, pensando que con un discurso impecable y elocuente puede dirigir sus percepciones. Por más que hable y escriba desde su autoproclamada superioridad moral y se coloque en la purísima congruencia revolucionaria será visto como esquirol, como Fox siempre fue visto: tramposo y golpista en el asunto del desafuero. Es una batalla perdida y caro le costará darse cuenta. No deja de ser dramático y tener incluso ciertos toques trágicos la caída de un personaje encumbrado. No es que Marcos fuera adorado por las multitudes o que la sociedad lo viera como libertador, pero su imagen la había forjado para trascender su territorio y su época. Un seductor de la palabra que revive el romanticismo revolucionario, que denuncia un sistema injusto y promueve los trazos de un mundo alternativo y mejor, retomando las reivindicaciones legitimas de muchos colectivos en el planeta; un guerrillero en armas que dispara frases demoledoras o sueños irresistibles. Marcos ha sido interlocutor de múltiples actores de la rebelión contra el modelo neoliberal y de personalidades reconocidas en el ámbito académico, cultural o político en todo el orbe. Lástima que esté dispuesto a tirar todo a la basura por un juego mezquino de la lucha por poder, lo que lo vuelve enemigo de quienes tiene más cerca. Es la maldición del divisionismo en la izquierda.
* Secretario de Formación Política del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática. 1 La Jornada, 20 de junio de 2005, México. 2 La Jornada, 21 de junio de 2005, México. 3 La Jornada, 24 de junio de 2005, México. 4 Sexta Declaración de la Selva Lacandona, La Jornada, 29 de junio de 2005, México. 5 Véase: encuesta de María de las Heras, Milenio, 5 de septiembre de 2005, México. 6 La Jornada, 7 de agosto de 2005, México.
|