La Marcha del Silencio: memoria de un encuentro

Manuel González Navarro*

Presentación

La Marcha del Silencio (24 de abril de 2005) fue trascendental para la Ciudad de México. Se le ha calificado como la marcha más grande en la historia del país. Las cifras de los organizadores y de algunos medios de comunicación señalan una asistencia de más de un millón de personas de muy diversos sectores sociales, ámbitos laborales, de todas las condiciones sociales, con heterogéneas creencias religiosas, políticas y de distintas pertenencias étnicas. Asimismo, de todas las edades y de varias regiones del país, aunque en su mayoría del Distrito Federal.

La marcha se distinguió por ser silenciosa y por recorrer desde el Museo de Antropología, en Chapultepec, hasta el Zócalo capitalino, poco más de cuatro y medio kilómetros de distancia. Fue convocada por el Jefe de Gobierno del D. F., Andrés Manuel López Obrador y por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) días antes, cuando el proceso de desafuero estaba próximo a ser consumado.

El contexto de la lucha por el poder

Desde las elecciones intermedias de 2003 comenzó una inusitada travesía por posicionarse ante las elecciones de 2006. Los diversos actores políticos han emprendido diversas actividades y todo mundo habla de una sucesión presidencial adelantada. Esto le ha permitido a la sociedad salir a las calles en diversos momentos y asumir su libre expresión respecto de los problemas nacionales que afectan su vida cotidiana. Pero la magnitud de respuesta ciudadana expresada en esta marcha, merece más de un análisis y queremos poner a consideración de ciudadanos y actores políticos una perspectiva desde la psicología social.

El proceso de desafuero contra el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, ha confrontado al presidente de la república, Vicente Fox Quesada, con la ciudadanía y este es un hecho extraordinario.

Sin duda, el escenario de una lucha política abierta y democrática fue enormemente cuestionado por este proceso, dada la posibilidad de encarcelar al titular del gobierno del Distrito Federal por un desacato ante una autoridad judicial. El hecho de referencia, que ha sido sumamente controvertido por la cantidad de lagunas e inexactitudes periciales, fue la construcción de una calle que conducía a un hospital.

El Poder Ejecutivo, a través de la Procuraduría General de la República (PGR), en manos del general Rafael Macedo de la Concha, solicitó a la Cámara de Diputados, iniciar un juicio de procedencia para permitir que el Jefe de Gobierno fuera juzgado por un ministerio público. La sección instructora determinó que había lugar a proceder y turnó el dictamen al pleno de la misma. En consecuencia, la Cámara se erigió en jurado de procedencia y determinó retirarle el fuero al jefe de gobierno y turnar el caso a un juez del Ministerio Público para entablar el juicio respectivo.

El escenario de fondo resultó una comedia mal armada tanto en lo legal como en lo político. Las argumentaciones de la fiscalía mantenían una enorme rigidez, diversas inconsistencias y múltiples contradicciones, lo que permitió que la rijosidad entre los actores políticos subiera de tono. Asimismo, se mostró la contradicción entre diversos especialistas en derecho que argumentaban el caso de manera diferente, planteando escenarios como si fueran dos casos distintos o como si las leyes fueran interpretadas con un enfoque diferenciado.

La población observaba con atención los distintos debates, los cuales no se comprendían fácilmente. La única imagen que transitaba con facilidad era observar a los diversos actores políticos. Unos posicionados en la defensa del Jefe de Gobierno y otros, los más, en atacarlo y apremiar el procedimiento y admitir sus consecuencias. A lo largo de casi diez meses, el debate fue creciendo entre la población. Para unos, el asunto se hallaba en la defensa de la ley a toda costa. Para otros, la cuestión se encontraba en la defensa de la democracia en el país; para los primeros el argumento era de carácter jurídico; para los otros, obedecía a una cuestión política.

Para la PGR y el Partido Acción Nacional (PAN), el proceso debería ir de prisa, tal vez para que coincidiera con la sucesión presidencial y, en caso de resultar responsable, se le impidiera participar en el proceso electoral. Para el PRD, el proceso estaba pervertido desde el inicio, pero se buscaba retrasarlo lo más posible para que pudiera traspasar los tiempos de la nominación a la candidatura presidencial. El tiempo jugaba un papel importante; finalmente, ganó la opción de acelerar los pasos al incorporarse el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y votar por el desafuero.

De esta manera, el conflicto fue tomando su lugar, incrementándose paulatinamente y radicalizando las posturas para no dejar espacios entre una y otra. La polarización social de opiniones y posturas salían de las esferas formales de la política y llenaban los espacios cotidianos de conversación en los centros de trabajo, escuelas, hogares, tertulias y hasta en los lapsos del transporte colectivo. Además, los noticieros y las primeras planas de los diarios los señalaban cotidianamente.

La polarización evidenció múltiples opiniones en referencia al asunto del desafuero, pero también sobre cuestiones relativas a los personajes principales. La imagen de López Obrador resintió una ofensiva radical por parte de panistas y priistas. Igualmente de los sectores empresariales y de algunos otros. En contraparte, la defensa del Jefe de Gobierno fue asumida por los perredistas.

En las argumentaciones se hacían imputaciones de diverso tipo, desde su figura, carácter, forma de hablar, ascendencia, estilo de gobierno, políticas públicas impulsadas, su austeridad, los segundos pisos, su vestimenta, etcétera, que lo estigmatizaron en el papel de un gobierno populista. A la postura de No al desafuero, se adhirieron ciertos sectores como grupos de intelectuales, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, sectores religiosos entre otros, pero mientras la escalada de descalificaciones iba en aumento, la aceptación de su gobierno por parte de la población se elevaba en las encuestas y las preferencias electorales hacia 2006 reportaban un incremento considerable.

La empresa Parametría reportó una encuesta nacional en la que se mostraba que en agosto de 2004, el 62 por ciento de la población tenía conocimiento sobre el proceso de desafuero contra López Obrador; para enero de 2005, el porcentaje creció al 73 por ciento. Sin considerar los datos de marzo y abril, y dada la importancia atribuida al caso, suponemos que la atención de este asunto pudo llegar a más del 80 por ciento de los ciudadanos. Los datos señalados indican una gran preocupación y manifiestan un significado esencial sobre la política: atribuirle una importancia considerable al futuro de la nación y sobre la manera en que el sistema político busca resolver los asuntos públicos.

Antecedentes inmediatos

El PRD convocó a un mitin (el jueves 7 de abril a las 10:00 horas, en el Zócalo) el día en que la Cámara de Diputados se erigió en Jurado de Procedencia. El orador principal y único sería el Jefe de Gobierno. (Algunos le dirán el Peje de Gobierno en refe-rencia a su origen tabasqueño y a la similitud cacofónica de Jefe con Peje). El número de asistentes fue de poco más de 300 mil, según cifras de los medios impresos de comunicación (El Universal).

Desde un día antes se estableció el templete, las vallas, las bocinas y todo lo relacionado para mantener orden y el mayor cuidado de los invitados especiales y del inculpado. Desde temprana hora, los diversos contingentes tocaron el centro de la ciudad. Muchos pernoctaron allí, dado que venían de otros estados. El día lo había designado la Sección Instructora en su reunión del 2 de abril, el mismo día en que falleció el papa Juan Pablo II.

La población que llegó al Zócalo era mayoritariamente del Distrito Federal. Muchos llegaron en microbuses. El principal contingente arribó en metro y entró al centro a pie. El mitin inició con un poco de retraso, dados los hábitos de la oposición. No hubo muchos oradores, aunque los que iniciaron trataron de mantener la expectativa a los asistentes; sin embargo, poco caso se les hacía, dado que todos estaban tomando posiciones y los discursos resultaban ser información que ya se sabía. La gente estaba esperando al líder, a la personificación del conflicto con la autoridad presidencial y esperaba las instrucciones a seguir. Al mismo tiempo, coreaba una sola demanda: "No al desafuero", que se ensayaba para cuando apareciera "López Obrador" o "Andrés Manuel", como cada quien le dice.

La plaza es un lugar abierto, tal vez sea de las explanadas más grandes del mundo; llenarla representa un reto y cada que alguien convoca siempre tiene la probabilidad de mostrarse pequeño, aun si el número de asistentes es importante, pero en esta ocasión no se trataba de ocuparla, sino de mostrar solidaridad y de prepararse para una batalla.

El arribo de las multitudes funcionó a la perfección. El lugar abierto se convertía en un lugar resguardado, preparado para una masa que podría desbordarse. La condición de expectación por el próximo desaforado, permitió convertirla en una masa que parecía cerrada, institucional y muy organizada, según la visión de Canetti (1982). Las vallas impedían acercarse a Palacio Nacional y el Zócalo estaba dividido por una avenida desde el edificio de la jefatura hacia el templete central. Una gran vigilancia discreta fue desplegada para impedir cualquier acto de provocación. "Con manos de seda, el manejo de la multitud" encabezaba un diario nacional (La Jornada).

De pronto, el espacio se llenó y podía observarse a un público atento, visualmente atrapado, auditivamente favorecido y sin la posibilidad de perder detalle. El espacio conformó a un auditorio. Los públicos que llegaron consintieron su mutación en auditorio y éste su conversión en una masa uniforme, ordenada y tranquila. Todo, en un instante, ante el arribo del líder.

El discurso con el que inició su presentación, el Jefe de Gobierno caracterizó a los públicos presentes por sus creencias en católicos, adventistas, bautistas diversos, agnósticos y librepensadores. Lo hizo para solicitar un minuto de silencio por la memoria de Juan Pablo II. La solemnidad fue asumida como instrucción. Fue atajada la embestida de los católicos. Este fue el inicio de una ruta hacia el proceso de protesta pacífica y de resistencia civil. De esa manera, el "No a la violencia y a la provocación" se establecían como el estilo que sellaría la defensa del desafuero. También solicitaría a su auditorio, la defensa del Proyecto Alternativo de Nación.

Los públicos del mitin

Los gritos de la muchedumbre increpaban al gobierno federal "No está solo". El estribillo que se repetía una y otra vez, marcaba el ritmo de una pequeña marcha, de un paso ordenado que permitía sincronizar no sólo los gritos, sino la respiración, el ritmo cardiaco y poner atención sobre las palabras del orador principal. Más tarde, el mismo grito que se había expresado, se modificaría para referirlo hacia él. Para decirle cuanto es necesario hacer para salvar la postura, el orgullo, para defenderse del abuso de poder y de la oportunidad de perder el cambio verdadero. La masa transformó el grito a uno más directo: "No estás solo". La masa expresa al líder sus sentimientos y su compromiso. El interlocutor de los gritos cambiaba al que tenía frente a ella.

Durante el discurso, la masa sostenía otro, simultáneo al del orador. Ambos notaban sus gestos, sus cambios de voz, sus tonos, sus silencios. Se trataba de una conversación cifrada, como la que sostienen los enamorados para que nadie se entere de lo que charlan. Mientras él habla, ella escucha con atención. Cuando este calla, ella expresa sus sentimientos. Ambos buscaban crear compromisos, semejando un idilio para mucho tiempo.

La masa recogía, tal vez, las promesas depositadas por otros. Por muchos otros de otros tiempos y de otras condiciones. Tal vez, se cosechaba lo sembrado por otros con anterioridad, por otros profetas de la democracia y del cambio verdadero. Como lo dijo Neruda: "Tú serás de otro, del que corte de tu huerto, lo que he sembrado yo". La masa ya no parecía la Penélope que esperaba sin sentido. La promesa de amor había llegado y los atributos del caballero valían la pena de asumir un compromiso.

Esta masa constreñida no parecía de "acarreados", sino de públicos voluntarios que expresaban sus demandas, sus sentimientos, sus pasiones por la democracia, pero también por el país y por sus necesidades propias. Una vez que se despide, el líder le dice a su auditorio "ya se que No estoy solo, pero les quiero decir que –refrendan su postura afectiva: los quiero desaforadamente".

La masa constata lo antes dicho, cuando se le pide no acudir a la Cámara para no enturbiar el movimiento de resistencia civil. La masa respira tranquilamente. Se reintegra al auditorio. Las identidades grupales emergen y los públicos recuperan su pertenencia colectiva al empezar a comunicarse entre los individuos, no sin antes evaluar en silencio y de manera personal: ¿hemos logrado algo?, ¿sirvió de algo el esfuerzo de hoy? Las respuestas eran contundentemente afirmativas, lo que a los diversos grupos asistentes les posibilitaba afirmar: "No estamos solos; él está con nosotros, sabrá guiar nuestro camino, que es igual que nuestro destino. Ya era hora de que nuestros ideales, nuestras creencias, tuvieran el compromiso de un hombre con estas cualidades".

El final del mitin había llegado. Antes de la llegada al zócalo, parecía un día ordinario, un día de trabajo como cualquier otro, pero las circunstancias lo hacían un día distinto, tal vez histórico. El resultado que se esperaba por la tarde era predecible. La alianza entre el PRI y el PAN se confirmaría. Por mayoría de 360 votos, la Cámara de Diputados aprobó el desafuero del Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

La marcha

El domingo 24 de abril amanecía soleado, como cualquier día de primavera, sin nubes y con poco viento; sería muy cálido. Era el día de la marcha convocada como parte de las actividades de resistencia civil contra el desafuero. Muchos ciudadanos portaban su moño tricolor. La fecha coincidía con la entronización del nuevo papa, Benedicto XVI; también habría luna llena.

Pero este salto en la rutina del Distrito Federal distraía a sus habitantes de sus labores cotidianas. Había una discontinuidad en su comportamiento. Era un domingo atípico. Los sentimientos se cruzaban por lo que estaba sucediendo. La transición democrática estaba puesta en entredicho y algo había que hacer; lo peor era quedarse quieto.

El desafuero amenazaba el futuro inmediato de los mexicanos. Esta incertidumbre retomaba todas las imágenes de la vida política del México reciente, las cuales se levantaban para asistir a la marcha; algo había de mágico en ello: marchar desde el Museo de Antropología al Zócalo, pero en silencio. Se rememoraba otra "marcha del silencio" que se había realizado hace 36 años en ocasión del movimiento estudiantil de 1968, un 13 de septiembre. El objetivo era mostrar una sola demanda como medida de resistencia civil y pacífica ante el desafuero.

Era un domingo en el que se cruzaban muchas imágenes, muchas memorias, muchas historias y muchas más esperanzas. La marcha evidenciaba el fracaso de la política mexicana de manera contundente: el impacto de los asuntos económicos recientes: los "Amigos de Fox", el "pemexgate", los "videoescándalos", las promesas incumplidas por los múltiples gobiernos del pasado inmediato, pero también del lejano, la construcción de las figuras políticas de papel que hemos tenido y las creencias ancestrales de que los mexicanos somos ignorantes y disminuidos, y por la falta de un compromiso en la participación ciudadana.

Imágenes de la masa humana

Se llegaba a la marcha arrastrando a la historia nacional, a las diferentes versiones de la dinámica de nuestro pueblo. Con múltiples motivos y razones por los cuales nos ligamos a la autoridad política y establecemos una particular relación con ella, la de dependencia (González y López; 1997). Se arribaba con diversas emociones encontradas por los heterogéneos rostros del poder en nuestras mentes. El desafuero sintetizaba una larga marcha histórica de los mexicanos.

Más que un millón de almas, se visualizaba un río humano caudaloso y profundo. Como si en Paseo de la Reforma se diera entrada al mar y éste arrastrara a su paso al bosque, árboles, casas, edificios, y que tuviera como destino el centro simbólico del poder político de la nación. Un río que a su paso no dejara dudas de lo que lleva y de la inmensa fuerza que puede contener. Las imágenes del tsunami serían comparables a lo que la fuerza humana puede realizar. Dejar la tierra árida o prepararla para sembrar nuevos árboles, nuevo bosque, nuevas ilusiones y nuevos proyectos, porque los actuales no satisfacen las necesidades de la población.

La marcha estuvo constituida por grupos sociales, organizaciones sociales y políticas diversos, por heterogéneas edades, historias y expectativas, por infinidad de demandas sociales, grupos culturales, sectores sociales, en fin, por una lluvia de segmentos de la sociedad que llegaron de distinto lugares y que conformaron una corriente que inundaba las calles y que en el silencio que se permitía, que en muchas ocasiones hacía trizas, desfilaba a manera de procesión religiosa en dirección del corazón de la ciudad y del país.

La confianza perdida

Desde 1988, y desde mucho tiempo antes, la ciudadanía ha ido perdiendo credibilidad en la autoridad política. Los niveles de abstención electoral habían crecido de manera alarmante y la legitimidad del poder político se restituyó en parte con la competitividad política. La apertura institucional ha mitigado de manera muy elemental la demanda de democracia y de una mayor equidad social y política. Las voces de la ciudadanía han apuntado desde entonces hacia esta perspectiva: la necesidad de una auténtica democracia.

En la marcha lo que no podía gritarse se plasmó por escrito, en una inmensa variedad de pancartas, mantas, camisetas, volantes, globos, figuras, canciones, que expresaban el sentir de la ciudadanía. El recuento de algunas expresiones que mostramos han sido captadas por incontables personas y transmitido por diversas vías a la población. Las frases, palabras e imágenes contenidas en ellas son producto del imaginario social, de la vida cotidiana y de las opiniones que la ciudadanía ha expresado durante el evento.

Un ciudadano decía: "No hay ley que me quite la esperanza de un México mejor" y otro más agregaba: "AMLO es inocente y será presidente", otro más inscribía que, aunque "Ya se consumó el desafuero, que no se consuma la Democracia"; una familia los respaldaba con la frase: "Hoy nuestro silencio retumba en los palacios".

La simbología que se presenta en la marcha, como otras tantas, radica en establecer un diálogo donde se tiene que reconocer a los interlocutores. En esta expresan sentimientos, pasiones, puntos de vista y se declaran acciones que los ciudadanos han reflexionado y que están dispuestos a emprender. La comunicación que se lleva a cabo es más que una serie de puntos de vista. Es una reflexión de grupos sociales y públicos que puede valer por estudios cualitativos como las encuestas, los grupos focales y tal vez compararse con la claridad de entrevistas a profundidad. Los ciudadanos llegan a una marcha con las palabras y las ideas seleccionadas, que son presentadas al resto de los públicos; durante ella, y con base en los ánimos que se despierten, se asumen posiciones y tal vez nuevos compromisos.

En esta marcha los ciudadanos sentenciaron el "Desafuero a Fox por desacato al pueblo", mencionando que "Con la ley en la mano y la paz en el corazón, defenderemos a López Obrador". Sin duda que el ánimo se exaltó por la cantidad de gente que acudió, hasta formar un círculo virtuoso que envalentona a las multitudes; la simple percepción de número les permite muchos atrevimientos, en este caso, se arrojaba a decir: "Que la rabia contenida sea el motor que nos impulse a la acción" y que "Los 360 diputados tienen fuero, pero no tienen madre".

Más allá de la furia contenida, la ironía es una de las modalidades más favorecidas, por lo que la población podría decir que "Si condenan a la democracia, ¿quien pagará la fianza?". Pero también el razonamiento más expandido podría definir que "La democracia es que si somos iguales en todos los aspectos, también lo somos en cualquier aspecto".

El cambio social es viable

Desde 1988, la ciudadanía apostó por un cambio. Su modalidad fue reconocida en 1994 cuando prefirió una opción conservadora, a una que tuviera alguna connotación de violencia o alto riesgo. Sin embargo, en el 2000 pudo medir fuerzas para despojar al PRI de la presidencia. La marcha dejó claro que la población busca no sólo defender lo logrado en términos de los avances electorales, sino de alcanzar nuevas metas que disminuyan los fantasmas como la inseguridad y que permitan un desarrollo más equilibrado y sustentable.

Un estilo cortés de manifestarlo se plasmó en la frase "Perdone las molestias que le ocasiona la democracia". También se muestra categórico cuando dice "Acabemos con tanta porquería, el pueblo manda" y "En donde el pueblo manda, gobierna la esperanza". Una y otra frase refrendan el lugar que se quiere y al que se aspira tener. La dirección estaba trazada, pero la ciudadanía caminaba con la esperanza de que el impacto de la marcha y el fortalecimiento de la organización le permitieran lograr esos cambios.

Los íconos: complot y corrupción

Los estudios sobre la psicología de las masas dicen que ellas piensan a través de imágenes (Le Bon;1959). Que la forma de reconocer sus puntos de vista y de su comunicación es a partir de las ideas-fuerza que las moviliza y que les permite responder en esa misma lógica. Pero las imágenes como todo se objetivan y logran anclarse en atributos, funciones o personajes concretos.

De esta forma, se dice: "Vega Memije, escoria del priismo y perro del foxismo", haciendo alusión al fiscal de la PGR. Además, se evidencia la alianza entre el PRI y el PAN, resuelta con el "PRI y PAN ahora si se van".

Al centro de las imágenes se ubica a un hombre, quien ganó la presidencia y que no ha sabido responder a la población, sino a su aliado, el PRI. De esta manera, le espetan "Fox: Víbora PRIeta" y "Fox renuncia, por el bien de la nación", porque "Ya estamos hartos de Fox", no sin referir la causa particular de su conducta. "Fox: la coca cola aparte de destapar caños produce muerte cerebral" y revelarle "Fox: mocho culero, tu verdadero Dios es el dinero".

La ciudadanía toma lugar, se posiciona para emitir sus puntos de vista, remodela a los actores sociales y políticos y construye su imagen, la que piensa que es la más adecuada. Al mismo tiempo define su propia imagen, su auto-imagen, lo que le permite decir que "De esta marcha saldrá el próximo presidente, aunque se enoje Vicente". Además, la caracterización de la situación impone que la población se defina como "Nosotros los López, ustedes los ricos", haciendo una separación con el poder o los poderosos y colocándose del lado del "Sr. López".

La población tiende a mezclar distintas referencias que solo toman sentido en el contexto de la propia marcha. Le otorgan sentido a su presencia. Así, pueden decir que "Peje a quien le Peje, sufragio efectivo no al desafuero", haciendo alusión al apelativo regional de AMLO, a la máxima maderista de la revolución y a la demanda concreta del momento. Las imágenes traducen los deseos contenidos que se forman a través del tiempo, de las circunstancias y de las voces de los líderes de opinión, pero también de las profundidades que enuncian sus creencias y deseos.

Comparación social entre actores

Uno de los mecanismos específicos que ha emergido para construir la imagen del Jefe de Gobierno, ha sido la comparación que han llevado a cabo los ciudadanos de sus actores políticos. El contexto de la sucesión presidencial adelantada les ha permitido reconocer entre quienes pudiera ser la contienda y quienes son los que están forzando la situación del desafuero.

De esta forma, las pancartas dicen: "El Madrazo al bien común viene del PAN" o "Más vale ser López y no un De Gortari, De Cevallos o Memije o ¿prefieres un Madrazo?", pero acomodan la idea de que "Si el papa viviera, con López Obrador estuviera". De manera más radical pero sin nombrarlo, señalan al secretario de gobernación, Santiago Creel, diciendo que "Basta de sospechosismo, AMLO será presidente" en referencia a la "palabra" señalada por él.

Las frases que la ciudadanía presenta en sus letreros asumen el sentido popular, directo y ofensivo pero que hace rima y propicia una imagen clara de las funciones desempeñadas o de las que se han emprendido. Una de ellas se refiere a la esposa del presidente, diciéndole "Marta ladrona, pinche chaparra mamona" y otra en referencia a los diputados del PAN que pagaron la fianza del Jefe de Gobierno como un acto de buena voluntad para que no fuera a la cárcel o fuera requerido por el juez. De tal forma que pueden decirles que "Como muestra de buena voluntad: Chinguen a su madre".

La moral del ciudadano

La dinámica política en México no esta fuera de las pasiones o aficiones del ciudadano. Por el contrario, la posibilidad de demostrar que una cosa, una situación o que un personaje es de tal o cual forma, se recoge a partir de las prácticas sociales que permiten dar orden y significado a la realidad en la que se vive. La cultura política de los mexicanos está cimentada principalmente por la religión, el deporte, el amor y el sexo, como las piezas fundamentales.

Si bien, no todas las categorías de expresión han sido plasmadas por escrito, tal vez algunas tendrán refe-rencia verbal, pero sólo reconocimos las que pedían "Diosito cuida al pejecito" o "Juan Dieguito, no dejes solo a Manuelito"; asimismo, "AMLO: nadie había querido a esta ciudad y a su gente, hasta que llegaste tú", por lo que "Apoyamos a un hombre honesto: AMLO". Durante la marcha y, en referencia a la voz del poeta, una pareja podría cantar: "y en la calle codo a codo, somos mucho más que Fox".

La autoridad que se requiere

Una de las imágenes que se ha plasmado durante la marcha, es la referida a la calidad moral de AMLO, a su forma de ser visto por la población y a la ubicación histórica, social y cultural con la cual se le puede reconocer, asociar, caracterizar o nombrar y que hace referencia no sólo a otros personajes populares, queridos o simplemente reconocidos por la población, sino a los conceptos que movilizan.

Una de las imágenes más favorecidas que la población había generado con mucha anticipación es la re-presentada por Pedro Infante en el papel de Pepe El Toro. Una asociación con la victima de una injusticia y con uno de los hombres más famosos y populares en la historia de México, quien se identificó con el pueblo a través de sus películas y sus canciones y con los pobres de la ciudad en aquella película, y quien dio vida a la frase adaptada de "Peje El Toro es inocente".

De la misma forma, se presentó la de "Habemus Peje", como una refe-rencia a los tiempos en los que se elige al personaje que dirige los destinos de la iglesia católica, al Papa y al sobrenombre del Jefe de Gobierno. Sin duda, la frase más conocida en los últimos días fue la referida al cierre del mitin anterior y la cual se parafraseó de diversas formas, pero donde "Mi corazón late desaforadamente, AMLO presidente", establecía una rima y una imagen concreta. Además, la entrega de la población al hombre que representa la democracia, la honestidad y la autoridad política rezaba de la siguiente forma: "Con fuero o sin fuero, sigue siendo el mero mero".

Las frases no son casualidades sino la oportunidad de anclar una imagen. En éstas se vislumbra el tipo de autoridad con la que se contrasta. Sin duda, que la referencia al cantante más popular de México, Pedro Infante y al Papa, observan una fuerza emocional y pasional que recoge muchas de las profundidades psicológicas del pueblo mexicano. El impacto de ella y la repetición que ha tenido, le permite erigirse en un personaje con una fuerza que está asociada a otras también importantes como cariño, sensibilidad o nobleza, características, tal vez, de estos personajes.

La conciencia del ciudadano

Es difícil de reconocer que el nivel intelectual de las masas pueda ser elevado. La mayoría de estudios y crónicas lo asumen en sentido contrario. Pero el ciudadano reconoce sus posibilidades, mide sus fuerzas, expresa sus deseos y sus aspiraciones. En México lo ha hecho en muchas ocasiones y en la gran mayoría ha perdido y ha dejado para mejor momento sus demandas. Hay una cierta memoria.

En el nivel individual, el ciudadano puede ser timorato y dubitativo, pero en masa reconoce su fuerza, impone su autoridad y recrea su propia condición. Su espectacularidad puede llamar la atención; aunque la marcha que observamos mantenía un nivel de racionalidad y control de las emociones, estaba acechante, esperaba resultados inmediatos; podía sostener que aquí "Todos somos López", en referencia a la frase acuñada en la película Espartaco cuando fue demandado por los romanos, y que después apareció con el subcomandante Marcos del EZLN cuando descifraban su identidad.

El ciudadano sabe reconocer los momentos, las posibilidades y asumir los riesgos, por lo que dicta que "Si la justicia y el derecho se contraponen, opta por la justicia" o emite su opinión como una manera de presionar a quienes deben formular un punto de vista cuando señalan que "A ustedes les da más miedo emitir una sentencia que a mí escucharla"; pero también traen la frase dominguera de los estudiantes cuando señalan que "Podrán encerrar a la raza, pero no al espíritu: UNAM", así que si "No han escuchado nuestra voz, qué escuchen nuestro silencio".

Las frases posicionan y expresan la condición en que se vive y a la que se aspira a vivir. En el plano de la acción, muestran su disposición como una oportunidad de cohesionar y organizar acciones coordinadas. Una pancarta elocuente señalaba "Yo vengo acarreado por la rabia y la tristeza de ver a mi país secuestrado por una pandilla de ladrones", pero sellaban la imagen con un sentido de legalidad expresando "Nos vemos en las urnas cabrones".

La inquietud de la masa

Qué hacer cuando las masas están presentes, se preguntan los teóricos de las masas (Moscovici; 1985), pero también los hombres de acción. Más allá de la voluntad y capacidad de la conducción, estaría la articulación de los mecanismos que hemos señalado; igualmente, reconocer los principios sociales con los que se clasifica a la autoridad, así como la evaluación de la gestión que ha emprendido para comunicar a la población su punto de vista sobre la actual situación.

Deben registrarse los atributos particulares con los cuales la población ha emprendido las actividades a realizar respecto de las funciones que desempeña cada actor político. Esta puede ser la admiración que provoca y la identificación de los valores que propone. Finalmente, el estilo que le permite el esfuerzo de comunicación y si la alternativa que se menciona es viable y original.

Las distintas implicaciones

Las condiciones que se viven en el país son vacilantes, inciertas en el sentido político. La función del presidente de la república respecto de la profundización de la democracia ha quedado en entredicho y esto se puso de manifiesto de una manera directa durante la marcha. El evento permitió la emergencia de diversas memorias y sucesos.

La acumulación de desesperanzas, de energías paralizadas, de sentimientos de impotencia ante la autoridad, han provocado la búsqueda de las alternativas y las propuestas que permitan ir hacia delante. La fusión de una diversidad de grupos, públicos y demandas sociales heterogéneas, ha remodelado la condición e imagen de los actores políticos, pero también la propia de los ciudadanos.

El proceso de desafuero desarrolló una fuerza impresionante que ha movilizado no sólo las imágenes de la población mexicana, sino que ha despertado un cúmulo de aspiraciones sobre el futuro inmediato para el país. La creación de vínculos invisibles entre públicos y sectores diferentes, con demandas y concepciones distintas, ha encausado la construcción de una nueva condición social de lo que tenemos y de lo que aspiramos a tener y conservar.

Las aspiraciones creadas durante el proceso de desafuero, vivido como un enorme y peligroso conflicto, ha obligado a personificar las funciones que se requieren. La polarización como resultado clasifica a los caritativos, sensibles, generosos, afectuosos o justos frente a los que puede definirse en contraste como los malos, crueles, rudos, perversos, siempre en un sentido dicotómico; aunque la imagen central ha quedado entre los honestos y los corruptos.

Los viejos personajes deben ser reemplazados, sustituidos por otros nuevos que simbolicen los valores que se han reordenado. Se busca objetivar las virtudes y los defectos. Potenciar los que se consideran positivos y disminuir los negativos. Ellos deben encarnar el nuevo sentido del orden, pero también los de amenaza. La polarización creada repercutirá en nuevos escenarios más adelante.

Los grupos y públicos en contra del proceso de desafuero reconocieron mayoritariamente en Andrés Manuel López Obrador la figura que representa la opción hacia un nuevo y mejor escenario nacional. Enaltecieron sus virtudes y disminuyeron sus defectos, redujeron el sentimiento de vacío de la situación y encontraron en la figura del presidente Vicente Fox y en la alianza con el PRI a los responsables, lo negativo.

La marcha y los ciudadanos asistentes lograron sentar las bases de un nuevo sentido de lo social y plasmarlo en lo político (Lechner, 1979). Han trasfigurado las necesidades sociales y las percepciones de la autoridad y le han indicado la dirección que consideraron más adecuada, pero lo han hecho con una fuerza que ha quedado resguardada por quien los representará en el futuro inmediato.

Una acción concreta ha sido determinada: ganar las elecciones de 2006. Ello requiere de una estrategia de convencimiento dirigida a otros públicos y sectores de la población; Igualmente, de un compromiso de radicalidad pacífica como un estilo particular y acorde al contexto que se vislumbra. La posibilidad de mirar el presente, pero desde el futuro (Zemelman, 1989), incluye una nueva moral y un sentido realista de las posibilidades. Las masas tienen la fuerza suficiente.

 

Referencias

Canetti, E. (1982), Masa y poder, Muchnik editores, Barcelona.

González, M. y C. López (1997), "Significados y funciones de la oposición política en el contexto de la sucesión presidencial", en: Uribe, J. (coord.), Los referentes ocultos de la psicología política, UAM-I, México, pp. 101-152.

Le Bon, G. (1959), La psicología de las multitudes, Ed. Divulgación, México.

Lechner, N. (1979), La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid.

Moscovici, S. (1985), La era de las multitudes, FCE, México.

Zemelman, H. (1989), De la historia a la política, Siglo XXI-UNU, México.

* Profesor-investigador de la licenciatura en Psicología Social e integrante del área de Psicología Política e Identidades, UAM-Iztapalapa. Presidente de la Sociedad Mexicana de Psicología Social, A. C.