|
Agentes participantes, inserción local a redes de proveedores y aprendizaje tecnológico Miguel A. Rivera Ríos La organización industrial que se consolidó en los noventa estuvo definida por la participación de los siguientes agentes empresariales: * Las filiales de varias de las principales empresas trasnacionales del sector, actuando como OBM1, de propiedad 100 por ciento extranjera (IBM, HP, NEC, Motorola, Lucent, Siemens, etcétera) que poseen las patentes y marcas, diseñan los productos y centralizan las redes de proveedores. * Un grupo de grandes contract manufacturers (empresas CMs) igualmente extranjeras, que manufacturan por contrato conforme el pedido y diseño de las OBM. Su fuerza deriva (a diferencia de subcontratistas especializados) de la capacidad en manufactura genérica, operando a base de enormes economías de escala y del rango global de sus operaciones. * Un número relativamente pequeño de empresas de gestación interna, del tipo spin offs o start ups, que se integran a las redes de proveedores. Se trata de firmas que se gestan en el contexto e iniciativa empresarial local, representando el elemento empresarial endógeno en el que se centraliza el aprendizaje tecnológico de la firma mexicana. Esos agentes se relacionan en redes de proveedores, que pueden estudiarse como una sucesión de círculos. Los círculos en los que se organizan las redes de proveedores, de acuerdo a una investigación pionera de Dussel, son tres. El primer círculo o más bien el epicentro está constituido por empresas OBM (o. c., p. 41) que ocupan la posición líder en tanto son las coordinadoras de encadenamientos globales dirigidos por el productor, de acuerdo a la terminología de Gereffi (1995). El segundo círculo está representado principalmente por los especialistas en manufactura a nivel global (Palacios, o. c; Dussel, o. c.), que como vimos tienen capacidad de organización productiva, logística y coordinación cualitativamente superiores. En el tercer círculo participan lo que Dussel llama proveedores de productos "necesarios", es decir, complementos como empaques, inyecciones de plástico, flejes, cables, etcétera. Desde fines de los ochenta ingresaron diversas empresas locales y nacionales a este círculo, aprovechando la disposición de las empresas líderes de organizar a estos proveedores y traspasar conocimiento de manufactura y organización de la producción de acuerdo a los estándares internacionales. De acuerdo con Dussel, desde mediados de los noventa el proceso de integración de proveedores locales se volvió más restrictivo en un contexto caracterizado por la liberalización de las importaciones. Tiende a haber consenso que la necesidad de abatir más los costos llevó a centralizar los pedidos en un puñado de CMs, capaces de abatir costos al operar en gran escala. Considerando los prejuicios que existen sobre las empresas maquiladoras del tipo de los start-ups locales, un primer punto a debate es si han efectuado aprendizaje tecnológico, que puede considerarse como la vía del progreso industrial o desarrollo económico. La literatura sobre teoría de la innovación y sobre aprendizaje organizacional permite dar una respuesta teórica al problema de cuando hay aprendizaje sea empresarial o social. Una empresa aprende tecnológicamente cuando su personal adquiere nuevo conocimiento útil que origina nuevas habilidades o capacidades, que le permiten a la empresa ascender en la llamada cadena de valor (producir bienes más avanzados o reducir costos a un nivel dado de calidad). A su vez, al dar ese paso, la empresa debe instaurar un sistema de conocimiento2 que constituye un escaño superior respecto a los sistemas de producción. Este último representa la estructura que le permite a la empresa producir aun nivel bajo de eficiencia, usualmente el nivel logrado durante la sustitución de importaciones. En su importante estudio, Dussel analiza los avances efectuadas por varias empresas locales para integrarse a la red de proveedores y se puede llegar a la conclusión de que aunque se especializaron en productos de la categoría inferior, establecieron sistemas de conocimiento, que implicaron la instalación de nuevos procesos, desarrollo de nuevos productos o el mejoramiento de los existentes, así como avances en gestión y control de calidad. Ese avance les exigió a estas empresas sustanciales inversiones en equipo, instalaciones y capacitación de obreros especializados, técnicos e ingenieros. La principal limitante en la instauración de los sistemas de conocimiento fue la alta dependencia de la importación de insumos que en algunos casos llegó al 90 por ciento del abastecimiento (Dussel, o. c. p. 52). Los sustitutos nacionales, cuando los había, eran de inferior calidad. Lamentablemente como ya se señaló, el reto de pasar a productos de mayor valor agregado y por tanto ascender en las redes de subcontratación, no se satisfizo, ya que las presiones competitivas se agudizaron y las empresas OBM cambiaron de táctica3. El agotamiento de esta vía de aprendizaje provocó desaliento entre los especialistas. Desde la perspectiva de fines de los noventa, Palacios (o. c. p. 334) señalaba que se había desvanecido la posibilidad de constituir un cuarto círculo de proveedores constituido por pequeñas empresas locales innovadoras. Para Rivera Vargas y Maldonado (2004, p. 206), la experiencia de Guadalajara corroboraba la hipótesis de que las empresas proveedoras de países en desarrollo se limitaba al estadio de imitación por duplicación.
* Profesor e investigador, Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México. 1 En la literatura sobre cadenas productivas y redes empresariales parece no haber unanimidad de cómo llamar a lo que antes eran las empresas trasnacionales integradas verticalmente. Al centrarse en la propiedad (marcas, patentes, etcétera) sería más conveniente llamarlas OBM (Original Brand Manufacturers que OEM (Original Equipment Manufacturers) ó ODM (Original Design Manufacturers) que se han utilizado por varios autores que han escrito sobre clusters en México. 2 Los flujos de conocimiento entre empresas, al interior de la empresa o entre agentes empresariales y no empresariales se distinguen de los flujos de materiales, aunque frecuentemente se traslapen con ellos. Ese conocimiento permite instituir el cambio tecnológico en la empresa, en tanto estén creadas las capacidades apropiadas para ello. Dichas capacidades tienen diferentes grados de complejidad que van desde las rutinas requeridas para garantizar la eficiencia de los sistemas de producción, hasta las que se requieren para diseñar nuevos productos, nueva maquinaria y renovar los procesos y canales de abastecimiento y distribución (Bell y Albu, 1999). 3 Este proceso de "expulsión" parece formar parte de una tendencia más general característica de los noventa, en la cual, con la excepción de los países manufactureros por excelencia como los de Asia Oriental, las empresas de las economías emergentes tienden a abandonar el hardware y especializarse en software (ver Sridharan, 1996). Esa tendencia enmarca el desarrollo de empresas especializadas en servicios de software en Guadalajara. |