Recuperemos la república

Leonel Cota Montaño*

Quiero reconocer el trabajo y los resultados de la dirigencia nacional que hoy concluye su tarea, reconociendo las enormes dificultades que enfrentaron y los buenos resultados que hoy entrega Leonel Godoy al perredismo nacional, desde mañana dirigente: el perredismo espera tu talento y tu esfuerzo en el Estado de México.

Compañeras y compañeros del partido, son tiempos de la izquierda en el mundo. Los vientos políticos en América Latina soplan a la izquierda y en México las cosas no son diferentes. El acceso al poder nunca será fácil para las fuerzas democráticas; tiene que lucharse contra los beneficiarios de su ejercicio abusivo, contra los beneficiarios de las desigualdades.

En nuestro país, el PRI y el PAN, como las viejas monarquías, quieren quedarse con el poder para siempre. Nunca como hoy, desde 1988, la izquierda mexicana tiene grandes posibilidades de acceder al poder. Hoy, como parte de las fuerzas democráticas, nuestra meta es conformar una propuesta viable para convertirnos en el gobierno democrático popular que México necesita.

En esta perspectiva se ubica nuestro evidente reposicionamiento en la república, nuestros triunfos en Guerrero y Baja California Sur, el mejoramiento de nuestras posiciones en Hidalgo y Quintana Roo, Veracruz y Tlaxcala, así como nuestras enormes perspectivas de triunfo en el Estado de México y Nayarit. Son estas las evidencias que deben alentarnos en este propósito superior del movimiento democrático nacional: transformar las instituciones del país para erradicar la pobreza y las desigualdades y fomentar la integración al pleno desarrollo de las mujeres, los jóvenes, los indígenas y los olvidados de siempre en este país.

Hasta hoy, la política en México sólo ha dado beneficios para los propios políticos, para las élites de la política; sin embargo, debe y puede dar beneficios para mejorar el nivel de vida de la sociedad en su conjunto; nivel de vida que hoy se encuentra más deteriorado, pese a las cifras oficiales, por las políticas neoliberales, generadoras de setenta millones de pobres, dos terceras partes de éstos viviendo en la miseria absoluta.

México tiene una enorme deuda con amplios sectores de la sociedad y con los casi veinte millones de mexicanos que hoy viven en Estados Unidos. La gente vive hoy las grandes contradicciones de las políticas económicas que tanto han afectado a la nación. El fracaso del actual gobierno es evidente para la mayoría de los mexicanos y volver al pasado no significa ninguna posibilidad de alcanzar mejores condiciones de vida para nadie.

El régimen del PRI y del PAN han lastimado profundamente a la mayoría de la sociedad y es ya un régimen agotado. Queremos una patria para todos, especialmente para los marginados, para los que desde siempre han sido excluidos del empleo, de la vivienda, de la educación, de la seguridad, de la salud y de las oportunidades. Ahí nuestras demandas, ahí la importancia de nuestro partido, ahí nuestro verdadero papel.

Hemos defendido y ejercido siempre los derechos y garantías constitucionales, como el de la libertad de expresión y de manifestación. Estoy convencido de que debemos ejercerlos con firmeza frente a un gobierno frívolo que olvidó sus compromisos.

Muy serio es que un gobierno no escuche a la sociedad; más grave, aún, es cuando un gobierno actúa contra los intereses de la comunidad. La libre manifestación y la protesta se vuelven, entonces, medios legítimos e indispensables para evitar retrocesos en el país, más para combatir un gobierno que ha traicionado a la gente.

La derecha nunca ha sido opción en beneficio del pueblo. Hoy la derecha está representada por el PRI y por el PAN. Por ello dejan en el pasado sus diferencias, sus antiguas diferencias y se reúnen para conspirar en contra del proyecto democrático y popular de nación que nosotros representamos. Con todas las imperfecciones que el partido pueda tener, con todas ellas, somos la única opción que ha asumido el reto de sacar adelante, junto con otras fuerzas democráticas, al país.

Nos hemos planteado reconstruir una verdadera república que defienda su soberanía y ponga las instituciones al servicio de todos los ciudadanos. El partido debe tomar su verdadera dimensión, estar al servicio de las causas populares y no representar, por ninguna razón, los intereses de la cúpula que se alejan de la verdadera razón de ser del PRD.

Hoy vivimos una de las peores ofensivas que haya sufrido la izquierda del país; aun así, nos perfilamos como la opción más seria para ganar los comicios federales de 2006. Por ello, la derecha mexicana y la oligarquía han decidido no respetar las incipientes reglas democráticas y buscan dar un golpe de mano: pretenden cerrarnos el paso; quisieran que fuéramos sólo a convalidar el proceso electoral de 2006. No será así, competiremos para ganar la presidencia de la república.

En un acto inédito, la derecha panista y priista, sin ningún recato, unidos pretenden destituir ilegalmente a Andrés Manuel López Obrador de su cargo de Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En un acto ilegítimo, buscan imponer su decisión. El objetivo es muy claro: inhabilitar al Jefe de Gobierno.

En un hecho inusitado, en la historia política del país y del mundo, quienes han acusado a Andrés Manuel, en un acto de burla a las instituciones, pagaron la fianza, intentando evitar con ello la presión social que tendrían por el injusto procesamiento penal y encarcelamiento del Jefe de Gobierno; qué mejor manera desnudar sus intenciones.

Hoy, compañeros y compañeras, comparto con ustedes que las exigencias que tenemos y tendremos son enormes. El partido debe fortalecer sus profundas convicciones, debe abrirse demoráticamente para un proceso de selección de candidatos; desde hoy expresamos a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y a Andrés Manuel López Obrador que la dirigencia del partido no será obstáculo para la aspiración de nadie. Expresamos nuestra profunda convicción de que en la conducción de este proceso se tendrán reglas que garanticen la equidad y la legalidad en la elección.

Esta dirigencia nacional que hoy asumo garantizará con estricta responsabilidad política y con absoluta imparcialidad, el método que nuestro partido determine y apruebe para tal efecto. Sabremos distinguir entre el periodo de resistencia civil y pacífica en la defensa de los derechos políticos de Andrés Manuel y el respeto que nos merecen las reglas internas de nuestro partido, comprometidos con la confianza y certidumbre que se merecen nuestros militantes y la sociedad misma: que el pueblo, los mexicanos, decidan quién será nuestro candidato y el próximo presidente de México, nadie más.

Con claridad afirmo que para un proyecto democrático sí importa la persona, pero importan más las ideas y los compromisos; que no se repita, por ninguna razón, que la legítima lucha de aspiraciones se convierta en lucha de facciones. Este partido requiere más que nunca de una verdadera unidad; que la competencia interna nos permita un reposicionamiento amplio en la sociedad; esto sólo podrá lograrse si las partes se comprometen con las ideas del proyecto.

No tengo duda de que con la experiencia, el nivel de compromiso, su entrega a las causas sociales y su pertenencia al PRD, Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano estarán a la altura de la historia y nos darán la lección de convicción democrática que todos reclamamos.

Por lo que se refiere a nuestras responsabilidades partidarias, tenemos que recuperar con mayor fuerza la confianza de la gente. Nos planteamos como indispensable para ello que el partido no tolere prácticas indebidas. Nadie debe estar por encima del partido, nadie debe estar por encima del PRD.

Más que nunca es necesario un partido de convicciones, no de búsqueda de posiciones. Hoy la dimensión de nuestro trabajo debe darse hacia fuera, hacia la sociedad. Nuestra competencia debe darse en los liderazgos sociales. Todas las expresiones del partido tienen que redimensionar su actividad política, para hacer posible que encontremos nuevos y verdaderos liderazgos en el trabajo cotidiano del PRD.

Rumbo a 2006, el partido debe fortalecer su presencia donde ahora es débil, debe tender los puentes necesarios con las fuerzas progresistas y democráticas del país para construir y esta es nuestra convocatoria: un gran frente social y electoral que potencie la fuerza de millones de mexicanos, cansados del viejo autoritarismo y desencantados del cambio incumplido.

Hoy, muchos ciudadanos refuerzan sus expectativas en el Partido de la Revolución Democrática. El PRD es un partido con proyecto y experiencia de gobierno; según la opinión de los ciudadanos, somos cada vez más confiables. Pero no se trata sólo de quién gane o quién pierda el proceso electoral. Planteamos hoy a todas las fuerzas democráticas y progresistas del país, construir un frente amplio que se plantee edificar una opción política diferente, que atienda los grandes reclamos y problemas nacionales desde el interés de los mexicanos, desde el interés de las mayorías, que: posibilite la transformación del poder político en México, que regrese el poder a los pueblos del país y a las localidades; que asuma la democratización del país con sus instituciones y organizaciones, mejore radicalmente las condiciones de vida de los ciudadanos y que acabe con la burocracia enferma y corrupta que agobia a este país.

Nuestro partido tiene que priorizar un proyecto de nación que reivindique a los que menos tienen; que se pronuncie por la defensa de los recursos naturales y energéticos y por la defensa de nuestra independencia y soberanía nacionales; que garantice la seguridad, el empleo, la salud, la educación, la vivienda; que la ciencia y la tecnología estén al servicio del ser humano, que promueva el desarrollo del campo, que impulse las actividades del mar y de la ciudad, que impulse la industria y la inversión con respeto al medio ambiente. Un proyecto democrático que reivindique las libertades individuales, políticas y sociales y sindicales con el propósito de contribuir a construir un país de oportunidades para todos y todas.

Con este propósito, debemos priorizar el fortalecimiento de una clase empresarial auténticamente nacionalista, pues con el actual proyecto neoliberal los empresarios mexicanos terminarán siendo gerentes o empleados de las firmas internacionales.

Planteamos un proyecto que ataque frontalmente la corrupción que, hay que decirlo, es del tamaño de la pobreza en este país, cáncer que desafortunadamente se está expandiendo cada vez más en el país y del cual el gobierno de Fox es parte fundamental. Lejos de combatir verdaderamente este problema, el foxismo se ha convertido en promotor de los grandes corruptos del país. Hoy, no hay mayor corrupción que pretender entregar las riquezas públicas a los particulares, especialmente a las firmas extranjeras; desde aquí le decimos: no les daremos nuestro petróleo ni la energía eléctrica; no les daremos la educación como negocio privado ni la seguridad de los mexicanos; no les daremos el ISSSTE ni el Seguro Social. No permitiremos que continúe el saqueo del Fobaproa, de los rescates carreteros, del ahorro de los trabajadores a la banca extranjera. No le daremos la Ley Federal del Trabajo, tampoco cederemos una sola de las conquistas que a pulso hemos ganado los mexicanos; a cambio, les daremos lucha sin cuartel, resistencia pacífica, dignidad y orgullo.

No hay para después, compañeros y compañeras: o cumplimos ahora, en nuestra época, con estas tareas o, para Fox, no habrán valido nada los esfuerzos que otros han hecho antes que nosotros.

Para estar a la altura de este propósito debemos también ser autocríticos en nuestro desempeño. No omito decir que las amargas experiencias del partido solamente nos deben de servir de lección a toda la militancia. Ofrezco a ustedes, compañeros, mantenerme, como lo dije en campaña, fuera de todo propósito de hacer una corriente frente a las demás. Asumo mi responsabilidad para no ser rehén de intereses personales o de grupo e impulsar para la construcción de un partido verdaderamente democrático e incluyente.

Es urgente que este IX Congreso resuelva, y los convoco a ustedes compañeros, la plena federalización del partido. Si el padrón centralizado es motivo de queja y crítica en todos los estados, de todas las corrientes y en todas las elecciones, no hay razón para mantenerlo en las mismas condiciones; regresémoslo a los estados de la república y a cada municipio del país.

Los órganos de garantías y vigilancia deben tener plena vigencia para castigar desvíos en la conducta del partido. Es indispensable que se acabe la burocracia política del PRD; los que sólo buscan el cargo y las canonjías, los que buscan mantenerse a toda costa en los órganos de dirección del partido. Como nunca, es necesario un partido de convicciones, no un partido de posiciones. Convoco a ustedes, compañeros y compañeras, a recuperar de fondo las tareas de formación política de nuestra militancia. Tenemos la oportunidad histórica para lograrlo.

Compañeras y compañeros del partido: se cierra una etapa en la vida del PRD, la del partido de oposición. Se abre una nueva perspectiva de relevancia histórica para nosotros, construir un partido para gobernar México. Por esto, hoy más que nunca, la unidad en nuestros principios se convierte en línea fundamental para estos objetivos superiores.

En este propósito de ir recuperando a la república, tramo a tramo y paso a paso, los convoco a dar la batalla para ganar el Estado de México junto con Yeidckol Polevnsky y terminar, así, compañeros con uno de los ciclos más largos del grupo político que gobierna el Estado de México, el más corrupto de la historia del país; también, por recuperar Nayarit con Miguel Ángel Navarro, lo que nos permitirá instaurar un gobierno popular, algo que el país le debe desde hace muchos años a los nayaritas.

En suma, queremos una patria para todos y todas y que la política esté al servicio de la gente. Por eso le decimos a los mexicanos que, frente a la agresión de que hoy somos objeto por parte del gobierno foxista, no vamos a perder nuestro rumbo. Nuestra lucha será pacífica, no habrá violencia, más que la que surja de nuestros propios opositores. Sólo le recordamos al gobierno de Vicente Fox de la existencia del legítimo derecho de los mexicanos para deponer o cambiar su gobierno.

Queremos un país nuevo, queremos una nueva economía, una nueva política, un México para todos.

¡Viva el PRD, compañeros! ¡Viva la república! ¡Democracia ya, patria para todos!

 

* Presidente Nacional del Partido de la Revolución Democrática.