|
Mundialización y desarrollo económico Jorge A. Calderón Salazar* Mundialización y desarrollo económico al inicio del siglo XXI La CEPAL, en "Globalización y Desarrollo"1, estudio elaborado en 2002, destaca que la globalización ha dado origen no sólo a una creciente interdependencia, sino también a marcadas desigualdades internacionales, siendo las características distintivas de la economía mundial la concentración del capital y la generación de tecnología en los países desarrollados, y su fuerte gravitación en el comercio de bienes y servicios. Por otra parte, el estudio de la CEPAL destaca que la ampliación de las disparidades de ingreso entre regiones y países ha sido una característica de la economía mundial en los dos últimos siglos. En efecto, el cociente entre el producto por habitante de las regiones más o menos y desarrolladas del mundo, que oscilaba en torno a 3, a comienzos del siglo XIX, ha aumentado en forma sostenida hasta alcanzar poco menos de 20 veces en la actualidad. Dentro de los países se ha producido una diferenciación similar, tanto entre distintos sectores sociales como entre distintos territorios. Han surgido factores nuevos que ejercen una gran influencia en la desigualdad del ingreso y que han venido a sumarse a los más tradicionales (distribución de activos y acceso a la educación). Estos nuevos factores fueron la reducción de la masa salarial como proporción del ingreso total y el incremento simultáneo de los beneficios empresariales y las rentas financieras, las crecientes disparidades en la remuneración del factor trabajo según el grado de calificación y la erosión de la capacidad redistributiva del Estado. La incidencia de estos factores varía de una región a otra e, incluso, entre países de una misma región. En el plano internacional no se observa tendencia alguna a la convergencia en los niveles de ingreso. El deterioro de la distribución del ingreso dentro de los países ha sido bastante generalizado en los últimos decenios. La fase más reciente de globalización presenta una tendencia a la acentuación de la desigualdad internacional y nacional. El referido texto de la CEPAL resalta que la elevada desigualdad en la distribución del ingreso es un factor importante no sólo por los problemas éticos y políticos que plantea, sino también por sus repercusiones en el crecimiento económico. En los últimos años se han publicado numerosos estudios en los que se destacan los efectos negativos de la desigualdad en el crecimiento económico, agrupados bajo el concepto de "trampas de desigualdad". En este sentido, las amplias desigualdades distributivas que caracterizan a varias regiones del mundo en desarrollo y, en especial, a América Latina, pueden contribuir a explicar las divergencias internacionales en cuanto a grado de desarrollo o el bloqueo de los factores de convergencia. La CEPAL, en otro apartado del estudio: Globalización y Desarrollo, destaca que el movimiento hacia la globalización de algunas industrias y la creación de "plantas globales" intenta reproducir en la geografía mundial los procesos de especialización y contratación externa de una empresa que ocurren en el mercado local. La movilidad que ofrecen los avances tecnológicos transforma a las filiales de las empresas trasnacionales, que anteriormente operaban geográficamente dispersas pero con producción autocontenida, en redes de producción y distribución integradas en el ámbito regional y global. En estas redes, las empresas pueden adquirir localmente los insumos que necesitan y producir para el mercado local o regional o, bien, pueden integrar actividades económicas dispersas en distintas regiones. En tal sentido, la regionalización de la economía mundial es, paradójicamente, un corolario de la globalización. Las transformaciones de los patrones de comercio internacional han estado íntimamente ligadas a la reestructuración de las empresas transnacionales y al auge de la inversión extranjera directa (IED). Los vínculos entre inversión directa y libre comercio se han visto facilitados también por el cambio en los marcos normativos del comercio y la inversión, así como por otros factores derivados de la revolución tecnológica y de gestión en curso. Las fusiones y adquisiciones transfronterizas son uno de los signos más visibles de la globalización, sobre todo, cuando involucran a grandes empresas y suponen cuantiosos recursos financieros y amplias reestructuraciones organizativas. Estas operaciones, que se intensificaron en la segunda mitad de los años noventa, permiten a las empresas adquirir rápidamente una cartera de activos localizados, que son esenciales para fortalecer su posición competitiva en la economía local, regional o mundial. La inversión extranjera directa ha crecido en forma acelerada, aumentando con ello el peso de la producción internacional en la economía mundial. Así es como la IED pasó de representar el 2 al 14 por ciento de la formación bruta de capital fijo global entre 1982 y 1999 y el valor agregado por las empresas transnacionales se expandió del 5 al 10 por ciento del producto mundial. Además, las ventas de las filiales de las empresas trasnacionales crecieron mucho más rápido que las exportaciones globales. A mediados de los años noventa se estimaba ya que dos terceras partes del comercio mundial de bienes y servicios no factoriales provenían, de alguna manera, de la estructura internacional de producción de las empresas trasnacionales. El motor de esta expansión mundial son las operaciones de más de 60 mil empresas transnacionales, con cerca de 800 mil filiales en el extranjero. En los países en desarrollo los flujos aumentaron significativamente, ya que en ese mismo año se cuadruplicaron los valores correspondientes respecto del promedio registrado en 1989-1994. Los principales receptores fueron Hong Kong (China), China e India en Asia y México, Brasil y Argentina en América Latina. A pesar de su creciente expansión geográfica, la IED muestra una distribución muy asimétrica. La casa matriz de 90 de las 100 mayores empresas transnacionales no financieras, clasificadas como tales por el monto de sus activos en el extranjero, se encuentra en Estados Unidos, los países que conforman la Unión Europea y Japón. En términos de los grandes sectores de la actividad económica, el rasgo más destacado es el notable crecimiento de los servicios. En efecto, su participación en los ingresos de IED entre 1988 y 1999 se expandió más de seis puntos porcentuales en todo el mundo, concentrando, al término del periodo, más de la mitad de la IED acumulada. Este importante cambio responde fundamentalmente a dos motivos. En primer lugar, las políticas de liberalización y de privatización adoptadas por los países en desarrollo en el último decenio han estimulado un cuantioso flujo de inversión extrajera directa en servicios financieros, telecomunicaciones y otros componentes de la infraestructura. En segundo término, el surgimiento de nuevos servicios comercializables (entre otros, la producción de programas de computación, el procesamiento de datos, los centros de llamadas y los servicios de apoyo a las empresas) ha permitido aprovechar ciertas ventajas de localización. Junto con la creciente participación del sector servicios y la pérdida de peso relativo del sector manufacturero, se ha venido reproduciendo un patrón de elevada concentración geográfica de la producción industrial de alto contenido tecnológico. Cuanto más avanzado es el nivel tecnológico de la industria, mayor es su concentración geográfica en un número reducido de países y a nivel nacional. Tal es el caso de la industria de la biotecnología, que está muy concentrada en ciertas áreas de los países desarrollados, y la de semiconductores, que se concentra en esos mismos países y algunos del sudeste Asiático. Víctor M. Soria, en un reciente ensayo2, analiza el modelo de F. Perroux3 relativo a una integración económica en condiciones de asimetría. En él se parte de dos preguntas fundamentales: ¿quién integra?, ¿en beneficio de quién se opera la integración? Para estructurar el análisis define dos conceptos: el espacio integrante y el espacio integrado. "El primero es aquel que en razón de la dimensión de sus unidades, de su producto y de las estructuras de su producto y balance, tiene la capacidad de provocar una inflexión en las estructuras y de orientar las actividades de otro espacio conforme a su propia ventaja económica. El espacio integrado presenta las características inversas, ya que está restringido a practicar una estrategia de adaptación frente al espacio integrante."4 Respondiendo a la pregunta ¿quién integra? se expone la tesis de que: "sean cuales sean las formas de integración y las precauciones para equilibrar jurídica y políticamente de A (economía fuerte) y de B (economía débil), existen razones positivas para pensar que es A quien integra ya que ejerce el liderazgo a través de su Estado nación y sus grandes corporaciones... (y) ¿para beneficio de quién se opera la integración? El espacio A que toma ventaja de y sobrepasa al espacio B, dispone de beneficios de innovación y de beneficios de monopolio y oligopolio más elevados que el espacio B. Esto no quiere decir que B (la economía integrada), no pueda obtener beneficios, pero éstos presumiblemente serían menores que los obtenidos por A"5. Al respecto, coincido con Soria cuando sostiene que: "aplicando el modelo de Perroux al TLCAN puede afirmarse que el país que integra es Estados Unidos, tanto por el liderazgo de su Estado nación como por el de sus ET. Con el advenimiento de la globalización, el Estado del bienestar se ha visto desplazado por el Estado neoliberal, cuyas derivaciones económicas y políticas han sido diseminadas de manera eficaz por el Estado nación estadounidense, apoyado por los organismos financieros internacionales, a través del llamado consenso de Washington. A su vez, el Estado periférico mexicano, de carácter dependiente, ha sido proclive a la ideología neoliberal desde la crisis de los años ochenta, presentando una peculiar dualidad: por una parte, se ha mostrado muy dinámico al servir como vector de la expansión del capital internacional a través de las reformas estructurales que operaron la apertura económica, la privatización de empresas paraestatales, la desnacionalización del sistema bancario y la eliminación de restricciones a la inversión extranjera, lo cual ha transformado el patrón de acumulación; por otra, ha sido extremadamente pasivo e impotente para aplicar medidas que atenúen el desmantelamiento industrial, la caída del mercado interno, el desempleo disfrazado y el creciente empobrecimiento de la población mexicana"6. Además, me parece correcta su visión de que en el TLCAN se acentuó la dependencia financiera y las ET se consolidaron como el centro del nuevo patrón de acumulación secundario-exportador, rompiendo cadenas productivas y maquilizando la economía7. En lo referente al modelo secundario exportador, Pedro Vuskovic sostuvo en un ensayo publicado en 19858 que ante la crisis del modelo de sustitución de importaciones existían diversos escenarios para el desarrollo latinoamericano siendo uno de ellos el que la industrialización, especialmente en sus segmentos mas dinámicos, tuviera una orientación exportadora. Destaca que un factor de la incapacidad del modelo sustitutivo para continuar una expansión fue la profunda y creciente desigualdad social que constituyó un "cuello de botella" al impedir la ampliación del mercado interno. De ahí que, en ausencia de medidas de cambio estructural que reviertan las nocivas consecuencias de la desigualdad social y de la concentración tridimensional del progreso técnico y de sus frutos9 y de no romperse la dependencia tecnológica pasando a la industrialización sustitutiva "compleja", la nueva industrialización más que apoyarse en factores endógenos "su base radicaría en los procesos de creciente ‘internacionalización’ económica, y en su lógica, las diferencias en los niveles absolutos de los salarios se constituyen en factor decisivo de tendencias a un ‘redespliegue industrial‘ y al desarrollo de actividades o fases de procesos productivos destinados fundamentalmente al mercado mundial"10. Opina, además que este proceso conduciría a una profundización del carácter concentrador y excluyente del modelo económico en tanto que significa reemplazar al mercado interno como factor dinámico por los mercados exteriores y coloca a los niveles de salarios como elemento importante de la competitividad externa. Diversos autores que analizan el desarrollo reciente de América Latina11 dan elementos que me permiten afirmar que la experiencia de los últimos decenios muestra que en este modelo de desarrollo periférico subsisten numerosos lazos de subordinación con los países centrales lo cual establece limitaciones estructurales al proceso, impidiéndole alcanzar una dinámica autónoma y autosustentada. El espectacular crecimiento económico de los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta, se apoyó en gran medida en un proceso de acumulación y de transformaciones tecnológicas que, en los hechos, creó un nuevo y sólido esquema de dependencia financiera y tecnológica, donde la reproducción en escala ampliada del moderno aparato industrial, agroindustrial y agropecuario se basó en la importación de maquinaria, equipo y refacciones que se convierten en un componente vital del sistema económico interno, el cual se torna extremadamente vulnerable y dependiente. El alto nivel de importaciones inherente a este modelo de crecimiento, la falta de dinamismo del sector exportador, la relación de intercambio desigual, las utilidades remitidas por empresas extranjeras y la fuga de capitales privados y los gastos de las clases dominantes en el exterior, son algunos de los elementos que originaron durante varios decenios un desequilibrio macroeconómico y una tendencia continuamente deficitaria de la balanza comercial. Por ello, en ausencia de una modificación fundamental en la estrategia de desarrollo, los países han recurrido indiscriminadamente al endeudamiento externo y al estímulo a la inversión extranjera, como una vía para lograr el equilibrio de la balanza de pagos. Simultáneamente, en algunos casos el endeudamiento fue un medio de gran importancia para cubrir el creciente déficit del sector público. Esta política económica, de claro corte monetarista y neoliberal que se instrumentó a partir de los ochenta, deja intactas las causas profundas que originan los desequilibrios de la estructura productiva y del sector externo y en numerosos casos profundizó el déficit comercial. Siguiendo las orientaciones del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), numerosos gobiernos aplicaron la política del "ajuste estructural " e instrumentaron una acelerada apertura comercial, privatización de empresas estatales y desregulación económica, implantando políticas que han repercutido en una baja de los salarios reales, mayor desempleo, desindustrialización, crisis agrícola y profundización de la dependencia. Frecuentemente, al aumentar la deuda externa y las inversiones foráneas, crecen también el servicio de la misma y la salida de beneficios, lo que fortalece el desequilibrio del sector externo. De ahí que se busque, año con año, el refinanciamiento de la deuda acumulada, el aumento de la misma en términos netos y el incremento de la inversión extranjera, directa y en "cartera" para adquirir capitales "frescos" que ayuden a contrarrestar la descapitalización y permitan continuar financiando, parcialmente, el desarrollo dependiente. En algunos países con mayor desarrollo industrial relativo, durante la fase de sustitución de importaciones, se impulsa el sector exportador manufacturero, con la ilusión de lograr un superávit comercial; pronto se revela la dificultad de lograr este objetivo pese a la apertura comercial y la adopción de un modelo secundario exportador; persiste el déficit comercial global (aunque en ciertos casos en el intercambio comercial con ciertos países puede existir superávit), financiado, en parte, con superávit en balanza de capitales –producto de una creciente inversión extranjera y endeudamiento externo. Con el fin de mantener este superávit en balanza de capitales, se desregula la inversión extranjera, se reproduce la dependencia en tecnología y se profundiza la sobreexplotación de los trabajadores. Cuando estas medidas se tornan insuficientes, se profundizan las políticas de ajuste y se aplican políticas salariales restrictivas. Así, interminablemente, se reproduce y profundiza la dependencia –financiera y tecnológica– y la extroversión. Debate teórico sobre la mundialización y las características de los Estados periféricos contemporáneos Ulrich Beck, en su libro: ¿Qué es la globalización?12 hace una crítica a lo que él denomina las falacias del globalismo y da respuestas a la globalización. Beck parte de la consideración de que la economía que actúa a nivel mundial socava los cimientos de las economías nacionales y de los Estados nacionales, originando la "liberación respecto a los corsés del trabajo y el Estado tal y como han existido en los siglos XIX y XX"13. "La política de la globalización, no pretende eliminar solamente las trabas de los sindicatos, sino también las del Estado nacional... pretende restar poder a la política estatal-nacional"14. Se pregunta ¿en qué se funda el nuevo poder de los empresarios transnacionales? Y responde: "las ET están en condiciones de servirse de los Estados nacionales y de los centros de producción individuales en contra de ellos mismos y, de este modo, conseguir "pactos globales" con vistas a condiciones impositivas más suaves y una infraestructuras más favorables, distinguiendo lugar de inversión, lugar de producción, lugar de declaración fiscal y lugar de residencia"15. Dos elementos claves de su argumentación son: 1. Las corporaciones transnacionales socavan la autoridad del Estado al exigirle prestaciones y negarse a pagar impuestos. Los más ricos se vuelven contribuyentes virtuales. 2. Las ET exportan puestos de trabajo a donde sean más bajos los costos laborales y como ejemplo de ello destaca que la Unión Europea cuenta con veinte millones de desempleados, las utilidades empresariales en Alemania se incrementaron 90 por ciento desde 1979 y los salarios 6 por ciento; los ingresos fiscales derivados de los salarios se duplicaron y los provenientes de empresas se redujeron a la mitad y sólo representan el 13 por ciento del total16. En suma, las multinacionales abandonan el marco de los Estados nacionales y se degrada la cohesión social; la crisis del Estado del bienestar deriva en que con menores ingresos se deben pagar prestaciones sociales a cada vez más personas al mismo tiempo que las empresas presionan para que se cree infraestructura, reciban subvenciones, se bajen impuestos y se "externalicen" los costos del desempleo17. Otro aspecto fundamental de su enfoque es que la globalización cuestiona un presupuesto de la primera modernidad: el "nacionalismo metodológico". La globalidad quiere decir que se rompe la unidad del Estado nacional y de la sociedad nacional y se establecen nuevas relaciones de poder y competitividad entre, por una parte, unidades del mismo Estado nacional y, por la otra, situaciones y procesos sociales transnacionales. Al reflexionar sobre la mundialización contemporánea, Jaime Osorio se pregunta: ¿qué acontece con el Estado en tiempos de mundialización?, ¿se extingue?, ¿se convierte en una institución cada vez más irrelevante?, ¿los nuevos actores internacionales debilitan sus funciones económicas y políticas?18 Establece tres elementos que suelen fundamentar estas ideas: -Creación de una extensa red de movimientos de capital financiero y especulativo que sobrepasa la capacidad regulatoria de los Estados nacionales. -Un pequeño número de corporaciones multinacionales toman las decisiones fundamentales de la economía mundial. -Organismos financieros internacionales (FMI y Banco Mundial) que dictan políticas a los Estados ejerciendo mecanismos de presión. La conclusión que suele derivarse de estos argumentos es que el Estado se convierte en una entidad débil ante procesos e instituciones que "limitan su soberanía" y que el capital financiero internacional, las ET y los organismos financieros internacionales no responden a intereses estatales. Respecto al debate sobre la exis-tencia de los Estados nacionales en América Latina, estima que las deformaciones del Estado dependiente no son un signo de ausencia de modernidad sino la forma en que estas sociedades se organizaron para responder a los requerimientos de expoliación y dominio, constitutivos del sistema. La heterogeneidad estatal es consustancial a la lógica de expropiación del valor, es congruente con las estructuras jerarquizadas de dominio que tal proceso reclama y del ejercicio diferenciado de soberanías que esto conlleva. El semi-Estado nación de las regiones dependientes es funcional a los intereses internacionales y locales del capitalismo mundial. Pensar que en la periferia es viable una soberanía como la del centro es no entender la dialéctica heterogénea inherente a este capitalismo. Estado fuerte y nación débil son las dos caras –poder férreo y soberanía restringidas– de la organización política periférica. En lo referente al Estado y los nuevos actores internacionales, J. Osorio se refiere a la extendida percepción de que, en la mundialización, la capacidad de control de los Estados parece limitarse por la lógica de los movimientos de capitales o decisiones de corporaciones. Al respecto, sostiene que sus ganancias terminan concentrándose en sectores sociales, regiones y Estados específicos. Además, grupos de la periferia en alianzas con transnacionales también participan en estos procesos, lo que no niega la existencia de conflictos. De ahí el creciente número de multimillonarios latinoamericanos y la contradicción entre la presión desregulatoria del centro y la incapacidad de los Estados periféricos para establecer controles. Osorio cuestiona la tesis de que el capital financiero no responde a intereses estatales y sostiene que la masa de recursos de los circuitos financieros sirven, de manera predominante, a posiciones que tienen su base en naciones del mundo desarrollado, donde tienen su sede los principales bancos que aprovechan recursos externos para rentabilizarlos, apropiándose de parte sustancial de sus beneficios 13 casas financieras mundiales, once de EU y dos de Europa. Más allá de fusiones, permanecen matrices con una base territorial específica y no se rompe el vínculo entre el poder corporativo y sus Estados nacionales. Más del 80 por ciento de las decisiones claves de inversión y tecnología de las corporaciones se toman en las casas matrices establecidas en los países centrales, siendo en ellas y en Estados sedes donde se transfieren los mayores montos de ganancias. Osorio afirma que la actual etapa de la mundialización expresa la neoligarquización de los Estados, donde sectores ligados a la banca y las grandes corporaciones han asumido el poder político para organizar el sistema mundial a la medida de sus intereses. Concluye que los grandes actores políticos de esta etapa son los Estados neooligarquizados y no las corporaciones "desterritorializadas" o los organismos financieros internacionales. En otro apartado, el autor considera que la existencia de un patrón histórico de soberanía diferenciada, acotada en la periferia no implica negar ciertas novedades propiciadas por la mundialización. Los avances en materia de comunicaciones y transporte y los procesos de integración comercial permiten al capital financiero y a las corporaciones multinacionales dar forma a una densa red de relaciones y de poder económico y político que engloba el planeta y que incide en nuevos reajustes en el ejercicio diferenciado de la soberanía, haciéndola más restringida en el mundo dependiente, modificando, además, ciertos terrenos en el centro. Esta red con anclajes estatales centrales realiza una función mediadora en la injerencia de los Estados hegemónicos sobre los periféricos. Dicha red, si bien se extiende de manera horizontal –filiales de ET, relocalización de plantas y fraccionamiento de procesos productivos, condicionalidades de FMI y BM–, inciden el campo político en una función vertical: de operación y mediación del dominio y del poder de Estado y de clases. Si bien en lo económico la mundialización implica la nueva capacidad de corporaciones de operar intensiva y extensivamente a escala planetaria, en el plano político redefine el ejercicio desigual de la soberanía y hace del Estado nación un actor fundamental. Así, se reproduce la contradicción entre lo económico y lo político. Por un lado, el capital busca borrar fronteras; por otro, la mundialización sólo podrá seguir avanzando apoyada por el Estado nación. En sus conclusiones, sostiene que, en contra de la imagen de una suerte de atomización del poder político, los nuevos actores y las nuevas redes responden a una lógica de poder político altamente concentrado que tiene su sede en los Estados centrales y que alcanza a los Estados dependientes y los núcleos que detentan el poder. Las fracciones burguesas que hegemonizan la mundialización no están por el debilitamiento del Estado, sino procuran su fortalecimiento con funciones diferenciadas. En el centro se busca reafirmar su fuerza para imponer las pautas de la reorganización del sistema mundo, usando para este fin a los organismos financieros internacionales, las ET, el capital financiero, las nuevas redes de comunicación e, incluso, las operaciones militares directas. En la periferia, el reforzamiento estatal con soberanía restringida busca mayor eficiencia no sólo administrativa sino, principalmente, política para disciplinar a los asalariados y reestructurar la economía en función de los intereses hegemónicos locales e internacionales. Finaliza afirmando que el capital rompe fronteras y debilita soberanías, pero establece espacios estatales y territoriales donde asentar sus beneficios, propiciando polarizaciones sociales nunca antes vistas. Nicos Poulantzas, en su libro: Las clases sociales en el capitalismo actual19, expresa tesis afines a este enfoque teórico sobre el Estado contemporáneo. Al respecto, sostiene que: "La internacionalización actual del capital no suprime ni se salta los Estados nacionales... Estos Estados toman ellos mismos a su cargo los intereses del capital imperialista dominante en su desarrollo en el propio seno de la formación "nacional", a saber, en su interiorización compleja en la burguesía interna que domina... Este sistema de interconexiones está fundado sobre una reproducción inducida de la forma del poder imperialista dominante en cada formación nacional y su Estado propio... La reproducción internacional del capital ...se apoya en esos vectores que son los Estados nacionales, procurando cada Estado fijar en él un momento de tal proceso."20 Posteriormente, añade: la internacionalización actual del capital y la emergencia de "gigantes multinacionales" en sus relaciones con el Estado no pueden ...plantearse en términos de dos entidades poseyendo poder y redistribuyéndoselo. Sostener ...que cuanto más aumenta y se concentra la "potencia económica", más "poder le quita al Estado es desconocer ...que (el Estado) interviene de manera decisiva en dicha concentración. Este proceso actual no merma en nada el poder dominante del Estado en el estadio capitalista monopolista"21. Concluye expresando que la tendencia dominante es que el Estado nacional se transforma en su interior con el fin de hacerse cargo de la internacionalización de las funciones públicas con respecto del capital22. Estrategias alternativas frente al proceso de mundialización La mundialización profundiza las desigualdades sociales y regionales, y la vulnerabilidad a las crisis. Ha incrementado el poder de las corporaciones multinacionales, de los manipuladores de mercados de divisas y organizaciones internacionales a expensas de los gobiernos, de los electores y del proceso democrático. Hoy en día, los operadores de mercado ejercen más control sobre los mercados de capitales que los bancos centrales. El protagonismo ha pasado del capital industrial y servicios a las operaciones financieras con ánimo de lucro a corto plazo, derivando sus beneficios de la especulación más que de la inversión a largo plazo. La liberalización del mercado de divisas y apertura de las bolsas de valores, que se han llevado a cabo en países en vías de desarrollo, debido a la presión del FMI o para atraer inversiones extranjeras, ha sido precipitada y carece de una base institucional adecuada. El sistema bancario, la organización bursátil y las reglas que rigen el crédito carecen de seguridad. Por otra parte, en un contexto de crisis financiera (como la que vivió México en 1995, las que posteriormente padecieron: Brasil, Argentina y los países asiáticos), la liberalización de los mercados financieros dio lugar a una retirada masiva de capitales con las consecuentes y graves desvalorizaciones, un recorte profundo del crédito, un fuerte incremento de la deuda y una caída en el producto nacional y el empleo. Careciendo de la seguridad de que los gobiernos, tomando medidas de común acuerdo, son capaces de detener la recesión, la crisis que atraviesa un grupo de países puede ser transmitida inmediatamente a otros por medio de la especulación; no obstante, el hecho de que posean una sólida base económica. En una economía multinacional, la pugna por la inversión directa ha conducido a que los gobiernos tiendan a gravar menos los capitales, optando en su lugar por gravar más el trabajo y el consumo (por medio de impuestos como el IVA). También, en numerosas naciones han disminuido los salarios reales, es decir, se ha recortado el costo social del trabajo haciendo caso omiso de que dicho costo se ha visto más que compensado por incrementos en productividad. El recorte de las prestaciones sociales por razones de competitividad degrada el trabajo y la calidad de vida y, por otra parte, hace que la demanda disminuya, a menos que el recorte se vea compensado de alguna forma. Solamente en algunos países se han tomado ciertas medidas fiscales para detener la degradación del medio ambiente. La paradoja que conllevan esos efectos negativos de la mundialización <%-2>estriba en que el bloqueo del crecimiento en los países menos desarrollados actúa como freno a la<%0> prosperidad de los países desarrollados. En los años ochenta, la globalización fue impulsada por gobiernos de las naciones industrializadas (Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón) dominados por fuerzas políticas de derecha que impusieron un paradigma ultraliberal. Las inquietudes en torno a la democracia, a la solidaridad social y al medio ambiente eran cuestiones de menor importancia en el programa neoliberal. La creciente integración de los mercados financieros, fueron vistas como un proceso o una capacidad para llevar a cabo "cualquier cosa en cualquier sitio" con ánimo de acrecentar el lucro de las corporaciones multinacionales. La desrregulación fue el concepto clave. Hoy esa fe ciega en el mercado está perdiendo apoyo en la opinión pública. Poco a poco se ha pasado a considerar que la democracia, la transparencia y la cohesión social son factores de un valor incalculable en esta época de globalización que atravesamos. Estos valores son esenciales para la estabilidad social y económica. Existe un amplio consenso de que cualquier alternativa al modelo neoliberal incluye como un aspecto sustancial una reorientación de la política económica; una expansión del mercado interno, del empleo, del ingreso y de la planta productiva; el fomento a sistemas agrícolas e industriales adaptados a nuestras condiciones nacionales y en el equilibrio con el medio ambiente; y, en suma, una forma distinta de articulación de nuestras economías con la economía mundial, preservando el control y regulación nacional sobre los sectores estratégicos al mismo tiempo que se impulsan transferencias tecnológicas e incrementos de productividades que permitan la creación de ventajas comparativas dinámicas en ciertas área y ramas de la producción. La comunidad internacional se ve hoy enfrentada a la necesidad de definir nuevas reglas y exigir el predominio de la política sobre la economía. Es preciso crear nuevas instituciones internacionales que regulen a las corporaciones multinacionales y defiendan los derechos humanos. El riesgo de que una parte del planeta se vea excluida del desarrollo y del progreso es mayor que nunca. No es aceptable que el 86 por ciento del consumo mundial sea monopolizado por un 20 por ciento de la población. Es urgentemente necesario buscar políticas redistributivas a escala global. ¿Qué equilibrio podría haber en un mundo en el cual sólo "Occidente", reducido al sentido más estrecho de la palabra, es decir Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón se beneficiaran de la riqueza y la estabilidad? El gran desafío está en ser capaces de impulsar la regulación de la sociedad y de la economía globales. En otras palabras, internacionalizar la regulación de la economía mundial. Adoptar una plataforma de acción orientada a la creación de un sistema global de responsabilidad colectiva. Un sistema capaz de combinar una economía global con justicia en las relaciones económicas internacionales entre las diferentes regiones del mundo, con la preservación de la cohesión social de nuestras colectividades, con la protección del medio ambiente y la capacidad de promover el bienestar de nuestras sociedades. Se requiere relanzar la agenda multilateral para la reforma del sistema financiero internacional. Se deben reorientar las funciones y políticas del Banco Mundial y del FMI. Es necesario un mayor grado de información respecto a su gestión y más control político sobre sus decisiones. Igualmente necesario es modificar el sistema de atribución de derechos especiales de giro, para beneficiar a los países menos desarrollados. Se requiere, además, que el Fondo adopte una nueva estructura de condiciones para otorgar ayuda, porque hay países que la requieren urgentemente y las condiciones no pueden basarse sólo en requisitos financieros, sin considerar las necesidades económicas de esos países y, sobre todo, la necesidad de adoptar medidas en el área social, educativa, de capacitación, de salud, urbanización y protección del medio ambiente. Estos son requisitos básicos que el FMI y el Banco Mundial, en particular, deberían considerar, en vez de imponer condiciones relacionadas con la hacienda pública o las tasas de inflación; los únicos que estas instituciones suelen imponer a las naciones a las cuales intentan asistir. Reformar las instituciones de Bretton Woods debe transformarse en uno de los objetivos más importantes. Finalmente, establecer un código de conducta y de responsabilidad social a las empresas multinacionales, con el objeto de salvaguardar los derechos laborales, ambientales, de género, culturales y el adecuado papel del Estado en la conducción económica. La Organización Mundial de Comercio y los tratados comerciales regionales y/o bilaterales como el TLCAN y el TLCUEM requieren una cláusula social de observancia obligatoria. La cláusula social debe establecer la obligación de respetar los derechos sociales. La libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva, a la huelga, a combinar el libre comercio con el comercio justo, implica también globalizar la democracia y el respeto por los derechos humanos. Para lograr este objetivo se requiere de instituciones regionales no sólo orientadas al libre comercio, sino verdaderamente dedicadas a la integración social, política y económica. Deben ser capaces de cooperar en un mundo donde cada región sea capaz de salvaguardar su propio modelo social y fomentar el desarrollo económico.
* Director del Instituto de Estudios de la Revolución Democrática. Profesor de la Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México. 1 Globalización y Desarrollo, Secretaría Ejecutiva de la CEPAL, 9 de abril de 2002. Vigesimonoveno periodo de sesiones. Brasilia, 6 al 10 de mayo de 2002. 2 Soria, Víctor, "Algunas implicaciones teórico empíricas del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica", en: Vidal, Gregorio (coord.), México en la región de América del Norte problemas y perspectivas, UAM-Miguel Ángel Porrúa, México, 2004. 3 Perroux, F., L’économie du XX ème siècle, PUG, Grenoble, 1991. 4 Soria, V., o. c., p. 40. 5 Ibid., p. 42. 6 Ibid., p. 42. 7 Ibid., p. 43. 8 Vuskovic Pedro, "Debates actuales sobre el desarrollo industrial de América Latina", en: Revista Economía de América Latina, No. 12, 2do. semestre de 1984, CIDE, México, 1985. 9 Tesis que fue analizada por Aníbal Pinto en su ensayo: "Concentración tridimensional del progreso técnico y de sus frutos en el desarrollo latinoamericano", en: Pinto, Aníbal, Inflación raíces estructurales, FCE, México, 1973. 10 Vuskovic, P., o. c., p. 29. 11 Como referencia destaco las aportaciones de: Sunkel y Paz, El Subdesarrollo Latinoamericano y la Teoría del Desarrollo, Editorial Siglo XXI, México, 1981; Rodríguez, Octavio, La Teoría del Subdesarrollo de la Cepal. Editorial Siglo XXI, México, 1986; Vuskovic, Pedro, Debates actuales sobre el desarrollo industrial de América Latina; González Vigil, Fdo, Reestructuración internacional e industrialización periférica, en: Revista Economía de América Latina, No. 12, 1984, CIDE; Vuskovic, Pedro, "La crisis actual y el futuro de América Latina", en: Economía de América Latina, No. 15, CIDE, 1986; Foxley, Alejandro, Experimentos neoliberales en América Latina, FCE, México, 1988; Méndez, Sofía (Comp.), La crisis internacional y la América Latina, FCE, México, 1984; Saxe-Fernández, John (Coord.), Globalización, crítica de un paradigma, Plaza Janés, México, 1999. 12 Beck, Ulrich, ¿Qué es la globalización?, Paidós, Barcelona, 1998. 13 Ibid., p. 16. 14 Ibid., p. 17. 15 Ibid., p. 18. 16 Ibid., pp. 19-21. 17 Ibid., p. 22. 18 Osorio, Jaime, El Estado en el centro de la mundialización, Fondo de Cultura Económica, México, 2004; especialmente, el Capitulo VI. 19 Poulantzas, Nicos, Las clases sociales en el capitalismo actual, Editorial Siglo XXI, México, 1976. 20 Ibid., p. 69. 21 Ibid., p. 76. 22 Ibid., p. 77.
|