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Movilización ciudadana en defensa de la democracia y el sufragio popular La sucesión presidencial adelantada impacta la coyuntura política y económica de nuestro país. Hoy, más que nunca, existe una abierta confrontación entre el proyecto de nación de la izquierda y el del neoliberalismo, así como un intenso debate sobre el futuro de México. No podría ser de otra manera. La consolidación de la democracia requiere de la participación de la ciudadanía en el análisis de las propuestas que promueven las diversas fuerzas políticas en defensa del sufragio popular. La posibilidad de desaforar al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, por una minucia legal, mostró la tentación represiva y autoritaria del gobierno y sus aliados. La Presidencia de la República, así como las fuerzas conservadoras aliadas, ante la posibilidad de una verdadera alternancia y una real oportunidad de cambio de política económica y social, buscaron asegurar la continuidad del proyecto neoliberal y trataron de impedir que el pueblo elija en forma libre a sus gobernantes. Esta pretensión continuista se confirma con las recientes declaraciones del presidente Fox durante su gira por Rusia, al anunciar que apoyará con los medios a su alcance al candidato presidencial del PAN. El intento del desafuero fue resultado de diversas anomalías y atropellos jurídicos. Además de las distintas lagunas legales que se observan, se advirtió el uso abusivo del poder para llevar este asunto hasta una condición de conflicto político de gran magnitud. Diversos juristas coincidieron en que no había materia para llegar a los extremos del desafuero; sin embargo, las posiciones del gobierno federal avanzaron hasta llegar a la confrontación total. Frente a esta condición, las fuerzas populares se aliaron para defender el derecho a un proceso electoral democrático, abierto y transparente, conformando una estrategia de defensa, a través de un plan nacional de resistencia que apenas esbozaba sus primeras medidas. Desde hace muchos años, una de las formas de protesta de la ciudadanía es la manifestación de sus puntos de vista en marchas y concentraciones en los diversos espacios públicos, pero cuando una marcha se asume de manera silenciosa rememora tiempos y personajes diferentes y sale a las calles con un ánimo y elocuencia inusual, como se expresó el 24 de abril, señalando los deseos, expectativas y aspiraciones de país y sociedad que se quiere y la fuerza moral que trae consigo la acción colectiva. El episodio que hemos vivido en los meses recientes da cuenta de diversas expresiones de la política nacional. La movilización ciudadana, expresión del sentimiento mayoritario de la sociedad, señala el enorme desencanto de una alternancia sin dirección, sin plan, sin memoria nacional y con pocos recursos políticos para afianzar los escasos logros de un gobierno improvisado que no ha cejado en profundizar las medidas neoliberales. Por otra parte, este hecho social muestra el rechazo a un gobierno que nunca respetó los sentimientos de la nación (parafraseando la magistral expresión de José María Morelos), defiende a las corporaciones transnacionales y se niega a reconocer y corregir sus errores. La votación del desafuero en la Cámara de Diputados mostró la alianza de los grupos en el poder, el PRI y el PAN. Asimismo, evidenció la presión que han ejercido sobre las diversas instituciones públicas, su sentido patrimonialista y centralista y la falsedad de su discurso sobre la supuesta defensa del "Estado de derecho". La canallada que se preparaba no sólo era en contra de un hombre que aspira legítimamente a representar los intereses ciudadanos y contra el PRD, la principal fuerza democrática y de izquierda de este país. La escalada represiva estaba a punto de desbordarse y convertirse en un conjunto de actos autoritarios que podrían haber conducido a la suspensión de las garantías individuales y la ruptura del orden constitucional. Por ello, el aspecto más trascendental de las históricas jornadas de abril fue, sin duda, que la gran participación de la ciudadanía ante el llamado a la movilización en defensa de la democracia logró preservar las instituciones de la república y mantener viva la esperanza en un cambio, por medio del sufragio popular, en forma pacífica y con apego a las normas constitucionales. Los distintos análisis, discursos y reflexiones que integran este número nos permiten analizar lo que se anuncia en el futuro inmediato y evaluar las alternativas para los ciudadanos que aspiramos a una sociedad más democrática. No es suficiente con reconocer que los otros, los adversarios, las fuerzas conservadoras, están equivocadas y pueden conducir al país al desfiladero. Se requiere repensar lo que se tiene, lo que se quiere y lo que se ha vivido; la experiencia de la lucha social y de la oposición, las aspiraciones colectivas y democráticas; los logros obtenidos y los diversos episodios que nutren nuestra historia y cultura política. El futuro inmediato que viviremos los mexicanos se mostró en este importante episodio de la vida nacional. Los actores serán los mismos y cada uno de ellos ha mostrado ya sus rasgos y estilos con los cuales actuará. El verdadero cambio económico y social está en marcha y las fuerzas democráticas debemos actuar con mayor cautela sin abandonar la iniciativa y sin renunciar a la movilización. El cambio de piel no modifica las entrañas de la fiera. Como señala, acertadamente, Álvaro Arceo en su artículo que reseña el proceso que llevó a que el ejecutivo federal desistiera del intento de desafuero: "nosotros, juntos, también somos más que capaces de detener a quienes son capaces de todo. Somos más, tenemos la razón, tenemos la decisión. ¿Quién nos para?" Jorge A. Calderón Salazar y Alejandra Tello Mondragón |