La transformación del Partido de la Revolució Democrática*

Introducción

El presente escrito es resultado de los debates que se realizaron en la Subcomisión para la Transformación del PRD, entre octubre de 2004 y abril de 2005. El grupo de discusión estuvo formado tanto por algunos compañeros que no forman ni han formado parte del PRD como por militantes y dirigentes del partido. En dichos debates se manifestaron, sobre todo por parte de quienes no son miembros de nuestra organización, un conjunto de críticas al PRD. Después de valorar estas críticas se pasó a buscar sus causas, que se ubicaron tanto en los problemas de la izquierda mundial como en la situación nacional y la historia de las izquierdas mexicanas. Finalmente, se señalaron algunas propuestas para presentarse al Congreso Nacional con el objetivo de que éste adopte un conjunto de medidas. Dichas propuestas no pretenden resolver, automáticamente, la crisis del partido, sino ayudar a que sus miembros y dirigentes encaucen sus reflexiones en torno a un conjunto de asuntos que no han sido tomados en cuenta. Se trata, entonces, de un planteamiento que tendría que convertirse en una práctica cotidiana de largo plazo.

Los participantes reconocieron en todo momento la importancia del PRD como un instrumento para la disputa política. Se consideró que el partido se ha convertido en una verdadera opción política en la lucha electoral frente al PRI y el PAN. También se reconocieron los aportes a la lucha democrática y contra el neoliberalismo que, en distintos momentos, han aportado los miembros de nuestro instituto político. Finalmente, se señaló la necesidad de que las izquierdas cuenten con un partido político capaz de recoger las demandas sociales y transformar al país.

A pesar de sus fallas y errores, la presencia y fortalecimiento de las izquierdas a nivel mundial y en México, en particular, resulta imprescindible para modificar las políticas que agravan la desigualdad y la inequidad entre las personas y los países, construyendo propuestas alternativas que reconozcan la integridad de los derechos ciudadanos y fortalezcan la democracia como forma de gobierno y como forma de vida. Para ello la izquierda tiene que retomar lo mejor de su herencia histórica, adquirida en muchas décadas de lucha social y las esperanzas de amplios sectores de la sociedad. Ello le permitirá participar en la búsqueda de nuevos caminos realistas y viables de transformación.

Ninguna de las tesis o propuestas contenidas en este documento pretenden dar la última palabra ni por supuesto son incuestionables. Son una aportación de un conjunto heterogéneo de personas que, no sin dificultades al principio, pudieron hacer una reflexión común sobre el Partido de la Revolución Democrática. Los participantes esperan que el trabajo sea de utilidad para convencer al conjunto del partido y sobre todo a sus dirigentes, en todos los niveles, de que el estudio, la reflexión y el debate son parte insustituible y fundamental de la vida de un partido político de izquierda. Por ello, consideran que la creación de un espacio permanente para reflexionar sobre las ideas aquí expuestas y sobre otros muchos asuntos que no fueron materia de esta comisión, resulta indispensable.

Los participantes abordaron muchos temas desde diversos enfoques. El documento final que aquí se presenta pretende ser una síntesis que plantea los aspectos centrales. Puede haber otros enfoques y otras propuestas, sin duda. Ésta es sólo una, entre varias, de las agendas de trabajo que el PRD debe tomar en cuenta. Sin embargo, los participantes llegaron a estas ideas por consenso y por ello consideran que ello le deba el valor suficiente para presentarlo como un documento de trabajo al Congreso Nacional.

Finalmente, los participantes manifestaron su disposición a seguir de cerca el debate interno y confían en que se llamará a muchos otros compañeros y compañeras, ajenos al PRD y críticos de él, para que de esta manera no sólo se beneficie el partido, sino que, además, y sobre todo, se enriquezca el diálogo entre las izquierdas, es decir, entre todos aquellos hombres y mujeres que se han opuesto a las políticas del neoliberalismo y la derecha, y se han empeñado a buscar los caminos de la transformación y el cambio.

I. Diagnóstico: La crítica del partido y de las izquierdas

El PRD ha deteriorado su imagen en los últimos años. No se trata de incidentes aislados o excepcionales, sino de conductas y hechos que constantemente se manifiestan en la vida interna del partido, así como en la actuación de sus dirigentes y de aquellos perredistas que lograron conquistar un puesto de elección popular o en la administración pública. La sociedad ha percibido ese deterioro y lo juzga a partir de los medios de comunicación, pero también de sus experiencias personales o la de sus vecinos, amigos y parientes. La crítica de la ciudadanía no es homogénea ni se remite exclusivamente al PRD. Por el otro lado, los propios militantes y dirigentes de esta organización política han hablado tanto dentro como fuera del partido de estos problemas. Algunos lo hacen con fatalidad y argumentan que son inevitables; otros insisten en tratar de erradicarlos. De cualquier manera está claro que estos problemas le restan eficacia al partido y lo alejan de su misión principal: ser un instrumento de la sociedad para el cambio del país. No se trata de proponer una crítica principista o moralista o de hacer un ejercicio gratuito de autodenigración. Se debe entender que estos problemas son graves y fundamentales y por ello afectan la naturaleza del partido. Lo desvirtúan como un agrupamiento de izquierda y se convierten en impedimentos reales para que el PRD pueda ser el vehículo capaz de impulsar la lucha por resolver los graves problemas que sufre la nación.

Cada quien puede hacer su lista de críticas y señalar muchos vicios del partido; sin embargo, pueden detectarse cuatro problemas fundamentales de los cuales se derivan probablemente todos los demás:

1) El PRD se ha separado de la sociedad. Este divorcio se da de varias maneras: por un lado, de la manera más elemental, al dejar de tomar en cuenta los intereses de la sociedad y darle prioridad a los del grupo o los personales; los dirigentes, representantes o funcionarios propuestos por el partido ya no escuchan lo que la gente dice, quiere o necesita. No hay un diálogo real entre ellos y la sociedad. Este aislamiento se refleja en conductas burocráticas y, a veces, hasta en actos de corrupción. Al convertirse en conductas reiteradas y, en algunos casos, permanentes, se provoca un fenómeno adicional y muy grave: hay una pérdida de diferencia del PRD con los otros partidos afines al sistema político, principalmente el PRI y el PAN. De manera similar a la conducta de esas agrupaciones se ha ensanchado la distancia entre la clase política del PRD y el ciudadano común pierde confianza en los partidos, la izquierda y la participación ciudadana; se aleja de toda participación política y deja de creer en que exista una alternativa de cambio. Hay pues una mediatización que inhibe la lucha social y ciudadana.

Un reflejo de estos problemas es el abandono de las demandas sociales y ciudadanas en las actividades diarias del partido. En el mejor de los casos, las agendas se limitan a planear las actividades electorales, pero cotidianamente las discusiones versan sobre los conflictos internos, las ofensas y cuentas pendientes de un grupo con otro.

2) Se han desplazado las propuestas de la sociedad en aras del pragmatismo electoral. Este pragmatismo se hace en función, en algunos casos, de una política mediática y, en otros, por un simple cálculo de rentabilidad electoral. Se ha dado prioridad a la suma de votos, sin importar el con quién y el para qué. Así, se han establecido alianzas con personas o grupos de poder en forma pragmática, sin tomar en cuenta los perfiles ideológicos o programáticos. Este pragmatismo ha llevado al fenómeno de tratar de "agarrar" todo tipo de candidatos. Una cierta dosis de pragmatismo es necesaria en la actividad política; pero cuando éste se lleva más allá de ciertos límites, el problema es que se fomentan ideas contrarias a los principios de la izquierda que, más tarde o más temprano, se volverán contra la izquierda misma.

De igual manera, al apoyar a candidatos claramente opuestos a los valores y aspiraciones del PRD, se construyen poderes personales y de grupo que se revierten contra las aspiraciones de lucha de la sociedad y contra los propósitos de la izquierda. Potenciamos al enemigo en lugar de fortalecer al sector democrático y progresista. Con ello, además, se desprestigia al PRD, pues se le vincula a tal o cual personaje que tiene una imagen de represor, de corrupto o de tener ideas conservadoras y de derecha.

3) Hay grupos dentro del partido que se han vuelto grupos cerrados, sin vínculos sociales o ciudadanos, que sólo cuidan sus intereses burocráticos. Estos grupos dominan, con frecuencia, la vida del PRD en los niveles municipales, estatales y nacionales. La existencia de grupos sin propuestas claras para la vida del partido o del país ha provocado una dinámica interna que no sólo agudiza el enfrentamiento sino que fomenta la cultura del agandalle, según la cual un grupo tiende a adelantarse a otro en alguna maniobra ilegal para evitar que sea víctima de esas maniobras. Se ha dado así una escalada de agresiones que rompen la vida institucional del partido, dan una imagen a la sociedad de un agrupamiento dividido, rijoso y dispuesto a todo con tal de ganar un puesto. Los grupos que se apropian de esas posiciones creen que le deben ese puesto a los miembros de su propio grupo. Con ello, se alientan las tendencias patrimonialistas que ven al partido y, luego, a los puestos en el Poder Legislativo o en la administración pública, como "botines" de grupos cerrados que tratan de imponer un monopolio de las candidaturas a los puestos de representación. Todo ello fomenta la falta de transparencia y la ausencia de prácticas que permitan la rendición de cuentas a los ciudadanos.

4) Falta de evaluación de los gobiernos emanados del PRD. Los candidatos propuestos por el partido que acceden a un puesto de representación popular llegan frecuentemente, sobre todo en los ayuntamientos y los congresos locales, sin preparación, sin proyecto y sin propuestas. Ello, sobre todo, porque el partido no ha elaborado y no les proporciona ninguna de esas tres cosas. Son muy escasos los cursos de educación política y aún más los que destinan a preparar a los cuadros de gobierno o legislativos. Esta tarea, que tuvo a nivel municipal cierta importancia en los primeros 8 o 9 años de vida del Partido, se eliminó casi totalmente en el último quinquenio. Pero en el caso de lo diputados locales o federales, la labor ha sido todavía más escasa. De la misma manera, los proyectos de agenda legislativa o los planes de gobierno se elaboran en el mejor de los casos a nivel personal, pero no hay una instancia partidaria que los sancione o enriquezca.

Finalmente, y quizás lo más importante, la labor legislativa o de gobierno no es evaluada o revisada sistemáticamente por el partido. Sin una guía objetiva de evaluación, los diputados o gobernantes surgidos del PRD difícilmente pueden corregir el rumbo o mejorar su actuación y al carecer de prioridades o ejes de trabajo, también pierden eficacia. Así, en muchos casos, el ejercicio del gobierno de los perredistas no se distingue de otros partidos, no hay políticas de cambio y los gobiernos se han conformado con administrar siguiendo más o menos las mismas pautas del pasado. En algunas ocasiones, incluso, ha habido gobiernos repudiados por la población o que han caído en prácticas de corrupción.

II. Las razones

A. La zozobra de las izquierdas en el mundo

5) Las izquierdas. Muchos de los problemas que sufre el PRD los padecen otros partidos de izquierda en América Latina y otras partes del mundo, sobre todo de Europa. Ello quiere decir que la izquierda o las izquierdas en el mundo sufren de problemas similares porque hay razones que las abarcan a todas. Para entender estos problemas debe reconocerse, en primer lugar, que siempre ha habido una gran diversidad dentro de la izquierda. A lo largo de su historia y en todos los países han existido diversas corrientes y expresiones de izquierda; este ha sido también el caso de México. Por ello, una primera reflexión para entender los problemas del partido es reconocer precisamente la existencia de las izquierdas y abandonar definitivamente la idea de que sólo hay una izquierda.

6) Rezago programático. Como resultado del avance del neoliberalismo y de la caída de los regímenes así llamados socialistas, particularmente la URSS, y de la quiebra de muchos programas del Estado de bienestar. Las izquierdas adoptaron una actitud básicamente defensiva y de esta manera se han convertido más en guardianes de lo viejo, sobre todo de las políticas sociales del Estado de bienestar, que en promotores y constructores de nuevos proyectos de futuro. Más o menos por las mismas razones, la derecha se apropió del cambio. Las reformas del capitalismo aparecen ahora como iniciativas de la derecha, mientras la izquierda se opone a ellas sin, muchas veces, tener una alternativa propia. Por ello, esta situación exige una reflexión más profunda de la que se ha hecho hasta hoy, sobre los fundamentos programáticos, teóricos e ideológicos de las izquierdas.

7) Falta de autocrítica. Esta falta de reflexión también se ha reflejado en la falta de autocrítica de las izquierdas. No han hecho un ajuste de cuentas con su propio pasado, el fracaso del socialismo real y los cambios ocurridos con la nueva etapa del capitalismo: la globalización neoliberal. De manera particular, la izquierda mexicana, por ejemplo, cambió el "viejo ropaje socialista" por una nueva "vestimenta democrática" sin que mediara una reflexión sobre las causas del naufragio del ideal socialista y de su impacto en nuestra cultura política. Esto ha conducido a generar dudas y confusiones sobre los valores y proyectos que la izquierda debe representar en el siglo XXI.

8) Nostalgia por el viejo Estado nación. Entre las nuevas realidades que la izquierda debe reconocer está la reestructuración del viejo Estado nación del siglo XX y la existencia de una realidad distinta. El Estado nación, tal como lo conocimos en su concepto y su práctica, carece hoy de la soberanía que proclama. Existen en la actualidad fuerzas más poderosas sin fronteras (financieras, militares, tecnológicas, informáticas) que influyen sobre dichos Estados y que se sostienen en un incisivo y fluido poder global que no pasa por la democracia. Situarse en este nuevo plano de la realidad del siglo XXI podría conducir a un desarrollo programático y a una actividad política más realista y, al mismo tiempo, más eficaz para que las izquierdas puedan encabezar la transformación de la sociedad en un sentido completamente opuesto a los del neoliberalismo.

B. Los problemas de las izquierdas mexicanas agrupadas en el Partido de la Revolución Democrática

Además de las fallas de las izquierdas del mundo, las mexicanas tienen su propia historia y sus propios rasgos. Son razones propias de nuestra realidad, lo que no disminuye ni atenúa su gravedad pero permite explicar mejor las causas de su arraigo.

9) Así, la separación del partido de la sociedad tiene causas que no se limitan a la vocación burocrática de los dirigentes perredistas. Hay, en realidad, fuerzas muy variadas que ayudan a explicar esta situación:

a) Hay causas históricas: la larga hegemonía del PRI sobre la política mexicana produjo una cultura política basada en el clientelismo, el corporativismo, la corrupción y el autoritarismo. Esta cultura política se ha basado en el pragmatismo y en la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace. También ha fomentado la compra de voluntades como el método principal para asegurar lealtades y adhesiones políticas; y maniobras como el fraude, el madruguete y violaciones de las leyes para ganar posiciones políticas. Todas estas formas de hacer política han contaminado a la cultura de la izquierda que siempre había sustentado otros principios. Tal parece que, en la competencia por el poder, la izquierda aceptó las reglas del juego del adversario.

b) La gestión del poder (el desgaste del ejercicio de gobierno) en las condiciones actuales lleva también hacia una separación del partido y la sociedad en la medida en que esta gestión se da en condiciones desventajosas para un proyecto de cambio. La imposibilidad de solucionar problemas ancestrales; la ejecución de políticas públicas que, en muchos casos, sólo atenúan la pobreza, la exclusión y la marginación, si no se explican y se fomenta la participación ciudadana, lleva a un franco desencanto de la población. Por otro lado, la competencia política y las ofensivas mediáticas, en muchas ocasiones con el único interés de desprestigiar a un gobierno de izquierda, debido a los intereses económicos de quienes controlan esos medios, también debilita la imagen de un gobierno honesto y progresista.

c) Finalmente, hay también razones coyunturales. La enorme torpeza y la falta de voluntad del gobierno de Vicente Fox de apoyar la transición democrática y su obsesión con acabar con el PRD y, en particular, con Andrés Manuel López Obrador, han conducido al PRD a una estrategia casi permanente, sobre todo después del 2003, de disputa política con el Presidente. Casi forzados por esta circunstancia, el PRD no ha encontrado ocasiones propicias para la discusión de los programas y propuestas ni al interior del Partido ni en los foros públicos. Ello, en condiciones de una transición incipiente a la democracia, ha provocado que la lucha política aparezca ante la población como una pugna por el poder sin más, es decir, sin que se conozcan los proyectos en disputa que sostienen las diversas fuerzas políticas.

d) Por su parte, el pragmatismo de la izquierda política se ha extremado debido a que la conquista de espacios políticos y la confrontación política, por la vía electoral bajo las reglas actuales, ha llevado varias veces al partido a pactar alianzas con aquellos que se alejan por razones oportunistas del poder y del PRI, con el objeto de ganar votos y elecciones a toda costa. Las disputas electorales, en un momento de transición todavía incipiente, se reflejan en constantes rupturas dentro de los partidos políticos y en alianzas poco sólidas y duraderas que se establecen con base en un mero cálculo de beneficios electorales; y, aunque el purismo ideológico y el sectarismo, otras herencias de la izquierda no representan una alternativa al pragmatismo, también es cierto que el PRD se ha dejado guiar muchas veces por la cosechas de votos y no por la trayectoria de los candidatos o los programas que defienden.

e) Finalmente, hay que reconocer que la conquista de espacios de poder crea intereses de grupo y genera una dinámica de lucha por el poder por el poder mismo. El PRD ha creado su propia clase política, una burocracia que vive de los puestos políticos y que se ha agrupado más por razones de interés propio que por coincidencias ideológicas. Esta burocratización es más fuerte en un país que ofrece muy pocas posibilidades de superación en otras actividades profesionales o económicas. Si a ello agregamos los pocos esfuerzos que se han hecho por la formación de cuadros y por fomentar la discusión política, el resultado es una clase política que acepta con prontitud y mucha facilidad la disputa política facciosa y sin principios.

10) La existencia de estos grupos de interés dificulta la transformación del PRD. Establecen redes de complicidad y tienen prácticas clientelares con distintos grupos de la sociedad. La existencia de grupos de interés o tribus dentro del PRD se da sobre la base de lealtades más que de afinidades políticas o ideológicas. A ello hay que agregar la falta de una democracia institucional y una cultura política muy pobre que pone el acento en la lucha por los puestos y no en el debate programático.

11) Por su parte, el ejercicio de los gobiernos perredistas ha caído presa, en varios casos, de las dinámicas burocráticas. Esto se debe, en primer lugar, a que no existe una evaluación sistemática y objetiva de su desempeño. El Partido no ha creado los instrumentos y los espacios para realizar este trabajo, por lo que ni los funcionarios de origen perredista ni sus militantes han discutido los avances y los errores de estos gobiernos. En muchas ocasiones tampoco la sociedad civil tiene mecanismos para esta evaluación ni hay mecanismos de diálogo para que pueda hacer oír su voz. Si a esto agregamos que el PRD no ha generado una línea programática o un programa de gobierno que permita orientar el desempeño de los funcionarios, el resultado es que los gobiernos electos bajos las siglas del PRD sólo atienden la crítica que está sujeta al juego mediático y a la disputa política. Frente a un entorno hostil derivado de la acción de grupos de poder, empresarios, caciques, PRI, PAN y de presiones de grupos sociales, esto refuerza muchas veces una dinámica autoritaria.

III. Las propuestas: Cómo transformar al partido

12) Para transformar al partido y renovarlo se debe partir de una definición sobre sus objetivos. Proponemos como objetivo central construir una mayoría social y política de las izquierdas capaz de realizar los cambios que requiere el país. Esta mayoría no puede verse sólo como una mayoría electoral. Se trata de construir una mayoría participativa, organizada y capaz de hacer oír su voz en las definiciones de las políticas públicas y en el rumbo de los gobiernos. Esta mayoría se construye a través de las campañas electorales y ganando votos para los candidatos, pero también cuando los dirigentes partidistas y los gobiernos de origen perredista establecen una relación con la ciudadanía que no está basada en el clientelismo ni en acciones autoritarias, sino en principios diferentes.

13) En el caso del PRD estos principios y acciones residen en:

a) Establecer un diálogo permanente entre el partido y la sociedad.

b) Fomentar y apoyar acciones que permitan la recuperación de los tejidos sociales. Eso significa, en otras palabras, restaurar el poder desde abajo.

c) Conjugar esfuerzos para la creación de una sociedad autónoma, capaz de auto organizarse y ser autogestiva.

d) Poner el registro del partido al servicio de la sociedad. El PRD debe postular candidatos ciudadanos, pero ello debe ser resultado de un pacto donde se establezcan compromisos mutuos, muy claros, sobre las agendas legislativas y de gobierno.

e) Además, el partido debe ser una llave de acceso para que los distintos sectores de la sociedad puedan plantear sus demandas y propuestas ante los gobiernos y a las instancias legislativas.

14) El PRD está obligado también a abrir un debate sobre la vía electoral en México y evaluar sus costos y beneficios. No se trata de entrar a una discusión infructuosa sobre si el partido debe o no participar en elecciones. Se trata de algo distinto: la necesidad de mantener la vía electoral como la vía principal de acceso al poder pero haciendo compatible una serie de principios como:

i) La dimensión ética de la política.

ii) Los valores de la tolerancia, el reconocimiento de la diversidad y la pluralidad política.

iii) Practicar una política que sea al mismo tiempo radical y reformista.

También debe llevar a una reflexión y a un diálogo más amplio con las izquierdas que no participan (aunque muchas de estas izquierdas no se opongan) a la vía electoral y plantearse la posibilidad de una política de alianzas en la que se pueda conciliar o combinar con otras opciones políticas que basan su actuación en la lucha social o ciudadana.

Por ello, proponemos que el PRD construya un espacio de diálogo permanente con los diversos actores sociales. Este diálogo deberá establecerse en todos los niveles de dirección del Partido. En este espacio deberá darse preferencia a las organizaciones sociales y ciudadanas. Se trata de establecer un diálogo de iguales, sin condiciones y con el propósito de escuchar y recoger las demandas y las voces de la sociedad. Una propuesta más concreta consiste en la creación de Consejos Ciudadanos municipales, estatales y nacionales en los que este instituto político y los representantes de la sociedad civil puedan establecer un diálogo directo.

15) Al mismo tiempo, el PRD debe reconocer que existe un retraso conceptual en sus reflexiones y programas. De ahí la necesidad de abrir un espacio sobre la discusión programática que sea permanente para que el debate se actualice y se renueve constantemente. La definición de un programa de las izquierdas es un problema conceptual pero también requiere actualizar el conocimiento y la información. Este programa debe ser congruente y ordenado, no sólo una lista de demandas o buenos deseos. Tampoco se propone partir de cero. El Programa del PRD, los trabajos realizados por comisiones similares a ésta y las aportaciones individuales de muchos perredistas, representan un valioso acervo para seguir construyendo una alternativa propia, integral y alternativa de las izquierdas.

16) El centro de este programa, que debe darle orden y congruencia no está claro y debe ser parte de un debate de mediano plazo. Algunos plantean que el eje del programa debe ser la defensa de los derechos humanos y los valores democráticos. Otros, en cambio, han señalado que los principios ordenadores del programa de las izquierdas deben ser: la lucha de clases, el medio ambiente o una nueva relación entre el Estado y el mercado. Finalmente se ha planteado que el punto de partida del programa debe ser un programa de gobierno o un tipo de Estado (como sucede actualmente, ya que el Programa actual del PRD parte de la aspiración a un Estado democrático-social).

Por ello proponemos también que el PRD abra un debate permanente sobre el Programa del Partido, que se realice mediante el fomento de los centros de investigación y formación política, así como la realización permanente de mesas redondas, conferencias y foros con especialistas, organizaciones académicas, sociales y ciudadanas. Esta actividad no debe verse como un asunto secundario o propio de un pequeño grupo. La intención debe ser incorporar al mayor número de compañeros del partido y de ciudadanos.

17) Proponemos también impulsar la discusión sobre las formas de llevar a cabo un nuevo ejercicio del poder. Desarrollar una política desde los gobiernos perredistas que promueva el cambio y no se limite a administrar la realidad. Para ello será necesario encontrar el método de trabajo para que el partido pueda hacer, de manera permanente, una crítica de los gobiernos emanados de nuestras siglas, con el objeto de mejorar su desempeño y acercarlo a la sociedad.

Una tercera propuesta consiste en que el PRD construya un espacio de evaluación permanente de los gobiernos y legisladores emanados de sus siglas. Esta evaluación debe realizarse sobre la base de consideraciones políticas y colectivas, y no personales e individuales. En este espacio deberán participar los gobiernos evaluados y se debe rechazar cualquier tentación de convertirlo en un espacio de ajuste de cuentas entre las facciones perredistas. En cambio debe darse un debate de altura, basado en datos objetivos, estudios y propuestas. Un aspecto de esta evaluación muy importante deberá considerar las formas en que los gobiernos de origen perredista establecen mecanismos de evaluación y diálogo con los sectores sociales.

18) Una última pregunta que debe ser materia de debate es ésta: ¿Cómo pueden las izquierdas convivir en una misma casa, en un mismo partido político? O, quizá, debamos de preguntarnos: ¿cómo pueden las distintas izquierdas convivir y actuar con una misma estrategia tendiente a la construcción de una amplia coalición de fuerzas, capaz de cambiar la orientación de las políticas públicas en el país? Ello llevaría a replantear el tema de la organización interna del PRD desde una visión distinta a la que ha prevalecido. Convertir a este agrupamiento en una institución confiable, con normas y reglas acatadas por todos que establezcan la unidad interna y resuelvan los conflictos, reconociendo la diversidad de las izquierdas. Ello significa construir un nuevo tipo de unidad basado en la diversidad y la diferencia.

Una cuarta y última propuesta es que el PRD pueda replantear el debate sobre la organización del partido en la perspectiva de abrir cada vez más espacios para las distintas expresiones de la izquierda mexicana. Igualmente para fortalecer su vida institucional y evitar las disputas internas.

México, Distrito Federal, abril de 2005.

¡Democracia ya, Patria para todos!

Comisión para la Transformación a fondo del PRD

Coordinación

Javier González Garza

Jorge Calderón Salazar

Saúl Escobar Toledo

 

* Documento presentado por la Comisión para la Transformación a fondo del PRD.