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Desempeño de la economía mexicana a marzo de 2005 Cutberto Ledezma Chávez* En nuestro país la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos que son aprobados anualmente por el Congreso de la Unión, la primera por ambas cámaras, y, el segundo, sólo por la Cámara de Diputados disponen que la Secretaria de Hacienda y Crédito Público debe rendir un informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública correspondiente al periodo vencido, dentro de los treinta días naturales de terminado un trimestre. En tal sentido, el comunicado de prensa de la SHCP1, del 2 de mayo de 2005, da cuenta del cumplimiento de la obligación referida. En él se exponen cifras que, de acuerdo con los indicadores coyunturales, estiman que la economía mexicana ha continuado en expansión, en un contexto de estabilidad financiera y habiendo registrado un crecimiento de 3 por ciento del PIB para el primer trimestre de 2005. Se hace hincapié que esto ha sido el resultado del ejercicio responsable y disciplinado de las políticas fiscal y monetaria, que han preservado la confianza de los inversionistas sobre el futuro económico del país. Respecto al crecimiento, es lamentable la afirmación de la SHCP de que la economía se encuentra en expansión, pues si se compara con el cuarto trimestre de 2004 (4.9 por ciento), en realidad existe una caída de 1.9 puntos, y si la comparación es con el primer trimestre de 2004 la caída es de 0.9 puntos porcentuales. Tómese la base que se quiera, en los hechos ha ocurrido una desaceleración no reconocida oficialmente, más aún cuando el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) reportó que el PIB creció 2.4 por ciento, entre enero y marzo, con respecto al mismo periodo de 20042. Tal hecho demuestra como en el discurso oficial se peca de optimismo y tal parece que hay oídos sordos que no escuchan el chirrido del freno que se le está aplicando a la economía mundial. Por desgracia, la voz de alerta no apunta hacia un solo lugar, pues nunca lo hace. Recientemente, el economista Philip Coggan afirmó en un artículo: "no olvidemos que una de las mejores medidas de la tendencia económica es el índice compuesto de indicadores líderes producido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, y el indicador global ha estado bajando desde hace tiempo, pues las cifras más recientes de marzo son escasamente positivas. A ello debe agregarse que en la última semana de abril hubo evidencia de pérdida en la confianza del consumidor y de una disminución en las órdenes de insumos de Estados Unidos, de baja en las órdenes de manufacturas en el Reino Unido, un débil sentimiento empresarial en Francia y Alemania, y una deflación continua en Japón"3. En nuestro interior quisiéramos que fuera realidad el enfoque optimista de los funcionarios hacendarios sobre el desempeño de nuestra economía, pero no es así. Ya algunos analistas han cuestionado el desbordado optimismo presidencial que no desaprovecha foro para señalar logros que sólo en el discurso oficial existen, criticando al presidente de la república de vivir en un "país de maravillas". Lo hemos dicho, no es posible compaginar una política ortodoxa que insiste en la estabilidad a rajatabla, intentando comprimir la inflación al 3.0 por ciento, reducir el déficit fiscal para alcanzar el equilibrio presupuestal, habiendo prometido como meta inicial del gobierno del cambio alcanzar una tasa de crecimiento del 7 por ciento anual. La declaración del presidente Fox en la LXVIII Convención Bancaria, celebrada en el mes de marzo en Acapulco, fue preocupante y nos ha dejado pensando, pues dice que "la economía está blindada ante los procesos electorales de 2006, por lo que estamos dando seguridad a las familias de que no se repetirán las crisis de cambio de administración que tanto nos afectaron en el pasado"4. Días después, en Palacio Nacional, ante estudiantes en la presentación del Programa de Becas del Programa Oportunidades, Vicente Fox aseguró: "el blindaje económico nacional es real y efectivo". "La economía mexicana no será sujeta (sic) de devaluaciones, no será sujeta (sic) de crisis financieras o quebrantos... Quedaron atrás las épocas difíciles en las que la crisis, el endeudamiento, la inflación y los déficit fiscales llevaron al país al estancamiento"5. Tal parece que la soberbia y el optimismo se hermanan en los presidentes de nuestro país. Recordemos que en la administración salinista y ante las críticas que en su momento formulaban los analistas sobre el desempeño de la economía mexicana, y que señalaban que estaba "prendida de alfileres", la respuesta que pretendió ser contundente sostenía: que se había reducido la inflación, recuperado el crecimiento sobre bases perdurables en un proceso gradual y sostenido y que atrás habían quedado los problemas de deuda, déficit, inflación y de crisis. Así lo afirmaba Carlos Salinas en el sexto y último informe presidencial, rendido en septiembre de 2004. Por desgracia, no tuvo que transcurrir demasiado tiempo para dar un mentís a dichas afirmaciones, pues cincuenta y dos días después, como lo sostiene Eric Villanueva en el artículo "A diez años de la crisis de 1994", publicado en este número: "en diciembre, ocurrió en México una de las peores crisis financieras y económicas de la historia del país. La devaluación del peso desencadenó una de las más agudas caídas económicas de nuestra historia. Las consecuencias permanecieron todo el sexenio de Zedillo y muchas de sus secuelas, diez años después, aún subsisten en la economía las finanzas públicas nacionales". La amarga lección que vivimos los mexicanos –y que tal parece no han aprendido los responsables de la administración federal– nos demuestra que instrumentar y seguir a pie juntillas una estrategia macroeconómica que tenga como objetivo a ultranza el control de la inflación y la fe supersticiosa en el equilibrio presupuestal, como una suerte de seguro contra la crisis, no ha probado su bondad ni por las experiencias internacionales ni por las que hemos padecido en México. Habría que señalarle a los responsables de la política económica de nuestro país, que un conjunto de ilustres economistas –Paul Krugman, Jeffrey Sachs, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo, Daniel Rodrik, Alice Amasen– reunidos en Barcelona, en septiembre de 2004, redactaron la Agenda del Desarrollo de Barcelona, en la que sugiere a los países en desarrollo aplicar políticas macroeconómicas dirigidas no sólo a abatir la inflación y lograr el balance fiscal, sino también hacia el crecimiento económico sostenido, subrayando: "Las naciones en desarrollo que esperan prosperar –señala la Agenda– deberían seguir unas políticas financieras, monetarias, fiscales y de endeudamiento prudentes. Pero una posición fiscal prudente no es lo mismo que un presupuesto equilibrado cada año, sean cuales sean las circunstancias (cursivas nuestras). Las políticas macroeconómicas anticíclicas son más eficientes y políticamente más viables. Los países en desarrollo deberían crear instituciones para hacer posibles estas políticas."6 No acabamos de comprender como es posible que se afirme que se ha preservado la confianza de los inversionistas en el futuro económico del país, cuando nos encontramos en el lugar 56, a cuatro escalones del sótano, del índice global de competitividad, según el Instituto para el Desarrollo Gerencial de Suiza; en el lugar 45, según el Organismo para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en un horizonte de 62 economías, y en el lugar 31 de un total de 45 países que, de una u otra forma, compiten con el nuestro en términos comerciales de inversión, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMC); añadiendo que los diagnósticos alertan sobre "las posibilidades, teóricamente, muy altas de terminar por espantar del país a las grandes empresas, derivando en emplazar a nuestras economías y a los consumidores a una dependencia total de productos y procesos"7. Finalmente, siendo parte de los "necios" como señala el presidente Fox a todos aquellos que hemos cuestionado la continuidad del modelo de "desarrollo", viene la recomendación que ha formulado José Antonio Ocampo, secretario general adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU acerca de que "México debe abandonar la obsesión por los resultados macroeconómicos como el combate a la inflación y dar prioridad al crecimiento estable y la generación de empleos"8. En otro apartado, el informe de la Secretaria de Hacienda señala que, de acuerdo a los registros del IMSS, se crearon 103 mil nuevos empleos en el primer trimestre de 2005. Sobre el particular, el PRD lo considera prioritario en la agenda de los pendientes nacionales. La aplicación, por parte de las administraciones federales priistas, y ahora la panista, del modelo económico neoliberal actual –lo hemos constatado todos los mexicanos– genera cada vez menos puestos de trabajo. Los empleos que se han logrado generar durante la presente administración federal no son de la calidad que la población demanda, al ser de poca paga o eventuales, sin prestaciones laborales y se ubican en sectores de servicios no muy provechosos. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) dio a conocer que en febrero de este año el personal ocupado en empresas del sector manufacturero en nuestro país se contrajo en 1.3 por ciento, que representa poco más de 90 mil plazas pérdidas en los últimos doce meses; pérdida que ya es crónica, acumulando cuatro años y medio de contracción. Este dato pone en cuestionamiento la cifra de empleos dada a conocer en el informe de Hacienda. A ello, habremos de sumar la problemática de empleo en la que se debate el mundo rural, pues en la reciente conmemoración del Día Internacional del Trabajo, el primero de mayo pasado, la Confederación Nacional Campesina denunció que 3.5 millones de jornaleros agrícolas ganan menos de un salario mínimo de 46.80 diarios, 95 por ciento del total (cinco millones) no tienen prestaciones y, por si fuera poco, durante la administración del presidente Vicente Fox se han perdido 500 mil puestos de trabajo en el campo. Finalmente, junto a las cifras dadas a conocer sobre generación de empleo, habrá de considerarse lo sostenido por el IMC acerca de que el país registra un déficit de empleo acumulado que supera los cuatro millones, lo que quiere decir que México transita por una compleja situación laboral, ya que en la presente administración la planta productiva no ha generado las fuentes de trabajo necesarias, no solo en términos cuantitativos sino también cualitativos, pues muchos de los empleos generados se han ubicado en las grandes cadenas comerciales y de comida rápida que se han instalado a falta de una política económica que promueva, aliente e impulse las inversiones en industrias de alta tecnología. El gobierno del presidente Fox, en lugar de reaccionar en forma virulenta ante la declaración del embajador de Estados Unidos cuando acusa a su administración de carecer de política económica, debería de mostrar vergüenza ante la incapacidad de los tecnócratas neoliberales para articular programas de desarrollo económico en los diversos sectores de la economía, y no haber dejado que los asuntos del desarrollo quedaran a expensas de las ideas decimonónicas que sostienen que solamente los precios y el mercado deben marcar las pautas del crecimiento, sin la intervención responsable del Estado9. Por ello, una vía alternativa de desarrollo debe integrar una política activa de creación de empleo productivo para los mexicanos, con estímulos a la inversión productiva y programas específicos que permitan a los trabajadores recuperar sus puestos perdidos e incorporarse dignamente al trabajo, mejorar sus ingresos y ejercer sus derechos. Otro de los aspectos que destaca el informe de Hacienda es que las tasas de interés en todos sus plazos continuaron incrementándose ante la mayor restricción monetaria, tanto dentro como fuera del país, y que el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores acumuló un reducción cercana al 2 por ciento en el periodo. Al respecto, conviene señalar que dentro de la estrategia monetaria del actual gobierno, las tasas de interés juegan el papel de contención de la inflación y son, junto con el "corto" (retiro de circulante del mercado), instrumentos de astringencia financiera y de desaliento al consumo; a la vez, se convierten en polo de atracción de capitales externos y provocan una apreciación de la moneda frente al dólar que resulta desfavorable para el país, porque merma la competitividad y afecta, particularmente, a las exportaciones mexicanas, es decir, el gobierno federal alienta la formación de un círculo vicioso en lugar de promover círculos virtuosos en las diferentes áreas de la economía. Además, las altas tasas de interés pasivas son causantes de los retrocesos en el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa de Valores, pues los capitales se orientan al mercado de dinero y no al mercado bursátil, que es el proveedor de capital para la operación y desarrollo de las empresas, quienes tienen que recurrir al sistema bancario, que casi en su totalidad se encuentra en manos del capital foráneo y que ha elevado sus tasas activas en niveles que hacen prohibitivo el crédito. Señala el reporte trimestral de Hacienda que el financiamiento bancario directo al sector privado creció a una tasa de 30.2 por ciento. Al interior de este rubro, destaca el crecimiento del financiamiento a los hogares, el cual se orientó al consumo y a la vivienda, con crecimientos de 44.2 y 34.5 por ciento, respectivamente. Si bien, en una economía sana habría que reconocer el repunte del financiamiento bancario, el riesgo que representa el crecimiento del crédito al consumo en nuestro país ha sido preocupación de diversos analistas que han advertido sobre el riesgo de que estén incubándose problemas de cartera vencida, sobre todo en el rubro de las tarjetas de crédito, pues los particulares acusan una morosidad que se acerca al 60 por ciento en los primeros cuatro meses del año en curso. En cuanto a la evolución de la deuda pública neta como proporción del PIB, nos dice el informe, que se ubicó en 24.2 por ciento, nivel mayor en un punto porcentual al observado al cierre de 2004. Desglosando, tenemos que, al cierre del primer trimestre de 2005, el saldo de la deuda pública externa neta fue de 78 mil 592 millones de dólares, nivel superior en 601 millones de dólares al observado al cierre de 2004. Por otra parte, la deuda interna neta al cierre del primer trimestre de 2005, arrojó un saldo de un billón 32 mil millones de pesos, cifra superior en mil 702 millones de pesos a la observada en cierre de 2004. Desde que, en 1998, el gobierno del presidente Zedillo decidiera la sustitución de contratación de deuda externa por interna, la política de la actual administración no ha hecho sino seguir ese mismo camino en la política de deuda pública, contratando un mayor número de pasivos en el mercado local y menos en el exterior. Así, tenemos que la sustitución de endeudamiento externo por la emisión de deuda en el mercado local ha consolidado al gobierno federal como el mayor demandante de los recursos financieros disponibles en el país. Esto, que fue reconocido en la mesa de deuda pública de la Convención Nacional Hacendaria, realizada el año pasado, constituye una competencia para las empresas, que deben pagar un mayor costo por el financiamiento. En todos los foros en los que se presenta, el presidente Fox condena a los gobernantes que utilizan los recursos públicos en obras de "relumbrón" sólo para quedar bien –en una velada referencia a la administración de López Obrador, quien si ha hecho su tarea al lograr un desendeudamiento neto por 744.7 millones de pesos– y para que al final la sociedad tenga que pagar los platos rotos. Olvida que, si hubiera costos que pagar, mucho se lo deberemos a su administración que en sólo cuatro años y medio ha elevado el saldo de la deuda interna de 675 mil 190 millones de pesos, en diciembre de 2000, a un billón 32 mil millones de pesos en instrumentos de deuda gubernamental en circulación consolidados al cierre del primer trimestre de 2005, lo que representa un incremento de 357 mil millones de pesos, 53 por ciento del total. Conviene señalar que el saldo de la deuda externa, en diciembre de 2000, fin de la administración del presidente Zedillo, alcanzó la cifra de 94 mil 789 millones de dólares y el saldo al primer trimestre de 2005 se situó en 78 mil 592 millones de dólares, nivel inferior en 16 mil 197 millones de dólares respecto al observado en diciembre de 2000, pero superior en 601 millones de dólares al saldo observado en el cierre de 2004. A esta carga, que actúa como lastre en la economía nacional, le tendremos que sumar el monto de los pasivos a cargo del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario que, al 31 de diciembre de 2004, importaban la cantidad de 748 mil millones de pesos, integrados con pasivos a corto plazo (un año) por 120 mil millones de pesos que tendrán que liquidarse en 2005, además de 628 mil millones de pesos de obligaciones a largo plazo10. Como atinadamente señala Eric Villanueva, "la desproporción de recursos destinados al rescate bancario y al Fobaproa, entre 1995 y 1998, alcanzaron la cantidad de 422 mil 123 millones de pesos mexicanos y los pasivos sumaron 633 mil 300 millones de pesos. Entre 1999 y 2004, se destinaron al Fobaproa-Ipab, la cantidad de 283 mil 510 millones de pesos, mientras que los pasivos pendientes del Ipab, todavía alcanzaban 790 mil 444 millones de pesos, es decir, sumando las erogaciones y los pasivos pendientes, al finalizar el 2004, el rescate bancario representa un total de un billón 496 mil 77 millones de pesos. Al tipo de cambio al mayoreo en abril del 2005, aproximadamente, 134 mil 57 millones de USD"11. De estos compromisos heredados de las administraciones priistas, a los que se destinan cuantiosos recursos en el Presupuesto de Egresos que anualmente aprueba la Cámara de Diputados, son de los que se queja constantemente el presidente Fox, aunque su partido, el PAN, a través de sus diputados, en complicidad con los del PRI, aprobaron su conversión a deuda pública.
* Investigador del Instituto de Estudios de la Revolución Democrática. 1 Informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública. Acciones y Resultados al Primer Trimestre de 2005, SHCP, mayo de 2005. 2 Eduardo Jardón, "Modera economía su crecimiento", El Universal, 18 de mayo de 2005. 3 Philip Coggan, El Universal, México, 2 mayo de 2005. 4 El Universal, México, 4 marzo de 2005. 5 El Financiero, México, 15 de marzo de 2005. 6 José Luis Calva, "Ortodoxia macroeconómica", El Universal, México, 13 de mayo de 2005. 7 Alberto Barranco, "Zona de Desastre", El Universal, México, 13 mayo de 2005. 8 Orquidea Soto, "Necesita México dejar la ‘obsesión’ macroeconómica", El Universal, México, 18 de mayo de 2005. 9 David Carrizales, La Jornada, 14 de mayo de 2005. 10 Estados de Activos y Pasivos al 31 de diciembre de 2004 y 2003 del IPAB. 11 Ibid.
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