Integración productiva y relaciones laborales: industria automotriz en México*

Alejandro Toledo Patiño**

La industria automotriz en México ha desempeñado un papel fundamental en la historia de la industrialización del país. No sólo en cuanto a montos de inversión, demanda, empleo, formación de mercado interno, exportaciones e importaciones y otras muchas variables de orden económico. También en cuanto a tecnología, formas de organización del trabajo y sistemas de contratación de la fuerza de trabajo. En los últimos dos decenios, el sector ha sido protagonista central de la integración económica y comercial de México a la economía estadounidense y pionero en la modernización-flexibilización de las relaciones laborales.

En los últimos veinte años, el sector ha sido objeto de diversos estudios por un vasto número de investigadores, atentos no solo a los cambios ocurridos al interior de las fronteras, sino también pendientes de las modificaciones que ha experimentado la industria a escala mundial y macroregional, es decir, en norteamérica. Tal vez, del conjunto de investigaciones llevadas a cabo durante veinte años, una de las obras más serias y profundas en torno al tema es la realizada por Arnulfo Arteaga García. Su reciente libro Integración productiva y relaciones laborales en la industria automotriz en México —que le mereció al autor obtener, en el año 2001, por segunda ocasión, el Premio de Investigación Laboral otorgado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social— es fruto de veinte años de una dedicada y perseverante labor teórica y de investigación in situ, reconocida a nivel nacional e internacional.

El libro consta de cinco capítulos. En el primero, el autor pone de relieve los nuevos rasgos presentes en la industria automotriz en el plano mundial desde mediados de los setentas y su impacto en México. Entre los nuevos aspectos que estarán presentes en el país se encuentran la reorientación de la esfera de la circulación del ciclo industrial del sector hacia el mercado estadounidense, el surgimiento de un nuevo entramado industrial de proveedores y maquiladoras conformado y articulado por las empresas transnacionales, el desarrollo de la especialización productiva para atender mercados de exportación, la relativa homogeneidad tecnológica de las plantas, la introducción de nuevas formas de organización y gestión de la fuerza laboral.

En el segundo capítulo, Arteaga expone los tres grandes periodos de la evolución histórica de la industria automotriz en México: 1) 1925-1963; 2) 1964-1980, y 3) 1981-finales del siglo XX. Con el propósito de delimitar estas fases evolutivas, considera tanto las características productivas del sector ("núcleos productivos"), las políticas industriales específicas, la ubicación regional de las plantas automotoras, el sustento tecnológico de las mismas, la organización del trabajo, las relaciones laborales predominantes, las características de los contingentes obreros del sector, así como el perfil y dinámica de sus estructuras sindicales. Ciertamente, se trata de una propuesta muy sólida de periodización que resulta de conjugar el análisis de muy diversos planos del objeto de estudio.

El capítulo tercero está dedicado a desarrollar extensamente el concepto de "núcleo productivo". Este se refiere a "la división o divisiones, etapas, fases y operaciones que en determinado momento han implantado las empresas transnacionales del sector y a partir de las cuales han desarrollado la producción automotriz en México" (p. 141). Destaca en una perspectiva histórica el hecho de que el desarrollo de la industria automotriz en México ha seguido la secuencia inversa de lo que en sí es el proceso de fabricación de un auto, es decir, comenzó por el ensamblado, luego la manufactura de la carrocería y más tarde el troquelado o fabricación del motor.

El cuarto capítulo —el de mayor extensión y que junto con los dos previos constituyen el cuerpo central de la obra— expone el análisis de las relaciones laborales en la industria automotriz tanto en Estados Unidos como en México, remontándose al modelo contractual de fines de los años cuarenta del siglo XX, al modelo japonés de relaciones laborales y a la transformación ("flexibilización") durante el último cuarto de siglo de las relaciones contractuales y de trabajo que ha experimentado la industria. El análisis se hace considerando tanto las características en detalle de las nuevas formas posfordistas de organización del proceso de trabajo en las plantas como los conflictos sociales y respuestas obreras más significativas.

Finalmente el capítulo quinto apunta algunas reflexiones en torno a la industria automotriz en México en el contexto del TLCAN.

Este reciente libro de Arnulfo Arteaga es una referencia obligada, tanto para sociólogos industriales como para economistas que deseen adentrarse en el tema de la industria automotriz en México, no sólo para recuperar su proceso de evolución sino también como punto de partida indispensable para considerar su problemática actual y perspectivas en el marco de la globalización y la integración económica con Estados Unidos.

 

* UAM-I/Plaza y Valdés, México, 2004, 302 pp.

** Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa.