Unidad y fortaleza en torno al proyecto del PRD*

Leonel Godoy Rangel**

La jornada electoral del pasado domingo fue para el perredismo nacional motivo de satisfacción, de impulso a nuestro proyecto. El PRD está presente, compañeras y compañeros.

Esta elección se dio en medio de la crisis y del acoso que padecemos desde hace, prácticamente, un año. La confianza depositada en nuestro partido por miles de ciudadanos el domingo 7 de febrero, muestra que estamos superando esta etapa. Los mexicanos ven en el PRD una opción política congruente que puede proponerle soluciones para mejorar sus condiciones de vida.

Incrementamos nuestros votos y escaños en Quintana Roo, refrendamos el gobierno en Baja California Sur y ganamos la gubernatura de Guerrero.

Sin duda, en Baja California Sur se sumaron un gobierno exitoso, un partido bien estructurado y un candidato surgido de una elección democrática. Por eso, también incrementamos el número de ayuntamientos y de diputados locales en ese estado.

En Guerrero, se conjugó la lucha libertaria de los guerrerenses y de su larga tradición de lucha popular. Nuestros muertos por la democratización del estado y del país, el sacrificio y la abnegación de un pueblo mayoritariamente perredista, así como la candidatura de Zeferino Torreblanca Galindo, que concitó el apoyo de amplios sectores sociales y, fundamentalmente, la unidad y una gran organización electoral como nunca la habíamos tenido.

En Guerrero, se demostró que la tradición de lucha, unidad, organización electoral y un excelente candidato, son elementos suficientes para derrotar al PRI. Ni el fraude electoral detiene a un pueblo movilizado. El histórico triunfo de Guerrero, por su impacto en la política nacional, es comparable con el que obtuvimos en el Distrito Federal en 1997.

Después de la crisis del 2004, provocada por los videos, el PRD puede decir: "¡Aquí estamos!", porque el 2005 se perfila como un buen año electoral, siempre y cuando mantengamos la unidad, tengamos propuestas a los grandes problemas nacionales y logremos construir un aparato electoral óptimo y eficiente como en Guerrero. Ahora debemos ir con el impulso logrado por los triunfos en los estados de México y de Nayarit.

El año pasado, el Partido de la Revolución Democrática y el jefe de gobierno del Distrito Federal resistimos una ofensiva política, que ha tenido la pretensión de impedir que la izquierda mexicana decida libremente quién debe de ser su candidato a la presidencia de la república. Las declaraciones de la esposa del presidente, durante la comida de Guanajuato de diciembre, pasado y las del propio mandatario, en su reunión con los integrantes del Servicio Exterior Mexicano, así como el inminente juicio de desafuero contra el jefe de gobierno en el presente periodo ordinario de sesiones de la Cámara de Diputados, son muestra clara de su renovada ofensiva.

Por esto, demandamos demostrar la unidad y la fortaleza del partido en torno al proyecto de nación que representamos. En el inicio de año se ha profundizado la crisis del gobierno del cambio. Los panistas y el Poder Ejecutivo federal continúan exhibiendo su ineficacia, y los casos de corrupción no son enfrentados con seriedad y firmeza. A las serias acusaciones hechas al gobernador de Morelos por sus vínculos con el narcotráfico y al asesinato de policías federales abandonados por sus superiores en Tláhuac, debe agregarse hoy la corrupción en el sistema penitenciario federal, con la consecuente pérdida de control de los centros de reclusión, así como que al Director de Giras del presidente Fox se le esté relacionando con el crimen organizado. Como no se había visto antes, los cárteles del narcotráfico desafían abiertamente al gobierno federal.

Hemos insistido en que el presidente asuma su papel y convoque a todos los niveles de gobierno a luchar juntos contra este flagelo que se ha convertido en un riesgo para la seguridad nacional. Aislado en el país donde "no pasa nada", el presidente no reconoce la grave descomposición de su gobierno y sí, en cambio, se empeña en su ilegal intento de sacar de la contienda presidencial a uno de nuestros aspirantes.

Al inicio del presente año, Vicente Fox hizo un llamado a la búsqueda de acuerdos. De inmediato nosotros respondimos aceptando la propuesta para trabajar en materia de reforma política, desempleo, estancamiento económico, atención al campo y a los migrantes. Sin embargo, más tardó en hacer estas declaraciones que en reiniciar sus ataques en contra de nuestro proyecto y el del gobierno del Distrito Federal. Es más grande su obsesión en contra nuestra y de Andrés Manuel López Obrador que su compromiso constitucional de ser árbitro y estadista.

El PRD enfrentará unido y fortalecido el nuevo embate del gobierno de Fox, del PAN y de algunos sectores del PRI. Con la Constitución en la mano defenderemos nuestro derecho a ser una opción para México.

No nos han derrotado quienes pretenden destruir la opción de izquierda en este país. Se han equivocado. Apostaron a nuestra debacle y lo que consiguieron fue unirnos en contra de la injusticia proveniente del Estado. Además, han motivado que nuestros dirigentes partidistas busquen hoy construir con generosidad una candidatura de unidad para renovar la dirección nacional o para someternos a una elección interna que todos respeten y que evite la confrontación para salir fortalecidos.

La próxima dirección nacional deberá de ser imparcial, independiente, institucional, negociadora, incluyente, plural, democrática, y deberá construir, junto con muchos mexicanos, un proyecto que reivindique sus derechos y que sea de izquierda.

La nueva dirección tendrá dos enormes retos: la elección de un candidato presidencial que una al partido y a otras fuerzas progresistas y de izquierda y, desde luego, ganar la presidencia de la república. Todos los esfuerzos que hagamos por lograr la unidad nos permitirá de manera más fácil sumar a diversos sectores de la sociedad, que ven en el Partido de la Revolución Democrática la esperanza de un cambio verdadero que necesita el país.

Requerimos de una unidad más allá de los acuerdos de corrientes, como consecuencia de la transformación del partido, de su vínculo con las luchas sociales y las demandas populares. La unidad de la lucha contra las políticas neoliberales y contra el desmantelamiento del Estado nacional.

Nos preparamos para construir las más amplias alianzas con sectores nacionalistas, populares y con diversos actores políticos que nos permitan construir un amplio frente social, para sentar las bases de nuestro triunfo en los comicios federales de 2006.

Hoy debemos concentrar el debate en sortear esta renovada ofensiva del gobierno federal. Ninguna medición de fuerza interna está por encima de los intereses del partido y de los intereses superiores de la nación. Impulsemos un proceso de discusión, de enriquecimiento de iniciativas de organización, de lucha y de innovación en la búsqueda de un gran proyecto de nación que sepulte al modelo neoliberal.

Compañeras y compañeros, los convoco a establecer y poner en marcha un conjunto de acciones en contra del inminente desafuero de Andrés Manuel López Obrador. En ejercicio de nuestros derechos constitucionales, defendamos la democracia y la legalidad. Fortalezcamos la unidad del partido buscando candidaturas de consenso que eviten la confrontación interna. En nuestras elecciones debe de privar el debate de ideas, la competencia civilizada, la generosidad y la madurez para reconocer las derrotas ante los compañeros que obtengan los triunfos. Demos muestra de que nos importa más México y el PRD que nuestros legítimos intereses.

Los invito a que estemos atentos a los acontecimientos por venir. Si inicia el proceso de desafuero en contra de Andrés Manuel López Obrador, tendremos que convocar a un Congreso Nacional Extraordinario, porque estaríamos ante una situación de emergencia y debemos responder con toda la fuerza del partido y la sociedad ante lo que sería una situación nacional inédita, delicada que, incluso pondría en riesgo la transición democrática que con tanto sacrificio hemos ido construyendo.

¡Democracia ya, patria para todos!

 

* Discurso pronunciado en el décimonoveno Pleno Extraordinario del V Consejo Nacional del PRD, realizado el 11 de febrero de 2005 en México, DF.

** Presidente del PRD.