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Crisis agrícola y TLCAN
Jorge A. Calderón Salazar*
1. El TLCAN está perjudicando a la gran mayoría
de los productores del campo, toda vez que los precios internacionales
de mercado, que tienden a la baja, están sirviendo de referencia
para la fijación de los precios de la producción en México,
mientras que los costos de los insumos crecían cada vez más
y en este caso no se empleaba la referencia de los precios internacionales.
2. La importación indiscriminada de granos, de leche de vaca descremada
en polvo, carne de res, carne de pollo y de cerdo, así como de
otros alimentos, sólo está beneficiando a algunos sectores
de la industria y a importadores, que no trasladan dicho beneficio a los
consumidores finales.
3. En el caso de varios granos como el maíz y el trigo, así
como en el de otros productos del campo, no se cobraran aranceles; es
decir, que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
no ingresa los impuestos que, por concepto de importación deben
pagar ciertos productos, en el marco de lo acordado en el TLCAN.
4. El comercio exterior de México ha crecido durante los últimos
años en forma vertiginosa, sobre todo en el periodo que comprende
el TLCAN. Además, este dinamismo ha tenido un profundo y negativo
impacto sobre la población que depende de estas actividades ya
que el mal manejo que ha hecho el gobierno federal de los instrumentos
que contemplaba el TLCAN para dosificar el acceso de las importaciones
a nuestro mercado ocasionando que sean los precios internacionales de
estos productos -la mayoría de las veces distorsionados por los
subsidios y apoyos que reciben de parte de sus gobiernos-los que rijan
en el mercado interno, sin que de manera paralela y equivalente sean aplicados
dichos apoyos por nuestro gobierno, y sin que éste, emplee los
esquemas y las facultades que cualquier acuerdo comercial ofrece a sus
integrantes.
Por otra parte, existe un nexo entre la sobrevivencia en ciertas comunidades
de la pequeña producción mercantil agrícola y las
transferencias de migrantes residentes en Estados Unidos a familias del
mundo rural mexicano. Además, los empleos subsidiarios y complementarios
del mundo urbano, en parte subsidian a la agricultura de baja rentabilidad
en ciertas regiones del país.
El gobierno mexicano decidió en forma unilateral, no cobrar los
aranceles, que aunque reducidos, eran sustanciales, a la importación
de granos, oleaginosas e incluso de productos cárnicos (carne de
res, puerco, lácteos y huevo). Lo anterior, a pesar de que en el
tratado se establece una curva de disminución gradual de ellos
de 1994 al 2003. Además, la reiterada promesa de un incremento
al subsidios y estímulos fue incumplida. En realidad, desde 1994
se aplica una radical desgravación por decisión unilateral.
Consideramos que esta decisión del gobierno mexicano fue parte
de una negociación no formal para que, a cambio de ella, Estados
Unidos flexibilizara el acceso de las exportaciones industriales mexicanas.
De esta manera, México otorgaba de facto una concesión fundamental
que se ha respetado a lo largo de estos diez años.
Durante la vigencia del TLCAN la crisis de la agricultura mexicana se
ha profundizado. Las expectativas creadas en torno del tratado por el
gobierno, así como los beneficios prometidos por sus impulsores
de dentro y de fuera de nuestro país, no se han concretado. Este
incumplimiento de beneficios no es circunstancial ni aleatorio, tampoco
es sorprendente o inesperado. Es el resultado lógico, esperado
y previsible del tratado negociado y de una política agropecuaria
lesiva al campo mexicano y a sus productores. Sobre todo si consideramos
que para Estados Unidos, México es un mercado lucrativo y en expansión
sobre todo en granos, oleaginosas, cárnicos y frutas de clima templado,
quien además complementa a su sector agropecuario.
De esta forma, una conjunción de pésima negociación
comercial en el TLCAN y una inadecuada política macroeconómica,
agropecuaria y financiera han postrado a nuestra agricultura y a nuestros
agricultores, tanto campesinos como pequeños propietarios. Ciertamente
la crisis agropecuaria se inició antes de 1994 pero se profundizó
por el TLCAN.
Los resultados del TLCAN hasta el momento evidencian que Estados Unidos
es el gran ganador en la relación comercial con México,
gracias a un crecimiento sustancial de sus exportaciones a México
y Canadá, las cuales crecieron de 7.4 mil millones de dólares
en el promedio anual de 1989/93 a 11.3 entre 1994 y 1998, para alcanzar
12.7 en 1999. Pero también las importaciones de Estados Unidos
de sus socios del TLCAN crecieron de 6.2 en 1989/93 a 10.5 en 1994/98
y 12.8 mil millones de dólares en 1999, con ello el superávit
comercial de ese país, se redujo de 1.2 mil millones a 95,717 de
dólares en el periodo mencionado, principalmente debido a las presiones
de los exportadores de Canadá que ganaron terreno importante en
productos como el jitomate.
Asimismo, el comercio entre México y Estados Unidos también
creció a tasas aceleradas. Entre 1994 y 1999 se registró
una tasa media anual de crecimiento (tmac) de 3.7 por ciento en las importaciones
desde EU. Frente a una TMCA de 5.7 por ciento en los años previos
al TLCAN. Las exportaciones de México crecieron 9.2 por ciento
durante el periodo de operación del TLCAN, frente a 3.5 por ciento
en los años previos. No obstante, a pesar de un comercio muy dinámico
con Estados Unidos, México mantiene un déficit comercial
de más de mil millones de dólares en el promedio anual durante
la vigencia del TLCAN con su principal socio comercial.
Por todo lo anterior, es justa la actual postura de las organizaciones
campesinas mexicanas que protestan por la desgravación radical
establecida al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Antes, esta era unilateral; a partir de 2003 se hizo obligatoria.
Hubo, en los primeros años de la aplicación del TLCAN, insensibilidad
y falta de comprensión adecuada en muchos agricultores y ganaderos
del significado real de lo que estaba instrumentándose a partir
de 1994. Muchos percibieron lo que sucedía como decisiones circunstanciales,
como hechos fortuitos; producto de la mala voluntad de algunos funcionarios
del gobierno. En consecuencia hubo una subestimación grave del
problema.
Todavía hasta el 2008 es posible aplicar un modesto arancel al
maíz, frijol, huevo y azúcar. Sin embargo, el gobierno de
Vicente Fox ha tomado la decisión de continuar con la misma política.
Lo hecho durante 2000, 2001 y 2002 lo demuestra. Inclusive funcionarios
federales han expresado que seguirán sin cobrar el impuesto a la
importación que teóricamente México todavía
puede aplicar.
En resumen, la importancia de Estados Unidos como destino de las exportaciones
mexicanas no solamente es apabullante, también es quien ha sabido
aprovechar mejor al TLCAN al desplazar a un gran número de competidores
del mercado mexicano. Esta situación permite concluir que la dependencia
de México hacia Estados Unidos en la cuestión alimentaria
se ha profundizado con el TLCAN vulnerando aún más la soberanía
alimentaria del país.
La situación de los exportadores mexicanos es completamente distinta;
no solamente son de poca importancia en el mercado de EU, sino en vez
de que el TLCAN les da una ventaja, enfrentan una mayor competencia con
otros países.
El TLCAN al reducir la protección de los granos y oleaginosas debilitó
aún más la competitividad de la agricultura mexicana. La
producción de granos básicos y oleaginosas ha perdido dramáticamente
con el TLCAN.
En particular, el maíz, junto con el frijol, son los perdedores
netos de la negociación del TLCAN en la agricultura.
* Director del Instituto de Estudios de la Revolución
Democrática. Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad
Nacional Autónoma de México.
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