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Comercio exterior y TLCAN
Jorge A. Calderón Salazar*
En los años del TLCAN el comercio de México
con Norteamérica pasó de representar 78.7 por ciento a casi
el 85 por ciento, y en el caso de las exportaciones la situación
es alarmante debido a que alrededor del 90 por ciento se destinan a la
zona TLCAN.
México, pese al superávit comercial con Estados Unidos,
tiene un déficit comercial global y se ha convertido en el país
con el mayor crecimiento de importaciones en América Latina, con
310 por ciento en la última década.1
Por otro lado, los socios del norte continúan como compradores
primordiales de materias primas mexicanas (por supuesto con el petróleo
en primer lugar) y vía comercio intrafirmas de empresas transnacionales,
estadísticamente han crecido las exportaciones de productos manufacturados
pero con menos porcentaje de contenido de insumos nacionales; no se han
frenado las prácticas desleales de comercio y los mecanismos de
solución de controversias que se dio el propio tratado han sido
incapaces de resolver los problemas en aquellos sectores donde México
ha sido afectado, como el cemento, tomate, autotransporte y azúcar,
entre otros. De hecho, el gobierno de México ha tenido que pedir
la intervención de la Organización Mundial del Comercio
(OMC) para apelar sus causas.
Las relaciones de México con el mundo se hicieron más limitadas,
lo cual va en contra de la universalización del comercio. Con la
UE, por ejemplo, el comercio decreció a niveles alarmantes al representar
en 2000 tan sólo 3.9 por ciento del total de las exportaciones
y 9.0 por ciento de las importaciones, cuando en 1990 la participación
europea era, respectivamente, de 13.2 por ciento y 16.6 por ciento. Con
objeto de salvaguardar los intereses de las 300 grandes empresas mencionadas,
en julio de 2000 entró en vigor un Tratado de Libre Comercio con
la UE (TLCUE). Este Acuerdo llamado de Asociación Económica,
Concertación Política y Cooperación reprodujo las
mismas deficiencias que en su tiempo tuvo el TLCAN. Más aún
la UE no sólo obtuvo la equiparación con el TLCAN, lo que
en idioma inglés se denomina NAFTA-Parity, sino incluso logró
un trato preferencial y acceso más rápido al mercado mexicano,
en condiciones superiores a las ofrecidas a otros países con quienes
se han suscrito tratados comerciales.
De esta manera, la dinámica exportadora es impulsada, por un lado,
por un sector cuyos componentes nacionales son menores al 3 por ciento;
y por otro, del total de las ventas al exterior 80 por ciento son realizadas
por 300 grandes empresas, a pesar de registrarse 40 mil empresas de exportación.
Además, las 300 transnacionales instaladas en México, la
mayoría de ellas estadounidenses, que representan 0.1 por ciento
de las unidades productivas y empresariales del país, presentan
un alto coeficiente de importaciones, situación que las hace a
menudo deficitarias.
A partir del TLCAN, en México se ha presentado la combinación
de fuertes aumentos de las exportaciones de manufacturas y débiles
aumentos del valor añadido. La razón de ese fenómeno,
conforme a un análisis realizado por la Conferencia de Naciones
Unidas par el Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés)
de datos sectoriales correspondientes a México, es que la mayor
parte del aumento de las exportaciones de manufacturas se ha producido
en las ramas de la industria que han participado en las redes de producción
internacionales aunque sus resultados en exportaciones hayan estado por
debajo de la media.
* Director del Instituto de Estudios de la Revolución
Democrática. Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad
Nacional Autónoma de México.
1 La Jornada, 16 de abril de 2002.
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