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Saldos de los diez años de TLCAN
Jorge A. Calderón Salazar*
A diez años de vigencia, el Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN), se ha situado en el centro de las
políticas públicas de México. El tratado, además
de cerrar un ciclo de políticas de ajuste estructural instrumentadas
desde 1982, vino a inaugurar un nuevo proceso de desnacionalización
y transnacionalización. A partir de su entrada en vigor, se han
acelerado los procesos de privatización, desregulación y
apertura, colocando a la economía mexicana en una situación
vulnerable y altamente dependiente de la dinámica de la economía
estadounidense.
En el plano nacional, el TLCAN significó un cambio de ciento ochenta
grados en la política exterior mexicana al ubicar como de "interés
estratégico" la negociación y vigencia del TLCAN, abandonando
así la política de diversificación de relaciones
y dando la espalda al proceso de integración latinoamericana.
A diferencia de la Unión Europea (UE), que había incorporado
a países atrasados como España, Portugal y Grecia, con un
trato especial que se tradujo, incluso, en la financiación de proyectos
de infraestructura social y productiva. El TLCAN, por el contrario, fortaleció
la política de desregulación y privatización de empresas
públicas y otorgó un trato aparentemente de iguales que
entre desiguales provocó la profundización de los problemas
de México.
El TLCAN se negoció entre 1992 y 1993, logrando imponer una agenda
corporativa, cuya temática no sólo era coincidente sino
que en diversas materias iba más allá del contenido de las
negociaciones de la ronda Uruguay (1986-1994) del Acuerdo General sobre
Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en ingles) ejerciendo presión
y adelantando resultados que Estados Unidos estaba interesado en proyectar
multilateralmente.
Así, el TLCAN impuso importantes desventajas comerciales y productivas
para México y dejó fuera los requerimientos de una estrategia
nacional de desarrollo:
* Omitió el tema de la movilidad de la mano de obra en la negociación,
lo que permitió el mantenimiento de las disparidades en materia
de condiciones laborales, convirtiendo a nuestro país en exportador
neto de mano de obra depreciada.
* Estableció un periodo demasiado rápido de desgravación
adicional a la traumática desprotección arancelaria y cambiaria,
que ya había sufrido la economía, con desventajas sustanciales
para el reajuste de la planta productiva en general, lo que junto con
las desventajas en el acceso al financiamiento competitivo, las ventajas
de la inversión extranjera y su trato como nacional, aceleraron
la desnacionalización productiva.
* Consolidó y amplió el control de Estados Unidos sobre
los mercados agropecuarios mexicanos al aceptar, desde el primer día
de su entrada en vigor, exportaciones libres de permiso y de aranceles,
convirtiendo las barreras existentes en cuotas libres de arancel que crecen
un 3 por ciento anual, lo que ha sido devastador para el grueso del campesinado
mexicano productor de maíz y frijol.
* Mantuvo las bases para que Estados Unidos recurra a la normalización
técnica como mecanismo de protección no arancelaria frente
a la competitividad de productos mexicanos.
* Mantuvo los subsidios de Estados Unidos a sus productos agropecuarios
y a la exportación.
* Estados Unidos continúa aplicando barreras no arancelarias que,
en ciertos periodos, cierran el acceso a su mercado a las exportaciones
agropecuarias mexicanas de fruta, vegetales y flores.
* Impidió la capitalización de la industria azucarera mexicana,
manteniendo cuotas restrictivas a la exportación de azúcar.
* Aumentó la regla de origen a 60 por ciento o más del costo
neto de la producción automotriz, condicionando al control de Estados
Unidos la expansión del mercado automotriz mexicano.
* Persisten las cuotas estadounidenses a las exportaciones textiles mexicanas.
* Obstruyó la adaptación e innovación tecnológica
de la planta productiva nacional, limitando su acceso y elevando sus costos.
* Propició el control extranjero en el autotransporte, sector financiero,
agroindustrias y las tiendas de autoservicio de México.
* Impuso un sistema supranacional tripartito de arbitraje obligatorio
de controversias que deja en desventaja la protección de los intereses
y derechos de México como importador neto de capital y tecnología.
Los acuerdos complementarios en materia laboral y ambiental no compensaron
esas desventajas. Adicionalmente, violan la soberanía nacional
al imponer un mecanismo coercitivo por encima de cualquier poder constitucional
mexicano Es responsabilidad fundamental del Estado mexicano hacer valer
los derechos de los trabajadores y revertir el deterioro ecológico.
Si bien el TLCAN permitió un auge en los intercambios comerciales
de los tres países miembros, su impacto en términos de generación
de empleos, mejoramiento salarial y condiciones sociales de vida ha sido
negativo. Entre otras razones, por la alta concentración de los
flujos comerciales en empresas monopólicas.
Economía mexicana y TLCAN
México mantiene un dinamismo por demás precario, desigual
e inestable, aspectos que se han acentuado en los años del TLCAN.
En dicho periodo se registró una profunda crisis (diciembre de
1994), considerada en su momento por el Fondo Monetario Internacional
(FMI) como la primera del siglo XXI, pues reflejó la alta vulnerabilidad
que la actividad especulativa deja a los países inmersos en procesos
de liberalización.
La tasa media de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) por
habitante durante el TLCAN es de sólo 0.96 por ciento. Se buscaba
y prometió un crecimiento acelerado, estable y sustentable; pero
ni siquiera logramos crecer. Durante este tiempo ha habido una recesión
profunda (1995) y otra moderada (2001-2002) De 1982 a 2002 la tasa media
de crecimiento del PIB por habitante es de sólo 0.26 por ciento
anual. El saldo acumulado de crecimiento del PIB por habitante de 1982
a 2002 es de apenas 5.6 por ciento. Aunado a lo anterior, los salarios
se han deprimido en más del 20 por ciento, ampliando aún
más la brecha salarial con Estados Unidos, lo que se refleja en
mayores flujos migratorios y desdice las promesas oficiales que aseguraban
exactamente lo contrario.
Balanza comercial
En los primeros 10 años del TLCAN, el comercio en Norteamérica
ha crecido en forma vertiginosa (117 por ciento), pasando de 289 mil millones
de dólares en 1993 a 626 mil millones en 2003. El comercio de México
es el más dinámico: del total trilateral, nuestro comercio
con Estados Unidos pasó de representar el 29.4 por ciento en 1993
al 38.9 por ciento en 2003, y con Canadá del 1.4 al 2.1 por ciento.1
De 1993 a 2003 el comercio total entre México y Estados Unidos
creció a una tasa media anual de 11.1 por ciento y con Canadá
de 12.2 por ciento. El comercio de México con Canadá y Estados
Unidos (en particular) no sólo ha crecido explosivamente, sino
que ha pasado de ser deficitario para nuestro país (-2 mil 051
millones de dólares en 1993) a superavitario (39 mil 828 millones
en 2003). A ello contribuyen en parte nuestras ventas petrolíferas
a esos países, las cuales eran por 4 mil 500 millones de dólares
en 1993 y llegaron a 14 mil 800 millones en 2003, representando en ambos
casos aproximadamente el 10 por ciento del valor de las exportaciones.2
Las exportaciones se multiplicaron por un poco mas de 3 veces durante
el TLCAN. Pasaron de ser, incluyendo la maquila, de 51, 886 mdd en 1993
a 160, 682 mdd al finalizar el 2002. Durante el TLCAN acumulamos un poco
más de un billón de dólares.3 Estas exportaciones
son en su mayoría manufacturas. En promedio, durante el TLCAN,
el 87.35 por ciento de las exportaciones han sido manufactureras.4
Como era de esperarse, debido a la desgravación arancelaria pactada,
cuyo costo ha significado una merma en los ingresos públicos de
más de 3 mil millones de dólares anuales, el TLCAN permitió
un auge en los intercambios comerciales. Durante los años del TLCAN,
el comercio total entre México y sus contrapartes norteamericanas
se triplicó.5
| Balanza comercial y crecimiento |
| Año |
Balanza comercial (promedio con maquila) |
Tasa media del PIB (por ciento) |
Déficit/cada punto PIB |
| 1970-1981 (déficit) |
-11,991.3 |
6.87 |
-289.8 |
| 1982-1988 (superávit) |
8,398.6 |
0.19 |
|
| 1989-1994 (déficit) |
-9,272.2 |
3.90 |
-2,373.5 |
| 1995-1997 (superávit) |
4,747.7 |
1.73 |
|
| 1998-2002 (déficit) |
-8,776.5 |
3.13 |
-2,800.8 |
Fuente: INEGI-BIE, SHCP e informes presidenciales de CSG
y EZP.
El saldo comercial de la maquila es de 105,733.4 mdd. Si el 90 por ciento
de ellas es a Estados Unidos significan 95,160.mdd, es decir el 67.5 por
ciento del superávit comercial con Estados Unidos.6 La suma de
las exportaciones de maquila y petróleo crudo a Estados Unidos
es 22.5 por ciento mayor que el superávit comercial con dicho país.
El segundo, tercero y quinto lugar como empresas exportadoras desde México
son las tres armadoras automotrices estadounidenses que ensamblan en territorio
mexicano. El ensamble de computadoras, como HP que es el sexto exportador
desde nuestro país. Exportamos muchos otros productos industriales
a Estados Unidos, pero el sector manufacturero tiene en su conjunto déficit
comercial.7
Además, las 300 transnacionales instaladas en México, la
mayoría de ellas de origen estadounidense, presentan un alto coeficiente
de importaciones, situación que las hace a menudo deficitarias.
Bastaría restar las exportaciones petroleras hacia ese país
por mas de 8 mil millones de dólares, mismas que no tienen contrapartida
para redimensionar la relación comercial; si, adicionalmente, sustraemos
el superávit generado por la industria maquiladora de exportación,
el resultado es un franco déficit comercial de México con
su vecino del norte.
Empleos y planta productiva
A pesar del aumento de las exportaciones, el impacto del TLCAN en términos
de generación de empleos, mejoramiento salarial y condiciones de
vida ha sido nulo, entre otras razones, por la alta concentración
de los flujos comerciales. La dinámica exportadora es impulsada,
por un lado, por un sector maquilador cuyos componentes nacionales que
son menores al 3 por ciento; y, por otro lado, del total de las ventas
al exterior el 80 por ciento son realizadas por 300 grandes empresas,
a pesar de registrarse 40 mil empresas de exportación.
Entre 1993 y 2003, la población económicamente activa (PEA,
en edad y con deseos de trabajar) aumentó 7.9 millones de personas
(sin contar a las cerca de tres millones que emigraron), pero en ese lapso
sólo se generaron 2.6 millones de empleos formales (asegurados
en el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto de Seguridad
y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado).8
Hoy existen en México 9.4 por ciento menos puestos en el sector
manufacturero que antes del TLCAN. Al contrario de lo que se esperaba,
la industria manufacturera mexicana, la gran depositaria de la inversión
extranjera y uno de los sectores que están ligados a las exportaciones,
actualmente tiene menos empleo que antes del acuerdo. Este indica que
ha habido una pérdida neta de empleos manufactureros, ya que se
perdieron miles de plazas de trabajo por el cierre de empresas. En este
rubro la productividad aumentó 53 por ciento; así, los trabajadores
produjeron más por cada hora de trabajo, pero a menor costo, ya
que también disminuyeron 36 por ciento los costos laborales en
este rubro.9
Por otro lado, el efecto del TLCAN sobre la planta productiva ha sido
severo. En 1993, año previo al TLCAN, la producción mexicana
(PIB) satisfacía el 84 por ciento de la oferta y demanda totales
de bienes y servicios; en 2003, ya sólo lo hace en 73 por ciento,
habiendo ganado ese terreno los bienes y servicios importados que, consecuentemente,
pasaron de cubrir el 16 al 27 por ciento. La producción nacional
creció en el decenio 30 por ciento y las importaciones 148 por
ciento.10
El consumo interno pasó de representar el 70 por ciento de la demanda
en 1993 al 60 por ciento en 2003. El consumo interno apenas aumentó
29 por ciento, frente al externo que aumentó 191 por ciento. La
formación de capital fijo (inversión productiva en maquinaria,
equipo y construcciones), sin embargo, sólo aumentó 33 por
ciento; ha permanecido en el bajo rango de 19 por ciento del PIB (debiendo
ser idealmente de un 30 por ciento o más), e incluso ha disminuido
en términos relativos del 16 por ciento de la demanda en 1993 al
14 por ciento en 2003. La maquinaria y los equipos que sustentaban la
inversión en 1988 eran 65 por ciento de origen nacional, 50 por
ciento en 1993 y ya sólo 39 por ciento en 2003.11
Los indicadores económicos, sociales y ambientales de México
muestran un severo deterioro y una enorme asimetría y desventaja
con respecto a nuestras contrapartes de América del Norte.
El 55.3 por ciento de los empleos nuevos generados no cumple con ninguna
de las prestaciones de ley que son sólo tres: seguridad social,
gratificación de navidad y 10 días de vacaciones al año.12
Si tomamos como universo sólo los abierta y formalmente asalariados,
el 49.5 por ciento no tiene ninguna prestación.13
Existe hoy 9.4 por ciento (-1,418) menos empleos que antes del TLCAN.14
Efectivamente se crean empleos en el sector punta exportador, pero menos
que los que se pierden en la cadena de sus antiguos proveedores ya que
ahora importan casi todos sus insumos.
La industria maquiladora de exportación es la responsable de casi
la mitad de las exportaciones totales del país (45.18 por ciento)
y capta el 15.8 por ciento de la inversión extranjera directa.
Sin embargo, en promedio cada año del TLCAN las maquiladoras crearon
59,81415 y debemos recordar que el país necesita cada año
1,400,000 empleos.
Un nuevo patrón de industrialización subordinada
con desequilibrio externo
México ha logrado durante el primer decenio del TLCAN una relativa
estabilidad macroeconómica. Sin embargo, ésta no consiste
sólo en la estabilidad de los precios en los mercados de bienes.
Aunque la inflación está bajo control, las condiciones macroeconómicas
generales, incluidas los precios clave, como los salarios reales, el tipo
de cambio, la tasa de interés y los precios de los activos, que
ejercen una fuerte influencia en las decisiones de asignación de
recursos y de inversión, han sido negativos. Ello se debe en parte
a la mayor inestabilidad de la balanza de pagos y la vulnerabilidad externa
asociadas a los choques comerciales y financieros y, en parte, a una pérdida
de autonomía de la política macroeconómica, debido
a la rápida liberalización y la estrecha integración
a la economía estadounidense. Además, en lugar de "establecer
los precios adecuados", las llamadas fuerzas del mercado han tendido
a mantener la tasa de interés y el tipo de cambio en niveles que
han obstaculizado la rápida acumulación de capital y el
cambio tecnológico.
Las políticas aplicadas para eliminar la inflación socavaron
las variables económicas fundamentales y el ajuste de la estructura
productiva debido a la evolución de la política cambiaria
y financiera y las cuentas fiscales y exteriores.
Así, las políticas de estabilización basadas en el
tipo de cambio sobrevaluado lograron frenar la inflación, pero
no aprovechar el comercio y la IED para generar un crecimiento rápido
y estable de la renta por habitante, basado en una mayor acumulación
de capital y en el progreso técnico.
El aumento de la renta y la disminución de la competitividad causados
por el uso de un anclaje cambiario no generaron una crisis de la balanza
de pagos durante el proceso de desinflación. Esto se debió
a que lograron atraer entradas de capital extranjero por la vía
de las privatizaciones y la venta de grandes empresas del sector privado
como Banamex, Bancomer y algunos corporativos industriales, comerciales
y agropecuarios. Además del aumento del poder de compra real, debido
a la caída de la inflación, las entradas de capital extranjero
elevaron los precios de los activos financieros internos y, por lo tanto,
aumentaron el valor contable de la riqueza nacional. Sin embargo, estos
resultados positivos no hicieron más que abonar el terreno para
la reaparición de las dificultades causadas por los grandes montos
acumulados de deuda externa.
Además, el control de la inflación mediante un anclaje cambiario
nominal y estable produjo una dinámica de "desindustrialización"
del sector productivo nacional. Las apreciaciones de los tipos de cambio
reales se debieron no sólo a la rigidez de los salarios y los precios
de los bienes no comercializables, sino también a las apreciaciones
de los tipos de cambio. Este hecho, combinado con la apertura de los mercados
internos al comercio exterior, hizo que las industrias nacionales tuvieran
más dificultades para responder a la nueva estructura de precios
y productividad impuesta por los mercados internacionales.
De esta manera, la nueva orientación de la política económica
en el marco del TLCAN no ha logrado producir un entorno macroeconómico
apropiado para la creación y expansión de la capacidad productiva
y el mejoramiento de la productividad y de la competitividad internaciona-les.
Tampoco ha dado lugar a la aplicación de medidas de política
económica eficaces a nivel sectorial o microeconómico como
las que se emplean en Asia Oriental (medidas diferenciadas de apoyo y
protección).
TLCAN y desregulación de la inversión extranjera
México se ha insertado en una dinámica de desregulación
financiera firmando aceleradamente tratados comerciales y acuerdos de
promoción y protección recíproca de inversiones con
países europeos y latinoamericanos, además de ser uno de
los principales defensores de un acuerdo multilateral de inversiones en
el marco de la OMC, el cual, tomando como base el capítulo undécimo
del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pretende liberalizar
las inversiones mundiales otorgando máximos derechos y nulas obligaciones
a las corporaciones multinacionales, así como serias restricciones
a los Estados para regular su comportamiento.
En el TLCAN, en lo que se refiere a expropiación, transferencias
e indemnización y teniendo como base de negociación un marco
legal favorable para la inversión, el gobierno mexicano ha buscado
otorgar trato preferencial al inversionista extranjero. Empero, al concederse
un tratamiento especial a estas inversiones, se violan las garantías
individuales de los ciudadanos mexicanos.
Migración y desigualdad social
Los indicadores económicos, sociales y ambientales de México
muestran un severo deterioro y una enorme asimetría y desventaja
con respecto a nuestras contrapartes de América del Norte. El deterioro
de los indicadores sociales alcanza niveles preocupantes en los rubros
de nutrición, salud, vivienda y educación, donde niños,
mujeres, indígenas y ancianos son los más vulnerables.
Posterior a la crisis de 1994, la sociedad mexicana se ha polarizado todavía
más: 5 por ciento de la población de menores ingresos recibe
sólo 5 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 5 por ciento
más rico concentra casi el 30 por ciento de la riqueza nacional.
En México, de acuerdo a la metodología de Julio Boltvitnik,
existen 70 millones de pobres, de los cuales 40 millones viven en la miseria
extrema. Esta realidad lacerante contrasta con el hecho de ser el país
del llamado Tercer Mundo con el mayor número de multimillonarios
y una de las principales naciones del orbe que registran las más
elevadas concentraciones de ingreso. En 1970, la participación
de los asalariados en el PIB representaba 35.7 por ciento; en la actualidad
no rebasa el 29 por ciento.
Aunado a lo anterior, lejos de crearse más fuentes de trabajo,
el país enfrenta hoy sus más altas tasas de desempleo y
ocupación informal, lo que repercute de manera negativa, proliferando
el contrabando, el mercado subterráneo, la subfacturación
de mercancías y la evasión fiscal. Existe desinversión
productiva, incluso en las ramas que se presumen fortalecidas por efecto
del TLCAN, como la automotriz y maquiladora.
Hay que señalar que, a pesar de las políticas antiinmigrantes
emprendidas por las autoridades estadounidenses, con un fuerte carácter
xenófobo, militarista y violatorio de los derechos humanos, que
provocan varios decesos al día en el Río Bravo, en el desierto
o a manos de los rancheros y grupos racistas estadounidenses, los flujos
migratorios se acrecientan. Anualmente, desde 1995, se deporta de Estados
Unidos, en promedio, a un millón de mexicanos indocumentados, a
pesar de las promesas de integración del TLCAN y del crecimiento
registrado en la economía mexicana.
La política migratoria de México afianzó su papel
de policía tapón convenido soterradamente con el gobierno
estadounidense. Cifras oficiales arrojan que a lo largo del sexenio de
Ernesto Zedillo se deportaron de México unos 665 mil extranjeros
en situación migratoria irregular y se espera que al cierre del
año sean devueltos unos 136 mil indocumentados, en su mayoría
centroamericanos. Este tratamiento en contra de trabajadores migrantes
contrasta con el otorgado a los 819 mil registros de visitantes de negocios,
quienes reciben un tratamiento especial favorable previsto en los capítulos
sobre "hombres de negocios" pactados en los tratados de libre
comercio.
Cabe señalar que los efectos adversos del TLCAN han sido paliados
gracias a la gran cantidad de recursos que los migrantes envían
desde Estados Unidos. Según datos del Consejo Nacional de Población
(Conapo), un millón de hogares recibe remesas, que en el ámbito
nacional ascenderán, en 2004, a 15 mil o 16 mil millones de dólares.
En 1993, las remesas enviadas desde Estados Unidos sumaban 3,672.71 millones
de dólares. Para 2003 las remesas representaban 13,265.55 millones
de dólares.
En este contexto, fue presentado el 7 de enero de 2004 el plan migratorio
del presidente de Estados Unidos George Bush, el cual consiste en un programa
de trabajadores temporales que podrían trabajar legalmente durante
algunas temporadas en la Unión Americana.
El plan migratorio de Bush es en realidad una extensión de la estrategia
de Estados Unidos inaugurada en 1994, cuyo objetivo es que el inversionista
de Estados Unidos encuentre la mano de obra barata en su país de
origen, una vez que el TLCAN entró en vigor. A la luz de esa nueva
estrategia se inauguró la política de sellamiento de su
frontera sur para regular la entrada de trabajadores de acuerdo con las
necesidades de la economía de ese país. De ser aprobado
por el congreso norteamericano, el nuevo plan migratorio de Bush serviría
para regular el mercado laboral de los inmigrantes que lograron evadir
los filtros cada vez más densos en la frontera. Los trabajadores
migratorios indocumentados quedarían atrapados en las redes de
un mecanismo que no les garantiza seguridad laboral y que en cambio los
coloca en la lista de posibles deportados. Los trabajadores en esa lista
quedarían a merced de los ciclos de la economía estadounidense,
concretamente de las necesidades de los empresarios que no encuentren
mano de obra dispuesta para los trabajos ofrecidos.
Es obligación del Estado mexicano apoyar decididamente a nuestros
migrantes, lo que implica insistir en acuerdos binacionales integrales,
basados en el derecho internacional, con énfasis en el respeto
a los derechos humanos para lograr un manejo más equilibrado y
consensado de las políticas a seguir en materia migratoria. Reconocer
que los trabajadores internacionales son parte del proceso de globalización
económica y que esto obliga a pensar en nuevas formas de imaginar
las sociedades contemporáneas.
No aceptamos que los migrantes mexicanos sigan siendo tratados como intrusos
en una sociedad a la que han contribuido de manera fundamental.
Insistimos en que se revisen las políticas estadounidenses en materia
de control migratorio y que se reconozca la necesidad de realizar acuerdos
bilaterales sustentados en el derecho internacional.
Ante este escenario, afirmamos que las políticas parciales no permiten
alcanzar acuerdos y mejores condiciones para los migrantes en general,
por tanto, demandamos que se instale una comisión encaminada a
lograr un Tratado Migratorio Bilateral que busque defender los derechos
humanos, sociales, culturales y políticos de los trabajadores internacionales
con un marco legal planteado con base en normas de derecho internacional.
En su momento, los negociadores mexicanos del TLCAN se rehusaron a pugnar
por establecer un acuerdo migratorio en el marco del tratado. Como una
mera maniobra discursiva se formuló un acuerdo laboral paralelo,
el cual, como lo demuestran los hechos, ha resultado sumamente limitado.
Por lo tanto, resulta indispensable que en el TLCAN se incluya lo más
valioso de México: su fuerza de trabajo.
Agricultura mexicana y TLCAN
El campo mexicano se encuentra en crisis. Esta crisis se expresa en el
ámbito social en el creciente fenómeno de migración
de los jóvenes del campo hacia las ciudades del país y hacia
los Estados Unidos con el consecuente abandono de los campos de cultivo
y la reducción de la actividad sectorial. En lo económico,
se manifiesta por la reducción de algunos cultivos como el del
arroz, el trigo y las oleaginosas; por el incremento en las importaciones
de granos alimenticios que socavan la soberanía alimentaria y,
consecuentemente, por el déficit en el comercio agropecuario con
el exterior, así como por la creciente importancia de las remesas
de nuestros trabajadores en el exterior como sostén principal de
la actividad económica en algunas regiones rurales del país.
Elemento fundamental de la gestación de esta crisis es la política
de ajuste estructural cuyos pilares han sido el ajuste fiscal, la reducción
de la inversión pública, particularmente la del sector agropecuario,
la privatización de empresas públicas y la apertura comercial
cuya máxima expresión es el TLCAN.
Al inicio de las negociaciones del TLCAN, en 1991, Estados Unidos vislumbró
la posibilidad de imponer su agenda (por lo menos en el ámbito
bilateral con México). Además, tenía un doble interés:
por un lado, dominar el mercado agropecuario mexicano y, por otro, pretendía
que este tratado sirviera de antecedente para presionar en las negociaciones
de la Organización Mundial de Comercio. Esto último, no
lo entendimos con la claridad quienes éramos diputados opositores
al tratado. No comprendimos que la presión estadounidense para
obtener ventajas sustantivas en materia de desregulación de inversión
extranjera, privatización de empresas públicas, eliminación
de aranceles y muchos factores más, era por el doble interés
de subordinar económicamente a México y presentar en el
ámbito internacional un resultado tangible de su agenda antes de
la culminación de las negociaciones de la OMC.
De lo negociado entre 1991 y 1993, Estados Unidos obtiene el compromiso
de una disminución, aparentemente gradual, de los impuestos a la
importación de productos agrícolas estadounidense, introduciendo
en el tratado algunas cláusulas de carácter cualitativo
que tienen efectos importantes.
Una de ellas impide a México, una vez concluido el período
de transición, establecer cuotas o límites cuantitativos
a la importación de productos, lo cual era una de las columnas
vertebrales del sistema mexicano de regulación agropecuaria.
Otro elemento es la prohibición de subsidios, que distorsionan
la libre competencia entre los productores. Se considera, en consecuencia,
que todo subsidio que interfiera con la asignación optima de recursos
en el mercado debe ser eliminado.
Paralelamente a la negociación del tratado, se realizaron las modificaciones
del artículo 27 constitucional, que significaron la eliminación,
por un lado del reparto agrario como obligación de Estado y por
otro, la base constitucional para la conversión de las tierras
ejidales en propiedad privada mercantil, además de que permitió
que las empresas mercantiles, por acciones, sean dueñas de importantes
extensiones de tierra.
Estimo que esta reforma fue bilateralmente negociada con Estados Unidos.
No quisiera caer en una visión dependendista y afirmar que la reforma
fue impuesta. Desde los años treinta hay en México una vieja
aspiración de su oligarquía, que incluso fue uno de los
motivos para la creación del Partido Acción Nacional, respecto
a la cancelación de reparto agrario, la conversión de tierras
ejidales en propiedades mercantiles sujetas a embargo y el derecho de
las sociedades mercantiles para ser dueñas de tierra. Se une así
una aspiración conservadora interna con la visión de Estados
Unidos acerca de que la inversión en el sector agrícola,
particularmente la tierra, podría ser rentable y, por tanto, sujeta
a ser incorporada al tratado.
Por otro lado, en un capítulo distinto al agropecuario, que es
referente a inversión aparece un conjunto de normas desregulatorias
de la inversión extranjera que favorecen la transnacionalización
de la agroindustria.
La transnacionalización de la industria alimentaria es un fenómeno
previo a 1994. Nestlé, Carnation y otras empresas ya actuaban antes
de ese año, pero lo hacían bajo la norma restrictiva que
establecía una distinción jurídica entre empresa
mexicana y empresa extranjera. La legislación especial para las
empresas extranjeras no impedía que éstas obtuvieran grandes
utilidades, pero jurídicamente existía la capacidad regulatoria.
Al otorgarse, en el capítulo de inversión, el trato nacional
genérico a las empresas extranjeras y prohibirse toda acción
discriminatoria que afectara la igualdad de derechos entre empresas, se
favorece una mayor penetración extranjera que se manifiesta en
la adquisición, por empresas agroindustriales y agrocomerciales
estadounidenses, de plantas industriales mexicanas, tanto del sector privado,
como del público, lo cual está íntimamente vinculado
a la negociación del propio sector agropecuario.
Cabe señalar que -en su momento- sostuvimos que por lo menos los
granos básicos (maíz, frijol, trigo y arroz) no debían
entrar en la negociación. También, unos pocos intelectuales
estadounidenses, como Karen Hansen del Instituto de Investigaciones de
Políticas Agrícolas Comparadas en Minessota, percibieron
tempranamente el nexo entre el aumento de la pobreza rural, la crisis
agrícola de granos básicos y el incremento de flujos migratorios
(nexo comprobado por las investigaciones de Juan Manuel Sandoval del Instituto
Nacional de Antropología e Historia, entre otros).
Pese a ello, los estadounidenses, con enormes excedentes de maíz
y trigo, incorporaron los granos básicos en el capítulo
agrícola. A pesar de muchas voces que se alzaron para que, durante
la negociación, se incorporara un capítulo sobre derechos
sociales, laborales y humanos de los migrantes, fue tajante la negativa
del lado mexicano y del estadounidense en ese sentido.
El presupuesto de la federación para 2003 asignó recursos
para el campo por 41 mil 783 millones de pesos. Estos raquíticos
fondos asignados al campo mexicano, en un contexto en que el Congreso
de Estados Unidos con la Farm Bill 2002-07 aumentó los subsidios
agrícolas de ese país en 51 mil millones de dólares,
representa la "crónica de una muerte anunciada para cientos
de miles de productores agropecuarios de México". Es imposible
competir con arancel cero contra las importaciones agrícolas de
la Unión Americana con un magro presupuesto de 3,869 millones de
dólares versus subsidios globales a los productores estadounidenses
del orden de 98 mil 900 millones de dólares anuales. Si a esto
añadimos que el 1 de enero de 2003 se aplicó la radical
eliminación de casi todos los aranceles agrícolas con Estados
Unidos y Canadá, la perspectiva es realmente preocupante.
En los 10 años del TLCAN, el comercio exterior agrícola
acumula un déficit de 7 mil 790 millones de dólares y va
en ascenso, el comercio pecuario acumula, por el contrario, un superávit
de 1 mil 103 millones, y el de productos procesados (agroindustriales)
acumula un déficit de 10 mil 243 millones. Así, la suma
total del sector agroalimentario presenta un déficit acumulado,
en los 10 años, de 16 mil 930 millones de dólares.16
Debido a lo anterior, es previsible que continuará la pérdida
de empleos agropecuarios y se cancele toda posibilidad de proteger la
producción de básicos ante amenazas externas.
Mientras el campo genera cerca de 7 millones de empleos y participa con
5 por ciento del PIB nacional, la inversión acumulada directa a
partir de la puesta en marcha del TLCAN es solamente de 0.25 por ciento
del total nacional; el gasto público para este rubro se redujo
53 por ciento en términos reales de 1990 al presente año
y el crédito se contrajo en cerca del 80 por ciento.
Estas cifras contrastan la importancia del sector y el débil apoyo
que ha recibido. Las condiciones del campo se han agravado, su viabilidad
está en juego en el corto plazo, por lo cual la oportunidad y suficiencia
de los recursos en este momento resulta clave.
Conclusiones
Para promover los intereses de la población mexicana en niveles
de ingreso y coeficientes de ahorro e inversión, capaces de sostener
un proceso de desarrollo en la economía global, lo primario es
la construcción de capacidades productivas, organizativas y negociadoras
nacionales para actuar efectivamente en el entorno global y balancear
las perspectivas de los intereses de las naciones con las que interactuamos.
Consecuentemente, proponemos los siguientes lineamientos para desarrollar
este planteamiento:
* Renegociación del texto del TLCAN para equilibrar las desventajas
impuestas a las bases productivas de México descritas antes y referéndum
de cualquier acuerdo antes de su suscripción y ratificación
constitucional;
* Mantenimiento de un tipo de cambio en equilibrio que no distorsione
el intercambio comercial y financiero internacional en contra de la base
productiva y el empleo en México y que impida las devaluaciones
traumáticas;
* Actualización y modernización del marco legislativo e
institucional del Estado mexicano para contar con una representatividad
nacional auténtica en las negociaciones comerciales internacionales,
para la aplicación de impuestos y aranceles compensatorios de las
disposiciones antimonopólicas que equilibren la capacidad institucional
de nuestras contrapartes comerciales.
* Realizar evaluaciones públicas sobre los impactos del TLCAN,
guiados por el objetivo común de encontrar mecanismos complementarios
que protejan la planta productiva, los derechos laborales y el medio ambiente,
y de propiciar la renegociación de algunos aspectos de este Tratado,
particularmente del capítulo agrícola y de las normas sobre
regulación de inversiones, con objeto de establecer mecanismos
equilibrados y justos que reconozcan asimetrías. Deben eliminarse
barreras neoproteccionistas instrumentadas por autoridades de EU, como
ha sucedido respecto al acceso de camiones y diversas frutas y verduras
mexicanos a su territorio.
* Incorporación definitiva de los órganos legislativos en
materia de negociación, seguimiento y ratificación de los
acuerdos comerciales y de inversión.
* Revisión integral del capítulo XI del TLCAN, que otorga
el "trato nacional" e impide la fijación de "requisitos
de desempeño", limitando las posibilidades de instrumentar
políticas de fomento económico, de desarrollo industrial
y regional vinculadas a la regulación de la inversión extranjera.
* Revisión de las actuales normas aplicables al comercio de cereales,
oleaginosas, lácteos y carnes y el establecimiento de normas de
comercio justo que permitan el bienestar de los productores mexicanos
y los proteja de subsidios externos, permitiendo una competencia equilibrada.
Los trabajadores internacionales son parte del proceso de globalización
económica, lo que obliga a intensificar acciones en defensa de
su integridad, identidad y cultura. No aceptamos que los migrantes mexicanos
sigan siendo tratados como intrusos en sociedades a las que han contribuido
de manera fundamental. Es tarea fundamental es promover y defender los
derechos humanos, sociales, culturales y políticos de trabajadores
mexicanos internacionales y sus familias. Demandamos garantizar plenamente
los derechos políticos, como el voto cuantificable en México,
de los mexicanos que viven en el exterior, con el fin de construir en
nuestra nación una democracia sin sectores excluidos.
Es ineludible incorporar el tema migratorio en el marco del TLCAN. Debe
replantearse la relación que sobre la materia tenemos con Estados
Unidos y con otras naciones y garantizar la tolerancia hacia la diversidad
y la aplicación plena de los convenios internacionales sobre migrantes,
poniendo término al clima de violencia, racismo y xenofobia existente
en la frontera y en diversas regiones.
La inversión extranjera debe ser regulada por el Estado precisamente
para que juegue un papel positivo en el desarrollo nacional. Sin embargo,
regulación no quiere decir trabas burocráticas, tampoco
proteccionismo de ineficiencias y falta de calidad; quiere decir orientar,
incentivar, crear condiciones para que haya ganancias razonables que a
la vez cooperen con el desarrollo nacional. Deben plantearse mecanismos
para que la inversión extranjera tenga un efecto de arrastre sobre
el resto de la economía con la consiguiente generación de
empleos indirectos. No proponemos mecanismos proteccionistas de ineficiencias,
al obligar a inversionistas a comprar en el país lo que sea más
caro o de menor calidad, pero deben buscarse mecanismos o incentivos para
que en los hechos estas empresas se surtan en proporciones crecientes
en el país receptor. Un mecanismo, entre otros, pueden ser reglas
de origen con contenido nacional y no sólo regional como estipula
el TLCAN. Deben canalizarse prioritariamente a sectores productivos y
no sólo a la especulación bursátil.
La inversión extranjera orientada y regulada puede ser un instrumento
de desarrollo para ir disminuyendo las asimetrías existentes entre
los países. Pero para ello es necesario que las inversiones extranjeras
jueguen un papel activo en la creación de las condiciones macroeconómicas
favorables y no sólo reciban sus frutos. Al menos deben asociarse
al capital nacional y transferir tecnología. Un esquema atractivo
es coinversiones en que el inversionista extranjero ponga tecnología
de punta y la transfiera, y ello se contabilice como capital aportado.
Las políticas de regulación de inversión extranjera
no bastan para disminuir las asimetrías existentes entre los países
firmantes del TLCAN. Son necesarios acuerdos sobre fondos de fomento,
así como fondos compensatorios para los sectores y regiones más
afectados por la reestructuración y el ajuste. Además es
necesario resolver de raíz el problema de la deuda externa, lo
que liberaría fondos propios para fomentar el desarrollo nacional
y disminuir las asimetrías. Todo ello implica no otorgar "trato
nacional". No se puede tratar como iguales a quienes no son iguales.
El atraer inversión extranjera como complemento de la nacional,
supone lograr alianzas internacionales entre los países en desarrollo
para evitar una competencia desleal por las inversiones, a la vez que
crear un nuevo contexto mundial que comprenda que la salida es global,
que el mundo industrializado no superará sus problemas si no colabora
con la elevación y desarrollo integral de su contraparte. Ello
no es una utopía irrealizable. Junto con las tendencias neoliberales
en el mundo subsisten tendencias en esta dirección. La integración
europea parte de este supuesto dentro de su propio bloque. Todo lo anterior
es viable, pero supone otro modelo de desarrollo distinto al neoliberal.
Ciertamente supone crear condiciones de menor dependencia de la inversión
extranjera. Debemos buscar un modelo de desarrollo viable en el contexto
mundial en el que la inversión extranjera sea un complemento del
esfuerzo nacional y no una necesidad angustiosa para evitar crisis financieras
mayores. No es fácil alcanzarlo, pero un modelo de desarrollo con
distribución del ingreso y democracia irá creando la fuerza
necesaria para triunfar.
La renegociación del capítulo agropecuario del TLCAN, es
una tarea de enorme trascendencia para recuperar la soberanía alimentaria
y defender el interés de la nación; sin embargo, es importante
tener conciencia de que constituye un proceso largo, pues requiere del
consenso de Estados Unidos. En el corto plazo, apoyados en la ley de comercio
exterior de México y en las disposiciones del tratado mundial de
comercio que prohiben las prácticas desleales de comercio practicadas
por Estados Unidos para promover sus exportaciones agrícolas, se
requiere establecer salvaguardas y aranceles compensatorios a la importación
de granos provenientes de ese país. Por otra parte, es imperativo
que se haga efectiva la disposición establecida en la Ley de Desarrollo
Rural Sustentable, con el fin de que auténticos representantes
de los agricultores participen en los comités que deciden las cuotas
de importación. Otra vía de protección de nuestra
agricultura sería que amparados en el capítulo octavo de
TLCAN, particularmente en el artículo 801, párrafos tercero
y cuarto, se establezcan salvaguardas a un conjunto de productos agropecuarios
para aumentar los impuestos a la importación regresando su nivel
al existente antes de entrar en vigor el TLCAN.
Por razones de interés nacional y preservación de la paz
pública, es imperativo que el Congreso de la Unión aumente
el presupuesto del sector agropecuario, particularmente incrementando
la inversión pública en desarrollo rural, en infraestructura
hidroagrícola y los recursos para comercialización, Procampo,
Alianza para el Campo y los créditos canalizados a través
de la nueva Financiera Rural y otros programas. Para financiar el aumento
del gasto público, estimo necesario realizar una profunda reforma
fiscal integral y combatir la evasión fiscal, con el fin de disponer
de recursos públicos que permitan incrementar significativamente
la inversión pública en desarrollo rural y los subsidios
al campo. Sólo así, se logrará a mediano plazo la
meta de equiparar los apoyos en México con los existentes en Estados
Unidos y en Canadá. En un estudio elaborado en 2002, denominado:
"Hacia una política hacendaria de Estado", un grupo de
investigadores en la UNAM, la Fundación Colosio y el Instituto
de Estudios de la Revolución Democrática, encontramos que
un modesto incremento en la recaudación de 4 por ciento del PIB,
vía combate a la evasión fiscal, se podría destinar
el 20 por ciento de esta cifra al sector agropecuario lo que tendría
un gran impacto aún en la hipótesis de que no se lograra
la renegociación del TLCAN.
Esta es una cifra clave para la agricultura mexicana. Duplicar la inversión
pública en infraestructura, apoyos a la comercialización,
insumos, créditos, reconversión productiva, tecnología,
con reglas que ayuden a los pequeños y medianos productores, puede
tener un efecto multiplicador de enorme importancia. En consecuencia,
la inversión pública y los apoyos a la comercialización
y al Procampo tendrían un efecto para el mundo rural. Si la sociedad
civil lograra construir candados anticorrupción y anticorporativismo
para esos fondos y subsidios, el efecto de una inversión pública
que pasaría de 41 a 90 mil millones de pesos seria profundo.
Es conveniente retomar el espíritu del Foro de Sao Paulo surgido
del XI periodo de sesiones de la UNCTAD: el mejoramiento de la coherencia
entre las actividades nacionales e internacionales y entre los sistemas
monetarios, financieros y comerciales internacionales es fundamental para
consolidar la gobernabilidad económica mundial. Es importante crear
sinergias positivas entre el comercio y las finanzas y determinar el modo
de vincular esas actividades con el desarrollo. En particular, debería
prestarse atención al mejoramiento de las corrientes internacionales
de capital para el desarrollo, entre otras cosas, utilizando mecanismos
financieros innovadores, así como a hacer frente al problema de
la inestabilidad de los mercados de capital internacionales. Las medidas
para lograr la sostenibilidad de la deuda a largo plazo en los países
en desarrollo deberían también ser objeto de un profundo
examen y de medidas adecuadas.
La integración más positiva de los países en desarrollo
y de los países con economías en transición en los
flujos comerciales internacionales y en el sistema comercial multilateral
depende también de la adopción de políticas internas
para acceder a sectores que incorporan la innovación y que se expanden
más dinámicamente. Para lograr esos resultados, los países
deben tener la capacidad de estudiar las distintas opciones y mantener
el espacio necesario para las políticas, con el fin de alcanzar
el equilibrio idóneo entre los distintos enfoques de sus estrategias
nacionales de desarrollo.
El proceso de desarrollo requiere un aumento de la participación
de todas las fuerzas sociales y políticas en la creación
de consensos. Aunque el desarrollo es responsabilidad primordial de cada
país, los esfuerzos realizados en los países deben ser facilitados
y complementados por un entorno internacional favorable, basado en reglas
acordadas y aplicadas multilateralmente. En las políticas de desarrollo
debe tenerse en cuenta la importancia de las fuerzas del mercado -en un
entorno empresarial favorable que incluya, por ejemplo, políticas
apropiadas en materia de competencia y protección del consumidor-
en la promoción del crecimiento, por medio del comercio, la inversión
y la innovación. También deben tenerse en cuenta la importancia
de la contribución del Estado al logro de la estabilidad política
y económica, al establecimiento de los marcos normativos necesarios,
a la canalización de los recursos para los proyectos sociales y
de infraestructuras, la promoción de la inclusión social
y la reducción de la desigualdad.
En conclusión, se requiere una política económica
alternativa que nos permitan encarar los retos de la globalización
a partir de un proyecto nacional de desarrollo sustentable definido democráticamente
y que garantice la mejoría en los niveles de vida, empleo, salud,
educación y vivienda de la población. Defendemos la empresa
pública en sectores que la constitución política
señala como facultad exclusiva del Estado mexicano: petróleo,
petroquímica básica, electricidad y energía nuclear,
entre otros. Debe fortalecerse la competitividad de las micro, pequeñas
y medianas empresas y del sector social de la economía para elevar
su participación en el mercado interno y en las exportaciones.
Apoyar al sector agropecuario y silvícola con el objetivo de recuperar
la soberanía y autosuficiencia alimentaria, preservar nuestra biodiversidad,
cultura y prácticas sustentables de producción, así
como regular el capital especulativo, promover la inversión productiva
y, finalmente, fortalecer las regulaciones sociales y ambientales.
* Director del Instituto de Estudios de la Revolución
Democrática. Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad
Nacional Autónoma de México.
1 Márquez Ayala, David. "El TLCAN a 10 años de distancia",
en Coyuntura núm. 120, marzo-abril 2004.
2 Márquez Ayala, o. c.
3 INEGI-SHCP.
4 Arroyo. Alberto. "El TLCAN en México: promesas y realidades
en su décimo año", en Lecciones del TLCAN: El alto
costo del libre comercio. RMLC-ASC, México, 2003.
5 Arroyo Picar, Alberto. Op.Cit.
6 Cálculo en base a Grupo de Trabajo INEGI, SHCP y B. De M. Balanza
comercial. Tomado de web www.shcp.gob.mx.
7 Revista Expansión.
8 Marquez Ayala. o. c.
9 La Jornada, 28 de junio de 2004.
10 Marquez Ayala. o. c.
11 Marquez Ayala. o. c.
12 INEGI Encuestas Nacionales de Empleo 1993-2003. 1993, cuadro 66; 1995
cuadro 73; 1996-1999 cuadro 3.39; 2000 cuadro 3.65; 2001-2002 cuadro 3.39;
1er trimestre 2003 indicadores estratégicos de empleo y desempleo.
13 INEGI Encuestas Nacionales de Empleo 1993-2003. 1993, cuadro 72; 1995
cuadro 167; 1996-2002 cuadro 3.73; 1er trimestre 2003 Indicadores estratégicos
de empleo y desempleo.
14 INEGI PIB manufacturero Sistema de Cuentas Nacionales Productividad.
Empleo: Encuestas Industriales Mensuales tomadas de BIE-INEGI y www.inegi.gob.mx.
15 INEGI Estadísticas Industria Maquiladora de Exportación.
Tomado de BIE-INEGI (Industria maquiladora de Exportación/Indicadores
anuales/Por entidad federativa/Total Nacional/Personal ocupado).
16 Marquez Ayala, o. c.
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