Globalización y trabajo

Saúl Escobar Toledo*

El mundo del trabajo ha sufrido una drástica transformación desde hace unos veinte años. Esta transformación empezó con una ofensiva contra los pilares de las instituciones públicas encargadas de regular el mercado laboral, parte esencial del viejo Estado del bienestar, y se ha ido profundizando con la apertura de los mercados financieros y comerciales, la privatización de empresas y servicios públicos y las políticas de ajuste macroeconómico. Ha ido acompañada también por un desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías de la información.

Estas notas buscan dar cuenta de algunas expresiones recientes de este fenómeno y discutir algunas de sus implicaciones y tendencias en el ámbito de la globalización actual. Para ello, se expondrán, primero, algunos relatos o testimonios breves y sencillos que atestiguan la situación laboral en diversas partes del mundo. La segunda parte discute algunos aspectos teóricos del problema.

Las historias

"Eso equivale a un mes y medio de salario", dijo Devi viendo el precio de la etiqueta de unos pantalones deportivos en una tienda de Londres. Devi es una trabajadora de una maquiladora situada cerca de Yakarta, Indonesia, que fue despedida después de una huelga en la fábrica en la que trabajaba, una empresa productora, precisamente, de ropa deportiva.

Devi ganaba el salario mínimo, alrededor de 950 pesos mx por mes, pero el costo mínimo de la canasta básica era de 1300 pesos mx., lo que quiere decir que sólo podía adquirir el 73 por ciento de las mercancías y servicios indispensables para vivir.

Devi también se quejaba de las condiciones de trabajo: "Hay —decía— 8 tazas de baño para 2000 trabajadores" y del maltrato y descuido que recibían en la empresa: no reciben ninguna ayuda cuando se accidentan en el trabajo, obligándolas, a veces, a seguir laborando.

Devi y otras dos trabajadoras fueron a Inglaterra a dar su testimonio sobre la huelga y las condiciones de trabajo, invitadas por un conjunto de organizaciones solidarias, entre ellas War on Want.1

Pero esta historia no es diferente de muchas otras. Por ejemplo, la ropa deportiva de marcas tan famosas como Puma, Umbro, Fila, Adidas, Reebok, Nike y ASICS, se produce en un gran número de empresas dispersas por todo el mundo en las cuales los derechos de los trabajadores son constantemente violados, de acuerdo a un reporte de Oxfam y algunos sindicatos.2

Para bajar los costos laborales, los trabajadores son obligados a laborar tiempos extras muy prolongados, a veces sin compensación y con bajos salarios. Las evidencias se obtuvieron en países tradicionales maquiladores de ropa como Indonesia, Tailandia, China, Camboya y Bangla Desh, pero también en Bulgaria y Turquía.

En estas empresas la mayoría de los trabajadores son mujeres. En temporadas altas, trabajan siete días a la semana y las jornadas son de 16 a 18 horas diarias. Además, muchas empresas emplean trabajadores sin contratos y les niegan el salario mínimo o lo estipulado para el tiempo extra. No hay permisos por enfermedad, ni seguridad social. También hay quejas por acoso sexual.

Los administradores de las maquiladoras se quejan de que hay una competencia muy intensa en el ámbito mundial por bajar los precios y que además, han cambiado el sistema de pedidos. Antes se hacían pedidos en masa para cada una de las cuatro estaciones del año pero ahora este sistema ha sido reemplazado por las órdenes "just-in-time", inmediatas. Las modas cambian ahora cada mes. Las empresas que no cumplen a tiempo son multadas o tiene cargos extras.

La competencia es, en efecto, muy fuerte sobre todo con el despertar de China, la llamada maquiladora3 del mundo. Aquí, las historias se multiplican con idéntico guión. Por ejemplo, los trabajadores de Kin Ki, empresa localizada en la provincia de Henzhen, son en su mayoría adolescentes que provienen de las zonas rurales que tienen que trabajar más horas y reciben un salario inferior en un 40 por ciento a lo que dice la compañía. Duermen pies con cabeza en pequeños cuartos y acaban de realizar dos huelgas demandando un salario más cercano al mínimo legal. La mayoría no tiene pensiones, ni servicio médico o contratos de trabajo.

Muchas compañías se han trasladado a China. Empresas que estaban en Estados Unidos o Europa e incluso en otros países maquiladores incluyendo México. Gracias a ello, por ejemplo, China fabrica ahora el 80 por ciento de los juguetes que se venden en EU.

Es el caso de Kin Ki que paga a sus trabajadores 24 centavos de dólar cada hora cuando el mínimo legal es de 33 centavos. En Ohio (Estados Unidos), donde se encontraba originalmente la planta productora hasta el año 2000, el salario era de 9 dólares la hora. Los trabajadores chinos afirman que la compañía les niega prestaciones legales y los obliga a trabajar 84 horas a la semana, siete días, doce horas diarias, mucho más del mínimo legal, sin pagar el tiempo extra.4

Pero no sólo en China y en el resto del mundo subdesarrollado encontramos estas historias. Para sorpresa de muchos aunque no de todos, recientemente se dieron a conocer casos muy parecidos en Estados Unidos. Prácticas laborales del tercer mundo en el corazón de la primera potencia económica del planeta.

Un reportaje periodístico dio cuenta de esta historia: "El sueño americano terminó, para Víctor Zavala, un jueves a las 7 de la mañana cuando, después de pasarse toda la noche limpiando los pisos de una tienda de Wal-Mart en Nueva Jersey, la policía lo aprehendió al salir de su trabajo".

Zavala, un inmigrante ilegal mexicano, dijo que había trabajado tres años limpiando las tiendas de Wal-Mart siete noches o 60 horas a la semana, ganando 6 dólares la hora. Sin pago de tiempo extra, seguro de gastos médicos o de enfermedad; no pagaba tampoco impuestos ni seguro social. Nunca tuvo un día de descanso y su petición para gozar de una luna de miel fue negada.

Este caso no era, de ninguna manera, excepcional. Zavala fue uno de los 250 trabajadores ilegales arrestados en octubre de 2003 a las afueras de 61 tiendas en 21 estados de la Unión Americana.

El caso de los inmigrantes mexicanos reveló a la opinión pública las prácticas laborales de la compañía más grande del mundo, de acuerdo a sus ingresos, con 1.4 millones de trabajadores, 245 mil millones de dólares en ventas y 8 mil millones de dólares de ganancias el año pasado.

La compañía admite que paga a sus trabajadores menos que sus rivales pero aclaró que en el caso de los migrantes mexicanos, los trabajadores habían sido contratados por una tercera empresa.

Para algunos, es decir para los sindicalistas activos de Estados Unidos, el caso de Wal-Mart no fue sorprendente. Desde hace mucho tiempo habían denunciado que no existe un sólo sindicato en ninguna de las tiendas de Wal-Mart en toda la Unión Americana y probablemente en muchas otras partes del mundo donde tiene filiales. Ello, debido a que la compañía ha desatado tácticas muy agresivas para persuadir a sus trabajadores a que no se afilien a un sindicato.

No resulta sorprendente entonces, tampoco, que los salarios sean más bajos y las prestaciones más reducidas en Wal-Mart que en las empresas competidoras. Por ejemplo, dos tercios de los empleados de Wal-Mart podrían aspirar a un seguro de gastos médicos pero muy pocos lo toman porque no pueden pagar las contribuciones tan altas que la compañía les requiere.

Y aunque resulta increíble que el empleador más grande del mundo no tenga una sólo sindicato, ello es una muestra de la declinación del sindicalismo en Estados Unidos. En el 2002, sólo el 13.2 por ciento, es decir, 16 millones de trabajadores estaban sindicalizados, cuando en 1983 eran 20 por ciento y en los años cuarenta y cincuenta habían llegado a un tercio. La caída del sindicalismo muestra, según expertos, que las compañías se han dado cuenta de que tener trabajadores sin contratos colectivos es una ventaja.

Las políticas de Wal-Mart provocaron también otras historias. Por ejemplo, a fines del año pasado, setenta mil trabajadores de supermercados pertenecientes a empresas competidoras de Wal-Mart se fueron a la huelga en el sur de California. Las empresas —dijeron los trabajadores— les querían bajar sus salarios para competir con Wal-Mart.

Los precios que ofrece Wal-Mart a sus consumidores son casi 14 por ciento más bajos que el de los otros supermercados, entre otras cosas por sus políticas agresivas de bajar los costos laborales. Sus trabajadores ganan un tercio menos que los trabajadores sindicalizados y éstos pagan, cuando pueden, una cantidad más alta de su seguro de salud.

Las compañías competidoras de California reaccionaron demandando un congelamiento de los salarios por dos años y una paga menor para los de nuevo ingreso y, también, que sus empleados paguen más de su seguro de salud. Los salarios promedio de estos trabajadores son de 18 mil dólares al año y los de Wal-Mart de 14 mil, lo que sitúa a estos últimos por debajo de los 15 060 dólares que señala la línea de la pobreza para una familia de tres miembros.

La política de reducir los salarios y las prestaciones de los trabajadores para bajar costos y ser más competitivos, ha dado lugar al término de wal–martización5 que no significa otra cosa que lo que en otras partes del mundo, sobre todo en el mundo subdesarrollado, representa el modelo maquilador: bajos salarios, malas condiciones de trabajo, nula sindicalización. Con la salvedad de que en EU no se están incorporando jóvenes campesinos a una economía industrial y de mercado, sino a trabajadores algunos de ellos migrantes pero la mayoría ciudadanos norteamericanos que gozaban hace algunos años de un salario decente, capaz de ofrecerles una vida digna. Ahora la wal—martización está empujando a los trabajadores americanos hacia la pobreza. El sueño americano se está volviendo una pesadilla tercermundista.

Pero en la potencia del norte están preocupados no sólo por la caída del bienestar de los trabajadores sino también por la falta de empleos. La economía norteamericana crece vigorosamente sin aumentar significativamente el número de puestos de trabajo.6 A pesar de un crecimiento importante de más de 4 por ciento para este año, la economía norteamericana sólo creó 278 mil empleos nuevos en los últimos cinco meses es decir 776 mil empleos menos que los que había al principio de la recuperación.7

El retraso en la creación de empleos, con relación al crecimiento de la economía, se debe —entre otras cosas— a que las plazas de trabajo permanentes, de tiempo completo, están siendo desplazadas por el outsourcing8 por parte de las empresas para conseguir la fuerza de trabajo necesaria para producir bienes o servicios. Una forma del outsourcing es la subcontratación de trabajadores independientes, muchas veces localizados y contratados por Internet. Se trata de fuerza de trabajo auto empleada que se encuentra fuera o dentro de Estados Unidos. Una fuerza de trabajo sin la seguridad y los beneficios y prestaciones de los empleos tradicionales.9

Otra forma de outsourcing se realiza mediante la reubicación de empresas y empleos originalmente arraigados en ese territorio y que se han trasladado a otro país, por ejemplo a China, buscando menores costos laborales.

Pero la historia se repite también en otra parte del mundo, como en Europa. En Francia, por ejemplo, las alarmas están encendidas al darse cuenta que la desindustrialización y el desarrollo de las actividades de servicios han generado un nuevo tipo de trabajos precarios, mal pagados, y de baja sindicalización.10 Casi uno de cuatro puestos de trabajo está considerado ahora como poco o no calificado y por lo tanto en riesgo de ser considerados tercermundistas o wal–martianos.

Empleados de comida rápida, meseros, niñeras, sirvientes de casa, agentes de ventas, de limpieza o de seguridad, chóferes, vendedores de revistas y periódicos, vendedores de cajeros de supermercados: estos empleos, catalogados como no calificados han conocido un empeoramiento en Francia, sobre todo entre los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes recientes.

A lo anterior hay que agregar también el outsourcing de empresas que han huido de Francia para trasladarse a otras partes del mundo incluyendo la Europa central y oriental.

Pero no todas son tan malas noticias en el mundo.

En los albores del siglo XXI, dos países, precisamente los dos países más poblados del planeta, China e India, han sorprendido al mundo desde hace varios años por sus altas tasas de desarrollo y su modernización económica. A tal punto, que los dos gigantes se han convertido en los motores del crecimiento mundial, desde luego sin desplazar a los Estados Unidos.11 La clave del crecimiento para ambos radica en la especialización dentro de la economía mundial: la industria para China, los servicios para la India.

Ninguno de los dos países ha dejado de ser predominantemente agrario. Ahí viven 75 por ciento de los indios y 60 por ciento de los chinos, aunque las estrategias divergen totalmente. En India se sostienen los precios de los granos básicos para ayudar a los campesinos aunque su política de soberanía alimentaría ha impedido —según algunos— el desarrollo de una industria agrícola más moderna de exportación. En China se está expulsando a los campesinos y se han impuesto precios agrícolas bajos. Ahora los viejos agricultores sobreviven gracias sobre todo a los envíos de dinero de sus hijos, que viven y trabajan en las ciudades.

Pero las estrategias laborales y por lo tanto algunas historias son diferentes. Por ejemplo, a principios de abril, Infosys Technologies, una empresa india beneficiada por el outsourcing, celebró haber alcanzado ingresos por más de mil millones de dólares. Localizada en Bangalore cuenta con casi 10 mil empleados. El éxito ha sido acompañado de una mayor demanda de fuerza de trabajo calificada lo que a su vez ha elevado los salarios. En este sector, los ingresos de los trabajadores han aumentado en casi 15 por ciento cada año.12

La razón de este aparente círculo virtuoso (más crecimiento —más empleo— mejores salarios) se debe en gran parte al vertiginoso aumento de las compañías americanas para relocalizar el trabajo fuera de sus fronteras, al outsourcing. Además de las empresas de componentes de automóvil, están los servicios de atención telefónica para bancos, inmobiliarias, servicios ferroviarios (call centres); tecnologías de la información y la subcontratación de trabajo técnico de oficina más intensivo (payroll centres: programas para el pago de nóminas) y funciones relacionadas con la contabilidad y los recursos humanos.

La competencia se da entre las ciudades de India de primer nivel: Bangaalore, Mumbai (Bombay), Nueva Delhi y Hyderabad. La escasez de fuerza de trabajo en la India está siendo resuelta a través de las universidades locales que se han expandido mediante programas de negocios de dos a cuatro años. Sin embargo, hay cálculos que señalan que si India continúa produciendo graduados universitarios a la tasa actual, la demanda superará a la oferta en 20 por ciento en los mercados de empresas beneficiadas por el outsourcing para el año 2008.

Aún con un alza de salarios de 15 por ciento anual, el costo de un programador de computadoras o de un gerente de nivel medio en India es bastante más bajo que su similar en EU. Un programador gana 25 mil dólares en India y 75 mil en EU, aunque esto no se traduce exactamente en la reducción global de costos.

Para explicar el éxito de la India y sus diferencias con el éxito chino, se menciona la habilidad de los trabajadores con el inglés, así como la infraestructura del país en materia de telecomunicaciones, su sistema legal y su estabilidad política. Cuestiones, algunas de ellas sorprendentes. De lo que no hay duda es que India ha sido uno de los grandes beneficiarios de la globalización. India puede convertirse, en el mediano plazo, en el centro mundial de la tecnología.

Ello se debe también entre otras cosas a que no ha seguido fielmente las indicaciones del Consenso de Washington ni las recetas del FMI. Ese es, claramente, el caso de la agricultura pero también se podría decir lo mismo en su política comercial: India presenta una modesta dependencia de las exportaciones de productos industriales y presta una especial atención al consumo doméstico. Pero también ha seguido políticas heterodoxas en materia financiera (el déficit fiscal indio ha sido superior al 5 por ciento del PIB en los últimos años). En materia de regulación laboral ésta sigue siendo muy rígida según los parámetros del FMI. De otro lado, es cierto que en la India se privatizaron muchas empresas estatales.

A pesar del fuerte crecimiento económico registrado en los noventa, el empleo global no ha crecido mucho y se ha limitado a las capas más educadas de la sociedad. La clase media india, principal beneficiada, está compuesta por poco más de 90 millones de personas. Sin embargo, el 60 por ciento de la población económicamente activa de India (405 millones) se gana la vida todavía en condiciones de subsistencia: la pobreza y la desnutrición no han diminuido sensiblemente.13

La teoría

A raíz de estos hechos, parece claro que en todo el mundo hay una tendencia a reducir los costos laborales como método principal para mantenerse en la competencia. La búsqueda de esta reducción de costos acelera la tendencia de traspasar empresas desde los países más desarrollados hacia los subdesarrollados, a imponer normas laborales en los países desarrollados basados en bajos salarios y la precarización, y a contratar trabajadores independientes sin las prestaciones y la protección legal de una plaza de trabajo asalariada. Son las distintas caras del outsourcing.

En el caso de la relocalización de empresas hacia el mundo subdesarrollado, se argumenta que no sólo es un problema de costos, sino también de calidad pues la calificación de la mano de obra que ofrecen algunos países emergentes es muy alta. Esta tendencia se observa no sólo en las empresas intensivas en fuerza de trabajo que requieren mano de obra muy poco calificada como la maquila de ropa, juguetes, electrónicos y autopartes. También las de más valor añadido se están trasladando fuera de Europa o de Estados Unidos, sobre todo en el ramo de los servicios. La India parece ser la nueva tierra prometida. Las empresas occidentales confían ahora, a las empresas instaladas en ese país, los servicios de alta tecnología.

Según una encuesta de PriceWaterhouse, las empresas enfrentan la competencia global principalmente mediante este método. De las empresas que aceptaron haber movido sus plantas productoras a otro lado, el 59% eran europeas y el 34% norteamericanas.

Este cambio es tan importante que algunos estudiosos del tema aseguran que nos encontramos ante un nuevo modelo de desarrollo. Funcionarios de Merril Lynch señalaron hace poco: "Vamos hacia un nuevo paradigma en el que la tasa de paro o el nivel de producción industrial pasarán a ser secundarios. La clave ahora es sólo el incremento de la productividad".14

Las distintas formas de outsourcing podría llevarnos a dos conclusiones fundamentales. La primera, que el crecimiento económico no está generando tantos empleos como antes; y la segunda, que para inducir el crecimiento y la creación de empleos, se requiere, en todas las economías pero sobre todo en las economías desarrolladas, bajar los costos laborales y sobre todo cambiar la rigidez del mercado laboral que aún se mantiene en muchos países y, particularmente, en Europa.

Este es en efecto el punto de vista del FMI. En abril de 2003, este organismo, a través del World Economic Outlook (WEO), una publicación que difunde regularmente sus puntos de vista, argumentó que la protección al mercado laboral era responsable de las tasas de desempleo tan altas que hay en muchos países europeos.

Según estos análisis, en el 2000, las tasas de desempleo en los once países de la Eurozona andaba en 9%, mientras en Estados Unidos el des-empleo estaba cercano a sólo 4%.

Esta diferencia se explicaría porque en Europa hay un mercado laboral rígido y esclerótico, incapaz de ajustarse a los avances tecnológicos y a los cambios de la economía internacional. Según esta tesis, los beneficios para los desempleados son muy altos y duran demasiado tiempo, los sindicatos son demasiado fuertes, y la protección al empleo es tan rígida que desalientan a las empresas para contratar trabajadores. En contraste, la economía norteamericana, caracterizada por mercados laborales flexibles, se ha ajustado a estos problemas y ha podido generar nuevos empleos.

Sin embargo, otros estudios han argumentado un punto de vista diferente. Según un grupo de expertos de la AFL-CIO y del CEPR,15 "a diferencia de lo que se cree, en el sentido de que el desempleo en Europa es resultado de mercados de trabajo rígidos e inflexibles, nueva evidencia demuestra que los factores macroeconómicos son más importantes para explicar el paro".

Según estos expertos, las instituciones del mercado laboral afectan el desempleo pero de distinta manera a como lo señala el FMI. Los beneficios de los desempleados (seguro de desempleo) y la fortaleza sindical (union density) no tienen ningún efecto. El nivel de negociación colectiva de los salarios y la amplitud de las prestaciones salariales sí importan pero aplicadas ambas de manera correcta, pueden bajar el desempleo. Tasas más bajas de impuestos también pueden bajar el desempleo pero resulta mejor aumentar el gasto en políticas activas en el mercado laboral.

En cambio, señalan, el asunto básico es que los altos niveles de desempleo en la Europa occidental han sido resultado de una política macroeconómica disfuncional. Se aplicaron medidas para bajar la inflación y aumentar las tasas de interés, provocando un bajo crecimiento y un aumento del desempleo. Además, adoptaron estas políticas al mismo tiempo en varios países europeos, generando así una ola de contagio depresivo en todo el continente que también ayudó al aumentó del desempleo.

El argumento, en síntesis, contrario a las tesis del FMI, aduce que el desempleo en Europa debe ser atribuido sobre todo a una mala política macroeconómica. Se aplicaron medidas de austeridad para reducir la inflación, sin importar los costos sociales incluyendo el crecimiento de las tasas de desempleo. Así, los problemas monetarios también han contribuido adversamente. En los años 80 y 90 el peligro de la especulación monetaria llevó a los gobiernos europeos a elevar las tasas de interés para defender sus monedas y evitar importar la inflación. Después, la introducción del euro agravó los problemas pues se forzó a los países a una estricta convergencia fiscal que requirió políticas de austeridad. Todo ello ha dado como resultado una desviación contraccionista y una política insensible al ciclo económico.

Mientras tanto, la política macroeconómica de EU ha sido relativamente flexible y contra-cíclica. Tanto el déficit fiscal como la política monetaria de la Reserva Monetaria han jugado un papel positivo para el crecimiento. En 1990–91, la FED bajó las tasas nominales de interés hasta que la real fue cero. Esta diferencia entre las políticas macroeconómicas persiste hasta hoy.

Según nuestros resultados —dicen Baker y Schmitt—, bajar la tasa de inflación en uno por ciento aumenta el desempleo en 0.4 por ciento. Un aumento en la tasa de interés real de uno por ciento aumenta el desempleo en 0.3 por ciento. Bajar la tasa de crecimiento real en un punto porcentual aumenta el desempleo en 0.3 por ciento. Recortar impuestos puede tener efectos positivos: bajar un 10 por ciento los impuestos baja el desempleo en sólo 0.8%. En cambio, aumentar el gasto en políticas activas en el mercado laboral en 10 por ciento baja el desempleo en 1.2 por ciento. Por ello, gastar en capacitación laboral y programas de colocación de desempleados es más beneficiosos para atacar el problema del desempleo que bajar los impuestos.

Finalmente, si se coordinan adecuadamente, la negociación salarial y la participación sindical pueden bajar el desempleo. Si ambas instituciones fueran potenciadas al máximo, la tasa de desempleo bajaría 0.6 por ciento. Desde luego, si hubiera una participación sindical sin negociación salarial, es decir sin acuerdos con los patrones, el desempleo aumentaría.

Además, agrega Palley, los datos muestran que tanto la fuerza sindical como la protección al empleo ayudan, sin duda, a reducir la desigualdad en la distribución del ingreso.

Coincidente con esto último el estudio de Baker y Schmitt plantea que un análisis más serio debería demostrar que la reducción del desempleo es suficientemente alta como para compensar las pérdidas en el bienestar y la eficiencia que resultaron del debilitamiento de la protección al mercado laboral. Es decir si la desregulación aumenta, disminuye la desigualdad y la calidad de vida de los trabajadores.

El FMI nunca ha reconocido que bajar la protección al mercado laboral incluye una pérdida. Estas protecciones proveen beneficios reales a los trabajadores bajo la forma de seguros contra el desempleo, estabilidad laboral, mejores salarios y condiciones de trabajo, mayor influencia del trabajador en la empresa, y mejores resultados en la distribución del ingreso, sobre todo entre aquellos que ganan los salarios medios y más bajos.

Los sindicatos pueden llevar a mejorar los niveles de productividad, por ejemplo, provocando un clima laboral que facilite el reclutamiento y niveles más bajos de reemplazo, o aumentando la seguridad del trabajador y por lo tanto su deseo de mejorar sus capacidades laborales.

Por otro lado concluyen, como Pailley, que no hay evidencia de que la protección al mercado laboral sea la causa de las altas tasas de desempleo en las economías de la OCDE. Por el contrario, sí la hay de que altos niveles de negociación colectiva están ligados a menores niveles de desempleo.

Mientras Nueva Zelanda bajó sus niveles de protección laboral y obtuvo muy pocos resultados para bajar el desempleo, Austria, Dinamarca, Irlanda, Noruega y Suecia gozan de niveles de desempleo más bajos pese a que mantienen fuertes niveles de protección laboral, por lo menos en relación con EU.

Por otra parte, dice el estudio de Baker y Schmitt, Alemania e Italia fueron dos países en los que se adoptaron mayor número de reformas, pero que no vieron cambio sustancial alguno en sus tasas de desempleo.

Este debate es importante también para los países en desarrollo. El Consenso de Washington ha señalado que el empleo y el crecimiento dependen de la aplicación de políticas de flexibilidad en el mercado laboral. Así, recomiendan —a veces implícitamente, otras de manera abierta— a los países en desarrollo que no cumplan con las normas internacionales que promueven los derechos laborales de libertad de asociación y de negociación colectiva, todo ello para bajar los costos de la fuerza de trabajo.16

Defendiendo un punto de vista alternativo, vale la pena referirse a los argumentos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en cuyo reciente reporte "Panorama Laboral", indica que el desempleo en América Latina y el Caribe es severo, alcanzando a 19 millones de trabajadores de desempleados en las ciudades de la región. El promedio del desempleo se estimó en el 10%. Frente a este serio problema, la OIT señaló que la recuperación sólo es posible si se toman fuertes medidas –incluyendo la reorientación de las prioridades económicas y un proceso de globalización más equitativo.

Además del alto nivel de desempleo existe una proliferación de trabajos de baja calidad, salarios reales que descienden y pérdidas en la productividad.

También se indicó que el poder adquisitivo de los salarios mínimos bajo en -1.6 por ciento, los salarios industriales se redujeron en -4.8 % y la productividad media de los trabajadores experimentó un descenso de -0.5 %. Cuatro de cada 10 latinoamericanos reciben ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades básicas, mientras que desde 1990, siete de cada 10 nuevos empleos han sido generados en la economía informal.17

Esta visión es compartida por Stiglitz quien afirma, al hacer un balance de los años noventa en América Latina:

Aunque las reformas (del Consenso de Washington) no produjeron un crecimiento robusto, sí contribuyeron a elevar la sensación de inseguridad. La situación, marcada por el trauma de la volatilidad económica, incrementó el sentimiento de inseguridad económica. Por si no fuera suficiente, las reformas (neoliberales) casi deliberadamente sirvieron para ampliar esa inseguridad. Uno de los elementos de la agenda de la reforma fue el de la llamada flexibilidad del mercado laboral, esto es, debilitar la protección al trabajador, haciendo más fácil a las empresas despedir a sus trabajadores y pagar salarios más bajos. Lo notable es que estas reformas supuestamente harían funcionar mejor al mercado laboral, abatiendo el desempleo, pero sucedió lo contrario, pues en los hechos se incrementó el número de parados. Durante la década (de los noventa) una parte cada vez mayor de la fuerza de trabajo se pasó a la informalidad sin ninguna de las prestaciones y sin la protección que le proporcionaba el sector formal".18

Los hechos nos muestran una tendencia generalizada a propiciar la devaluación del trabajo19 en todo el mundo con una sola excepción notable: la India. Lo destacado es que esta tendencia no se da solamente en los países en desarrollo o más pobres sino también en Europa y Estados Unidos aunque desde luego en diferente magnitud.

La solución

Pero la interpretación de estos hechos es distinta. Mientras algunos afirman que esta devaluación propicia la creación de empleos y que por lo tanto la desregulación del mercado laboral es necesaria y hay que profundizarla, otros alegan que esta tendencia lo único que hace es alentar el trabajo precario, la disminución de salarios y el empeoramiento de las condiciones de trabajo. La conclusión, en sentido contrario a la primera teoría, es que detener la devaluación del trabajo puede frenar el desempleo además de mejorar el bienestar de los trabajadores.

En otras palabras, el problema del desempleo no tiene como solución abaratar los costos laborales reduciendo los salarios, las prestaciones, las instituciones del mercado laboral y promoviendo el trabajo precario e informal. Al contrario hay que fortalecer la negociación sindical y oponer resistencia a los fenómenos asociados a la "devaluación del trabajo".

Esto llevaría a la conclusión de que, ante las distintas formas de outsourcing que se están llevando a cabo en todo el mundo, no es correcto ni beneficioso para la economía y para los trabajadores que se deterioren los standards laborales. Por el contrario, en la medida en que estos niveles se fortalezcan, la globalización, el empleo, los niveles de vida de los trabajadores y la distribución del ingreso, mejorarán. Ello requiere, entre otras cosas, la participación activa de los organismos internacionales y los Estados nacionales. Los primeros, como la OIT, recomendando y —cosa que no ha sucedido— vigilando la aplicación de un conjunto de medidas como la negociación colectiva, el reconocimiento de los sindicatos, la prohibición del trabajo forzado y la abolición del trabajo infantil. Los segundos, los Estados nacionales, actuando en el mercado laboral propiciando acuerdos entre los trabajadores y los empleadores, y corrigiendo positivamente las fallas del mercado, mediante políticas de protección a los desempleados y programas de capacitación laboral para los demandantes de empleo y los trabajadores en activo.20

Este debate no está aislado de las condiciones generales que propician el desarrollo. Los que sostienen la devaluación del trabajo no sólo aconsejan la desregulación laboral sino políticas macroeconómicas basadas en el Consenso de Washington. Sus opositores, por el contrario, señalan que estas medidas son las principales responsables del desempleo y que precisamente aquellos países que no las han cumplido, en primer lugar Estados Unidos, presentan mejores condiciones para crear empleos. Tales serían los ejemplos, comparativamente hablando, de Estados Unidos y Europa —en un caso— y del éxito de India en el segmento de las empresas beneficiadas por el outsorcing en materia de las nuevas tecnologías de la información.

China, el nuevo gigante económico, sería —en un lado de la argumentación— el ejemplo a seguir en materia de reducción de costos laborales, mientras que en el otro lado, por parte de quienes se oponen a la devaluación del trabajo, sería el ejemplo imposible. No sólo, porque resulta desproporcionado tratar de competir con una fuerza de trabajo real y potencial de casi mil millones de trabajadores, sino también por el costo de este desarrollo, imposible de pagar para otros países. Además, las prácticas laborales de China están influyendo negativamente en el mundo, fomentando la competencia mediante la reducción de los costos laborales en lugar de aumentar la productividad por otros medios.

El caso de India —la excepción que confirma la regla en materia de reducciones salariales, y por lo tanto en los beneficios de la globalización— resultaría para las dos partes, un enigma. Aquellos que promueven la devaluación del trabajo ven con escepticismo el caso hindú: el sobrecalentamiento de la economía, la falta de trabajo calificado y la existencia de un pequeño segmento modernizado en un mar de pobreza y atraso, los lleva a pensar que el éxito será pasajero. Otros, en cambio, subrayan la heterodoxia de las políticas micro y macroeconómicas que se han aplicado en ese país aunque no dejan de advertir el impacto reducido de los beneficios en la población total de ese gran país.21

El debate sobre la devaluación del trabajo cruza la disputa sobre la globalización y las alternativas nacionales. Es un debate que, cada vez con mayor fuerza está definiendo el papel de los actores sociales y a los protagonistas políticos. Es, por lo tanto, un punto central y quizás el más importante de las definiciones del presente.

 

 

* Notas sobre la Economía política de la devaluación del trabajo o el "nuevo modelo de desarrollo".

** Dirección de Estudios Históricos– INAH.

1 Reporte de War on Want, agosto de 2003.

2 "Sportswear firms to investigate Oxfam sweatshop claims" por Felicity Lawrence, The Guardian, Londres, Marzo, 4, 2004.

3 El término que se utiliza es "sweatshop" que se refiere a cualquier fábrica que explota desmedidamente a sus obreros. Cf. por ejemplo, el New York Times, diciembre 7, 2003 en un artículo que se refiere a las maquiladoras que se han trasladado a ese país, se titula "The world’s sweatshop…" escrito por por Joseph Kahn.

4 "The world’s sweatshop: the etch a sketch connection". The New York Times, Diciembre 7, 2003.

5 "The Wal–Martization of America" The New York Times. Noviembre 15, 2003.

6 Es lo que se ha llamado la "jobless recovery", es decir la recuperación de la economía después de la recesión que terminó hace unos dos años, sin que se hayan creado empleos en cantidades proporcionales a esa recuperación.

7 "A lo largo de los últimos tres años y medio, la economía debió haber creado entre 4 y 6 millones de empleos para dar trabajo a quienes entran por primera vez al mercado laboral. En realidad, se perdieron más de 2 millones de empleos" Cf. "Outsourced and out of work" por Joseph Stiglitz, Project Syndicate, Mayo, 2004.

8 Se trata de un neologismo que se traduce literalmente como "fuera de su origen" o "que se abastece externamente". En materia laboral se ha traducido como "subcontratación" pero generalmente se le da un uso más amplio para incluir también la contratación directa de trabajadores fuera de Estados Unidos. Así por ejemplo, Joseph Stiglitz asegura que: "La palabra de moda en el debate sobre la globalización actualmente es outsourcing. De pronto los estadounidenses —campeones eternos de la globalización— parecen estar preocupados por los efectos adversos que tiene sobre su economía". Cf. "Outsosurced and out of work".

9 "El número de personas que se identificaron a sí mismas en el Censo como dedicadas a un trabajo no agrícola y autoempleadas, aumentó a 9.5 millones en diciembre de 2003, en comparación a los 9.2 millones de un año antes y a los 8.9 millones que había cuando terminó la recesión, según el departamento de Trabajo. Esta categoría incluye todo tipo de trabajadores que no están empleados por empresas, el gobierno u organizaciones no lucrativas." Cf. "A new kind of Workforce Emerges", por Nell Henderson y Kristin Downey. Washington Post, Enero 27, 2004.

10 En Francia, cerca de 5 millones, esto es, 25 por ciento de los empleos asalariados son empleos no calificados, a tiempo completo o parcial. "Son empleos poco remunerados, sumidos en el régimen de la precariedad y la flexibilidad,... con horarios imprevistos, disponibles a cualquier hora (en la noche o los domingos), por horas, con tareas polivalentes".Cf. "Le défi social des nouveaux emplois non qualifiés" por Michel Delberghe, Le Monde, Mayo 14, 2004.

11 China ha crecido entre el 7 y 8 por ciento anual en los últimos años sobre todo por el crecimiento de su industria que en el año 2002 concentraba el 51.1 por ciento del Producto Interno Bruto, dato excepcional frente a las tendencias mundiales que han llevado al crecimiento del sector servicios y ha convertirlo en la parte más importante del producto en muchos países del mundo. El valor de sus exportaciones en 2002 fue de 325 mil millones de dólares, casi la mitad de las exportaciones de Estados Unidos y una cuarta parte de su PIB total. La población total es de casi mil 300 millones de personas. Por su parte, la India ha crecido a tasas de 5 por ciento anual, aunque en 2003 lo hizo a más del 8 por ciento. El sector servicios, incluyendo las ramas más dinámicas de la economía, telecomunicaciones y tecnologías de la información, han sido responsables del rápido crecimiento de este país y concentra el 48 por ciento de su PIB, pero la agricultura sigue teniendo una gran importancia en el desempeño global pues concentró alrededor del 25 por ciento del PIB. Las exportaciones, en cambio apenas llegan al 9% del producto. La población total de India supera los mil millones de habitantes. Cf. Economist Intelligence Unit. The Economist, Londres, 2002.

12 "As a center for outsourcing, India could be losing its edge" por Noam Scheiber. The New York Times, Mayo 2, 2004.

13 "India: un imperio para mañana" por Sanjay Peters. La vanguardia, Barcelona, Febrero 1, 2004.

14 "La búsqueda de reducción de costes acelera la deslocalización hacia los países asiáticos" por Piergiorgio M. Sandri. La Vanguardia, enero 25, 2004.

15 "The causes of high unemployment: labor market sclerosis versus macroeconomic policy; AFL-CIO; Thomas I. Palley; Junio de 2001 y" Labor market protections and unemployment: does the IMF have a case?; Dean Baker and John Schmitt, Center Economic And Policy Research; Noviembre, 2003.

16 Cf. el estudio de Vincent Lloyd y Robert Weissman "Against the workers: How IMF and World Bank Policies undermine Labor Power and Rights" en Multinacional Monitor Magazine, , vol. 22 no. 9. septiembre, 2001. en el que se analizan documentos del Banco Mundial y el FMI dirigidos a 26 países, en los que recomiendan, entre otras cosas, la flexibilidad laboral, despidos de empleados públicos, reducción de salarios y reformas al sistema de pensiones.

17 Organización Internacional del Trabajo. Panorama Laboral, febrero 2004.18 Stiglitz, Joseph E "Whither reform? Towards a new agenda for Latin America", Santiago, Chile Agosto 26, 2002, p. 9.

19 "El actual modelo de globalización devalúa el trabajo" dijo Juan Somavia, Director General de la OIT, "Panorama Laboral" 2003.

20 "Es tonto esconder la cabeza en la arena y pretender que todo el mundo se beneficiará con la globalización. El problema con la globalización hoy en día es justamente que unos pocos se podrían beneficiar mientras que la mayoría podría resultar perjudicada, a menos que el gobierno asuma un papel activo en manejarla y moldearla. Esta es la lección más importante del debate actual sobre el outsourcing". Cf. Stiglitz, J. "Outsourcing and out of Work".

21 Guardando las proporciones, esta preocupación se ha manifestado también en el caso de Chile, un país exitoso en su inserción a la globalidad si se consideran las tasas altas de crecimiento de los últimos años y donde además se han puesto en práctica diversas recomendaciones del FMI en materia laboral, de manera muy destacada en el sistema de pensiones. Sin embargo, la desigualdad no ha cedido. En un seminario que tuvo lugar hace poco en Santiago, se reconoció que si bien la desigual distribución de los ingresos se arrastra por décadas, ésta se profundizó a partir de 1974 con la implementación del modelo neoliberal. ‘Y entre 1990 y 2000 incluso empeoró’, se dijo. Las cifras son claras: en 1990 los ingresos autónomos del decil más pobre correspondían a 1,4% y los del decil más rico, a 42,2%, y en el 2000 eran de 1,1% y 42,3%, respectivamente. Se recordó, además, que Chile figura entre los doce países del mundo con peor distribución de ingresos, según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2003) y el Banco Mundial. Cf. "Chile: El reino de la desigualdad" por Patricia Bravo; EL GRANO DE ARENA, Correo de información ATTAC no. 246, junio de2004.