Marcha del 27 de junio: significado e implicaciones

Manuel González Navarro*

Presentación

El 27 de junio pasado se llevó a cabo una gran marcha en la ciudad de México. Ésta fue convocada a nombre de la sociedad civil por grupos organizados de clase media alta y por algunos medios de comunicación electrónicos. El tema medular fue anunciado a partir de un Rescatemos a México de la delincuencia y de las malas autoridades.

El presente documento expone algunas reflexiones que se desprenden de su realización y las vincula con el proceso de la reforma del Estado.

Más que una crónica, se quiere reflexionar sobre algunas pautas del comportamiento que la ciudadanía expone durante el evento, así como las posibles consecuencias sociales y políticas en el corto y mediano plazo. Se busca, asimismo, retomar los aspectos centrales de la participación ciudadana desde una perspectiva de la psicología social. Se intenta, en fin, elaborar un análisis para contribuir al debate de la construcción de la democracia en México, tomando como base, precisamente, el comportamiento social y político del ciudadano.

Durante varias semanas, previas a la marcha, las noticias hicieron énfasis en la inseguridad que la ciudadanía vive en la ciudad de México y en lugares específicos como los centros comerciales. En un contexto de alta publicidad se estableció una convocatoria para realizar una marcha de protesta frente a las autoridades del Distrito Federal. Con mucha publicidad se difundió, a través de medios masivos de comunicación, la convocatoria con diversos puntos. Los temas bajo los cuales se convocó a la "Gran Marcha" fueron cuatro.1

1. La indignación ante la violencia de los delincuentes.

2. La solidaridad con las victimas.

3. La necesidad de medidas eficaces que pongan un alto al deterioro de la seguridad pública y

4. Estar dispuestos a prestar apoyo que las autoridades necesitan.

1. La tierra fértil

En los últimos años la criminalidad ha aumentado en sus formas y por la violencia con la que se lleva a cabo. Este aspecto ha tenido un fuerte impacto en la ciudadanía que ve perder de manera inmediata el esfuerzo de muchos meses o años de trabajo. Pero también, y de manera desproporcionada, la salud, la estructura familiar y personal o la vida misma.

Los datos sobre la delincuencia son inexactos en todo el país. Esto es debido a que muchos ciudadanos prefieren no levantar la denuncia para no perder su tiempo en querellas que no tendrán solución. Esto supone asumir una actitud de resolver el asunto por propia mano, o bien, aceptar la idea de que la impunidad es cada día mayor. Sin duda lo que resulta importante en esta visión cotidiana es la impresión que se tiene de la delincuencia y al mismo tiempo de la ineficacia que se tiene para impartir justicia. Esta imagen que se asume en las conversaciones cotidianas, en los noticieros de radio y televisión o en la página roja de los diarios, le adjudica a los diversos testimonios una fuerza verosímil y un maquillaje a los problemas nacionales y locales.

La desconfianza en las instituciones, repercute de manera directa en la suspicacia de los ciudadanos sobre el combate gubernamental a la delincuencia. La incredulidad ante las cifras presentadas por las autoridades puede arruinar la efectividad de una política certera de seguridad. En política, se ha dicho, es tan importante lo que se cree que es como lo que es. Más aún, la voluntad colectiva de creer o no creer, puede superar a la voluntad de hacer.

Pero el impacto mediático en el ciudadano es mayor cuando éste se entera que la criminalidad está organizada e instigada por algunos miembros de los cuerpos institucionales que dicen atacarla. La credibilidad en las instituciones y en la ley se vulnera, y no hay discurso, promesa o política que pueda superar el crédito perdido. Cuando la desconfianza ciudadana toca a las instituciones, la legitimidad de sus acciones puede incluso ser interpretada de manera inversa. Este hecho parece ser una realidad para el ciudadano. Así, la enorme desconfianza sumerge a diversos actores sociales, representantes populares, jueces, cuerpos de seguridad, partidos políticos, gobernadores, etc. Las actuales políticas de seguridad ya han sido tocadas por la impunidad y la corrupción. Esto lo sabe el ciudadano como un secreto a voces.

2. La sucesión presidencial; ¿Proceso adelantado o abierto?

Los acontecimientos que se suceden en el país toman una connotación que les otorga un marco particular de interpretación. La lucha por la sucesión presidencial se ha iniciado y ésta no tiene control, ni reglas y todo parece un pleito de todos contra todos. El ciudadano lo observa y su desconfianza crece y se recrudece.

Los partidos y las distintas fuerzas políticas parecen estar metidos en una desbandada de acusaciones mutuas, donde la interpretación de los acontecimientos es vista a la luz del desprestigio en el que puede caer quien es incriminado o es descubierto en algún acto ilegal o antidemocrático. Este es el caso de la disputa por la versión de si la ciudad de México es —o no— la que más criminalidad tiene. En el fondo se observa una disputa entre el PAN y el PRD y sus fuerzas aliadas, sobre la base de las cenizas que dejó el PRI.

En medio de una extraordinaria cuantía de acontecimientos que se han suscitado en los últimos meses, se difundió el evento para marchar de manera pacífica y silenciosa, sin distinción de sectores sociales y rechazando la posible incursión de actores y partidos políticos. La convocatoria tuvo una enorme resonancia, razón más que suficiente para que nadie la pierda de vista. Asimismo, se desplegó una campaña previa al subrayar la ola de secuestros, criminalidad, autoritarismo e ineficiencia gubernamental con acusaciones a los gobiernos local y federal.

3. El acontecimiento

La marcha se mostró uniforme en cuanto a su imagen; esto es que la gente respondió a la convocatoria verbal en el sentido de vestir de blanco. Impresionaron las tomas aéreas —y las fotografías publicadas en los diarios— de gente ataviada de blanco desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo. Muchos con sus uniformes escolares o del inicio de la primavera. Otros, los menos, con indumentaria de playa y de golf o uniforme de tenis. Todos guardando un orden y una disciplina que llamaban la atención. Parecía como si hubiese una amplia experiencia. Pero muchos de los que asistieron, era la primera vez que salían a las calles a manifestarse, a protestar o criticar las políticas de seguridad pública.

Mil y una consignas fueron mostrados en silencio que era roto, con ciertos intervalos, por una ola de aplausos que parecía salir de los edificios contiguos. Era el eco que recorría de adelante hacia atrás y luego en sentido inverso. Después el grito de "México, México", como si se tratara de una porra al equipo de fútbol. Los ciudadanos habían hecho sus propias pancartas como lo sugirió hace muchos años Carlos Ancira en su pieza teatral del mismo nombre. Algunos se distinguían con una playera que mostraba un "Ni 1 más". Eran los organizadores o los grupos cercanos a ellos.

Con paso lento, transitaba la manta central "Rescatemos a México" y los aplausos reiterados a lo largo de la marcha. Era una manera de decir: "Interpreten mi silencio". Aparecían consignas como "Mexicanos al grito de guerra, contra el secuestro y la delincuencia"; los ciudadanos recorrían desde su barrio el mundo: "Más que los actos de los MALOS, me horroriza la indiferencia de los BUENOS" de Gandhi. También hacían énfasis en "Que las autoridades cumplan con su trabajo", o señalaban que "Por falta de carácter de las autoridades, la corrupción" y aseguraban que "Atrás de cada delincuente hay un político corrupto" por lo que demandaban la "Pena de muerte a secuestradores, ladrones y violadores".

El debate —sobre las causas y los responsables— también era pegado en los edificios a manera de cartel, "Vamos México viola los derechos humanos; Libertad a los presos políticos; alto a la corrupción, represión, falta de empleos, explotación, altos impuestos y falta de principios; Exigimos salarios dignos. Alto a la ambición patológica de Martha S. de Fox" se podía leer fuera de un edificio abandonado que antes era la Secretaría de Turismo.

El "Diario Monitor" escribió "¡Ya Basta!" en su contraportada, la que circuló profusamente a manera de pancarta. Y al grito de aleluya, aleluya, que cada quien haga la suya, aparecían cartulinas con críticas porque "El narcotráfico está protegido por las autoridades", mientras que en otras se aseguraba la marcha que "No es un complot, es una orden de la ciudadanía" o se exigía a las "Autoridades, trabajad juntos por México".

Al llegar al Zócalo la ciudadanía se excitaba, era la llegada al lugar simbólico, al escenario de los poderes, al centro del centro político nacional. Los coros subían de tono y el "México, México" o el "sí se puede, sí se puede" movilizaban todos los símbolos contenidos en este espacio milenario de ilusiones y esperanzas.

De manera silenciosa pero evidente, aparecía una manta en el edificio frontal del palacio nacional. Era la opinión de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal: "¿Y los amigos de Fox, cuándo? ¿Y el Pemexgate, cuándo?" Al tiempo, entraba al Zócalo una gran manta que fue autocensurada y recortada, en ella se solicitaba la renuncia de AMLO. La marcha transcurrió así por varias horas. La vanguardia estaba en el Zócalo y la retaguardia todavía se encontraba en el sitio de salida. Al mediodía, con poca sincronización, se entonó el himno nacional y todos parecían fundirse en un sólo grupo, bajo el sol inclemente del verano mexicano.

4. Las demandas centrales

La diversidad de temas era elocuente. Era evidente también la presencia de distintos sectores, de públicos y de demandas. Lo cierto es que una manifestación o marcha elabora y expone un discurso que busca ser coherente y homogéneo, como si se tratara de una retórica escrita por una sola persona o por un grupo muy cohesionado. En esta disertación colectiva había una exposición de las diversas causas y de las múltiples consecuencias que genera la delincuencia. Ambas se expresaban a partir de pancartas, letreros o mantas. Las voces en este caso no resonaban, eran un clamor profundo y con muchos resentimientos.

Los ciudadanos expresaban tiempos y memorias diferentes. La notoria presencia de diversos sectores y condiciones sociales, permitía ver que iban "juntos pero no revueltos", esto es, con causas semejantes pero no comunes, con identidades y problemáticas parecidas pero no iguales. La convocatoria había superado las expectativas de los organizadores. La ciudadanía rebasaba a la sociedad civil que se decía organizada y mostraba sus respectivos puntos de vista. El debate no estaba sólo en las pancartas o en los letreros. Pertenecía al México que le daba sentido a cada cual, a su propia historia, a sus grupos de pertenencia. Si bien la demanda substancial convergía en la elevación de penas y castigos para los delincuentes, era la pena capital la que fue reiteradamente señalada como la solución al problema de la delincuencia. Así, el debate sobre las formas de combate a la delincuencia había salido a las calles. Estaba en manos de la ciudadanía.

5. El México que tenemos y el que queremos

A primera vista la marcha congregó a las clases medias urbanas, que con cierta instrucción formal y conocimientos del funcionamiento de las tecnologías contemporáneas, se adecuan a los modos de vida modernos. Grupos humano grandes o pequeños, que se sienten lastimados o asustados en cuanto a su propiedad, identidad o beneficios adquiridos. Con capacidades críticas dados su experiencia, derechos reconocidos y participativos electoralmente. Asalariados que pagan impuestos y consumistas hasta donde las ofertas lo permiten. Colectivos integrados a la vida moderna con actitudes individuales funcionales y organizados por gremios y con identidades técnicas o profesionales recientes. La masa urbana modernizada.

Pero la marcha del silencio reunió a muy diversos grupos sociales de diversos lugares. Todos mostraron parte de la formidable pluralidad de la que somos parte los mexicanos y de la que descendemos. Aunque no representó a cabalidad el complejo mosaico que somos como nación, se puede decir que estuvieron presentes cinco estampas del México en el que vivimos. Una de ellas era más representativa que las otras, en términos numéricos, pero en sentido simbólico todas estaban presentes en un diálogo franco y en un debate que apenas producía su primer diálogo formal y documentado.

a) El México desvalijado

Con la marcha, se expresó un México que ha protestado de manera reiterada por la falta de justicia en lo económico, lo político y lo social. Por la falta de una adecuada distribución de la riqueza, de la educación o de la cultura y del poder. Su principal bandera ha sido la de un cambio en la forma de la autoridad política. Clama justicia en cuanto al abuso del poder en todo el siglo XX, ya que ha sufrido en carne propia sus excesos. Se caracteriza por su versión de país autoritario, centralista y patrimonialista. Esto lo asume como una memoria histórica. En una de sus etapas, se dio la oportunidad del cambio civil y pacífico cancelando la vía revolucionaria. Se asume crítico y preparado para asumir responsabilidades, así como conocedor de la historia del país. Es un México que nació con la ilusión de igualdad y de que una revolución diera mayor equidad a la población. Admite que puede perdonar los crímenes del pasado, a condición de que se definan cuales son éstos y quienes son los responsables.

b) El México reciente

Durante el trayecto al Zócalo, se presentó de forma contundente un México irritado. El que ha perdido un bien, ha sufrido los embates de la delincuencia en su propiedad o la dignidad de manera personal, familiar o institucional. El que ha sido víctima del robo, secuestro o violación en cualquier modo. El que ha sido vejado por delincuentes comunes, autoridades o mercaderes. El que ha sido lesionado en su orgullo colectivo a través de engaños, exceso de confianza o elevada credibilidad en las instituciones de salvaguarda y que observa al victimario enriquecido, libre y hasta con un elevado prestigio social. El que se ha sentido vulnerado en su inteligencia al ver como la publicidad, o la obra de caridad, hace ciudadanos honestos para ser representantes de la propia ciudadanía. Este México se define de manera individualista y reconoce que hay muy poco que hacer. Pero de manera simultánea asume que el audaz sin ética puede llegar muy lejos y muy alto.

c) El del presente

Como en pocas ocasiones, mientras otros imploraban por lo que se ha ido, este México definía lo que quiere en su presente inmediato. El más reciente ciudadano que observa la dinámica social de la corrupción. Debate su ingreso al mercado formal de trabajo y mantenerse en el límite de la honestidad pero sumido en la insuficiencia. El que reconoce que "el que no tranza no avanza", pero es crítico del propio sistema, aunque se alimenta de él mismo. El que observa la ineptitud e ineficiencia de las autoridades, de las diversas formas de corrupción en políticos y no políticos pero es capaz de reconocer que la estructura institucional y cultural no le permite, sino que le impide ser honesto. En ocasiones es el propio sistema que le facilita su adhesión al mundo de la corrupción. Es el México que recientemente votó y está esperando las pruebas del cambio, el que está por venir. Es el ciudadano que observa la dinámica social y forcejea a sí mismo entre el ser o no ser igual que los demás.

d) El futuro anhelado

En diversos puntos de la marcha se presentó un México que mira a lo colectivo de una manera ilusoria, tal vez ideal. Ese prototipo que se observa en el futuro lejano. El que invoca un gobierno honesto y una transición sin sobresaltos, conflictos o estridencias. El que puede parecer razonable y colectivista en lo público, pero que en lo privado puede ser egoísta y personalista. El ciudadano que mira hacia el horizonte e intenta ser mediador de las posturas antagónicas dado que no quiere complicarse la vida tratando de entender las diferencias entre esas alternativas. El que dice que hay que olvidar el pasado y enterrar las deudas para continuar. El que mira cómo deben ser las cosas en televisión y quiere asumir modelos de países más desarrollados. El que puede renegar de nuestras raíces y pensar que el cambio es casi imposible.

e) El México excluido y segregado

El silencio fue la voz que expresaba las demandas. Esta paradoja también se mostró por los que no marcharon. Las ausencias destacaron que el clamor de justicia no es para todos, pues los olvidados, los sin nombre, los que no usan zapatos, no tenían voz ni representación. Así también del México de los que no quieren ser distinguidos por el color de la piel, por ser mujer o discapacitado, por su tipo de creencias, de religión o de preferencia sexual o política. El que ha permanecido en el pasado lejano y que lucha contra la modernidad, no por la modernidad misma, sino por que ella no distribuye la riqueza que genera, sino que crea servilismo, pérdida de propiedad y de la identidad social.

Es el México de los usos y costumbres, el que no se adapta fácilmente, ni al tiempo, ni a las nuevas creencias, ni a la tecnología. En gran medida es el que no vive en las grandes ciudades y que hasta su concepto de seguridad, justicia y honestidad es diferente.

6. La dinámica social

Estas cinco estampas cohabitan en el país, en la misma ciudad y muchas veces en el mismo pueblo, colonia o barrio. Algunas veces están separados por una calle o por un muro, pero respiran el mismo aire contaminado, escuchan el mismo ruido y bailan y cantan las mismas canciones. Pero todos admiten la inseguridad, la injusticia y la impunidad de manera diferente. Unos tienen más necesidad que otros. Otros tienen más miedo. Entre unos y otros se intercambian distintas anécdotas y en ocasiones coinciden en el reconocimiento de la problemática, pero no en sus causas o en la forma de construir la solución.

Pero una cuestión relevante caracteriza a esta marcha. La clase media alta ha salido a las calles con un clamor y esto no puede pasar desapercibido por ningún actor político. Sea por la capacidad de movilidad, de organización o de uniformidad que mostró. Sea por la fuerza social, cultural y económica en la que está cimentada. Lo cierto es que su presencia puede conducir en varias direcciones. Una de ellas es hacia posturas más conservadoras, las cuales hemos visto en otros momentos cuando se ha responsabilizado, sin juicio y ni debate, a los movimientos sociales. Otra dirección posible es la que busca enfocar sus críticas y la responsabilidad a ciertos personajes, sobre todo los que han sido asociados con el cambio. No por una mala política, sino por proponer una disminución en los privilegios excesivos que se tenían en otros tiempos.

De esta forma, es posible que se pretenda "estigmatizar a las fuerzas progresistas" y que ésta sea una primera definición que busque aglutinar a los públicos heterogéneos en un punto.2 Las banderas del inmediatismo y de la espectacularidad en las acciones contra la delincuencia pueden ondear, pero éstas no preparan a la ciudadanía para afrontar la situación con voluntad y conciencia. Esto es, no la organizan para construir la participación ciudadana que se requiere. Por el contrario, la conducen a asumir en la autoridad formal, los atributos que la población posee, pero que no se reconoce.

7. Algunas implicaciones

La marcha ciudadana contra la delincuencia se convirtió en un cuestionamiento a la política representada en todos los partidos políticos y en gran parte de las autoridades. Pero la delincuencia es un fenómeno multicausal que rebasa cualquier condición local, por lo que es necesario iniciar un gran debate nacional sobre el fenómeno. Una de las condiciones del mismo radica en caracterizar la situación de México en términos económicos, sociales, culturales y políticos. Esta también es una labor de los medios de comunicación.

Los diversos sectores sociales preponderan juicios diferentes, dado que ellos son diferentes. Pero en el fondo, la inquietud puede aglutinarlos en una sola masa y actuar de manera uniforme y repetitiva pero sin un gran razonamiento.3 Este es un riesgo de la modernidad y es preciso asumirlo. Los medios de comunicación deben admitir su propia responsabilidad, sobre todo cuando estimulan a la población hacia un razonamiento uniforme, simplificado y automático hacia la pena capital. Es necesario considerar que algunos políticos o personajes públicos puedan arrogarse como defensores de causas extremas y alienten la pena de muerte sin debate y sin razones suficientes. Esta posibilidad parecería elevada en un contexto tan enrarecido como en el que vivimos actualmente.

La población se encuentra atemorizada, arrinconada y hastiada de la política. La presencia de la delincuencia obedece en mucho a la corrupción de autoridades, pero al mismo tiempo a la falta de participación ciudadana. Por arrebatarse el rating, los medios de comunicación han recurrido a los escándalos de diverso tipo y ellos son también responsables de la falta de participación ciudadana. En la actualidad hay signos de escapismo de la política formal como es la entrega de los ciudadanos a prácticas superfluas, mediáticas y asociadas a la drogadicción y al alcoholismo. Su consecuencia es también la falta de interés y participación en la política.4

El voto diferenciado es una forma de equilibrar a las diversas fuerzas políticas concurrentes, pero este es un signo de participación ciudadana. Sin embargo, la elevada desconfianza en los representantes populares puede traducirse en un fenómeno de enorme abstencionismo que cuestione al sistema político electoral. Este fenómeno ya se ha mostrado como una forma de protesta del ciudadano frente a la imagen de la política altamente corrompida.

Así, la activación de la participación ciudadana se debe reiniciar con un gran debate que incluya acciones de credibilidad y confianza en autoridades e instituciones, lo que debe implicar la ruptura de pactos de impunidad entre los cuerpos de seguridad y el sistema político.

8. Las consecuencias posibles

Al salir a las calles la ciudadanía rompe un ciclo de temores, de vergüenzas, de indecisiones, que lo lleva a escuchar diversas versiones sobre un fenómeno como es la delincuencia. Al mismo tiempo, aceptar las versiones que autorizan los medios de comunicación o sus grupos de pertenencia. De este modo, los diversos miedos se fragmentan y la exposición que realiza el ciudadano, le permite observar a otros personajes y a otras versiones del fenómeno. Las ideas propias se enriquecen en la medida en que se confrontan. El ciclo del pensamiento dogmático o rígido se limita, en la medida en que el ciudadano se confronta con la autoridad, con el especialista, con el conocedor del fenómeno, pero también con el delincuente, con el criminal. Las manifestaciones rompen el letargo de la apatía.

Hay en consecuencia un proceso de alteración de las versiones propias. La simple exposición de nuestras ideas nos obliga a escuchar las de los demás. Las manifestaciones en realidad son diálogos entre ciudadanos, entre iguales que se otorgan en un sentido de equidad. En ese orden, las manifestaciones que han sido herencia de los desposeídos o los opositores, promueven una conversión en el pensamiento. Por eso la marcha convocada por los grupos conservadores ha sido rebasada por la ciudadanía que sólo esperaba una estigmatización de los representantes locales. Pero cuando el problema se asume como un asunto nacional, éste se expande a las diversas autoridades y es cuando los ciudadanos registramos a México como un nosotros y como un todos.

Así, emerge el sentimiento de participación que tanto ha sido demandado por la ciudadanía. La marcha se convierte entonces en una demanda ciudadana que rebasa a cualquiera y se convierte en una expresión política en la medida en que se concretan los puntos de petición.5

El debate posterior sobre el número de asistentes a la marcha que partió de la columna de la independencia al Zócalo fue importante para algunos, pero los significados que estuvieron presentes se convirtieron en el debate trascendental. Definir el futuro que queremos los mexicanos y el tipo de autoridad por el que vamos a votar en los siguientes procesos electorales, así como en las medidas en las que nos vamos a comprometer.

9. La reforma del Estado

La agenda política del país se redefine y la población espera respuesta de las autoridades. Pero respuestas certeras. Sin duda que uno de los perfiles más importantes para el político del presente y futuro, están marcados por la honestidad y la eficiencia, pero también con el compromiso democrático. El primero como requisito, el segundo como veredicto y el tercero como una condición para ser considerado.

Los partidos políticos no pueden sustraerse a los acontecimientos que la ciudadanía emprende, cualquiera que sea su signo originario. Por el contrario, allí donde la ciudadanía se exprese y acceda al diálogo, deberán estar presentes y exponer sus puntos de vista, sus preocupaciones y sus propuestas. Ser reticente al diálogo y al debate, aunque sean mostrados de manera silenciosa, impediría reconocer el clamor de la ciudadanía sobre la forma de vida en la que se quiere vivir. Sabemos su nombre y las dificultades para mantenerla. Se llama democracia y se expresa de una y mil maneras.

 

Referencias

González-Navarro, M. (1991). "El tránsito de la psicología social a la psicología política" en Juárez, J. et. al., Ensayos de psicología política en México, UAM. México, 51-74.

Moscovici, S, (1985) La era de las multitudes. F.C.E. México.

Orfali, B. (1990). L’adhesion au front national. Paris, éditions Kimé.

Tanaka, M. (1995) "La participación política de los sectores populares en América Latina" en Revista Mexicana de Sociología. 3/95, UNAM, pp. 41-65.

 

* Profesor Investigador de la UAM- Iztapalapa. Mtro. en Psicología Social por UNAM. Presidente de la Sociedad Mexicana de Psicología Social, A. C.

1 Se presentó en los medio de comunicación impresos y electrónicos. Además en un cartel que fue distribuido y pegado en diversos centros y espacios públicos. La imagen central es un moño blanco dentro de un círculo negro. Aunque en la marcha, la mayor parte de los asistentes vestían de blanco y algunos llevaban un moño negro. La firma de la convocatoria era por la sociedad civil.

2 Una de las estrategias del Frente Nacional en Francia, la ultraderecha, fue la de estigmatizar a las fuerzas progresistas, a partir de elaborar un antagonismo sobre varios temas con el poder. Se trataba de mantener la persisten-cia de su postura y establecer una influencia sobre la población. Orfali (1990) señala cómo una minoría es capaz de propiciar un movimiento social si su postura es consistente y confrontadora. Los resultados fueron vistos en las recientes elecciones presidenciales donde el Frente estuvo a punto de ganar las elecciones.

3 Esta es una de las reglas básicas de la psicología de masas como lo ha mostrado S. Moscovici (1985).4 Hemos señalado en otro espacio (González;1991) diversas modalidades de la participación política.

5 Ver Tanaka, M. (1995) sobre algunas de las condiciones para la formación de la participación política.