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Empleo y salarios, su caída Alejandro Valle Baeza* Introducción En los primeros meses de 2002, la filial mexicana de Volkswagen amenazaba al sindicato con despedir a unos mil 350 trabajadores sindicalizados como respuesta a la menor demanda de vehículos provocada por las recesiones doméstica y estadounidense. Para junio de 2003 el problema persistía, si bien los posibles despidos aumentaban a 2 mil trabajadores; en cambio, el sindicato pugnaba por una reducción de la jornada laboral y de los salarios. Finalmente en los primeros días de agosto de 2003 convinieron empresa y sindicato en la solución que evitó los despidos: se adoptó la reducción de jornadas y de salarios. Predominó la distribución solidaria de los costos de la menor demanda entre todos los trabajadores. Contrasta la solución adoptada en Volkswagen con lo ocurrido en las empresas ferrocarrileras que pasaron de empresas públicas a convertirse en empresas privadas. Mediante despidos y retiros voluntarios para el conjunto del sistema ferroviario, la planta laboral pasó de 83 mil 290 en 1990 a 46 mil 283 trabajadores en 1995.1 En 1995 el Senado de la República aprobó los cambios constitucionales propuestos por el presidente Ernesto Zedillo para poder privatizar el sistema ferroviario mexicano. Dicho cambio de propiedad implicó, además de los nuevos despidos de miles de trabajadores, la cancelación de los contratos laborales hasta entonces vigentes para sustituirlos por otros más desfavorables para los trabajadores. Por ejemplo, Ferrocarril Pacifico-Norte fue comprado por una sociedad formada por Grupo México y la empresa estadounidense Union Pacific Railroad; para ello sólo mantuvieron su empleo 3 mil de los 13 mil 500 trabajadores empleados hasta entonces.2 El 22 de febrero de 2001, el ya para entonces expresidente Zedillo fue premiado por sus servicios al capital transnacional con un puesto en el consejo de administración de Union Pacific Railroad. El desempleo masivo de los ferrocarrileros contó con la anuencia del gobierno y con la colaboración del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, presidido por Víctor Flores Morales. El contraste entre lo sucedido en estos dos procesos se explica por un complejo entramado de aspectos económicos, sociales y políticos. Los trabajadores de Volswagen tuvieron la defensa de un sindicato democrático e independiente del gobierno. Quizás el mayor margen de acción de los trabajadores de Volkswaguen también tiene que ver con la situación de la industria automotriz, la cual ha tenido cierto auge por el crecimiento de las exportaciones y porque ha devorado al transporte ferroviario, pues cubre mejor las necesidades de la acumulación capitalista: más ventas para satisfacer los requerimientos de transporte de personas y carga. Totalmente diferente es la situación del transporte ferroviario mexicano. Esta industria ha padecido el abandono gubernamental que estaba empeñado en desarrollar el transporte carretero. Los sindicatos ferrocarrileros, cuando fueron combativos y democráticos, fueron derrotados por la represión y posteriormente controlados por el sindicalismo corporativo con dirigentes corruptos y propatronales como Víctor Flores, diputado del PRI, el partido que gobernó el país durante 74 años. Los dos ejemplos anteriores ilustran bien la situación de la mayoría de los trabajadores sindicalizados, que están primordialmente en sindicatos corporativos corruptos. Sólo una minoría pertenece a sindicatos independientes y democráticos en diversos grados. Todos ellos, sin embargo, tienen condiciones relativamente favorables si se les compara con los trabajadores no sindicalizados y con los trabajadores cuentapropia. Los trabajadores mexicanos no sindicalizados generalmente carecen de las prestaciones básicas, por ejemplo de atención médica y de condiciones higiénicas en el lugar de trabajo. Casi siempre laboran jornadas superiores a las 48 horas semanales sin paga adicional, etcétera. Los autoempleos son actividades de supervivencia, lo mismo en la agricultura de subsistencia que en los servicios urbanos. Vendedores ambulantes, artesanos, pequeños comerciantes, taxistas, conductores de "microbuses", todo un ejército de oficios viviendo en situación precaria y luchando por sobrevivir en un país que crece muy poco desde hace veinte años. En lo que sigue veremos muy someramente una descripción de esta situación y un barrunto de explicación. Emigración y muerte: el cinismo del capital José Juan Reséndiz Arvizu vive en el rancho El Salitre, en las afueras de Querétaro. En 1993, perdió las dos piernas, el brazo izquierdo y dos dedos de la mano derecha al caer del tren en el que él y su hermano intentaban ingresar ilegalmente a Estados Unidos.3 La última semana de mayo de 2001 murieron 14 mexicanos de sed y frío en el desierto de Arizona. En una emisión del programa radiofónico Fox en vivo, Fox contigo, el presidente panista explicó que en Estados Unidos faltan jóvenes y en cambio en México tenemos "demasiados." "Esto es excelente, que nosotros tengamos esos jóvenes, esa energía, ese talento que necesita nuestro país, pero que también necesita Estados Unidos", continuó el titular del poder Ejecutivo. "¿Quiénes se oponen a que vayan allá nuestros paisanos?", preguntó Fox. Su respuesta fue: Los sindicatos estadounidenses, y los mexicanos que "ya están acomodados" allá. Y ¿quién provocó las 14 muertes? El Presidente no dejó lugar a dudas: "Hay que encontrar a los criminales (los coyotes) que provocaron esto y refundirlos en la cárcel". John Ashcroft —procurador de EUA— no se quedó atrás: "Las acciones egoístas de estos traficantes pusieron en riesgo y terminaron con las vidas de 14 personas. Van a ser condenadas por poner las ganancias antes que las personas".4 El gobierno estadounidense diseñó e instrumentó la estrategia que obliga a los inmigrantes a cruzar la frontera en los lugares más peligrosos para frenar la inmigración. "Desde 1994, la creciente militarización y vigilancia en California, Arizona y Texas, a través de la Operación Guardián y sus contrapartes en los otros dos estados, formaron un embudo que orilló a los migrantes —aquellos a quienes Vicente Fox alguna vez llamó héroes— a buscar cruzar por zonas despobladas e inhóspitas, en especial, por el desierto de Arizona; (desde que se puso en marcha la Operación Guardián han muerto mil 600 personas en la frontera)."5
La población nacida en México que residía en EUA aumentó drásticamente de 770 mil personas en 1970 a casi ¡nueve millones en el año dos mil! como se ve en el cuadro 1.6 De manera que aproximadamente uno de cada doce nacidos en México vive en Estados Unidos. En 1970 la relación era de uno a sesenta aproximadamente. Tanto la trágica suerte de Reséndiz como la muerte de cientos de trabajadores en el desierto de Arizona, son presentadas por los medios oficiales de México y de EUA como causadas por los sindicatos y por los traficantes de indocumentados. Es descomunal el cinismo de los capitalistas de ambos países puesto en la boca de los gobernantes. Las burguesías de los dos países son las responsables de esas muertes y de esos lisiados así como son responsables de la suerte de los trabajadores vivos en ambos países. Eso es así particularmente porque la economía capitalista es omnipresente en la vida actual y está controlada por y para la clase capitalista. Precariedad del trabajo en México La situación de los trabajadores mexicanos se ha vuelto más precaria en los últimos veinte años; de manera que la necesidad de arriesgarse cruzando la frontera norte para tratar de frenar su empobrecimiento, es cada vez mayor. El salario mínimo promedio7 en México fue 41.53 pesos durante 2003, cerca de 4 dólares por día; el mínimo estadounidense es superior en más de 10 veces.8 En 2003 el salario mínimo real descendió a un tercio del de 1980 en términos reales. Es decir, a precios de 2003, el salario mínimo de 1980 fue de 132.34 pesos de 2003 por día, tal como se muestra en la gráfica 1.
La enorme caída del salario mínimo ha sido mucho más pronunciada que la del salario medio porque ha sido regulado por el gobierno, presuntamente para frenar la inflación. Para ello, desde hace muchos años el salario mínimo se fija de acuerdo a la inflación esperada. Supuestamente, al controlar el salario mínimo se frenaba la inflación y, venturosamente para los capitalistas, cuando fallaba dicho control los que perdían eran los trabajadores.
No obstante que el salario mínimo no cumple los requisitos legales de suficiencia, cerca de la mitad de los trabajadores mexicanos en 2002, no percibía ingreso o ganaba menos de dos salarios mínimos; nueve de cada diez obtenían menos de cinco salarios mínimos. La precaria situación de los trabajadores mexicanos se ilustra con otro hecho: ¡25 millones 300 mil trabajadores no tenían prestaciones en 2002, de un total de 41 millones 86 mil ocupados!: Aproximadamente 6 de cada 10 carecen de prestaciones como seguro médico.9 Eso ayuda a explicar la mala situación nutricional y de salud. Según Adolfo Chávez,10 investigador del Instituto Nacional de Nutrición, el promedio de población desnutrida no ha variado en los últimos quince años. En muchos municipios la situación nutricional es tan mala como en algunos de los países más pobres de África. Al menos 50 millones de mexicanos sufren algún grado de desnutrición declaró Norman Bellino,11 representante de la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO); además, el funcionario explicaba la mala situación nutricional por la pobreza. Por otra parte, durante los últimos veinte años se han elevado los índices de capacitación y la productividad promedio de los trabajadores mexicanos, sin que se hayan traducido en mejores condiciones de vida. Hoy en México sucede que hijos más educados y productivos que sus padres, tienen menores oportunidades de trabajo. Algunas explicaciones Una parte de la explicación de la precaria situación de los trabajadores mexicanos es su debilidad organizativa. Esta debilidad tiene causas tanto de género como políticas y económicas. Por ejemplo, las profesionistas asalariadas mexicanas obtuvieron 75% de los ingresos de los varones en 1997.12 Al empobrecerse las familias trabajadoras entran más mujeres al mercado laboral, recibiendo peores pagas que los varones. De manera que la mayor participación de las mujeres en la fuerza de trabajo y la discriminación de género explica en parte la caída de los salarios reales. A su vez, los bajos salarios empujan a más y más mujeres a enrolarse en trabajos remunerados. Entre las causas políticas figura el predominio de organizaciones progubernamentales de trabajadores. La mayoría de los trabajadores están agrupados de manera piramidal en sindicatos y centrales en cuya cúspide está al Congreso del Trabajo (CT). Este organismo cúpula tuvo una relación simbiótica con el PRI, partido que gobernó México durante más de setenta años. A cambio de puestos gubernamentales —o en el Poder Legislativo— para los dirigentes sindicales, y de mejoras económicas para las bases, los gobiernos priistas obtuvieron votos y apoyos para gobernar. La mayor agrupación del CT es la Confederación de Trabajadores de México13 (CTM) ¡tuvo el mismo secretario general por más de cincuenta años!14 Las prácticas de los sindicatos oficiales o "charros" son antidemocráticas y frecuentemente traicionan a sus agremiados o combaten con medios de fuerza, e incluso criminales, a los trabajadores que pretenden actuar sin su consentimiento o que se les oponen. Una práctica vigente es que muchos de los sindicatos charros hacen contratos colectivos de "protección". De común acuerdo con los patrones —y con el beneplácito gubernamental— registran un sindicato en una empresa donde no lo hay. Cuando los trabajadores tratan de organizar un sindicato, encuentran que ya hay un contrato colectivo y que tienen representantes, por lo que, para luchar por sus derechos, deberán vencer a patrones y a charros. Los conflictos obrero patronales frecuentemente se deciden en las juntas federales o locales de Conciliación y Arbitraje, en las cuales los patrones, el gobierno y los sindicatos tienen la misma representación. Por su peso, los sindicatos charros ocupan la representación de los trabajadores en dichas juntas y lo usual es que ellos voten para favorecer a los patrones en los conflictos. Entre las causas económicas de la precarización laboral, figura la incapacidad de los capitalistas mexicanos para explotar la fuerza de trabajo, con la eficacia de los países desarrollados.
Lo muestra el hecho de que en 2002, una tercera parte de la mano de obra disponible quedó fuera de la explotación capitalista. Entre los excluidos figuran de manera preponderante los trabajadores cuentapropia y los trabajadores que no perciben ingreso monetario (donde están los trabajadores familiares), pues hay que subrayar que la suerte de estos 13.5 millones de trabajadores está, al igual que la de los asalariados, regida por el capital,15 el cual puede beneficiarse de la existencia de este tipo de trabajadores así como de las empresas no capitalistas, según lo demuestra Gouverneur en una de sus investigaciones. Este autor afirma que si bien a corto plazo una empresa no capitalista puede sobrevivir mejor que una empresa capitalista —ya que opera para obtener un ingreso y no la rentabilidad máxima—, en el largo plazo, para sobrevivir, debería operar como una empresa capitalista o desaparecer. Mientras subsistan, esta clase de productores contribuyen a que las empresas más eficaces obtengan una ganancia extraordinaria. Por ello los capitales más rentables pueden darse el lujo de propiciar que se subsidie a los cuentapropia y a las empresas no capitalistas. Pero en otras circunstancias, cuando la falta de crecimiento del mercado se vuelve un obstáculo, la eliminación de trabajadores cuentapropia y empresas no capitalistas se convierte en una necesidad de los grandes capitales. Para eliminar trabajadores cuentapropia o empresas no capitalistas, las empresas rentables emplean métodos diversos. Uno de los más socorridos es la guerra de precios. Contribuyen así a precarizar el trabajo en este tipo de unidades económicas. Esto presiona, a su vez, a los trabajadores de las empresas capitalistas rentables. El curso normal de la guerra capitalista produce trabajadores desocupados que presionan sobre los salarios y las condiciones de trabajo de los trabajadores en activo. En muchos países los desempleados se transforman en trabajadores cuentapropia o son absorbidos por las empresas no capitalistas. En 2002, 13.5 millones de trabajadores mexicanos eran cuentapropia —o laboraban sin paga en empresas familiares— de una fuerza de trabajo total de 41.1 millones,16 mientras que en Estados Unidos 9.8 millones de trabajadores tenían esas características de una fuerza de trabajo de 124.6 millones.17 Es decir, la proporción de trabajadores fuera de la esfera de la explotación capitalista es más del triple en México que en EU. La incapacidad del capitalismo para extender su explotación a toda la mano de obra disponible, contribuye a que la existencia de los trabajadores se precarice, especialmente cuando la economía se estanca, tal como ha ocurrido en México los últimos veinte años. Comentario final Hay causas económicas, políticas y sociales que explican la precaria situación de los trabajadores mexicanos. Y las cosas tienden a empeorar. El gobierno de Vicente Fox impulsa aumentos de impuestos a los pobres (aumentos de impuestos a medicinas, libros y alimentos) y disminuciones a las empresas (bajar la tasa impositiva de 35% a 25%). También busca modificaciones sustanciales a la legislación laboral que empeorarán la situación de los trabajadores. El Partido Acción Nacional pretende restringir aún más el derecho de huelga. En México como en todo el mundo los derechos laborales se están trasformando en tema de estudio para la arqueología en palabras de Eduardo Galeano. El Banco Mundial le propuso al gobierno foxista eliminar muchas de las conquistas vigentes por ley en México: el carácter indefinido de la contratación laboral, el derecho a la indemnización por despido, el derecho a un porcentaje de las utilidades de las empresas, en fin hacer todo lo que favorezca la "competitividad".18 La sociedad mexicana, como muchas otras, se está movilizando en un gran número de frentes y no sólo a través de sus organizaciones sindicales. Los campesinos y los movimientos urbanos son muy activos en diversas partes del país: El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, a veinte años de fundado y diez de actuar públicamente, es una referencia indispensable de la lucha política en México. En diciembre de 2002 surgió públicamente el movimiento llamado "El campo no aguanta más". Diversas organizaciones se han movilizado en Ciudad Juárez para exigir el fin de la impunidad de los múltiples asesinatos de mujeres. Han existido varios movimientos estudiantiles a favor de mantener la gratuidad de la educación pública. Hay en todo el país una efervescencia de movimientos progresistas que contrasta con un atraso político que llevó a la presidencia de la República a un gobernante de derecha, de escaso talento político y que ha posibilitado la actuación de numerosos grupos de derecha. Incluso el grupo fascistoide llamado "Pro vida" recibe subsidio del gobierno foxista. El resultado de la lucha entre fuerzas que impulsan el progreso y las que provocan atraso, no está predeterminado. Las organizaciones de los trabajadores enfrentan problemas nuevos y complejos, entre los que figuran las discriminaciones tanto de género como de raza y la precariedad del trabajo. Los trabajadores mexicanos tratarán de mejorar individualmente de mil maneras aún a costa de mutilaciones como la sufrida por Reséndiz en EU, o lucharán solidariamente como los trabajadores de Volkswaguen o las asociaciones de migrantes. Lo cierto es que en manos de las organizaciones progresistas está el destino del país.
* Profesor de Posgrado, Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México. 1 Correa, G. "En cinco años, 37 mil desempleados; 48 mil más, en peligro de perder sus plazas", Proceso, num. 1053, 1997-01-04.2 Divider , G. "State-Run Railroad Ferrocarriles Nacionales Ceases To Exist"; Publication: Source Mex Economic News & Analysis on Mexico; 15/09/1999. http://www.elibrary.com. 3 Masiosare, suplemento del diario La Jornada, México, 26 de mayo de 2002. 4 Masiosare, La Jornada, junio 3 de 2001. 5 idem. 6 Mexican Ministery of Foreign Affairs -US. Commission on Immigration Reform Washington, D. C. Mexico-United States Binational Migration Study. Austin, U.S.A.,1998, pp. 14. 7 Hay tres salarios mínimos regionales y este promedio corresponde a la media ponderada con la población asalariada de esas regiones. 8 En 2003 el salario mínimo por hora en EUA fue de $5.15 dólares. 9 Datos de Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Agenda de Información Básica del Mercado Laboral www.stps.gob.mx, julio 15 del 2003. 10 La Jornada, 16 de octubre de 1998. 11 "Al menos 50 millones de mexicanos padecen algún grado de desnutrición por las condiciones de pobreza en que viven, informó el representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), Norman Bellino, quien, sin embargo, afirmó que el país es líder en la lucha contra la desnutrición." La Jornada, 17 de octubre de 2003. 12 Veáse Rendón G., M. y Salas P., C. "La evolución del empleo" en Alcalde y otros eds. Trabajo y trabajadores en el México contemporáneo. Miguel Angel Porrúa ed. México, 2000, p. 83. 13 Dicha central tuvo en sus orígenes un importante peso de trabajadores comunistas los que muy tempranamente fueron derrotados por la tendencia procapitalista. 14 Fidel Velásquez Sánchez murió en 1997 siendo dirigente de la CTM , alcanzó por primera vez la dirección de la CTM el 24 de febrero de 1941 aunque después fue reemplazado por un par de períodos después de los cuales gobernó hasta su muerte. 15 Jacques Gouverneur Comprender la Economía. Diffusion Universitaire CIACO, Bélgica, 2002 cap. VI. 16 Con base en la misma fuente del cuadro 2. 17 Con base en Employed persons in agriculture and nonagricultural industries by age, sex, and class of worker Household Data Bureau f Labor Statistics, www.bls.gov nov. 29 de 2003. 18 Giugale, M.M. Lafourcade, M. y Nguyen, V..H. Mexico: A Comprehensive Development Agenda for The New Era The World Bank Washington , D. C., 2001. |
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