Irak en la pugna global

Ricardo Piña Santana*

La invasión de Irak fue detonante de sordas pugnas en ámbitos esenciales de la sociedad mundial que están lejos de concluir.

Antes del ataque, EU y Gran Bretaña acusaban a Saddam Hussein de patrocinar el terrorismo; luego, de tener armas de destrucción masiva. Y al invadir Irak, masacrando civiles, justificaron que era para derrocar a un sangriento dictador y se ostentaron como los liberadores del pueblo. Nadie les creyó.

Ya desde septiembre de 2001 se puso al descubierto que la "guerra al terrorismo" era sólo un pretexto del gobierno de George W. Bush para tratar de reactivar la economía de EU y darle nuevo impulso mediante un giro hacia la industria militar, en un contexto de preocupante rivalidad con la Unión Europea. Entre otras cosas, ese año se firmó el contrato más grande de todos los tiempos, por 200 mil millones de dólares, con la empresa Lokheed para aviones de combate.

Se evidenció entonces un límite a la globalización, a la que se consideraba como una nueva y perdurable etapa de auge. La revolución tecnológica, a la que el presidente Ronald Reagan consideró base de una nueva era de progreso, había llegado a sus límites y ello se mostró en la incesante caída de las acciones tecnológicas, así como en la quiebra de gigantescos consorcios de diversos rubros.

En los últimos años el mundo ha caído en una angustiosa búsqueda de mercados. La competencia crece, mientras los mercados disminuyen por la concentración de la riqueza en cada país y por el ascenso de potentes competidores. En el siglo XXI países como China y la India compartirán mercados, al tú por tú, con zonas económicas como la europea y la americana.

Ya desde hoy se acentúa la competencia entre Europa y Estados Unidos, a la que se agregan el Sureste Asiático, China y otras áreas. Como resultado, Estados Unidos pierde su supremacía, siempre compartida, pero insiste en que éste será el "nuevo siglo americano".

En este contexto, la invasión a Irak condensó la crisis económica, política, diplomática, social y cultural del mundo y la proyectó a un nivel más alto.

Efectos inmediatos

De entrada, la nueva guerra evidenció a la diplomacia como expresión concentrada de la política y, aun antes de empezar, dividió al Grupo de los 7 (G-7), rector de la globalización, al enfrentar a Francia y Alemania con EU. De los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, sólo Gran Bretaña respaldó a EU, con la oposición de China, Rusia y Francia.

Con motivo del atentado del 11 de mayo en Riad, capital de Arabia Saudita, el periodista Robert Fisk denunció que la empresa petrolera Halliburton, que fue presidida por el hoy vicepresidente Richard Cheney, ganó un contrato de 140 millones de dólares. Y que Chevron Texaco, donde participó la asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, se asoció a Saudi Aramco para trabajos de exploración. Además, Carla Hills y Nicholas Brady trabajan en empresas petroleras en Azerbaiján, junto con firmas sauditas.

Con base en lo anterior, Fisk dice que EU ya está en Irak, y que desde ahí puede llegar al petróleo de Arabia Saudita. Otros analistas agregan que EU busca controlar el petróleo y citan el libro El gran tablero de ajedrez, de Zbigniew Brzezinsky, publicado en 1997; ahí dice el veterano asesor de seguridad nacional que hay grandes reservas energéticas en la zona que rodea al Mar Caspio. Según él, quien las controle dominará no solamente la energía mundial sino también Europa y Asia. Ello explicaría la ocupación estadounidense de Irak.

Todo mundo sabe que Arabia Saudita e Irak adueñan las mayores reservas mundiales de hidrocarburos, pero no hay información respecto a las presuntas riquezas del Mar Caspio. En todo caso, los analistas hacen ver que EU ya tiene presencia militar en algunos países que antes fueron repúblicas soviéticas en la zona, como Turkmenistán y Kirguizia.

Pero de eso a plantear que EU puede apoderarse de tales yacimientos hay mucha distancia, pues antes tendría que imponer su soberanía en tales repúblicas; ni siquiera gobiernos títeres le podrían asegurar el monopolio en la explotación y distribución de hidrocarburos; tendría que ocuparlas a sangre y fuego, como los imperios obsoletos.

Hoy es impensable que un país monopolice el petróleo; ello equivaldría a una declaración de guerra a muchos países consumidores. Aún si EU impusiera su hegemonía militar en el Oriente Medio y la zona del Caspio, no podría afectar volúmenes ni precios internacionales del energético.

Por lo tanto, los planteos de Brzezinsky no son, a fin de cuentas, más que una patada al "tablero de ajedrez" expuesto en su libro.

Inmediatamente después de las operaciones militares en Irak empezaron arduas negociaciones entre EU y algunos otros socios del G-7, más Rusia, para disputarse la injerencia en la zona. Así mostraron que siguen siendo amigos entre sí, pero más amigos de lo ajeno. El gobierno de Bush necesita la aprobación de la ONU para legitimar la ocupación, reconstruir el país, imponer un gobierno títere y hacer sus negocios.

EU pretende instaurar un gobierno títere y otorgar la reconstrucción de Irak a sus monopolios, pero Europa protesta y organiza la respuesta. Así como en Indochina los consorcios norteamericanos llegaron demasiado tarde, en Oriente Medio —incluido Irak— ya hay inversiones europeas por unos 200 mil millones de dólares, mismas que constituyen el sustrato de la controversia con EU.

Por lo demás, EU ya es socio del país con más yacimientos en el mundo, Arabia Saudita —a través de la empresa Aramco y otras—, y por tanto tiene asegurado el suministro. Por otra parte, el Departamento de Justicia de EU comenzó en mayo indagaciones sobre un presunto soborno de Mobil Oil (hoy fusionada con Exxon) al presidente de Kazajstán (Nursultan Nazarbaev) por 78 millones de dólares, lo cual confirma el interés de EU en la zona.

Así pues, todo apunta hacia un arreglo entre EU y sus socios del G-7 para compartir beneficios energéticos; pero de ninguna manera para asegurar un suministro que de antemano tienen garantizado, pues sería absurdo que algún gobierno pretendiera negarles este insumo esencial; esto también equivaldría a una declaración de guerra.

Por lo demás, se sabe que a mediano plazo los hidrocarburos del mundo se agotarán y ello plantea el imperativo de encontrar nuevas fuentes de energía, en lo cual ya se trabaja. Pero pensar que EU y Europa conspiran con la mira en tal plazo, para enfrentarse al resto del mundo en una conflagración por los energéticos, es caer en la ciencia-ficción. Y si tal es el caso de señores como Brzezinsky y algunos gobiernos, lo único que hacen es exhibir la desesperación de las potencias y monopolios por la crisis que marca los límites de la globalización.

En efecto, para las potencias neoliberales la palabra globalización tiene un sentido triunfalista y de perpetuación de su hegemonía, que no es otra que la de los monopolios a los que sirven. El "modelo" que han impuesto se basa en la apertura de todos los países a sus mercancías e inversiones, así como en el saqueo de sus recursos naturales y la explotación de sus trabajadores.

En resumen:

a) La competencia entre potencias, que hoy tiene como escenario el Oriente Medio, tan sólo se ha amainado mediante el G-7, pero no se ha resuelto porque cada potencia y monopolio busca la expansión a toda costa.

b) China, India y Rusia son demasiado potentes como para dejarse engullir o supeditar por el G-7, y además les disputan mercados, en contraste con la situación de hace un siglo.

c) Los países "emergentes" pronto le disputarán mercados e inversiones al G-7, como sucedió con los "Tigres".

d) Los tratados internacionales están sujetos a reformas e inclusive rupturas, aunque de por sí propician, además de la apertura a potencias, negocios para los países supeditados.

e) Si la globalización cabalga en los lomos de la revolución tecnológica, a su vez la expande en virtud del intercambio planetario de inversiones y productos, potenciando la producción mundial y universalizando el estrangulamiento de los mercados.

f) Con el predominio financiero y comercial, el G-7 utiliza a los gobiernos nacionales como virreyes, encargados de conducir a sus sociedades como el flautista de Hamelin (o el de Dublín). Pero si en México ya hasta los magnates como Slim rezongan, otro tanto sucederá en otros países y con ello se sumarán al nacionalismo de las izquierdas.

g) A ello hay que sumar las demandas en favor de sociedades participativas, de equidad, derechos humanos, control de gobiernos y otras que aglutinan a las mayorías en cada país. Ya empiezan a movilizarlas.

h) Crecen, pues, las pugnas en el seno del G-7, pero además con países grandes como China e India, con las burguesías y gobiernos de los numerosos países sometidos, con las sociedades de dentro y fuera de sus territorios y, para colmo, entre todas las empresas, así como entre éstas y los trabajadores, entre las sociedades civiles y los gobiernos, etcétera.

i) En este contexto se insertan los atentados del 11 de septiembre y la invasión a Irak. El conflicto islámico desgastará a Estados Unidos económica y políticamente, cuando más necesita fuerza competitiva, porque su gobierno rehusa atender las causas del terrorismo, en particular la desesperación de la gente oprimida.

Alternativas desde abajo

Para las sociedades, el hecho escueto es la depauperación, desempleo, inestabilidad laboral y económica, despojo de servicios sociales y otros problemas.

Pero ya demandan Estados participativos, democracia plena, vigencia de los derechos humanos (individuales y colectivos) y control de los gobiernos mediante mandato, rendición de cuentas y revocabilidad.

Además, desarrollan organizaciones no gubernamentales y movimientos que se suman a los sindicatos y agrupaciones campesinas, así como partidos, a la par que germina la convergencia solidaria.

Se lucha, pues, por instrumentar y ejercer la soberanía en los gobiernos de todo nivel y en las organizaciones de la sociedad civil. Poco a poco se desmitifica la política y se convierte en actividad pública. Van quedando en el pasado los genios y líderes mesiánicos para dar paso a la acción sistemática de las sociedades organizadas, con programas específicos y estrategias.

 

* Periodista.