Rezagos del Legislativo

Rosalba Mendieta Corona*

Las enfermedades, sus múltiples causas

En el área de la salud, así como de la atención médica, las estadísticas vitales continúan siendo uno de los instrumentos más cercanos a la realidad y punto de partida para el diseño, rediseño y ejecución de programas favorables a la población, especialmente la más afectada por la pobreza, el hambre y las enfermedades.

En los años setenta surgió una de las mejores propuestas que pretendieron involucrar a los gobiernos del mundo en el mejoramiento de las condiciones de vida y de la salud. Esta fue planteada durante la conferencia "Atención Primaria de Salud" llevada a cabo en la ciudad de Alma Ata en 1978. Un año después la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la resolución WHA32.30, propuso la "Estrategia Mundial de Salud para todos en el año 2000". De acuerdo a las formulaciones de decenas de países en cuanto a sus necesidades y las estrategias a seguir, la OMS adoptó el compromiso de integrar el problema de la salud como parte del desarrollo de las naciones.

Después de 24 años de intentos, podemos observar que las acciones no han sido suficientes; los avances no pueden fundamentarse únicamente en campañas limitadas a los presupuestos financieros y dirigidas a disminuir el número de casos patológicos, a aumentar al número de vacunas, o a la elaboración espontánea de programas contestatarios a eventos epidemiológicos como el cólera, el sida o la reciente pandemia del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (sars). Hoy podemos afirmar que las acciones deben diseñarse más allá del aspecto biológico, partiendo de las condicionantes reales de la población y de acuerdo con el espíritu de Alma Ata, según se indica en las conclusiones de dicha conferencia:

"La Estrategia Salud para todos en el año 2000 no sólo contribuirá al desarrollo de la salud en todo el mundo; contribuirá también a la Estrategia Internacional del Desarrollo para el Tercer Decenio del Desarrollo -que, a su vez, fortalecerá la Estrategia- y ayudará así a establecer el Nuevo Orden Económico Internacional. A pesar de la gravedad de los problemas planteados y de la complejidad de las medidas necesarias para resolverlos, todo permite afirmar con optimismo que la Estrategia puede ser aplicada y que su aplicación eficaz marcará un hito en la historia social de la humanidad",

Por su parte, en el Informe sobre la salud en el mundo 2002, de la OMS, la doctora Gro Harlem Brundtland, directora de este organismo, advierte que lo urgente para todos los países es, ya no sólo combatir grupos de enfermedades, como se venía programando; ahora es urgente "reducir los riesgos y promover una vida sana".

Pobreza y salud

Gro Harlem dice en su informe: "Ésta es una época peligrosa para el bienestar de la humanidad. En numerosas regiones, algunos de los más temibles enemigos de la salud están uniendo sus fuerzas con los aliados de la pobreza para imponer una doble carga de enfermedades, discapacidades y muertes prematuras a millones de personas. Es hora de cerrar filas para hacer frente a esta creciente amenaza"

Después de la segunda mitad del siglo XX, a raíz de los acontecimientos políticos y sociales de la posguerra, la idea del combate a la pobreza y mejoramiento de la salud tomó mayor relevancia y se manifestó con el surgimiento de programas conjuntos y "alianzas" entre países desarrollados y mal desarrollados, con el fortalecimiento de la alternativa socialista y con la fundación de la Organización Mundial de la Salud.

Actualmente continúa la voluntad generalizada de apoyar programas que combaten la pobreza. Los países desarrollados aparentemente han tomado la consigna principal de la mayoría de las organizaciones mundiales: trabajar para eliminar la marginación, si es que se quiere hablar de mejorar la salud.

Al parecer, por fin, se están volviendo las miradas hacia las acciones preventivas, tal como lo propuso, desde sus inicios, el movimiento en favor de la "epidemiología crítica" el cual, entre otras cosas, plantea la identificación y control de las causas que enferman a la población, al mismo tiempo que se toman las medidas para evitar su aparición y propagación.

Son varios los factores que han influido en el aumento de la pobreza; por un lado, el endeudamiento de nuestra economía con la banca mundial y, por otro, la explotación irracional de nuestros recursos naturales y la indiscriminada industrialización de todo tipo de insumos naturales.

Los programas sexenales oficiales que se han propuesto el combate a la pobreza han intentado dimensionar su magnitud a través de parámetros económicos estandarizados y parámetros que representan las necesidades básicas para una vida con calidad y solvencia social. Desde el primer informe del INEGI "Magnitud y Evolución de la Pobreza en México (1984-1992)", han pasado ya 19 años de estudios detallados sobre este fenómeno y sus consecuencias, 19 años para conocer la cantidad de nutrientes suficientes que eviten los estragos del hambre como lo es la desnutrición severa o la inanición.

A partir de 1991 se actualizaron los cálculos y los datos aplicando la metodología denominada "líneas de pobreza", con la que se han detectado con mayor acierto las necesidades de alimentación y, debido a esto, la llamada "canasta básica" (un aproximado de consumo de proteínas y calorías suficientes) fue modificada. Esta propuesta de nutrientes básicos fue determinada desde el año 1981 por especialistas de la FAO, OMS y la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) durante la Reunión Consultiva Conjunta de Expertos en Necesidades de Energía y de Proteínas. Dentro de las líneas de pobreza se consideró la capacidad adquisitiva, tanto de los alimentos como de otros artículos necesarios para una familia. Asimismo, se tomaron en cuenta las características de los servicios básicos de la vivienda y del entorno, tanto de zonas rurales como urbanas.

Michael Renner, al respecto, hace hincapié en la gran incongruencia que representan los 815 millones de personas en el mundo que no se alimentan con la calidad y la cantidad necesarias en la era de mayor industrialización de alimentos. ¿Qué se puede hacer con menos de dos dólares diarios para solventar todos los gastos? ¿De qué hablan los infelices defensores del capitalismo globalizado? Si los países más pobres tenemos una extravagante deuda externa de 2.4 trillones de dólares, deuda impagable por criminal. Es claro que no se necesitan 20 años de estudios para saber "por qué somos tan pobres" y por qué el grado de salud de los pueblos del mundo es tan desigual.

En defensa de un ambiente sano

Pero la salud no puede considerarse en forma aislada; la calidad del ambiente y la interacción con este espacio serán los indicadores necesarios para conocer el estado de salud general más apegado a la realidad.

La preocupación de los organismos internacionales respecto al calentamiento global y sus consecuencias para la salud y para la existencia misma de la biodiversidad en el planeta, se ha divulgado en los diferentes foros y acciones llevadas a cabo prácticamente en todo el mundo. Las propuestas planteadas, aunque lentamente, han involucrado a los gobiernos quienes están abriendo espacios importantes, en donde la lucha por la recuperación del agua, de la atmósfera y de la tierra fértil es, en resumidas cuentas, la lucha por la existencia del género humano.

Especialmente las generaciones del siglo XX hemos podido observar como la gran vinculación entre salud y ambiente que existía desde nuestros antepasados se ha ido perdiendo y la armonía entre recursos naturales y vida social que nos defendía del deterioro ambiental está a punto de extinguirse.

 

 

 

El estilo de vida, una reflexión necesaria

Existen otros aspectos, además de la destrucción del ambiente, que inciden ampliamente en el grado de salud integral. A lo largo de las últimas décadas, un sinnúmero de especialistas han coincidido en que uno de los factores sociales que más han afectado a la salud general es el cambio de hábitos. Nuestra forma de vida, nuestro desarrollo y crecimiento están directamente relacionados con las circunstancias económicas y sociales a las que nos sometemos obligadamente. Las condiciones que nos atañen diseñan la estructura individual y colectiva de la conducta social que no vislumbra otro objetivo que aglomerarse en torno a las oportunidades de subsistencia, dejando a un lado la atención para la salud.

Con los cambios en nuestros hábitos de alimentación, comunicación e interacción social van surgiendo fenómenos que degradan la salud general. Uno de ellos, por ejemplo, son las adicciones de todo tipo: depen-dencia a la comida industrializada de baja calidad, exceso de consumo de bebidas alcohólicas, refrescos, cigarros y otros estimulantes y la adicción a la violencia. Estos detonadores han modificado sustancialmente la forma de vida de la población rural y urbana, convirtiendo la posibilidad de consumo en una necesidad de consumo.

Sin embargo, poco se reflexiona sobre el estilo de vida, el tipo de economía y el grado de salud que genera la relación entre ambos factores; poco se reflexiona también sobre la imposición de hábitos y sobre el cambio necesario que debe lograrse para no sucumbir a la creciente depauperación de la cultura ecológica y de la cultura de la salud. La gran mayoría de la población se encuentra indefensa ante la mercadotecnia que la secuestra y la conduce a una vida suntuaria, pasiva y por lo mismo irracional, pero "necesaria" ante las escasas alternativas de bienestar y ante la deficiente orientación para fortalecer la salud general.

La confrontación con nuestra forma de vivir se presenta diariamente: las leyes sociales y la estructura cultural, al mismo tiempo que constatan nuestra identidad, también representan una gran barrera para nuestro desarrollo. En nuestra actual forma de subsistir sorteamos a cada instante las agobiantes pugnas por permanecer "dignamente" en las listas de la solvencia económica, en donde la salud es lo de menos. Y, en efecto, creemos no necesitar otra alternativa para seguir ganándonos la vida; basta con resolver el alimento diario y pagar las interminables deudas. Pero esta dinámica de vida se termina cuando dejamos de ser parte de la población económicamente activa y es entonces que, de no tener un resguardo económico (según el caso), sobreviene o continúa la pobreza; la incertidumbre y el deterioro se convierten en el común denominador de millones de personas que tienen que dejar de trabajar por el cansancio, o por las enfermedades.

Falta mucho por discutir sobre la calidad de vida y la salud. Es necesario continuar con la discusión rigurosa y amplia iniciada en diferentes foros y organizaciones como la V Reunión de los Países No Alineados que se llevó a cabo en India, durante 1981, en organizaciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la Organización de las Naciones Unidas, de 1984 a 1992, así como en la reunión que dio origen al "Protocolo de Cartagena" en Colombia (1992) y en las reuniones más recientes tanto en Kyoto, Japón, como en Porto Alegre, Brasil, en donde se habló sobre el impacto del deterioro ambiental en la forma de vida y en la salud, y en donde se habló sobre las posibles acciones para enfrentar el problema.

 

 

 

Los avances de la ciencia, logros de la humanidad

Es innegable que los problemas de la salud se han ido resolviendo conforme avanza la ciencia y la tecnología. La humanidad ha tenido que enfrentarse a los riesgos de experimentar con nuevos métodos para conservar la salud y para curar las enfermedades. En efecto, no existe avance científico sin riesgos y uno de ellos podría ser la creación de una nueva era de enajenación. Sin embargo, después de los recientes descubrimientos sobre las claves del genoma humano y el diseño de técnicas para la clonación, podemos decir que estamos, ciertamente, ante un nuevo intento por aliviar un número incalculable de enfermedades que han sido parte de la tragedia humana. La atención médica se vislumbra más exitosa que en ninguna época anterior, pues el control o erradicación de los padecimientos sólo dependerá de su ubicación genética.

Con el descubrimiento de las secuencias del ADN (Acido Desoxirribonucléico) que muestra el origen de nuestras características, podrán diseñarse nuevas estrategias preventivas y curativas. Estamos prácticamente "en el umbral de una era de medicamentos personalizados", como lo han indicado algunos laboratorios farmacéuticos; esta producción de medicamentos específicos ahorrará sufrimiento y dinero, ya que podrán prescribirse de acuerdo a la sensibilidad y resistencia de las personas enfermas, además de que con las pruebas de ADN podrán detectarse y atenderse tempranamente padecimientos hereditarios. No obstante estos adelantos, los diagnósticos seguirán siendo responsabilidad del profesional de la medicina, aunque seguramente tendrán una mayor precisión y un tratamiento más acertado. Paralelamente, una nueva versión de derechos humanos tendrá que generarse a la brevedad posible para que nuestras posibilidades y esperanzas de vida no sigan siendo industrializadas e inalcanzables.

Si bien, definitivamente, es esperanzador el panorama que nos presentan los descubrimientos sobre el genoma humano, esto no quiere decir que pasarán a segundo término los aspectos preventivos de la salud pública o de la técnica médica. Éstas no pueden circunscribirse a la prueba del ADN. La salud y la calidad de vida no podrán ser diseñadas sólo por la detección de las pequeñas distorsiones o variaciones en la secuencia del ácido en cuestión (Reflexión en torno al Derecho Genómico; http://www.juridicas.unam.mx).

Por supuesto que la esperanza de disminuir el dolor físico y el desgaste emocional que causan las enfermedades es bienvenida. Pero los riesgos, como ya dijimos, están latentes y uno de ellos es la utilización de los nuevos avances en beneficio, por ejemplo, de la industria mundial de armamentos, que por cierto nunca se ha detenido pese a los compromisos de desarme y de paz; al contrario, la demostración de la aplicación de la tecnología nos asombra, el arsenal actual es mucho más mortífero, certero y rápido.

La ciencia continúa haciéndole un gran favor a la industria bélica, pero lo que no ha resuelto ni la ciencia ni la tecnología son las secuelas de destrucción ambiental profunda que cualquier guerra provoca. Como ejemplo tenemos algunos de los elementos que producen las armas y que son sumamente dañinos: el dióxido de carbono, el uranio, las partículas suspendidas y la emisión de elementos que provocan la lluvia ácida, así como el material radioactivo liberado.

El grupo de Ecologistas contra la Guerra de Irak, en su comunicado de marzo del presente año, en su página "Breaking News" advierte de las extensas áreas afectadas durante las guerras; "el daño será peor que el ocasionado en 1991 durante la Guerra del Golfo".

La contaminación limitará la producción de alimento y la pobreza, con su secuela de hambre y enfermedades, es lo único que sí podrán garantizarle a los pueblos que sufran la agresión bélica por parte de los dueños del mundo.

La inversión millonaria en equipo de guerra resulta obscena ante las necesidades mundiales de alimentación y de sanidad. Las cifras que se invierten en la industrialización de la violencia no han variado significativamente desde los años ochenta; en el reporte de la FAO "The aftermath of war often leaves many without stable food supplies", de mayo de 2003, esta organización indica que las 32 naciones más ricas gastaron en 2001 alrededor de 839 billones de dólares en "defensa" y de esta cantidad, el 36 por ciento corresponde al gasto realizado por Estados Unidos.

Probablemente mucha gente festejó el "fin" del comunismo y el fin de la historia (según un trasnochado Fukuyama). Con la izquierda del mundo sometida, las guerrillas controladas y con las principales instancias pro derechos humanos de parte de los dueños del mundo, se pensó que la carrera armamentista llegaba a su fin; sin embargo las causas por las que luchaban los subversivos antes mencionados continuaron: la pobreza, el hambre, las enfermedades y el ambiente deteriorado siguieron formando parte de la vida cotidiana. Ahora el enemigo que amenaza la paz es el terrorismo internacional, y por supuesto, la inversión en armamento continuará. La lucha contra el terrorismo será otro pretexto más para no invertir en alimentos y en desarrollo.

La ley, rebasada por los problemas

Mientras tanto, entre las élites de quienes gobiernan y legislan existe un vacío y confusión en cuanto a conceptos. Aunado a las negociaciones y compromisos políticos, las propuestas de decreto de ley, en un gran número, son hechas al vapor y carecen de objetividad. Como es el caso, por ejemplo, de la clonación humana. Al respecto la Dra. Marcia Muñoz de Alba, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, habla de la "inseguridad" que ha obstaculizado a los integrantes de la actual legislatura en la Asamblea de Representantes para actualizar el marco legal vigente en cuanto a la biomedicina. Esa misma "inseguridad" o desconocimiento a la hora de proponer iniciativas de ley, se ha manifestado en otras ocasiones. Por estas razones y por intereses particulares, ya sea de los propios partidos políticos o de funcionarios, las leyes van quedando rezagadas como es el caso de la Ley General de Salud, o el Reglamento de Investigación en Salud y otras.

Un ejemplo de la falta de claridad, o de plano, de confusión de conceptos, lo tenemos en la propaganda oficial; se habla de industrialización como sinónimo de desarrollo, de salud como sinónimo de atención médica y de consumo de medicamentos. Dicha confusión nos deja sin oportunidad para rescatar las mejores propuestas preventivas que garanticen las condiciones suficientes para construir nuestra vida individual y colectiva en un contexto ambiental y cultural propositivo. Y es así como, ante la tergiversación o confusión conceptual, perdemos la perspectiva de nuestras garantías y olvidamos la defensa de nuestro derecho a una vida saludable, sin consumismo.

La legislación no refleja la urgencia de nuestras prioridades en cuanto a la protección que necesitamos. Cientos de artículos se han escrito alertando, denunciando, previniendo sobre los desgastados y poco sustentables esquemas de consumo actual y, sin embargo, nada pasa. La publicidad excesiva de alimentos industrializados nos crea la ilusión de que si los consumimos estaremos nutriéndonos, nos crea la idea de que el hambre no existe, o que está controlada en la mayoría de los países; la industria farmacéutica ha impuesto su ritmo de consumo, desplazando a otras posibilidades de curación menos lesivas, su publicidad insiste en que los medicamentos garantizan la salud y, sin embargo, las tasas de morbilidad continúan en aumento.

Por otro lado, la epidemiología tradicional y la salud pública, se enfrentan a fenómenos diferentes que son reflejo de la actual forma de sometimiento; las defensas naturales están amenazadas. Nuestra fragilidad y vulnerabilidad son más que evidentes, no tenemos la suficiente preparación para los ataques masivos de microorganismos con mutaciones desconocidas que retrasan su control. El derecho internacional debe trabajar con mayor velocidad en todos los ámbitos, especialmente en el ético. No debemos bajar la guardia ante los avances científicos cuya utilidad no sea comprobable.

El derecho internacional deberá insistir en que los avances científicos no pertenecen en exclusiva a ninguna persona ni a ningún país, entre otras cosas porque gracias a la pobreza mundial existe la riqueza acumulada por los países líderes de la producción científica y de la industrialización; esta riqueza ha servido para solventar estudios exitosos, como las vacunas, los trasplantes, la secuencia del ADN y muchos logros más. En síntesis, con la riqueza mal habida se ha generado un gran acervo de conocimientos y tecnología que debe estar al servicio de la humanidad.

Espacios para elevar el debate

La necesidad de discutir a fondo todos los asuntos que conciernen a la salud y a la atención médica dio origen a los debates de los grupos de asesoría de la Comisión de Salud y Seguridad Social de la LVIII legislatura del Senado de la República, cuyo objetivo fue identificar las prioridades a legislar. Como se planteó en el primer documento, "Reflexiones y Motivaciones" (noviembre de 2001, CSSS VLIII Legislatura), es indispensable continuar la reflexión multidisciplinaria, existimando los conceptos que hasta ahora han conformado la idea de "salud" y que por los vicios de origen ésta se entiende como la contraparte de la enfermedad, aseveración que ha obstaculizado durante décadas la identificación de las necesidades primarias para elevar el grado de salud y, con ello, se ha obstaculizado, también, el diseño de leyes que estimulen legítimamente el cambio hacia un mejor estilo y calidad de vida, con la dignidad como condición inalienable.

Podemos afirmar que un común denominador en las conclusiones de dichos debates fue el reordenamiento económico. Reordenamiento que permitirá reestructurar los programas de educación, orientándola hacia las nuevas necesidades de conocimiento de la salud: la prevención de la delincuencia, la violencia familiar, la contaminación por ruido, la contaminación visual, la deserción escolar, la depresión, la incertidumbre expresada en el bajo rendimiento del intelecto, los embarazos no planificados, los abortos y otros acontecimientos sociales que no habían sido considerados como parte de la patología social.

Para legislar con mayor calidad, tenemos por delante todo un reto en cuanto a conceptualización. Si partimos de la estrategia que la OMS sugiere, tendremos que abocarnos a la revisión de algunos términos para redefinirlos en su justa dimensión, ya que a partir de las imprecisiones con las que se determinó el significado de "salud", se ha mantenido una deferencia que ha devenido complicidad pasiva por parte de los profesionales de la sanidad.

En el Partido de la Revolución Democrática se han abierto espacios de análisis y reflexión sobre la calidad de la legislación en cuanto a temas como el de la salud, la atención médica, la recuperación ambiental, la educación y los derechos de la población a la ciencia y al conocimiento. Por supuesto, es necesario reforzar el trabajo de investigación legislativa que genere leyes más objetivas en favor de la salud.

Por lo pronto, y derivados de los debates del 7 de diciembre de 2001 y del 28 de agosto de 2002 con integrantes de los grupos de asesoría jurídica, política y filosófica de la CSSS de la presente Legislatura, algunos de los temas propuestos para analizar son: saneamiento ambiental, alternativas ante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el neoliberalismo, modificación de la actual Ley General de Salud, calidad de vida, medicina alternativa, las transnacionales contra la salud, el genoma humano, clonación, transplantes y donación de órganos, el hambre y las compañías alimentarias y las empresas belicistas, entre muchos otros.

 

* M.S. Asesora política de la CSSS. LVIII Legislaltura.