ELECCIONES 2003: UN BALANCE INICIAL

Las recientes elecciones del 6 de julio merecen un balance sereno sobre la situación del Partido de la Revolución Democrática y el nivel de participación electoral de la ciudadanía. Debemos evaluar con objetividad la influencia de nuestro instituto político en la dinámica social, política y económica en la nación y en cada una de las entidades federativas, replantear la estrategia hacia la elección del 2006, la postura respecto a la reforma del Estado; y, desde ahora, emprender la tarea de elaborar un nuevo programa para el México del siglo XXI.

Las elecciones federales del presente año reflejan una elevada abstención. En los comicios de 1997 ésta fue de 42%. En el 2000, de 35%. En 2003 alcanzó el nivel de 59%, sin contar los votos anulados (3%) y los votos en blanco (1%). Esto refleja algo muy preocupante: los resultados de las elecciones están legitimados por apenas 37% de los ciudadanos.

Los resultados oficiales dados por el IFE son conocidos: el 36.75% votó por el PRI, el 30.78% por el PAN y el 17.61% por el PRD. El número de diputados federales del PRD se incrementó de 52 a 95, lo que constituye un avance significativo respecto al año 2000.

El PRI tendrá 223 legisladores. El PAN perdió más de 60 diputaciones y su representación parlamentaria será de 154. La reducción del voto panista refleja una evaluación negativa a las políticas del gobierno federal de Vicente Fox. Es una crítica masiva y silenciosa a la forma y ritmo de la transición, así como a la incapacidad del gobierno federal para resolver los problemas estructurales de la sociedad.

En lo referente al Distrito Federal se requiere una reflexión profunda sobre la escasa participación. Es relevante destacar el triunfo que obtuvo el PRD: 13 delegaciones, 37 distritos locales, 27 federales. Refleja un apoyo a la obra de gobierno de Andrés Manuel López Obrador y un mandato a sus delegados y legisladores para profundizar la obra social iniciada desde 1997 con la gestión del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. Sin embargo, es preciso destacar la fría lógica de las cifras: el padrón electoral del DF es de 6.8 millones; de ellos sólo votó el 43%, alrededor de 2.9 millones. En 1994 votó el 78%; en 1997 hubo 68% de participación electoral; en 2000 acudió a las urnas el 72% del electorado. Como se ve, la abstención de julio del 2003 (57%) es la más alta en una década.

El PRD debe convocar a un diálogo nacional para examinar cuáles fueron las razones de los ciudadanos de no haber asistido a las urnas y no haber establecido un compromiso con la democracia. Elaborar un balance, significa detenerse y elaborar criterios que nos permitan seguir adelante en nuestros propósitos de impulsar un proyecto económico y social en beneficio del pueblo de México, fortaleciendo nuestra soberanía y libre determinación. El balance debe hacerse desde distintos ángulos, así como desde la perspectiva de un partido que aspira a conducir a la nación con legitimidad y confianza en las instituciones y que se sustente en la gobernabilidad y la paz social que requiere nuestro desarrollo.

La exclusión voluntaria del electorado que se negó a sufragar en las recientes elecciones federales no podemos reducirla a un simple balance electoral, aunque éste nos proporcione algunos indicadores importantes. La cruda realidad es que en 2003 la forma de participación elegida por la mayoría de la población mexicana en edad de votar fue la abstención. Esto debilita el impulso a la transición democrática.

Debemos evaluar las alianzas que nuestro partido llevó a cabo desde el año 2000, su estrategia electoral en 2003 y estudiar las causas por las que no obtuvo ningún triunfo de mayoría en 24 entidades federativas. Analizar las razones de su avance en DF, Michoacán, Zacatecas, Baja California Sur, y por qué disminuyó su votación en 20 estados y en 10 de ellos de manera significativa. De igual forma, es necesario revisar el proceso de selección de sus candidatos, así como los temas de la Reforma Democrática del Estado. Uno y otro aspecto van de la mano, pero es necesario verlos por separado.

Otro de los elementos del balance es el que se refiere a la ubicación de nuestro partido frente a otras propuestas partidistas. Al mismo tiempo, es necesario evaluar el desempeño del gobierno federal en estos tres años y nuestra postura respecto a la agenda de reformas neoliberales de segunda y tercera generación que la tecnocracia denomina "estructurales": privatización energética, laboral y otras. Es importante reconocer el papel que juegan nuestras propuestas, saber cómo se presentan y también cómo las recibe la ciudadanía.

Por otra parte, se requiere reflexionar sobre la la persistencia de un voto priista que puede reflejar una tendencia a la regresión autoritaria y la añoranza al régimen de partido de Estado. El peligro es que se produzca, como ha sucedido en Colombia, un viraje a la derecha, disfrazada de un ropaje populista y asistencialista que no modifica la esencia del modelo neoliberal sino que, por el contrario, lo profundiza.

En este orden es necesario voltear hacia otras sociedades y analizar la forma en que en Brasil y Argentina se fortaleció y triunfó una opción de centro izquierda.

Sin duda el análisis del proceso electoral es un elemento importante de la vida política nacional. Lo mismo que los resultados de nuestros candidatos, distrito por distrito y estado por estado. Es imperativo considerar que este rechazo intencionado de la mayoría de la ciudadanía a la participación electoral es un mensaje inequívoco, no sólo al PRD, sino a la vida política de la nación. En el fondo está presente la legitimidad y la confianza del pueblo en las instituciones democráticas: Poder Ejecutivo federal, Congreso de la Unión, Congresos locales, gubernaturas y presidencias municipales (delegaciones en el DF).

En cualquiera de los casos, el Partido de la Revolución Democrática tiene que afinar su agenda y constituir un plan de desarrollo institucional que retome no sólo la pluralidad evidente de la sociedad, sino que integre en él a más sectores, poblaciones, generaciones, etc., para que en la política de alianzas, necesaria para derrotar al viejo régimen, todavía presente, seamos los articuladores de un proyecto de país acorde a nuestras necesidades históricas.

Nuestro partido ha sido enfático en proponer nuevas políticas de desarrollo social y económico frente al neoliberalismo. Igualmente ha elaborado alternativas al proceso de globalización que nos permita preservar el interés de la nación en la nueva arquitectura de las relaciones internacionales.

Con la conciencia de haber alcanzado sólo 17.61% de los sufragios y la limitada presencia en muchos estados de la república, el PRD, con su representación de 95 diputados en el Congreso de la Unión, debe asumir con más claridad y firmeza su papel en la definición de un proyecto alternativo de reforma eléctrica, laboral y fiscal, con un discurso y una práctica republicana, honesta y eficiente que permita fortalecer la confianza de la población en sus postulados y su aspiración a una nación más justa y equitativa. De ello depende la posibilidad de un triunfo democrático en 2006.

Jorge A. Calderón Salazar

Director

Alejandra Tello Mondragón

Subdirectora