Las raíces ideológicas de los "neoconservadores" de Washington

Ana Teresa Gutiérrez del Cid

En el contexto de esta situación económica George Bush llega al poder en Estados Unidos y se rodea de los denominados "neoconservadores". La propia figura del presidente Bush es muy débil y puede ser influida de acuerdo a los requerimientos inmediatos de la propaganda. Sin embargo, sería equivocado pensar que la administración Bush opera sin una ideología política. Ésta la diseñan experimentados y conocedores académicos en posición de influir a quien toma las decisiones finales de la política interna y externa de esa nación.

El guía político y filosófico de las eminencias grises detrás de Bush es Leo Strauss, "quien aborrecía la moderna democracia liberal, que en su concepción impulsaba el más venenoso de los vicios: la igualdad social, lo que abre el camino hacia la tiranía potencial". Strauss consideraba a Estados Unidos con toda la debilidad de la República de Weimar en Alemania, que colapsó y dejó el camino al fascismo. Strauss abogó en contra del igualitarismo liberal y por la creación de una aristocracia en la sociedad estadounidense. Influido por Frederich Nietzche, Strauss abogó por la creación de una elite y sentía desprecio por las masas. Influido también por Martin Heidegger, Strauss desarrolló una profunda antipatía hacia el modernismo y el progreso tecnológico, típicos de la modernidad.1

Shadia B. Drury, en su libro Leo Strauss and the American Right plantea que Strauss consideraba que el holocausto fue el resultado lógico de la sociedad moderna y el patrón del liberalismo y la democracia. Creía que fue el ascenso de ciertas ideas mal concebidas en la historia de Weimar lo que había conducido a la barbarie de la que fue testigo. Asoció estas ideas con la modernidad, el liberalismo y el racionalismo de la Ilustración. Pensó que estas ideas habían triunfado a expensas de la vieja sabiduría y que su éxito fue causa del Holocausto. En otras palabras, "el Holocausto fue el resultado lógico de la ascendencia del racionalismo, el nihilismo, el liberalismo y el secularismo."2

Estaba convencido de que una de las más perniciosas consecuencias de la democracia liberal fue el declive de las creencias y la religión como parte de la ideología nacionalista para mantener unida a la gente. Consideraba asimismo que los valores de la religión son una fuente de orden y estabilidad en la sociedad. Pensaba que la religión da a la mayoría de la gente el consuelo que necesita para sobrellevar la dura existencia. No estaba en desacuerdo con Marx en que la religión es el opio de los pueblos, pero pensaba que las masas necesitaban este opio.

La prioridad del papel social de la religión en Strauss es significativa para entender la actual colaboración entre los modernos adeptos a las ideas de Strauss y la derecha cristiana.

Strauss consideraba que la maldad irredimible de la humanidad sólo podría ser restringida a través de un poderoso Estado basado en el nacionalismo. En una carta a Kart Schmitt, Strauss escribió que debido a la maldad intrínseca de la humanidad, ésta tiene que ser gobernada. Este gobierno puede ser establecido solamente cuando los hombres están unidos y sólo pueden estar unidos frente a otra gente.

Strauss proclamó su oposición al fascismo, pero al mismo tiempo, en la base de sus sentimientos antiliberales, tenía una relación cercana con el principal arquitecto legal del Nacional Socialismo, ya que Karl Schmitt fue la más importante autoridad legal en la Alemania nazi y diseñó todas las leyes claves usadas por los nazis para tomar y mantener el poder estatal.

El concepto del enemigo y el amigo es fundamental en la filosofía política del nazismo. Strauss consideraba que el orden político en una sociedad sólo puede ser establecido si ésta está unida por una amenaza externa y, siguiendo a Maquiavelo, sostiene que si no hay una amenaza externa, entonces hay que fabricarla. Al ser testigo del colapso de la Unión Soviética se preocupó porque este colapso del enemigo representaba una amenaza a la propia estabilidad estadounidense.

Según Hill Van, bajo condiciones de enorme polarización social y decadencia en los Estados Unidos de hoy, el significado del pensamiento de Strauss y Schmitt en relación a la oposición interna no ha perdido adeptos, como lo demuestran prominentes figuras de la administración Bush: Paul Wolfowitz y Richard Perle, entre los que destacan. Otro ideólogo conservador en este gobierno es Irving Bristol.

En 1983 Bristol elaboró su definición de nacionalismo: los neoconservadores consideran que el patriotismo nace del pasado, crece con la esperanza del futuro de la nación y creen que los objetivos de política exterior deben ir más allá de una estrecha, demasiado "liberal definición de la seguridad nacional". Para Bristol es el interés nacional de una superpotencia y esta debe ser definida por el sentido del destino nacional y no por una seguridad nacional miope.

Su hijo, William Bristol, en su libro La guerra contra Irak, en coautoría con Lawrence Kaplan, indica que el avance estadounidense no se detendrá en Irak. Declara que la ocupación de Irak responde más al "futuro del Medio Oriente y la guerra contra el terrorismo internacional y al papel que Estados Unidos planea jugar en el siglo XXI que a una simple coyuntura". Lo interesante es que William Bristol hablaba de "una guerra contra el terrorismo" nueve días antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Además, William Bristol es editor de una de las revistas más representativas de la nueva derecha estadounidense: The Weekly Standard.

Por otra parte, el avance de los neoconservadores discípulos de Strauss, es incomprensible en la sociedad estadounidense, sin analizar el continuo repliegue del liberalismo desde los setentas. Este retroceso, reflejado por el decaimiento político del Partido Demócrata en Estados Unidos, ha permitido a un pequeño grupo de pensadores ultra reaccionarios desplazarse de la marginalidad del Partido Republicano a posiciones de influencia.

Así, puede concluirse que hay vínculos definitivos entre el nacionalismo agresivo y la sed de guerra emanados de Washington y de las antirracionales y reaccionarias teorías, las cuales han jugado ya un papel desastroso en el siglo XX, y lo más preocupante es la postración del Partido Demócrata frente a la campaña bélica mundial de Bush.

 

1 Bill Van, "The ideological forebears of Washington’s "neoconservatives", Rev World Socialist, 29 de marzo de 2003, p.2

2 Ibidem, p3.