Panorama político-económico difícil e incierto

El panorama político-económico del país para este 2003 se vislumbra difícil e incierto. En la mesa de discusión está ya el tema del federalismo en espera de ser abordado, con carácter urgente, por las distintas fuerzas políticas de la nación; pero tal debate se dará en el marco del presupuesto recientemente aprobado por el Legislativo que mantiene su perfil recesivo y desfavorable a los sectores energético y agropecuario, debido a lo cual la economía difícilmente crecerá al ritmo necesario para aliviar la situación imperante de pobreza. Y al mismo tiempo, los previsibles efectos adversos sobre el campo que han infligido conjuntamente el TLCAN y la política agropecuaria instrumentada hasta ahora, han orillado a distintas organizaciones de productores del sector agropecuario, que constituyen la mayoría de los productores, a expresar abiertamente su desesperación y su exigencia de que el capítulo agropecuario del TLCAN sea renegociado a la vez que la política sectorial sea modificada.

Gobernadores de las distintas entidades federativas han logrado convencer al Ejecutivo de la necesidad de replantear el esquema general del federalismo y, en particular el fiscal, a efecto de construir un esquema más adecuado de reparto de las obligaciones y potestades recaudatorias entre los tres niveles de gobierno, que les permita acceder a un monto mayor de recursos financieros. Aunque se han iniciado pláticas encaminadas a tal propósito entre el Ejecutivo y la Conago y en el presupuesto del presente año se incrementaron los recursos asignados a entidades y municipios, lo cual representa un avance, no es claro aún el desenlace de las reuniones, sobre todo si éstas son influidas en grado excesivo por los intereses y procesos electorales inminentes. De ser el caso, podría enfrentarse un estancamiento en este punto de la agenda política nacional.

Por lo que se refiere al ámbito económico, más allá del entorno financiero internacional, inestable y desfavorable para el país, la estructura productiva nacional y el mercado interno no están siendo capaces de evolucionar ni de alcanzar tasas de crecimiento mínimas adecuadas y sostenibles. Esta situación es agravada por el diseño e instrumentación de una política presupuestal que privilegia el pago de intereses de deuda contraída por rescates a particulares, que insiste en mantener un déficit erróneamente reducido, disminuye arbitrariamente recursos a las empresas energéticas nacionales y los escatima al sector agropecuario. Con estas características del presupuesto, el gobierno se autolimita en su posibilidad de ser motor del crecimiento económico, al tiempo que garantiza que éste sea mínimo. Si, como consecuencia de lo esbozado, la economía crece a una tasa menor de la esperada oficialmente, no se podrán cumplir las metas recaudatorias, lo cual restringirá aún más el gasto público. Desafortunadamente, tal escenario no es improbable. Afectaría al proceso de discusión del federalismo e impactaría en forma negativa al sector agropecuario.

En este sentido, no es de extrañar la posición de los productores rurales, quienes no se han limitado a manifestar su descontento sino que han formulado planteamientos concretos y correctos para defender al sector agropecuario mediante sus "Seis propuestas para la salvación y revaloración del campo mexicano" (moratoria al apartado agropecuario del TLCAN, programa emergente 2003 y de largo plazo 2020, por una verdadera reforma financiera rural, asignación de 1.5% del PIB para desarrollo productivo y 1.5% del PIB para desarrollo social y ambiental del sector rural en 2003; inocuidad y calidad agroalimentaria para los consumidores mexicanos, y reconocimiento a los derechos y cultura de los pueblos indios). Al respecto, acertadamente la dirigencia del PRD ha externado su apoyo a las justas demandas y a las propuestas del movimiento El Campo No Aguanta Más. El presupuesto destinado este año al sector rural, no obstante que fue incrementado por el Legislativo, resulta a todas luces insuficiente en comparación con las necesidades del sector. El gobierno insiste en no reconocer su importancia estratégica.

Si el manejo de la política presupuestal no se modifica con una visión de largo plazo, nacionalista y soberana, que permita rescatar a los sectores estratégicos de la energía y la agricultura, así como resarcir recursos a las entidades federativas, el crecimiento de la economía será ínfimo e insuficiente para contrarrestar los problemas políticos, sociales y económicos, los cuales, lejos de resolverse, se agravarán, como parece ser que podría suceder en el año que comienza.

El presente número de nuestra revista recoge las aportaciones de especialistas que, desde distintas ópticas, abordan la problemática señalada aclarando detalles de la misma, así como de las diversas vías de solución.