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México se adelanta al coquetear con la moneda única Víctor Acuña Soto Parte II México "ofrece" la UEM de América del Norte. Esto se puede corroborar desde que el actual presidente de México era gobernador del estado de Guanajuato; convocó entonces a la realización de un seminario para examinar la posibilidad adoptar al dólar como moneda nacional, a ese seminario asistieron Rudiger Dornbusch y Gary Becker entre otros economistas. Sin embargo, en ese momento la idea no prosperó, entre otras razones porque Fox era sólo un gobernador. A fines de 1998 y principios de 1999, cuando era candidato a la presidencia, tanto él como el Partido de Acción Nacional, junto con algunas fuerzas como los banqueros y grupos industriales, impulsaban la adopción de la medida. Ahora que ya es presidente se vuelve a plantear nuevamente la cuestión. La creciente integración de México con Estados Unidos y Canadá conlleva un proceso de dolarización y la pérdida de los controles propios de la política monetaria y fiscal que las autoridades de la economía nacional utilizan para incidir en el desarrollo económico y social de México. Como está perfectamente claro, es desigual el proceso de integración, son desiguales sus efectos y las medidas tomadas por uno y por otro gobierno y son desiguales también los flujos de capital y de tecnología que están produciendo una concentración industrial gracias a la libertad de movimiento de capital. Aquellas zonas donde se ubica la industria se verán poderosamente tentadas a la reubicación si es que existen condiciones para lograr más altas tasas de ganancia en otra zona o lugar geográfico. Indudablemente un número muy grande de industrias se relocalizó cuando tuvo la oportunidad de trasladarse a México y disfrutar de alta rentabilidad, pero estas ventajas se esfumaron cuando la economía mexicana empezó a experimentar una serie de alteraciones que hicieron más atractivas otras zonas del mundo, como las del sudeste asiático, China, la India, (por estos días China acaba de desbancar a México como segundo socio comercial de Estados Unidos). Entonces, y frente a una serie de movimientos especulativos generalizados del capital que convirtieron más atractivas otras zonas del planeta, no se ha detenido la salida de capitales de México. Y ante una situación de asimetría agudizada por el desarrollo desigual de la integración, se recurrió a la variación del tipo de cambio. Esta es, en efecto, una de las medidas más importantes de política económica para tratar de incidir en los desequilibrios que se originan por el libre cambio cuando no se pueden corregir de otra manera (aumento de productividad y eficiencia productiva). La devaluación, aunque sólo es eficaz en determinadas condiciones, es un instrumento de política económica que ofrece una protección y permite el desarrollo y preservación de determinadas industrias. Si no se hiciera uso de medidas de protección como esta nos enfrentaríamos al hecho de que la competencia más eficaz de otras economías podría fácilmente terminar con la existencia de las industrias débiles, y entonces se daría la relocalización de las industrias de un país en el que desaparecen a otro país en el que se expanden. La variación del tipo de cambio constituye uno de los últimos instrumentos para incidir en la economía, cuando los estados van abandonando todos los mecanismos de regulación e intervención y se imponen las políticas neoliberales. Pero en la unión económica y monetaria los integrantes de ese acuerdo ya no tienen monedas nacionales ni pueden alterar el tipo de cambio de la moneda respecto a otras divisas de manera unilateral. Es evidente que no se puede esperar que los movimientos del comercio internacional afecten de igual manera a dos países tan disímiles en desarrollo tecnológico y posicionados de una manera tan diferente en el orden económico internacional como son México y Estados Unidos. El hecho de que se den una serie de desigualdades en el proceso mismo de integración hace que se impongan ritmos de desarrollo a varias velocidades, esto es, que algunas economías se vean lanzadas al arroyo del lento crecimiento mientras que otras capitalizan posibilidades de expansión y crecimiento mucho mayores. Esto se ve claro en Europa, pero se ve todavía más claro en el caso del TLCAN, porque es necesario tener en cuenta que el polo de atracción más importante es la rentabilidad a la que operan los capitales y esto explica su movimiento. Sin embargo, siendo este un fenómeno que existe desde hace mucho tiempo, de hecho desde la propia existencia del capitalismo, es importante señalar que de la apreciación que se tenga de él es como se podrá explicar la causa y origen de las asimetrías, su evolución y persistencia. Este es un ingrediente nuevo que añade cambios muy importantes a los fenómenos del capitalismo hoy día. Para empezar ese movimiento de capitales se lleva a la práctica sin ningún tipo de cortapisas y determina frecuentemente que las balanzas de pagos de las economías que importan capitales se vean afectadas de acuerdo a la voluntad de quienes manejan los flujos de capital, y esto es doblemente cierto si se tiene en cuenta que el sistema financiero está en manos de una serie de corporaciones que fácilmente pueden trasladar sus capitales a casi cualquier parte del mundo. Eso por un lado. Por otro lado, hay que decir que se ha dado un proceso de desregulación global y el desarrollo de una sofisticada "ingeniería financiera" que posibilitan movimientos masivos de capital y la obtención de ganancias especulativas en lapsos de tiempo más bien pequeños. Reubicación de las industrias, pérdida de control sobre el instrumento monetario, pérdida de competitividad, etc., son algunas de las consecuencias que más rápidamente se dejan sentir en una unión monetaria. Hay que decir que también se pierde el control sobre el instrumento fiscal, y sin embargo la cuestión no se detiene ahí, sino que luego vienen los correctivos, esto es, las contratendencias que aminoran un poco estos efectos, que tienen que ser contrarrestados necesariamente; también se pueden oponer contratendencias a efectos negativos producto de la desigual distribución de recursos y movilidad de capitales de un proceso de integración, nos estamos refiriendo a la armonización fiscal que por añadidura también se encuentra ausente en el caso de la integración del área de Norteamérica. La variedad de las actividades financieras de los países integrados origina un conjunto de distorsiones cuya eliminación es una condición sine qua non del establecimiento de un verdadero mercado común. La distorsión es toda discriminación de origen fiscal que altera las condiciones de concurrencia de un mercado, de forma que provoque modificaciones apreciables en las corrientes normales del tráfico y en la circulación de servicios. Las distorsiones se originan con cada variación debido a la apertura de nuevos mercados. Si México y Estados Unidos forman un nuevo mercado, por ejemplo de capitales y de dinero, es lógico que ante igualdad de condiciones en la concurrencia de las economías de ambos países uno de ellos, Estados Unidos, saque ventaja al otro, México, simplemente por el diferencial de productividades existentes entre una y otra economía, y esto ya está visto hasta la saciedad en experiencias como la de la Unión Europea. Es por esta razón que se hace necesario que en determinados ámbitos, vgr. en el de la concurrencia de capitales, se establezcan ciertos reguladores e igualadores que impidan que se disparen las desigualdades. Sin embargo éstos mecanismos sólo aminoran los resultados de un proceso inevitable: la creciente desigualdad en el mercado, sea este de productos, esto es de mercancías, servicios o capitales, de economías que son desarrolladas y subdesarrolladas. En el caso de la Unión Europea se desarrollaron una serie de medidas e instituciones dirigidas a aminorar esas distorsiones. De esta manera fue creado el Comité Fiscal y Financiero, constituido el 5 de abril de 1960, el cual se encargó de implementar las medidas de política fiscal pertinentes que impidieran el ahondamiento de las diferencias en el desarrollo a causa de la falta de armonización fiscal. Para Paul De Grauwe la variable central en un proceso de homogeneización de las desigualdades producidas por choques asimétricos de oferta-demanda de la integración monetaria es la política fiscal. Es el instrumento fiscal el único que tiende a prevalecer y ser manipulado por los estados nacionales por sobre el instrumento monetario al paso que se incrementa la integración económica. Aunque la profundización del proceso de integración económica apunta hacia la pérdida del instrumento monetario y también el fiscal, los estados nacionales se pueden "agarrar" de este resquicio, la política fiscal, para recuperar algunas porciones de soberanía sobre las variables macroeconómicas. Y justamente es el instrumento fiscal la herramienta fundamental para poder regular los fenómenos de inestabilidad financiera, fenómenos que, de manera necesaria, cobran en estas uniones trascendencia fundamental. Nos referimos concretamente a la libre movilidad de capitales. Imponer una cierta carga fiscal a la movilidad de capitales en interés de que no se produzcan fugas especulativas, gravamen a las remesas que salen como ganancias, el IVA, el impuesto sobre la renta, la progresividad de los impuestos y fundamentalmente la obligación de los capitalistas "golondrinos" a un encaje del que no pueden disponer por cierto tiempo. Estas son sólo algunas de las atribuciones que tiene la política fiscal y que en una unión económica juega un papel fundamental, porque de hecho es el último reducto de soberanía económica que les queda a los estados nacionales. Justamente esta es la razón que explica que se hable de la supremacía del instrumento fiscal sobre el instrumento monetario, ya que este último tiende a perderse irremediablemente en el proceso de la unión económica en general y en el proceso de la unión monetaria en particular. El primer paso para establecer la moneda única es tener tasas de cambio absolutamente fijas, y esto sólo es posible si las tasas de inflación que se experimentan en los distintos miembros de la unión monetaria son semejantes; esto supone que el propio desarrollo de las economías debe estar homogeneizado para que garantice que no se dan distintas variaciones en los precios de los productos con los que se comercia en el mercado común y que no se den disparidades en el valor de sus monedas. Sin embargo, en una economía capitalista esto es absolutamente improbable. Lo que sucede es que para que se cumpla este requisito de las tasas de cambio fijas se adopta una especie de "camisa de fuerza" que obliga a no devaluar a los distintos estados miembros cuando las disparidades en el comercio y en los flujos de capital producto de las distintas productividades así se los exigen. Desarrollar una política monetaria orientada a la estabilidad de precios sólo es posible a través de un Banco Central que es el que establece las medidas que permitirán un tipo de cambio fijo. En la Unión Monetaria de Europa el Banco Central se encuentra ubicado en Alemania, y es el que decide la política monetaria a seguir. En el caso de la Unión Monetaria de América del Norte, evidentemente, y con la dolarización de la economía, se establecería un Banco Central que tendría su sede en la economía más fuerte, es decir, en Estados Unidos. Este objetivo ya lo habían hecho explícito teóricos como Rudiger Dornbush, quien en un viaje a México en la segunda mitad de 1998, sugirió la idea de adoptar el dólar como moneda nacional. En ese entonces el planteamiento no tuvo mucho eco y aparentemente pasó inadvertido, sin embargo poco tiempo después la idea cobró inusitada fuerza. Concretamente a principios del año de 1999, las cúpulas empresariales de México y un sinnúmero de economistas y políticos secundaron la propuesta y solicitaron los cambios pertinentes en la legislación constitucional y bancaria para que se adoptara esta medida. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial de ese entonces, Eduardo Bours, declaró: "Es inevitable; tarde o temprano se tiene que dar la incorporación financiera a la comercial". Quizá sin darse cuenta el empresario estaba poniendo el dedo en la yaga, esto es, que el proceso de integración al que se había aventurado México lo estaba llevando a una creciente dependencia comercial que se traducía en la necesidad de atraer capitales y recursos bajo la forma crediticia que lo hacían a su vez sumamente dependiente de la moneda norteamericana, de ahí a la dolarización declarada había un sólo paso. Y ese paso era la institucionalización de la paridad fija con el dólar y la creación de una instancia, el Banco Central, que haría las funciones de organismo supranacional, este Banco evidentemente sería la Reserva Federal de los Estados Unidos. La institucionalización de la dolarización sólo vendría a rematar el círculo de la dependencia de México respecto a sus socios fuertes en el proceso de integración, y esta lógica de los acontecimientos tendría los siguientes eslabones: 1.- Acrecentamiento de las desigualdades comerciales como resultado de las desigualdades de las productividades 2.- Déficit permanente de la cuenta corriente 3.- Flujo de capitales como forma de equilibrar los déficit 4.- Contratación de deuda 5.- Inestabilidad monetaria 6.- Crisis recurrente del peso 7.- Fuga de capitales La crisis del peso, que se expresa en continuas devaluaciones respecto a las otras monedas y especialmente respecto al dólar, parecería ser la evidencia más clara de que es necesaria la dolarización de la economía. Sin embargo, esta situación de creciente inestabilidad del peso es causada precisamente por el callejón sin salida al que condujo la liberalización de la economía y el TLCAN. En este sentido si a algún proceso o a alguien se le tiene que echar la culpa de la debilidad del peso, no es a la falta de pericia de las autoridades monetarias y hacendarias, que efectivamente siempre estuvo presente, sino al proceso mismo de integración desigual al que condujo el TLCAN. La inestabilidad del peso se arguye como la principal razón para buscar la UEM de América del Norte. Se atribuye la inflación, las salidas de capital y las crisis del peso al hecho de que el Banco de México y la Secretaría de Hacienda no son capaces de coordinar sus políticas monetarias y fiscales para poder frenar la inestabilidad. Si las autoridades monetarias y fiscales son incapaces de controlar estos fenómenos de inestabilidad, luego entonces quiere decir que para hacerse cargo de la situación es necesaria una entidad que ha demostrado reiterada capacidad frente a estos fenómenos, y aquí es donde entra en acción la Reserva Federal de los Estados Unidos que con una paridad fija peso-dólar alejaría las altas tasas de inflación y de interés. De esta manera, "nuestra" nueva moneda, el dólar, y los tipos de interés a los que se prestaría, serían estables. Así las cosas, tan "claras", Gary Becker entra en acción en la segunda parte de la obra teatral. La primera le correspondió a Dornbusch, para poner su granito de arena en favor del dólar universal y convencernos de la necesidad de su adopción. Becker recomendó que México adopte el dólar como su moneda nacional y que adopte un consejo monetario para evitar una crisis como la de 1994. Sin embargo, el Banco de México no está muy convencido de las bondades de la dolarización de la economía. En un documento interno plantea: "un sistema financiero débil seguramente invitaría a un ataque especulativo en contra de la moneda nacional, lo cual resultaría en el colapso del régimen del consejo monetario, o bien en la quiebra del sistema financiero nacional (...) la situación que se enfrentaría se asemejaría a la experimentada en México durante 1994", y aquí habría que añadir que también se asemejaría a la crisis de la dolarización en Argentina. El último episodio a favor de la moneda única lo escenificó en días pasados el secretario de Economía, Fernando Canales Clariond, cuando en una entrevista que se le hizo en la residencia presidencial de los Pinos declaró que se estaban siguiendo una serie de etapas de negociación a nivel de los gobiernos de Estados Unidos y México que desembocarían en la adopción de la moneda única. Nadie lo desmintió. Se acepta, pues, que en el trasfondo de la euforia integracionista, y aquí habría que señalar que tenemos en cuenta que frente al proceso ALCA, y de acuerdo con la lógica de sus gobernantes, a México le tocaría adelantarse y ofrecer la moneda única, están actuando de manera firme y contundente una serie de factores que hacen a la economía mexicana tremendamente vulnerable, y es que las tendencias hacia el desequilibrio de las relaciones económicas entre México y los Estados Unidos, son sólo un resultado de la extraordinaria integración que en los hechos se ha venido dando por lo menos desde hace un siglo. México siempre ha tenido problemas a lo largo de su historia en su balanza comercial con Estados Unidos porque invariablemente tiende a adquirir más productos de los que vende. Sólo que esta tendencia a lo largo del tiempo se ha agravado más en determinadas coyunturas. Y ciertamente el tratado de Libre Comercio de América del Norte ha creado las condiciones para que esta relación se formalice e intensifique, comprometiendo a los gobiernos a "respetarla", precisamente en perjuicio de México, a pesar de todas las maniobras propagandísticas que plantean lo contrario. El saldo negativo frente a Estados Unidos se repite en el conjunto de las cuentas de México con el exterior (con excepción de algunos periodos debido a las exportaciones petroleras y a las maquiladoras); al no ser compensado por la balanza de servicios, dado que ésta es también deficitaria, se ha traducido en un déficit crónico de cuenta corriente, déficit agravado en los últimos años y que, en el momento del estallido de la crisis financiera de México, en diciembre de 1994, alcanzó el 8% del PIB, más alto inclusive de lo que fue en la víspera de la crisis de la deuda de los ochenta. México se vuelve enormemente vulnerable si, a un proceso de integración como el que se está dando a raíz del TLCAN, se añade el hecho de que se profundice y selle a través de un acuerdo continental, esto es, el ALCA. La crisis de Argentina, resultado de la dolarización Ciertamente México se adelantaba a los procesos de desgravación y lo hacía de manera unilateral en el marco de las negociaciones del TLCAN, ahora en el proceso ALCA parece que la historia se repite y hemos hablado de los coqueteos con la dolarización, sin embargo una serie de países latinoamericanos se han adelantado largamente al adoptar al dólar como moneda nacional (o dolarizar a la moneda nacional, que es equivalente) tal es el caso de El Salvador, Ecuador y por supuesto Argentina. Cuando un país como Argentina dolariza su economía, de hecho está otorgando todas las facilidades para que se dé el saqueo de sus recursos sin ningún límite, por la sencilla razón de que claudica del control de los mecanismos básicos de regulación monetaria y financiera. Al país en cuestión, y en este caso estamos hablando de Argentina, le está vedada la facultad de determinar la cantidad de circulante, de establecer las tasas de interés, de determinar una política de inversiones de capital en interés de desarrollar ciertos sectores de la economía. Y es que junto con la sustitución de la moneda nacional y la pérdida de los instrumentos de control monetario, el proceso mismo de desnaturalización de la economía al caer en manos de los especuladores financieros tanto nacionales como internacionales, impone, por parte del estado "nacional", la pérdida de aquellos mecanismos de carácter fiscal como es el caso de la recaudación o de la imposición de determinados impuestos al movimiento de capitales, como la llamada tasa Tobin. En estas condiciones, un estado se ve en la penosa situación de que ha perdido todos sus instrumentos que le permitían intervenir en la economía, ha perdido los mecanismos de regulación monetaria y ha perdido los mecanismos de regulación fiscal. Y a esto es necesario añadir que normalmente las bancas nacionales dejan de serlo y pasan masivamente al control de las bancas extranjeras, como en el caso argentino, que también en México ha sucedido. Así, cuando se da la libre movilidad de bienes y capitales entre una economía desarrollada, EUA, y otra subdesarrollada, Argentina, lo que tiende a imperar es la productividad de la desarrollada, EUA, por sobre la ineficiencia de la subdesarrollada, Argentina. La paridad monetaria fija de 1:1, evidentemente, era ficticia e impidió ajustes suaves. En estas condiciones los capitales tenderán a refugiarse en la economía más desarrollada por la simple razón de que la productividad es mayor y por lo tanto mayor la tasa de ganancia: "el presidente de la bolsa de Buenos Aires, Héctor Baque, puntualizó que desde el estallido de la crisis han salido 35 mil millones de dólares del mercado de valores de su país; es decir, 75 por ciento de los 45 mil millones que se tenían al término del gobierno de Carlos Menem." "En 2001 se fugaron 20 mil millones y en el transcurso de este año han salido otros 15 mil millones de dólares, indicó. Pero 60 por ciento de los recursos de los fondos de pensión argentinos han sido afectados por esta situación. Los fondos de pensión no fueron afectados por el mercado (bursátil) sino por el default que se propició cuando el gobierno dejó de pagar (el servicio de esta deuda)", consideró Baque", (La Jornada: "Usar fondos de pensión para ampliar base de inversionistas en bolsa, plantean", 10 de septiembre de 2002). Cuando una economía sufre este proceso de salida de capitales especulativos y está inserto en las redes de los organismos financieros internacionales viéndose obligado al pago puntual de la deuda, se dan fenómenos como el del célebre "corralito", en donde no se dejó sacar a los ahorradores los recursos que tenían depositados en sus cuentas, o simplemente son utilizados los recursos que originalmente estaban destinados al pago de las pensiones de los trabajadores para el pago de la deuda. La previsión de Darcy Ribero, hecha en 1971, en el sentido de que la intensificación de los procesos de integración impulsados por Estados Unidos, es decir, una integración desigual, irremediablemente lleva a acrecentar las diferencias sociales y que el acrecentamiento de las diferencias sociales lleva a la violencia se ha cumplido. Su magnitud puede ser continental. "Los pasos siguientes serán la integración económica, primero de América Latina, después la integración continental que convertiría al Nuevo Mundo en área de libre expansión de las empresas multinacionales. "En la etapa actual ya son evidentes algunos efectos decisivos de ese movimiento de integración superimperialista. Entere ellos, la hegemonía del estamento gerencial en el conjunto de las clases dominantes, como el núcleo fundamental de decisiones económicas, que ejerce, además, el liderazgo en cuanto a la formulación de las directrices de ordenación del régimen, garantizadoras de las condiciones para el buen funcionamiento del sistema de dominación. Es también el estamento manipulador de la máquina político-administrativa y de los órganos de seguridad encargados de la represión contra los sectores virtualmente insurgentes de América Latina. "Otro efecto decisivo es la contrapartida dialéctica de esta hegemonía que hace corresponder a la internacionalización del sistema económico una internacionalización equivalente de los conflictos políticos. De ese modo, las luchas políticas internas de cada país pasarán a configurarse como luchas de emancipación de ámbito continental. A la adhesión de las clases dominantes nativas a este proyecto de dominación y a su renuncia implícita a liderar un desarrollo autónomo, corresponderá una radicalización revolucionaria de sentido inverso. Y al proyecto capitalista de desarrollo dependiente —de hecho, recolonizador— corresponderá la única alternativa posible, un proyecto socialista de desarrollo autónomo. "Este es el dilema de América Latina." (Darcy Ribeiro, El dilema de América Latina. Ed. Siglo XXI, 1971) No sabemos si los movimientos y las fuerzas que se manifiestan contra el proceso de globalización "desde arriba" persigan este propósito, ya que en ellos se combina una variedad de tendencias, sin embargo tienen claro que con el liberalismo económico y, en este caso el ALCA, no todos salen ganando. De allí Seattle, Quebec, Cancún, Porto Alegre, Florencia, etc. A Estados Unidos le urge llegar al 2005 con el consenso de los gobiernos de América Latina; a los pueblos les va la vida en tratar de impedir que se concreten estos proyectos de carácter imperial. Uno de esos episodios es el plebiscito al que están citando diversas fuerzas democráticas a nivel continental, como es el caso de la Alianza Social Continental y otras más.
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