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¿Qué partido queremos? Silvia Gómez-Tagle* En el mundo actual hay consenso en que la lucha política fundamental de la izquierda debería orientarse a la consolidación de las instituciones democráticas, lo que supone que las zonas de incertidumbre fundamentales para un partido político están en la competencia electoral con otros partidos y en el ejercicio de gobierno y la participación legislativa. Finalmente, la aspiración de todo partido político es conquistar el poder, sea la presidencia de la República o la mayoría del Congreso de la Unión, pero también ocupar todas las otras posiciones que sea posible, por insignificantes que resulten, porque el poder en una democracia siempre será compartido. Aquí entiendo "zonas de incertidumbre" como aquellos aspectos del contexto social, económico y político en el que se desarrolla una organización y que afectan su desempeño o su existencia En este ensayo intentaré discutir algunos de los problemas que enfrenta el PRD, teniendo como eje las tesis de Panebianco sobre la organización de los partidos, porque me parece que arrojan nueva luz sobre la naturaleza de los dilemas que enfrentamos.1 Los riesgos de una izquierda electoral La estrategia de participación electoral generalmente supone dar menos impulso a la movilización social que puede tener un contenido contencioso, ya que se desarrolla al margen del marco legal. Esto no implica que la izquierda deba abandonar la idea de lucha social definitivamente, en esos casos extremos cuando hay sectores de la población históricamente privados de la ciudadaníja como ha ocurrido con los pueblos indios, se justifican inclusive acciones armadas en defensa de sus derechos. Pero la izquierda comprometida con la participación electoral se inclina por las acciones en el marco institucional de la política, lo que ofrece nuevas oportunidades y también entraña terribles riesgos. Efectivamente, en el marco de la acción "dentro del sistema democrático" persiste la dificultad de establecer con claridad la diferencia de la izquierda frente a otras fuerzas políticas también democráticas de otras tendencias ideológicas, porque la competencia con otros partidos políticos obliga a buscar lemas populares, acceder a los medios de comunicación masiva, coloca a los dirigentes en contacto con el poder económico y por ello despierta dudas respecto de su "naturaleza de izquierda". Al entrar al juego político eso que llamamos izquierda corre el peligro de desdibujarse, era más fácil ser oposición que compartir el poder. Los dirigentes, los legisladores, los gobernantes, sean del partido que sean, están inmersos en el juego de intereses económicos que penetran la política para salvaguardar sus privilegios frente a las demandas de una ciudadanía que cobra fuerza como parte del desarrollo de las instituciones democráticas. La corrupción, dicho con más crudeza, es el peor enemigo de la democracia contemporánea en todos los países, porque además hoy más que nunca la promoción de las ideas y de las personas se da gracias al dinero que se invierte en campañas en medios de comunicación. Este es un problema fundamental que hay que discutir en el PRD ¿cómo vamos a definir la estrategia del partido respecto de la lucha electoral? Esta cuestión nos plantea el problema de las relaciones con la sociedad y en particular con los movimientos sociales, pero también de cómo desarrollar una estrategia para hacer del PRD un partido competitivo, capaz de ganarle a los partidos de "la derecha". Lograr el éxito y al mismo tiempo serle fiel a los ideales de diversas vertientes de la izquierda que han conformado a este partido es difícil, porque, independientemente de cuánto nos identifiquemos con alguna de ellas, en general tenemos que reconocer que han sido poco exitosas. Aquí yo creo que está una de las contradicciones más difíciles que se deben resolver en cierta forma, tanto en la reforma estatutaria como en la Línea Política y en el Programa ¿cómo identificamos la posición del PRD como un partido de izquierda democrática?, o dejamos lo de izquierda y nos quedamos con lo democrático. No necesitamos aceptar la fatalidad, esa es la característica distintiva de la izquierda, pensar que se pueden modificar las relaciones sociales, económicas y de poder; pero no será fácil, hay que remar contra corriente. Si la identidad de la izquierda debería entenderse como un compromiso con una serie de principios éticos y de problemas sociales que han estado presentes desde el siglo XIX (posiblemente desde antes) en el imaginario social y que no han sido resueltos, tales como: libertad, igualdad, solidaridad, justicia y equidad, entonces el propósito fundamental de la izquierda es cambiar la sociedad. Los partidos en el mundo real Los partidos de izquierda dicen querer el poder para lograr la igualdad, la justicia, la libertad de la mayoría de la población, pero con todo siguen teniendo como objetivo la búsqueda del poder. Una de las tesis centrales de Panebianco es que los prejuicios sobre lo que los partidos deben ser, impiden la comprensión de las complejas relaciones existentes entre el partido y su base electoral, así como la identificación de las desigualdades que surgen como consecuencia de toda acción organizada en cuanto tal. Por ello, este autor atribuye al sistema de desigualdades (diferencias en poder, dinero y oportunidades entre militantes y dirigentes) una de las causas principales de los conflictos intrapartidarios. ¿Podrían ser diferentes los partidos de izquierda y de derecha? Yo creo que no, pueden tener objetivos ideológicos distintos, pero en lo fundamental comparten los problemas de la democracia electoral con una desventaja adicional: los partidos de derecha sólo aspiran a conquistar el poder por sí mismo, sin pretender cambiar nada fundamental; mientras los partidos de izquierda pretenden además cambiar las relaciones sociales y de poder en la sociedad. Eso los hace particularmente vulnerables a muchos problemas, entre los que la corrupción es el más grave, porque no hay nada más fácil que ofrecer un poco de dinero a alguien que llegó o puede llegar al poder a través de un partido de "izquierda" para que traicione sus principios, dado que esos principios atentan precisamente contra quienes tienen más recursos y privilegios. La corrupción de los partidos de izquierda "sale más barata" a quienes tienen recursos económicos o privilegios que proteger, que los cambios que pretenden hacer esos partidos para redistribuir los recursos. Desde luego la corrupción no se encuentra sólo en la izquierda, todo el sistema la propicia, porque la democracia ofrece muchas oportunidades de crítica, para plantear y promover demandas de grupos sociales menos favorecidos y la forma en que los más privilegiados se protegen es por medio de ofrecer prebendas a algunos líderes, en vez de renunciar a esos privilegios. En cambio, los partidos de derecha no se proponen eliminar privilegios, si acaso redistribuir "sobrantes", por ello no resultan tan amenazadores y es menor el riesgo de que sus dirigentes sean cooptados por sus opositores. La cohesión en las organizaciones voluntarias Además hay que tomar en cuenta que en un régimen democrático donde hay libertad de asociación y de expresión, la pertenencia a un partido no está sujeta a las normas coercitivas del Estado, ni a los estímulos tan específicos como los que otorga la empresa privada, salarios, remuneraciones, utilidades. De tal manera que los miembros se mantienen fieles a la organización por voluntad propia, como ocurre en todas las "organizaciones voluntarias". Un partido es mucho más vulnerable que las organizaciones gubernamentales, donde impera finalmente el poder político y la coerción, o que las empresas donde la disciplina se impone por el interés económico. Panebianco sostiene que los partidos son a un tiempo burocracias que demandan la continuidad de las organizaciones y la estabilidad de las propias jerarquías internas, y asociaciones voluntarias, que deben contar con, por lo menos, un cierto grado de participación no obligada, y que, por tanto, deben distribuir simultáneamente tanto incentivos selectivos como colectivos. Aunque el peso de ambos tipos de incentivos puede variar de un partido a otro. La teoría de los incentivos selectivos explica bastante bien el comportamiento de las elites que compiten entre sí dentro del partido por el control de los cargos. La actividad de muchos militantes de base se puede explicar mejor en términos de incentivos colectivos, como consecuencia de la adhesión a los fines oficiales de la organización y que se refuerza con los lazos de la identificación y la solidaridad organizativa. Los incentivos selectivos y colectivos La necesidad que tiene el partido de distribuir, en proporciones variables, incentivos de ambos tipos provoca un dilema en la organización. Si se distribuyen demasiados incentivos selectivos, se resta credibilidad a su mito de la organización como instrumento para la realización de la causa. Si se pone el acento en los incentivos colectivos, se compromete la continuidad de la organización. Estas son las contradicciones que ha debido enfrentar la Comisión Organizadora del VIII Congreso, al formular los proyectos para el nuevo Estatuto. Porque el Estatuto por sí mismo no va ha cambiar al partido, pero esta reforma estatutaria ha respondido a una larga reflexión de dirigentes partidarios de muy diversas orientaciones, en torno al partido que queremos. Sin duda habrá que cambiar otras cosas, el Programa, la Línea Política y posiblemente hasta los Principios del PRD requieran ser redefinidos; pero por ahora el nuevo Estatuto expresa un conjunto de propuestas y acuerdos de las distintas fuerzas que lo integran, para lograr la institucionalización. La organización debe encontrar el equilibrio entre la exigencia de satisfacer intereses individuales y la de alimentar lealtades organizativas. Esta doble presión contribuye a identificar las funciones internas de la ideología organizativa. El equilibrio entre los incentivos selectivos (que responden a intereses particulares de los dirigentes) y los incentivos colectivos (principios ideológicos de la organización) es lo que permitirá consolidar la institucionalidad, porque ese equilibrio dará fuerza a las normas, a la disciplina y permitirá que los esfuerzos individuales contribuyan a fortalecer al partido como proyecto colectivo. Pero ese será un proceso largo e incierto, ahora se han dado algunos pasos en esa dirección en parte por la presión que ejerce la competencia con otros partidos que obliga a ser "más eficientes", en parte como consecuencia del éxito electoral, y también por los cambios que se han producido en la coalición real de poder. Por un lado hay problemas que se desprenden de la estructura de la organización y de la falta de congruencia entre esa estructura (que se expresa en forma condensada en el estatuto) y la práctica política. Este tipo de contradicciones influyen en la eficiencia de una organización, más que en cuestiones de orden ideológico o de ética política, sin descartar la importancia que tienen estos dos aspectos en la configuración del partido. Cómo ya se explicó "la estructura de oportunidades" de un partido de izquierda en una democracia capitalista es menos favorable que la de un partido de derecha.2 Pero el enfoque del análisis institucional formal (estructuras que definen los estatutos y su forma de actuar) es insuficiente por sí mismo, por ello es indispensable la noción de coalición real de poder nacional y local (o sea los actores políticos reales que intervienen en las decisiones, participen o no en las estructuras formales).3 La coalición de poder y los pactos para el futuro del PRD El PRD surgió de una coalición de grupos en torno a una figura: Cuauhtémoc Cárdenas. Grupos de distinto origen, con diferentes referentes sociales y con marcadas diferencias ideológicas. La figura de Cárdenas generó a su alrededor un sistema de desigualdades que se reflejó en oportunidades de crecimiento o de éxito diferenciado según la cercanía con el líder principal, o con otros dirigentes importantes. De ahí surgió la necesidad de cohesionar otros grupos que ya existían o formar nuevos colectivos alrededor de otros liderazgos, para enfrentar esas desigualdades generadas por la figura dominante. Los exsocialistas, los que habían llegado con Heberto Castillo, quienes se identificaron con Porfirio Muñoz Ledo, los que venían de tal o cual tipo de organizaciones populares, etc. La fragmentación fue multiplicándose en la medida en que los mecanismos institucionales no servían para resolver los conflictos. En los partidos políticos la lucha por el poder interno se da alrededor de tres ejes fundamentales: los órganos de dirección, las candidaturas y los recursos económicos. La manera en que se distribuyen estos incentivos es determinada formalmente por los estatutos, sin embargo, y desde un punto de vista material, más allá de las normas internas se encuentran los acuerdos que se toman en el seno de la coalición dominante,4 tanto al nivel nacional como en los ámbitos locales. Ello quiere decir que las decisiones importantes en los partidos no son tomadas por los organismos competentes tal y como están definidos en los estatutos, sino por encima de ellos y a través de acuerdos externos. Esta cuestión se da en todo tipo de organizaciones e inclusive en los poderes del Estado, por ello es indispensable entender el problema y tener la posibilidad de dibujar "el mapa del poder real" y contrastarlo con la dinámica del poder definida en el nivel formal, de otra manera, los cambios estatutarios, a fin de crear "estructuras de oportunidades adecuadas a la participación de los militantes" quedan condenadas al fracaso. En el PRD la reforma que estamos viviendo se ha expresado en un Estatuto diferente al anterior en muchos aspectos, porque responde a los cambios en la coalición de poder, donde por un lado han surgido dirigentes con un nuevo poder político que reclaman jugar un papel en las decisiones partidarias y, por otro, las "fuerza de cohesión" en torno a los incentivos colectivos se ha debilitado enormemente. Los nuevos actores han venido configurando una coalición de poder distinta, sobre todo después del 2000, cuando el fracaso electoral de Cárdenas debilitó su posición en el partido y llevó a reconsiderar los métodos de decisión y la distribución de "influencias", pero también planteó la necesidad de redefinir los Principios, el Programa y la Línea Política del partido, a partir de la cual se definen estrategias electorales y se ejerce el gobierno o se participa desde el legislativo. En los últimos años en los que el PRD ha sido gobierno y ha ocupado espacios legislativos, cada vez con más frecuencia ha surgido la pregunta ¿en qué se diferencian sus gobernantes o legisladores de los de otros partidos? Este proceso de desgaste y de falta de congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre quienes se creen con la legitimidad de decidir por los demás y quienes aspiran a participar en las decisiones, se fue dando lentamente, pero tuvo su expresión más evidente en las elecciones de dirigentes de 2002, porque las dos coaliciones que compitieron quedaron prácticamente empatadas: la que se formó alrededor de Rosario Robles, con el apoyo de Cuauhtémoc y la de Jesús Ortega en alianza con Amalia García. Además esto ocurrió por segunda vez, el resultado fue muy parecido entre Jesús Ortega y Amalia García, entonces contrincantes, en la elección de dirigentes de 1999. Y también fueron muy similares las mutuas acusaciones de fraudes. En el 2002, tanto en el proceso electoral interno como en la conformación de la nueva dirección nacional quedó en evidencia la imposibilidad de encausar lucha política de los militantes perredistas con las reglas existentes, debido a la falta de acuerdos en la coalición real de poder y a la débil cohesión de la organización. Varios de los actores principales no reconocieron oportunamente los cambios que habían ocurrido entre 1997 y 2002: el papel que debían jugar los cinco gobernadores, los legisladores federales y locales, los presidentes municipales; los nuevos liderazgos políticos forjados en la organización del partido (las corrientes), en lucha social y en el ejercicio de gobierno (fuera del partido). Rosario Robles, viéndose obligada a compartir la dirección con sus adversarios (en las elecciones internas), apostó su estrategia a controlar los recursos económicos e invertir en la promoción de su imagen, la de sus simpatizantes y la del partido, en los medios de comunicación a través de fuertes inversiones en recursos. El fracaso de esa estrategia no hizo sino precipitar una tendencia que ya era inevitable, la reformulación del pacto en la coalición real de poder ante la emergencia de nuevos actores políticos. La reforma del Estatuto, que se discutió en un espacio plural durante más de seis meses, con la representación de muy diversos puntos de vista, está orientada a imponer nuevas normas en esos tres aspectos que son importantes: el control de los recursos, de las decisiones políticas (la dirección de la organización) y de las candidaturas. Se abren dos capítulos nuevos, uno que tiene que ver con los nuevos actores políticos: los gobiernos del PRD y los legisladores; el otro que tiene que ver con los actores de siempre a quienes es indispensable tomar en cuenta, pero también poner reglas: los agrupamientos políticos internos. Se establecen normas que deberán generar cambios en muchos aspectos de la vida del partido: desde cómo se adquieren los derechos de membresía, hasta cómo se deciden las expulsiones. El problema estará en lograr que las nuevas normas se respeten, finalmente es necesario apostar a un nuevo pacto político, de otra forma no será viable.5 Este nuevo Estatuto expresa la conciencia, cuando menos de quienes participaron en la Comisión Organizadora, de que es indispensable un nuevo pacto entre todas las fuerzas que integran al Partido de la Revolución Democrática para darle una verdadera cohesión y dirección, porque el capital que todos compartimos es el partido mismo. Un partido que representa un proyecto de izquierda difuso en muchos aspectos, pero sin duda de izquierda en lo fundamental: su compromiso con la igualdad, la justicia, la equidad y la libertad.
* Secretaria de Reforma del Partido del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática. 1 Angelo Panebianco, Modelos de partido, Madrid, Alianza Universidad, 1995. 2 Este concepto es manejado por Sartori desde una perspectiva institucional. 3 Michel Angelo Panebianco Partidos y modelos de partidos. 4 Según Panebianco, op cit, la coalición dominante de un partido está integrada por aquellos actores, pertenezcan o no formalmente a la organización, que controlan las zonas de incertidumbre más vitales. 5 En otro trabajo intentaré abordar más puntualmente los problemas de la organización interna del PRD y la reforma estatutaria, por ahora sólo dejo planteados algunos de los grandes problemas.
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