El VIII Congreso Nacional del PRD

-Crónica y testimonio-

Onel Ortíz Fragoso*

El VIII Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), efectuado del 26 al 28 de marzo de 2004 en el teatro Polanco de la Ciudad de México, será recordado por el contexto político, por la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas a sus cargos partidarios, por el rostro preocupado de Leonel Godoy, por la disolución de las corrientes y por el conflicto entre el PRD y La Jornada que, como un mal matrimonio, terminó entre recriminaciones y los trastos rotos.

Marzo fue el mes negro para el PRD y para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Comenzó con la transmisión del video de Gustavo Ponce Meléndez jugando a las cartas en el casino del hotel Bellagio de Las Vegas, siguió con la exhibición de René Bejarano y Carlos Imaz recibiendo dinero y terminó con la detención de Carlos Ahumada en La Habana. Los escándalos de los videos abrieron la puerta a una nueva crisis: la crisis ética. La credibilidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador quedó en entredicho y se golpeó, como nunca antes, a uno de los pilares del discurso del PRD y de la izquierda: la honestidad.

El VIII Congreso comenzó cuando Carlos Ahumada era prófugo de la justicia; cuando René Bejarano, Rosario Robles y Ramón Sosamontes estaban fuera del partido y la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia iniciaba el proceso de cancelación de la membresía a Carlos Imaz. En marzo, el Jefe de Gobierno perdió entre 10 y 15 puntos de popularidad, de acuerdo a las encuestas. En la televisión, la radio y los principales periódicos y revisas, el escándalo alcanzó niveles pocas veces vistos. Mientras la opinión pública hacia trizas la mermada reputación perredista, Marcos Rascón, Salvador Nava y otros militantes, desconocieron al congreso y a todas las instancias partidarias. Cuauhtémoc Cárdenas encaminó sus baterías contra las corrientes acusándolas de ser las principales causantes de la debacle. Cárdenas propuso al congreso la renuncia de los miembros del Comité Ejecutivo Nacional y de las direcciones estatales.

El VIII Congreso se preparó para que fuera un acontecimiento pactado. Este objetivo se cumplió a medias porque el contexto adverso, la incertidumbre interna y la lucha por la conducción del partido, impidieron que el PRD avanzara significativamente en su reforma organizativa.

I

La historia de este congreso inició con los resultados electorales de 2003. Prisionera de sus promesas, Rosario Robles trató de demostrar lo indemostrable, que el PRD ganó en las elecciones del 6 de julio; en su afán por mantenerse como líder nacional y figura "candidateable", para lo que hiciera falta, se aferró a dos clavos calientes: el aumento del número de diputados federales de mayoría y los buenos resultados del PRD en la Ciudad de México.

Efectivamente, en julio del año pasado, el PRD aumentó el número de sus diputados federales porque Andrés Manuel López Obrador gozaba de niveles de aceptación envidiables para cualquier gobernante del mundo, lo cual fortaleció indiscutiblemente a los candidatos perredistas en la capital. Estos dos elementos, sin duda positivos, fueron insuficientes para lo otro, para pasar por alto la negligencia política de la dirección nacional del partido en aspectos fundamentales de la campaña.

En esas elecciones, al tradicional retraso en la elaboración y la distribución de la propaganda, se sumaron el rotundo fracaso de las Brigadas del Sol, las graves deficiencias en la entrega de apoyos a los candidatos, la excesiva discrecionalidad en el manejo de los recursos y el descuido de varias campañas, que fueron relevantes para los magros resultados electorales del partido en veinte entidades federales, principalmente en las entidades federativas del norte de la República.

No todo en esa elección fue malo, existieron esfuerzos legítimos por hacer las cosas bien por parte de la presidenta del partido y el resto del Comité Ejecutivo Nacional. El PRD eligió a sus candidatos sin fracturas, hubo campañas de muy buen nivel, de las que hay que aprender. En el fondo, en las elecciones de 2003, hizo crisis la línea política del partido.

Para el PRD el saldo más importante de la elección del 6 de julio fue que, de nueva cuenta, quedó atado a un liderazgo fuerte y carismático, el de Andrés Manuel López Obrador. La suerte del hombre es la suerte del partido. La ventaja evidente de esta situación: que el PRD, con su 18 % de votación nacional, permanece como parte esencial del escenario político, por la adelantada sucesión presidencial del 2006, en donde López Obrador lleva la delantera; las desventajas, también evidentes, son la ausencia de debate, la carencia de un programa más preciso, la falta de contrapesos y la vulnerabilidad de una candidatura fuerte, pero aún insuficiente para ganar la presidencia de la República.

El 9 de agosto, Rosario Robles renunció a la Presidencia del PRD y un día después, Leonel Godoy fue electo como nuevo líder nacional, con el apoyo de los gobernadores perredistas. En semanas posteriores, el presidente sustituto propuso la realización de un congreso nacional en dos partes. En la primera se abordaría el tema del Estatuto y en la segunda, la Declaración de Principios, La Línea Política y el Programa.

El problema se planteó así: todas las fuerzas internas coincidían en la necesidad de reformar los documentos básicos, pero algunas de estas fuerzas criticaban la legitimidad de los congresistas. Para una posición, los delegados del VIII Congreso deberían ser los que fueron electos el 17 de marzo de 2002. El Comité General del Servicio Electoral (CGSE) y la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia (CNGV) fueron consultados sobre el particular y apoyaron esta posición. Los contrarios argumentaron la ilegitimidad de dichos delegados, por las irregularidades que se presentaron en el proceso interno, en el cual resultó electa Rosario Robles. La dirección nacional decidió resolver primero el problema de los delegados, es decir, modificar el Estatuto para poder elegir a nuevos congresistas, que tuvieran legitimidad y expresaran la nueva correlación de fuerzas internas; para después, reformar el resto de los documentos básicos.

Durante seis meses, la subcomisión de Estatuto de la Comisión Organizadora del VIII Congreso Nacional trabajó en la construcción de consensos. Silvia Gómez Tagle, Jesús Zambrano, Gabriel Mario Santos, Arnaldo Córdova, Ramón Sosamontes, Adolfo Miranda, Audomar Ahumada, Juan Guerra, Agustín Guerrero, Gerardo Fernández Noroña, Saúl Escobar, Rosalbina Garavito e Ifigenia Martínez, entre otros, realizaron un diagnóstico de la situación organizativa del PRD. Se buscaron referentes en las experiencias de otros partidos de izquierda en el mundo, como el Partido del Trabajo de Brasil (PT) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE), principalmente en el tema de las corrientes y las elecciones internas de candidatos y dirigentes partidarios. La conclusión de esta comisión fue que "el modelo actual del PRD está agotado. Por lo cual el partido requiere una profunda, urgente y rápida reforma orgánica y política, una nueva cultura y una ética acorde con nuestros principios y propósitos para estar a la altura de las necesidades que nos plantean lo procesos políticos que van de aquí al año 2006."

Tres estampas marcaron los días de congreso. El 26 de marzo, durante la inauguración, se trató de restañar la unidad del partido. En medio de los escándalos se mandó el mensaje de que, en la adversidad, todas las fuerzas y las personalidades del PRD estaban juntas. La foto salió bien, sin embargo, el inicio del congreso sirvió para que los delegados manifestaran abiertamente sus simpatías respecto a los dos precandidatos más visibles: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Los gritos de ¡Obrador! ¡Obrador! sobresalieron. por primera vez en un acto de esta naturaleza, a los de ¡Cuauhtémoc! ¡Cuauhtemoc! Por la noche de ese día, Nueva Izquierda (NI), Foro Nuevo Sol (FNS), Los Cívicos, Unidad y Renovación (UNyR), Red de Izquierda Revolucionaria (Redir) y El Movimiento de Base Insurgente (El Mobi) anunciaron, en distintos tonos y modalidades, su disolución con el propósito de permitir que se iniciara un proceso de reagrupación de militantes a partir de lo dispuesto en el nuevo Estatuto. Sólo Izquierda Democrática Nacional (IDN), dirigida por René Bejarano, rechazó dicha propuesta.

El 27 de marzo, el congreso abordó de lleno la reforma estatutaria. La mayor parte del día, los trabajos se desarrollaron sin sobresaltos y con una desesperante lentitud. Dos temas polarizaron las posiciones y dieron al traste con los acuerdos de la comisión organizadora: los comités de base y la elección de dirigentes. En el primer tema, la mayoría de los delegados aprobaron la existencia de más de un comité de base del Partido de la Revolución Democrática por unidad territorial. En el segundo tema, decidieron mantener la elección de dirigentes por votación directa. En el debate de la elección de dirigentes salieron a flote los reclamos. Las participaciones de ambas posiciones constituyeron largas listas de reproches, lugares comunes y buenos y malos deseos. El voluntarismo campeó. La democratitis imperó y esa sesión terminó entre gritos de ¡quieren llorar! ¡Quieren llorar! Después de esta votación, el congreso suspendió sus trabajos, ya que la ratificación de la elección directa obligó a modificar un número considerable de artículos.

El 28 de marzo, mientras la dirección nacional y la comisión organizadora trataban de recuperar el camino del consenso y de encontrar un mecanismo para acelerar los trabajos del congreso, Cuauhtémoc Cárdenas pidió dirigirse a los delegados. Leyó una carta en la cual informó a Leonel Godoy de su renuncia con carácter de irrevocable a todos sus cargos en el PRD. El argumento: las declaraciones de Leonel Godoy a La Jornada en las cuales había expresado que sí aceptara la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas, de desaparecer las direcciones del partido, se convertiría en un dictadorzuelo. Por un momento imperó la confusión. Leonel Godoy tomó la palabra, desmintió la nota publicada por La Jornada y la acusó de actuar como una corriente en el PRD. Finalmente puso sobre la mesa su renuncia. De las diferentes zonas del teatro Polanco empezaron a volar ejemplares de La Jornada, mientras que el grito de ¡Godoy! ¡Godoy! empezó a ganar fuerza. El presidente en turno de la mesa de los debates, Gerardo Fernández Noroña, pidió una moción de apoyo al presidente del partido, la cual fue otorgada por unanimidad. Leonel Godoy tomó nuevamente la palabra para pedirle al congreso que rechazara la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas. Propuso la formación de una comisión integrada por fundadores del partido para que le expresaran al ingeniero Cárdenas el sentir del Congreso.

El Ingeniero Cárdenas decidió tensar la cuerda. A diferencia de otros congresos en los cuales sus propuestas eran adoptadas, en está ocasión no tuvieron eco.

Por la noche, en un ambiente de sentimientos encontrados, exhaustos después del torrente de emociones y con una asistencia menguada, se clausuraron los trabajos del VIII Congreso Nacional.

II

En VIII Congreso Nacional, el Partido de la Revolución Democrática intentó renovar su línea de organización. El nuevo Estatuto favorece la formación política y la organización en todos sus niveles; fortalece las instancias de dirección y los órganos autónomos; apoya la transparencia y elimina la discrecionalidad en el manejo de los recursos; regula la relación del partido con sus representantes populares, acota los liderazgos personalizados y reglamenta la existencia de las corrientes. En donde si fracasó fue en la renovación del sistema electoral interno. El acotamiento de los liderazgos personalizados y el reconocimiento y la reglamentación de las corrientes, constituyen un paso adelante en la pluralidad del sistema de partidos en México.

Una de las propuestas que naufragó fue la elección indirecta de los dirigentes partidarios. El voto mayoritario de los delegados se inclinó por la permanencia del voto directo, secreto y universal. La Comisión Organizadora del Congreso trabajó en una propuesta mixta: elección directa de congresistas nacionales, estatales y municipales, tres procesos internos en total, y elección indirecta de presidente, secretario general, miembros del Comité Ejecutivo Nacional y consejeros nacionales. Con la decisión del VIII Congreso, en la primera mitad de 2005 se realizará un día nacional de elecciones con ocho procesos internos y con los problemas políticos y organizativos de los cuales ya conoce el partido.

En el marco de la disputa interna por la candidatura para gobernador de Tlaxcala, un grupo de congresistas promovieron y ganaron una modificación al Estatuto en la cual se impide ser candidato del PRD a los cónyuges, concubinos y familiares hasta segundo grado de miembros del partido que ocupen puestos de representación popular de alto nivel. Aunque existen elementos políticos y éticos para que los familiares de representantes populares perredistas de alto nivel no participen en procesos internos, el Estatuto no puede restringir los derechos políticos de los mexicanos, ni debe tener dedicatorias. Esta situación fue tan evidente que el Instituto Federal Electoral (IFE) rechazó la limitación de derechos políticos y pidió al Partido de la Revolución Democrática la rectificación de esta parte del Estatuto.

III

Hacia delante, el PRD debe cumplir los resolutivos del VIII Congreso Nacional. El Consejo Nacional deberá instruir al CEN para que a la brevedad se pongan en práctica los acuerdos del congreso, principalmente aquellos relacionados con la creación de los comités de base, la transparencia en el manejo de las prerrogativas públicas, la relación del partido con sus legisladores y gobernantes, el fortalecimiento de sus órganos autónomos y las sanciones para aquellos miembros del PRD que incurran en actos de corrupción y de malversación de fondos públicos. Al mismo tiempo, deberán corregirse y precisarse algunos aspectos del Estatuto como la limitación de derechos políticos y la elección libre, directa y secreta de los dirigentes del partido.

Rumbo a su IX Congreso Nacional, el PRD deberá definirse como un partido de centro izquierda, lo cual deberá plasmarse en la elaboración de un programa y un plan de gobierno. Es necesario abrir el partido a la sociedad para romper la lógica del culto a las personalidades y para construir, con base en la realidad del país y las necesidades de la población, un programa de gobierno. En un plano de igualdad, sin considerar corrientes o grupos, tendrán que revisarse críticamente las propuestas y supuestos del partido. Recuperar y fortalecer los principios que le dieron origen al PRD y utilizarlos para proponerle a la sociedad una alternativa para el futuro.

Para contribuir a la renovación del PRD, para cumplir con el marco estatutario que aprobó el VIII Congreso, las corrientes deben verdaderamente disolverse. Ni caudillos ni grupos de presión. El PRD debe construir una nueva forma de dirección colectiva y democrática; eficiente y congruente con sus principios. Los perredistas tendrán que asumir un código de ética y de conducta política, para diferenciar claramente las prácticas inaceptables de las propositivas. Se tendrá que reactivar el debate, para fomentar la discusión de ideas y la aglutinación del pensamiento progresista de México y de otras partes del mundo.

Se tienen que constituir a la brevedad los mecanismos para la rendición de cuentas en el partido. En este sentido, la Comisión Especial del Congreso debe revisar con objetividad los expedientes en los cuales existan denuncias de hechos de corrupción, tráfico de influencias y malversación de recursos del partido. Aunque está hecho con parcialidad y el equipo que lo elaboró carece de facultades estatutarias, esta comisión deberá considerar el llamado Informe del Villar y adicionar todos los casos de corrupción que las autoridades judiciales y electorales y los medios de comunicación han consignado en los últimos meses relacionados con miembros o ex miembros del partido.

Pero no sólo se trata de castigar, sino también de crear los mecanismos para reconocer los méritos y desarrollar las capacidades de los militantes del partido. Debe privilegiarse la libre participación de los militantes y no limitarla a su actuación a través de una corriente o grupo; conformar órganos partidarios con personas idóneas para cumplir sus funciones. Se requiere impulsar una alianza social auténtica, definida sobre la base de una propuesta de nación y de gobierno que de respuesta a las principales demandas sociales y económicas.

En el contexto de su XV aniversario, el PRD debe enfrentar el reto de ser un partido maduro y permanente en el sistema político mexicano.

 

* Miembro de la Comisión Organizadora del 8 Congreso Nacional.