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Desarrollo sustentable y efectos del libre mercado Mario Gabriel Vázquez Juárez* El problema generacional El concepto de desarrollo sustentable surge como resultado de la crítica hacia los efectos negativos ocasionados por la aplicación ininterrumpida de las teorías del desarrollo. En 1987, la Comisión para el Desarrollo y el Medio Ambiente de las Naciones Unidas acuñó el concepto de desarrollo sustentable, donde se destaca principalmente una preocupación intergeneracional por el futuro inmediato en cuanto a la preservación racional del capital ecológico. Dicha comisión define al desarrollo sustentable, en la parte más concreta del concepto, como "aquel que se lleva a cabo sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades".1 Como podemos inferir, esta comisión de la ONU introduce un nuevo concepto de crecimiento económico que incluye los principios normativos de justicia, racionalidad y oportunidad en el contexto de la evolución y reproducción generacional. Asimismo, es comprensible y deducible que las políticas económica, fiscal, comercial, energética, agrícola, industrial, etc. deben de orientarse hacia el desarrollo sustentable2 donde se armonicen los aspectos económico, social y ecológico. También es necesario tomar conciencia de que la excesiva concentración de la actividad económica y de la población, dada en determinados espacios urbanos, ocasiona una considerable sobreexplotación de los recursos naturales disponibles. De persistir esta tendencia en los próximos años, se corre el riesgo de rebasar totalmente la capacidad de reproducción de los recursos renovables y acelerar el agotamiento de los recursos no renovables; es decir, las consecuencias derivadas de esta tendencia atentan contra la sustentabilidad y la esperanza de vida del planeta.3 Por otra parte, diversos estudios realizados señalan que el desarrollo sustentable debe impulsar un modelo de desarrollo con una dimensión conservacionista y con justicia social. En el análisis rechazan aquellos modelos de desarrollo exclusivamente economicistas y productivistas y abogan por un cambio en las formas de apropiación de los recursos que conlleve una transformación en los patrones de conducta social a efecto de asumir una responsabilidad global con el futuro de las generaciones. Como resultado de diversos debates, en casi todo tipo de foros se coincide en señalar que el desarrollo sustentable también debe convertirse en el motor infalible para armonizar el desarrollo económico con su estructura espacial en un marco de racionalidad. Nos referimos, en este caso, principalmente a las ciudades de gran actividad económica y altas densidades de población, así como otros centros urbanos donde también están presentes dichas características. Hay que agregar que la sustentabilidad del desarrollo (como un todo, en un concepto integral, con diversos niveles o grados de desarrollo) se compone de tres dimensiones principales, tales como la social, la económica y la ecológico-ambiental. En las dos primeras dimensiones se halla suficiente información con base en el criterio de desarrollo humano de la ONU y otros indicadores conocidos. Por su parte, la dimensión ecológico-ambiental determina la calidad de vida de la población. En general, un concepto integral de esta naturaleza, y con una escala de diversos niveles de sustentabilidad, refleja inequívocamente los niveles absolutos de desarrollo en una ciudad, comunidad, región o país. Ahora bien, para alcanzar niveles aceptable u óptimos de sustentabilidad se necesita cumplir con los siguientes aspectos-requisitos:4 1) Frenar la pérdida de biodiversidad de los ecosistemas y de los suelos, que es el resultado de la deforestación progresiva y de la contaminación constante del aire, agua y tierra. 2) Disminución progresiva del uso intensivo de los recursos no renovables, cuya finalidad sea encontrar sustitutos o equivalentes a efecto de evitar el agotamiento prematuro. 3) Disminución del uso de energía per capita. 4) Incremento de industrias de reciclaje de diversos materiales, de basura y en general de todos los desechos o residuos que deben procesarse, de alguna forma, a efecto de no superar la capacidad de la naturaleza de poderlos absorber. 5) Lucha constante contra la pobreza para mejorar progresivamente la calidad de vida de la población hasta en las regiones más marginadas. Asimismo se deben mejorar los niveles de urbanización para que la población cuente con servicios de calidad constante en agua potable, alcantarillado, etcétera. 6) Activa participación ciudadana en la protección y gestión ambiental. 7) Mejoramiento de la normatividad y legislación ambiental. 8) Fomento e impulso a las políticas públicas concernientes a la protección y restauración del medio ambiente, donde la tasa anual de extracción/explotación de recursos renovables sea igual a la capacidad de regenerarlos o renovarlos, así como a diversas medidas orientadas a la protección-preservación y restauración-rehabilitación. Actualmente, se considera a Japón como uno de los países de mayores niveles de sustentabilidad ecológica. En el Continente Americano figura Costa Rica como el país de mejores niveles de sustentabilidad, ya que sus costos ecológicos representan el 6% del PIB. Se espera que en el futuro inmediato el contenido en energía y materia prima sea menor en el valor del producto bruto generado, es decir, que la cantidad de energía y materia prima sea cada vez menor en la unidad de producto,5 al mismo tiempo de reducir progresivamente las emisiones y los desechos. Cabe destacar que los recursos, renovables y no renovables, constituyen la principal fuente de riqueza de los países subdesarrollados y dependientes. También forman parte significativa en la estructura total de sus ventas al extranjero, ya que exportan insumos productivos con alto componente de materias primas naturales, además de alimentos y materias primas naturales como petróleo, metales, minerales, etc. Todos estos materiales derivados de los recursos naturales se están consumiendo a una tasa mayor que su respectiva renovación. De continuar dicha tendencia se corre el riesgo de atizar la crisis ecológica que se viene padeciendo desde años atrás y provocar un colapso de fatales consecuencias si no se ataca radicalmente con las medidas y los instrumentos necesarios para frenar la disminución del capital ecológico. Asimismo, es necesario rechazar las ideas que sostienen que la sobrepoblación y la pobreza constituyen la causa principal del agotamiento de los recursos naturales, ya que, por ejemplo, los países pobres o subdesarrollados consumen menos recursos que los habitantes de los países ricos o desarrollados, además de las élites de los países pobres. Por lo tanto, la idea de abstinencia que se ha promovido ampliamente debe de ser aplicada a los habitantes de los países ricos, pero no a los de los países pobres. Por otra parte, los países desarrollados, con toda su planta industrial instalada y el uso generalizado de productos fabriles, tienen una mayor responsabilidad en el incremento global de la crisis ecológica de las últimas décadas. Precisamente a estos países se les caracteriza, en lo general, como países con alto grado de insustentabilidad y de consumo excesivo, además del despilfarro promovido por sus élites. En toda la problemática referida anteriormente existe responsabilidad tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados. Ningún país o grupo de países se excluye en cuanto a la responsabilidad global para alimentar la crisis ecológica de las últimas décadas. Ahora bien, para promover un cambio radical y atenuar los efectos de la crisis ecológica se requiere una mayor conciencia y cambio de valores en las sociedades, además de promover cambios radicales en materia de política económica para alentar la producción, la distribución y el consumo en el marco del desarrollo sustentable,6 donde se combinen una racionalidad productiva y económica con una racionalidad ecológica. Existe un consenso generalizado, en buena parte de los estudios ecológico-económicos, en torno a la conceptualización del desarrollo sustentable, a pesar de los enfoques y espectros teóricos existentes y los diversos aspectos particulares de singular importancia y preocupación. En este contexto, se concibe al desarrollo sustentable (conforme a una conceptualidad promedio) como aquel desarrollo orientado a evitar un daño significativo al sustrato biofísico (material básico indispensable en la caracterización de la sustentabilidad del desarrollo), a efecto de poder transmitir a las generaciones futuras un sólido acervo de capital ecológico, ya sea igual o superior al acervo disponible de la generación actual.7 Conforme a la propuesta conceptual anterior, podemos detectar la existencia de una tendencia entre los agentes productivos para actuar en los diferentes sectores de la economía en el corto plazo, pero no así en el largo plazo, en virtud que el productor capitalista invierte para buscar el máximo de ganancias en el menor tiempo posible; es decir, la eficiencia y eficacia del capitalismo se traduce en pretender obtener una mayor masa de ganancia en la medida que los productores disminuyan el tiempo de rotación del capital. Es clara, pues, la existencia de una sobrevaloración del corto plazo y una subvaloración del largo plazo que se contrapone a los procesos ecológicos y, por lo tanto, propicia la agudización de los problemas intergeneracionales. A propósito, cuando nos referimos a este último aspecto hacemos una puntual mención de la equidad intergeneracional que debe de existir, sobre todo, para evitar descompensar los niveles aceptables de recursos agotables disponibles para las generaciones futuras. Esta premisa ética y racional tiene su fundamento en la excesiva explotación de recursos naturales llevada a cabo por las generaciones actuales. Por cierto, existe un reto significativo para la teoría económica cuando se trata de analizar y resolver la actualización del valor de las demandas futuras, donde el eje principal está constituido por la formación de los precios a partir de dos variables: la tecnología y la propia demanda futura. Precisamente en el cálculo de esta última se asocia una tendencia a subvalorarla, debido a dos causas fundamentales: 1) un incremento en función de las tendencias actuales, y 2) un mayor nivel de consumo como resultado de las necesidades de la población calculada al futuro. Cabe destacar que en la teoría económica se dimensiona la importancia del principio metodológico de la designación de los recursos agotables conforme a las preferencias manifiestas por los agentes económicos.8 Además, hay que considerar la existencia de una dificultad ontológica cuando pretendemos irrumpir el espacio económico del presente con la presencia de supuestos agentes económicos en el devenir intergeneracional de la sociedad. Sólo los agentes económicos actuales pueden expresar sus preferencias, pero no así los del futuro. En este contexto se supone que, dadas las condiciones actuales de deterioro ecológico, principalmente de América Latina y varios países subdesarrollados, los agentes económicos expresan sus preferencias hacia una asignación intergeneracional de recursos agotables mayor que en el futuro. Conforme a esta tendencia validamos las afirmaciones éticas y racional-previsibles de algunos críticos al señalar que "no debemos disminuir el bienestar lejano en comparación con el disfrute presente o inmediato",9 no obstante que dicho planteamiento aforístico está limitado por el principio económico de la utilidad marginal decreciente y apoyado, ademas, por el supuesto de cierto incremento futuro del consumo per capita, a efecto de permitir la operatividad discrecional de dicho principio. Lo que sí es evidente y de incuestionable veracidad es que una mayor tasa de descuento de los recursos por parte de las generaciones actuales puede conducir a un aumento del ritmo de agotamiento de dichos recursos y, consecuentemente, ocasionar un futuro menos próspero para las generaciones por venir. La previsión anterior se puede traducir puntualmente como un verdadero conflicto intrageneracional respecto al valor actual de los beneficios y sus consecuencias peyorativas hacia el futuro.10 Estas premisas sistémicas conservan su validez en la medida que forman parte de la economía de los recursos agotables, pero pierden efecto en los marcos contextuales del análisis de la economía del crecimiento. Definitivamente el desarrollo sustentable, al establecer fuertes vínculos entre el medio ambiente y el crecimiento económico, debe de permitir la creación de empleos y orientarse a buscar una mejor distribución del ingreso, así como al establecimiento de una relación óptima entre la tecnología y el uso racional de los recursos. En efecto, este último aspecto debe favorecer una verdadera mo-dernización tecnológica de los sectores productivos, cuyo objetivo se traduzca en el mejoramiento progresivo de la calidad de los productos y promueva el uso de recursos alternativos de manera sustentable (respetando al medio ambiente en sus procesos productivos y consumo). Asimismo, debe resaltarse que la sustentabilidad detiene los procesos de degradación de la naturaleza por el tipo de desarrollo aplicado en las sociedades. La puesta en marcha de la sustentabilidad requiere de cambios institucionales, de la normatividad y de incentivos económicos para el mejor uso de los recursos naturales. Además, es necesario restituir a las comunidades campesinas e indígenas sus derechos para aprovechar y utilizar los recursos naturales (conforme a usos y costumbres). En suma, el desarrollo sustentable, como expresión representativa de la fusión del capital económico y del capital ecológico (materialización del desarrollo integral), es deseable que en el largo plazo impulse los procesos de inclusión social buscando una mayor participación ciudadana, autonomía en la toma de decisiones y mayor concientización y movilidad social respecto a la protección ambiental.11 Dados dichos procesos, es posible alcanzar y concretar una mayor identidad regional y/o nacional. Finalmente, en cuanto al problema y análisis de las reservas de los recursos disponibles se consideran dos direcciones o líneas principales: 1) La línea de los fatalistas. En esta línea se ubican las concepciones y elucubraciones de Robert Malthus, quien afirmaba que la escasez de los alimentos se debía a su crecimiento aritmético frente al crecimiento geométrico de la población. Sin embargo, con el surgimiento de la industria alimentaria y el mejoramiento de sus tecnologías aumentó la oferta de alimentos, mientras el crecimiento de la población se estabilizó en la mayoría de los países capitalistas, socialistas y ex socialistas. Aquí se ubicaban también las concepciones del Club de Roma, que hablaban de una aguda escasez de los recursos minerales estratégicos, tales como el gas natural, la plata, el estaño, el uranio, el aluminio, el cobre, el plomo y el zinc, entre otros. Estos análisis y predicciones resultaron inciertos por el aumento de la oferta de dichos metales, gracias al mejoramiento de los métodos de explotación y el descubrimiento de nuevos yacimientos minerales. 2) La línea de los optimistas. Estas propuestas se caracterizan porque sus defensores sostienen que la escasez relativa de algunos recursos y especies difícilmente constituyen un problema de largo plazo. Libre mercado y políticas ecológicas En las décadas pasadas, los estilos de desarrollo practicados en América Latina, y en general en los países subdesarrollados, priorizaron diversas políticas tendientes a favorecer las externalidades de costos de los bienes y servicios ambientales y, consecuentemente, propiciaron un mayor incremento de la apropiación privada de dichos bienes.12 En el modelo de acumulación anterior se acentuó con mayor intensidad el fenómeno de las externalidades, fuente inagotable de riqueza de las clases dominantes (nacionales y transnacionales) que coadyuvó, de alguna manera, a la acumulación capitalista basada en la explotación de recursos naturales de los países subdesarrollados. Sin embargo, con la toma de conciencia, a nivel mundial, de la conveniencia de racionalizar los recursos naturales y ante las crisis ambientales acaecidas en algunas ciudades, se han puesto en marcha políticas tendientes a mantener, reproducir y valorar los recursos, bienes y servicios ambientales, al mismo tiempo de establecer mecanismos apropiados para atender o detener la práctica trivial de las externalidades. El objetivo principal consiste en internalizar los beneficios de los recursos, bienes y servicios ambientales, en forma creciente, a efecto de establecer catálogos de valoraciones tanto en unidades físicas como monetarias y sus respectivas expresiones en las cuentas nacionales. Ahora bien, el presente modelo de acumulación se basa en la teoría de las ventajas comparativas y competitivas. Constituye, además, el fundamento teórico del paradigma del libre comercio, donde la exportación de recursos naturales juega un papel significativo en el proceso de acumulación de capital a nivel global y en beneficio de los países desarrollados. Por cierto, los países subdesarrollados y dependientes han tenido que aumentar progresivamente el volumen de sus exportaciones para tratar de recuperar los ingresos que han perdido como consecuencia de la caída del precio de las materias primas en el mercado mundial. Dicha tendencia se ha acentuado con mayor fuerza a partir de los años setenta. Los apologistas del libre comercio sostienen que el desarrollo económico de los países se logra por medio de la apertura de la economía —a efecto de fomentar la libre circulación de mercancías y capitales (previa eliminación de las reglamentaciones nacionales)— y el impulso de una legislación internacional para apoyar los procesos de desregulación. Estos procesos, más los de desreglamentación, tienen como finalidad garantizar el libre flujo de mercancías, sin obstáculos arancelarios, y el libre flujo de capitales para invertir en los sectores de la economía o, preferentemente, para invertir en las bolsas de valores, en papeles gubernamentales u otros bonos y valores de carácter financiero, teniendo como factor determinante las cotizaciones de la tasa de interés (bien llamados movimientos de capitales especulativos). Asimismo, consideran dichos apologistas que para lograr aceptables niveles de crecimiento económico y de desarrollo social es necesario que la economía se someta a diversos programas económicos para obtener resultados positivos en cuanto a la estabilización de las principales variables macroeconómicas. En este contexto, se han implementado diversas estrategias y medidas tendientes a lograr el saneamiento de las finanzas públicas, la corrección del desequilibrio externo, el control de la inflación y un paquete de medidas específicas para alentar el crecimiento.13 Sin embargo, a pesar de todas las bondades que se pregonan del libre comercio, hay críticos que señalan que las ventajas competitivas se logran, en buena medida todavía, por medio de la externalización de costos de algunos recursos naturales, cuyos efectos inciden directamente en la producción o el comercio orientado hacia la exportación. Es decir, el libre comercio impulsado por el actual modelo de acumulación se considera nocivo al medio ambiente, en virtud de que causa su degradación por no contener, en la mayoría de los países, ciertas restricciones consideradas como necesarias y obligatorias. Al respecto, existe consenso en señalar que hace falta implementar un conjunto de reglamentos orientados a proteger tanto al ambiente nacional como al internacional.14 Por otra parte, existe una gran incertidumbre cuando los apologistas del libre comercio aseguran que la liberalización comercial llega a permitir una significativa proliferación de tecnologías de producción menos dañinas para el medio ambiente, al mismo tiempo que proporcionan una mayor asignación y eficacia de los recursos.15 Como podemos observar, los supuestos teóricos y prácticos del neoliberalismo, por su carácter contradictorio y falta de verosimilitud, son muy discutibles cuando señalan los beneficios evidentes e inmejorables que producen al medio ambiente con el uso intensivo de las nuevas tecnologías en los procesos de trabajo de diversas industrias. En este sentido, habría que analizar y evaluar científicamente los daños que pueden causar al medio ambiente la utilización de las nuevas tecnologías (llamadas también tecnologías de punta),16 tomando en consideración su composición tetrapartita, como resultante del agrupamiento prototípico de las innovaciones tecnológicas actuales. Estas partes o áreas son: la microelectrónica, la robótica, la biotecnología y los nuevos materiales. Tal parece que la biotecnología,17 a pesar de que representa una alternativa viable para impulsar el desarrollo sustentable y la solución de diversos problemas del medio ambiente,18 tiene tecnologías que pueden afectar significativamente al medio ambiente en la medida que los organismos modificados genéticamente puedan reproducirse libremente en aquellos países carentes de normas básicas de bioseguridad (sobre todo la biotecnología vegetal). Hay que recordar que desde el régimen de acumulación anterior el uso de las nuevas tecnologías llegó a tener evidentes repercusiones negativas en varios sectores de la población y en algunos sectores productivos; así por ejemplo, con la introducción de la llamada Revolución Verde en América Latina, la modernización agroproductiva ocasionó más bien la agudización de la inequidad social en el medio rural como consecuencia de la utilización del riego, el uso de agroquímicos, semillas mejoradas, etc., además de la contaminación inherente por el uso, sin ningún escrúpulo ni conciencia, de las tecnologías de aquella época.19 Estos últimos efectos también fueron causados por la introducción del plomo en las gasolinas para mejorar la combustión interna en los automotores. Pero en realidad no tomaron en consideración que el plomo no sólo es un buen carburante, además de representar bajos costos en su producción, sino que también contribuye a contaminar significativamente la atmósfera con los gases resultantes de las combustiones que realizan los vehículos automotores y los fuertes daños que ocasionan éstos a la salud de la población. Queda claro que la ciencia no sólo nos sirve para comprender el mundo que nos rodea, sino también es una forma de pensar y actuar, induciendo una actitud crítica. De ahí la conveniencia que todos los países, y sobre todo los subdesarrollados y dependientes, realicen sus máximos esfuerzos para invertir en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, en virtud que se han constituido en palanca necesaria del desarrollo. Estudios de la UNESCO afirman que el impulso a la educación y la enseñanza de la ciencia permiten el desarrollo y el repunte competitivo del aparato industrial; tal es el caso reciente del desarrollo alcanzado por los nuevos países industrializados (NICs) del bloque asiático desde los años ochenta: Corea del Sur, Hong Kong, Taiwan y Singapur, entre otros. Hoy día las academias científicas no sólo se abocan a resolver problemas específicos como el de la contaminación atmosférica, del agua, del suelo, etc., sino que además deben apuntar sus investigaciones a descubrir y ensayar métodos apropiados para agregar valor a los recursos naturales. Urgen proyectos vinculados con la industria como resultado de la consolidación de la relación universidad-industria, en un contexto de inversión para impulsar el desarrollo sustentable. La región latinoamericana todavía no cuenta con una estructura orgánica de orientación y difusión adecuadas acerca de los riesgos ecológicos que representan las nuevas tecnologías. Se deberían implementar diversos programas gubernamentales de orientación tecnológica tendientes a fortalecer la conciencia ecológica de los ciudadanos y a tratar de viabilizar una modernización productiva compatible con las situaciones ecológicas y culturales; es decir, impulsar una modernización tecnológico-productiva en el paradigmático marco de un desarrollo sustentable, y todavía más: extender la sustentabilidad hacia la modernización social. En efecto, cuando hablamos del establecimiento de programas gubernamentales y de incentivar la toma de conciencia de la población, también deberían implementarse para tratar de inducir actividades económicas más benignas cuya finalidad se tradujera en la conservación y racionalización de los recursos del medio ambiente. El establecimiento de dichos programas requeriría de las siguientes condiciones: 1) El desarrollo de algunas tecnologías limpias y económicas para impulsar su consumo. 2) Modificación de los hábitos de consumo y las costumbres tradicionales de la población. 3) Toma generalizada de una conciencia ecológica como resultado de una educación formal y no formal de carácter sustentable. Si en verdad se cubriera buena parte de este paquete de condiciones, se podrían desarrollar en la población nuevas actitudes y establecer un conjunto de actividades económicas con fuerte sustentabilidad ecológica. Estas serían: a) El desarrollo de la industria solar, a efecto de reducir los niveles de consumo de energía eléctrica, disminuir el uso de combustibles y liberar grandes masas de agua cautivas dedicadas a la producción de ésta. b) Producción de energía eléctrica por medio de tecnologías mecánico-ecológicas y tecnologías limpias de combustibles. c) Utilización masiva del transporte eléctrico y ferroviario descontaminante del medio ambiente. d) Utilización de bicicletas para evitar el uso excesivo del automóvil en distancias cortas (reduciendo, al mismo tiempo, el consumo de hidrocarburos). Creación o construcción de una infraestructura adecuada para la circulación de bicicletas. e) Utilización masiva de los sistemas computarizados y las telecomunicaciones con la finalidad de economizar costos en el uso de transporte y comunicaciones tradicionales. f) Fomentar el consumo de la soya en la alimentación, sobre todo para sustituir a la carne en general. Estas medidas tienen la finalidad de atenuar o neutralizar, de alguna manera, los altos costos que representan la práctica tanto de la ganadería extensiva como de la ganadería intensiva20 (principalmente el ganado mayor y, en menor escala, el ganado menor). Se recomienda el consumo de aves y pescado para diversificar la alimentación y, sobre todo, abatir las altas tasas de crecimiento de la ganadería. g) Se recomienda disminuir el consumo de productos de aerosol y una menor utilización de climas artificiales, a efecto de disminuir los subproductos que se obtienen con su uso y el consiguiente daño que causan a la capa de ozono. Queda suficientemente claro que el impulso de las actividades económicas y el cambio de actitudes de la población, mencionadas anteriormente, aparte de orientarse a la restauración ecológica (así como el terraceo y reciclamiento, la protección de suelos y de la atmósfera, entre otras cosas) permitirían el aumento de los niveles de empleo y estimularían la dinámica de la economía. El Estado, como el supuesto "representante de la sociedad civil", debe promover un conjunto de medidas tendientes a compatibilizar la actividad productiva con la conservación y restauración del capital ecológico, con el objeto de buscar el bienestar de la población en su conjunto. En este sentido, se requiere poner en práctica diversas medidas para configurar una política ecológica integral. Políticas como la fiscal, financiera, económico-contable, industrial, agroindustrial, de servicios, entre otras. Así por ejemplo, en la formación de una política ecológica integral se requiere implantar una profunda reforma fiscal, consistente, en primer lugar, en gravar aquellas actividades que dañan o disminuyen el capital ecológico (emisiones de gases contaminantes, explotación de recursos, energía, etc.) y, en segundo lugar, establecer un programa multifacético para desgravar aquellas actividades económicas que proporcionan empleos, pero sin dañar al medio ambiente y conforme a los objetivos básicos de sustentabilidad. Otro ejemplo sería el establecimiento de una política financiera que impulsara, por un lado, las inversiones tendientes a restaurar el capital ecológico y elevar su productividad (cuyo objetivo sería el aumento de los elementos del capital ecológico) y, por el otro lado, fomentar inversiones en bonos ecológicos cuyos beneficios se aplicaran en infraestructura ambiental y en todo tipo de proyectos orientados a lograr la restauración ecológica y su productividad. Se requiere que tanto el Estado como diversos organismos multilaterales de desarrollo puedan promover una política de inversiones tendientes a impulsar una amplia gama de proyectos de reforestación, regeneración de suelos y pesquerías, energéticos, nuevas tecnologías de control de la contaminación atmosférica, aumento de áreas protegidas, nuevas tecnologías para la regeneración y purificación de aguas residuales, descontaminación de las aguas marinas, alimentos biotecnológicos, disminución de aerosoles, etc. En las democracias modernas es necesario que se consolide una planeación de la economía nacional, con una clara tendencia a la sustentabilidad con equidad, y que esté apoyada en una evaluación técnica y científica del potencial productivo de las diferentes regiones con que cuentan los países. Una planeación de esta naturaleza permitirá definir políticas regionales de aprovechamiento racional de los recursos naturales y diseñar políticas de conservación y recuperación de dichos recursos. Asimismo, en toda planeación democrática del desarrollo, y sobre todo tratándose de la planeación del desarrollo sustentable, se debe de impulsar un proyecto de largo plazo generacional (los cuatrienios o los sexenios son insuficientes para una planeación de largo alcance), donde se tome en consideración la participación activa de la sociedad en la toma de decisiones y una mayor articulación entre actores y sectores sociales y económicos. Por otra parte, diversos estudios especializados señalan que todo proyecto de desarrollo genera impactos ambientales y, por consiguiente, pueden generar conflictos de intereses entre sectores. En este sentido, para atenuar y eliminar esos conflictos, es necesario aplicar la reglamentación ambiental vigente y los instrumentos apropiados de política ambiental para tratar de celebrar acuerdos que conduzcan a reducirlos al mínimo. Por cierto, el derecho ambiental es una disciplina muy joven en la mayoría de los países, sobre todo en los subdesarrollados y dependientes, como para imponer verdaderamente nuevas formas de convivencia por medio de leyes, normas y reglamentos en una sociedad que ha sufrido los efectos negativos del desarrollo industrial, sobrepoblación en algunos casos, y el aprovechamiento irracional de los recursos naturales renovables y no renovables. Hay que resaltar que el conocimiento científico y los avances tecnológicos de la ecología y las ciencias ambientales todavía no han permeado el cuerpo social en forma significativa y, menos aún, en las leyes ambientales que pretenden normar su convivencia. Definitivamente el Estado, al impulsar una política ambiental y programas de descontaminación, requiere necesariamente elevados costos de administración y control, investigación y mejora de técnicas anticontaminantes, reconversión de industrias contaminantes, etc. Dichos costos sólo pueden ser compensados con los ingresos provenientes de los impuestos generales aportados por los contribuyentes. En toda política ambiental se llegan a distribuir las cargas entre los agentes productores de la contaminación y los contribuyentes. Sin embargo, en el marco de equidad y justicia social, se hace necesario aplicar el principio de contaminador-pagador; incluso también el de consumidor-pagador, a efecto de financiar los costos de la contaminación, las medidas de prevención y los de restauración con los ingresos aportados por los actores infractores. Sólo de esta manera se podría cubrir la exigencia de internalizar los efectos externos y la imputación de los costos a los responsables.21 Cabe destacar que el principio contaminador-pagador atiende preferentemente a la contaminación causada en el aire y en los medios acuáticos. Como podemos apreciar, el principio contaminador-pagador tiene limitantes en cuanto a la cobertura de la internalización de costos de los bienes y servicios ambientales, ya que difícilmente se puede evaluar e internalizar todos los costos sociales provenientes de los impactos negativos que produce la actividad socioeconómica en el medio ambiente. Siguiendo el mismo criterio, en la aplicación puntual del principio "el que contamina paga" se requieren cumplir, de manera óptima, dos elementos básicos o, al menos, uno de ambos: 1) ir más allá de los intereses económicos, o 2) poseer valores éticos y ecológicos que rebasan la esencia y los movimientos del mercado. Conforme a la centralidad y propósitos del principio antes mencionado, es necesario aplicarlo en los países subdesarrollados y dependientes cuando se llegan a instalar empresas transnacionales en sus territorios. La finalidad es evitar el traslado de tecnologías sucias hacia los países más pobres del sistema capitalista neoliberal. En este sentido, el Estado debe asumir su papel para combatir el deterioro del medio ambiente y disponer de los instrumentos económicos que puedan transformarse en fuentes de financiación, ya sea de carácter endógeno o exógeno, pero que finalmente persigan una racionalización de costos para no afectar las finanzas públicas y en un marco ético de responsabilidades.22 Asimismo, aparte de disponer de los instrumentos que posibilitan una política ambiental, y que forman parte de un marco normativo completo, se debe disponer de voluntad política y de unidad de gestión en la protección y restauración del medio ambiente.23 En suma, el Estado tiene que poner en marcha un conjunto de políticas para lograr el establecimiento de una sólida política ecológica integral, además de programas concretos y una legislación ambiental moderna, cuyo objetivo sea normar la convivencia en la sociedad y la transformación de actitudes de la población como resultado de nuevos valores morales y éticos que permitan la conservación, restauración y aumento del capital ecológico. Finalmente, y como corolario, señalamos que en el futuro inmediato el debate sobre el agotamiento de los recursos naturales se centrará principalmente sobre tres tipos de recursos en los países subdesarrollados:24 Agua Actualmente existe una gran escasez de agua en los países africanos, asiáticos y europeos y, conforme a los estudios del Banco Mundial, en los próximos años este problema se agudizará aún más. Los países americanos disponen de una mayor cantidad de agua per capita respecto a los demás, un volumen superior a los mil metros cúbicos anuales. El tema del agua es muy discutible para ubicarlo como tema local o global, dadas las evidencias de una parte y de otra; pero lo cierto es que cada vez surge la necesidad de otorgarle un uso racional al agua y reconocer su importancia geopolítica y de seguridad humana. La urgencia de este recurso para cubrir las necesidades humanas ha conducido a considerarlo como un tema de carácter global, pero de hecho aún no existen regulaciones globales para el manejo y racionalización del agua. Hay que tomar en consideración que el agua, al ser un recurso no renovable cuando procede de los mantos freáticos, requiere planear adecuadamente su extracción y consumo racional. En este sentido, para ejercer una política pública eficiente y adecuada orientada a su conservación y racionalización es necesario cubrir las siguientes fases: cuidado,25 tratamiento,26 cosecha27 y cobranza.28 Ahora bien, si el gobierno carece de recursos financieros y es incapaz de organizar cualquiera de las cuatro fases mencionadas, entonces se le puede concesionar a la iniciativa privada alguna de estas fases para su respectiva organización y aplicación de tecnologías adecuadas, y conservar así la sustentabilidad de los recursos (pero hay que enfatizar que el Estado en ningún caso deberá de renunciar a la soberanía de los recursos naturales). Dadas las altas inversiones requeridas para el tratamiento de las aguas residuales suministradas a la industria y al comercio, es preferible que la iniciativa privada organice y se responsabilice de dicha fase o, incluso, cualquiera otra fase donde los requerimientos financieros sean significativos y exijan un mayor esfuerzo económico por parte del Estado. Los diferentes niveles de gobierno de un país deben preocuparse por tratar de elevar los niveles de eficiencia29 de las redes de distribución del agua, en virtud de los bajos niveles con que operan; por ejemplo, México tiene décadas de atraso en el continente y, al parecer, los gobiernos neoliberales han cancelado definitivamente las posibilidades de resolver dicho problema en el mediano o largo plazo. En suma, el objetivo de la eficiencia en el suministro del agua consiste en incrementar los índices de cobertura a toda una población, teniendo como principios rectores la racionalización del agua y la democratización y justicia social. Al respecto se propone desarrollar los siguientes subprogramas: 1) Administración eficiente del agua por los organismos operadores.30 2) Fomentar la cultura del agua. 3) Aprovechamiento del agua de lluvia limpia. 4) Aprovechamiento del agua residual tratada. 5) Uso eficiente por parte de los usuarios (sustitución de muebles y accesorios y accesorios sanitarios por los de bajo consumo).31 Estos problemas prácticamente están generalizados en todos los países del planeta. La alternativa consiste en localizar diversas fuentes de abastecimiento alternas no tradicionales y con el apoyo de nuevas tecnologías. Pesca y agricultura De continuar en el futuro con los altos niveles de sobreexplotación de los recursos pesqueros, se corre el riesgo de arribar al agotamiento prematuro de diversas especies acuáticas provenientes de la pesca silvestre. La causa principal de la sobreexplotación reside en un incremento significativo de las exportaciones de los países subdesarrollados hacia los desarrollados, debido a la existencia de una tendencia decreciente en los niveles de pesca de estos últimos, además del incremento de la actividad pesquera regional para la subsistencia de los pescadores. Esta situación todavía se complica más si agregamos la pesca que realizan los barcos extranjeros en aguas nacionales (ya sea pagando licencias o en forma ilegal), o bien los barcos nacionales financiados por el capital foráneo. Para atenuar este problema y controlarlo convenientemente se requiere implementar diversos incentivos hacia los pescadores, a fin de preservar las especies y los recursos necesarios para regular en su conjunto la actividad pesquera (nuevas tecnologías, barcos de vigilancia, infraestructura portuaria, etc.). Algunos especialistas afirman que en los próximos cincuenta años la población se duplicará y como consecuencia se incrementará la demanda de cereales para alimentar al ganado, ya que buena parte de la población estará en condiciones de consumir carne. La demanda de cereales en un 80% se originará en los países subdesarrollados y sólo se podrá enfrentar convenientemente este problema haciendo cambios radicales en la agricultura: 1) Ampliando la frontera agrícola, o 2) Impulsando la productividad agrícola, donde se haga uso intensivo de recursos materiales y tecnológicos.
* Departamento de Doctorado, DEP, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, y profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. 1 "Our own Agenda, Latin American an Caribbean Commission on Development and Environment", marzo de 1990. 2 Posteriormente, el concepto se fue enriqueciendo con la introducción de diversas variables en el marco del análisis genérico-multidisciplinario y el surgimiento de nuevas derivaciones conceptuales a partir de los conceptos-fuentes; tal es el caso del análisis conceptual de PNUD y CNUMAD al presentar elementos incluyentes tendientes a eliminar las deudas sociales y ecológicas a las generaciones futuras. Las primeras se resuelven aumentando el gasto social para atender las urgentes necesidades sociales y culturales de la sociedad (cancelación de la deuda social), mientras que las segundas llegan a eliminarse mediante la puesta en marcha de mecanismos tendientes a la conservación y reproducción del capital ecológico. Cf. Informe de la Haya. Ministerio de Relaciones Exteriores de los Países Bajos. PNUD y CNUMAD, marzo de 1992. 3 Cf. Daly, Herman. "From Empty World Economies to Full World Economies", Enviromentally Sustainable Economic Development: Building on Brundtland. Goodland et al., Editors, París, 1991. 4 Cf. Pearce, D. Hacia una economía sustentable. The Royal Bank of Scotland, 1993. 5 La cantidad de materia prima para fabricar la unidad de producto ha descendido de 1.0 y 1.25 al año desde 1900. Cada vez se requiere menor cantidad de materia prima para fabricar bienes manufacturados. Actualmente se requiere de 2/5 partes de materia prima para fabricar bienes manufacturados de lo que se requería en 1900. Desde los años ochenta hemos entrado en una etapa definitiva, cuya característica consiste en abandonar aquellos procesos intensivos de materia prima; por ejemplo, en un semiconductor la materia prima representa del 1 al 3% del costo total. Cf. Drucker, John. "La cambiada economía mundial", en Investigación Económica, Núm. 180, Facultad de Economía, UNAM, 1987, p. 43. 6 Cf. Macnelli, Jim. "Strategies for Sustainable Economic Development", en Scientific American, Special Issue, Managing Planet Earth, sep. 1989, pp. 157-158. 7 Cf. Pearce, D. W., A. Markandia y E.B. Barbier. Blueprint for a Green Economy. Earthsean, London, 1989. A continuación mencionamos el concepto de desarrollo sustentable de la CEPAL y de la FAO-ONU, que como conceptos-fuente han dado origen a diversos estudios parametrales en la conceptualización de sustentabilidad de la economía del crecimiento en los marcos del régimen de acumulación neoliberal. El primer organismo concibe que "el desarrollo sustentable es aquel desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades" (CEPAL. "El desarrollo sustentable: transformación productiva, equidad y medio ambiente", LC/G1648/Rev., Santiago de Chile, 5 de febrero de 1991, p.28). El segundo organismo concibe que "el desarrollo sostenible es el manejo y conservación de la base de recursos naturales y la orientación del cambio tecnológico e institucional, de tal manera que asegure la continua satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes y futuras. Este desarrollo viable conserva la tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medio ambiente y es técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable" (FAO. "Actividades de la FAO relacionadas con el medio ambiente y el desarrollo sostenible", Documento CL98/6, Roma, septiembre 1990). 8 Cf. Fischer, Stanley; Rudiger Dornbusch y Richard Schmalensee. Economía. McGraw Hill, México, 1996, cap.6. 9 Subrayado nuestro. 10 Cf. Martínez Allier, J. "La pobreza como causa de la degradación ambiental. Un comentario al Informe Brundtland", en Documentos de Análisis Geográfico, Núm. 18, España, 1991. 11 Los movimientos sociales ambientalistas tienen la finalidad de lograr una mejor reglamentación y control del medio ambiente. Ahora bien, en la medida que el medio ambiente se ha internacionalizado (y, por lo tanto, su consiguiente transformación) las luchas sociales se han intensificado para lograr el control y la propiedad de los recursos naturales. Cabe destacar que buena parte de las soluciones al medio ambiente pueden ser exitosas en la medida que se vinculen estrechamente al medio ambiente internacionalizado con las políticas de desarrollo. Desgraciadamente, la mayoría de los países subdesarrollados no pueden implementar y activar políticas de transformación del medio ambiente cuando sus economías se hallan ligadas a los movimientos del mercado y en un proceso de reducción del uso tradicional de sus recursos. 12 Para un tratamiento hipotético sobre la propiedad y conservación de los recursos naturales, a pesar del sesgo teórico atomizado de su discurso, véase Wonnacott, Paul y Ronald J. Wonnacott. Economía. Mc Graw Hill, México, 1994, cap.2. Por otra parte, las externalidades de costos de los bienes y servicios ambientales, al no pasar por los circuitos del mercado (y, por lo tanto, por no tener un precio) han sido aprovechadas por las clases dominantes para cotizarlas de manera arbitraria tanto en el mercado interno como en el externo. Los beneficios obtenidos de esta manera, más las ganancias obtenidas como resultado de la fuerte explotación de los recursos naturales, constituyen la piedra angular de la acumulación capitalista en el modelo primario-exportador en los países subdesarrollados y dependientes. En el modelo neoliberal las condiciones no han cambiado, pero hoy día se dan en un contexto de crisis ecológica (agotamiento de recursos naturales, contaminación no sólo en la atmósfera sino también en el suelo y agua, deforestación, etc.). 13 Cf. Wadgymar Ortiz, Arturo. Política económica de México 1982-1995. Los sexenios neoliberales. Editorial Nuestro Tiempo, México, 1997; pp.26-39. 14 El globalismo ambiental (procesos globales derivados de fenómenos de contaminación y/o devastación de alcance semiplanetario y de efectos transfronterizos) permite aplicar los principios fundamentales que han sido aceptados y validados internacionalmente en los espacios nacionales, pero con un compromiso global. Estos principios son: 1) prioridad a la responsabilidad común; 2) impulso al principio precautorio, y 3) derecho al desarrollo sustentable. Por otra parte, la existencia de los problemas no es otra cosa que la conexión y concatenación local de los procesos globales. La existencia de la conexión del binomio local-global incide en los espacios socio-naturales como un todo indivisible e innegable y la conexión concreta entre la dimensión global del medio ambiente y la dimensión local se da en: el uso de los recursos naturales, el control de los incendios forestales, el cambio del uso del suelo, el uso de la energía, la política industrial, la ordenación del transporte y los problemas de protección civil, entre otros. Cf. Provencio, Enrique. Desarrollo sustentable y medio ambiente, en Economía, globalización y medio ambiente. Secretaría de Estudios, Programa y Reforma del Estado, PRD, México, 2002, pp. 271-273.15 Para una información extensa sobre las características peculiares del libre comercio y, sobre todo, la asignación eficiente de los recursos, véase Fischer, Stanley, et al., op. cit., cap.10. 16 Toda tecnología es considerada como un bloque tecnológico integral constituido, principalmente, por bases que explican su comportamiento histórico en el contexto de una formación social determinada. Las tecnologías modernas están constituidas de una base técnico-material y de una base social. La primera se refiere a las características técnicas de los medios de trabajo utilizados en el proceso de trabajo, y las segundas están constituidas por las relaciones técnicas de producción (relaciones hombre-máquina) y las relaciones sociales de producción (relaciones hombre-hombre), donde se impone a los trabajadores una disciplina fabril y una cultura política de dominación. Es decir, la base social está compuesta, concretamente, por aspectos fundamentales como el económico-político y el socio-histórico. Sobre la naturaleza y comportamiento de las nuevas tecnologías, véase De la Garza Toledo, Enrique. "La reconversión industrial en México y procesos de trabajo", en El Cotidiano, Núm.16, DCSH-UAMA, México, Mar-Abr. 1987; también, del mismo autor, Crisis y reestructuración productiva en México. UAMI, México, 1988, pp.95-101. Por otra parte, los países subdesarrollados podrían actuar como lo hace China en materia de las inversiones y tecnologías: a los diez años la patente de las tecnologías de punta queda en posesión del país donde se han usufructuado, mientras que el 50% de las nuevas inversiones y tecnología, en dicho periodo, se orienta hacia combustibles renovables u otras tecnologías que combatan la contaminación ambiental. Deben de modificarse la mayoría de reglamentos y normatividad para reducir los tiempos de beneficios económicos que obtienen las empresas (en alto porcentaje transnacionales) propietarias de las tecnologías de punta, ya que en la mayoría de los países subdesarrollados los tiempos de usufructo oscilan entre 25 y 50 años. Cf. Saldívar, Américo. Desarrollo sustentable y medio ambiente, op. cit., pp. 264-265. 17 Ésta se compone de un conjunto de técnicas que permiten elaborar un producto o proporcionan un servicio determinado, teniendo como base las sustancias vivas. Estos productos se aplican para la alimentación en general, la medicina, la industria químico-farmacéutica y la ingeniería ambiental. La biotecnología se sustenta, principalmente, en los progresos científicos de la ingeniería genética. Cf. Giddings, L. y Persley, G. "Biotecnología y biodiversidad", en Revista. Sociológica, Núm. 16, UAMA, may-ago.1991. 18 Como por ejemplo, favorecer el aumento de la biodiversidad por medio de la producción de plantas llamadas "transgénicas", teniendo como base grandes bancos de germoplasma recolectado, que sólo pueden existir en los países desarrollados. Cf. Chaverra, H. "Preservación y manejo de los recursos genéticos", en Revista Nacional de Agricultura, Núm.895, Santa Fe, Bogotá, D.C., Colombia, ju.1991, p.44. Cabe destacar que hoy día vivimos una época donde la información genética se convierte en la materia prima principal. Cf. Kloppenburg, Jack Jr. "ˇProhibido cazar! Expoliación científica. Los derechos indígenas y la biodiversidad". Simposio Nacional "Efectos socioeconómicos de la biotecnología", UAM/UNAM, México, 1991. 19 Cf. Tudela, Fernando. "Diez tesis sobre desarrollo y medio ambiente en América Latina y el Caribe", en Economía Informa, Núm. 206, junio 1992, FE-UNAM. 20 La expansión de la ganadería bovina llegó a causar el más grave daño al medio ambiente en el espacio rural tropical latinoamericano. En este sentido, la ganadería extensiva en los países tropicales llegó a dañar los ecosistemas, al lograr la expansión de los pastizales. Cf. Tudela, Fernando, op. cit., p.5 y Toledo, V.M.. "La diversidad biológica de México", en Ciencia y Desarrollo, Revista del CONACYT, núm.81, México, jul-ago. 1988. 21 Cf. Yokobori, K. "Internalisation of externalities as a means to enhance public acceptability of energy-case of Japan", in World Energy Council 15, Congress T. S., 1.4, 1991, pp. 20-36. 22 Cf. Berttram, I. C., Stephens, R. J. y Wallace C. C. "Economic instruments and the greenhouse effect". Victoria University of Wellington, Working Paper Series 3/90, mayo 1990. 23 Cf. Dornbusch, R. y Poterba, J. M. "Global Warning: Economic Policy Responses". MIT Press, 1991. 24 Coincidimos con el criterio general establecido por Benjamín García Páez acerca de los tres grandes problemas que se darán en el futuro; sin embargo, buena parte del contenido y análisis lo sustentamos con base en otras fuentes bibliográficas. Véase del autor mencionado: Economía ambiental. Facultad de Economía, UNAM, México, año 2000; pp. 105-109. 25 Ligado básicamente al proceso de extracción racional del recurso. 26 Vinculado al reprocesamiento fisicoquímico de las aguas residuales para usos industriales, comerciales u otros usos no domésticos. Estas representan mayores costos, pero no así la potabilización del agua para el consumo humano que también se incluye. 27 Distribución del líquido y la obtención de un excedente económico con base en el criterio de costo-beneficio. El establecimiento de la cotización del precio del agua conforme a usos predeterminados (diseño de tarifas oficiales diferenciadas). La aplicación puntual de este instrumento traerá como consecuencia la oposición de los verdaderos beneficiarios de las tarifas subsidiadas: los grandes agricultores (fenómeno existente todavía en los países subdesarrollados y dependientes). 28 Poseer un aparato administrativo para realizar cobros por consumo real basados en medidores. 29 Esta categoría se halla directamente relacionada con: la extensión de la red distribuidora, el calibre de la tubería general, pozos-fuente y su rehabilitación, equipo electromecánico y la capacidad de abasto en m3/seg. También juegan un papel muy importante los procesos de detección y supresión de fugas, que en última instancia representan un elemento determinante en el suministro del agua que recibe el consumidor. 30 Este organismo operador debe cumplir con las siguientes responsabilidades: a) planeación de los sistemas del agua potable, alcantarillado y saneamiento (realización de obras y mantenimiento); b) recaudación de impuestos por los servicios antes mencionados, y c) aplicación de criterios de eficiencia administrativa para garantizar el funcionamiento regular, permanente y económico de los servicios. Cf. Vargas Soleno, Rafael. "Agua, disponibilidad y desperdicio", en Economía, globalización y medio ambiente. Op. cit. 31 Ibidem.
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